CAPITULO 1

GASOLINE


Una risa fluyó hacia la nada. Ni una droga había corrido por mi sistema en días, y este mareo siempre permanecía remanente en la parte trasera de mi se abstraía, como una realidad hecha de mentiras, solo miraba alrededor en un desdén propio del moribundo, a la espera de que todo se desvaneciera en cualquier momento.

Luces parpadeaban, iban y venían entre música corroída por la descomposición humana, entre calles húmedas por vestigios desvanecientes de lluvia, arrastrando consigo esta suciedad casi inherente del asfalto hacia la negrura de las cañerías.

Pateé una lata abollada, rodó hasta algún poste rodeado por basura, bolsas ya rotas por animales callejeros que vagaban por esta zona, como yo.

Y elevé la mirada al cielo en busca de sobriedad. Un copo descendió hasta mi frente, seguido por otro y otro, y daba igual cuánto frío rozase mi existencia, era difícil retomar algo de conciencia cuando no te rodeaba más que una apología al hedonismo.

Extendí mi lengua hacia la nada, esperando por un copo de nieve que se evaporase en ella. La perforación, una joya de acero de un calibre catorce aún cicatrizaba en la suave y húmeda carne, aún doliendo. Y nada llegó, excepto la boquilla de la botella de vino barato en mi mano.

¿Había dicho que ni una droga había corrido por mi sistema en días?. Bueno, no, al menos no una ilegal.

Bebí hasta que no quedó nada más que vidrio y ebriedad tras de sí. En un despliegue de simple aburrimiento lancé el objeto en mi mano para estrellarlo contra ladrillos ya corroídos entre lluvia y papel arrancado, con este aroma siempre presente a orina vieja y basura. El crujir del cristal un beat más en esta sinfonía de caos.

Vagué como algún animal callejero, viendo la nieve crecer en potencia contra su pelaje, contemplando la necesidad de un pronto refugio, ¿Pero que refugio? Para este punto solo funcionaba a base de la sustancia al alcance de mis dedos.

¿Qué buscaba suplir?...

Tantas, tantas cosas, que contarlas era como tantear entre agujas por el hilo.

Paso tras paso iba a ningún lugar en particular, pero ese algo que te hace humano, me guiaba hacia ese alguien que me hacía sentir humano. Hundido en la escoria, hundido en la autocompasión, en ese gris de desesperación… sentirme algo más que llana mierda era un placer mayor a cualquier droga, a cualquier felación.

Y allí me encontré, frente al porche de una casita de puerta café cenizo, ventanas en marco de madera rojiza, y fachada de un tono verde pasto claro. Colillas de cigarro entre nieve descansaban silenciosas, cadáveres de batallas perdidas contra el aburrimiento… y mierda, sí que estaba aburrido.

Busque un cigarro entre mis bolsillos moviéndome lejos del porche hacia el patio trasero. Deje el cigarro sin encender entre mis labios mientras saltaba la recién arreglada valla del jardín, esperando no romperla en el proceso. Para mi fortuna resistió.

Y me moví cual fugitivo de su propia vida hacia la ventana de su cómplice del olvido. Busque por una piedrita entre la nieve, añadiendo más tierra a mis uñas en el proceso, para luego tomarla entre mis dedos, sopesar la probabilidad de que rompiese la ventana, y lanzarla de igual forma aun si el resultado fuese una grieta en el vidrio.

Golpeó fuerte, no lo suficiente para romper el cristal, pero si lo suficiente para obligar al residente a elevar un insulto o dos.

La ventana se abrió unos minutos después, el muy imbécil se había asomado sin camiseta, para dejar ir un gemido de frío seguido por una maldición desparramada de malas palabras que solo su boca se atrevía a espetar en mitad de la noche, en mitad del silencio absoluto.

"¿Que demonios quieres?" se adentro de nuevo, solo dejando su pálida cara lo suficiente afuera de la ventana como para verme "El sol ni muestra el culo y tu ya estás aquí jodiendo la puta vida" mi mirada se blanqueo en tedio.

"¡Estoy aburrido!" grite lo suficiente alto para ambos, y probablemente para el vecino, pero qué más daba.

"Y a mi que coño me importa"

"Voy a subir, no vayas a cerrar la ventana como la otra vez" sus labios se curvaron en una ladina sonrisa.

