El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

NOTA DE LA ESCRITORA: DRAMA NO APTO PARA TODO EL PÚBLICO, SE SUGIERE LEER A DISCRECIÓN.

Música en este capítulo:

(no aparecen en el texto pero fue la música que me inspiró a escribir este capítulo)

"You will rule this land someday" de Sonya Belousova

"Man in black" de Sonya Belousava

"The law of surprise" de Sonya Belousava

"Battle of Marnadal" de Sonya Belousava

"The End's Beginning" de Sonya Belousava

"Point me to Temeria" de Sonya Belousava

"Here's your destiny" de Sonya Belousava (este en específico fue para la última parte del capítulo con Akane)


-Emperador-

Me coloco junto a Akane, buscando mirar lo que ella está viendo. Distingo unas tres naves imperiales cerca del palacio.

-¿Cómo estás segura que se trata de Shinnosuke?- pregunto esperanzado en que esté equivocada.

Pero Akane me mira con seriedad.

-Ya- chasqueo la lengua –podemos rodear el palacio e ir directo al monasterio.

-No tiene sentido- niega en tanto que inhala con fuerza, quitándose la manta de encima y poniéndose de pie.

Recarga sus manos sobre el tablero y comienza a escribir algo sobre la pantalla del crucero.

-¿Qué vas a hacer?

-No voy a huir, no voy hacerlo perseguirme. Voy a reclamar mi derecho como emperatriz aún si él esta presente.

La veo resuelta, segura de lo que quiere hacer y confío plenamente en esta decisión que toma.

-Además- se gira a verme con complicidad –Saffron y Tsubasa también están aquí- señala a la distancia dos de las naves –esas tienen los emblemas de sus imperios.

Continúa moviendo ágilmente sus manos por todos los comandos que van apareciendo y desapareciendo frente a ella.

-¿Cuál es el plan?

-Aterrizar fuera del muro y entrar por donde me dijiste que los infiltrados lo hicieron- me mira de lado y yo sonrío.

-¿Vamos a buscar a Saffron?

Akane asiente –él está de mi lado.

-¿Qué hay del otro emperador?

-No lo sé, dudo que se ponga de mi parte cuando su esposa es la prima de Shinnosuke.

-Los imperios y sus malditos matrimonios arreglados- digo sin pensarlo mucho.

-A nosotros nos resultaba bien- sonríe Akane y yo la imito -pero si todo resulta lo quitaremos, nadie más volverá a verse obligado a casarse por su rango o por el beneficio que dicho matrimonio resulte.

-Me gusta como suena eso.


La nave desciende sin hacer ruido, con la mayor precisión de la que soy capaz. Lo tomo como un buen augurio entonces.

Ranma me inyecta otro medicamento para ayudarme con el dolor y luego de que tomamos lo necesario ambos portamos, preparadas en mano, armas en caso de necesitarlas. Él lleva un arco y un par de flechas en la misma mano mientras que yo sujeto mi sable y reviso que lleve el tanto en la cadera.

Salimos, cubiertos por la oscuridad de la noche.

La ciudad está desierta y nosotros parecemos un par de ladrones que se esconden en cada esquina mientras avanzamos.

-Por acá- me dice moviendo su cabeza para señalar la dirección que ahora tomaremos.

Asiento y voy pegada a él en silencio.

Viendo las casas y los locales en completo silencio me doy cuenta que desde que volví al palacio nunca más me interesó salir al pueblo.

Dedique mis días a investigar las pocas pistas que recolectábamos entre Kasumi y yo sobre Ranma. Estábamos seguras de que seguía con vida pero no porque tuviéramos una prueba contundente de ello sino por la justa ausencia de evidencia alguna de su muerte.

Lo último que me envió fue un listón dorado de compromiso y el libro sobre la leyenda de la creación de estos. El oro sagrado, el símbolo de la riqueza espiritual del país.

Pienso que tal vez Kasumi sospechaba algo sobre el espía misterioso que fue Ranma cuando buscó en ella información sobre el Norte. Y estoy segura de que si mi hermana lo sospechaba Shinnosuke tenía la certeza de que él aún vivía.

-Ten cuidado con los escalones- me dice Ranma cuando bajamos hacia el distrito donde se encuentran unos mesones para los viajeros.

Y entonces se mete por una calle que nos lleva directo frente al muro, tras los pequeños edificios.

-Por aquí.

Estoy impactada en esta falla del muro cuando Ranma se detiene frente unas cuantas rocas que al tocarlas se deslizan con facilidad a un lado. Y entonces aparece una puerta construida a la perfección.

-Esto lo ha tenido que hacer alguien dentro del palacio- digo cuando me acerco más para verla a detalle.

-Posiblemente alguno de los prodit fato. Aunque los detalles de como se hicieron estos y otros escondrijos en los palacios no los conozco.

-Alguien del imperio, además de Tatewaki, tuvo que ayudarles con tecnología para no ser descubiertos. ¿Cómo pudiste entrar el día de mi boda y que nadie te reconociera?- pregunto pensando en que ese día estuvimos tan cerca el uno del otro.

-Por medio de una máscara proyectada. Usando unos pequeños colgantes.

-¿Unos colgantes?- estoy consciente que arrugo el entrecejo cuando pregunto.

No tengo duda alguna ahora de que ese colgante que me dio Shinnosuke era algo por el estilo, pero más específico. Más detallado.

Él sabía.

-Ten cuidado al pasar, el marco de la puerta tiene sensores que se disparan.

Al otro lado solo hay oscuridad pero con lo que me dice Ranma sobre los sensores ahora entiendo lo que en realidad es esta puerta.

-Es una ratonera.

-¿Una ratonera?

-Al inicio, cuando los Imperios se formaron muchos grupos no estaban de acuerdo con volver a esta forma de poder. Así que había puertas que parecían secretas y que se usaban para capturar a aquellos posibles espías o traidores. Por eso hay que tener cuidado con los sensores- me giro a ver a Ranma -pero estas puertas tienen años que se habían clausurado.

-Pues al parecer no todas.

-Supongo- suspiro y atravieso la puerta con cuidado, esperando rodeada de oscuridad absoluta ya al otro lado quieta a que Ranma me diga hacia donde ir ahora.

Siento su mano libre tomar la mía -son las caballerizas vacías- me explica y yo busco encontrarle sentido al lugar que nos recibe –solo que todo está mucho más oscuro que cuando vine meses atrás así que ten cuidado donde pisas.

Asiento -¿y ahora?- pregunto mientras busco aire desesperada, siento que en cualquier momento los nervios me van a traicionar.

Estamos tan cerca.

-Hay que salir y si recuerdo bien a unos cinco o seis metros está la puerta que da a las cocinas. Luego...

-Eso es cerca de mi habitación- me mata el pensamiento de saber que estuvimos demasiado cerca aquel día.

Ranma asiente.

-Anda- me jala ligeramente del brazo y yo procuro tener cuidado a cada paso.

Caminamos sigilosos fuera de las caballerizas y nos movemos hasta pegar nuestras espaldas contra el muro del palacio. Silencio absoluto alrededor y no me extraña si se piensa que todos deben estar alistándose para el ataque que seguro sufriremos con el nuevo ejercito de Tatewaki.

-Vamos- susurra y yo le sigo cuando se mueve.

Quedamos frente a la puerta que da al interior, Ranma trata de empujarla suavemente pero en definitiva está cerrada.

-Déjame intentar.

No tengo idea si el hecho de ser la emperatriz implique que tenga una clase de llave maestra en mi brazalete para todas las partes del palacio. Pero no pierdo nada con intentarlo.

Acerco mi muñeca a la placa del lector y se enciende en verde. Miro a Ranma emocionada de que haya funcionado y él empuja la puerta para poder abrirla.

Cruzamos el corredor que lleva al interior del palacio y entonces Ranma me detiene, se gira y me pide que guarde silencio.

Veo un par de guardias pasar del otro lado del salón que empieza y que lleva al inicio de las escaleras. Así que me recargo más en la pared para no ser vista.

Cierro los ojos un instante tratando de controlar mi respiración agitada y cuando los abro ya he girado mi cabeza al otro lado, se alcanzan a ver los enormes ventanales de otra de las partes del palacio y afuera están Saffron y Kirin hablando.

La emoción de encontrar al único emperador en quien puedo confiar en este lugar se ve opacada al ver a quien es la mano derecha de Tatewaki con él.

-Vamos- dice Ranma sujetando mi mano pero yo no me muevo -¿Qué ocurre?

-Ahí está Saffron- le digo susurrando también.

-¿Dónde?- pregunta acercando su rostro al mío cuando pone su mentón sobre mi hombro.

-Al frente, afuera- le digo esperando que vea lo que yo.

-¿Con quién está?

-Es Kirin, la mano derecha de Tatewaki.

-¿Entonces crees que Saffron sabe lo del emperador Kuno?

-No lo entiendo, Kirin está casado con Shampoo. No sería capaz de hacerle algo así a su familia.

-¿Confías en que Shampoo no sería capaz de traicionar a su emperatriz?

Lo miro de reojo, con el corazón martillando mi pecho mientras razono esa posibilidad que dice.

Confío en Shampoo.

-Sí, no sería capaz.

Saffron y Kirin parecen estar por moverse.

-Es ahora o nunca Akane- me dice.

Inhalo.


-Alteza imperial- me llama uno de los guardias mientras sigo analizando los cuerpos de los rebeldes frente a mí.

-¿Encontraron algo?- pregunto sin dejar de mirar a los dos hombres y a la mujer ya sin vida a tan solo unos pasos de la habitación de Akane. Seguro la han debido atacar. ¿Estará herida?

