Stiles tuvo que parar en un lateral de la calle tan pronto como giró y supo que Derek ya no podía verle desde la ventana. Al hacerlo se dio cuenta de que las manos le estaban temblando y que el corazón le latía tan rápido que estaba a punto de quedarse sordo del rugido… Pero cuando levantó la vista para verse reflejado en el espejo retrovisor, supo que todo estaba bien.
Ahí estaba esa sonrisa de idiota enamorado con la que tenía claro que dormiría toda la noche y la arrastraría hasta el lunes en que fuera a clase. Y cuando llegara ese momento no le importaría lo más mínimo, porque pensaba responder a todo el mundo que se burlara de su cara de idiota, que le exigiera explicaciones a Derek Hale, porque él era quien había puesto esa sonrisa ahí.
Solo de intentar hacer un repaso a todo lo que había pasado en la tarde sentía que se mareaba. Pero era un buen mareo, fruto de la excitación y de la emoción y de la felicidad que ahora mismo sentía.
Cuando creyó que estaba enamorado de Lydia tenía curiosidad por saber si el dolor de estómago que le daba cuando estaba con ella eran esas famosas mariposas de las que todo el mundo hablaba, o si se trataba más de los nervios y la tensión por estar cerca de una chica tan asombrosamente guapa e inteligente… Ahora tenía claro que no era nada de eso, o al menos no con la intensidad con la que lo estaba experimentando en esos momentos.
Porque había estado horas a solas con Derek. Le había pedido perdón por comportarse como un animal. Le había contado anécdotas de su familia. Y finalmente le había confesado que él era el ancla al que estaba intentando aferrarse para no seguir usando la rabia, porque él era la persona que le gustaba… Quien le hacía sentir bien y al que llegó a rechazar solo porque tenía miedo de que le pasara algo malo.
Había sido todo tan asombrosamente increíble que no entendía cómo podía ser real.
Estuvo tentado de llamar a Scott para decirle que él y Isaac tenían razón y que Derek le había confesado que le gustaba… Bueno, en realidad no había dicho en ningún momento las palabras "Stiles, me gustas"; pero sí le había besado… A él.
Stiles tuvo que darse un masaje en las mejillas porque de tanto sonreír ya le estaban empezando a doler.
Al final decidió no llamar. Sabía que como le llamara se pasaría la noche pegado al teléfono y empezaba a tener sueño, y por otro lado había sido sincero con Derek: aunque fuera con años de retraso con respecto a sus amigos, quería pasarse esa primera noche después del primer beso sin hacer nada más que contemplar el infinito y recordar una y otra vez el momento a cámara lenta, desgranando cada mísero detalle y pareciéndole cada vez aún más perfecto.
Así que tras quedarse unos buenos quince minutos en el coche, tratando de relajarse lo suficiente para no tener un accidente, emprendió el camino a casa.
Las luces estaban apagadas cuando llegó y se alegró enormemente de ello. Acababa de recordar que su padre creía que había salido con Parrish, quien le parecía mucho mejor alternativa que Derek, y no tenía ni la más remota idea de cómo iba a conseguir convencerle de que había habido un cambio de planes (que en realidad nunca hubo un Parrish de por medio) y que al que tenía que aceptar como novio para su hijo era al único candidato que había, pero que incumplía las tres reglas.
Stiles rezó porque la frase de "papá, le quiero" no hubiera pasado de moda y siguiera siendo tan efectiva y directa como lo parecía en las series de dramas adolescentes a las que se enganchó hace años.
Afortunadamente podría lidiar con aquello al día siguiente y esa noche dedicarse simplemente a volar en la nube de la que no pensaba bajarse en meses.
O eso creía hasta que llamaron a su móvil nada más entrar en casa.
Y resultó ser su padre llamando desde comisaría.
Stiles dejó las llaves en el recibidor. Respiró hondo un par de veces para tratar de parecer relajado y no un adolescente histérico y loco de contento, y por fin descolgó.
- Hola papá, ¿qué tal…?
- ¡Dónde demonios estás!
La pregunta de su padre, o más bien acusación, le dejó claro que el resto de la noche no iba a ser tan estupenda como lo había sido la tarde.
- Estoy en casa. Acabo de llegar.
- ¡Con quién!
- ¿Cómo que con quién? – trató de disimular pese a tener claro que no le estaba engañando.
- Hoy tenías esa cita. Y sé que no ha sido con Parrish. ¡Así que dime con quién demonios estás!
