Nota: Gracias a todos los que leen este fanfic. Como dije al inicio, la historia consta de tres capítulos, cada uno narrado en primera persona y desde una perspectiva diferente, no más ni menos. Les informo que esto en realidad es un corto adelanto del long-fic que tengo preparado para un futuro cercano, con la diferencia de que es narrado en tercera persona. Primero quiero ver si les gusta la trama. Disfruten el episodio de hoy.
.
Decisiones Pasadas
Por Shoseiki
Capítulo 2: Sentimientos guardados
.
¡Te amo!
Lo grito, duro y fuerte, para que ese hombre frente a mí del cúal ando perdidamente enamorada, logre entender o en este caso reconocer porqué estoy aquí. Mis ojos en silencio se lo dicen, y él lo sabe. Naruto sabe todo de mí. Que quiera dársela de tonto es otra cosa.
- Eso que dices... no puede ser verdad. No. -susurra Naruto. Mi Naruto. Porque es mío. No importa si quiere a Ino o si llevábamos cinco años sin vernos, Naruto me ama, lo sé y lo siento, no sólo reflejado en esos ojos azul cielo que arden de deseo por mí tras esa capa de dolor que ahora distingo, sino también en todo su cuerpo. Lo conozco demasiado, y soy consciente de que está conteniéndose mucho, porque ambos desde que nos vimos allá afuera en la dichosa fiesta, sentimos esas ganas de abrazarnos y besarnos hasta que nos duelan los labios, ya cansados de tanto devorarnos. O por lo menos eso es lo que he querido hacer yo desde el momento en que lo vi.
No puedo negarlo. Deseo y amo a este hombre más de lo que reconocería en voz alta.
No quiero estar sin él.
- ¿Me crees capaz de mentirte respecto a esto? -le pregunto, entre indignada y dolida por su desconfianza. ¿De veras él me cree tan descarada y cínica como para mentirle viéndolo a los ojos? De acuerdo, sé que actué muy mal en el pasado pero, ¿por un error, seré juzgada toda la vida? ¿No merezco acaso una oportunidad?-. Naruto, no te quedes callado. -pido al vivir en carne propia lo que duele su silencio.
Pestañea y deja de verme, para después fijar la mirada en el paisaje que hay tras la única ventana que tenemos alrededor, donde se puede ver el sol, ardiente y anaranjado, subir hasta lo más alto del cielo azul. Los finos rayos comienzan a entrar en nuestro entorno, y uno de ellos se instala ahí, justo en su cara, pero sin molestarle al parecer. Yo guardo silencio, hechizada ante el hombre que tengo frente a mí. Naruto ha cambiado, y no hablo sólo de su actitud, sino de su físico. Antes, hace cinco años atrás para ser exacta, los dos teníamos la misma altura; ahora en cambio él me lleva una cabeza de ventaja, y tiene la barba rasurada. Su cabello sigue siendo rubio, casi dorado, pero un poco más corto de lo que recuerdo.
Entonces decido, muy a mi placer, contemplar su tronco y brazos marcados por el ejercicio, ya que la camisa blanca que usa y que deja a la vista parte de su pecho se amolda perfecto a sus músculos. El perfume que roció sobre su piel, también puedo olerlo. Es tan intenso y salvaje como él.
Fuerte, apasionado y único, así huele mi Naruto.
Mi amor.
- Nada cambiará lo que pasó -pronuncia, negando con la cabeza, sin voltear a observarme-. Aunque me amaras... lo hecho, hecho está.
Oigo lo que dice, prestando más atención al movimiento de sus labios que a otra cosa. Es increíble que hasta eso haya cambiado en él. La manera en que los usa, en que se rozan para emitir un sonido, es sencillamente hiptonizante. Casi un embrujo para quién los ve, como lo hago yo en este instante. Y me tiene hecha una idiota, en eso me he convertido al verlo aparecer en la fiesta, tan guapo que me embelesa.
