N/A: ¡Corazones! Estoy de regreso!, al menos temporalmente. Es mi año de titulación y he estado algo ocupada por lo que no me he podido dedicar a mis fics como yo quisiera. También aprovecho este espacio como amable recordatorio que esta historia es una traducción de la historia de NeverMessWithTeddyBears, quien amablemente me dejó traducirlo y traérselos a ustedes. Aunque no sea mía, me alegra a sobremanera saber que han disfrutado de esta historia tanto como yo la disfruté la primera vez que la leí, y que sus comentarios me alientan a seguir traduciendo (y sobra decirlo, pero también me alientan a continuar con los fics que tengo pendientes). Les mando un abrazo virtual! Cuídense mucho por favor!


El sol de la mañana brilla a través de las ventanas de la habitación de Bruce, quien lentamente despierta de su sorpresivamente pacífico sueño, algo a lo que no estaba acostumbrado, siendo honestos. Cuando abre sus ojos, termina de desperezarse e inconscientemente sonríe, el nombre de Natasha abandonando sus labios.

– ¿Natasha? – la llama, girándose hacia el lado de la cama donde estaba recostada. Aunque, ella estaba ausente y su lado de la cama estaba vacío – ¡¿Natasha?! – la llama de nuevo, ésta vez un poco más fuerte, la preocupación en su voz al sentarse súbitamente.

¿Dónde está?

– Estoy aquí – dice tranquilamente, y Bruce deja salir el aire que estaba guardando cuando finalmente la ve, sentada en la silla a la esquina de la habitación. Su pulso se tranquiliza, habiéndose acelerado ante el miedo de perderla, de que era demasiado tarde. Empieza a respirar con más facilidad.

– Gracias a Dios, pensé que te habías…

– ¿Ido? – responde, y hay una pequeña sonrisa en su rostro. Bruce no sabe por qué sonríe, pero no va a preguntar – No, sigo aquí. Es una sensación extraña, ¿sabes? Solo esperar a desaparecer en cualquier segundo. Me pregunto cómo se sentirá… – hace una pausa y mira a Bruce a los ojos – ¿Crees que dolerá?

Es una pregunta extraña, y no sabe de dónde salió. Natasha jamás se preocupó de sentir dolor o de sus consecuencias. Había soportado lo suficiente en la vida para saber que podía sobrevivir a muchísimas cosas. Natasha jamás pensó demasiado en la muerte, incluso si era su fiel compañera cada día de su vida con su elección de profesión. Pero ahora, todo se sentía demasiado real y el pensar en sólo desaparecer en el aire de repente la tenía preguntándose cosas. ¿Dolería? ¿Sentiría algo antes de que pase? ¿O sólo estará hablando con Bruce en un segundo y desaparecer en el siguiente?

Una parte de Natasha quería que Bruce le diera respuesta a todas sus preguntas, pero también sabía que no había manera de que él pudiera hacerlo.

– No tengo las respuestas a eso, Natasha – contesta honestamente, y Natasha asiente, sabiendo de antemano que no podría responder – Pero creo que se qué es lo que se supone que debo hacer – continúa, saliendo de cama. Aún estaba vestido en la ropa de la noche anterior, pero no se molestó en cambiarse. En su lugar, sólo se sentó en el borde de la cama y se puso zapatos – Esta vez, puedo hacer algo – dice, atando sus agujetas. Natasha frunce el ceño.

– ¿De qué estás hablando? – él no contesta – ¿Bruce? – finalmente la mira.

