Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo dieciséis
La Jungla se va de Campamento
"El asesinato, como el talento, ocasionalmente corre en la familia." ~George Henry
BELLA
—Se encuentran emocionados —comentó Carlisle mientras observábamos a los aviones que nos llevarían a Forks. Los hombres estaban frenéticos mientras tomaban su equipamiento y se dirigían a los jets. Los que no volaban con nosotros ya habían salido la noche anterior en coche junto a Seth y deberían estar allí para cuando lleguemos.
—¿Cómo un lugar llamado Cucharas puede ser emocionante? —Frunció el ceño Rose, de brazos cruzados como si no fuera más que una niña. Era algo gracioso… No sabía que las Barbies podían doblar sus brazos.
—Forks —la corrigió Alice mientras Angela se encontraba a su lado. Tenía curiosidad por ver lo que pasaría durante la semana que no estoy.
—El utensilio que sea, mi punto es el mismo. —Rose puso los ojos en blanco.
Esme sonrió, aplaudiendo feliz.
—Bueno, estoy emocionada por ustedes, chicos. Siempre quise mandarlos de campamento. ¡Tomen fotos!
—No es ese tipo de campamento. —Sonrió Edward, besando a su madre en la mejilla antes de tomar su bolso.
—De hecho, si lo es —respondí mientras Jacob me alcanzaba mi nuevo iPhone—. Yo solo voy de chaperona para asegurarme que no se descontrolen.
—¿De chaperona? —preguntó Jasper—. ¿Qué piensas que puede pasar?
Volviéndome hacia Jacob, lo miré expectante. Él tosió intentando no sonreír.
—El año pasado, algunos de los locos de las navajas capturaron a cinco o seis zorrillos y los soltaron en las cabañas de los francotiradores. —Sonrió rápidamente antes de ponerse serio otra vez.
—¿Y? —Presioné.
Bajó su cabeza.
—Y luego los francotiradores cubrieron sus cabañas de miel y hormigas rojas.
—Entonces los hackers fueron hackeados y sus computadoras las llenaron de porno gay. También cambiaron sus ratones normales por unos en forma de consoladores. Los hackers en respuesta les pusieron laxantes. Si no los hubiera interrumpido, uno de ellos hubiera muerto. —Sonreí cuando Esme se sonrojó.
—Por Dios, ¿qué hay en el menú este año? —me preguntó Emmett, asombrado. Podía ver la emoción crecer en sus ojos.
Jacob sonrió, pero no contestó antes de caminar hacia el avión.
—Solo espera, vas a estar feliz de ser un francotirador para cuando termine esta semana. —Sonrió también Ben, lanzándole un paquete de tabaco.
Carlisle lucía desesperado y yo también lo estaría si tuviese que pasar tiempo con las "mujeres".
—Bella, ¿estás…?
—No, Carlisle —dijimos Esme y yo al mismo tiempo. Ella me miró y sonrió con satisfacción.
—Esto suena estúpido —declaró Rose con su nariz tan en alto que un pájaro podría hacer un nido allí—. Emmett…
—Emmett trabaja para mí… para nosotros. —Espeté cuando Edward me fulminó con la mirada—. Esto es parte del trabajo. Si no te gusta, qué mal. Pero si realmente estás preocupada, personalmente me voy a asegurar que no se convierta en un pirata anal.
Sus mandíbulas se abrieron en asombro y Edward quiso decir algo, pero cerró su boca sonriendo para sí mismo. Dedicándole una mirada a Angela, me giré hacia el avión. En una hora estaremos de campamento y no voy a tener que lidiar con ser una "Cullen" por una semana.
Cuando puse pie en el jet, todos dejaron de hablar y se me quedaron mirando.
—Continúen. —No tenía nada que decirles. Sentándome, noté a Eric con un yeso en su pierna. Se encontró con mi mirada y solo sonreí, obligándolo a apartar su vista.
Jacob se acercó a mí—sin sentarse, ya que perdió ese derecho—, en sus manos había un archivo que no había visto antes. Casi quise sonreírle… información era la llave para volver a tener mi confianza.
