01. The Holder of the End[1]
[Parte 1]
La grava bajo sus pies crujía conforme avanzaba a la entrada de la institución, el sonido le desesperaba y el hecho de que aún sintiera las miradas en su espalda no ayudaba en nada. Se moría de miedo pero aun así no retrocedería, iría a ese sanatorio por el objeto que Inglaterra le había pedido.
—V-Ve~… —Tragó en seco, un zumbido retumbaba en sus oídos y el sentir la lluvia caerle encima no le tranquilizaba en absoluto. —Mejor hubiera dejado que Inglaterra me acompañara… —susurró para sí, aunque de inmediato desecho la idea, no debía permitir que cualquiera fuera de su país supiese los terribles acontecimientos de aquel lugar.
Miró adelante, encontrándose con un edificio de gran estructura, estaba en malas condiciones debido al tiempo que nadie la había habitado, claro, a parte de aquella familia rica que solo estaba en el día para cuidar sus viñedos pero ellos no se hacían cargo de mantenerle en buen estado. Caminó y la grava fue remplazada por pavimento lleno de ramas, un sendero a la entrada se veía entre las hierbas altas, decidió seguirlo.
Recorrió unos cuantos metros y divisó la entrada, se apresuró aún más hacia la puerta e intento abrirla. Hizo una mueca de disgusto, estaba cerrada.
—Tendré que echarla abajo. —Italia retrocedió unos pasos y corrió hacia la puerta con potencia, su hombro y parte de su costado impactaron con el metal haciendo que este retumbara, pero de ahí en parte solo eso, en cambio, el italiano cayó al suelo y sus huesos crujieron con fuerza. — ¡Wa! ¡Duele! ¡Alemania, ayúdame! —chilló mientras la parte golpeada le punzaba de dolor.
Unas lagrimillas surcaron sus ojos y se levantó despacio, en su patético intento de entrar al lugar se había lastimado, apenas era el comienzo y ya quería irse de ese lugar.
—Ugh… Supongo que tendré que encontrar otra entrada. —Echó una mirada a sus alrededores encontrando otro pequeño atajo a su izquierda. —Sera por ahí… —Suspiró cansadamente y continuo por aquel camino sin rumbo.
Su mente divagaba mientras sus pies recorrían el camino, recordaba acerca de lo que Inglaterra le había dicho.
Se aseguró por todos los medios de que Romano no se enterara acerca de su salida, lo que menos quería era que le diera una paliza y más por ir a aquel lugar. Tomó aire y tocó el timbre, un timbre que jamás pensó que tocaría, esperó unos momentos hasta que la puerta frente a él se abrió dejando ver a un hombre de edad mediana y cabello oscuro vestido con un traje de mayordomo.
— ¿Sí?
—Soy…—Italia dudó un momento, ¿cómo debía presentarse? Dudaba que el mayordomo de Inglaterra lo dejara pasar si venía y decía "Soy Italia." — Feliciano Vargas. —anunció un poco nervioso, —Ahm… M-Me gustaría hablar con el señor Arthur Kirkland.
El hombre le miró unos instantes.
—De acuerdo. Sígame. —se hizo a un lado para que el italiano pasara y acto seguido cerró la puerta tras de sí. —El señor Kirkland está ocupado así que no le quite mucho tiempo.
Feliciano asintió.
Anduvieron por unos corredores hasta llegar a unas grandes puertas de color chocolate, el mayordomo tocó la puerta y segundos después recibió como respuesta un "adelante", abrió y entró después del chico.
—Señor Kirkland, este joven quiere hablar con usted.
Inglaterra levantó la mirada de los papeles que firmaba para posarla en Italia, se levantó de su asiento sin retirarle la mirada acercándose a él.
—Está bien, puedes retirarte.
—Con permiso. —El hombre salió dejando a ambos países solos. Un silencio incomodo invadió el cuarto el cual Inglaterra decidió romper.
— ¿Qué se te ofrece, Italia? —Frunció un poco las cejas, no se imaginaba tenerlo ahí después del incidente de hace unos días.
— Yo… Quiero… ¡Háblame más acerca de los Holders! —Tartamudeó inseguro para después soltar aquellas palabras de golpe haciendo que Inglaterra abriera los ojos con sorpresa.
Veneciano estaba que sudaba a mares, no entendía por qué había hecho aquello, pero no podía irse para atrás con aquel asunto, su fratello no le explicaba nada, evadía el tema completamente, solo se molestaba y lo mandaba a callar con maldiciones y amenazas.
— ¿Entonces…?—No recibió respuesta inmediata, se sintió desanimado no logró nada al ir con él. Lo mejor sería olvidarse del tema y calmar la curiosidad que invcía cada parte de su cuerpo. — Perdona, lamento haberte quitado tu tiem…
— ¿Estás seguro de querer saberlo?—la voz de Inglaterra lo interrumpió antes de que acabara, con un simple "Si" por parte de Italia, sonrió un poco, aquel criajo no era tan miedoso como creía… O tal vez era muy estúpido.
Lo segundo sonaba mucho más lógico.
Un nuevo silencio ocupó el ambiente, Italia del Norte no estaba cien por ciento seguro de sus acciones e Inglaterra se sentía bastante aliviado de tener la posibilidad de que se cumpliera la recolección de los objetos.
—Como les había dicho a ti y a Romano, en cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de reinserción social donde puedas ir por ti mismo. Tendrás que ir al escritorio principal, pregunta por visitar aquel que se hace llamar The Holder of the End.
Veneciano se quedó callado mientras pensaba. ¿Aquello era todo? ¿De eso tenía miedo su fratello?
— ¿Entonces solo se tiene que ir y preguntar por ello?
