Elsa no podía seguir aquel libro, le causaba escalofríos aquella imagen.
Aquella niña que miraba era ella años atrás, se reconocería perfectamente donde sea que se viera, se reconoció como cualquiera de nosotros se reconocería al ver una fotografía de uno mismo siendo niño.
Sentía temor y en ese momento agradeció con el alma que aquella guía que los llevaba vagabundeando por los pasillos del viejo Castillo diera señal de que ya era hora de dejar aquella biblioteca para continuar el recorrido.
La rubia dejó aquel almanaque sobre la mesa ratona que estaba frente a elle, frente al sofá y se levantó decidida a encontrarse con su grupo, para continuar y por fin terminar con aquel recorrido que le hacía creer que se estaba volviendo loca.
Se abrazada a sí misma y con angustia en su rostro se rodeo de aquel grupo de estudiantes, parándose al lado de su mejor amiga qué noto su gesto, aunque no dijo de nada de todas maneras, simplemente le sonrió de manera cálida y Elsa devolvió el gesto de igual manera, agradecida de tener una amiga como Mérida.
La guía les informó que ahora visitarían lo que era conocido como la Capilla Real, en aquella capilla según les comento, se hacían todos los eventos importantes de la realeza, sobre todo aquellos que involucraban de alguna manera a la espiritualidad, en aquella capilla solían concretarse bodas, bautismos y lo más importante… coronaciones.
La guía llamo la atención de todo los estudiantes presentes, pues de lo siguiente que hablaría seria muy importante.
Señalo con su palma abierta una vitrina que se encontraba detrás de unas cintas negras de prevención.
-Esto que estamos viendo todos aquí ahora, este palo de oro y está esfera de igual material, son el cetro y la bombilla del juramento a la lealtad- Explico la guía. – Cuando ocurre la nueva coronación, los herederos al trono se paran aquí sobre este pequeño escenario, dándole la espalda a este enorme ventana dejando que entre la luz de hacia su espalda, es eso en señal de iluminación divina, mientras que al frente observan a los presentes en señal del pueblo de Arendelle, con la mano derecha toman la esfera, está representa al pueblo, mientras que con la mano izquierda tomar el cetro que representa el mandato, luego para finalizar, un pastor de la corte real dicta el juramento a la lealtad al reino en antigua lengua Nórdica, si el heredero que está siendo corona no baja estos artefactos durante el juramento, significa que aceptó su destino como rey o reina, por otro lado si baja los brazos significa que se ha negado.
-¿Pero qué pasa si el heredero baja los brazos?- Pregunto uno de los estudiantes presentes. -¿Alguna vez ha pasado?.
-No hay casos registrados de herederos al trono en Arendelle que no hayan aceptado su cargo- Explicaba la guía. -Pero si fueras el caso, la corona se le sedería al siguiente hermano.
-¿Y si no hay mas hermanos?- Pregunto otro estudiante.
-Pues en ese caso la corte real buscaría un nuevo rey o reina entre todos los duques o duquesas dispuesto a aceptar el cargo y sería coronado.
-¡Oiga! Y por pura curiosidad ¿Usted sabe quien fue el heredero más joven al trono?- Pregunto Rapunzel emocionada por la respuesta.
-Pues la respuesta aquí la encontramos en una muy líneal familia, el primer asumido mas joven del trono fue el rey Abgar de Arendelle, tras la muerte de su padre, cuando el apenas solo tenia 12, fue coronado apenas cumplir los 21 años, este hombre creció y tuvo dos hijas y tras una triste vuelta del destino el rey muere junto con su esposa en una embarcación, cuando su hija mayor solo tenia 18 años, tres años después la princesa Elsa de Arendelle sube al trono a los 21 años y tres años mas tarde, esta le sede el trono a su hermana Anna de Arendelle, también a los 21 años.
Elsa se animo a levantar la mano tímida entre sus compañero y la guía le dio el permiso de preguntar lo que se le diera la gana.
-Ahora que ha el rey ha muerto… ¿su hija asumir al trono?.
Tras la valiente pregunto de Elsa todo el salón se quedan silencio esperando la respuesta de la guía.
-Se supone que así será, todo depende de si bajan los brazos.
La rubia al notar la tranquilidad de la respuesta, decidió redoblar la apuesta.
-¿Y porque la Duquesa Gelema no ha querido asumir su puesto como reina? Después de todo ella es la esposa del difunto rey.
La guía la miro con los ojos llenos de sorpresa, no se esperaba esa pregunta de ninguna manera, pero decidió responder con completa sinceridad.
-Hablando en verdad, desconozco los motivos y no tengo acceso a dicha información.
Era el momento del receso.
Los estudiantes fuero guiados a el gran salón, donde se los recibió con diversas frutas, postres, pasteles, café y chocolate caliente.
Hasta Elsa se había olvidado de todas las extrañas secuencias que tuvo en el día tras que sus fosas nasales se llenaran del esplendido aroma a dulces y junto con Mérida ataco aquella comida, la realeza podía ser una gran anfitriona por lo visto, pero tras servirse una taza de chocolate caliente descubrió algo que la dejo muy de mal humor, todo allí tenia almendras y Elsa no podía comer almendras o maní, bujo molesta, si había algo que odiara casi tanto como la injusticia actual de Arendelle era no poder disfrutar de la comida.
Molesta y irritada se alejo del grupo y se puso beber su chocolate en soledad, Elsa podía ser muy quejosa y encaprichaba con facilidad y sus compañeros solían molestarla mucho en sus primeros años de escuela llamándola "Reina del hielo" porque podía estar sin dirigirle la palabra a nadie durante días.
Sintió una cálida mano sobre su hombro y voltio a ver de quien se trataba.
-Oh mi niña ¿Por qué estas aquí tan sola?- Pregunto una mujer regordeta de mejillas infladas y colorada, vestía ropa vieja, pero Elsa paso por alto esos detalles. -No te gusto la comida ¿Verdad?
-No es eso- Respondió Elsa quejumbrosa. – Es que todo tiene almendras y soy alérgica.
-Oh- Soltó apenada la mujer. -Ven conmigo a la cocina, no queda muy lejos de aquí.
Elsa quiso decir que no hacia falta y que era muy amable, pero antes de siquiera poder abrir la boca, esta mujer la interrumpió.
-Y no me diga que no- Se adelanto a la jugada. -No se lo estoy preguntando, usted vendrá conmigo y le preparare galletas de avena con chocolate.
Elsa quiso oponerse, pero debió aceptar que aquello le hizo agua la boca y sin que nadie lo notara, se fue junto con aquella mujer.