—¿Si, Jacob? —pregunté mientras Mike, el idiota tartamudo, me alcanzaba una copa de vino antes de servirle al resto del avión.
—Sé que no le gustan las disculpas…
—Gastas palabras, Jacob —respondí antes de tomar un trago.
Él asintió.
—Mantuve vigilado a Aro y encontré algo, pero no lo pude confirmar todavía.
Odiaba información sin confirmar… suelen llevarnos a nada. Sin embargo, él sabía eso así que lo que fuera que tenga era demasiado grande para que le prestemos atención, fuera verdad o no. Echando un vistazo al avión, solo vi a Emmett.
—Espera a que Edward tome asiento y puedes unírtenos —contesté. Observé el shock en sus ojos antes de asentir.
No tuvo que esperar mucho, ya que un segundo después, Edward subió a bordo con Jasper detrás de él. Edward se mostró casi enojado al verme, y me estaba haciendo enojar. Quería dispararle en su puta cara. Estúpido bastardo emocional. Si quería ser Sr. Frío y actuar como un Imbecilward, que lo sea. La cabina se quedó en silencio otra vez.
—Si alguien me hace una broma, les cortaré las manos y haré que se las coman. Siéntanse libres de hacer llegar eso porque lo digo en serio. —Fue su mensaje. Ni siquiera tenía que aclarar que no estaba bromeando. El veneno y hielo en su voz prometía más que la pérdida de una mano: la muerte.
Todos asintieron antes de seguir charlando entre ellos. Edward caminó hacia donde estaba, deteniéndose para observar—y fulminar con la mirada—a Jacob.
—¿No lo echaste? —me preguntó.
—Los líderes no echan, establece un mal precedente. En cambio, los matamos.
En ese momento, vi a sus labios temblar en una sonrisa antes de desaparecer otra vez. Asintió, colocando su bolso en el compartimiento encima de su cabeza antes de sentarse.
—¿Por qué no está muerto entonces? —preguntó, sacando brandy de su bolsillo. Era tremendo borracho.
—Puede que tenga información sobre Aro —contesté, tomando un trago. Edward levantó la mirada, esperando que Jacob hable, pero antes de poder hacerlo, Jinx encendió el avión.
—Siéntate, Jacob. —Asentí hacia la silla frente a mí, y al lado de Edward.
Él estuvo muy feliz de hacerlo, y respetaba que estuviera trabajando duro para asegurarse que no tenga que volver a ponerlo en su lugar.
—¿Dijiste que puede que tenga algo de información? —preguntó Edward, mientras Jacob extraía lo que parecía ser cartas en código y en ruso.
—No he sido capaz de descifrarlas a todas —respondió Jacob rápidamente—. Sin embargo, puedo decir que este es el paso dos de Aro.
—¿Cuál fue el paso uno? —pregunté, tomando los papeles.
—Alexei Rozhkov —contestó, sacando la foto del viejo jefe de la mafia rusa con una cicatriz en su cuello. Alguna valiente alma se había metido en su habitación y le cortó el cuello, pero el bastardo seguía vivo. Él era uno de los hombres más poderosos, junto con Charlie y Carlisle. "Era" siendo la palabra correcta.
—¿Tu gente lo mató? —le pregunté a Edward.
Negó con la cabeza.
—Carlisle había estado despedazando su imperio por años. Luego Jasper robó el resto de su fortuna, por lo que básicamente quedó deteriorado. Sus hombres lo abandonaron, perdió sus casas… todo, y mi padre quería matarlo, pero pensé que sería mejor hacerlo vivir en la pocilga que creó. Todo lo que tenía era su precioso diamante rojo de catorce millones de dólares. El cual pensé que era un rumor hasta que me enteré que alguien lo robó.
Jacob me miró, sonriendo disimuladamente, y yo solo tomé un trago. Toda la cabina quedó en silencio mientras todos nuestros hombres, los de Edward y los míos, me observaban. Mis hombres solo sonreían orgullosos, pero Edward me miraba sorprendido. ¿De qué carajo se sorprendían? Como si robar una joya fuese lo peor que he hecho.