—Y algunas otras cosas más. —advirtió Inglaterra con seriedad haciendo que el italiano se pusiera mucho más ansioso.
En cuanto llegó a la parte trasera del edificio salió de sus pensamientos, esa charla con el británico le sirvió de bastante. Revisó con cuidado, dando con una puerta trasera, una leve sonrisa de triunfo apareció en sus labios, al parecer no era tan inútil como le decían. El acceso era únicamente bloqueado con un candado en la chapa, busco alrededor con algo para abrirla encontrándose con una piedra, era su día de suerte al parecer… o quizás no tanto.
Cargó con cuidado el pedrusco y golpeó con fuerza la cerradura varias veces hasta que esta desistió rompiéndose en partes. Lanzó su "llave" lejos y entró con cuidado al lugar, estaba en completa oscuridad.
Un sudor frío le recorrió completamente desde la base del cabello a la punta de los pies, buscó entre su abrigo una lámpara de mano y la encendió. Una tenue luz iluminó, apenas dejando ver el interior del hospital, era un comedor, algunas sillas estaban tiradas por el suelo al igual que unas mesas, las paredes sucias y deshechas por el tiempo. Tomó el valor que pudo y entró con paso cuidadoso.
Se movió entre los escombros de lo que parecían camillas y sillas de ruedas, no sabía por dónde iba así que solo anduvo a ciegas por los pasillos, abría puertas al azar encontrándose con el mismo escenario: cuartos con una cama y paredes destrozadas, algunas llenas de sangre y otros fluidos secos que realmente no le interesaba saber que eran.
Los ruidos de sus zapatos al hacer contacto con el suelo eran devueltos con algunos chillidos de cosas moverse, o puertas abrirse y cerrarse de golpe, pasos en los pisos superiores o incluso detrás de él no le calmaban.
Siguió un extenso pasillo que daba a unas enormes puertas grisáceas, las empujo haciendo un sonido oxidado. Una gran recepción se dejó ver, dirigió la luz antes de pasar por completo, una mueca de terror invadió su rostro. Un ambiente pesado y maligno comenzó a sentirse en el lugar y sin previo aviso una campana comenzó a sonar, la piel se le erizó completamente. Aullidos y gemidos de dolor se escuchan haciendo que cada vez Veneciano quisiera huir como todo buen italiano.
—Cuando llegues al escritorio principal, pregunta por visitar a aquel que se hace llamar The Holder of the End.
Las palabras de Inglaterra resonaron, mordió su labio con fuerza y se acercó al escritorio. El corazón se le paró de inmediato al ver un hombre de bata blanca con manchas de sangre, ojos completamente vacíos pero malévolos, en definitiva quería irse de ese lugar en ese instante. El hombre le sonrió de manera aterradora mientras le invitaba a acercarse, Feliciano no tuvo más remedio que hacerlo… pronto se acabaría todo.
—Disculpe.—Aclaró su garganta, sintiendo que su saliva raspaba las paredes de está. — Necesito ver al que se hace llamar "The Holder of the End". —en cuanto termino de hablar los gritos y lamentos callaron como si el hecho de pronunciar aquel nombre provocara miedo a aquellos que incluso ya habían muerto.
El hombre tras el mostrador salió de este y con la misma sonrisa tétrica comenzó a caminar hacia una sección escondida del lugar, el italiano ni siquiera se había dado cuenta de aquel lugar.
El silencio del momento fue interrumpido por unos murmullos que se convirtieron en palabras claras, Veneciano intento prestar atención a lo que decía pero estaban en otro idioma, uno que nunca había escuchado. Un pánico inexpresable atravesó su cuerpo haciendo que diera varias sacudidas, a pesar de que no entendía aquel lenguaje era como si aquellas palabras le dieran las cosas más horribles del mundo.
"—Italia, todo lo que oirás es el sonido de alguien hablando consigo mismo en el eco de las paredes. Es un lenguaje que no comprendes, pero toda tú alma sentirá un terror indescriptible.
Si deja de hablar en cualquier momento, detente y rápidamente grita: "Sólo pasaba por aquí. Deseo hablar". Si el silencio continua, huye."
Esperó unos cuantos segundos y la voz calló.
— ¡Solo pasaba por aquí! ¡Deseo hablar!—gritó tal y como Arthur le dijo, su tono era claro y firme cosa que le sorprendió. Nunca había hecho algo igual.
El hombre frente a él paro y la voz no volvió a escucharse. Veneciano se paralizó completamente y una bruma comenzó a sentirse alrededor.
— "¡Corre!"—Gritó su mente, sus pies temblaron y retrocedió.
Jadeó con fuerza y comenzó a correr con fuerza a la salida, estaba temblando pero no podía detenerse ante nada, no si quería salir con vida.
—"¡Fratello! ¡Doitsu! ¡Sálvenme!" —regresó a la recepción y sonrió un poco, le faltaba poco para salir. Atravesó de nuevo el pasillo por el que llegó y salió a fuera, aún era de noche.
Corrió con desesperación a la costa, el bote le ayudaría a cruzar el mar y estaría a salvo, ¿No? Sus pupilas divisaron el puerto donde había llegado y un gemido de frustración escapo de sus labios. El bote estaba siendo alejado por las olas.
— ¡Cazzo! —Se sacó el abrigo y los pantalones junto a sus zapatos, el frio golpeó su cuerpo pero poco le importaba, corrió al agua y se lanzó, se le estaban congelando los huesos y el líquido frio le estaba lastimando la piel.
Movió las manos con fuerza impulsándose contra las olas, tenía que alcanzar el bote o la costa, lo que fuera con tal de huir lejos de aquel infierno.
Glosario:
The Holder of the End[1]: El Holder del Fin