- Puedo enmendarlo -sugiero, aún cuándo en el fondo lo creo difícil, por no decir imposible-. Puedo hacer que...
- ¿De verdad? -murmura, esta vez girando a verme. Su voz viene teñida de incredulidad, algo que me esperaba-. ¿Enserio piensas que eso se resuelve así de fácil? Llegas luego de cinco años a pedirme perdón, a confesarme que me amas, ¿y todo resuelto?
- No -contesto, seria y clavando mis ojos en los suyos-. Tampoco soy tan ilusa para creer que obtendré tu perdón así de fácil. Sé que necesitas tiempo para...
- El tiempo pasó, Sakura. Hoy todavía sigo curando mis heridas.
- Deja que yo las sane por ti -le pido acercándome-, deja que sea yo y sólo yo quién borre de tu corazón el daño que te hice.
- Sakura...
- Te lo estoy pidiendo, por favor.
Alcanzo a ver que está a punto de rechazarme de nuevo, pero para él es tarde. En menos tiempo del que pensé que me tomaría, logro enroscar mis brazos alrededor de su cuello, pegar por completo nuestros cuerpos y subir el rostro hasta dónde la altura me lo permite, que es al nivel de su nuéz de Adán. Naruto, ante mi contacto, se pone tenso y rígido a más no poder, con los brazos colgando a los costados, sin devolverme el abrazo. Y yo sufro. Sufro porque a pesar de saber que me ama y que no me ha olvidado, la herida es grande, quizás mucho más de lo que él muestra, y mi intención es quedarme a su lado a curarlo. Tal vez de paso, curarme a mí también.
Sanación mutua, creo que sería el término correcto.
Eso es algo que los dos necesitamos.
-Naruto -sollozo contra su ropa, muy afectada por su actitud. Esto me lastima. Esa indiferencia con la que pretende tratarme, o ya me está tratando, es más dolorosa y fuerte de lo que pensé. No lo resisto. Mi cuerpo y mi alma no lo soportan. Nunca podré si viene de él-. Te lo pido con el corazón, Naruto.
-Sakura...
-Por favor. -digo levantando mi cabeza hacia él, con la vista borrosa por las lágrimas que intento no derramar. Sé fuerte, me susurro en mi mente, ¡vamos Sakura, no te dejes caer! Ahora no es el momento de derrumbarte, hoy no.
-Lo lamento -me contesta, viéndome a los ojos. Yo niego con la cabeza, decidida a no asumir lo que quiere decirme. ¿Por qué? Porque es ridículo, ¡es inconcebible para mí creer que Naruto, mi Naruto, me haya borrado de su vida tan fácil, como si lo que vivimos no fuera importante, como si entre nosotros no hubiera existido amor, entrega y pasión a enormes cantidades! No. No lo acepto. Jamás lo haré-. De verdad siento todo esto, te juro que...
-No hables -le pido en voz baja, aunque a oídos de cualquiera parezca una orden; cosa que no es-. No lo hagas si es para mentirme.
Naruto frunce el ceño en un claro gesto de confusión, mientras que mis lágrimas al fin caen, luciendo yo vulnerable. Fue suficiente. Lo intenté, enserio que intenté mantenerme fuerte, pero esto ya supera mis límites. La idea de perder a Naruto me enferma, me desespera, hace que me enfurezca. Y esa es una situación que me niego a afrontar.
-¿Por qué dices que te miento? -consulta.
-Porque si en realidad no sintieras nada por mí, tu corazón no latería tan rápido como el mío ahora. Puedo oírlo, ¿sabes? Así que ya deja de engañarte y de querer engañarme a mí, porque no te servirá.
-Yo... no estoy engañando a nadie.
-Pues a mí me parece que sí.
