¡Hello, Minna-san! ¡Aquí les traigo el capitulo 2 de este fanfic! Ya veremos como comenzó el vinculo entre esta pareja especial :3
¡Esperamos que les guste!
Pd: El significado de las flores estarán en al final del capítulo.
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capitulo II
'Lessons and Closeness'
Grecia, Athenas – Santuario.
Junio, 17 de 1746
Había pasado seis meses desde que tuvo la primera conversación con el Santo de Piscis aquella mañana, y ciertamente no lo había visto para nada luego de que él la ayudara a llevar la carreta llena de flores, pero según había escuchado por el Santuario eso era porque se encontraba fuera de Grecia en una misión, por lo que ella se limitó poner los ramilletes en una de las mesas que se encontraban cercana a la entrada, y puesto que no los veía a la semana siguiente supuso que las Vestales que trabajaban allí las habrían retirado. Aunque si pensaba detenidamente no recordaba haber visto a ninguna de las compañeras de sus amigas Fluorite y Shea, por la Doceava Casa Zodiacal, pero como no era de su incumbencia se abstuvo de ponderar sobre ello.
Sus días estuvieron llenos de mucho trabajo, pero de vez en cuando se tomó un tiempo de descanso que la pasó con sus dos amigas, lo cual era algo relativamente nuevo para ella ya que no solía llevarse del todo bien con las otras muchachas de la aldea, no era que se odiaran ni nada por el estilo, simplemente no tenía muchas cosas en común además del hecho de vivir en el mismo pueblo, y de todas formas o eran mayores que ella o eran menores, por lo que no había habido punto medio anteriormente. Pero eso cambio para mejor, por lo que estaba extasiada y agradecida por las dos chicas que habían llegado y que trabajaban para la Diosa Athena como Vestales consagradas, hubieran ido a vivir allí recientemente, y se hubieran convertido en amigas, aunque tuvieran personalidades diferentes y fueran de distintos países habían encontrado cosas en común que las unió en una bonita amistad.
Luego de tomar el ramo diseñado específicamente para la Diosa de la Guerra de esa semana, y el pequeño ramillete para el Pisciano, Agasha se despidió de su padre quien se quedaría atendiendo el negocio, aunque ese día en particular estuviera algo flojo aun así tenían ventas decentes, para irse al Santuario.
El camino que llevaba de Rodorio a ese lugar donde entrenaban y vivían no solo la Diosa regente y el Pope, sino también cada uno de los ochenta y ocho Santos bajo su dominio era amplio y tomaba alrededor de quince a veinte minutos de transitar, dependiendo de la prisa que la persona llevara; estaba compuesto de árboles a cada lado del camino hasta que aproximadamente a medio camino cambiaba a piedras y escaleras hechas hacía mucho tiempo, con algunas columnas partidas aquí y allí, más ciertamente nadie podía alegar perderse siendo el sendero uno solo, sin ningún tipo de desvió.
Especialmente al cruzar el arco erigido en piedra indicando la entrada al Santuario.
Luego de allí podía escucharse a lo lejos las prácticas de los aspirantes a Caballeros y ver en diferentes puesto a los guardias del lugar custodiar los alrededores con una que otra Vestal caminando con prisa, pero cuando te internabas aún más en dirección al lugar donde estaban las Doce Casas Zodiacales el silencio volvía a reinar, habiendo dejado atrás el famoso coliseo donde se decía realizaban las contiendas para ganar una Cloth o juzgaban a cualquiera que infringiera una ley sagrada de Athena. Para llegar al Primer Templo, Aries, había que subir otro tramo de escaleras flanqueadas por algunos pilares, ya que el lugar se encontraba tallado en una pequeña montaña desde la que se podía ver el inmenso bosque que lo rodeaba y también la aldea al pie de este, y una parte del mar con las islas en el horizonte.
Al pasar por el lugar fue saludada por algunos guardias y aprendices como aquel interesante chico de cabellos castaños y ojos marrón rojizo llamado Tenma, al que Dohko de Libra había traído desde Italia hacía unos meses atrás y el cual estaba acompañando a entrenar en ese momento, aunque otros simplemente se limitaron a ignorarla ya fuera porque estaban ocupados con sus obligaciones o porque no sentían que hablar con ella mereciera la pena, como aquel chico llamado Yato, que junto a sus amigos no le prestaron atención, aunque eso a ella no le importo; Siendo ya habitual el ir por allí para hacer las ofrendas de flores era reconocida por los habitantes del lugar, y estaba más que acostumbrada a las diversas respuestas que estos tenían hacia ella aunque en un principio la hubiera intimidado de sobremanera.
No encontró problemas en subir por los Templos ya que los Santos Dorados le habían tomado aprecio, por alguna razón que ella desconocía, pero no cuestionaba, no obstante, igual pasar por Géminis, la Tercera Casa siempre era desconcertante y algo intimidante, visto que el guardián de esta nunca estaba presente. Shion y Aldebaran la saludaron con afabilidad cuando transito Aries y Tauro, en Cancer tuvo suerte de no encontrar a un huraño Manigoldo puesto que al parecer estaba ausente, y ella, aunque sabía que no era una mala persona de vez en cuando le gustaba hacer preguntas algo inapropiadas para ver la reacción de las personas, si bien hasta esa fecha su humor peculiar no hubiera sido dirigido hacia ella en particular.
En Leo, se detuvo a saludar al Regulus a quien le hizo entrega de un baklava que ella había preparado la noche anterior y del cual había tomado un poco para darle al chico sabiendo como lo hacía que este le gustaba comer cualquier cosa, pero los dulces eran uno de sus favoritos, y eso lo hizo muy alegre, aunque paso algo de vergüenza al notar que el tío del jovencito, el cual era portador de la Cloth de Sagitario y custodiaba el Noveno Templo, Sisyphus, estaba presenta para la entrega; afortunadamente el no pareció pensar nada malo de que una aldeana le regalara dulces a su discípulo y única familia, y solo la saludó amablemente dándole de antemano el permiso para pasar por sus dominios.
Al pasar por Virgo, aprovecho a ver a una de sus amigas, Shea, quien justamente estaba limpiando algunos estantes cuando entro, y con la cual charlaron unos minutos ya que esa semana no la había visto aun, antes de marcharse no se olvidó de hacer una reverencia hacia el hombre misterioso que era Asmita, el Santo Dorado de ese lugar.
Libra como sabia no estaba ocupada debido a que Dohko estaba entrenando a su discípulo en esos momentos, como bien había visto al llegar al Santuario temprano. En Escorpio encontró a un enfurruñado Kardia, recostado de una de las columnas y comiendo lo que parecía ser una manzana con una expresión agria en su rostro de facciones atractivas, sus ojos azul-rojizo solo se deslizaron sobre ella brevemente antes de redirigir su atención a la fruta en su mano nuevamente, al parecer no estando de un modo conversador.