El tono de voz de su padre, cada vez más alto y casi diría desesperado, descolocó por completo a Stiles cuando dijo "demonios" dos veces en tres frases. Su padre nunca había sido de insultar y las pocas veces que lo hacía usaba palabras que ni siquiera podían considerarse insultos, pero con las que el tono en que las decía dejaba claro que no estaba bromeando.
El hecho de que le estuviera gritando y usando "sus palabrotas" cuando todavía estaba en ese momento de felicidad absoluta, no le hizo ninguna gracia.
- Oye, no creo que sea para ponerse así, ¿vale? Y en mi defensa fuiste tú el que…
- Stiles, me da igual que me hayas mentido… Es más, me alegro de que lo hayas hecho. Pero ahora necesito que me digas con quién estás.
Stiles no tenía claro cuál de las frases que había dicho era más desconcertante. Pero al menos ya no le estaba gritando, con lo que él también se relajó un poco.
- Estoy solo. Pero ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué estás tan nervioso?
Hubo unos segundos de silencio en los que Stiles pudo oír el ruido de cajones y puertas abriéndose de fondo.
- Sé quién es el Alpha.
El subidón de adrenalina llegó en el acto, y Stiles no pudo contenerse ni a la hora de moverse ni de hablar a toda velocidad.
- ¡Qué! ¿En serio? ¿Quién es? ¿Cómo lo has averiguado?
- Tenías razón. Él les conocía a todos. Es…
De repente todo fue silencio.
- ¿Papá? – Stiles comprobó que no se había quedado sin batería - ¡Papá!
Al seguir funcionando el móvil, marcó el número desde el que le había llamado su padre, pues no sería la primera vez que había cortado la llamada sin darse cuenta, a causa de lo mucho que se movía mientras hablaba.
Cuando los pitidos se sucedieron y nadie respondió, saltando incluso el contestador automático de la comisaría, probó con el móvil de su padre… Y cuando pasó exactamente lo mismo y nadie respondió, Stiles sintió que la adrenalina se transformaba en miedo.
Pero no queriendo dejarse llevar todavía por el pánico, repitió la operación varias veces, llamando tanto a la comisaría como al móvil de su padre.
El sonido de un teléfono sonando y sin que nadie contestara nunca antes le había parecido tan aterrador.
Debieron pasar diez minutos en los que Stiles sentía que el corazón le iba a salir del pecho, hasta que finalmente decidió pedir ayuda.
Mientras marcaba el nuevo número, contemplando su casa todavía en penumbra y sin haber tenido tiempo siquiera de quitarse la chaqueta, se preguntó cómo era posible que la noche hubiera pasado de ser la mejor de toda su vida a la más espantosa en cuestión de minutos.
Derek acababa de guardar el equipo de vídeo. No tenía sueño ni ningún otro plan (como venía siendo habitual en él desde que regresó a Beacon Hills), con lo que pensó en terminar de ver la película. Tras pensarlo un instante decidió que no, ya que esa película acababa de convertirse en "la película de Stiles y de Derek" y no tenía ningún sentido que la viera por su cuenta.
Aparte del hecho de que dudaba mucho fuera a ser capaz de concentrarse, pensando en el millón de cosas que habían ocurrido aquella tarde.
La sonrisa de felicidad que tenía en los labios era una que ya no recordaba cuándo lució por última vez, hasta el punto de que se quedó unos buenos cinco minutos mirándose en el espejo.
Y sí, era ridículo que él, un hombre hecho y derecho se contemplara en el espejo e incluso se tocara la cara para asegurarse de que esa sonrisa era real y no iba a desaparecer. Pero qué podía hacerle: era feliz. Era MUY feliz, y ya iba siendo hora de que disfrutara de esa sensación.
Esa felicidad absoluta, que tenía claro le iba a durar días, fue también la culpable de que, cuando sonó su móvil y vio que era Stiles, respondiera con lo primero que se le pasó por la cabeza, y que no era ni mucho menos su forma habitual de saludar.
- ¿Es que no puedes estar más de cinco minutos sin mi?
- ¡Derek!
El tono de voz de Stiles, de pánico absoluto, consiguió que la sonrisa desapareciera y se pusiera alerta en menos de un segundo.
- ¿Qué pasa?
Stiles tardó unos segundos en responder. Solo oyó su respiración agitada, lo que no contribuyó en absoluto a que la tensión de Derek desapareciera.
- Mi padre… Se ha llevado a mi padre.
- ¡Qué! – el corazón le dio un vuelco en el pecho - ¿Quién? ¿Dónde estás?
- No… No sé quién ha sido…
- ¿Dónde estás?