De pronto, los dos guardamos silencio hablando unicamente con la vista. Mis lágrimas siguen cayendo, pero no aparto la mirada de sus ojos ni un segundo. Esos orbes de color azul, tan intenso y profundo como el océano mismo, nunca serían partícipes de una mentira. Ellos siempre me mostrarían la verdad, aunque el propio Naruto tratara de evitarlo, o de ocultarlo a toda costa, tal como lo hace ahora. Pero su táctica es inútil. No hay forma de que le crea lo que ha dicho.
Lo conozco demasiado.
-Será mejor que regrese a la fiesta, Ino me estará esperando. -pronuncia, desviando luego la mirada. Ino. Mi mejor amiga, la que creí casi mi hermana, ha estado con mi chico quién sabe desde hace cuánto tiempo, y se lo mantuvo callado. Mentirosa. ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo es que me traicionó de esa manera y yo no me di cuenta? ¿Por qué hizo esto? Ella era mi confidente, ¡la única a la que fui capaz de confiarle todo, incluso mi condición! Y ya veo su pago. Una puñalada. Ino me ha dado la peor de ellas, la que sabía que podía herirme.
Se ha involucrado con mi hombre.
Maldita perra.
-No irás. -le digo.
Él cambia su expresión, para observarme desconcertado.
-¿Qué?
-He dicho que no irás, Naruto. No saldrás de esta habitación hasta que aclaremos lo sucedido.
-Aquí no hay nada que aclarar.
-¿No? ¿Estás seguro? -pregunto, mi furia despierta-. Porque a mí me resulta extraño creer que la quieras a ella cuándo es obvio que tú aún me sigues amando. ¿No será que estás con Ino sólo por obligación?
-Por supuesto que no -me contesta, casi que enojado-. Ino es muy importante para mí. No estoy a su lado por deber, sino porque quiero.
"Porque quiero".
¿Es que acaso he oído bien? Naruto... ¿acaba de decirme que la quiere? ¿Qué ocurrió entre ellos para que las cosas llegaran a este punto, dónde a mí me hace a un lado por elegirla a ella? ¿Tan unidos se han vuelto en estos cinco años? ¡¿Cómo demonios Ino consiguió llamar su atención?! Ah, claro. De seguro lo enamoró con sus infalibles técnicas, con su encanto y cuerpo de muñeca mientras que yo lo buscaba desesperada por cada rincón de España para pedirle perdón, no consciente de que a mis espaldas, ella lo engatuzaba a su manera.
Qué idiota...
Una estúpida, ¡sí, eso es lo que soy! ¡Mil veces estúpida!
Pero esto no se quedará así, claro que no, porque mientras Naruto todavía me ame, yo continuaré peleando por él, pese a quién le pese y luche contra cuál sea. Naruto es mío, y eso nadie lo va a poder evitar.
Ni siquiera ella.
-Es momento de que me vaya. -oigo que murmura, más para él que para mí.
-No -digo deteniéndolo, puesto que mis brazos siguen sobre su cuello, manteniendo nuestros cuerpos juntos-. No te irás, no cuándo acabo de recuperarte.
-Sakura...
Aprieto mis brazos alrededor de su piel tostada, impidiendo que culmine la frase y poniendo mis manos encima de su nuca, lugar en que enredo mis dedos, tomando parte de su cabello.
-¿No entiendes que te amo, que vine hasta aquí sólo por ti? -interrogo, mi voz sale entrecortada. Esa es la verdad, mi verdad. El resto son puras tonterías que malgastan mi tiempo y esfuerzo. Estoy acá por Naruto, y no pienso irme sin él. Punto.
Las lágrimas en mis ojos vuelven a fluir, pero esta vez con mayor fuerza, tanta que no logro retenerlas. ¿Por qué tengo que llorar? ¿Por qué soy tan emocional cuándo se trata de él?
La respuesta es fácil.
Naruto es el único que me puede lastimar.
-Entiéndeme tú a mí, por favor. -suspira, suaviza su expresión y me ve con tristeza, colocando una mano sobre mi pómulo, dónde el llanto ha dejado la zona húmeda.
