Tiempo de continuar, saludos a todos los que leen este fic. Acá un nuevo capítulo "Memorias" poco a poco el plan de Minos se va cocinando. Pero ¿Será realmente como él espera?
ADVERTENCIA: Fic para mayores de edad (+18años)
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen sino a M. Kurumada y S. Teshirogi.
MEMORIAS
El viaje había comenzado, y durante todo el camino Agasha miró a Minos, quien la miraba de vuelta, una escena curiosa. Eso de mirarse fijamente sin decirse una sola palabra parecía la cosa más sencilla del mundo. Lo hacían con tal naturalidad, como quien mira una pintura. Aparentando que el que tenían enfrente era un ser inanimado a quien pueden apreciar sin sentirse intimidados. Pero por dentro, controlaban todo un remolino de sentimientos y sensaciones que los estaban acalambrando poco a poco.
El carruaje se detuvo, Minos se adelantó a bajarse, ni siquiera espero a que Markino les abriera la puerta, le ofreció su mano a Agasha y le ayudo a descender. Agasha una vez con los pies en la tierra, sacudió la falda de su vestido y camino unos cuantos pasos para desentumir las piernas. Minos le dijo a su sirviente entre dientes –Piérdete un rato- y el hombrecillo de curiosa fisionomía subió al carro de nuevo, tomo las riendas y arranco los caballos dejando un halo de polvo que Agasha resintió, se sacudió de nuevo y tosió un par de veces. Cuando el polvo se disipo, Minos estaba parado a unos metros de ella, con la mano estirada –Acompáñame, pequeña flor- Agasha camino hacía Minos, tomo su brazo y camino conducida por él, sin chistar ni decir palabra.
Para cuando llegaron al lugar que ambos conocían muy bien, Agasha se desplomo sobre la hierba crecida, y de manera inconsciente, efecto de la acostumbrada rutina, comenzó a arrancarlas -Vaya que han crecido, y eso que solo ha pasado una semana- Pasados unos minutos, se detuvo cuando sintió la mirada de Minos sobre ella, con expresión reclamante, se disculpó con él y con la mano le hizo una seña para que la acompañara a sentarse. Minos puso su trasero en la piedra con el nombre de Albafica, con sus largas piernas abiertas, justo frente a Agasha, quien no pudo evitar mirarle la entrepierna, el pene y los testículos se le marcaban en el pantalón blanco. Disimulo muy bien, o quizás no, había adquirido una habilidad para el descaro que la hacía inmune a sonrojarse, y era la gente, la que regularmente se intimidaba con las miradas o palabras de la joven. Minos la miro extrañada, luego sonrió y rompió el silencio del momento
-¿Te ha dado hambre, pequeña flor?- fue entonces que Agasha cerro la boca y levanto la mirada, pero no le respondió lo que le había preguntado
-Bien, ya estamos aquí, comienza a hablar, que te ha pedido él que me digas-
Minos se calló, por un momento no supo bien que decir, pero luego comenzó
-Él… quiere saber cómo te encuentras, si, eres feliz o si su recuerdo sigue vivo en tu mente y en tu corazón- ¿"él"? si como no, más bien, ÉL, Minos era quien quería saber.
Agasha bajo la mirada, y esbozo una sonrisa ligera. Respondió con la cabeza agachada
-Vaya pues, no esperaba esa pregunta, yo, yo siempre voy a quererlo, pero…-
-¿Pero?- un silencio incomodo se hizo.
-Cuéntame de ti Minos, cuéntame quien eres y de dónde vienes-
En un giro inesperado, Minos abrió lo más que pudo sus azules ojos, y por alguna razón que no comprendía, su corazón empezó a latir rápidamente. ¿Nervioso? El juez de Grifo ¿Nervioso?
-¿Por qué?- fue la respuesta
Agasha lo miro molesta – ¿El "por qué" importa?-
Minos volvió al silencio, su mente trabajaba rápido, y no podía evitar pensar que esa pregunta lo favorecia. Por un lado, no tendría que inventar historias estúpidas sobre Albafica, y por otro, podía aprovechar el interés que mostraba la chica en él para lucirse y así… hacerla caer a sus pies. Como si lo necesitara.
Agasha lo miraba expectante, esperando su respuesta. Minos sudo un poco. Pero solo un poco.