—Tú lo robaste —dijo Jasper mientras que Emmett negaba con la cabeza. Parecía estar celoso.
—Necesitaba un nuevo posavasos —respondí. No era gran cosa. Edward se quedó callado, solo se echó hacia atrás en su asiento y frunció el ceño hacia la ventana.
—¿Cuántos años tenías? —preguntó Emmett, echándose hacia atrás también, como si fuera a contarle un cuento antes de dormir.
—Fue el fin de semana antes de mi cumpleaños número dieciocho. Quería conseguirme algo bueno, así que hice lo que tenía que hacer y se lo robé de su casa secreta en el norte de Rusia… Aunque no era muy secreto. —No fue lo más fácil del mundo, pero lo hice.
—Ella solo se tardó tres minutos —añadió Jacob—. Un minuto para entrar. Un minuto para romperle el cuello a tres hombres, treinta y nueve segundos para tomar la joya, y once segundos para salir.
—¿Qué pasó con los diez segundos restantes? —preguntó Jasper.
—Los últimos diez segundos los usó para prender fuego la casa —añadió Jinx por el intercomunicador, haciéndome sonreír. Él debería saberlo, ya que me fue a buscar.
EDWARD
¡¿Me estás jodiendo?! ¿En serio? A los diecisiete, me encontraba en segundo año de la universidad, tratando de superar mi torpeza, mientras que ella hacia volar casas y robaba joyas extrañas. Charlie no tenía tres ángeles, la tenía a ella.
Pinchándome el puente de la nariz, me volví hacia Jacob.
—¿Esto que tiene que ver con Aro?
El idiota se encontraba ocupado recordando felizmente el pasado que casi se olvidaba por qué hablábamos de esto.
Jasper sacó una foto de una pelirroja.
—Conoce a la mujer formalmente conocida como Victoria Rozhkov.
—¿Tenía una hija? —inquirí, pero mientras más miraba la foto, más podía ver el parecido.
—¿Formalmente? —le preguntó Bella mientras fulminaba con la mirada a la pelirroja de la foto.
—Para el final de esta noche, será Victoria Volturi —contestó y ambos, Bella y yo, bajamos nuestros tragos.
—¿Qué rayos? —dijimos Bella y yo al mismo tiempo.
—Por lo que encontré, el hombre que le abrió la garganta al viejo Rozhkov fue Aro cuando se hacía camino en el poder. Buscaba que Victoria se case con James, pero el viejo no quería. Fue entonces que acudió a Charlie, pero fue rechazado otra vez. Así que Aro dio un paso atrás, para dejar que la familia de ustedes destruya a Rozhkov. Pero como lo dejaron vivir, Aro volvió y lo mató, no sin antes torturarlo para sacarle todos sus secretos. Es por eso que la mayoría del Este está bajo su mando. Los unió después de la caída de Rozhkov —explicó Jacob rápidamente mientras examinaba los papeles.
—Entonces, ¿por qué necesita a esta Victoria? —pregunté. Él ya tenía poder; la chica parecía ser inútil.
—Porque son extranjeros —susurró Bella, y podía verla conectar todos los datos en su mente—. Aro y sus hermanos vinieron de Italia, de donde mi padre los echó. Los rusos odian los extranjeros. Esta Victoria es un peón.
Tenía sentido.
—¿Ella lo sabe?
Él asintió y frunció el ceño.
—Ella es la que dio la ubicación de tu padre a Aro. Al parecer, ella extraña el poder… estas cartas encriptadas son de ella. Al principio pensé que eran quejas de una mujer loca…
—Hoy es el día —leí la carta, la cual tenía pésima gramática, incluso en ruso—. Hoy es el día en que tomo mi debido lugar en el trono. Mi padre fue un idiota y lo perdió todo. Él no supo como jugar el juego. Pero yo sí. He pasado años planeando mi venganza y ahora con el poder de James, con el poder de los Volturi, seré reina. Cubriré la tierra con la sangre de mis enemigos. Comenzando con el Puto Irlandés y la Zorra Italiana.