-¿Qué debo entender según tú, eh? ¿Qué quieres que comprenda? ¿Que tú aprecias a Ino y vas a estar con ella aún amándome? ¡No! No lo haré.
-Sakura.
-No te dejaré libre para que estés con otra mujer, no si sientes lo mismo que yo.
-Sakura...
-¡Te amo y voy a luchar por ti sin importar a quién me enfrente! -chillo.
-¡SAKURA! -grita cogiéndome el rostro entre ambas manos, después me mira fijamente a los ojos, de una forma tan intensa que creo sentir su tacto quemarme, prenderme la piel-. Necesito que te calmes, que me escuches y entiendas lo que voy a decirte.
Agito el rostro, llorando.
-No quiero oírlo -gimo, presa de mi propias lágrimas y del dolor que esto me provoca. Es cierto. No me apetece escuchar lo de su relación con la cerda de Ino, tampoco saber los detalles. Lo que me importa es él y sólo él. El resto no me interesa-. Te estás engañando al negar que me amas, y me duele, ¡me duele que no reconozcas tus sentimientos por mí!
-No sigas, por favor.
-¿Por qué, ah? ¿Por qué te empeñas en ocultar esto que sientes, que ambos sentimos? ¿Tanto te avergüenzas de amar a una mujer como yo? ¿Tan imperfecta soy?
-¡Ya basta, ¿si?! ¡No digas esas cosas, porque si de algo no me arrepiento en esta vida, es de amarte como lo hago! -pronuncia, eufórico.
"No me arrepiento de amarte", fue lo que dijo, y mi mente repite la frase una y otra vez, hasta que mi pecho se contrae, tan feliz que no puedo asimilarlo aún.
Me ama.
¡Naruto al fin acepta que me ama!
-Dímelo de nuevo. -le pido.
Él abre los ojos como platos y me suelta, retrocediendo, casi que espantado. Entonces lo veo con detenimiento y me doy cuenta del motivo de su reacción. Fue un impulso, un acto no premeditado que lo ha dejado sorprendido, ya que ni él mismo esperaba soltarme algo así, a la ligera, cuándo desde hace rato lucha por negármelo.
-Repíteme lo que has dicho, Naruto.
Mi chico parece confundido, porque pestañea dos veces seguidas y niega en un movimiento de cabeza, sin atreverse a mirarme.
-Yo...
-Por favor.
Lo veo revolver su cabello con las dos palmas, lejos de mí, así que empiezo a acercarme otra vez, en espera de que no decida marcharse. Camino despacio, pero segura, mirándolo a los ojos.
-Di lo que sientes por mí. -vuelvo a pedir.
-Para, Sakura-chan. No sigas -suplica en voz baja-, por favor... ya no sigas.
Me detengo, más que impactada por su petición. De seguro oí mal, porque es imposible que él me haya llamado de esa forma. No después de lo que le hice, no cuándo han transcurrido cinco años sin vernos y sin hablar.
Sí. A lo mejor mi juicio me ha fallado. Él no pudo haberme dicho...
-¿Sakura-chan? -pronuncio, sintiendo el corazón incrementar sus latidos... de golpe-. ¿Me dijiste Sakura-chan?
Mis ojos se abren en gesto de sorpresa; sólo que para él no parece tener el mismo efecto a simple vista, pero sé que lo tiene. Conozco tanto su forma de ser, que soy consciente de lo que le duele llamarme así, porque eso sucedía unicamente cuando éramos pareja... hace muchos años. En ese tiempo solía ser una costumbre, un hábito, pero hoy, ahora, con todo lo que ha pasado entre nosotros, el significado de esa palabra ha cambiado. Cambia porque en este momento estamos separados, distanciados, y aún pese al sufrimiento que le he provocado, Naruto me sigue nombrando Sakura-chan, tal cuál lo hacía en esa época donde fuimos tan felices, tan dichosos... unidos el uno al otro.