-La cápsula que se utilizó fue la que se encontraba en su despacho.

-¿Algo más?

-Flechas de algunos de los carcaj de la emperatriz, regadas por todo el pasillo.

-Eran demasiados para la emperatriz, debió haber sido obra del samurái que la acompaña- digo mientras me pongo en cuclillas para revisar a detalle la mujer con el sable clavado en su pecho -esto no fue por asesinar fue en defensa propia, tiene la muñeca rota aunque el sable era de los rebeldes.

Señalo la empuñadura desprolija.

-Retiraremos los cuerpos, alteza- habla uno de los guardias.

-Sí, llévenlos fuera. Estoy seguro que pronto les acompañaran más de ellos. No deben tardar en venir a nuestro encuentro.

Hago una seña para que procedan y yo me levanto caminando hasta donde Taro.

-Reúne a tus hombres más capacitados.

-¿Qué hay de la población civil?

Miro por encima de su hombro pensando que hacer -deberemos sellar los búnkers además está la dama Hibiki y la guardia que dejó su esposo con ella ¿cierto?. Sin mencionar a las damas de la emperatriz.

-Pero alteza- habla con sentida preocupación -si algo nos ocurre no podrán salir.

-En ese caso vendrán por ellos, el Este vendrá.

Taro me mira, no está de acuerdo con mis ordenes. Sabe que somos pocos los que podremos defendernos de los rebeldes y los traidores que comanda Tatewaki.

Y es que lo único que sé sobre el general Tendo es que se encuentra en el Norte, mientras que del general Saotome dejé de tener noticias tanto de él como de Hibiki incluso antes de tener que cortar las comunicaciones. No sé que tan lejos han podido llegar.

Respecto al coronel Mousse Seki estaba cerca de la nueva sede de los creadores pero igual ya desconozco su paradero y condición.

-Enviaré por refuerzos al emperador Toma para que este al tanto- digo esperando tranquilizarlo un poco, imagino que su mayor preocupación es su familia y por ahora necesito a Taro de mi lado.

El joven general hace una reverencia y se da media vuelta.

Mientras los guardias mueven los cuerpos yo decido entrar en la habitación de Akane, debí haberle prohibido conservar este sitio pero busque su amor sin tener que seguir obligándola. Concediéndole todo lo que quisiera dentro de lo razonable.

La cama está destendida, hay ropa sucia en el piso y reconozco que se trata del emblema del imperio de Saffron por lo que no me cabe duda que era lo que Akane llevaba puesto cuando fueron atacados en el monasterio. Tomo las prendas para corroborar si ella esta herida, pero solo hay un corte en una de las mangas.

Me tranquiliza saber que no es algo grave.

También hay rastro de huellas diferentes a las de Akane, más largas y anchas. Un hombre y creo saber bien de quien se trata.

-Tenías que volver de la muerte ¿verdad?- aprieto ambos puños antes de golpear una de las paredes de la habitación -debí haberte matado cuando tuve la oportunidad.


Akane camina con seguridad de vuelta hacia el exterior, la cabeza en alto como la emperatriz que debe ser y pasos firmes, y yo la sigo casi pegado a su espalda.

Justo estamos dando la vuelta cuando Saffron alza la mirada al escuchar nuestras pisadas.

-Por toda la sabiduría- masculla antes de caminar hacia nuestro encuentro.

-Saffron- le dice Akane tocando su antebrazo.

El aludido la mira con los ojos abiertos y luego me mira aún más impactado, en silencio, con gesto de felicidad genuina que va creciendo en su rostro a cada segundo.

Kirin también se acerca hasta donde estamos.

-Alteza imperial- habla mientras hace una reverencia.

-Recibimos una señal de Shampoo- dice Akane y el hombre alza la mirada sorprendido y esperanzado. Mientras Saffron hace una mueca de confusión.

-¿Está bien? La última vez que hable con ella venía en camino con la emperatriz Kuno, pero las comunicaciones se perdieron y ya no supe nada.

-¿Pudiste enviar el mensaje Akane?- pregunta Saffron ignorando por un instante la pregunta de Kirin.

-Sí- responde ella a Saffron y luego mira al preocupado samurái tras el emperador -fueron atacadas, el ejercito que venía con Kodachi para ayudarme fue emboscado por Ryu.

-¿Ryu Kumon? ¿Él también ha vuelto de los muertos?- pregunta Saffron mirándome.

-Parece ser que Tatewaki y el líder de la rebelión planeaban un ejercito de no muertos para derrocar los imperios- digo cansado.

-Eso veo- responde Saffron.

-¿Está herida?- pregunta Kirin a Akane.

-No- respondo y el hombre me mira, reconozco el temor de creer perder a la mujer que amas en sus ojos -hablé con ella y creo que quien resultó más lastimada es la emperatriz.

-¿Qué ha pasado con el resto de su ejercito?- insiste Saffron.

-Parece ser que Tatewaki ha conseguido perfeccionar el control mental, ha hecho que muchos de los hombres y mujeres de Kodachi se unan a sus filas contra su voluntad.

-Ha sido obra de Sentaro- responde al instante Kirin y todos lo miramos por su afirmación -Tatewaki mantenía aislado al creador en un ala del palacio. Pocas veces podía salir.

-¿Lo tiene contra su voluntad?- pregunta Saffron pero Kirin solo alza los hombros.

-Creo que ha perdido el sentido de la realidad- responde el samurái.

Saffron baja la mirada –dejando a un lado el ejercito de zombies que está por atacarnos. Respecto a tu reclamo, si enviaste el mensaje es claro que a ninguno de los emperadores nos ha llegado- mira a Akane con una sonrisa que deja ver sus dientes -pero eso no tiene que saberlo tu marido.

Cuando dice esto yo siento la sangre hervir.

-Yo soy su marido- respondo y Saffron me mira.

-Por supuesto que si- hace cara de puchero -¿Qué fue lo que sucedió capitán?- pregunta y yo tiemblo de furia por su burla.

-Los rebeldes le han quitado los recuerdos Saffron- le explica Akane.

-Y a pesar de todo te tenemos aquí con tu amada- vuelve a dirigirse a mí.

-No creeras que es un espía ¿cierto?- afirma Akane.

-Pequeña emperatriz, en tiempos de guerra se desconfía de todos aquellos que merezcan desconfianza. Incluso si se trata de quienes amamos- responde sin quitar sus ojos de mí.

-¿Desconfías acaso de mí?- pregunta Akane dulcemente y Saffron se vuelve a mirarla, primero serio antes de mostrar una sonrisa de lado.

Suspira con tranquilidad en su rostro –de acuerdo a las leyes del imperio del Norte si tú hubieses sido una princesa yo hubiese podido pedir tu mano.

Akane se pone roja y se lleva una mano al pecho, justo encima de su corazón.

-Y te habría hecho reír mucho- continúa hablando el emperador -pero tuviste demasiados pretendientes tras de ti cuando todos sabíamos que el único por quien tu estabas dispuesta a todo era tu mejor amigo- cuando dice esto último vuelve a mirarme -y creo que siempre te voy a envidiar por haber encontrado amor incluso sin saberlo aún.

-Gracias- le digo sujetando su hombro.

-¿Cómo rectifico mi derecho de reclamo?- habla Akane y Saffron se suelta de su agarre y del mío.

-No será fácil- camina unos pasos dándonos la espalda, como si necesitara espacio para pensar que tiene que hacer Akane –al menos no logísticamente dado que el emperador está dentro, pero confío en que podrán llegar a la sala del trono.

-¿Algo así como literalmente quitarle el trono?- pregunto sin dar crédito a lo que escucho.

-No es que tengas que llegar y tomar el trono- le habla a Akane –sé que suena tonto, pero es solo para ratificar tu derecho- exhala mientras se pone una mano sobre el abdomen -yo iré con ustedes como testigo de que lo haz hecho cuando él abandonó el imperio.

Akane me mira y yo asiento, es el inicio parece ser.

-Kirin- habla Saffron -tendrás que reunir a tus hombres. Escuchaste lo que dijo Shinnosuke, él hará lo mismo con las tropas más cercanas.

-Estoy segura que Tatewaki viene en camino- interviene Akane.

-Y las tropas rebeldes también- digo pensando en el cobarde que se dio a la fuga con la nave luego de que Kaori intentara llevarnos con ella.

-Así que será una fiesta y de las grandes- comenta Saffron rascándose la nuca -enviaré a alguien para que busque a Rouge y pueda mandar refuerzos también.

-¿Qué hay de sus hombres emperatriz?- pregunta Kirin a Akane.

-Se han quedado resguardando a los civiles en el monasterio.

-Ya no más querida mía- dice Saffron -los he enviado al Este con Toma. Llevan a la población del Norte y a los monjes.

-Entonces será la provincia más segura de todo el país- confirma Kirin.

-¿Podríamos contactar a la General Tendo?- pregunto pensando en lo hábil que es Kasumi.

Akane me mira seria y luego se gira para ver a Saffron -Ranma tiene razón, la ayuda de Kasumi nos vendría como una ventaja.

-¿Y el general Tendo y el general Saotome?- pregunta Saffron.

-Mi padre está con Kasumi, vendrán juntos seguramente- Akane coloca sus manos a cada lado de su cadera -el general Saotome seguía una pista más allá del sur y hasta donde sabemos no se había topado con Kodachi.

-Probablemente tomó otra ruta- sugiere Kirin -hay muchas maneras de llegar al sur de forma segura sin tomar los caminos principales.

-Solo espero que las comunicaciones se reestablezcan pronto ¿se ha enviado ayuda a la nueva sede de los creadores?- pregunta Akane a Saffron y de inmediato este niega.

