Era una mala pasada. Una mala racha. Así estuvo pensando todo el mes sobre el encuentro que había tenido con SiZhui.

Sí, era totalmente improbable y hasta irónico que se fuera a vivir a la ciudad a buscarle. Sólo quería estar tranquilo, librarse del estrés de tener al ruidoso dueto de padres que tenía encima, que eran sobreprotectores y tediosos. JingYi lo sabía porque lo había vivido de primera mano.

El trece de febrero decidió entonces darse un relajo. Tener a SiZhui invitándole el té insistentemente, e incluso invitándolo a ver películas a su casa, eran cosas que no le disgustaban particularmente, pero sí le dañaban.

Y tan cerca que había estado de conseguir olvidarle.

Cuando estaba en la tina ese día en particular, de un tétrico año bisiesto que le traía de todo menos sensaciones gratas, decidió hundir su existencia en el agua. Le salía cara en demasía la factura, pero al menos podía revolverse en la tina, y perderse en la calidez de esta.

Mientras jugaba con las burbujas que había decidido hacer, le llegó un mensaje de Jin Ling mostrándole ofertas en la ciudad, diciendo que el chocolate estaba muy barato, que aprovechara de comprar algunos.

JingYi se negaba a ello. Si compraba chocolate, significaba que abiertamente admitía lo que SiZhui provocaba en él desde que eran jóvenes, aunque quizás no daba rango de edad, pero, por otra parte, quizás tenía suerte y lograría desprenderse de ese sentimiento que le hacía tortuosas las tardes de enero cuando SiZhui le señalaba diversos panoramas.

Ni él perdía el tiempo, ni JingYi las oportunidades.

-Bien. -Susurró JingYi con medio rostro sumergido en el agua-. Podría intentar pedirle venir a casa mañana.

Tomó su teléfono celular, buscó el contacto que necesitaba e inhaló profundo antes de comenzar a escribir.

"Mañana no tengo nada que hacer, ¿vienes? Aparte de ser día del amor, también es el de la amistad".

Rápidamente su teléfono vibró de vuelta con la respuesta.

"¡Gracias por invitarme! ¿A qué hora voy mañana?" Le había escrito.

JingYi rápidamente se levantó de la tina, y antes de siquiera contestar, el teléfono cayó al agua.

-¡Pero qué carajos! -Se quejó abiertamente antes de sacar el aparato de la cama, y sólo sintió ganas de llorar.

Mala suerte, mala suerte, o eso era lo único que rondaba por su cabeza.

Se vestía a toda velocidad, mientras iba saltando tratando de calzar sus calcetines, y llegó a la puerta a la par que acomodaba la zapatilla que no parecía entrar, cuando escuchó un golpe en esta.

-¿A-Yi? Estaba preocupado porque los mensajes dejaron de llegar. -Habló SiZhui desde el exterior, mientras JingYi trataba de acomodar su cabello porque ni siquiera se había peinado.

-Ah, sí, es que se me cayó a la bañera, ¿te parece mañana a las cinco? -Dijo de manera atropellada, mientras giraba el pomo y tiraba la puerta, revelando el rostro preocupado del chico.

-¿Cómo pasó eso?

-¿Con agua? -Obvió el muchacho arrugando la punta de la nariz, mirándole fijamente.

-Me refiero a... -SiZhui trató de no reír, pero falló miserablemente en su intento-, ¡Lo siento! ¿Mañana a las cinco? Estaré acá. -Sentenció y se retiró a su departamento.

JingYi quedó perplejo ante la velocidad en la que había transcurrido todo, y para peor, ni siquiera había podido disfrutar a SiZhui en su totalidad. Suspiró y cerró la puerta para irse a comprar.

Cuando llegó al supermercado, vio una multitud de personas intentando tomar kilos de chocolate y ¿para qué? si el cacao en polvo estaba al mismo precio y tendría más valor sentimental si uno hacía el chocolate a mano.

O eso quería pensar mientras lloraba internamente por no poder comprar kilos de barras de chocolate debido al tiempo limitado que tenía para ahorrarse el fracaso y el tiempo que tomaba usar polvos.

Cuando llegó a casa después de comprar, decidió que ya era hora de cenar y dormir temprano, para comenzar todo al día siguiente.

La mañana no comenzó como lo esperaba. Se levantó a las una de la tarde porque, aunque había querido acostarse temprano, se quedó viendo series de chicas mágicas que sabía que no debía ver.

Hasta las cinco de la mañana.

Con frustración, se levantó notando que le quedaban cuatro horas. Bueno, ordenaría brevemente mientras dejaba el chocolate cociéndose y ¿cómo hacías chocolate casero con cocoa en polvo? ¿no era cacao? ¿había comprado todo bien?

¿Siquiera cacao y cocoa eran lo mismo? ¡Y no tenía teléfono celular para buscar en internet!

Bien, hacer chocolate no debía ser tan difícil.

O eso pensó, así que sacó toda la indumentaria (que en realidad no era mucho, tendría que batir a mano y odiaba eso) sumado a los ingredientes.

Para iniciar, mezcló el cacao y la mantequilla (¡era cacao, no cocoa! pensó para sí mismo) y cuando quedó homogéneo, llenó la olla con un cuarto de agua mientras prendía la cocina.

Olvidó que el chocolate se preparaba en una olla doble y vertió la mezcla directamente en el agua.

¡No! ¡Todo mal! ¡Había estado revolviendo quince minutos esa jodida mezcla y se arruinaba tan sencillamente por su estupidez! ¡debía sacar el chocolate cuanto antes!