– Natasha, cuando nos conocimos… seguía diciendo una y otra vez que estabas muerta. Pero ¿quieres saber la verdad? Yo era quien estaba muerto – dice, pero la confusión de Natasha solo aumenta. Es como si estuviera diciendo tonterías, y Bruce desesperadamente quiere que lo entienda y lo escuche – Se cómo suena, como una locura que debería pasar en una película en la que el chico dice un discurso enorme de alguna u otra cosa. Pero esto es lo sincero que sé que puedo ser – continua, Natasha lo escucha pacientemente y eso le da a Bruce el coraje para seguir – Desde el accidente solo era yo y mi trabajo. Era o estar en la Torre o aislarme en el laboratorio intentando encontrar una cura, cosa que sabía que nunca iba a pasar. Apenas le hablaba a la gente, me aislé de todos con el miedo de lastimar a la gente que me importa, así como mi padre lastimó a mi madre – su voz se rompe un poco cuando lo dice, y Natasha casi puede sentir el dolor que esos recuerdos le trae. Desea que el padre de Bruce siguiera vivo sólo para tener la oportunidad de matarlo ella misma –. Deje de vivir, estaba muerto. Y tu me regresaste a la vida. Me salvaste – termina, y hay tanta sinceridad en su voz que Natasha tiene que evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.

Supone que los últimos años la han ablandado.

– Ahora es mi turno de salvarte – dice y se levanta de la cama, Natasha se levanta de la silla, caminando hacia él.

– Bruce, ¿qué demonios estás haciendo? – dice, mientras él toma las llaves el auto y las pone en su bolsillo junto con su celular – ¿Cómo crees que vas a salvarme?

Bruce se gira y la ve, la determinación escrita en su rostro. Natasha no recuerda haberlo visto así alguna vez.

– Voy a robar tu cuerpo – dice, y Natasha se detiene.

No está bromeando.

Bruce sale de la habitación rápidamente, agarrando su chaqueta de donde la dejó en el sillón y dirigiéndose a la puerta principal. Natasha lo alcanza cuando deja el edificio.

– Bruce… ¡Bruce! No puedes hacer eso.

– ¿Por qué no? – dice, dándose vuelta.

– Oh, no lo sé. ¿Tal vez porque irás a la cárcel? – grita – ¡S.H.I.E.L.D. no será capaz de protegerte! De hecho, ellos podrían ser quienes vengan y te arresten personalmente, estás robando el cuerpo de una de sus mejores agentes. Te encerrarán.

– ¿Y qué? – pregunta irritado cuando llega a su carro, finalmente girándose – Si algo te pasa, ¿crees que me va a importar dónde estaré? – dice, y Natasha no contesta. No puede creer que esté dispuesto a arriesgar tanto. La voz de Bruce se suaviza – Al menos seré capaz de comprarnos más tiempo, aunque sea un poco.

Después de unos segundos, Natasha se rinde.

– Las cosas que necesitas para saber para siquiera pensar en salirte con la tuya… – intenta razonar con él, pero él la interrumpe.

– Tu las sabes, Natasha. Lo has dicho tu misma, eres su mejor agente.

– Dije una de las mejores – Bruce sonríe.

– Ambos sabemos que solo estás siendo humilde. Eres buena en lo que haces y tu me vas a guiar.

Toma unos momentos antes de que Natasha acceda.

– Está bien – dice, y puede ver alivio en Bruce, aunque sabe que él lo habría intentado con o sin ella –. Vas a necesitar una camioneta – dice, y Bruce asiente. Esa es fácil, puede rentar una – y alguien sin sentido moral – bueno, esa es más fácil.

Tiene a la persona perfecta en mente.


– ¿Me repites de nuevo qué es lo que vamos a mover? – pregunta Tony, tratando de no sonar angustiado ante la nada cuidadosa forma de manejar de Bruce. Tony puede ser Iron Man pero justo ahora, teme por su vida.

– Suministros médicos – contesta. Es la primera cosa que viene a su mente. Natasha lo mira con sorpresa.

– ¿No le dijiste? – Bruce la calla, pero Natasha solo rueda los ojos – Tienes que decirle, Bruce – dice, y le da un vistazo a Tony –. Sabes, me parece familiar.

– Tal vez lo has visto en las noticias.

– ¿Quién me vio en las noticias? – Tony pregunta – ¿Me veo bien? Siempre les digo que me tomen de mi mejor lado.