Agasha no le dio importancia e igual le hizo una pequeña reverencia antes de proseguir su camino, y como ya sabía del permiso de la siguiente Casa, en Sagitario no se detuvo pasando directo a través de esta; En Capricornio entro con calma, pausando su caminar al notar la presencia del guardián, El Cid, un hombre alto con un aura impasible que tendía a intimidar a los demás con aquellos ojos gris y su seriedad nata que no dejaba entrever ninguna emoción la mayoría del tiempo, aun así a ella no le daba miedo y siempre que se lo cruzaba solía saludarlo con respeto y calidez, algo que era devuelto con cordialidad pero pocas palabras.
Justo como en Virgo, en Acuario se encontró a Fluorite, su otra amiga, la cual no tuvo tiempo de saludar mucho ya que la joven mujer estaba atareada con algunos manuscritos que lastimosamente termino tirando al suelo en una de sus usuales torpezas, y entre ella y Degel, el Caballero Dorado guardián de ese Templo, la ayudaron a recoger todo.
"Lo siento, Degel-sama" Fluorite murmuró con los hombros caídos y un montón de papiros en los brazos. "A ti también, Agasha-chan, sé que debes tener cosas que hacer y yo estoy reteniéndote" sus grandes ojos gris perla recorrieron la habitación notando que ya todos los objetos habían sido levantados.
"No me importa ayudarte un poco, y esto podría pasarnos a todos" ella agregó amablemente, sabiendo que su amiga era un poco torpe andando y solía pasarle ese tipo de situaciones con frecuencia.
"Ella tiene razón, no te mortifiques, después de todo has mejorado bastante desde que llegaste aquí, comparada con antes ahora tienes menos incidentes" Degel asintió ajustando distraídamente sus anteojos y dirigiendo una sonrisa ligera hacia la joven rubia, quien le devolvió la sonrisa algo apenada pero orgullosa de haber mejorado, aunque fuera un poquito. "Ahora será mejor que continuemos con esto, el Pope quiere un informe de estos papiros para dentro de tres días" asintiendo hacia la chiquilla de las flores a forma de despedida y permiso para pasar por su Templo, él se dio la vuelta y se marchó hacia la biblioteca.
"Nos vemos después, Agasha-chan, y de nuevo disculpa las molestias" y después de darle un abrazo ligeramente complicado con las flores y los pergaminos de por medio, la rubia muchacha se marchó tras el hombre de largos cabellos verdes.
Con un suspiro ella continuó su camino, preguntándose vagamente no por primera vez sobre la curiosa relación que había entre el Acuariano y su amiga, debido al aura de cercanía y la manera en la que se comportaban alrededor del otro daba a pensar que había algo más que simple camaradería y amistad entre ellos, estaba en la gentileza del hombre de ojos azules cuando hablaba con la chica y en la expresión de la Vestal cuando estaba alrededor de él; pero nuevamente no era su asunto, así que dejó de lado las conjeturas y prosiguió con su tarea, sintiéndose algo decaída al pasar por Piscis y notar que el ocupante no estaba.
Su reunión con el Pope, aquella figura tan importante e imponente del Santuario fue breve pero amena, ya que, aunque el hombre mayor que dirigía a los Santos siempre la trataba con respeto y amabilidad, y nunca tenía una palabra dura para ella, aunque eso seguramente era porque ella trataba de no involucrarse donde no la llamaban y mantenía discreción cuando alguien en la aldea preguntaba sobre cómo era el lugar donde residían los Caballeros.
Una vez dejó el ramo de las bellas flores compuesto de farolillo, genciana, y jacinto azul en las manos de su Ilustrísima, este se lo dio a la joven chiquilla de largo cabello lila y ojos verdes sentada en el trono de piedra y mármol, quien en realidad no era otra que la Diosa de la Guerra reencarnada en humana, y esta le agradeció genuinamente feliz, hubo una pequeña platica sobre cómo estaban las cosas por Rodorio que ella contestó de buena manera y en lo mejor de su habilidad hasta que finalmente le dieron permiso para retirarse, lo cual ella hizo luego de una respetuosa reverencia hacia ambas figuras.
Feliz de haber completado su labor, ella se fue tarareando una melodía para sí misma, tomándose su tiempo para bajar las escaleras ya que sabía que en días como ese no había mucho ajetreo en la tienda para vender las flores a menos que tuvieran encargos, pero como no era así ella pudo tomarse el tiempo de descender contemplando el maravilloso paisaje que era un privilegio observar desde esa altura. Al ingresar nuevamente a Piscis no se percató de la presencia del guardián sino hasta que estaba frente a la mesa de piedra cerca a la entrada depositando las acostumbradas flores, cuando una voz masculina y profunda habló a sus espaldas, haciéndola saltar del susto.
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"Agasha" Albafika alzó una ceja ligeramente al verla en su Casa, pero rápidamente hizo una mueca al notar que sin querer la había asustado al aparecer relativamente de la nada.
Nuevamente se dio cuenta de lo poco acostumbrado que estaba de tratar con gente fuera del Santuario, pero no había nada que hacer ya el daño estaba hecho y solo le quedaba proseguir con lo que tenía planeado hacer, puesto que había recién llegado dos días antes de su misión y se encontró con pequeños ramilletes de flores ya secas en una cesta que seguramente habían sido recogidos por la Vestal de turno que atendió su templo mientras no estaba; y como las veces anteriores al contemplar la pequeña ofrenda que la chiquilla le hacía de forma tan inocente se preguntó si ella sabría sobre el significado de las flores que dejaba, ya que estas realmente parecían escogidas adrede por lo que representaban.
Ya viendo que su curiosidad lo superaba, había tomado la decisión de preguntarle sobre ello mas no tenía la intención de asustarla, pero ese había sido el resultado.
"¡Albafika-sama! ¡Discúlpeme no lo vi ahí… y de paso entre sin anunciarme!"
La joven de grandes ojos verde oliva lo observó apenada y preocupada por haber cometido un error, o eso le pareció a él al mirar su expresión compungida. Suspirando, relajó su rostro de modo que no pareciera tan indiferente y frio, no quería incomodarla más de lo que ya ella parecía estarlo.
"No importa" negó suavemente y luego señaló hacia el ramillete con un ademan grácil, antes de hablar. "¿Tus flores las escoges adrede? ¿O son tomadas aleatoriamente?" inquirió calmadamente, manteniéndola bajo su mirada azul cobalto a la espera de ver la verdad y la sinceridad en el rostro de la chica como sabia pasaría, después de todo ella era como un libro abierto para él.
"¿Eh?" confundida por la súbita pregunta ella parpadeó, mirando el ramillete de olivo y lavanda, y de regreso hacia él. "Las escojo por… por su significado, Albafika-sama" finalmente respondió aun desconcertada por el súbito tema a tratar, y preguntándose internamente si había hecho algo malo que lo molestara de alguna forma. "¿Le ha ofendido alguna de ellas? Si es así, me disculpo sinceramente, mi amiga, Fluorite, me habló del significado de alguna de las flores que ella leyó en un libro, así que no creí que fueran ofensivas…" su voz de desvaneció mientras sus ojos se fijaron en el punto entre sus pies mordiendo su labio apenada, y algo desdichada por haber fastidiado su gesto de querer animar al valiente hombre frente a ella.
