Lo haré lo menos explícito posible, pero este capítulo contendrá un poquiiiito de lemon. No apto para gente sensible, ya que será un poco serio (el cap en general).
-Impa, estoy embarazada -Confesó Zelda, mirando hacia otro lado.
La anciana sheikah tenía los ojos como platos. La princesa se asustó, pero lo que no sabía era que la mujer estaba feliz en el fondo.
-Pero... ¡¿Cómo?! -Impa no sabía cómo lo había podido detectar. La hyliana se sonrojó.
-A ver... Cuando Padre me llevaba a la biblioteca, solía dejarme unos cuántos libros para que leyera y aprendiera. Me tenía prohibido leer libros de tema sexual; incluso cuando ya era lo suficientemente mayor para comprenderlo. Un día, cuando él me dejó sola allí, con libros esperando, fui y cogí uno que hablaba sobre la reproducción. En resumen, leía esos libros a sus espaldas.
-Pero...
-Sí, lo sé, no debería haberlo hecho. Pero es que eso me ayudó a entenderlo, y creo que era mejor hacerlo antes que vivir en la absoluta ignorancia. Lo mismo pasó con mi primera regla. Pensaba que me estaba desangrando, pero fuiste tú quien me enseñó todo. ¿Y si nunca hubiera leído esos libros?
-Supongo que te llegarías a encontrar mal, y habrías de venir a preguntarme. Sería yo quien te lo dijera. Y también te explicaría todo. Aunque... ¿Qué has visto o sentido, exactamente?
-La verdad es que vi varias células juntas que formaban una esfera. Por mis conocimientos, intuí que era un óvulo fecundado por un espermatozoide. Veía cómo se movía, haciéndome entender que se dirigía al útero para implantarse allí. Y formar un bebé...
Esto último le provocó ganas de llorar.
Debería sentirse feliz por poder tener una criatura nacida del amor de sus padres, pero se planteaba muchas cosas.
¿Qué pasaría si su padre no lo aceptara? ¿Y si la abandonara?
Respuesta: Ella estaría rota, rogando por que algún día él volviera, mientras su vientre iba creciendo acorde con la criatura. Aparte de tener miedo de no ser capaz de proporcionarle un buen futuro.
Pese a sus esfuerzos por retenerlas, las lágrimas afloraron de sus ojos.
-Tengo miedo... -se le escapó -Tengo miedo de estar sola.
-No estás sola -la intentó tranquilizar Impa.
-¡¿Y qué pasa si Link no lo acepta?! ¡¿Qué pasa si me abandona?! -explotó, mirando sus manos.
-No lo hará. Aparte de que es un chico muy responsable, tenéis otra prueba de amor verdadero.
La volvió a mirar. Ciertamente, este bebé fue fruto de una demostración de amor. No le parecía mal la idea de tenerlo. Si Impa tuviera razón y Link lo aceptara, estaría dispuesta a vivir felizmente. Pero si no...
Mejor no pensar eso.
-Está bien. Pero sólo quiero salir a pensar y tomar aire -sentenció Zelda.
Salió de la casa y aspiró el aire. Le dolía todo, pero se sentía tranquila. Tocó suavemente su vientre.
"Así que aquí es donde estás, ¿eh?", se dijo, sonriendo con dulzura. Pero su cara se tornó dolorida cuando sintió cómo tiraban de su pelo.
-Por fin despiertas... Te he estado esperando -susurró Gorham contra su oído.
-¿Pa... Para qué? -le preguntó ella, nerviosa. Él la apretó contra su pecho.
-Vas a enseñarme tu patético reino AHORA -le escupió en la oreja, a la vez que la apretaba más. Sintió un chasquido, continuado de una luz blanca que la cegó.
Ambos se encontraban en la salida de la aldea. Su sorpresa se acentuó al ver que tenía las manos esposadas y un cinturón de metal que conectaba con el torso del rey.
-Vamos, empieza. No tenemos todo el día -reclamó él.
-¿Cómo has...?
-¿Te creías la única capaz de usar magia? En Gorlue, estamentos privilegiados como el mío tienen la posibilidad de aprender magia. Y de realizarla.
Zelda iba a decir algo, pero Gorham la volvió a interrumpir:
-Por cierto, no puedes escapar. Te tengo sujeta, como ya puedes ver -acto seguido, le guiñó un ojo.
"Por Hylia, ha pensado en todo. Esto complica las cosas", se dijo a sí misma.
Aparte de que no hay manera de salir, no quiere hacerle nada al bebé. Mejor dicho, no quiere que se produzca un aborto.
-Bueno, pues esto que hay aquí es Kakariko. Es un pueblo bastante tranquilo, poblado por gentes pertenecientes a la raza sheikah...
-Ya es suficiente. Vámonos de aquí -cortó él, seco. Sonriendo maliciosamente, volvió a chasquear los dedos.
El sol impactó en su cara cuando llegó, bajando la vista. Se volvió a sorprender: llevaba el vestido que usaba para rezar hace cien años. Lo había llevado desde que despertó, pero no se dio cuenta. Link le había cambiado de ropa.
Al volver a alzar la cabeza, se encontró con una pradera. El verde de la hierba la rodeaba. A lo lejos, vio el castillo de Hyrule, y al girarse se podían ver a las bestias divinas y a las regiones. Una sacudida de cadenas le hizo volver a la realidad.
-Eeeh... Eso que ves al fondo es el castillo del reino. Lo que ves por allí, que parecen animales, son las llamadas bestias divinas, que también marcan las distintas regiones que existen...