- En casa… - a medida que hablaba con Derek, Stiles era capaz de controlar mejor su respiración para hacerse entender, al tiempo que el miedo del hombre lobo no hacía más que aumentar - Acababa de llegar y me ha llamado mi padre… Me ha dicho que había averiguado quién era el Alpha y… De repente se ha cortado la llamada… - Derek pudo oír perfectamente cómo tragaba con dificultad desde el otro lado del teléfono - He intentado llamarle de nuevo. Al móvil y a comisaría, pero nadie responde.
- ¿Has llamado a alguien más?
- No…
Derek se obligó a pensar con calma y no dejarse llevar por el pánico, aunque tenía claro que ahora mismo lo único que le ayudaría a calmarse de verdad sería tener a Stiles allí con él.
- Está bien – trató de dar seguridad a sus palabras por el bien del adolescente - Cierra la puerta y no abras a nadie más hasta que yo llegue. Tardo cinco minutos.
En realidad tardó tres minutos en llegar, tras lo que rodeó la residencia Stilinski para asegurarse de que todas las puertas y ventanas estuvieran cerradas a cal y canto.
Una vez satisfecho con el resultado, llamó al timbre.
- ¡Stiles, soy yo! – gritó Derek para hacerse oír al otro lado de la puerta.
Un segundo después la puerta ya estaba abierta con un adolescente nervioso mirándole con desesperación.
- Gracias por venir… Nnno… No sabía qué más hacer y…
Derek odió más que nunca al destino que siempre se ponía en contra de él.
No podía ser que el adolescente del que se había despedido hacía menos de media hora y con el que había compartido una tarde llena de confidencias, bromas, temores y hasta un beso, fuera el mismo que ahora parecía un fantasma a causa de lo pálido que estaba, y con el corazón latiéndole tan rápido que no entendía cómo todavía no le había dado un infarto.
Así que Derek no se lo pensó y, aunque fuera la primera vez que hacía algo así con él… que hacía algo así con alguien en muchísimo tiempo, sin mediar palabra se acercó a él y le abrazó.
En realidad solo dejó los brazos abiertos para darle el espacio y tiempo que Stiles necesitara. Cuando Stiles terminó de apoyarse en su pecho y abrazó su cintura con fuerza, gimoteando con vergüenza, cerró los brazos en torno a la espalda del adolescente para terminar el abrazo. Y a medida que el temblor de Stiles aumentó lo hizo la fuerza de sus brazos, necesitando que sintiera su presencia allí con él.
- Todo va a salir bien – susurró en un momento en que el sollozo de Stiles se hubo calmado un poco - Averiguaremos quién ha sido y le traeremos de vuelta a casa.
Stiles se separó de la camiseta blanca mojada por las lágrimas. La misma camiseta que hacía unas horas le había parecido imponente y que ahora estaba usando como un paño de lágrimas.
- No puede haberle hecho daño ¿verdad? – miró a Derek a los ojos - No puede haber…
- Él estará bien – susurró con seguridad, limpiando sus lágrimas con el pulgar. Algo que había deseado hacer infinidad de veces, cada vez que le veía llorar, pero que nunca se había atrevido. Ahora, con su nueva posición adquirida desde hacía solo media hora, no iba a malgastar la ocasión de ofrecerle un poco de consuelo - Ya lo verás.
- Tienes que traerle a casa – Stiles agarró la camiseta con ambas manos - No puedo perderle. No puedo quedarme…
- Y no lo vas a hacer – colocó ambas manos en las mejillas húmedas de Stiles, apretándolas con la fuerza perfecta y clavando sus pupilas en las del chico - ¿Me oyes? No voy a permitir que nada malo le ocurra a tu padre.
La seguridad en las palabras de Derek consiguió que Stiles respirara hondo por primera vez desde que se cortó la llamada de su padre, y asintió levemente.
Justo en ese instante llamaron al timbre.
Antes de que Stiles pudiera reaccionar Derek ya estaba abriendo la puerta tras asegurarse de que Stiles estaba más calmado.
Encontrarse con Peter Hale no era lo que Stiles habría deseado, si bien estaba claro que Derek sí esperaba su visita.
- ¿Qué has averiguado? – preguntó el menor de los Hale sin preámbulos.
- La comisaría está desierta – Peter oyó el suspiro de angustia de Stiles. Se fijó en el adolescente que estaba tras Derek y que no se parecía en nada al chico que conocía.
Justo a su lado Derek hizo un imperceptible movimiento de cejas que le indicó a su tío que debía tener más cuidado. Y aunque Peter no tenía muy claro cómo se suponía que debía tener cuidado cuando lo único que estaba haciendo era dar las novedades que su propio sobrino le había ordenado, supuso que algo debía intentar vista la tensión que se palpaba en el ambiente.