El hombre pinchó el puente de su nariz exasperado con él mismo por su inhabilidad para comunicarse adecuadamente con otro ser humano y con ella por siempre suponer que había hecho algo mal y terminar disculpándose por nada en particular. Una parte de él mismo quería solo darse la vuelta y regresar a su lectura que había pausado al sentirla entrar nuevamente a su Casa, para no lidiar con el dolor de dientes que era tratar con personas en general, pero su otra parte, la más grande de hecho, no quería dejarla sola, apenada y confundida, algo que claramente estaba.
Justo cuando iba a tranquilizarla, algo de sus palabras que no había registro antes se acentuó en su cerebro y el frunció el ceño, mirándola con curiosidad y desconcierto.
"Fluorite te hablo de ello…" él murmuró por lo bajo para sí mismo, procesando esa información, antes de preguntar en voz más alta. "¿No lo leíste tu? El libro me refiero" aclaró al ver la expresión perpleja de ella.
"No, me temo que no" Agasha negó con la cabeza, sintiendo las mejillas coloradas por la vergüenza de lo que iba a decir, pero era la simple realidad y no le iba a mentir. "Me hubiera gustado hacerlo, pero ciertamente no sabría cómo hacerlo porque yo… bueno no se leer ni escribir" admitió con una sonrisa ligera y algo triste, ya que esa era una de las cosas que no se habían podido permitir ni ella ni su padre, y de hecho mucho de los aldeanos no poseían esas habilidades, solo los que tenían una muy buena posición social o trabajaban como comerciantes importantes sabían hacerlo.
Albafika casi se azotó a si mismo al caer en cuenta de ello, y realmente hizo una mueca imperceptible debido a su poco tacto, él debía haber recordado que muchos no podían permitirse una educación como la que él y sus otros compañeros habían tenido, que era un privilegio en el mundo en el que vivían, pero era algo que muchos de ellos pasaban por alto dándolo por hecho. Ciertamente debía admitir que no se le había ocurrido que la jovencita no sabría leer o escribir porque su actitud tan educada le había hecho pensar que sabía, pues siempre la había visto actuar y dirigirse con un porte gentil pero deferente hacia todos, fueran niños o adultos.
"No hay nada de malo en ello, ni tampoco tienes que estar avergonzada por no saber algo" él dijo con lentitud, decepcionado con su insensibilidad y poca delicadeza para con ella. "Que te tomaras la molestia de aprender sobre el lenguaje de las flores, y utilizaras ese conocimiento de forma práctica fue muy inteligente de tu parte, y por ello te agradezco los mensajes que dejaste para mi" terminó con sinceridad en un asentimiento hacia ella, realmente agradecido por que en muchas ocasiones los ramilletes que ella le dejara habían animado sus días solitarios.
Agasha elevó el rostro, dubitativa, pero al ver la expresión sincera de él mezclada con aquella caracterizada amabilidad que había vislumbrado en más de una ocasión, sintió sus hombros y postura relajarse, y su pecho ser llenado de una calidez desconocida pero agradable. Así que solo le sonrió gentilmente, feliz de haber hecho algo por aquel solitario hombre que daba todo de si para proteger no solo a los aldeanos sino a toda la humanidad.
"Me alegro de no haberlo molestado"
Sus ojos cobalto se fijaron en ella no por primera vez, preguntándose como podía ser tan genuina e inocente, y desbordar tanta amabilidad que solo había visto en su Diosa hasta ese momento y en muy poco otros.
"Como bien ya sabes, no me molestan las pequeñas ofrendas… solo me pregunto ¿por qué sigues trayéndolas?" comentó suavemente, tratando de entender su razonamiento sin conseguirlo, y eso era algo que le había rondado desde hacía algún tiempo. "Se que las primeras fueron en agradecimiento por ese día lluvioso, ¿pero por qué continuar una vez se estableció que no era necesario darme las gracias eternamente?" la calmada brisa meció sus cabelleras en el silencio del Templo de Piscis, mientras ambos se miraban fijamente sin pudor, tratando de comprender al otro.
"Supongo que… era una forma de mostrar mi aprecio por lo que hace por todos nosotros" ella dijo lentamente, contemplando realmente sus propias razones a fondo. "Pero no solo es eso, sé que su condición le impide hacer lo que muchos otros toman por sentado, pensé que de esta forma podría darle ánimos de una manera amistosa que no incumpliera sus restricciones" terminó con suavidad, agregando para sí misma que debe ser muy solitario vivir de esa manera, aislado de todos sin poder tocar a nadie.
"Ya veo" Albafika asintió cuidadosamente, no dejando entrever la sorpresa que sus palabras y el sentir tras ellas habían dejado en él.
Nadie antes había hecho algo parecido por su persona, los pocos que se habían animado a acercársele siempre desestimaban sus advertencias sobre su veneno, por ello terminaba mandándolos de paseo aún más rápido ya que no podía confiar en ellos por su propio bien, ella sin embargo no había cuestionado sus limitaciones y simplemente buscó una alternativa que no lo incomodara, pero siempre manteniéndose respetuosamente alejada.
Ella había sido considerada en todo momento, y nunca lo había presionado por una amistad o algo más, simplemente se limitó a dejarle mensajes considerados y respetar sus deseos de mantener distancias, a pesar de que había sido muy grosero con ella cuando la conoció por primera vez, y luego su segundo real encuentro no había ido como él lo esperaba, sin contar que siempre parecía estar metiendo la pata cando se trataba de ella.
"Agasha…" al ver que ella lo miraba con calma y aceptación a fuera lo que fuera que iba a decirle, él dudo un poco, pero finalmente sintió que era lo correcto. "Gracias por tu consideración conmigo" y aunque fuer difícil al final no había palabras que terminaran de expresar su sentir en ese momento, así que se limitó a las pocas que tenía a su alcance.
"No fue molestia" ella sonrió cálidamente, de aquella forma tan inocente y genuina que esa chica parecía poseer, antes de que esta hiciera una reverencia con la intención de retirarse.
Sin embargo, él no se sentía del todo conforme con cómo estaba terminando la conversación así que antes de que siquiera tuvieran tiempo de pensarlo mejor las palabras estaba brotando de sus labios, deteniéndola en seco.
"¿Te gustaría aprender a leer y escribir?" parpadeó al darse cuenta de lo que acaba de decir, pero por alguna razón se negó a retirar sus palabras, aunque en su interior se preguntaba que idiotez le había impulsado a proponerle eso considerando que era peligroso estar a su alrededor.
"¿Eh? ¿De… de verdad?" ella inquirió dubitativa, pero con algo de esperanza en su mirada de grandes e inocente ojos verde olivo, que luego decayó al pensar en algo. "Pero no creo que Degel-sama tenga mucho tiempo de enseñarme" murmuró por lo bajo desanimada.
Albafika frunció el ceño por un momento desconcertado por las palabras de ella, y luego caóo en cuenta de que ella creía que él se refería a pedirle a su compañero Acuariano que la instruyera. Y aunque ahora que lo pensaba se daba cuenta que era la solución perfecta para esa situación, no terminó de sentarle del todo bien por lo que al final rechazó esa idea completamente… era él quien estaba en deuda con ella por su amabilidad, y aunque sabía que su amigo no se hubiera negado, era algo que él mismo tenía que hacer, siempre y cuando ella aceptara, claro.