—Tiene fecha de hoy —añadí mientras se la alcanzaba. Sabía que no podría leerla, pero parecía lista para quitármela de las manos.
—Así que es una loca de mierda. Dame una ubicación y la mataré ahora, sea verdad o no. —Bella miró con ira al papel. Si no tenía cuidado iba a prenderlo fuego.
—No tengo una. Estas cartas fueron tomadas de su correo. Sin embargo, saltan de ocho países diferentes.
—¿Qué te hace pensar que esto es real? —le pregunté. Dijo que no lo había confirmado todavía, y a pesar de lo mucho que parecía verdadero, podría ser una mentira.
—Como fue ordenado, se dio a conocer la notica de la muerte de Charlie. Por eso, James volvió a Rusia. Pero no fue solo él el que volvió a casa. Todos los Volturi volvieron. La mayoría de ellos están dispersos en Moscú. Pero se mantienen cerca del Hotel Volturi, donde el único que se aloja es un V. R. V. —explicó Jacob y todo lo que quería hacer es romperle la cabeza. La desventaja de manejar un imperio era la falta de vacaciones. Esperaba con ansias este campamento.
—Cuéntame sobre V. R. V., personalmente —demandó Bella suavemente mientras observaba la foto.
—Victoria Rozhkov, veintitrés años, nacida en Stavropol, Rusia de una prostituta. Su padre básicamente no quiso saber nada de ella, por lo que pude encontrar. Él tenía otros dos hijos varones, por lo que supongo que a ella no le gustó ser tratada como de segunda clase, así que los mató a los dieciséis. Esto llamó la atención de su padre, y la convirtió en su heredera. Ha sido una clase de viuda negra, pero no necesita casarse con ellos para arruinarles la vida. Ella está entrenada en combate mano a mano, aprendió sola a volar todo lo que se pueda, y puede hablar italiano, irlandés, francés, inglés, y ruso. Es frívola y despiadada. —Terminó Jacob, y hacia el final de esta biografía miró directamente hacia Bella.
Por fuera, ella parecía calmada y relajada, pero por dentro podía ver a la leona intentando escapar de su jaula con las garras.
—Jacob, déjanos —le ordené y no dudó en moverse hacia el frente de la cabina.
La observé a los ojos, escaneándolos rápidamente antes de ponerme de pie. Terminó el resto de su bebida antes de pararse junto a mí. Ambos caminamos hacia la habitación privada al fondo del avión sin hablar.
Al momento que cerré la puerta, ella tomó aire profundo e intento quedarse quieta por un segundo, pero no pudo.
—Quiero su cabeza en bandeja —siseó. Sus ojos comenzaban a oscurecerse.
No estuve seguro de por qué, pero sonreí.
—¿Es por celos? ¿Estás enojada de que esta mujer está al mismo nivel que tú?
En un segundo, un cuchillo voló hacia mi rostro, dándome solo un segundo para reaccionar y apartarme del camino mientras se enterraba en la puerta.
—Nadie está a mi nivel —rugió. Dando un paso hacia adelante, sonreí.
—Mató a sus hermanos.
—Medio hermanos no cuentan; yo también los mataría si se metieran en mi camino —contestó.
—Ella traicionó a su padre —le recordé mientras me ubicaba a centímetros de su rostro.
Ella me miró con odio, observando mi rostro.
—Su padre es una perra sin honor y sin carácter. Yo lo hubiera matado primero.
Apartando su cabello, llevé mis labios hacia los suyos.
—Entonces, ¿por qué estás tan molesta?
—Porque leí el resto de la carta —susurró, apartando mi mano.
—Tú no sabes ruso. —La observé, confundido.
—Puede que no sepa hablarlo, pero puedo leerlo bastante bien. —Tomó aire profundo—. Creo que dijo que yo no era nada más que una sin clase, insensible zorra, hija de una puta. Ella sabía que mis padres estaban separados y también que mi madre estaba teniendo un romance con su guardaespaldas, Philip. Que debería haber sido quemada viva en ese avión. La única forma de que pudiera saber eso es si estuvo con James y Aro. Así que quiero su cabeza en bandeja.