– ¿Tienes un mejor lado? – Bruce pregunta, sin ponerle realmente atención, concentrándose en llegar al hospital tan rápido como puede sin que sean detenidos por la policía por ir más allá del límite de velocidad. Tony se encoge de hombros.

– Tienes razón, me veo bien de cualquier lado.

– ¡Agárrate! – Bruce grita mientras toma repentinamente un giro en la calle. La camioneta se ladea un poco y Tony grita en pánico.

– ¿Y tenemos tanta prisa en mover esos suministros médicos porque…?

– Eh, mmm – Bruce trata de llegar a una respuesta rápido, tratando de mantenerse en términos médicos gracias a su mentira – Solo hoy hay ofertas en camas de hospital – dice, y tanto Tony como Natasha lo miran con incredulidad –. Siempre he querido una.

– ¿Es enserio, Banner? – pregunta Natasha desde el asiento de atrás – ¿Ésta es tu excusa?

Bruce la ignora, pero no puede ignorar a Tony.

– ¿Qué tal si bajas la velocidad para que no choquemos y nos matemos y yo personalmente te ordeno la mejor cama de hospital que cualquier persona sana pueda querer? ¿Eh? ¿Qué tal suena eso amigo? – la voz de Tony se vuelve tensa cuando Bruce no muestra intención de bajar la velocidad – Por cierto, recuérdame de no volver a meterme en un carro contigo otra vez ¿sí? Es por esto por lo que tengo chofer.

Natasha ríe, negando con la cabeza.

– Tienes que decirle al pobre hombre.

– Aún no – Bruce trata de susurrar de manera que Tony no lo escuche, pero falla miserablemente.

– ¿Aún no qué?

– Aún no llegamos – responde rápidamente. Tony suspira.

– Se honesto conmigo, Banner.

– ¿Mm?

– ¿Tu amiga imaginaria salió a jugar? – dice, y Bruce ignora la pregunta acelerando y saltándose una luz roja frente al hospital, probablemente no es de sus mejores ideas, pero estaban en un apuro.

Aun así, aquello logra callar a Tony, entonces es una idea suficientemente buena.


Todos entran al closet de suministros sin ser detectados para poder tomar lo necesario para retirar a Natasha cuidadosamente del soporte vital sin matarla en el proceso.

Bruce agarra un carrito y, con su vago conocimiento médico, empieza a tomar suministros que sabe que van a necesitar. Jamás fue a una escuela de medicina, pero tenía los conocimientos necesarios para saber exactamente que tomar. Agarró un baumanómetro y un respirador portátil de las repisas. Tony lo mira con confusión.

– Bruce, ¿qué demonios estás haciendo? Esto no es una venta… no es que yo haya estado en muchas ventas, pero… – Bruce deja de mover los suministros.

– Está bien, está bien. Sabía que no vendrías si te decía – Tony suspira.

– ¿De verdad quiero escucharlo? – pregunta, pero Bruce contesta de todas formas.

– Mi amiga imaginaria no es imaginaria – dice, y Tony asiente, apresurándolo para que llegue al punto, aunque sigue sin estar seguro de querer oírlo –. Es el espíritu de una mujer en coma a quien le quitarán el soporte vital. No puedo dejar que hagan eso entonces debemos llevar su cuerpo a un lugar seguro.

– ¿De verdad? – Tony lo mira, no está convencido. Bruce asiente.

– De verdad.

– Debiste decirle antes – dice Natasha. Sin embargo, esta vez Bruce no la ignora. En su lugar, la mira, ignorando a Tony.

– No me habría creído.

– Bueno, seguro ahora te cree, ¿verdad? – contesta ella con sarcasmo. Bruce niega con la cabeza.

– Tenía que traerlo al hospital.

– Bruce. Brucie – Tony lo llama con una voz tranquilizadora, como si estuviese hablándole a un animal herido – ¿Qué tal si me dejas llevarte arriba a la sala de psiquiatría? Hay gente que puede ayudarte – sugiere –. Tal vez incluso te den más pudin, ya sabes, si te gusta la comida de hospital.