Pero para cuando espabiló, el agua ya había diluido la mezcla. Frustrado, JingYi repitió el proceso y usó la olla doble a fuego lento. Aprovechando el momento, puso algo de música en la radio a todo volumen (¡el especial de enamorados solteros, que llevaba oyendo diez años casi!) mientras tomaba la escoba y comenzaba a barrer.

Cantó aproximadamente una hora cuando comenzó a sentir un olor a quemado y hacía más calor en la casa, ¿por qué? No tenía que ver con que se había lanzado la maratón de despecho con canciones en inglés e incluso le había dado ganas de bailar algunas coreografias, qué va, algo más debía ser.

Algo como chocolate quemándose a las casi cuatro de la tarde.

-¡El chocolate, demonios! -Se mordió la lengua para no lanzar una grosería al azar, pues SiZhui vivía al lado y qué vergüenza que le oyera así.

Bien, todavía servía, estaba un poco quemado, pero tal vez podía hacer chocolate de leche. Lo mezclaría con cacao y algo de leche para corregir todo ¡todavía tenía tiempo! ¡Pero la casa todavía estaba sucia! ¡era demasiado disperso!

Con frustración, se concentró en el chocolate cuando escuchó la puerta ser tocada con mucha fuerza.

-¡A-Yi! ¿¡Estás bien!? ¡Huele a que algo se está quemando en tu casa! -Gritó Yuan desde el exterior con mucha preocupación, y JingYi rápidamente acomodó la mezcla (quemada y reparada a medias) en los moldes. ¿A Yuan le gustaría el chocolate amargo? Bien, lo descubriría a las malas esa tarde, pues había olvidado mezclar el azúcar y la leche.

Como un tornado, rápidamente empujó todo al lavavajillas, y dejó todo remojando, mientras gritaba "¡voy!" y secaba sus manos en el delantal.

Asco de día, de mes, de vida.

Cuando abrió la puerta, vio el rostro enseriado de SiZhui, que sólo se veía cansado. Estaba con un bolso y ¿por qué lucía así?

-¿Estás bien, A-Zhui? -Preguntó JingYi, mientras SiZhui suspiraba ruidosamente y acomodaba las manos sobre su cabello.

-Traje algunas cosas para comer, ¿vemos películas? -Invitó, mientras ingresaba a la casa y miraba todo el humo que salía de las ollas que habían estado hirviendo.

JingYi rió nervioso, tratando de ocultar todo.

-Bien, películas, es buena opción, ¡ajá! -Aceptó nervioso. Quería cocinar. Quería demostrarle que era un adulto funcional pero ¿qué adulto funcional se queda hasta las cinco de la mañana viendo chicas mágicas y quema el chocolate? ¿qué adulto funcional deja caer su teléfono celular a la tina porque adora hundirse en el agua?

JingYi era sólo otro niño idiota jugando a ser adulto.

Pusieron la película y acomodaron algo de los aperitivos de Yuan sobre la mesa. SiZhui rió un poco antes de invitar a JingYi a acomodarse en el espacio entre la mesa y su cuerpo, y el más bajo frunció el ceño antes de asentir y acomodarse ahí.

Yuan envolvió su cintura y acomodó su barbilla en el hombro de JingYi mientras la película avanzaba. JingYi se sentía en la novena nube con la felicidad que llegaba a su cuerpo, y cuando se acomodó, cuando SiZhui le estaba haciendo cariños sobre el cabello de una manera totalmente cómplice, escuchó la puerta.

Trató de ignorarlo, e incluso subió el volumen mientras se acurrucaba más sobre SiZhui. La película ni siquiera era de amor, era sobre un grupo de mujeres que robarían un collar. Pero ahí estaba, cómodo sobre su único enamoramiento.

La puerta volvió a sonar, más fuerte.

-¡Lan JingYi, si estás muerto, iré a decirle a SiZhui que--

-¡Ya voy, ya voy! -Gritó con todas sus fuerzas tratando de aplacar esa voz que tanto detestaba.

Jin Ling estaba ahí.

-¡Es el día del amor y la amistad, merecemos estar contigo!

Y ahí estaba Ouyang ZiZhen, perfecto, tendría a esos metiches el día de San Valentín en vez de estar con Yuan a solas.

-¿A-Yi? ¿quieres que lave la loza mientras? -Preguntó SiZhui con un deje de voz que no pudo identificar.

-Gracias, A-Yuan. -Asintió, mientras abría la puerta y los muchachos al exterior se lanzaban a él.

-¡Tu teléfono estaba averiado! -Se quejó ZiZhen-, ¿volviste a lanzarlo a la bañera? -Cuestionó, y JingYi sintió su rostro arder-, ya ha pasado antes--

-Por eso no nos asustamos. -Admitió Jin Ling-, toma, un teléfono nuevo, feliz San Valentín.

JingYi suspiró aceptando el regalo, porque ya habían sido varias veces que eso pasaba.

¿Podía seguir enumerando sus desgracias?

-A-Yi, ¿estabas intentando hacer chocolate? ¿qué pasó con ellos? -Escuchó la duda desde la voz de Yuan.

-¡Nada! ¡Absolutamente no es lo que se quemó! -Mintió evidentemente.

Escuchó risas a sus espaldas mientras SiZhui sólo negaba con diversión.

Sí, definitivamente pudo ponerse peor para seguir enumerando sus desgracias.