Cada vez que pensaba que la conocía, encontraba algo nuevo. Cuando le di esa carta honestamente no pensé que fuera capaz de leerla. La había leído por encima y me detuve cuando me di cuenta hacia donde se encaminaba.
—Entonces tendrás su cabeza en bandeja —respondí—. Sin embargo, tendrá que ser la semana que viene. Los hombres necesitan esto. Mantendremos a Jacob, Jasper, y los demás hackers pendiente de lo que hagan.
Asintió y me volví para irme, cuando tomó de mi brazo. Estando frente a ella, la vi abrir y cerrar la boca dos veces antes de dejar caer su brazo y dar un paso hacia atrás.
—No sé cómo hacer esto, Edward —comentó, cruzándose de brazos—. No sé cómo ser abierta. No soy ese tipo de persona.
—Mentiras. —Me reí, haciendo que me mirara a los ojos—. ¿No sabes? ¿O no quieres saber? Puedes hablar Dios sabe cuántos idiomas; eres una experta peleadora, tiradora, y manipuladora. Si hay algo que quieres o necesitas saber, te obligas a aprenderlo. Te comprometes a sudor y sangre. Harías eso por todo, menos por mí. Así que no intentes esa excusa conmigo. Te conozco demasiado bien.
—¡Lo estoy intentando! ¡Te encuentras más cerca de mí que cualquier otra persona, Edward! —me gritó y por dentro sonreí, pero la iba a presionar por más.
—Eso sería suficiente si no fuese porque todos los demás están muertos. —Se quedó quieta ante mis palabras y supe que toqué un nervio.
Me acerqué a ella y besé su frente.
—Yo. Soy. Todo. Lo. Que. Tienes. Así como tú eres todo lo que tengo. A la mierda con Jasper, Emmett, Rose, Alice, incluso mis padres. Mi familia y mi lealtad comienzan contigo y solo contigo. Mientras más rápido te des cuenta de eso, más rápido podemos volver a perdernos el uno en el otro y así poder matar quienes se nos enfrenten.
Ella no dijo nada, apartando su mirada, por lo que me di vuelta para irme. No me detuvo… porque ella era mi Bella. Jodidamente terca. Podía decírselo miles de veces, pero necesitaba que ella se diera cuenta por si misma. Ya quería que llegara mañana… así entonces podía cojerla por toda la frustración que me causaba.
BELLA
Una vez que se fue, me recosté intentando no pensar, pero fracasé.
Yo. Soy. Todo. Lo. Que. Tienes.
Su voz sonaba en mi cabeza mientras intentaba quitarla. No entendía por qué no podía ser feliz con sexo. Estaba dispuesta a tener sexo. Quería tener sexo. Sin embargo, en vez de un rapidito, me encontraba sola en la cama. Mi mente se encontraba confundida. Él me ponía así. Debería estar pensando en las formas que mataría a James y Victoria, pero en cambio, estaba pensando en él… maldito irlandés sexy.
Sintiendo aterrizar mi avión, me puse de pie, arreglándome antes de salir. Ni me molesté en mirar a Edward; en cambio, tomé mis cosas y bajé del avión. Ni bien salí, tomé aire profundo y sonreí. Amaba Forks. Era pequeño, tranquilo, y verde. Solía odiarlo, pero ahora los árboles me transmitían paz. La naturaleza era lo único que tenía sentido.
Frente al avión se encontraban varios Jeeps esperándonos para llevarnos al campamento. Caminé directo hacia Seth y él ya sabía que no tenía que preguntar. En cambio, me lanzó las llaves. Eché un vistazo hacia Edward, que me fulminaba con la mirada, antes de irme de allí. Aun así, por el espejo retrovisor, vi como comenzó a correr más rápido de lo que he visto correr a un hombre jamás y saltó en la parte trasera de la camioneta con facilidad.
Me sonrió satisfecho antes de volverse hacia los hombres con su puño en alto. Ellos lo aplaudieron como si fuera algo especial…
—¡El campamento Cullen comienza ahora! —gritó.