– ¡No hay tiempo! – Bruce grita. Puede sentir su pulso acelerarse, pero puede mantenerlo bajo control – Son las once y media, estará muerta en media hora. Tengo que hacer algo, Tony – Tony asiente.

– Está bien. Está bien, si tu amiga está aquí, pregúntale qué estoy haciendo con mi mano ahora mismo – dice Tony, poniendo una mano detrás de él –. Piedra, papel o tijera – Y Bruce lo mira como si no pudiese creer que Tony esté preguntando eso justo en ese momento. Detrás de él, Natasha rueda los ojos.

– Piedra – dice ella, sin asimilar que esté haciendo eso en ese momento. Cuando Bruce se lo repite a Tony, luce sorprendido.

– Eso fue suerte. De nuevo.

Bruce se queja pero Natasha contesta con rapidez.

– Tijeras – repite Bruce, pero Tony continúa cambiando sus manos – Piedra de nuevo. Papel – Bruce repite las palabras de Natasha tan pronto como termina de decirlas. Tony cambia sus manos otra vez.

– ¿Ese es su dedo medio?

– Tony, ¿estás siendo grosero? – dice Bruce sorprendido. Tony baja rápidamente las manos.

– Dile que estoy planeando su asesinato justo ahora – dice Natasha, pero Bruce y Tony ya están discutiendo.

– ¡Le mostraste el dedo!

– Aún si ella es real, ¿sabes lo que estás arriesgando por esta mujer? – pregunta Tony, y Bruce asiente.

– Sí – contesta, y aquella simple respuesta toma a Natasha desprevenida. Es demasiado surreal para ella la rapidez con la que Bruce dejó todo y hace lo posible sólo para ayudarla.

– ¿Por qué? – pregunta Tony, una pregunta a la que Natasha también quiere saber la respuesta, y le toma unos momentos a Bruce el poder responder. Al final, se encoge de hombros.

– Porque la amo. La amo, Tony – dice, y las palabras abandonan sus labios sin esfuerzo, como si siempre hubiese querido decirlas. Sus sentimientos son tan claros ahora y está completamente seguro de que ama a Natasha Romanoff con cada fibra de su ser, incluso si sólo la ha conocido como espíritu.

Natasha se detiene, sus ojos agrandándose. ¿Escuchó bien? ¿Él la ama? Natasha mira a Bruce, su expresión tanto confundida como inquisidora. Él la mira, sus ojos honestos y su voz sincera.

– Lo hago. Te amo – Natasha niega con la cabeza.

– Bruce… – empieza a decir, aunque sabe que Bruce no espera una respuesta, pero Tony la interrumpe sin darse cuenta.

– Está bien, Doc. Vamos a robar un cuerpo.


Caminan con rapidez fuera del elevador, vestidos en batas de hospital y empujando una camilla hacia la habitación de Natasha.

– Te lo agradezco, Tony – dice Bruce mientras caminan por el pasillo –, ambos te lo agradecemos.

– No lo hago por ti – contesta rápidamente.

– Entonces, ¿por qué?

– Porque un día, créeme, voy a necesitar ayuda moviendo un cuerpo y cuando ese día llegue no quiero escuchar quejas de ti – dice Tony, y Bruce no puede distinguir si está bromeando o no, entonces deja el tema pasar.

– Gira en esta esquina – dice y Tony obedece. Pronto, entran la habitación de Natasha hasta encontrar su cuerpo recostado en la cama, aún atada a las máquinas que la mantienen vida (además de su propia terquedad, piensa Bruce). Natasha estaría de acuerdo.

– Está bien – dice Natasha mientras Bruce empuja la camilla a lado de la cama, el y Tony a cada lado de la cama –. Pónganme en la camilla, rápido – Natasha mira alrededor en estado de alerta, por cualquier indicio que le señale que viene alguien.