-No disponemos de tanta gente.

-En el norte aparentemente sí, ¿en el imperio de Tsubasa?- habla Kirin.

-Manda a alguien a buscar a mi padre Saffron- le dice Akane al emperador -necesitamos que vengan a ayudarnos y también que envíen a alguien a la sede.

-En cuanto hagamos tu reclamo- responde el emperador.

-Sería mejor antes, solo por si Shinnosuke nos da problemas cuando suceda todo.

Saffron lo medita un poco y tuerce los labios antes de responder -los veré en la sala del trono entonces.

-Ahí estaremos- dice Akane tomando mi mano para confirmar que ambos estamos atentos a la situación.


Ranma y yo volvemos por el camino que lleva a la cocina, es la forma menos notoria de poder entrar al palacio y así llegar al salón donde se encuentra el trono.

-Explícame algo- me dice Ranma sin que dejemos de avanzar.

-Dime.

-Tienes que volver a reclamar tu derecho ¿cierto?

-Ajá.

-Pero el derecho que reclamas es por abandono del emperador, sin embargo.

Me detengo y cuando lo hago tomo de las manos a Ranma -lo sé, no tiene sentido ya porque Shinnosuke está no solo en el territorio sino literalmente en alguna parte del palacio.

-¿Entonces?

-Saffron utilizará el antecedente de cuando reclamé mi derecho horas atrás. Ya lo escuchaste.

Ranma pone los ojos en blanco -tanto protocolo, no lo entiendo. De cualquier forma lo estas derrocando Akane ¿que hará cuando tú seas la emperatriz?

-Lo enviaré al monasterio, ahí podrá hacer una vida nueva.

-Y eso ¿te parece suficiente?

-Me parece suficiente para no tener que mancharme las manos de sangre, sí. No voy a mandar ejecutarlo.

-Esto no va a funcionar Akane.

-Vayamos un paso a la vez ¿ok?

Mi esposo alza la mirada hacia el techo guardándose más de sus opiniones, sé que ahora el plan suena ridículo pero ¿por qué he de cargar con una muerte más a mi nombre? ¿Acaso no es suficiente ya con la de la guerrera que me quitó a Ranma?

-Bien.

Con eso me basta.


Atravesamos medio palacio, como si Akane no tuviese el derecho imperial de estar aquí. Escondiendo nuestra presencia al menor ruido, a la menor sombra, al menor movimiento sospechoso, todo con tal de llegar hasta el salón donde nos hemos reencontrado horas antes. Una eternidad antes. Cuando el mundo solo nos pertenecía a ella y a mí.

Abro con cuidado de no hacer mucho ruido una de las puertas del gran salón y dejo pasar a Akane por debajo de mi brazo mientras sostengo la puerta.

Y al momento que me giro, luego de cerrarla, siento el cuerpo de Akane a tan solo unos cuantos centímetros de mí.

-Es una coincidencia tesoro, una que de haberla planeado no hubiese resultado- habla el emperador Kusao al otro extremo del salón, sentado en el trono. Igual de sorprendido de vernos que nosotros.

Siento como todo mi cuerpo bombea la sangre, furioso, listo para ir y tomarlo del cuello con tal de borrarle esa sonrisa de satisfacción que muestra. Pero me detengo cuando siento la pequeña figura frente a mí dar un paso atrás y chocar su espalda con mi pecho.

Debe estar aún más asombrada que yo.

Akane se queda sin decir nada pero no es necesario que diga algo. Su mano aprieta con fuerza la empuñadura del sable. Veo la furia en la blancura de sus nudillos cuando se cierran más de lo necesario sobre el arma.

-¿Venías a buscarme?- pregunta Shinnosuke aún sin moverse, luego baja su mirada a un lado cuando toca el brazo del trono donde está -¿Venías por esto?- pregunta dando palmadas a la silla.

-Sabes que sería mejor gobernante que tú- dice Akane sin titubeos, con la voz en alto.

-¿Crees que por que te has leído toda la biblioteca y has entrenado para ser la emperatriz podrás desempeñar mejor el papel de gobernante de uno de los territorios más estables del país?

-Permitiste que mataran a tu tío, que se llevaran los rebeldes a tu gente, dejaste que formaran un ejercito para derrocarte. ¿Cómo puedes hablarme de ser mejor cuando tu forma de gobernar deja mucho que desear?

Shinnosuke golpea con su puño cerrado el trono –mantuve a mi gente a salvo- alza la voz -respecto a los que dices que los rebeldes se llevaron ¿piensas que yo tenía idea de cuál era su objetivo final para con ellos? Para todos en el reino eran héroes caídos en combate.

-Pero yo sí creo que lo sabías, muy bien- Akane da un paso al frente y yo la detengo del brazo –sabías que estaban vivos.

-¿Cómo puedes pensar algo así?- Shinnosuke entre cierra sus ojos incrédulo de cada palabra que dice ella.

-Por que de ese modo te desharías de Ranma ¿no?

El emperador inclina su cuerpo hacia el frente colocando sus codos sobre sus rodillas, está claro que no tiene intensión alguna de quitarse del trono.

-Admito que fue conveniente, pero no hubiese sido jamás mi intensión perder a mi tío y a toda esa gente que era importante para el imperio solo por la oportunidad de tenerte. Sería un plan demasiado macabro. Amaba a mi tío y tan cierto era que respetaba sus decisiones, incluso cuando me negó tu mano.

-Habías dicho que no se lo pediste- le reclama Akane –pero si fue así, a pesar de habértela negado henos aquí. Marido y mujer disputando una corona.

-No tesoro, no vamos a disputar nada. Yo soy el emperador y tu gobiernas a mi lado, eres la emperatriz.

-¿Acaso no comprendes? Ahora que lo pienso tú y yo realmente no somos nada pues mi legítimo esposo se encuentra vivo.

Cuando Akane me menciona tomo su mano libre.

-Te haré pagar lo que le haz hecho- le digo al emperador frenándome antes de cometer una estupidez.

Shinnosuke nos mira y luego suspira dejando caer dramáticamente su cuerpo en el trono.

-Tesoro, eso tiene una solución muy fácil.

Ni bien termina de decirlo cuando su brazo se extiende rápidamente tras el asiento donde está y toma una ballesta cargada que dispara.

-Cuidado- dice Akane jalando mi cuerpo hacia un lado.

La flecha pega en la madera de la puerta y se queda incrustada ahí. Shinnosuke se levanta del trono con la ballesta y una nueva flecha en la mano. Es hasta que se encuentra de pie que me doy cuenta que en la cadera lleva un carcaj lleno.

Aquí no tenemos oportunidad de refugiarnos para contra atacar, así que abro la puerta nuevamente y llevo a Akane conmigo del otro lado, fuera del gran salón, mientras escucho como vuelve a cargar la ballesta el desgraciado.

Al salir hay unos cuantos guardias que nos miran extrañados, es evidente que no saben que hacer. Su emperatriz está frente a ellos pero yo no soy nadie.

-Vamos- le digo a mi amada llevándola lejos de aquí.

Escucho las puertas abrirse de golpe y alcanzo a ver sobre mi hombro a Shinnosuke.

-¡Deténgalo! Está secuestrando a la emperatriz.

Al instante los guardias van tras nosotros, pero no me detengo, nos llevo fuera del palacio por otra puerta que se encuentra abierta para nuestra suerte.

-Akane tienes que buscar a Saffron- le digo cuando la coloco tras de mí y cargo el arco que llevo con las flechas en mi mano -¡rápido!

-Sabia que eras testarudo, pero jamás creí que me pensaras una cobarde. No te vuelves a separar de mi.

Cuando la miro está ya lista para atacar con el sable en alto.

-Solo conseguirás que nos maten a ambos- gruñó -amor vete, busca ayuda.

Los guardias salen y yo disparo, rápido tomo otro par de flechas que cargo esperando a los que sigan tras nosotros.

-¡Akane no seas necia! No podremos los dos contra tantos- mi angustia crece cuando veo al menos diez guardias más avanzando hacia nosotros y al final de ellos va Shinnosuke dando órdenes y aún con la ballesta en su mano.

Pero cuando lo veo a detalle me doy cuenta de que esta sujetando algo en el cartílago de su oreja.

-Las comunicaciones deben funcionar- le digo a Akane cuando me acerco a ella tras volver a disparar -reenvía tu reclamo.

-¿Cómo sabes?- pregunta confundida.

-¡Hazlo Akane!

Tenso de nuevo el arco con nuevas flechas y disparo dándole a uno de los guardias, pero el que sigue logra esquivar la segunda flecha y nos dispara de vuelta.

Empujo el cuerpo de Akane hacia atrás en tiempo y la flecha pasa rozando mi mejilla.

-¡Vamos!- grito jalando a mi esposa y corremos de nuevo mientras ella busca hacer lo que le pido.

Rodeamos el palacio un poco cuando veo unos puestos de vigilancia, empujo a Akane tras uno de estos mientras cargo de nuevo el arco y disparo, hago esto un par de veces más y consigo herir a algunos guardias. Pero sé que el resto aún viene tras nosotros.

-¿Haz podido hacerlo?- pregunto desesperado a Akane sin dejar de repetir la misma acción, cargar, tirar, tomar otro par de flechas, disparar.

Akane no me responde, está agazapada a la altura de mis pantorrillas concentrada en lo que debe hacer.

-Akane- le llamo, preocupado cuando veo que solo me quedan cuatro flechas.

-Lo tengo- responde sonriente mientras alza su mirada para verme.

Entonces aparece Saffron con algunos de sus hombres.

-Yo. El emperador Saffron Drac reconozco su derecho emperatriz Akane Kusao.