El hecho de que lo haga ahora, vale más que cualquier otra cosa, al menos para mí. Cinco años. He esperado cinco malditos años para al fin encontrarlo, y el efecto en mí al oírle llamarme de esa manera sigue siendo el mismo. Alegría, añoranza... amor. Significa todo para mí.
Lo amo demasiado.
-Yo... -titubea, nervioso- no sé porqué lo hice.
-Lo hiciste porque me amas, Naruto. Acéptalo.
¿Por qué le cuesta reconocerlo? ¿Tan grande es la herida causada por mi error que no puede siquiera pensarlo?
-Aceptarlo, eh -susurra él, fijando la vista en mis ojos. Ahí es cuando lo veo. Ahí es cuando comprendo la magnitud y gravedad de mi equivocación reflejada en su mirada, en su actuar... en su forma de verme. Y me duele. Me mata comprobar que ya Naruto no me mira igual. Con desconfianza. Así es como me ve-. Dime, ¿qué sentido tendría aceptar algo que quizás no sea verdad?
-El quizás nunca ha existido para nosotros, menos si se trata de un amor como el que nos tenemos.
-¿Amor? -me pregunta.
-Sí. Amor. ¿O seguirás negándolo? -digo acercándome otra vez-. Respóndeme, Naruto. ¿Enserio piensas que creeré esas mentiras?
Gracias a mi avance, de nuevo nos hallamos cerca, con nuestros pechos casi rozándose, respirando el olor del otro. Entonces resurge, como siempre, esa especie de magnetismo y conexión que crece cuando estamos juntos, muy próximos como ahora. Es casi una vibra lo que se siente entre ambos; una que no podemos medir ni tampoco controlar, pero que me hace querer eliminar el espacio restante y besarlo hasta embriagarme.
Hasta emborracharme de él.
-No sé de qué mentiras hablas.
-¿No? ¿Estás seguro? -le pregunto, bajando la mirada a sus labios-. Porque podría besarte y saldríamos de dudas.
-No te atreverías.
-¿De veras lo crees? -consulto, notando que su respiración se altera al igual que la mía. Doy un paso al frente y nuestras narices se tocan. Él pone una mano en mi cintura para detenerme. Su toque se siente caliente-. Naruto...
-No lo hagas.
-Bésame -le pido-. Bésame hasta que se nos olvide todo. Tu dolor, el mío. Hazlo como antes, como si después fuera acabarse el mundo. -agrego.
Él no responde, sino que se limita a observar mi boca y a colocar la palma en mi mejilla, manteniendo el silencio. Un mutismo que tratándose de Naruto sólo puede significar una cosa: dudas. Sí. Naruto está dudando, y eso deja muy en claro, al menos para mí, que mi cercanía y mis palabras lo hacen flaquear en todo el contexto de la palabra.
Es evidente que todavía tengo algo de poder sobre él.
Mucho más que el que podría tener Ino, visto la forma en que ha reaccionado. Esto me alegra tanto...
-Yo... no puedo.
¿Qué?
-De verdad que quisiera poder hacerlo, pero no puedo -me dice, pegando su frente a la mía y cerrando los ojos, como si el contacto le doliera... o costara toda la fuerza de sí mismo-. Lo siento, Sakura-chan. Enserio lamento esto.
Le oigo, escucho cada una de sus palabras, más el único sonido que resuena una y otra vez en mi cabeza es el de mi mundo derrumbándose. Mi corazón roto, no en varios pedazos, sino en millones de ellos. Mis esperanzas hechas trizas. Un dolor tan profundo, tan intenso, que me corta la respiración y cierra la garganta, dejándome con un nudo atorado. Tanto así que no logro ni contestarle.
Es demasiado.
Su rechazo me ha destrozado, totalmente.
Mi mente ni siquiera consigue procesarlo por completo.
¿Acaso es real? ¿Naruto, el amor de mi vida, me está haciendo a un lado sin tomar en cuenta mi dolor?