– Oh por Dios – dice Tony, deteniéndose cuando finalmente mira con detenimiento a la mujer postrada en la cama, con el respirador sobresaliendo de su boca, manteniéndola con vida – Bruce…

– Lo sé, es hermosa, ¿verdad? – dice él, realmente sin prestarle atención a Tony, concentrado en cómo mover a Natasha sin lastimarla. Natasha sonríe.

– Eso es muy tierno, Bruce, pero tenemos que irnos. Alguien podría llegar en cualquier momento.

– No, no es eso – dice Tony – Es ella. Es la mujer con la que Steve y yo preparamos tu cita. Es la mujer que abandonaste esa noche.

– ¿Se suponía que iba a conocer a Natasha? – pregunta Bruce, sin creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo era posible?

– Y tampoco pudo llegar porque fue herida en una misión – Tony continúa, recordando una conversación particularmente dolorosa con Steve algunos días después de la fallida cita. Llamó para disculparse en nombre de Bruce, pero después de escuchar las noticias le deseó a la mujer una pronta recuperación y le dijo a Steve que le llamara si necesitaba algo. Nunca se dio cuenta de que era tan serio, o que la fueran a poner en un hospital con un nombre falso en lugar de llevarla a una de las instalaciones de S.H.I.E.L.D., pero ¿quién era él para juzgar?

– Eras tú – dice Bruce, mirando a Natasha. El rostro de ella era un espejo de la expresión de sorpresa de Bruce – ¿Es eso? ¿Por eso puedo verte? – Natasha mira al piso, su ceño fruncido.

– Se suponía que iba a conocerte – dice, su voz apenas más fuerte que un susurro, antes de mirar de nuevo a Bruce. Ella tenía razón, él era su asunto pendiente.

– Espera, ¿cómo la conoces?

– Por Steve Rogers, ya sabes, Capitán América. Vino a la Torre algunas veces, lo conoces. Alto, rubio, hombros anchos, hace reír incluso a Pepper. Con un extremo sentido de patriotismo, lo que no es sorprendente considerando su alias – dice Tony, y Bruce asiente, recordando a Steve – Trabaja con ella y Barton en S.H.I.E.L.D.

– ¿Clint?

– Si, Hawkeye – confirma – Aunque nunca lo has conocido.

Bruce niega con la cabeza.

– Oh, si lo conocí – balbucea, pero Tony no alcanza a escuchar.

La comprensión finalmente llega al rostro de Natasha.

– Tony Stark. Sabía que conocía a ese hijo de perra de algún lado – Los ojos de Bruce se agrandan.

– No le agradas. Para nada.

– Si, no me digas – Tony está de acuerdo.

– Realmente escogiste a la persona correcta cuando te dije que necesitabas a alguien sin sentido de moralidad – dice, y Bruce ríe. Tony lo mira, confundido.

– ¿Qué, por qué te ríes? Bruce, ¿se está burlando de mí? – Bruce se calma con rapidez.

– No.

– Mentiroso. Romanoff realmente esta ahí, ¿no es cierto?

– ¡Es lo que te he estado diciendo!

– Bueno, entonces vamos a ponerla en la camilla – Bruce asiente, y la levantan lentamente y con cuidado cuando escuchan un sonido en la puerta.

– Es el doctor, el que habló con Laura.

Bruce la mira, confundido.

– Está aquí quince minutos antes.

– Creo que va a entrar – dice Tony en voz baja. Bruce se acerca a la puerta y deja a Tony moviendo el cuerpo de Natasha de la cama a la camilla.

– ¿Cómo hago que se vaya? – dice Bruce en un susurro a Natasha, quien caminaba justo detrás.

– Solo repite todo lo que te diga, ¿está bien? Inventar excusas es lo que hago para vivir – dice ella mientras Bruce abre la puerta, cerrándola rápidamente a sus espaldas. Se encara con el doctor, en la tarjeta en su bata se lee "Dr. Rushton".

– ¿Dr. Rushton? – Bruce extiende una mano, el otro hombre la toma.