"Si no fueras tan lento. Sabes que se me quema más rápido la paciencia de lo que se me congela el culo" y se alejó de la ventana. Un suspiro fluyo de mis labios mientras iniciaba mi escalar, moviéndome con algo de esfuerzo entre esa remanente ebriedad, el viento y lo malditamente congelado de cada saliente de esta casa de mierda.

Por fin tras un breve lapso de agonía llegue a la ventana, entrando con dificultad en busca de algo que apaciguara mi desasosiego.

"Cartman" murmure viéndole de nuevo enroscado entre sus mantas.

Su madre tenía asuntos que atender en Denver hasta donde tenia entendido, un viaje de negocios, o una orgía en algún hotel de esos caros… en fin, que para ella era básicamente lo mismo.

El gordo ya era lo suficiente grande para hacerse pajas y filtrar porros al patio del instituto, pero según su madre no lo suficiente grande para cuidarse; así que ese terrible orco, alias, la hermana de Stan, debía estar introduciendose tampones hasta el hartazgo por su incesante menstruación en algún lugar de esta casa. Era aterrador.

"Anda a la mierda Kenn. Mañana es lunes" sonreí ante el dedo medio que sobresalió de entre las mantas. Me senté a su lado en la cama, reconociendo un condón usado en la esquina. Mi pecho cedió ante una punzada de…

"Hoy es lunes" corregí silenciando mis pensamientos con mis palabras, odiandome por esos destellos de humanidad que sólo él me generaba, como una sombra que cobra vida solo bajo la luz del sol.

"Ugh, maldita sea McCormick, algunos de nosotros si tenemos un puto futuro. Mañana hay clases"

"Hoy" corregí de nuevo riendo por lo bajo.

"Pudrete" Vire hacia otra dirección, encontrándome con el cristal de la ventana en busca de una distracción entre los copos de nieve que danzaban sosegados al ritmo del viento, saboreando este pequeño refugio de calma que me patearía dentro de un rato lejos de aquí.

Nuestras respiraciones, casi sincronizadas, se perdían en sonidos sordos en la nada.

Cuanto aborrecía el silencio de la soledad, que su respiración cubría con un manto de perdón. Me podía permitir no pensar, no enfrentar ideas que se visten de posibilidades, que se enmarañan en planeaciones sin sentido… de la locura, de los murmullos.

Dios.

"Culón" murmuré. Gimió por lo bajo en respuesta "Estoy cansado"

"Ni pienses que te dejaré dormir en mi cama"

Su vaho en la nada era de naturaleza vil, tal como el mío. En momentos así, sentía nuestra naturaleza compaginar en ese desazón de quien no espera el futuro, de quién no soporta el presente, de quién no tiene necesidad de mirar al pasado, pues está encarnizado en piel desnuda, como letras dentro de nuestra definición.

Cuán absurdo, hallar un empatizar tan adorado en un objeto tan… tan él.

"Somos más similares de lo que quisiera" dijo él alguna vez.

"¿Similares?" recuerdo burlarme en silencio de sus palabras, perdidos en medio de la nada, ambos sentados sobre el techo de esa vieja camioneta de mi padre.

"Añoramos algo inconcebible para personas como nosotros. Felicidad habría de suponer. Siempre buscando por ese siguiente objetivo que generará siquiera un placebo de complacencia para luego ser decepcionados" recuerdo el silbido de los campos, las montañas de colorado rodeandonos como una manta blanca entre praderas infinitas que se estremecían en hondonadas olas de verde pasto ante el acariciar del viento. Naufragos vagando en un océano verde, refugiandonos sobre esta pequeña canoa de metal oxidado en tonos rojizos y amarillentos. Recuerdo preguntarme si al final del día nos hundiríamos.

"Pensé que solo le ibas a la marihuana" bromeé, sonrió junto a mí.

"Nuestras drogas son diferentes. Las tuyas se limitan a las que se esnifan e inyectan… las mías son aquellas que implican un objetivo cumplido, tal vez un videojuego, tal vez las lágrimas de él… de ella" se encogió de hombros elevando su mirada al cielo sumido en tonos naranjas propios del atardecer. Mientras naufragábamos entre prados, el cielo se prendía en fuego. Estábamos acorralados.

