El Lunes nadie se levantó temprano.
Los tres niños durmieron con Hermione.
Hermione mandó una lechuza a San Mungo.
Ellos la excusaron de ir por esa semana para atender a Scorpius.
Draco se sentía culpable de no haber visto que su hijo se sentía mal y mas por haber expuesto a Hermione.
Ella era su futuro y el de su hijo.
Através de los años en Hogwarts se había enamorado de ella, sin embargo, su padre no le perdonaría jamás tal ofensa.
Al termino de la guerra se casó con Astoria porque ya habían hecho un contrato pero jamas la quiso.
En silencio siguió amando a Hermione.
Hasta que Astoria descubrió su secreto.
Entonces lo torturaba cada que podía y cuando Scorpius nació ella se deslindó de todo. Le había dado el heredero requerido y se fué a viajar por el mundo. No estuvo presente hasta que enfermó y Draco tuvo que cuidarla protegiendo a su hijo.
Ahora tenía la oportunidad de tener a Hermione con esa ley y por Merlín lo iba a disfrutar.
Hermione había resultado una madre amorosa. Entendía porque Potter y Weasley siempre la protegían.
– Draco...– Hermione interrumpió sus pensamientos.
– Buenos días, pedí el desayuno– Draco se levantó.
– Gracias, los niños aún no despiertan, ni siquiera cuando le cambié el pañal a Scorpius.
Draco le sacó la silla y abrió las bandejas de comida. Tenían un hechizo para conservarla caliente.
– Harry y Viktor se fueron al trabajo.
– Y tú?
– Hoy me quedaré aquí.
Hermione sonrió de lado.
– Siento mucho haberte expuesto– Draco soltó.
– No es tu culpa ni de Scorpius.
Draco suspiró– fuí a ver a mi padre a Azkaban, cuando te pedí que cuidaras de mi hijo.
Hermione se tensó.
– Él ha estado enfermo y quería verme.
– Lo entiendo.
– No quería ir, pero ya me habían mandado tres avisos.
– Esta bien?
Draco negó– creo que no lo estará.
– Lo siento mucho Draco– Hermione se levantó y lo abrazó.
Draco rodeó su cintura con sus manos, se sentía reconfortado.
– Mami, papi– Scorpius corrió hacia ellos.
Hermione lo tomó en brazos y besó sus mejillas– mi precioso bebé rubio. Te sientes mejor?
Scorpius asintió efusivamente.
– Bueno, hoy solo desayunarás frutas.
Scorpius hizo una mueca.
– Oh no jovencito, no hagas caras, te comerás todo– Draco casi se rie.
– Mami, papi no no.
Hermione lo abrazó cariñosamente– las frutas son deliciosas, has comido las fresas?
Scorpius sacó la lengua.
– Uvas?
Scorpius negó.
– Mmm, te gusta el melón?
– Mami, pan yo.
– Puedes comer pan tostado y gelatina.
Scorpius sonrió.
Draco llamó a un elfo y pidió pan tostado y gelatina.
Los tres desayunaron en armoniosa familiaridad.
Draco de vez en cuando se le quedaba mirando a Hermione.
La maldita epidemia se la había puesto para esposa. Agradeció por que ella no hubiera enfermado y muerto.
Su risa calmaba a Draco de sus tormentos interiores mas que el Whisky de fuego que tomaba todos los días.
Su madre antes de morir le había hecho prometer que buscaría a esa único amor.
Sonrió. Ese único amor lo encontró primero.