"No hablaba de Degel" fue todo lo que dijo con voz neutra, mirándola fijamente con una fina ceja alzada en toda respuesta.
Agasha parpadeó, observándolo desconcertada pero rápidamente su significado se acentó en su mente y ella abrió los ojos como platos, no creyendo que fuera verdad que el siempre solitario y distante Santo fuera capaz de ofrecer sus servicios a una simple y sin importancia aldeana como ella, pero al parecer eso era lo que él estaba implicando.
"Por supuesto, habrá algunas reglas que cumplir, y que bajo ningún motivo deben incumplirse de lo contrario las lecciones se terminaran permanentemente" agregó con seriedad, dejando claro que no toleraría ninguna insubordinación o acto imprudente de su parte con respecto a sus normas.
Después de todo sería cuestión de vida o muerte, para ella.
"¡Hare mi mejor esfuerzo por acatarlas, Albafika-sama! ¡Muchísimas gracias!" ella hizo una reverencia profunda, sintiendo una alegría inmensa al pensar que iba a aprender algo que había deseado hacer hacía mucho tiempo, y que era aquel hombre tan amable quien le enseñaría aun la tenía maravillada.
A continuación, el Pisciano le informó de las reglas a detalle, y que para la próxima semana tendría listo un plan adecuado de educación para ella, y donde se celebrarían dichas lecciones, y por qué. Al final la joven se fue contenta y animada, luego de darle las gracias repetidas veces al Caballero de Athena, esperando con ansias aprender y tal vez, pensó ella esperanzada, crear una amistad con el solitario hombre.
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Finalmente, luego de esperar dos semanas, la primera lección llegó a una nerviosa pero esperanzada chica de cabello castaño y ojos verde oliva, quien se encontró dirigiéndose hacia un claro en el bosque cerca de un riachuelo que estaba a medio camino entre Rodorio y el Santuario, pero algo ocultado para privacidad, aunque no lo suficiente como para estar muy alejados del camino principal por alguna emergencia. Lo principal era que era tranquilo y no muy frecuentado, perfecto para las lecciones impartidas, además de que se oficiaba en uno de los días libres de Agasha y Albafika, respectivamente, aunque cuadrar el horario había sido un dolor de cabeza para el Santo en cuestión, al final todo cayó en su lugar adecuadamente.
Ella no podía negar que estaba nerviosa y preocupada por el aprendizaje, ya que no se consideraba particularmente brillante y temía que todo fuera en vano y solo hiciera perder el valioso tiempo al Caballero Atheniense, pero se dijo a si misma que hasta que no lo intentara no sabría si funcionaria o no. La lección empezaría a las ocho de la mañana y tendría como duración de una a dos horas dependiendo de que tanto avanzara ella con el cronograma y su retención de la información dada, por lo que ella se aseguró de estar a tiempo en el lugar planeado, con una pequeña cesta que contenía pan y agua.
Se encontró, sin embargo, que cuando ingresó al claro el Santo de Piscis ya estaba esperándola, sentado serenamente en las raíces de uno de los árboles más grandes cercanos al arroyo, bajo la sombra de este y con el viento meciendo suavemente sus largos cabellos azul celeste junto con aquella capa blanca que una vez le proporciono cobertura de la lluvia, lo hacía ver imponente, sin contar con la Cloth Dorada que portaba su persona. Tragando grueso su nerviosismo e inseguridad, ella se aproximó a paso tranquilo deteniéndose a una respetuosa distancia, pero aún bajo la sombra del gran árbol, e inmediatamente hizo una profunda reverencia.
"Muy buenos días, Albafika-sama"
"Agasha" fue todo lo que él dijo, con su vista recorriendo a la jovencita brevemente, en una costumbre que había desarrollado recientemente, usualmente en busca de cansancio o enfermedad, pero encontrado que estaba igual de saludable como siempre. "Toma asiento, y te explicare de que consistirá esta primera clase, ¿confió en que no debo repetir las reglas que acordamos anteriormente?" inquirió ladeando la cabeza un poco hacia la derecha, sus ojos cobalto siguiendo el movimiento de ella al sentarse en el mismo sitio en el que había estado parada, a unos pocos centímetros de un paquete envuelto por una tela blanca que estaba que había dejado previamente allí con toda intención.
"Bajo ninguna circunstancia debo acercarme a su persona a más de dos metros máximo, no iniciar cualquier tipo de acción que conlleve al contacto físico y debo hacer lo que usted ordene sin cuestionarlo, de lo contrario las lecciones será canceladas inmediatamente sin posibilidad de reanudar en un futuro" ella enumeró calmadamente y con respeto, acomodando la cesta a su lado y observándolo con grandes ojos inocentemente expectantes.
Las facciones serias y desprovistas de emoción de Albafika se relajaron ligeramente al escucharla recitar las tres reglas de oro que él había impuesto de memoria, dejándole ver que ella se tomaba su pedido con seriedad, por lo que con un suspiro ligero y aun preguntándose qué rayos le había impulsado a ofrecerse a enseñarle a leer y escribir, él señalo ligeramente hacia el paquete frente a ella.
"Ábrelo" indicó, sin moverse de su puesto a la espera de que ella acatara su orden.
Con cuidado y patente curiosidad, Agasha desenvolvió la tela y encontró que esta ocultaba una caja algo plana y rectangular de madera caoba, curiosa levanto la tapa y se encontró con dos pequeñas bolsitas amarillas dentro. Desconcertada ella observó al hombre sentado a dos metros y medio de ella, pero este simplemente le informó que tomara la que estaba del lado izquierdo.
"La bolsa de cordón azul, que estas sosteniendo en este momento tiene las letras del abecedario y la del cordón rojo contiene los números" explicó tranquilamente, captando cada expresión de curiosidad del rostro algo aniñado de ella, antes de proseguir. "Primero comenzaremos con las 'vocales', y una vez que las hayas memorizado pasaremos a el 'abecedario', cuando sepas escribir las letras iniciaremos con la etapa de lectura, después pasaremos a los números una vez que sepa que eres moderadamente proficiente en lo anterior" al ver la cara de alarmada en ella, tuvo que reprimir una sonrisa, pues estaba seguro de que estaba brumada, pero el ceño y la expresión de sus ojos verde oliva le indicó que ella no iba a echarse atrás. "Ahora, abre la primera"
Ella hizo lo que le pidió sin cuestionarlo, aunque por dentro estaba aplacando las dudas de que pudiera hacer eso, pero estas se acrecentaron al ver las bellas piezas rectangulares hechas en madera grisácea que cabían en su mano sin problema, y en la cual estaban gravados lo que ella suponía letras individualmente tanto por delante como por detrás, aunque solo cinco de ellas eran redondas.
"Las de forma cuadrada son el 'abecedario' y las redondas son las 'vocales' aunque estas también forman parte del anterior" y sin más continúo explicándole como se pronunciaban y los sonidos de cada uno a medida que ella los sacaba de la bolsa y los colocaba en fila horizontal frente a ella las veinte seis piezas, para luego ordenarlas como él indico alfabéticamente.