"¿Te place el sufrimiento ajeno?" pregunté al tanto de la respuesta sacando mi encendedor para jugar con él, encendiendo y apagándolo una y otra vez.

"Me pregunto si lo hace" y a pesar de ello dudó "No soy tan simple" y su sonrisa creció infantil "Simplemente no sé por qué la gente se ofende tanto cuando intento divertirme" y se encogió de hombros buscando por algo entre sus bolsillos.

"Me pregunto por qué" encontró por fin un cigarro algo arrugado, lo acercó a la llama de mi encendedor, le encendí.

Buscó por mi mirada, no le respondí, solo mirando hacia el horizonte mientras él detallaba en silencio mi perfil.

"Pero no son más que placebos"

"Placebos" repetí la palabra, saboreando el tono amargo que dejaba en mi pecho, y respondí a su mirada "Tal vez solo estamos rotos… y al no poder funcionar correctamente, solo emulamos lo correcto de forma sumamente incorrecta. A veces olvido como vivir, tu… tu lo haces más a menudo de lo que todos quisiéramos"

"No esa clase de cansancio, maldito gordo… bueno, sí, un poco; pero no para dormir en tu puta cama" y aquí me encontraba, buscando por su vaho, atraído de forma irremediable hacia esa reconfortante calidez que sabía perdonaría cualquier pecado mío, pues los suyos eran mil veces peores.

A veces olvidábamos como vivir… todo se desencajaba, como un rompecabezas que constantemente debíamos rearmar una y otra vez. La realidad se desvanecía, todo dejaba de tener sentido, y buscarlo en un ente ajeno a nuestra realidad se tornaba tan desagradable como doloroso. No entenderían… nadie entendería. Excepto él.

Y él… objetivo tras objetivo de su perversa fijación, se deterioraba y sucumbía si no era lo suficientemente fuerte. Quien sobrevivía a Cartman rara vez lo hacía sin cicatrices. Y él… bueno, él si a duras penas perdía su juguete, su diversión.

Dolía.

"Cartman" murmuré su apellido buscando su figura en medio de la oscuridad.

Dios… sí que dolía recurrir a él cuando todo parecía perder color, cuando las sombras me engullían en incomprensión y… porque no me sentía más que como otro juguete en su repisa.

Antes de poder encontrarle sentí su mano agarrar mi nuca, sus dedos jalando mi húmedo cabello por la nieve aún remanente hacia él, y labios se encontraron dolorosos.

Y aún cuando me sentía como un juguete más… era el único que seguía volviendo una y otra y otra vez, por más que doliese; pues solo yo le entendía, y solo él me entendía… y por profano que fuesen estos encuentros, ajenos a nuestras decadentes vidas, eran necesarios para aprender a vivir de nuevo.

Mis manos buscaron por sus mejillas profundizando el beso en una imperante necesidad por hacerle mío. Nunca era suficiente… y no me entendía, no entendía nada de esto… ¿Cómo llegas a este punto? ¿Que hace falta para dejarme subyugar por los caprichos del irónico destino, que hace falta para rendirme a los brazos de este cruel especimen?.

No lo sabía. Pero para atizar el fuego de mi tragedia con renovado combustible… A su lado sentía el placebo de felicidad más real que hubiese sentido hasta el momento.

Y mierda. Si que dolía. Porque a fin de cuentas ni siquiera era mío… porque algún día se aburriría de este juguete, y me destrozaría como a todos los demás.

Su celular vibró de la nada, el sonido de algún tipo de notificación gritó alto, demasiado.

Se alejó de mí casi por instinto, empujándome en el proceso para alcanzar su teléfono con un afán infantil.

La pantalla encendió su rostro, su sonrisa… solo pude ver de soslayo un chat de alguna red social que desconocía. Mordí mi labio en molestia alejándome, poniéndome de pie, retrocediendo hacia la ventana.

La sonrisa que se dibujó en su rostro… jamás la había visto en mi puta vida.

Bueno, hoy todo estaba doliendo aparentemente.

"Adiós" murmuré, pero dudo que escuchara entre el afanado mover de sus dedos por el teclado de su pantalla.

Dejé la habitación por el mismo lugar por el que entré.