CAPITULO 13
ISABELLA
Balanceé las caderas contra la cara de Edward gimiendo cuando deslizó la lengua contra mi clítoris una y otra vez. Me agarraba los muslos con las manos para sujetarme cuando comencé a temblar.
—Oh, Dios mío… Oh, Dios… —grité, apoyándome en la pared cuando me corrí en sus labios.
Cerré los ojos al sentir que se me aflojaban las piernas y que él me colocaba sobre su regazo. Cuando finalmente dejé de estremecerme, me levantó y me llevó al sofá de su despacho. Me limpió entre las piernas con un paño tibio y luego se alejó en dirección a su baño privado.
Cuando regresó unos segundos después y se sentó a mi lado, me pasó los dedos por el cabello.
—Espero que hayas disfrutado —dije en voz baja, alejándole la mano—. Estoy casi segura de que es la última vez que lo harás.
—¿Perdón?
—¿Has saboteado mi carrera a mis espaldas con la esperanza de que al final firmara la ampliación del contrato? ¿Sinceramente pensabas que podías usar el hecho de que hemos mantenido relaciones sexuales, o el hecho de que me gustas, para evitar que me vaya a otra empresa?
Arqueó una ceja, con la audacia de parecer confundido.
—Me llamaron ayer de Apple y me dijeron que optaban por otro candidato porque mi jefe, es decir, tú, no les dio buenas referencias. —Me puse de pie, evitando que se me acercara—. En Google me han dicho lo mismo. Y justo esta mañana he recibido dos mensajes de voz, uno de Amazon y otro de Microsoft, y tres más de otras empresas. Creo que cuando baje las escaleras para escucharlos, me dirán lo mismo.
—Isabella…
—No. —Negué con la cabeza—. Lamento haber llegado a pensar alguna vez que existía una pequeña posibilidad de que pudiéramos seguir viéndonos cuando dejara tu empresa, y lamento haber pensado que eras algo más que un gilipollas pomposo, egoísta e imbécil, porque es evidente que lo sigues siendo.
—¿Y sexualmente atractivo no?
—Sí. Muy sexy y… —Me interrumpí—. Eso no es lo que estoy tratando de decir. He enviado el aviso correspondiente a los de Recursos Humanos antes de venir aquí, así que te sugiero que lo aceptes y que me des una excelente despedida, porque no volverás a verme.
—¿Ya has terminado de hablar?
—Sí. —Corrí hacia la puerta, pero él me atrapó por detrás y me hizo dar la vuelta.
—Nunca te sabotearía, Isabella. —Me secó una de las lágrimas que resbalaban por mis mejillas con la punta de los dedos—. Por supuesto, en el fondo, quería que te quedaras, pero solo he dicho cosas buenas sobre ti. Incluso les comenté que sería una tontería que no te contrataran, pero…
—¿Pero? —Lo fulminé con la mirada—. Pero ¿qué?
—Pero que, si pensaban que esos salarios miserables que te ofrecían eran lo suficientemente buenos para ti, debían aumentarlos exponencialmente o tentar a otra persona. Pienso que te mereces más.
—¿Eso es todo?
—No —dijo, mirándome a los ojos—. También, que quería entrevistar yo personalmente a cada uno de los directores con los que podías trabajar. Era necesario para asegurarme de que encajaban bien contigo, y quería que estuvieran casados.
Abrí la boca para preguntarle si hablaba en serio, pero él fue más rápido.
—Sí —dijo, sonriendo—. Sí, «en serio» necesitaba hacerlo.
—¿Y por qué tenían que estar casados, Edward? ¿Qué pasa si no tengo intención de verte después de irme de aquí?
—Sí la tienes; y ni siquiera vamos a mantener esa conversación. —Puso los ojos en blanco—. Si el director ya está casado, no tendré que preocuparme de que esto te vuelva a suceder en tu próximo trabajo, y así me sentiré un poco menos celoso.
—Qué egoísta de tu parte. —No podía creerle, pero, por alguna razón, no pude evitar la sonrisa que se estaba formando en mi cara.
—Estoy bastante seguro de que cuando escuches los mensajes de voz de Amazon, Microsoft y las otras empresas, te ofrecerán un trato increíble. —Encerró mi cara entre sus manos—. Al menos, eso es lo que todos me dijeron ayer.
—Esto todavía no es excusa por interferir en mi búsqueda de empleo e insistir en que seas tú quien dé referencias sobre mí y no Jasper.
—Estoy casi seguro de que sí. —Me besó—. Y ahora que ya no hay ninguna posibilidad de que firmes la ampliación del contrato, y con suerte te habrás dado cuenta de que no te estoy saboteando, ¿qué te parece si sales conmigo?
—Tendré que pensarlo. —Le devolví el beso—. Depende de lo que me estés ofreciendo…