– Dile que eres un doctor – dice Natasha, y Bruce obedece – eres un consultante para hacer una evaluación final antes de apagar el soporte vital – dice, y Bruce repite palabra por palabra.

– No tengo instrucciones escritas o verbales de eso – dice el Dr. Rushton, sin creer la historia de Bruce.

– Necesitamos hacer unos análisis.

– ¿Quiénes? – Natasha es rápida en responder.

– Diles que tienes un equipo en la planta baja con una orden escrita del doctor en turno – cuando Bruce repite sus palabras con confianza, añade – lo tienes.

– Esta es la primera vez que escucho de ello. No te molesta si lo confirmo, ¿verdad?

– No, adelante – contesta con renovada confianza, misma que desaparece cuando ve al hombre sacar un celular. Pensó que el doctor se iría para corroborar, pero ahora estaban en aprietos.

– Sólo lo llamaré – dice el doctor, y Bruce puede sentir su nerviosismo aumentar, entonces hace lo primero que le viene a la mente: le da un puñetazo directo en la cara al doctor, rompiendo su nariz, y el hombre cae al piso.

– ¡Bruce! – grita Natasha – ¿qué…?

– No soy un médico convincente – dice como excusa.

Tony camina fuera de la habitación, empujando la camilla con el cuerpo de Natasha encima. Le da un vistazo al casi inconsciente doctor.

– Oh Bruce, los delitos sólo se están acumulando. No voy a pagar por tus abogados.

– Vámonos – dice él, apurando a Tony al tiempo que logra ver a Laura Barton acercándose con una enfermera a su lado. No puede ver a Clint, pero se imagina que no está lejos del resto de la familia Barton. Se retiran rápidamente mientras Laura y la enfermera se acercan al doctor, quien finalmente está sentado y usando una mano para tratar de detener la hemorragia, mientras llama a seguridad con la otra.

Bruce, Tony y Natasha giran a la derecha rumbo a los elevadores. Tan pronto como las puertas se abren, un guardia de seguridad sale e intenta quitarles la camilla. Se las arregla para tener un agarre firme a ella, pero Tony lo toma por los hombros y lo empuja al elevador, arrinconándolo mientras las puertas se cierran.

Mientras Bruce agarra la camilla y siguen andando por el pasillo, en el elevador Tony y el guardia se separan sólo para darse cuenta de que el guardia de alguna manera arrancó el respirador de Natasha y lo tiene en la mano.

– Mierda – dice Tony, frotando su rostro con su mano, cansado.

Bruce baja hasta el centro del lobby, sólo para encontrarse atrapado en un callejón sin salida, siendo que los guardias están llegando por todas las entradas posibles.

– ¡Alto ahí! ¡Detente! – son las únicas palabras que lo rodean, y Bruce se detiene, sin saber qué hacer o a donde ir.

– ¿Bruce?

– Natasha.

Se están mirando el uno al otro, cada uno al lado opuesto de la camilla. Están atrapados, y lo saben, ambos incapaces de hacer nada para salir de esta situación. Natasha mira su cuerpo y en ese momento se da cuenta de que algo va mal.

– Bruce, no tengo el respirador – dice con preocupación.

Eso es todo. Así es como acaba.

– ¡No! – grita Bruce – ¡Debe haber algo que pueda hacer, Natasha!

– Es demasiado tarde – dice ella, y puede sentir las lágrimas llegando a sus ojos. Natasha rara vez lloraba, pero pensó que este era un momento apropiado para aquella reacción – está pasando – dice, y Bruce puede ver que empieza a desvanecerse, volviéndose casi transparente – Es demasiado fuerte.

– Se más fuerte – contesta Bruce, tanto para ella como para él. Tiene que ser más fuerte que la muerte que la estaba arrebatando de él, y el intentaba ser más fuerte que el Otro Sujeto, quien estaba intentando desesperadamente tomar el control mientras la presión de Bruce aumentaba.

– Me está ganando – dice Natasha, notando su preocupación – No te vuelvas verde.

