Pasta, agua caliente, sal, especias, velas aromatizantes... y mi mirada en su lindo y suave cabello, quisiera saber qué se siente jugar con el, enredar mis dedos en él, mis manos olorosas a su shampoo, un sueño.

-- ¿Te gusta con queso mozzarella?

--La verdad es que yo no...

--Bueno no te preguntaré, te sorprenderé-- me dijo algo emocionada

No supe de qué manera decirle que no como nada animal ni lo que provenga de ellos, se veía tan ilusionada de cocinar eso para mí que no tenía palabras para negarme, creo que puedo hacer excepciones huh?

Mientras el fuego de la estufa hacia lo suyo... nosotras estábamos en el sofá, cómodas, copas de vino, pan de ajo y el control de la televisión estaban a nuestro alcance para nuestro disfrute.

--¿Cómo es que te llamas?-- preguntó, algo apenada

¿Cómo puedes llevar a tu casa a alguien cuyo nombre ni siquiera recuerdas?--No creo que mi nombre sea relevante, que te parece si me llamas "nena"?

--¿Por qué no llamarte por tu nombre? ¿Es acaso que no te gusta? ¿Te hace sentir pena tu nombre?

--No, pero si esto no vuelve a repetirse, no deseo que mi nombre quede entre tus labios solo por esta noche


Luego de una cena con risas, miradas y un poco de coqueteo, decidimos que estamos llenas y comienza a hacerse tarde, yo debo checar mi teléfono, suelo ser una persona ocupada en la escuela y solicitada por maestros y alumnos, pero menuda chica me he topado que ni siquiera recordaba tener un teléfono con mensajes y llamadas perdidas de mis mentores.

--¡DOCTORA MARICELA! POR FIN PUDE CONTACTARLA--gritó en la llamada el oncólogo que lleva mi protocolo

--Vaya, así que te llamas Maricela-- dijo ella mientras acariciaba mi mejilla, la cual comenzaba a tornarse roja y caliente

Con señas le pedí que no dijera nada para poder cortar al doctor Ceballos lo más pronto, pero solo jugaba con mi cabello sosteniendo su copa de vino y para mí era imposible formular una oración concreta.

--Mañana a mi primera hora estoy ahí, gracias-- finalicé por fin la llamada

--¿A primera hora? ¿Qué hora es esa? Yo no pienso dejarte ir de aquí hasta después de medio día.

-Hmmm, no puedo quedarme entonces-- dije en un tono serio

--Hey, hey, estoy bromeando, mañana te dejaré en la escuela a la hora que me pidas-- afirmó con una sonrisa coqueta


Las películas de terror definitivamente no me van, por más que he sido valiente, terminé dándole un abrazo y chocando nuestras cabezas, lo cual nos hizo reír. Sentí cómo mis mejillas se ruborizaron y decidí darle un rápido beso en su afilada nariz, lo cual le tomó por sorpresa y nos incomodó un poco a ambas.

La verdad es que durante la película que vimos en el cine, no me atreví a besarle ni siquiera en la mejilla, creo que se me estaba haciendo imposible darle un pequeño beso en los labios y no sentía que ella quisiera dar el primer paso.

Recogimos los platos y copas para llevarlos al lavadero, yo caminé delante de ella y me lavé las manos, ya que me manché de los restos de salsa que habían en el plato, le pedí una toalla para secarlas al girarme para tomarla de sus manos... sucedió.

Se abalanzó sobre mí y quedé atrapada entre ella y el fregadero, va a besarme, va a besarme, era lo único que podía pensar mientras mi corazón se aceleraba cada vez más.

--M a r i c e l a-- dijo lentamente a escasos centímetros de mi cara

--Ehm... sí, soy yo

-Lo sé, solo estaba probando la sensación de mis labios al pronunciar tu nombre y... no quiero olvidarla nunca

--¿Era necesario que estuvieras tan cerca de mi?

--No era para eso por lo que estoy cerca, ¡ah! y me quiero acercar aún más...

Y entonces ocurrió, de pronto sus labios estaban unidos a los míos, parecía que iban a fusionarse, nuestras respiraciones estaban alteradas, comenzaba a morder mis labios y a pasar su lengua por dentro de mi boca, pero de pronto sus labios ya no estaban en los míos, sentía como recorrían el resto de mi cara y luego bajaban por mi cuello para terminar sintiéndolos en mis senos, el corazón iba a salirse de mi cuerpo, estaba completamente excitada.

Ya no estaba de pie entre el fregadero y ella, estaba sobre la barra con mis piernas al rededor de su cintura y nuestro beso cada vez era más largo, sentía que podíamos besarnos hasta quedarnos secas hasta que una fuerza externa a ambas nos separó.

Su gato jalaba de su pantalón, creo que el pequeño tenía hambre, mientras ella le servía comida en su lindo plato azul, yo corrí a esconderme en el baño, tenía tantas preguntas en la cabeza, mí ropa interior había sufrido un diluvio, mi piel estaba totalmente erizada y mi cabello despeinado.

Una vez que me convencí y salí, no la vi, no estaba en la cocina, ni en la sala, tampoco en su estudio o el jardín, así que decidí ir a la única puerta que no había abierto desde que llegué.

Y ahí estaba, tendida sobre la cama, con ropa interior seductora, me congelé al momento, la cama era lo suficientemente grande para que ambas durmieramos cómodas, pero en cuanto cerré la puerta de la habitación, las dos sabíamos que esa noche no era para dormir.