-Di algo, lo que sea -murmura tan cerca de mí que percibo su tibio aliento sobre mis labios. Menta. Naruto huele a menta-. Sakura-chan...
-Te amo -es lo único que logro decir, llorando mientras lo veo-. Te amo, Naruto. Yo... te amo muchísimo.
-No lo hagas. No me ames, Sakura-chan.
-No puedo evitarlo. ¡No puedo! -chillo al borde del colapso-. Y sé que tú tampoco puedes, porque me amas igual que yo a ti. Esa es la realidad. Nuestra realidad.
Naruto se relame los labios, aún sin abrir los ojos, y yo me siento tentada a besarlo cuando veo tan de cerca su boca. Dios, ayúdame. Es tan díficil percibir su aroma y no tocarlo... no poder hacer algo por miedo a su rechazo, a su desprecio.
Esta proximidad me está matando.
-Lo único cierto aquí -susurra abriendo los orbes y mirándome triste-, es que ya no somos nada. Tú y yo... no podemos estar juntos. Ya no.
-¿Por qué? -sollozo.
-Porque estoy roto, Sakura-chan, ¿que no te das cuenta? Mírame, mírame y verás a un hombre destruido y confundido.
Inhalo fuerte, niego con la cabeza.
-Lo que veo frente a mí es al hombre que amo -le digo-, y no importa cuanto tarde o cuantos años me lleve conseguirlo, voy a recuperarte, Naruto.
-A veces eres tan terca, Sakura-chan.
Sin saber por qué, le sonrío, feliz como no lo estuve en mucho tiempo. Este hombre me va a volver loca.
-Y tú tan idiota. -respondo a manera de juego, poniendo mis manos en su cadera. Él me observa unos segundos, que me parecen eternos, para luego ver mi frente y posar sus labios en ella, dándome un cálido, suave y tierno beso, de esos que te revuelven las mariposas del estómago y te suben hasta la cima del cielo, dónde siempre quisieramos estar. Un roce de lo más lindo y puro que un hombre te puede dar.
Un gesto de protección y cariño. Así es como lo veo.
-Quédate -suspiro contra su cuello-. Quédate conmigo.
-Sakura-chan.
-Yo te necesito, Naruto. Te necesito tanto...
-No me hagas esto -susurra, respirando sobre mi cabello, añade:-. Por favor, no lo hagas. No ahora que me sentía en paz conmigo mismo, con mi corazón.
-¿Y nuestros sentimientos? -le pregunto-. ¿Acaso ellos no cuentan? Este amor... ¿no tiene importancia para ti?
-Yo ni siquiera sé si esto que siento por ti sea amor.
-Lo es -digo con convicción-, claro que lo es.
Naruto me mira con curiosidad.
-¿Cómó lo sabes?
-Porque mi instinto de mujer me lo dice. Tus manos, tus ojos, incluso tus labios... -susurro, centrando la vista en su boca- me lo confiesan. Todo tu cuerpo lo hace.
-Es increíble. -suspira.
-¿Qué?
-Esto, que tú aún puedas leerme y saber qué siento, qué pienso... qué niego -murmura sonriéndome leve, como sólo él lo hace-. Me conoces bien, Sakura...
-Sakura-chan. Llámame así, como siempre lo has hecho. Y por supuesto que te conozco bien. Fuimos novios durante tres años, ¿no lo recuerdas?
-¿Cómo olvidarlo, si fuí tan feliz contigo... amándote?
-Llenándome de besos, de calor, de caricias. De noches que no olvidé nunca, Naruto. Me entregaste tu amor -le recuerdo, y a continuación pongo una mano en mi pecho; sobre mi corazón-. Amor que guardé aquí por mucho tiempo y todavía vive y late por ti.
-¿Por qué? -me pregunta de pronto-. ¿Por qué vienes ahora cuando empiezo a superarte, si sabes perfectamente que una mirada o sonrisa tuya desnivela mi mundo, Sakura? ¿Por qué lo haces?