Los guardías restantes corren hasta esperar ordenes a solo unos metros de los hombres de Drac. Y Akane y yo nos colocamos cerca de Saffron.

Tiro a un lado el arco y saco del brazalete el sable que llevo, en cuanto este aparece miro a Akane –quedate resguardada, por favor.

-Invalido tu reconocimiento Drac- grita Shinnosuke cuando aparece en escena, ha debido dejar tirada la ballesta en alguna parte pues ahora lo único que porta es su sable –porque el reclamo de Akane no tiene fundamentos. ¿Acaso no estoy aquí?- abre sus brazos a cada lado -protegiendo mi imperio.

Veo a Drac tensarse –eres un emperador mediocre y tengo la certeza de que tú y Tatewaki planearon todo lo que ocurre.

-¿Piensas que le daría mi imperio a Tatewaki?

-Sé que llegarían a un acuerdo con tal de dividirse el país.

-Entonces no sabes nada Saffron, de querer cometer traición- sonríe burlonamente Shinnosuke -¿por qué compartiría mi premio?

Cuando dice esto último mira a Akane.

Así que no espero respuesta alguna de ella y me encamino hacia donde Shinnosuke. Voy a matarlo.


-La verdadera pelea es conmigo Shinnosuke- escucho que le dice Ranma cuando su sable golpea el de este.

Saffron se mueve y al hacerlo ágilmente deja fuera de combate a dos guardias mientras el resto de sus hombres busca acabar con los que empiezan a llegar ya.

Tomo el arco que ha tirado Ranma y saco un nuevo carcaj lleno de mi brazalete.

Shinnosuke sigue retando con su sable a Ranma, con los dientes apretados mientras hace un esfuerzo por empujar el arma contra la de su enemigo.

-Akane es la emperatriz ahora, son sus ridículos protocolos te guste o no- habla Ranma.

-El noble capitán defendiendo algo que no es posible, porque como verás yo estoy aquí. Soy el emperador y ella es mía.

Ranma empuja más su arma, haciendo que Shinnosuke de un paso atrás. Momento que aprovecha mi amor para separarse de él y ganar distancia con la finalidad de atacar mejor.

Ambos se miran jadeando.

-Ella nunca ha sido tuya- responde Ranma –Akane es mi esposa y la defenderé a toda costa.

-Tú estas muerto- contesta con la respiración entre cortada Shinnosuke cuando se lanza para atacar –y me voy a asegurar de que siga siendo así.

Ranma alza su sable y las hojas chocan de nuevo. Yo los miro sin dar crédito a todo ¿está pasando?

Saffron sigue combatiendo contra los guardias que han llegado.

Cuando el carcaj termina de tomar forma cargo una flecha y disparo contra el hombre que se ha liberado de uno de los samuráis de Saffron y que va hasta donde Ranma para defender a su emperador.

Pero al hacer esto me delato, Shinnosuke me mira de reojo y gruñe por lo bajo pero de inmediato vuelve su atención a su pelea con Ranma.

Cargo de nuevo el arco y disparo para librar a Saffron de su agresor. Mi amigo me mira y guiña un ojo.

-Como en los viejos tiempos ¿no?

Vuelvo a cargar el arco y apunto contra Shinnosuke, no puedo fallar.

Inhalo.

Exhalo.


Apelo al hecho que Saotome tiene una herida en la mano, veo el vendaje y sé que si empujo mi arma un poco más no podrá mantener la suya mucho tiempo. Y entonces le cortaré el cuello y acabaré con esto de una buena vez.

Una flecha cruza tras el desdichado de mi enemigo y veo de reojo a Akane, con un arco y un carcaj lleno en su cadera.

Necesito concentrarme y todo acabará pronto. Y entonces le enseñaré a Akane a amarme.

Otra flecha. Uno de mis samuráis menos. Saffron diciendo sus tonterías siempre sin sentido del honor y del decoro. Burlas, siempre en contra de lo que implica ser un emperador y sin embargo sé que adora la atención que con lleva serlo.

Escucho que Akane saca otra flecha. Es la única entre los que estamos que porta un arco después de todo.

Debo concentrarme.

Empujo más, siento como Saotome flaquea. No falta nada para vencerle. No queda nada para que todo termine.

Y entonces las alarmas suenan con fuerza en todo el palacio. Pero no puedo distraerme.

Solo un poco más.


Las alarmas suenan y aunque tanto Shinnosuke como yo nos distraemos un instante ninguno sede. Empuja más y yo hago lo mismo. Pero nos encontramos en un límite en el cual ambos nos damos cuenta que nuestra fuerza es muy similar. Salvo que yo comienzo a no soporta más mi mano lastimada y veo que él se encuentra en perfecto estado.

Tengo que acabar con él, por todo lo que le ha hecho a Akane.

Solo un poco más.

Pero una sombra nos cubre y sin poder evitarlo ambos alzamos la mirada.

Nos separamos, sin intención alguna, cuando del cielo cae un proyectil que emite no un estallido sino una vibración eléctrica.

Los dos salimos disparados en direcciones contrarias.

-Alteza imperial Drac- grita Kirin cuando aparece en escena.

Yo me levanto a buscar a Akane cuando veo de reojo que cae de espaldas en el instante que otro proyectil estalla cerca de ella.

El piso se mueve y cuando Shinnosuke me busca en la distancia hace un gesto de malestar en el segundo que me encuentra junto con Akane.

-¿Es Tatewaki?- pregunta Saffron a Kirin. Dejando a un lado el encuentro con los hombres de Shinnosuke.

-¡Vayan al frente!- ordena Shinnosuke a sus samuráis sin dejar de mirarme. Seguro pensando que puede llegar hasta donde estamos y terminar con esto.


-Es el ejército del emperador Kuno- responde Kirin.

Shinnosuke se aleja con sus hombres.

Y Saffron nos pide estar en guardia cuando tomamos el lado contrario al del emperador. El traidor de Tatewaki está llegando al imperio. Han sido sus naves las que han disparado esos proyectiles. Distingo el escudo de su casa en estas.

-Está yendo en contra del acuerdo entre los imperios- habla Saffron cuando vamos a la par de todos rumbo a nuestro puesto para protegernos -está usando armas fabricadas de tecnología.

-Utilizará todo lo que pueda para controlarnos- digo en voz alta.

-No- responde Saffron cuando se detiene y me mira –no piensa controlarnos. Al menos no a nosotros. Viene a terminar con los emperadores que pueda.

Saffron avanza más allá, dejándonos a Ranma y a mí mientras nos armamos con lo necesario para pelear.

-Tendremos que tomar ventaja de las flechas- me dice Ranma mientras termina de colocarme un segundo carcaj en la espalda -¿sí?

-Sí, lo sé.

-No puedes titubear.

-No lo haré ¿por qué piensas eso?

Subimos las escaleras para colocarnos en la parte alta de la muralla.

Ranma me mira con el rostro preocupado –porque entre las filas de Tatewaki puede haber gente que conozcas y que están siendo manipulados para atacarnos.

Trago saliva.

-Lo entiendo.

-¡Cuidado!- grita uno de los capitanes de Saffron y al instante vemos cientos de flechas volando a la distancia en nuestra dirección.

Ranma me empuja para pegarme a la muralla, pero no todos los soldados que están ahí reunidos alcanzan a resguardarse del ataque.

-Arqueros prepárense- grita Shinnosuke a través de los comunicadores de todos –puedo escucharlo en mi oído.

-Todas las comunicaciones funcionan ya Akane- me dice Ranma y entiendo que es lo que quiere decir.

-Buscaré a Kodachi.

En mi brazalete encuentro rápidamente el código de la emperatriz. Pero la señal no se escucha cuando pareciese que ella responde.

-¡Kodachi!- le grito esperando me escuche al menos ella a mí –tu hermano ha venido al centro y también busca eliminarnos.

Nada.

Miro a Ranma y él asiente –prepara tu arco- me dice y yo lo hago.

-¡Samuráis!- grita Saffron -¡Por el honor, por la ciencia, por la certeza!

Todos los hombres y mujeres preparados para lanzar sus flechas alzan sus voces en un grito de batalla al mismo tiempo que el emperador Saffron habla.

-¡Disparen!- ordena Shinnosuke.

Las flechas surcan el cielo en un contra ataque.


Pero no sirve de mucho, si acaso unos cuantos samuráis caen de los caballos que empiezan a mostrarse en el horizonte.

Centenares de guerreros montados.

-Los 500 corceles que Tsubasa envío al sur- dice Shinnosuke en voz baja.

Comprendo que solo lo escuchamos los emperadores porque veo a Tsubasa al otro lado de la muralla voltear a ver a Shinnosuke asintiendo. Afirmando que en efecto se trata del regalo que realizó para que el sur pudiera reunir fuerzas luego de una batalla que habían tenido meses atrás al defender la nueva sede de los creadores.

Otra evidente distracción. Un engaño.

El resto de los samuráis siguen atentos a los invasores que llegan.

-Ahora que las comunicaciones se han restablecido ¿han pedido refuerzos al Norte?- pregunta Shinnosuke, imagino que en concreto a Tsubasa y a Saffron.

-La general Tendo y su padre vienen en camino, pero tardarán poco más de media hora en llegar- responde Saffron.

-No tenemos media hora- dice con voz temblorosa Tsubasa –esto es el fin.

-Tranquilo niño- responde Saffron –esta fortaleza no se vendrá abajo tan fácilmente.

-¿Qué hay de los proyectiles?- pregunto y cuando lo hago Ranma me mira extrañado.

Pero nadie responde.