A partir de allí, la hizo repetir los sonidos una y otra vez hasta que ella pareció recordarlas y asociarlas a la imagen tanto en 'mayúscula' como en 'minúscula', para ese momento ya las dos horas habían pasado y era tiempo de partir a sus diferentes deberes, más Albafika le informó de que ella tenía que llevarse la caja con las letras a su casa y practicar en cada momento del día hasta la semana siguiente cuando se sucedería la segunda clase.
"Muchas gracias, Albafika-sama" Agasha le hizo una reverencia profunda luego de que guardara el preciado paquete en su cesta, dándose cuenta tardíamente que había estado tan concentrada en aprender que no había recordado sacar el pan, pero ya era algo tarde así que lo ignoró por el momento.
"Recuerda practicar en casa, Agasha, la siguiente semana continuaremos en este mismo lugar" informó calmadamente desde su lugar en el árbol, y una vez que la vio asentir respetuosamente le indicó que se podía marchar lo cual ella hizo después de hacerle una reverencia.
Él la observó marchar pensativamente, antes de levantarse dispuesto a regresar a su Templo contemplando que la lección no había salido mal para nada, ella demostró ser una alumna interesada y ávida de conocimientos que ponía empeño en aprender, simplemente una rareza, pero le aseguraba que los días por venir no los pasaría ni aburrido ni lamentando la decisión de enseñarle.
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Apenas un mes después de iniciar, finalmente él decidió que era hora de que ella empezara a practicar la escritura, por lo que se presentó en el lugar designado para estudiar con papel, pluma y tinta, pues ya ella había memorizado relativamente rápido las letras y debía empezar a acostumbrar su mano a la caligrafía.
"Practicaras escribiendo primero las 'vocales', hasta que te hayas acostumbrado un poco al manejo de la pluma sobre el papiro" indicó Albafika sus instrucciones, una vez más sentado en las raíces del árbol cerca del arroyo, mientras le mostrada con una segunda pluma como sujetarla y maniobrarla. "La fluidez no se adquiere de inmediato, toma algo de tiempo habituarse y conseguir escribir adecuadamente"
Agasha solo asintió, frunciendo el ceño en concentración tomando cada palabra en consideración antes de posicionar el papel papiro sobre la caja de madera que se encontraba apoyada en sus piernas, y luego dubitativamente tomó con su mano derecha la pluma blanca justo como él le había mostrado, sintiéndola incomoda y temblorosa, pero suponía que era normal pues nunca había intentado sostenerla antes, y lentamente la apoyó en el papel comenzando a trazar la forma de la primera 'vocal' que tanto se había gravado en su cerebro.
Las cosas, sin embargo, no fueron como ninguno de ellos lo esperaba.
Duro alrededor de una semana a dos hasta que se dio cuenta de que ella estaba frustrada con su progreso, y a decir verdad también él, pues no importaba cuanto se afanara la muchacha en practicar una y otra vez, siempre terminaba con el mismo resultado, letras ligeramente deformadas que apenas podían ser reconocidas. Sin contar con que el agarre en la pluma era incomodo y parecía costarle sostenerla adecuadamente, aparte de que le tomaba mucho tiempo simplemente trazar una sola letra.
Ladeó la cabeza ligeramente con sus cabellos y capa rozando suavemente el suelo mientras eran acariciados por la ligera pero refrescante brisa de la mañana, entornando los ojos pensativamente al observarla más de cerca, se le ocurrió algo, y decidiendo que no perdía nada con intentar, finalmente interrumpió sus pobres intentos de escribir.
"Agasha" la llamó, pero solo prosiguió cuando esta levanto la cabeza para mirarlo con sus grandes ojos verde oliva. "Cambia la pluma de mano, a tu izquierda y luego procede con tu practica" le indico con una suave onda de su mano, a la espera de ver si sus sospechas resultaban ciertas.
Confundida pero no discutiendo la orden, la muchacha hizo lo que le pidió, trasladando el objeto a su lado izquierdo, y para sorpresa de ella, se dio cuenta de que tenía mejor agarre sobre la pluma y que había una mayor fluidez a la hora de escribir, por lo que las letras mejoraron en su forma, siendo más refinadas y mucho más legibles.
"¡Oh! ¡Lo he conseguido Albafika-sama!" ella giró su mirada de la hoja de papel hacia el hombre imponente que estaba sentado a tres metros de ella, con una sonrisa brillante en sus labios rosados que lo distrajo por un segundo.
"Así es" asintió apoyando su codo en una de sus piernas cruzadas, mientras depositaba su barbilla en su mano mirando ligeramente hacia otro lado, esperando que el ligero enrojecimiento de sus mejillas pasara de ser percibido. Aun no entendía su reacción poco común, pero sabía que había sido provocada por ella y aquella felicidad que despedía la joven. "De ahora en adelante, utilizaras esa mano para escribir, la mayor parte de las personas utilizan la derecha, pero, aunque es algo inusual no hay nada de malo con que tu dominante sea la izquierda"
Después de eso no hubo más interrupciones en las clases, aunque internamente él estuvo criticándose por no haberlo notado con antelación, más se prometió a si mismo que estaría más atento a cualquier cosa inusual o problema que ella tuviera a la hora de aprender, aunque hasta el momento fuera realmente una alumna excelente.
Por otro lado, decidió obviar la reacción tan inusual que tuvo por un segundo con ella, enterrándola en un lugar oscuro en su interior, a donde iban las cosas en las que no quería pensar. Al final del día ambos se fueron por distintos caminos, pero satisfechos de las horas productivas que habían pasado, y si, contentos con el avance que lograron juntos.
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Octubre, 31 de 1746
Agasha terminó de arreglar el ramo que su padre debía llevar esa tarde al pueblo vecino y lo colocó con los demás de encargo, que realmente no eran muchos ese día. Hecho un vistazo alrededor para asegurarse de que no había nada más por hacer, y captó la silueta del nuevo empleado de su padre, quien había decidido que ellos necesitaban una mano extra en el negocio, pero el joven hombre estaba de prueba aún.
Su progenitor no se marcharía hasta después del mediodía por lo que ella tenía la mañana libre y a juzgar por la posición del sol ya iba siendo hora de que ella misma se marchara para su lección semanal, que desde hacía ya casi cuatro meses el Santo gobernante de la Casa Zodiacal de Piscis le impartía en un claro entre el Santuario y Rodorio; ella había aprendido poco a poco a reconocer las letras y luego a leer, al mismo tiempo que empezó a practicar la escritura y los números con ecuaciones básicas de cálculos. No obstante, aún le faltaba mucho por aprender y perfeccionar, aunque siempre se maravillaba de que aquel hombre tan importante se tomara el tiempo de enseñarle y tuviera tanta paciencia con ella y sus errores, más así era.
Con un suspiro, sonrió para sí misma antes de levantarse del banco en el que estaba situada para tomar la ofrenda de flores que iba a llevarle a Athena ese día, junto con la caja de madera caoba que contenía las piezas del abecedario y los números, dispuesta a marcharse para no llegar tarde debido a que por primera vez las lecciones se impartirían en el Doceavo Templo, por algunos imprevistos de los deberes del hombre de largos cabellos azules.