-Porque te amo. Te amo tanto que ni un día desde que te fuiste dejé de pensarte, de ahnelar volver a verte.
-¿Y Sasuke? -me recrimina, dejándome fría-. ¿O es que ya te olvidaste de él? ¿Borraste de tu memoria todo lo que vivieron juntos? Porque yo me acuerdo, Sakura. Como si hubiese sido ayer... recuerdo la forma en que me abandonaste por ir tras suyo.
Sorprendida; porque no encuentro otra palabra que describa mi actitud, veo cómo mi chico se aleja, con sus orbes húmedos y la mandíbula apretada, conteniendo las ganas de llorar.
Mi Naruto...
Luce tan vulnerable, que con esfuerzo retengo mi necesidad de abrazarlo y no soltarlo jamás.
Verlo de esa manera es casi tan doloroso como morir en vida. No lo soporto.
-Por favor déjame explicarte.
-¿Qué me dirás, Sakura-chan? ¿Que ya no lo quieres y por eso viniste por mí? ¿Que él no significó nada para ti?
-¡No! Las cosas no sucedieron así, tú lo sabes muy bien.
-Sí -contesta asintiendo-, tienes razón. Lo sé todo. Sé lo que pasó entre ustedes porque yo estuve allí, muriendo por dentro mientras ustedes vivían de lo más felices.
-Naruto... -llamo, dolida.
-Y lo peor del caso, ¿sabes qué fué? Que yo fuí a tu boda.
Que Naruto... ¿qué?
-No -pronuncio tajante ante la barbaridad que ha mencionado-. Eso no puede ser.
-Si, sí lo hice. Y por tu rostro me doy cuenta que no me viste. Tus ojos sólo lo veían a él: a Sasuke.
Yo abro mis orbes, golpeada por la realidad. Entonces sí es cierto. Naruto asistió a mi ceremonia y yo ni siquiera lo noté. Mi rubio, el amor de mi vida, mi sol resplandeciente, presenció cómo me comprometía con otro hombre que no era él y aún así resistió. Toleró todo eso... por amor a mí.
Naruto, mi amor.
-¿Cuándo? ¿Cómo?
Estoy boquiabierta.
-En silencio, sin que nadie lo supiera.
-Pero... ¿por qué?
-Quería verte por última vez. Feliz, aunque no fuese conmigo, no importaba si me hacia más daño.
-¿Cómo... -se me atoran las palabras, mis orbes se humedecen al igual que los de él y trago grueso, empezando a ver borroso por las lágrimas- cómo es que no te importó mirar eso tú mismo?
-Era tu sonrisa la que vería ese día, y lo valía. Créeme que sí.
-Estás equivocado. Tú no merecías eso, ¡nunca lo mereciste!
-Me daba igual, Sakura-chan. ¿Qué no lo entiendes? -dice acercándose a mí, mi cuerpo paralizado-. Te amé de la forma más intensa y humana que existe. Te amé tanto que se me hacia difícil estar sin ti. Contaba los segundos para estrecharte entre mis brazos y comerte a besos. Respiraba tu olor -comenta con un deje de dolor en la voz- y, siendo sincero, lo haría mil veces más. Te amé sabiendo que no te merecía.
-No -niego con la cabeza, volviendo a llorar-. La que no te merece aquí soy yo. Te hice sufrir, ¿qué no lo ves? Soy una persona egoísta, Naruto. Soy una estúpida por haberte herido, soy...
-Calla -me susurra despacio, y cubre mis labios con su mano, tan cerca de mí que me impregna de su calor-. Por favor, ya no digas esas cosas. No empeores más nuestra situación con comentarios de ese tipo, porque no son verdad. Tú fuiste perfecta para mí.
-No -respondo ahí, contra su palma tibia, enamorada completa y perdidamente de él-. No lo soy. Jamás te merecí.