-Defenderemos tanto como podamos el sitio. ¿Entendieron?- contesta Shinnosuke ignorando mi pregunta.

Veo a Tsubasa asentir. Incluso Saffron lo hace y yo miro a Shinnosuke al otro lado de la muralla viéndome, esperando que afirme lo que dice.

Pero me doy la vuelta buscando otro par de flechas para tensar la cuerda de mi arco.

Apago mi comunicador.

Tomo el antebrazo de Ranma para llamar su atención y él me mira sin entender que sucede.

-No tenemos oportunidad- le digo buscando no dar rienda suelta a mis emociones –el ejercito de Tatewaki es al menos cuatro o cinco veces más grande que los que somos.

Ranma asiente mirando a los pocos soldados sobre la muralla y el resto que espera dentro del territorio que rodea el palacio.

-Pelearemos hasta el final- me dice y yo sonrío o al menos lo intento.

Estira una de sus manos y toma mi rostro, acariciando mi pómulo con su pulgar. Mirándome a los ojos.

-Te amo Akane.

Suspiro.

-Te amo Ranma.

Cierro mis ojos mientras nos besamos, con el estruendo de la guerra que se aproxima. Pensando en todo lo que probablemente nos perderemos.

Pero al menos estaremos juntos hasta el fin.


Veo la escena frente a mí con rabia y desilusión.

Debí haberlo matado años atrás cuando el espía que envié para encontrar su cadáver me informó que estaba muy mal herido en uno de los campamentos de los exiliados.

Me confié en que no sobreviviría. Ha sido mi mayor error.

-¡Disparen!- grita Tsubasa a los arqueros y yo vuelvo mi mirada de vuelta fuera de la muralla, tomando con fuerza mi sable, esperando el instante en que los samuráis de Tatewaki logren pasar.


Cuando suelto el rostro de Akane ella me mira asintiendo y ambos volvemos a cargar nuestros arcos para disparar contra los samuráis que igualmente siguen disparando hacia la muralla.

Algunos caen, algunos logran esquivar las flechas. Y de pronto la caballería se detiene a unos metros de distancia de la muralla.

Permanecen ahí, en formación unos minutos hasta que las filas comienzan a abrirse dando paso a su líder. Daikoku.

-¿Y Tatewaki?- pregunta Akane pero veo que no es a mí, sino a sus compañeros emperadores.

Ella alza la mirada sorprendida.

-Señores imperiales- habla el hombre que se coloca al frente de las tropas samuráis en fila –deben perdonar que no haga una reverencia, pero nunca he sido un sirviente de fe ciega por ustedes.

-¿Quién eres?- pregunta Shinnosuke.

-Usted sí debe reconocerme alteza, después de todo era tan solo un chiquillo cuando su padre falleció durante las guerras del sur pero ¿acaso no fui yo quien le enseño el uso del sable?

-Daikoku- responde Shinnosuke.

Cuando responde Akane me mira preocupada.

-Es el líder de la rebelión- le digo.

-Tendrá que disculpar entonces la modesta recepción- contesta el emperador -pero esperábamos a nuestro igual. Al emperador Tatewaki.

-Lo sé.

Otro caballo avanza por donde ha pasado Daikoku y se coloca junto al líder.

-Pero tuvimos pequeñas diferencias- dice el hombre a quien llamaba suegro mientras el samurái que se ha colocado a su lado muestra la cabeza de Tatewaki.

De inmediato se escucha conmoción entre los samuráis que están sobre la muralla. Y gritos de celebración por parte del ejercito que quiere derrotarnos.

-Su ego fue su principal enemigo emperador Shinnosuke Kusao, tal vez debería aprender de esta lección también para evitar un final similar.

-Entonces todo esto es por el poder Daikoku- contesta Shinnosuke.

-Tu tío siempre pensó que sabía más que los demás. Siempre se creyó más sabio por limitar las posibilidades de conquistar el mundo salvaje que hay fuera de nuestro país. Los emperadores limitaron el futuro que siempre hemos podido tener.

-¿Sin importar el precio?- pregunta Shinnosuke –prefieres un mundo de caos y volver a esa lucha de poder que tuvimos siglos atrás. Acabar con lo que queda.

-Eso no lo saben- responde molesto el líder –ustedes no han ido fuera. Yo sí. Yo lo he visto. El mundo es basto, somos la raza superior, podemos tenerlo todo.

-¿Todo dices? Estas más loco que cuando mi tío te desterró, cometió un grave error.

Daikoku ríe –lo sé. Debió haberme matado.

Al instante que Daikoku lo dice me señala.

-Yo cometí el mismo error.

Al menos unas cinco naves surgen en el cielo.

-Sus estúpidos acuerdos serán la causa de su perdición. Esta nación renacerá. ¡A la carga!- grita el hombre y todos los samuráis avanzan rápidamente hacia nosotros.

Las naves que sobrevuelan el territorio disparan proyectiles que estallan incluso antes de caer.

Por lo que empujo a Akane hacia un lado, buscando protegerla del fuego causado por uno de los que ha caído cerca cuando choca contra una de las estaciones de vigilancia.

Cuando me incorporo veo un hueco formado en uno de los extremos de la muralla y a decenas de los hombres de Daikoku que entran arrasando a cuanto guerrero se encuentran a su paso.

Al verlo me queda claro que esto será una masacre, todavía tengo oportunidad de ocultar a Akane. Aún puedo salvarla.


Otro proyectil cae muy cerca y Ranma y yo salimos disparados rodando escaleras abajo. Siento como el aire me falta por el impacto y cuando Ranma se levanta para ayudarme veo sangre corriendo por todo su brazo.

Tras de mí escucho los hombres que han logrado pasar combatiendo contra los nuestros. Las espadas chocan, es momento de usar los sables que están resguardados en nuestros cinturones.

-Podemos hacerlo- le digo y él asiente.

Desabrocho los cintos que sujetan ambos carcaj en mi espalda. Luego, tanto Ranma como yo sacamos nuestras armas justo a tiempo cuando algunos de los invasores arremeten contra nosotros.

Ranma es quien se coloca frente a mí antes de que la hoja del sable enemigo choque contra mi arma. Por lo que yo aprovecho que es él quien le ha detenido para terminar con el rebelde usando mi tanto al clavárselo en el pecho.

El hombre cae pero antes de que su cuerpo toque el suelo ya tenemos otro frente a nosotros. Es Ranma quien termina con él y yo me muevo para atacar al que le sigue a este.

El sudor corre por mi espalda, los brazos comienzan a dolerme y más el que tengo lastimado por las heridas de las flechas. Pero no me detengo.

Permanecemos en el mismo sitio lo que parece una eternidad, acabando con soldado, tras samurái, tras rebelde que intenta dejarnos fuera de combate.

Veo llamas por todas partes y cada vez a más de los nuestros caer bajo los enemigos. A este paso no duraremos.

-Ranma- le llamo cuando me doy cuenta que nuestro tiempo se agota.

Él me toma del brazo y nos movemos de lugar.

Avanzamos un poco hasta que otro grupo de rebeldes arremete contra nosotros. Uno de los sables me alcanza en el abdomen, pero la cortada no es profunda por lo que sigo con mi ataque. Me muevo de un lado hacia el otro usando a la par el sable como el tanto. E igual lo hace Ranma.

Ambos conseguimos acabar también con este grupo y seguimos avanzando.

No escucho a ninguno de los emperadores pero entre tanta gente no hay oportunidad de que les vea.

-Tenemos que movernos Akane- me dice Ranma y yo le tomo de la mano cuando comenzamos a hacerlo.

Un rebelde, que reconozco de inmediato, se acerca y Ranma se detiene en seco al verlo.

-Mataste a tu esposa- le dice y veo como Ranma se pone tenso -¿por esa ramera?- pregunta señalándome con la hoja de su arma.

-Será mejor que nos dejes pasar Ryu.

-Y además te ha confundido- responde quien fuese alguna vez coronel de Saffron.

-Los rebeldes se han metido con tu mente Ryu- le hablo al samurái que me mira con desprecio –tú eres Ryu Kumon, coronel de sables del emperador Saffron Drac, prometido de la princesa Rouge. Un hombre leal y con honor. De los mejores samuráis que he tenido el placer de conocer.

-¡Cállate!- me grita y veo a Ranma dar un paso hacia el frente. Cubriéndome.

-No quiero hacerte daño- le dice mi esposo.

-El líder me ha pedido capturarte junto con tu ramera, así podrá castigarte y serás el ejemplo de lo que le sucede a los traidores.

-No hay forma de razonar contigo- responde Ranma.

Tomo aire, colocándome en posición de ataque. Si este hombre busca pelea no le será fácil acabar con nosotros.

Ryu lanza el primer ataque, Ranma logra contener el golpe con la hoja de su sable. Pero el samurái sabe perfecto como empuñar su tanto y logra rasgar el muslo de Ranma cuando baja su cuerpo buscando seguramente el pecho de mi amado quien se mueve en perfecta sincronía.

Yo aprovecho la oportunidad para detenerlo y clavo mi sable en su pierna haciendo un corte en su talón con el tanto.

Ryu grita de dolor y empuja a Ranma, quien cae de espaldas. Luego lo veo alzar con fuerza su sable contra mí pero por la posición en la que me encuentro no voy a poder esquivarlo y cierro los ojos, como una reacción primaria, esperando la hoja clavarse en alguna parte de mi cuerpo.

Y escucho un grito nuevamente del coronel y cuando abro los ojos lo veo moverse hacia atrás conmocionado de lo que acaba de ocurrir. En su pecho están tres flechas clavadas.