– No lo haré – contesta rápido – Tengo una buena razón para mantenerme en calma – dice con sinceridad.

Natasha sonríe, pero sus ojos albergan un inmenso dolor. Bruce puede ver también amor en su rostro, y desea que no sean sólo sus ojos jugándole trucos, no ahora.

– Te adoro – dice ella, y Bruce puede sentir un inmenso dolor en el corazón. No puede amarla no ahora. No cuando estuvieron tan cerca de lograrlo. No puede morir, no puede.

El monitor muestra una línea plana continua, y el penetrante sonido llena la habitación.

– Quédate conmigo – dice Bruce, y hace lo primero que se siente natural para él, sabiendo que esta puede ser la única y la última oportunidad de hacerlo.

En los últimos momentos de su vida, Bruce besa a Natasha Romanoff.

Natasha puede sentir el beso en sus labios y los toca con las yemas de sus dedos, suspirando ante la sensación.

Su cuerpo en la camilla inhala profundamente. El aliento de Bruce.

De pronto, Bruce es retirado por numerosas manos fuertes. Puede ver que una de ellas pertenece a Clint Barton, quien se dio cuenta de aquella extraña situación tan solo unos minutos antes. Su rostro está contraído con enojo, pero se las arregla para no darle un puñetazo al doctor y en su lugar pide un tranquilizante, reconociendo a Banner y conociendo la bestia en la que podía convertirse. Pero, aunque Bruce está seguro de que sus ojos probablemente estén verdes, sabe que no se convertirá ahora. Era como si Hulk entendiera la pérdida que acababa de sufrir.

– Natasha – la llama, pero su llamado permanece sin respuesta.

De pronto, cuando la habitación queda en silencio, el sonido del monitor se detiene y es remplazado por el suave pitido que indica un corazón latiendo. Todos se giran hacia el cuerpo de Natasha, y Bruce se las arregla para soltarse del agarre de seguridad.

– ¿Qué está pasando? – pregunta Laura, y Clint rápidamente llega a su lado, sin creer lo que sus ojos ven.

– No es posible – dice el Dr. Rushton –, no es posible.

Natasha empieza a toser, y tanto Laura como Clint se acercan rápidamente a ella.

– ¿Nat?

– Nat, ¿puedes oírnos? – pregunta Clint, pero ella no contesta. En su lugar, sólo abre los ojos – Dios santo, Natasha, creímos que estabas muerta.

Natasha sonríe con dificultad, aunque no está segura de lo que está pasando.

– No te desharás tan fácilmente de mí, Barton – contesta, su voz rasposa por los meses de no usarla y el respirador.

Bruce es cuidadoso cuando se acerca a Natasha, pero Laura primero mira a su esposo y luego al científico antes de asentir.

– Está bien – dice, con lágrimas de felicidad en los ojos, y Bruce se acerca con más confianza, aún si desconfía de Barton.

Bruce llega a la camilla y mira a Natasha, una sonrisa empieza a aparecer en sus labios a la vez que lo inundaba el alivio.

– Hola – dice en voz baja, pero Natasha no responde –. Soy yo.

Pero no hay reconocimiento en su rostro.

– Lo siento – dice, su voz aún ronca –. Yo no…

Laura la interrumpe.

– Nat, es Bruce – dice – ¿recuerdas a Bruce? – Natasha mira a Laura y de nuevo a Bruce, pero su expresión no cambia.

– ¿El departamento? – dice él, intentando forzar su memoria – ¿El ático? ¿El estudio de ballet? – su voz está llena de desesperación – ¿Nada? – pregunta, el dolor aumenta en su corazón. Intenta tomar su mano, pero Natasha la retira.

Ella no lo recuerda. No recuerda nada.

Bruce se aleja lentamente antes de darle la espalda e irse caminando por el pasillo. Con una última mirada a Natasha, gira en la esquina y se va del hospital.

Natasha no sabe quién es.

Y ese pensamiento es más doloroso que cualquier otra cosa.