"¡Ya me voy papá!" llamó al interior de la casa que servía como local para su negocio, obteniendo una respuesta vaga de asentimiento, por lo que ella se dio la vuelta y salió, parpadeando para ajustar su vista al intenso sol de verano. "Que te vaya bien, Pakia, y no te desanimes, pronto te aprenderás todos los nombres de las flores, ¿sí?" el joven hombre de largos cabellos castaños y ojos azules le sonrió apenado, pero dispuesto a hacer bien su trabajo, y considerando que él había sido hacia poco un aprendiz de santo, ella no podía esperar nada menos.
Con un último saludo, ella se dio la vuelta y se encamino hacia el Santuario, pensativa y murmurando por lo bajo las cosas que había aprendido hasta el momento, en un repaso algo apresurado, saludando de vez en cuando a algunas personas, entre esas a Astrid, quien al parecer tenía prisa en llegar a la tienda de pinturas de su abuelo por lo que no pudo charlar con ella. Negando lentamente, prosiguió su camino hasta que finalmente salió de la aldea y se internó en el camino que la llevaba al lugar donde vivía la Diosa Griega de la Guerra.
Los minutos que le tomó llegar al Santuario los paso perdida en sus pensamientos sobre la extraña interacción que ella tenía con el Caballero de Piscis que se había iniciado desde que ella le dejara florecillas en su dominio hasta la actualidad y cuan considerado, pero justo después de atravesar el arco que indicaba la entrada al Santuario algo sucedió, estaba a mitad de camino a las Doce Casas cuando escuchó una discusión cercana lo siguiente que supo fue que un ruido sordo resonó a su lado y luego una sombra se cernió sobre ella, más al levantar la vista observó aterrada que un gran pedazo de una columna cercana se precipitaba hacia su persona.
Solo le dio tiempo de cerrar los ojos y encorvarse sobre sí misma, un grito escapó de sus labios, mientras un pensamiento se repetía en su cabeza.
Iba a morir.
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Albafika estaba regresando de un recorrido alrededor del Santuario y de chequear uno de sus jardines de Demon Rose, después de todo no estaba de más ser precavido especialmente porque la actividad de los Espectros que servían al Dios del Inframundo, Hades, habían aumentado su movimiento recientemente y se les había encargado a todos los residentes bajo las órdenes de Athena subir la seguridad, debido a eso las patrullas en las cercanías había incrementado.
Sabía que en poco tiempo iba a impartirle las lecciones a la jovencita de cabellera castaña, y si la posición del sol indicaba algo era que iba retrasado por unos minutos, por lo que aceleró el paso para adelantarse todo lo posible, más a la distancia escuchó un alboroto haciendo que frunciera el ceño desconcertado. Al girar en una esquina y salir al camino que daba hacia las Doce Casas, observó a lo lejos a unos aprendices peleándose, irritado con aquellos dos comenzó a abrir la boca para reprenderlos cuando uno de estos lanzó un ataque con su puño que falló a su compañero, yendo directo a parar a una de los pilares cercanos al sendero.
Al segundo siguiente registro un grito femenino que reconoció instantáneamente, por lo que sin siquiera pensarlo su cuerpo se movió a la velocidad de la luz mientras con una Piranhia Rose, hacia estallar la columna que estaba por aplastar a la chica de inocentes ojos verde oliva. Su capa se ondeó al viento al igual que su cabellera azulada, pero su mirada penetrante e iracunda descendió sobre los dos ineptos aprendices que al verlo se quedaron congelados del miedo.
"Agasha… ¿estás bien?" murmuró con suavidad, sin quitar su vista de los incompetentes que estaban más blancos que un fantasma pues sabían que acababan de cometer un error.
Por el rabillo del ojo captó a la muchacha, hecha un ovillo a su derecha, encorvada sobre las flores que serían la ofrenda a Athena y la caja de madera que él le había dado y utilizaban para las clases. Lentamente esta pareció percibir que el peligro había pasado porque con cuidado elevó el rostro parpadeando como un búho bebe al ver la luz por primera vez, antes de dirigir su atención del alrededor a su persona, confundida por unos segundos hasta que algo en su cerebro pareció registrar la situación.
"¡Albafika-sama!" ella lo recorrió con la mirada, preocupada ahora que registraba que en efecto no estaba muerta, y que al parecer él la había salvado, pero al ver que no estaba herido se tranquilizó un poco; tardíamente registro su pregunta al ver que su vista estaba fija en ella, y se apresuró a contestar. "E-estoy bien… no… no me ha pasado nada" aseguró, levantándose lentamente sobre piernas temblorosas, que luchaban por sostenerla mientras ella ignoraba lo que acababa de pasar por su paz mental momentánea.
"Bien" él asintió antes de dirigir su atención a los dos jóvenes con una expresión pétrea. "Ustedes, marchen a la Sala Papal, ahora" ordenó escuetamente, dándose cuenta justo en ese momento de que estaba a menos de un metro de distancia de la chica, por lo que se apartó de ella al instante. Fue después de ver que los idiotas obedecían, que se giró a verla adecuadamente. "Agasha, tú también debes venir conmigo"
"¿Eh?" ella parpadeó desconcertada, no entendiendo porque se lo pedía, aunque ella aun debía ir a entregar la ofrenda de flores así que no era como si fuera a desviarse de su curso original, pero al final simplemente decidió confiar en él. "Muy bien"
Los cuatro subieron por las escaleras de los Doce Templos Zodiacales, apenas pausando su andar para pedir permiso a cada guardián, y no por primera vez Albafika se dio cuenta de lo apreciada que era la muchacha por cada Santo Dorado, aunque unos lo demostraron más que otros al enterarse de lo que había pasado camino allí, más de uno le lanzó miradas desaprobatorias a los dos chicos, siendo El Cid de Capricornio uno de los que los fulminó con la mirada gélida al saber que habían quebrantado una regla, por lo que para cuando llegaron a las grandes puertas de madera oscura ambos aprendices estaban aterrados.
Él no les dio tiempo de decir nada, y después de ordenarles que permanecieran allí hasta ser llamados, se dio la vuelta e ingresó luego de tocar la puerta, dirigiéndole una mirada de soslayo a la jovencita quien parecía contemplar las flores en sus brazos con insistencia. Una vez dentro le explicó la situación al Pope con detalle.
"Hazlos pasar, por favor, Albafika" Sage asintió, pensando para sus adentros que tendría que darles una charla a los nuevos reclutas sobre las normas de seguridad nuevamente.
Ninguno de los aprendices estaba contento cuando el Pope terminó de asignarles un castigo, estaban pálidos y no podían mirar a la cara a ninguno de los presentes, aunque no creían que debieran ser castigados tan severamente, pero cuando el líder de los Santos les preguntó si no tenían nada que decir sobre el asunto creyeron que tenían una oportunidad de librarse de lo que les venía.
La respuesta no complació, ni al ex-Caballero de Cancer ni al Pisciano, para nada.