Me giro para saber quien ha conseguido salvarme y podría llorar de felicidad al ver a Shampoo con un arco en sus manos desde una nave que está descendiendo.

-¡Tal parece que han llegado los refuerzos!- grita emocionado Tsubasa en el comunicador.

La tierra tiembla. Ranma me sujeta para no caer y ambos tememos que se trate de uno de los monstruos de metal de los rebeldes.

-Una de las naves ha caído- escucho decir a algunos de los samuráis que pelean en nuestro bando.

Cuando alzo la mirada veo una nube de humo elevarse tras la muralla. Mientras que por el espacio deshecho de esta aparecen samuráis con el emblema de la Rosa Negra del Sur, liderados por la emperatriz.

Kodachi está mal herida, lleva la cara sucia y su frente está llena de sangre como su traje. Pero se ve furiosa y preparada para acabar con los rebeldes.

-¡Acaben con ellos mis samuráis!- grita la joven emperatriz con sus armas en alto y cuando pasa a nuestro lado nos mira un segundo pero no se detiene.


Mi sable atraviesa el cuerpo de otro rebelde y con cada uno menos de ellos más busco encontrar a Daikoku con desesperación. Algo, de todo su discurso, me ha dejado con la duda de que se trate realmente de él.

Pero si estoy en lo correcto sé donde se ha metido el muy miserable.

Me abro paso entre los guerreros que se baten en duelo para llegar hasta el palacio.


-Tú hermana no tarda en llegar- me dice Shampoo cuando se detiene a nuestro lado –y también hemos podido avisar a Hinako, enviará naves con los samuráis del general Saotome y el coronel Seki. La ayuda ya viene.

Sonrío antes de abrazarla –gracias Shampoo.

-Sigue vivo- escucho decir a Ranma y cuando ambas nos giramos lo vemos junto al cuerpo de Ryu.

Shampoo mira tras de mí –ustedes dos- grita a un par de samuráis –lleven al coronel Ryu dentro de la nave y que alguien lo atienda.

Ranma les ayuda a los hombres a cargar con el cuerpo del desvanecido coronel y luego se acerca hasta donde estamos Shampoo y yo.

-Los rosas negras de Kuno nunca se darían por vencidos- dice orgullosa la mujer que me ha ayudado a ser mejor en la disciplina del sable.

-¿Qué pasará con el control mental? Debemos preocuparnos por ello- comenta Ranma.

-Quien perfeccionó el sistema es el creador Sentaro, quien ya está bajo resguardo camino a la nueva sede de los creadores. Lo tenían sedado en el castillo de Tatewaki.

-¿Podrá contra restar los efectos?- pregunto.

-No lo sabemos, pero estoy segura que Hinako podrá hacer algo. Lo que nos ha recomendado es no retirar las gafas protectoras durante el combate.

Ranma me mira y veo su gesto de disgusto, sé que nunca ha sido partidario de las gafas.

-Solo úsalas Saotome- le regaña la samurái de cabello violeta.

Mi esposo suspira antes de bajar las gafas sobre sus ojos.

De pronto veo a Kodachi acercarse hasta donde estamos. Con su porte siempre impecable a pesar de sus heridas y su aspecto.

Me mira y luego mira a Ranma.

-Ha sido el general Saotome quien nos ha ayudado.

Ranma la mira con los ojos abiertos y Kodachi se gira hacia la abertura. Los hombres de la rosa negra se empiezan a mezclar con samuráis que reconozco como la división del general Saotome. Y tras ellos aparece Genma.

-Muchacho- dice el general acercándose hasta Ranma –no puedo creerlo.

Se abrazan y yo no puedo evitar sentirme aliviada por este reencuentro.

Pero entonces la emperatriz llama mi atención tomando mi hombro. Me mira a los ojos con solemnidad mientras presiona el comunicador en el cartílago de su oreja.

-Yo. La emperatriz Kodachi Kuno reconozco su derecho emperatriz Akane Kusao- habla a sabiendas que la comunicación entre los emperadores está abierta y todos, incluido Shinnosuke pueden escucharla.

La miro asombrada de que se tome un momento en esta batalla para algo tan trivial ahora como mi reclamo.

Y no dudo que Shinnosuke aparezca en cualquier momento para decir algo, pero evidentemente debe estar ocupado en la batalla.

Sin embargo escuchamos las dos interferencia en la comunicación entre los emperadores.

-Yo- escucho un jadeo, se nota que quien ha hablado se encuentra haciendo un esfuerzo. Está en batalla, se escucha el golpeteo de las hojas de los sables al chocar, pero aún así quien sea continúa –Yo. El emperador Tsubasa Kurenai reconozco su derecho emperatriz Akane Kusao.

Alzo la mirada hacia Ranma muy sorprendida –ha sido Tsubasa, reconoce mi derecho.

Kodachi sonríe de lado –debo irme alteza imperial, la batalla no espera.

-Gracias- respondo y Kodachi corre, seguida de Shampoo de vuelta a acabar con más enemigos.

-Yo. El príncipe Toma Madono reconozco su derecho emperatriz Akane Kusao.

Un sentimiento de consuelo. Todos los gobernantes de los imperios del país me aceptan como la legítima emperatriz del Imperio del Centro.

Miro a Ranma en este breve paréntesis dentro de la batalla, entusiasmada hasta los huesos –me han otorgado ser la emperatriz, cada uno de los emperadores me reconocen a mi.

-¿Lo que significa que Shinnosuke ya no es el emperador?- pregunta el general Saotome.

Yo asiento.

-No, ya no lo es. Y cuando esta batalla termine podré aplicar la ley para que pague por lo que se ha guardado.

-Como tu mandes, alteza imperial- dice Ranma, sin una pizca de burla mientras agacha su cabeza para hacer una reverencia.

Siento como si un peso se quitara de encima. Shinnosuke ya no puede hacer nada contra mí.


Un rebelde se acerca tras Akane y mi padre lo elimina atravesando su arma en su cuello. Ella se mueve a un lado cuando la tomo de la mano.

-Deben llegar al gran salón- nos dice mi padre.

-¿Por qué?- pregunta Akane sin entender, al igual que yo que puede ser más apremiante que la lucha aquí fuera.

-Bajo el trono del emperador Kuonji hay un acceso subterráneo a todo el armamento que se ha resguardado desde hace siglos en el imperio del centro.

-¿Qué?- pregunto asombrado.

-Kuonji tenía un plan alterno, si algo ocurría no permitiría que nada le pasara a su pueblo. Pero hay tecnología suficiente para acabar no solo con el imperio del centro sino también con el país entero. Por eso Daikoku necesitaba el oro del monasterio, solo con este se consigue el armamento que Kuonji guardaba.

-¿Quién más lo sabe?- dice Akane con un hilo de voz.

-Shinnosuke- responde mi padre.


Entro al gran salón y tal como esperaba ahí está Daikoku. De pie frente al trono.

-Sabía que no sería tan complicado distraer a todo tu ejercito para obtener mi premio- habla aún de espaldas a la puerta por donde entro –y estoy aquí sin poder entrar.

-Solo un samurái del centro sabe como entrar- respondo –Tatewaki ¿crees que podrías engañarme?

El hombre frente a mí se da la vuelta y sonríe de forma maquiavélica.

-¿La historia sobre como Daikoku fue quien te enseño el uso del sable no te conmovió?- pregunta con falsa desilusión -¿O en qué me equivoqué?

-Dijiste que fue mi padre quien murió en las batallas del sur y no es así. Mi padre murió defendiendo a su cuñado cuando Daikoku trató de regresar al palacio. Fue mi madre quien perdió la vida en las batallas del sur.

-¡Ah! Tal vez Daikoku me contó la historia mal adrede.

-Supongo que sí.

Tatewaki se arranca el dije que le sirve de máscara del cuello y puedo ver al emperador de ojos azules frente a mí.

-Nunca te creímos capaz de traicionar a tus similares- le digo afianzando con fuerza mi sable en alto, listo para la batalla que seguro tendremos él y yo ahora.

-Shinnosuke esa es la ventaja de siempre parecer el emperador loco, nadie me tomó lo suficientemente en serio como para pensar en mí como una amenaza. Mi hermana era la disciplinada, con su ejercito de élite. Pero yo era quien manipulaba su ego con esas pequeñas disputas que teníamos constantemente. Ahora sus samuráis son mi ejército.

-Tú no tienes honor.

-Y ustedes nunca han tenido visión. Todo en lo que Daikoku creía es cierto, el exterior es un mundo por conquistar. Seré el emperador de todo y nadie tendrá carencias.

-La locura tal parece que no ha sido una mentira después de todo ¿cierto?- le digo con voz decidida antes de atacarlo.

Mi espada choca contra su lanza de doble filo.


Ranma y yo corremos dentro del palacio, durante este breve trayecto conseguimos quitarnos de encima a unos cuantos hombres que tratan de acabar con nosotros.

-El gran salón está abierto- me detengo a un par de metros de las puertas, sujetando con fuerza mis armas.

-Entraré yo primero- habla Ranma avanzando.

A través del pequeño espacio que hay entre ambas se puede escuchar la batalla se desarrolla dentro del lugar.

Y entonces lo veo, Tatewaki lucha contra Shinnosuke.

-¿Es Tatewaki?- pregunto sin entenderlo.

-¿Entonces donde está el líder Daikoku?- pregunta igual de confundido Ranma como yo.

Mi esposo se asoma y luego se voltea a verme.

-El líder Daikoku no fue quien llegó a la muralla, ha sido Tatewaki. Lleva sus ropas.

-¿Una máscara?

-Tal parece que así fue.

-¿Qué hacemos?

-Tendré que ayudarle a Shinnosuke y luego terminaré mi asunto pendiente con él.