- Todo estaba en orden – continuó - No había signos de lucha. Sea lo que sea que ocurrió, debió transcurrir con calma.
La respuesta satisfizo a Derek, quien tras asentir levemente a su tío, colocó una mano en el centro de la espalda de Stiles. Un gesto demasiado íntimo para el que Peter no estaba preparado, pero al que se acostumbró menos de un segundo después, cuando captó que el olor de Derek estaba impregnado del de Stiles, en señal de que habían estado juntos mucho tiempo.
"Ya era hora" pensó para sí, luchando por no sacar su sonrisilla de satisfacción que ahora no sería muy bien entendida.
- Ya he avisado a los demás para que recorran el pueblo. Isaac y Scott se pasarán por aquí para captar su olor – explicó Derek a Stiles - ¿Puedes traer algo de la habitación de tu padre que pueda servirles?
- Sí… Supongo que encontraré algo…
Era tan extraño ver a Stiles recibiendo órdenes en vez de darlas, y sobre todo que su voz fuera tan apagada y opuesta a la de siempre, que Derek tuvo que abogar a toda su fuerza de voluntad para seguir indicándole lo que debía hacer, cuando lo único que quería era crear un escudo con sus brazos y tenerle así para siempre.
- Y también deberíamos averiguar dónde están los ayudantes de tu padre, porque en la comisaría no había nadie. ¿No tenías una radio que podía captar la frecuencia de la policía?
- Sí. Está en mi habitación… - respondió sin mirarle siquiera, ya subiendo los escalones - Iré a por ella.
Los dos Hale vieron a Stiles subir las escaleras a un paso tan lento que no parecía él.
- Se le ve un poco apagado – comentó Peter tan pronto como oyó cerrarse la puerta de la habitación de Stiles – Menos mal que no le he enseñado esto – le mostró la placa de Sheriff que tenía en la mano – La encontré en el despacho de Stilinski. Tiene varias gotas de sangre.
- Ha sido el Alpha – explicó Derek con desagrado, no queriendo observar la placa dorada manchada - Stilinski consiguió averiguar quién era.
- ¿Y por un casual no compartió ese secreto antes de que se lo llevaran? Porque nos habría venido francamente bien.
Derek frunció el ceño.
- Deja de burlarte.
- Solo estaba haciendo un comentario.
Y eso debió ser lo peor que podía decir Peter, porque de pronto se vio acorralado entre la pared y un Derek Hale muy cabreado.
- Solo te lo diré una vez – dejó que sus ojos de Alpha brillaran - Todavía estoy intentando perdonarte por lo que le hiciste a Laura… Pero como me falles también en esto y el padre de Stiles acabe muerto, se acabó.
Peter solo se atrevió a hablar cuando Derek se apartó, habiéndole regalado un par de agujeros en su camiseta.
- Veo que ya tratas a Stiles como uno más de la familia… Incluso hueles a él.
- Peter…
- Haré todo lo posible – dijo muy serio y sin muestras de esa sonrisa burlona. Sabía que podía ser desesperante y la mayoría de las veces le encantaba crear esa sensación. Pero no cuando su sobrino, el único que le quedaba, le dejaba tan meridianamente claro que ahora lo único importante para él era Stiles y su seguridad - Tienes mi palabra.
Derek asintió pero sin mostrar demasiada confianza. Con Peter jamás podría volver a tener esa confianza del principio.
- ¿No está tardando demasiado tu chico?
Derek ya estaba preparando el rugido por el comentario de "tu chico" de Peter, cuando se dio cuenta de que tenía toda la razón: Stiles ya tendría que haber regresado.
Sin concederse un segundo subió las escaleras corriendo.
Al entrar en la habitación de Stiles lo encontró temblando en el suelo, acurrucado en la esquina del fondo entre la pared y la cama.
- ¡Stiles!
El grito no consiguió llamar la atención del adolescente, que en esos momentos tenía las manos apoyadas en la cama y la pared. Como si pensara que se le iban a caer encima e intentara sujetarlas.
Y si aquella imagen no era ya suficientemente desalentadora, Stiles estaba hablando en voz baja, en un murmullo constante pero del que Derek no podía identificar una sola palabra.
El hombre lobo se acercó con cuidado a él, arrodillándose a su lado.
- Hey… Mírame.
El susurro sí que consiguió que Stiles al menos le mirara. Pero seguía actuando como si las paredes le estuvieran robando el oxígeno y, ahora que le veía la cara, seguía llorando.
- El Alpha convirtió a cinco Omegas para que mataran al mayor número de personas – gimió Stiles - Matar a mi padre no le supondrá ningún problema.