-Puta madre- pensó -mi momento ha llegado, mejor no me pudo salir esto- Bueno pues… mmm. Respiro y retomo el control -¿Qué te gustaría saber? pregunta, y yo responderé
-¿De dónde provienes?-
-Noruega-
-… Noruega, mmm ¿Y cómo es Noruega? ¿Cómo era tu casa? Tus padres, tu familia…
Minos se sintió halagado de la atención que Agasha le estaba dedicando, venia esperando eso desde hacía mucho tiempo. Y ahora iba a disfrutarlo. Era un momento digno de atesorarse, su linda pequeña flor, su amadísima Agasha, tan cerca de él, después de tanto tiempo de perseguirla. Su olor fresco de jovencita se le metía no solo por la nariz, sino también por todos los poros de su cuerpo, sus ojos se deleitaban mirando los delicados huesos de pecho, las clavículas, los delgados brazos, el delgado y largo cuello, los bellísimos y firmes senos y esa cintura ideal para asir sus grandes manos a ella. Minos comenzó a hablar, le contó a Agasha que venía de Noruega, de Oslo, la capital, que era de buena familia, y que había tenido la mejor educación que su padre hubiera podido pagar
-¿Y cómo aprendiste a hablar tan bien el griego?- era una pregunta que nunca nadie le había hecho, pero la respuesta era sencilla, lo había aprendido en ese internado carísimo y pretencioso, que era solo para chicos, y que les enseñaban casi hasta el idioma de las viejas escrituras. Un colegio tipo inglés, con uniformes ridículos y todo. Con muchachitos masturbándose juntos en la media noche, y otros tantos descubriendo que las mujeres no eran de su preferencia, eso no se lo iba a decir claro, ella podría pensar que él era uno de esos que se ayudaban en las experiencias sexuales, y no era así. No era un hombre escrupuloso o prejuicioso, pero simplemente no eran sus preferencias, por lo que nunca había participado en tales tocamientos. Volviendo al griego. En esa época pensaba que aprenderlo era la cosa más aburrida del mundo, le costaba demasiado trabajo retenerlo, las reprimendas públicas del odioso viejo que les impartía las clases le estresaban, ya no recordaba a ese anciano hijo de puta, como le gustaría verlo ahora frente a frente, lo haría polvo… o no, mejor aún, lo haría bailar con sus hilos, lo convertiría en su marioneta, mientras Minos le gritaría todas las peores palabras y expresiones que conocía en griego. Río a carcajadas. Agasha lo observaba y reía también, verlo divertirse de esa forma le causaba felicidad
Entre risas Agasha lanzo la siguiente pregunta -¿Qué paso con tu familia, nunca los volviste a ver?, ¿Cómo llegaste al servicio de tu señor?-
La risa paro, esa era la parte triste de esa historia, seguramente por eso la tenía bloqueada, ahora lo recordaba. Pero igual respondería la pregunta. Una noche de invierno, uno de los más fuertes que recordaba, lo despertó un calor incontrolable, pero no era un calor sexual, sino un calor que le quemaba las entrañas, y parecía salir por su piel. Se levantó de su cama y camino por el largo pasillo lleno de otras camas donde dormían los otros chicos, no se fijó si alguno lo había mirado o no, era lo de menos. Salió a la ventisca, descalzo, sin abrigo, caminando sobre la nieve. Después de recorrer una distancia considerable, cayó en la nieve, y miles de voces empezaron a llamarlo y a decir su nombre, hasta que las dos voces más fuertes interrumpieron a todas las otras. Eran los señores Hipnos y Thanatos. En ese momento le explicaron que él era la reencarnación de esa era, de uno de los tres jueces del infierno, un general del dios Hades, y que de ahora en adelante viviría en el inframundo. El acepto sin chistar, se entregó a la oscuridad de Hades. Nunca volvió a ver a su familia, no supo más de su padre, de su madre o de lo que fuera su vida como mortal. Ahora era un espectro, y no conocía otro destino que el servir fielmente a su señor.
Cuando Minos termino su discurso tenía la expresión seria, la mirada perdida y los puños apretados. Agasha se preocupó un poco, se levantó de la hierba y con una mano le toco un hombro
-¿Te encuentras bien?- Minos salto como si lo despertaran de un trance, la miro, y noto su rostro preocupado, inmediatamente se dio cuenta que la había incomodado
-Estoy bien, solo que ya no recordaba esos detalles de mi propia vida- con pesar y un poco de hartazgo le pregunto -¿Hay algo más que quieras saber?-
Agasha noto la incomodidad del kyoto y decidió no continuar con las preguntas. Ya habría otra ocasión para continuar –No. Es suficiente, gracias por tus respuestas, perdóname por…-
-No es necesario que me pidas perdón pequeña flor- La miro con sus ojos fríos, se puso de pie y le extendió la mano –Es hora de que nos marchemos-
El camino de regreso a Rodorio fue en total silencio, Minos, sentado frente a Agasha, conservo su mirada hacia la ventanilla. Ella se levantó de su asiento para sentarse a su lado. El gesto lo tomo por sorpresa, las cosas iban mucho, muchísimo mejor de lo que esperaba, ella le puso la mano en la pierna y comenzó un casi imperceptible toqueteo con las yemas de sus dedos, que no pasó desapercibido para él. Sin embargo, no era el momento para eso, lo bueno tarda, como los vinos, hay que dejarlos madurar, para disfrutar lo mejor de ellos. Le tomo la mano con la suya, se la llevo a la cara, pero no la beso –Eso sería muy Radamanthys- se la paso por la cara y le dio una fuerte olisqueada, hubiera querido lamerle los dedos de uno por uno, pero eso seguramente lo haría perder el control, y no quería tocarla aún. Bajo su mano sin soltar el agarre, y la aprisiono en sus brazos cruzados. La joven no puso ninguna objeción y el viaje siguió su curso.
Muchas horas después, al caer la noche, cuando ambos terminaron su rutina, y se recostaron en sus camas, pensaron el uno en el otro, con un dejo de nostalgia, casi tristeza. Ella hundió la cara en la almohada y se quedó dormida, él se revolvió entre sus sabanas casi todas las horas que duraba la noche en el inframundo. Hasta que ya muy tarde logro dormir.
Continuara…