-Ranma espera- le digo preocupada –hagamos esto juntos, así podré sentenciar a Shinnosuke a una vida de exilio.

Me mira. Sé que no está de acuerdo y yo más que nadie quisiera matarlo con mis propias manos. Pero una vida lejos de todo lo que daba por sentado será un castigo mucho más conveniente para el sufrimiento que nos ha hecho pasar.

Camino por delante de Ranma sin esperar su respuesta, preparada para atacar.


Las puertas se abren de golpe cuando Akane entra gritando para pelear. Tatewaki sonríe con mofa al vernos y aprovecha nuestra intromisión para aplicarle un golpe en el hombro a Shinnosuke.

Este da unos pasos atrás y maldice por lo bajo nuestra presencia pero ninguno de los dos hace caso cuando tanto Akane como yo buscamos acabar con Tatewaki.

Es rápido, su lanza gira deteniendo los golpes de ambos. Busco el tanto y consigo rasgar su mejilla.

Tatewaki sisea moviéndose hacia un lado, colocando su lanza frente a él para tomar un respiro de nuestros embistes.

-Ya casi lo tenía Akane- le grita Shinnosuke a ella.

-Da igual, tenemos que evitar que consiga entrar bajo el trono.

-No podrá hacerlo de cualquier forma- responde él.

-¿Tan seguro que no?- saca de su bolsillo un objeto dorado –sé que el oro sagrado es la forma de que todo el armamento funcione. Gracias a Saotome lo obtuvimos desde hace mucho.

-¿Qué?- pregunto sin entender nada.

-Tu misión en el monasterio nos ayudó a que otros infiltrados pudieran cavar para obtener la cantidad necesaria.

-¿Y entonces porque el ataque para conseguir todo el oro bajo tierra?- pregunta Akane pensando en lo ocurrido el día de ayer.

-No queríamos sacarlo- dice burlonamente el emperador Tatewaki –queríamos destruirlo, así nadie más podría obtener su energía.

-Los monstruos de metal no causaban un accidente- respondo pensando en lo que me dijo Kaori sobre el error que habían cometido.

-¿Acaso creías que tu esposa te contaría todo? Kaori no tenía la certeza de que tus recuerdos hubiesen sido eliminados por completo, pero no mostrabas señal de que recordaras algo. Y aún así actuabas raro, distante. Ella fue una necia, pudo ser mi emperatriz pero prefirió aferrarse a que tú eras su destino.

Aprieto la mandíbula.

-Usaste a todos a tu antojo- le dice Shinnosuke.

-Nadie se merece ser el emperador como yo. Nadie sabe los secretos como yo.

-Manipulador- le dice furiosa Akane.

-Estratega, a ti necesitaba sacarte de la mira de Saffron. Te quería como su coronel y en poco tiempo terminarías como su general. Eres demasiado rápida en el arco, había que cambiarte de roles.

-¡Cállate infeliz!- grita antes de arrojar su tanto en su dirección.

Tatewaki se mueve a un lado y el arma rebota al caer mientras este ríe de vernos así. Furiosos. Fuera de nuestras casillas. Dispuestos a cometer una tontería.

-Podría proponerles un trato, ser mis guardias luego de meterme en sus mentes para que olviden todo lo ocurrido. Seguirían con vida.

-¿Te atreves a ofrecer un trato?- pregunto al acercarse a él -¿cuándo tienes la desventaja?

Miro a Shinnosuke también acercarse. Ambos buscamos la manera de abordarlo.

-Tengo la tecnología de mi parte- dice mientras aprieta algo en su lanza y una ola de energía nos arroja a los tres lejos de él.


Mi cuerpo golpea contra el muro más cercano a las puertas y Ranma y Shinnosuke caen a cada lado del trono. Tatewaki nos mira fascinado, extasiado de lo que ha sucedido.

-¿Quién acepta el trato?- pregunta pero ni Ranma o Shinnosuke se mueven –parece ser que la única que podría responderme eres tú pequeña emperatriz. Por cierto, te felicito por tu nuevo rango.

-Te mandaré al infierno- le digo levantándome con la poca fuerza que me queda. Sujetando con evidente dolor mi arma pero tratando de que él no se de cuenta.

-Es una lástima, esperaba que tal vez fueras entonces mi emperatriz. Ahora veo que no.

Me pongo en posición para recibir su ataque cuando este corre en mi encuentro con la lanza hacia el frente.

Escucho la carne ser atravesada y veo mi sable clavado en el medio de su pecho.

-Por el honor, la ciencia y la certeza- dice Saffron a un lado mío con el arma de Tatewaki atravesada en el abdomen –alteza imperial- me mira antes de caer de rodillas.

-¡Saffron!- grito sin poder creer lo que ha ocurrido ¿de dónde ha salido?

Me acerco a él, la lanza no ha atravesado su cuerpo entonces hay posibilidades de salvarlo. Cuando alzo mi rostro veo que tanto Ranma como Shinnosuke siguen tendidos sin moverse.

-Hay que sacarte de aquí- le digo a mi amigo buscando levantarlo.

-Siempre has sido una necia- responde con la sangre saliendo de su boca.

-No me hagas esto Saffron, te voy a necesitar cuando todo esto acabe.

-Pero- dice mirando el cuerpo de Tatewaki en el suelo y con los ojos abiertos –ya ha terminado.

-Ni hablar.

Paso su brazo sobre mi hombro y uso toda la fuerza que tengo para sacarlo del gran salón. Consigo moverlo unos cuantos pasos hasta dejarlo seguro sobre uno de los sillones que están cerca y que adornan el palacio.

Toco mi comunicador –necesito ayuda- digo desesperada –el emperador Saffron está mal herido.

-Estoy buscando tu posición Akane- escucho la voz de mi hermana Kasumi –Tofu va en camino, estamos rodeando el palacio.

Cuando alzo la vista veo tras los vitrales las naves del norte aterrizar con hombres saltando fuera de estas para dar batalla y capturar a los rebeldes y samuráis que estén manipulados.

Y cuando veo corriendo a través de las puertas a mi cuñado siento un profundo alivio.

-Vas a estar bien Saffron- le digo y él sonríe.

-Si cualquiera de tus maridos no ha salido bien de esta lucha ¿te casas conmigo?- pregunta tocando algunos mechones sueltos de mi cabello.

-Te lo prometo.

Tofu se acerca, con unos cuantos hombres y se llevan a Saffron fuera.

-Lo vamos a cuidar- me dice y yo asiento.

-¿Podrías mandar refuerzos? Ranma está dentro inconsciente.

Tofu me mira asombrado –enseguida enviaré a más hombres para que te ayuden.

-Gracias.

Suspiro.

Respiro.

Y me quedo ahí sentada hasta que siento que alguien me jala del uniforme y me alza.

-Vamos a arreglar lo nuestro tesoro- escucho me dice Shinnosuke cuando me sujeta de la cintura con un brazo y me carga como si nada.

-¡Suéltame!- grito pataleando.


Abro los ojos, con un dolor de cabeza terrible.

-¡Akane!- grito cuando no la veo cerca de mí.

Me levanto rápidamente y tampoco se encuentra en el salón Shinnosuke. Camino más y veo a lo lejos el cuerpo sin vida del emperador Tatewaki, es el sable de Akane lo que ha terminado con él.

Corro fuera, con mi arma en mano mirando un hilo de sangre en el piso.

-¡Akane!- grito mientras salgo fuera del palacio.

La batalla aún continúa, pero hay más gente que antes y distingo a la general Tendo a lo lejos. Tal parece que los refuerzos han llegado. Pero nada de eso importa ¿dónde está Akane?

Enciendo el comunicador que llevo y le llamo -¿Akane? ¿Dónde estas?

Ninguna respuesta.

-¡Akane!


Shinnosuke me lleva hasta el salón donde se reúne normalmente el emperador con los generales. Aquí empezó todo entre él y yo.

-¿Recuerdas lo que te propuse la primera vez que te traje aquí?- pregunta cuando me baja y yo me alejo de él desesperada tocando mi brazalete para sacar un nuevo sable.

-Aléjate- le digo mientras el arma comienza a materializarse en mi mano –no soy la niña tonta que trajiste bajo engaños luego de un baile.

-No, no lo eres- responde alzando su mentón –eres mi mujer, ya te he tenido y cuando aclaremos nuestro matrimonio te volveré a tener a mi antojo.

-Has perdido Shinnosuke- le digo apuntando con mi sable en su dirección –soy la emperatriz y tú un don nadie.

Camina hacia mí sin decir nada, como si lo que le estuviese diciendo no tuviese importancia.

-Creí que lo tuyo con Saotome solo era un capricho por tu edad, que con el tiempo debido aceptarías que yo soy mucho mejor que él para ti.

-Si hubiese sabido de tu cobardía y tu traición créeme, te hubiese matado antes- aprieto los dientes mientras me preparo para atacarlo.

-Debí haberlo matado.

-Tú sabías que estaba vivo.

-Sí- contesta sin un ápice de arrepentimiento.

-Me enviaste a mi viaje fuera del imperio con una máscara diseñada para que él no me reconociera si llegaba a verme ¿cierto?

-Sí.

-Pero no planeaste que pasaría si yo le reconocía.

-No creí que pudiera pasar, siempre ha vivido en la sombra o como un infiltrado. Ha sido mi más grande error no matarlo.

La sangre me hierve con sus palabras.

-Jamás, ni aún siendo tú el último hombre en la tierra, jamás te podría amar. Eres despreciable y lo peor es que en algún momento de mi vida yo te admiraba.