- No digas eso…
- Podría estar muerto ya… - dijo angustiado - Tan solo necesitaría un segundo para cortarle el cuello y…
- No pienses eso – Derek alzó un poco más la voz – Stiles… – le sujetó de la barbilla cuando Stiles agachó la cabeza, obligándole a mirarle - Te he prometido que le salvaré. Y que le traeré de vuelta. Te he dado mi palabra.
- ¡Entonces por qué estas aquí en vez de ahí fuera, salvándole!
Derek no dejó que la rabia y el odio de Stiles le afectaran… No tanto como habría hecho en el pasado.
- No podemos hacer las cosas a lo loco, como hicimos al principio. Hay que pensar antes con calma o podríamos acabar en una trampa. Porque sea quien sea que haya hecho esto, lo tiene todo organizado y si ha secuestrado a tu padre ha sido por un motivo.
Poco a poco, gracias a que le estaba obligando a hablar y concentrarse en la conversación, el estado de nerviosismo de Stiles se fue calmando.
- Sigues sin saber quién es.
- Puede que sí sepamos algo… Cuando hablé con los Omegas, por si podía descubrir algo más, todos decían no recordar nada, pero Cameron dijo algo que me llamó la atención: Cuando hablaba de la persona que le convirtió, en un momento dado se refirió a él como su superior…
- ¿Y eso qué importa?
- Que no habló de él como el Alpha o como un desconocido que le secuestró, sino como alguien que estaba por encima de él en la cadena de mando. Esa es una manera de hablar de los militares… Fuera quien fuese que hizo eso, también es militar.
Las dos últimas palabras de Derek dejaron congelado a Stiles.
Tan congelado que ni siquiera fue consciente de que en ese momento entraban Isaac y Scott en la habitación.
Al ver a tanta gente allí metida, y sobre todo tanta gente en silencio, los dos jóvenes lobos se miraron el uno al otro sin entender nada.
- ¿Qué pasa? ¿A qué estamos esperando?
Stiles se levantó del suelo con la mirada perdida.
- Es Parrish – dijo a nadie en concreto.
- ¿Qué? – preguntó Derek.
- ¿Quién es Parrish? – preguntó a su vez Peter, con más curiosidad que sorpresa.
- Parrish es el Alpha.
El silencio que siguió a la declaración de Stiles, y donde no había dudas de que estaba convencido de lo que decía, sirvió para que el resto de presentes se miraran entre sí con curiosidad.
- ¿Cómo estás tan seguro? – Scott fue el primero en preguntar.
- Cuando mi padre me llamó estaba preocupado... pero por mí – explicó, sabiendo que era lo más evidente del mundo y él un idiota porque no se se hubiera dado cuenta antes – Creí que estaba enfadado porque sabía que no había quedado con Parrish y que le había mentido. Pero entonces me dijo que se alegraba de que le hubiera mentido… Porque sabía quién era el Alpha…
- ¿Y crees que es Parrish?
- Parrish era militar – le dijo esta vez a Derek - Y desde comisaría tenía acceso a toda la información de Megan, Cameron y los demás… Sabía dónde vivían y cuándo o dónde podría secuestrarles… Y haciendo sus rondas por el pueblo, podría averiguar quién necesitaba ayuda… Quién se merecía otra oportunidad - se mojó los labios, tratando de recuperar la respiración - Es él, Derek. Es Parrish.
Derek no respondió. Solo por su seguridad y el hecho de que era Stiles el que lo estaba diciendo, tenía claro que decía la verdad… Por mucho que fuera la primera noticia que tenía de que el Alpha, aparentemente, convirtió a los hombres lobo no para atacar al pueblo, sino para ayudarles…
Pero ahora que por fin tenía al responsable, empezó a repasar todo lo que había ocurrido desde el primer secuestro… y todo terminó de cobrar sentido.
- ¿Por qué querría hacer Parrish todo esto? - preguntó Scott - Y cuando le vi en el hospital no capté nada extraño en él.
- Si es lo suficientemente fuerte puede disfrazar su olor de Alpha… - explicó Derek, tras lo que colocó ambas manos sobre los hombros de Stiles - Si tienes razón, no le habrá hecho nada a tu padre.
- ¿Por qué no? ¿Cómo estás tan seguro?
El gesto de Derek, indescifrable para el resto del mundo, consiguió que Stiles se calmara un poco. Aunque fuera un gesto serio, con los labios apretados a más no poder y un leve brillo rojizo en sus irises, también era un gesto de control y de saber perfectamente lo que tenía que hacer ahora.
- Porque no es a él a quien quiere.