-Pero... ¡Esto es una pocilga! ¡¿Quién viviría aquí?! ¡Necesitas una dosis de madurez, chica! -protestó él, mirando lo que quedaba del reino con aires de superioridad.
-Aquí no hay ninguna pocilga. Hace cien años, se produjo un Cataclismo. Los elegidos destinados a derrotarlo fracasaron. Cuatro de ellos murieron y uno se salvó por los pelos. La princesa de aquella época se fue a luchar, reteniendo a la bestia. Hasta hace poco, se pudo derrotar. Estamos en proceso de reconstrucción -explicó Zelda.
-¿Se puede saber por qué fracasaron? -preguntó él.
-Porque... la princesa no era capaz de despertar su poder. Rezaba y rezaba, pero no lo conseguía -respondió, apenada.
-En resumen, la princesa era una blandengue. Buscaba el método más patético del universo. Imagino que despertó su poder. ¿Cómo? ¿Por el "amor"? -inquirió. La última palabra la había soltado con ironía. Zelda suspiró, resignada.
-No sé -mintió. Las "inocentes" preguntas del rey la hundían, pero se negó a caer en ellas. Esa le parecía la manera más fácil de evitar el tema.
-Ya he tomado una decisión -soltó de repente, haciendo que la muchacha se inquietara -Nos casaremos.
-¡¿Qué?!
En aquel momento, se sentía a punto de ser arrollada por una enorme ola. Se le congelaron todos y cada uno de sus músculos.
-¿Estás sorda o qué? ¡He dicho que nos casaremos!
-¡¿Por qué?!
-Uno: porque lo digo yo y punto.
Dos: Porque necesitas dinero y tierras para reconstruir esto. Y yo te lo proporcionaré.
-Pero...
-Pero nada. Informaré al reino de nuestra unión, pero antes de eso, se lo debemos comunicar a aquellos que nos ayudarán a montarla. Y buscar un sacerdote que la oficie. Aunque...
Chasqueó los dedos, y las cadenas que la ataban desaparecieron. Pero no le dio tiempo a nada, ya que él se deshizo de su vestido rápidamente. Zelda se dio la vuelta, tapándose.
-Para asegurarme de que no te vas a liar con cualquier idiota, te voy a hacer mía. Nadie te echará el guante en la vida.
La acorraló contra un árbol. Él besó sus labios, provocando una mueca de asco en la cara de la princesa. Al separarse, intentó tocarla pero ella oponía mucha resistencia. Acabó chasqueando los dedos otra vez, y ató las manos de la princesa al árbol con una cinta que él mismo creó. Separó sus piernas, impidiendo cerrarlas. Y el hombre comenzó a manosearla.
Zelda sólo podía ver lo que hacía. Muy en el fondo, sintió el típico placer que generaban los movimientos en partes sensibles y creadas para eso. Pero la impotencia, la rabia y la frustración borraban cualquier pensamiento agradable.
La joven hyliana sintió terror al ver cómo el hombre desabrochaba su pantalón. Dejó ver su intimidad, y en un rápido movimiento, lo metió en la boca de la princesa. Mojado por la saliva, lo sacó. Sólo para dirigirla hacia las partes íntimas de la muchacha.
Un sollozo se le escapó de la boca a Zelda nada más sentir cómo él entraba en ella.
Y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Lloró desesperadamente, rogándole que la dejara en paz. Y el hombre salió de ella bruscamente. Sin querer, deshizo el hechizo que la mantenía cautiva, y ésta aprovechó para ponerse el vestido. Cuando levantó la vista, vio una sonrisa burlona en el rostro del rey, también colmada de ira y satisfacción. La volvió a atar por la cintura y se acercó a ella.
-¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo? -le susurró, maliciosamente.
-¿De qué hablas?
De repente, se separó de ella, y, chasqueando los dedos, comenzó a mirarla de arriba a abajo. Zelda palideció. Temía enormemente que supiera que estaba...
-Eres una sucia. Una niñata muy sucia. Te vas tirando hombres, y así acabas -dijo, señalando su vientre.
La chica se sintió semi muerta, pálida. De todas las personas que se podían enterar, él era el que menos quería.
-Pagarás por esto -cuando él chasqueó los dedos, la princesa cayó inconsciente.
El sol se estaba poniendo cuando despertó. Se detuvo a comprobar cómo se sentía. Su intimidad le dolía por el forzado acto llevado a cabo.
Por fortuna, estaba al lado de Kakariko. Corrió hacia allí.
"No sé por qué, pero tengo un mal presentimiento".
Nada más llegar, fue a casa de Impa. Cuando la vio, la anciana se sorprendió.
-¡Zelda! ¿Dónde estabas?
-Impa, yo... fui a tomar el aire, pero vino Gorham y... -la princesa le resumió todo.
-¡Zelda! ¡Es terrible! -la voz de Pay, insistente, sobresaltó a todos. Llegó corriendo a la casa, con lágrimas en los ojos.
-¿Qué pasa? - debido al mensaje, se inquietó.
-Link... El rey de Gorlue lo ha secuestrado.
¡Hola!
¡¡¡¡Maldito Gorham!!!! ¡¡Te enterraré a mil metros bajo tierra, no sin antes haberte asesinado lenta y dolorosamenteeee!!
Vale, ya me calmo.
Como pudisteis ver, este cap presenta un poco de lemon (forzado por él, no consentido por ella). Creo que el mensaje del principio lo dejó ligeramente claro: No iba a ser lemon zelink.
En el siguiente cap podréis averiguar qué pretende hacer con Link .
¡Nos vemos!
Muchos ,
Mary G.