Al parecer si era especial… un idiota especial. Me sentía tentada a girar bruscamente y mandarlo a volar hacia los árboles, pero se metió al frente conmigo.
—Si hubiese querido conducir contigo, te hubiera esperado —espeté mientras él observaba el pequeño pueblo.
—¿Por qué Forks? —preguntó, ignorándome por completo—. Este es un buen momento para ser abierto, Isabella, ¿o eso solo ocurre después del sexo? —añadió cuando no contesté, sin molestarse en mirarme.
Pisando el pedal, tomé un camino escondido y hacia una carretera abandonada en el medio del bosque.
—Fui a la universidad comunitaria aquí. Es pequeño y desconocido. Forks es el lugar al que vas cuando no quieres que te encuentren —respondí, girando a la izquierda cerca de la orilla del rio.
—¿Fuiste a la universidad comunitaria? —preguntó sorprendido. Por supuesto que lo estaba. Era un niño rico de Chicago. Yo también era rica, pero nunca fui una niña.
—Si, y estoy orgullosa. Solo porque tenemos dinero no quiere decir que quería gastarlo en una universidad sofisticada, estudiando una carrera que no elegí. Ni tampoco quería lidiar con todas esas personas falsas que caminaban por los pasillos. Conocí a Angela aquí, de hecho. —Era mi primer año y ella lucía nerviosa. Sin embargo, vi lo que ella podía hacer una noche después que unos chicos estaban siendo un poco molestos.
—No querías ir con ese tipo de personas porque querías ser la única en la sala —declaró, haciendo que pisara los frenos y él se sacudiera hacia adelante.
—Ni si quiera haces que quiera intentarlo. ¿Siento lujuria hacia ti? Sí. Cualquier mujer heterosexual lo sentiría. ¿Te encuentro atractivo e inteligente? Otra vez, sí, y sí. Pero eres demasiado orgulloso, arrogante, posesivo, y machista. Crees que me ves como tu par, pero no es así. Eres prepotente, molesto, y a veces infantil. Me haces enojar. Firmé un contrato; iba a intentarlo, pero luego vienes hacia mí como un animal. Me faltas el respeto. Intentas hacerme ver como una idiota. Me insultas. Y ahora crees que puedes demandar mi amor. ¿Crees que puedes obligarme a amarte porque estás siendo un cretino? Me importa un carajo. Así que púdrete, Edward Cullen. Yo. Soy. Todo. Lo. Que. Tengo. —Me quedó mirando impactado, mientras me sacaba el cinturón de seguridad y salía hacia el bosque.
Tomando mi bolso de detrás de mi asiento, caminé por la colina por mi cuenta.
EDWARD
La observé alejarse en shock, justo antes que sintiera dolor. Solo podía ver todo rojo cuando salté de la camioneta. No me detuve hasta estar detrás de ella. Tomándola del brazo, la atraje hacia atrás y la empujé contra un árbol.
—Si, soy arrogante, molesto, e infantil a veces. ¡Pero es porque estoy cansado de estar solo!
Me detuve, pestañando un par de veces antes de alejarme de ella. No quise decir eso. Mierda. Realmente no planeaba decir eso. Quería tomar todas las palabras y devolverlas a mi boca, pero era demasiado tarde. Lo que se dijo no se podía revocar.
—Edw…
—Estoy cansado de estar solo y sé que tú también lo estás, incluso si no lo admites. Solo quiero saltearme esta parte. —Suspiré, mirándola una vez más antes de caminar hacia el bosque.
No tenía idea a dónde iba, solo que necesitaba alejarme de ella. Si no lo hacía, iba a decir algo que arruinaría todo. De alguna forma, mi caminata me llevó hacia un prado de flores de lavanda. Todas parecían tan suaves que me quité la chaqueta y me recosté. ¿Todos los días de mi vida iban a ser una batalla? Suspirando, me permití mirar al cielo que oscurecía. Al ser una rata de ciudad, nunca había visto tantas estrellas en el cielo. No estaba seguro de qué era, pero de repente me sentí dormir.