"¡No es nuestra culpa que una niña se haya internado en el Santuario y estuviera merodeando por los alrededores!" exclamó el más valiente de los dos, intentando salvar cara lo más posible y evitar el castigo de tres días en una celda. Su compañero solo asentía nerviosamente.
Si era posible, la mirada acobaltada del Santo de Piscis se volvió aún más fría, fulminando a los dos niñatos con desprecio palpable, pero seguro de que habían cavado sus tumbas se forzó a reprimir cualquier emoción y a permanecer en calma, manteniendo en la mira a la jovencita quien no había dicho palabra alguna ni para defenderse en todo el asunto, y que parecía mirar con insistencia el suelo entre sus pies mientras mordisqueaba su labio inferior con empeño.
"Déjenme recordarles las reglas ya que es obvio que las han olvidado" su ilustrísima dijo lentamente, con un tono desaprobatorio y severo que los amedrento de inmediato. "Primero, las reglas especifican que solo se está permitido luchar en el Coliseo o en el área de entrenamiento, en cualquier otro lugar se considera una falta, especialmente si hay heridos debido a sus inconscientes acciones, afortunadamente Albafika estaba cerca para prevenir un desastre" suspiró calladamente, queriendo pinchar el puente de su nariz en exasperación, pero refrenando el impulso justo a tiempo. "Segundo, Agasha, la muchacha que ustedes claman que estaba merodeando por los alrededores, realmente no lo estaba, ella siempre viene una vez a la semana a dejar ofrendas para Athena-sama en nombre de los aldeanos de Rodorio, la aldea que se encuentra al pie del Santuario, por lo tanto, ella no ha cometido ninguna infracción"
Al ver que iban a protestar nuevamente en un desesperado intento por arreglar la metedura de pata monumental que hicieron, el Pisciano se adelantó.
"¡Silencio!" prácticamente siseó con voz dura, asustándolos de inmediato. "No hablen a menos que su Ilustrísima se lo indique"
"Les sugiero que se aprendan las reglas rápidamente si quiere permanecer en el Santuario como aprendices de Santo, y evitar ser castigados nuevamente" el Pope comentó taladrándolos con su mirada hasta que ambos inclinaron la cabeza en vergüenza. Luego se giró a la chiquilla, quien había estado en silencio. "Agasha, ¿no te encuentras herida?"
"No, su Ilustrísima, me encuentro sin un rasguño" ella negó con suavidad manteniendo su vista fija en sus sandalias de cuero marrón, hizo una respetuosa reverencia hacia el hombre mayor sentado en el trono de mármol y piedra. Cuidadosamente mantuvo el recuerdo de casi ser aplastada apartado de su mente, no sabiendo como lidiar con su casi muerte y las emociones revueltas que se alzaban en su interior.
"Me alegro"
Él asintió, para después dictar la sentencia final de los infractores y mandarlos a su castigo prometido, una vez eso estuvo hecho, recibió el ramo de flores de la chiquilla disculpándose por los problemas causados, pero la chica le aseguró que todo estaba bien, por lo que termino dándole permiso para retirarse. Tanto ella como el Santo de Piscis salieron de la Casa Papal, rumbo al Doceavo Templo en un silencio ensordecedor que casi se podía palpar con los dedos.
"En vista de lo sucedido podemos dejar las clases de hoy para otro día, si así lo prefieres" comentó él con serenidad observándola por el rabillo del ojo mientras ingresaban a su dominio.
"¡No! Quiero decir… está bien continuar como estaba previsto… si… si a usted no le molesta" Agasha rápidamente se controló, mordiendo su labio inferior hasta que paladeó un sabor metálico en su lengua, señal inequívoca de sangre. Pero aún no podía lidiar con lo sucedido por lo que necesitaba una buena distracción hasta que sus nervios se calmaran lo suficiente como para procesarlo sin derrumbarse llorando como un bebe.
Hubo un pequeño silencio en el que Albafika la observó sin decir nada, analizando su rostro de expresiones francas hasta que al final solo suspiró calladamente, concediéndole la petición silenciosa que ella seguramente no sabía estaba haciendo, por lo que la llevó a una parte de la Casa donde estaba predispuesta una mesa redonda de madera pulida con una silla y un par de papiros con pluma y tinta sobre esta, aparte de un libro. La estancia, que realmente era una de las grandes habitaciones que no se usaban nunca, se encontraba vacía a excepción de otra silla a unos dos o tres metros de la estación de aprendizaje que estaba iluminada por las grandes ventanas que daban al magnifico paisaje de los árboles y más allá el mar resplandeciente por el sol de media mañana.
La primera media hora se la paso oyéndola repasar las vocales y el abecedario tanto escrito como hablado, después la puso a leer en voz alta del libro que había dejado para ella, por lo general al leer ella tenía algunos problemillas con la fluidez, pero eso era de esperarse dado que hacía poco era que recién había comenzado esa etapa en la enseñanza, pero ese día en particular ella parecía equivocarse más que de costumbre, y podía decir que estaba irritada y molesta consigo misma cada vez que se tropezaba en una palabra, hasta que finalmente se dejó caer contra el respaldo de la silla con los hombros hundidos y una expresión tensa.
"Lo siento mucho, Albafika-sama…" susurró decaídamente, los mechones de su cabello castaño ocultaban sus ojos de la mirada penetrante del Caballero Dorado.
"¿Por qué te disculpas?" indagó en tono neutral, sus sagaces ojos cobalto notaron desde hacía tiempo el temblor en las delicadas manos femeninas, pero no había dicho nada por respeto a ella, y por el empeño tan grande que hacía por ocultar cuan afectada estaba por lo que había pasado con la columna de piedra.
Pero viéndola ahora mismo él pensó que tal vez no haber dicho nada había sido contraproducente y debía haberla hecho hablar, más no hacía nada llorando sobre leche derramada, solo le quedaba ayudarla a pasar por ese susto con lo mejor de su habilidad. Aunque incluso él estaba algo afectado por lo sucedido, ya que del solo recordar verla temblando acurrucada esperando básicamente morir, totalmente indefensa le hacía hervir la sangre de mala manera, saber que si hubiera tomado su tiempo para llegar a su destino ella hubiera con toda seguridad perdido la vida por la negligencia de dos mocosos con aires de grandeza lo hacía querer estrangular a alguien con sus propias manos.
Particularmente al par de imbéciles.
No le había gustado nada que intentaran culparla a ella de las fallas, porque hasta donde él sabía Agasha nunca había desobedecido las órdenes estrictas que se le impusieron al empezar a llevar las ofrendas al Santuario, ni había oído alguna vez que la encontraran vagando por los alrededores o rumores sobre que ella hablaba de los habitantes de la Orden Zodiacal en Rodorio, realmente la muchacha era discreta y juiciosa además de amable, por lo que tenía sentido que se hubiera ganado la simpatía de los Santos Dorados y muchos aprendices y Vestales.
En sus lecciones se aplicaba al máximo, ni una vez le refuto una orden y lo más importante, no había hecho ningún intento de tocarlo o acercársele respetando sus deseos impecablemente, y no solo eso, su compañía era refrescante y cálida, de alguna forma ayudando a que su soledad disminuyera un poco, haciendo su modo de vida llevadero y menos vacío.