-Shhh -chista, se aproxima más y me pega a su pecho; cálido, fuerte y masculino, donde hundo mi rostro para olerlo y perder la noción del tiempo-. Basta de decir esas tonterías. Nosotros... el amor que nos tuvimos, no terminó así, de veras.
Sí, es cierto lo último que ha dicho. El amor que compartimos no ha acabado ni acabará, porque pese a las situaciones que hemos vivido, él sigue existiendo. Lo sé por el hecho de que, justo ahora, apretada a su pecho cómo me tiene, puedo entenderlo.
El amor es así.
Cálido, fuerte, comprensivo, apasionado... protector.
Y lo más importante: me hace feliz.
-Tranquila, no llores -continúa hablando mientras comienza a abrazarme por completo, poniendo la barbilla sobre mi pelo-. Por favor, Sakura-chan.
-Vuelve conmigo -gimo ahogada por el llanto, por mi dolor-. Yo te amo y tú me amas, olvidemos el pasado y hazlo: vuelve conmigo.
-Ojalá fuera tan fácil como tú lo haces ver. -aclara, mientras destapa mi boca y rodea en su totalidad mi cuerpo, infundiéndome apoyo, amor... y a la vez su perfume. Ese maldito aroma que me ha perseguido por años hasta casi volverme adicta a él. Una droga. Eso es lo que es para mí.
Una jodida droga que no puedo dejar.
-Tú eres quien lo vuelve difícil -respondo, elevando el rostro para verlo, con la diferencia de que siempre, siempre, mis ojos caen al mismo sitio. Su boca. Aquellos labios que no logro ignorar, y menos estando cerca de los míos. Sólo unos milímetros nos separan-. Si me permitieras intentarlo yo te juro que...
-No -me interrumpe Naruto, viéndome con fijeza-. No jures nada, por favor.
-Pero...
-No lo hagas, Sakura-chan. No más promesas. Ya no.
-¿Entonces? -digo centrándome en sus orbes-. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué necesitas, qué hace falta para que me perdones?
-No tengo nada que perdonarte.
-¿Cómo de que no?
Mi chico sonríe, de esa manera tan genuina y transparente que lo convierte en un ser único, para después posar una mano en mi mejilla, acariciándome. Yo lo observo embelesada, porque el simple hecho de que me toque hace que, literalmente, mi cuerpo vibre como si su roce me transmitiera vida.
Vida que creí perdida cuando no supe más nada de él.
-Cualquier rencor o daño que pudiste haberme provocado quedó atrás, cuando elegí tu felicidad por encima de lo que fuera -contesta, su mirada llena de ternura-. Esa fué mi decisión, no tuya.
-Eres el amor de mi vida, ¿sabías? -le confieso, relamiendo mis labios-. Lo serás siempre, siempre Naruto. -reitero con énfasis.
Él contempla mi cara unos segundos, antes de que mi yo interior gane y decida lanzarme a sus brazos como si de un momento a otro Naruto fuera a esfumarse, tal cuál sucedía en muchos de mis sueños. Me aferro a su cuello y hundo el rostro ahí, sin importarme en lo absoluto lo que suceda, pero gran sorpresa me llevo cuando, de forma inesperada (desde mi punto de vista al menos), siento a Naruto devolverme el abrazo con el mismo fervor, con la misma urgencia y necesidad.
Fuerte, apasionado. Así es nuestro vínculo.
Intenso.
Los dos nos aferramos al otro con desesperación. Sintiéndonos, palpándonos... entregando todo cuánto hemos guardado.
Esperanzas, cariño, pasión.
Eso y muchísimo más, nos transmitimos Naruto y yo en este abrazo tan íntimo y tan esperado por ambos.
Me sentía en el cielo, sí, y de seguro allí seguiría de no ser porque, cruel fuese el destino, alguien nos estaba mirando.
Una persona cuya presencia no podía faltar en este reencuentro.
-¿Sakura, qué haces tú abrazando a mi novio?
Ino había llegado.