Iría al campamento en la mañana. Ahora mismo quería dormir en este pedazo de paz. Asegurándome que mi arma y cuchillo estén cerca, me permití relajarme.
BELLA
—¿Volvió en algún momento? —le pregunté a Seth mientras miraba por la ventana de la cabaña. El sol comenzaba a salir y yo no me había movido desde que me di cuenta que no llegó al campamento. Habrán pasado al menos nueve horas de eso.
—No, señora. ¿Está segura que no quiere que alguien vaya en busca de él? —preguntó, preocupado por mi cordura.
¡Estoy cansado de estar solo! Sus palabras hacían eco en mi mente, y durante toda la noche no pude callarlas. Tenía este presentimiento que algo iba a pasar. Mi instinto me decía que algo iba a pasar, pero no estaba segura de qué todavía.
—¿Señora? —me volvió a preguntar Seth.
—No, discutimos. Ya volverá.
—¿Debería hacérselo saber a los hombres? —indagó y me giré hacia él, fulminándolo con la mirada. Los hombres estaban acomodándose bien.
Todos ya estaban haciendo lo que se suponía que deberían hacer: relajarse, comer, y entrenar. No necesitaban del drama de Bella y Edward ahora.
—Señora, volvió. —Señaló Seth y seguí su mano hacia el hombre luchando para sacarse flores de encima mientras se asomaba por entre los árboles. El idiota se quedó dormido en el bosque. Pero esto era Forks. Se encontraba bien, nada pasa aquí. Poniendo los ojos en blanco hacia él, me di vuelta justo cuando sonó un disparo. Había escuchado disparos toda la noche y toda la mañana, pero este me hizo detener. Todo mi cabello se erizó.
EDWARD
Mierda, me duele la espalda. Gemí mientras caminaba hacia el ruido. Una parte de mí se encontraba confundida y cansada, que deseaba haberme quedado durmiendo. Si no fuera por el maldito sol, hubiese dormido allí todo el día.
Llegando al campamento, miré alrededor hacia las cabañas que se ubicaban en lo profundo del bosque. Mi Bella sí que sabía cómo elegir un lugar para vacacionar. Varios hombres me sonreían con humor y fue allí que me di cuenta que estaba cubierto en flores. Suspirando, me sacudí rápidamente antes de intentar seguir caminando… Siendo la palabra clave intentar.
Pasó tan rápido que no tuve tiempo ni de parpadear. Mi cuerpo fue lanzado hacia atrás ante la fuerza de la bala al chocar con mi pecho. No podía gritar. No podía ni respirar. Todo lo que sentía era dolor.
¡Rayos, Emmett!
Mi cuerpo comenzó a temblar mientras se desataba el caos a mi alrededor. Eric se encontraba a mi lado en un instante antes que se escuchara un grito.
—¡EDWARD!
Esa era la voz de un ángel… mi ángel. Ella apartó a Eric lejos de mí antes de caerse de rodillas a mi lado. Lucía tan hermosa. Levanté una mano para tocar su rostro, pero cuando lo hice, todo lo que podía ver era la sangre en mis manos… mi sangre en mis manos.
Bella colocó una mano en mi mejilla y la otra aferró mis manos.
—Vas a estar bien —susurró—. Lo juro, vas a estar bien.
Comenzaba a verla borrosa mientras que el dolor tomaba poder. En el fondo de mi mente, podía sentir como rompían mi camisa. Pero en el frente de mi mente, todo lo que podía ver era ella. Se encontraba preocupada, asustada, y preocupada mientras se aferraba a mí. Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.
—No estás solo, Edward —susurró y supe que ese dolor, el ardor en mi pecho, valía la pena. Esto valía la pena.
Sentí un poco de felicidad al ver el pánico en sus ojos mientras los míos se cerraban. Media parte de mí se sentía mal por hacerle sentir dolor; la otra mitad sabía que nosotros, como humanos, a veces aprendíamos las mejores lecciones con dolor.
Jaque mate.