Realmente ella era una persona única, por lo que interiormente justo en ese momento se hizo un voto a si mismo de preservar su inocencia e ingenuidad, porque él quería proteger su sonrisa y la luz que brillaba usualmente en aquellos grandes ojos verde oliva.
Si no bien había tomado esa decisión, las palabras de ella lo sacaron de su ensimismamiento.
"Por hacerlo perder el tiempo… ya que no parezco poder concentrarme adecuadamente" murmuró calladamente con voz algo temblorosa, tratando de contener el ardor que parecía quemar sus ojos con intensidad, no quería llorar frente a él, alguien a quien admiraba y respetaba por igual, pero al parecer no podría contenerse por mucho tiempo más.
"Es natural, Agasha, que después de lo que pasaste te cueste un poco hacer todo con normalidad" comentó con suavidad inusual en él, pero es que después de tanto tiempo pasado en compañía de ella, había comenzado a refinar su manera de dirigirse a los demás, aunque fuera un poco. Otra cosa por la que debía agradecerle, suponía.
"Pero aun así yo…" sus labios temblaron y para su mortificación una solitaria lagrima resbaló por su mejilla, aterrizando en sus manos que sin su consentimiento estaba aferradas a la falda de su vestido en un apretón mortal.
En un intento por detener la avalancha de emociones que amenazaban con ahogarla en un mar de lágrimas, subió sus piernas a la silla, algo que jamás pensó que haría en presencia de él, y ocultó su rostro en sus rodillas tratando de respirar con más control y literalmente no derrumbarse, pero al parecer era imposible porque en lo que se puso en posición fetal el tenue control que tenía sobre sus emociones se rompió, y ya solo pudo dejar salir todo y esperar mitigar la vergüenza al finalizar.
Albafika hizo una mueca al verla llorar con tanta contención, impulsivamente dio un paso hacia ella con la mano extendida como si fuera a tocarla, pero antes de que sus dedos hicieran contacto con su cabello lacio se detuvo abruptamente retirándola con brusquedad y un miedo atroz de casi haber cometido un error y herirla con su sangre envenenada. Afortunadamente ella no pareció notar su cercanía por lo que se retiró unos pasos, apretando los puños en impotencia de no poder ofrecerle consuelo alguno por su condición, era casi doloroso presenciar el estado de ella sin poder hacer nada, era como tener una gran piedra en el centro del pecho que se iba haciendo cada vez más pesada hasta que creyó que no podría ni respirar, cuando se le ocurrió algo… tal vez no podía tocarla, pero si podía ofrecerle algo que esperaba ayudara de alguna forma.
Agasha parpadeó al sentir una suave y cálida tela posarse sobre ella, justo como aquel día lluvioso en el que conoció al hombre portador de la Cloth Dorada del ultimo Templo; tentativamente extendió su mano y tocó lo que había creído que era una sábana pero que en realidad resulto ser la misma capa del Caballero de Piscis, que se encontraba sobre ella como una manta protectora ocasionándole al principio confusión que luego se deshizo rápidamente por entendimiento, y finalmente una agradable tibieza en su pecho, haciendo que sin que se diera cuenta sus lágrimas dejaran de fluir lentamente.
Fue como si al sentir esa capa con olor a rosas y algo único de esa persona particular, el sol volviera a salir luego de un día oscuro y lluvioso, llevando calma y tranquilidad a sus caóticas emociones apaciguando el miedo en su interior, alejando todo recuerdo malo de su mente. Realmente fue increíble, y considerado de parte de él al hacer eso por ella, por lo que tímidamente ajusto el material blanco a su alrededor para poder mirarlo por debajo de sus pestañas, sorprendida de encontrarlo apoyado al otro lado de la mesa redonda justo frente a ella, con su rostro masculino de atractivas facciones cinceladas llenas de preocupación y algo de melancolía.
Al inicio no entendió por qué la miraba con decaimiento melancólico, pero luego cayó en cuenta de los puños en un apretón mortal a sus lados, y de la impotencia que se reflejaba en sus ojos azul cobalto y recordó tardíamente su condición de sangre envenenada y que debido a esto él no podía tocar a otros sin riesgo de lastimarlos, o aún peor matarlos sin querer. Pero también se dio cuenta que, debido a esto, o quizás a causa de esto su gesto de amabilidad para con ella en ese momento fue tremendo, porque demostró que le importaba y se preocupaba por ella, algo que no había caído en cuenta después de todo el tiempo compartido esos meses pasados en las clases y de las pequeñas charlas que para muchos serian superficiales sin importancia pero que para él habían significado un cambio para mejor en su rutina solitaria.
Con eso en mente, ella se las arregló para mostrarle que apreciaba su esfuerzo.
"Muchas gracias, Albafika-sama… realmente es usted muy gentil" ella susurró con una sonrisa en sus labios rosados, mientras mantenía su capa de un blanco inmaculado enrollada a su alrededor con cuidado.
Al instante Albaffika sintió un calor en su interior que se expandió por todo su ser, llenándolo de una calidez desconocida hasta ese momento y que para su vergüenza se reflejó en sus pálidas mejillas, adquiriendo un tono ligero de color carmesí, por lo que tuvo que desviar su mirada del rostro de la jovencita o arriesgarse a parecer una manzana de las que siempre se veía a Kardia comiendo en todas ocasiones. Pero es que aquella sonrisa que ella le regaló estaba tan llena de sinceridad y tibieza que no había podido evitarlo, nadie lo había mirado así antes, siempre era con admiración o deseo carnal, incluso envidia o desagrado por lo que ellos percibían como arrogancia de su parte, por lo que estaba desconcertado y maravillado a partes iguales, además de abochornado de una forma nueva que ni Manigoldo ni el afamado Escorpión habían logrado infringirle hasta ahora.
"No lo menciones" fue todo lo que pudo decir, aunque su tono por primera vez no fue brusco por lo que estaba agradecido, e internamente aliviado de ver que las lágrimas de ella se hubieran detenido y estuviera una vez más sonriendo de aquella forma tan única de la muchacha con preciosos ojos verdes.
Ella solo pudo seguir sonriendo el resto de la lección, que afortunadamente transcurrió con tranquilidad y eficacia, pero había además algo nuevo en el aire que antes no había estado, una sensación o sentimiento diferente que se relacionaba con ambos de una forma única pero agradable.
Aunque ninguno supo con exactitud como definir eso, supieron íntimamente que algo había cambiado.
Continuara...
Sip, Agasha no sabia leer ni escribir, algo que era común en aquella época especialmente si no eran de alta alcurnia y mujeres de paso. ¡Pero nuestro hermoso Alba-chan remedio eso! Y su relación esta evolucionando poco a poco, pero allí van 7u7)r
A continuación el significado de las flores que se mencionaron en los ramos:
-Jacinto azul: Constancia.
-Genciana: Eres injusta.
-Farolillo: Agradecimiento.
-Lavanda: Constancia, pureza, silencio.
-Olivo: Paz.
¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
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¡Únanse, las esperamos!
Zoteria