-Pero no quería solo tu admiración Akane- camina más cerca, estira su brazo con el sable preparado para contra atacar –te quería a ti. Completa. Dispuesta.

-¡Aaah!- grito mientras me lanzo contra él.

Frena mi ataque.

-Sé mía y perdonaré su vida.

-No tienes forma de chantajearme más, soy la emperatriz- bajo mi cuerpo y giro para quedar a su espalda, alzo mi sable y Shinnosuke consigue nuevamente frenarlo.

-Entonces no seas de nadie. Te prefiero muerta a saber que volverás corriendo con él.

-Ya he estado con él- respondo para molestarlo.

Y lo que le digo le molesta porque separa su arma buscando ahora atacarme, pero consigo moverme hacia atrás para evitarlo.

Brinco para quedar sobre la mesa donde está el mapa proyectado. Shinnosuke estira su brazo esperando lastimar mis piernas pero me lanzo hacia atrás y me resguardo por debajo de la madera.

Shinnosuke atraviesa con su sable la mesa y su arma queda frente a mi rostro, corta incluso un poco de cabello suelto que cae regado por mis mejillas.

Salgo rápidamente con el sable extendido y consigo atravesar uno de sus muslos.

Grita de dolor y con fuerza saca de la mesa su sable buscando de nuevo atacar, logra cortar mi brazo herido y la sangre corre por todo el largo de la manga del traje, goteando.

-Deja de pelear Akane- me dice.

-Deja de esperar algo que no va a ocurrir, ríndete. Soy yo ahora la que te da la oportunidad de salvarte.

-Quieres negociar, pero yo solo te quiero ver lejos de Saotome.

Se mueve de nuevo en mi dirección. Nuestros sables chocan al detenerse mutuamente. Ninguno de los dos lleva un tanto, solo es este momento lo que definirá quien saldrá vivo.

Tomo aire.

Exhalo.

Inhalo.

Fijo la mirada en mi objetivo.

Puedo incluso escuchar las palabras de Ranma en mi cabeza, pidiéndome que mantenga firme mi arma.

Necesito concentrarme.

Empujo mi cuerpo con fuerza hacia atrás, desbalanceando a Shinnosuke quien me mira sorprendido cuando uso esa misma fuerza para ir adelante y clavar mi arma en su pecho, justo en su corazón.

Me mira con sus ojos azules. Sin gesto alguno. Solo me mira.

-Quisiera que las cosas hubiesen sido diferentes- susurra antes de caer al suelo.

Lo miro con la respiración agitada.

-Yo también- digo antes de sentir como todo lo ocurrido en estas últimas 48 horas cae sobre mí como agua helada –yo también.

-¡Akane!- escucho la voz desesperada de Ranma fuera de la sala.

-Estoy aquí dentro- respondo con un hilo de voz –estoy bien.


Hello mis bellos lectores! Hemos llegado al capítulo final, el más largo capítulo final que haya escrito en todo lo que llevo como ficker. Pero es que no podía parar y menos dejar cabos sueltos.

No se preocupen que habrá un epílogo, aunque espero que no sea tan largo jajaja.

¿Les ha parecido la muerte de Shinnosuke? Sé que hubiese estado más increíble si Ranma lo mataba pero en ambos casos, al igual que con Kaori, creí más impactante que fuesen los respectivos esposos quienes dieran fin a los que les causaron penas. Osea que Ranma matara a Kaori y aún así decirle que él no la amaba, tal como Akane que matará a Shinnosuke y dejarle ver que ella lo admiraba y que su comportamiento solo hizo que creciera en ella el detestarlo.

Durante años he leído historias de reinos y conquistas. Nunca pensé terminar escribiendo un fic de esa clase. Empezar esta historia para mi era emocionante, es un tema que adoro. Y luego se volvió muy raro, sé que a muchos nos les gustó y francamente me sentí terrible porque yo uso la escritura como medio de terapia.

Solo por ustedes, a quienes si disfrutaron la historia con todo y su respectivo nudo trágico (que conste en actas que de inicio dije que sería un drama) fue que la terminé.

Sinceramente luego de que Ranma "muere" y Akane se casa con Shinnosuke, porque era obvio que necesitaba casarse con él para terminar siendo la emperatriz, pensé en quitar la historia de la plataforma.

Que igual algún día la quitaré. Aunque no se preocupen aquellos que la siguen y la han leído desde el principio no será de inmediato.

Y pues nada, no me queda más que agradecer infinitamente las palabras de aliento, los mensajes motivacionales, la gente que disfrutó de la trama. Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias. Ustedes consiguieron que yo terminara esto jajaja.

Respuestas a sus reseñas!

Ziari27: Pues creo que no hubo suficiente sangre jajaja es más difícil de lo que creí escribir una batalla. Y con todo mira que ha salido bastante jajaja. Creí mejor que Akane matara a Shinnosuke desde que se casaron, la obligó siempre a estar con él, ella tenía que tomar cartas en el asunto. Abrazos gorditos! Y sí, terminar este fic ha sido la razón principal por la cuál no me he metido al chat.

Adis Adame: ¿Te ha gustado? Espero no haberla liado mucho con todos los cabos que había que cerrar jajaja. Abrazos muy gorditos!

GabyCo: Espero haber contestado todas tus dudas jajaja sino aquí va un peque resumen. Shinnosuke fue quien tiró las comunicaciones cuando supo que Akane iba de vuelta al palacio, sabía que podría hacer y no quería que nadie lo supiera. De igual modo le servía para saber quien estaba de su lado y quien del lado de Akane. Y pues sí, Ranma no es un asesino y tú me ayudaste mucho a pensar en ese remordimiento al comentarlo. Gracias! Por cierto, cada día más bellos los nietos! Abrazos gorditos!

TatyGuerrero: Pues somos un par de locas, yo cuando leo se activa mi playlist mental. ¿Qué música has usado de fondo ahora? Respecto a que si Akane al menos le daría una bofetada a Shinno jejeje ha hecho más. Y pues la sugerencia del rey loco no era mala, de hecho si lo pensé con lo de los proyectiles pero quería más sangre, más dolor jajajaja Abrazos extra gorditos y mil gracias por leer esta historia!

Benani0125: Los sueños de Akane era porque sospechaba que Shinnosuke sabía que Ranma no estaba muerto. Y pues Tatewaki era el que estaba peor de todos y del que menos sospechaban, incluso el líder Daikoku confió en él. Por si no quedó claro, que ahora que lo pienso igual y no, la cabeza que muestran que según es de Tatewaki es en realidad la del Daikoku con una máscara.

Alicia Sanchez: Me siento muy emocionada que la historia te haya gustado, eres de los pocos que la disfrutaron jajaja y ya es una ganancia para mí. Espero que el final haya sido también de tu agrado. Mil gracias! Abrazos súper esponjosos y gorditos!

Rj45: Ryu no era un traidor, en realidad igual estaba bajo el control mental que perfeccionó Sentaro bajo las ordenes y amenazas de Tatewaki. No era mala idea lo de que Shinnosuke viera el video XXX del reencuentro entre Ranma y Akane, solo que preferí que él lo supiera de los labios de los involucrados. Y pues a fin de cuentas Tatewaki se quedó con todos los guerreros rebeldes, tanto los de su propio ejercito como los del líder como los que obtuvo por el control mental. Espero el final no haya sido muy decepcionante. Mil gracias de cualquier forma por leer esta historia.

Guest No. 1: Nooooo! Nunca habría hecho que Akane se quedara embarazada y con Shinnosuke además. Era más bien un sueño donde Akane dejaba sus sospechas de que Shinno sabía que Ranma seguía vivo. Mil gracias por leer la historia!

LilyTendo89: Pues sí, Shinno tuvo su parte. Pero el mero malo fue Tatewaki. Kodachi no, era una emperatriz empoderada! Chingona! Jajajaja Abrazos gordos!

Livamesauribe: Espero, de mil amores, que ese encuentro entre Ranma, Shinnosuke y Akane haya cumplido algo de las expectativas. No pensaba ponerlos a pelear de inmediato cuando se vieran. Quería tensión, muuuucha tensión jajajaja. Y también Akane debía ser quien acabara con Shinno, era lo justo aunque ella de inicio no quisiera. No tengo forma de agradecerte tus porras y buenas vibras, gracias de corazón. Abrazos ultra mega gorditos!

Alexandravw: Yo soy quien más te agradece a ti por seguir leyendo y no dejarme a medio camino. Espero que la historia no haya sido muy decepcionante y que al menos un poco de buen rato hayas pasado al leerla. Yo la he creado con mucho amor. Gracias!

MaryConchita: No llego aún al nivel de sadismo que manejas querida jajajaja pero me he esforzado. Quería que fuera más sentimental la muerte de ambos malos, que les doliera que quienes ellos amaban les dieran fin. Un drama de esos tremendos! A fin de cuentas esta historia era drama ¿no? jeje jejeje Como sea, mil gracias por leerla, mil gracias por sufrirla conmigo y mil gracias por todos los buenos deseso y sobre todo por seguirla. Abrazos muy gorditos!

Saritanimelove: pues pasó que se querían matar mutuamente. Al final ha sido Akane la que ha puesto el toque definitivo pero de no haber sido por la rebelión y Tatewaki que uno de los dos mata al otro jajaja. Gracias por leer esta historia, vale mucho para mí que te haya gustado.

MinaAin0: ¿Te pareció bien el castigo de Shinno? Yo he disfrutado montones escribiéndola y confieso que he sufrido montones cada que salía un capítulo porque esperaba que la reacción de ustedes al leerlo no fuese de que me quisieran matar por lo malo que era jajaja. Te agradezco haber leído la historia. Abrazos gordos!