Nada ha mejorado.

Tres días… Han sido tres malditos días en los que no ha sabido absolutamente nada de Anna.

Luego de la charla que tuvo con Bella, creyó que todo estaría mejor; que el destino estaría de su lado por primera vez y que todo saldría bien después de tanto tiempo.

Pero al llegar a la última hora y no ver rastros de la pelirroja, su preocupación comenzó a empeorar. Bella ha demostrado no solo haber dicho la verdad sobre sus intenciones, sino también ser una forma de liberar las preocupaciones que no sabía tenía almacenadas.

El saber que ella no la criticaba y la aconsejaba con que hacer, era realmente un bálsamo en su alma. No le había contado demasiado, aún no sabiendo si realmente confiar en ella, pero sabía lo superficial para poder dar una opinión concisa a su dilema.

Llegando al mismo pensamiento que siempre rondaba su mente: hablar con su abogado y concluir con el matrimonio. Ya no era cuestión de hacerlo o no; desde hace mucho se había pasado esa etapa de duda, ya era cuestión de cuándo.

El jueves llegó como siempre, con la misma rutina que había estado teniendo: levantarse, arreglarse, preparar un desayuno rápido y llegar a la escuela a tiempo.

Todo parecía normal mientras daba la segunda clase, pero esa tranquilidad rápidamente se vio interrumpida por la alarma contra incendios resonando por toda la escuela. Elsa se sorprendió de escucharlo por primera vez en el tiempo que llevaba trabajando ahí.

Sabiendo el procedimiento, empezó a dar instrucciones a los alumnos mientras trataba de mantenerlos en calma; guiándolos al estacionamiento de forma ordenada con sus pertenencias a mano.

Una vez estando en el lugar de seguridad, pudo observar a los demás alumnos y docentes con sus respectivos grupos platicando entre ellos. Camiones de bomberos, ambulancias y policías estaba en los alrededores dándole a todo un aspecto de película.

Comenzó a ver alrededor, con la esperanza de ver una cabellera rojiza en medio de la multitud de alumnos.

- No la vas a encontrar.

Casi pega un grito al escuchar una voz a su lado, descubriendo a Bella abrazando unos libros a su pecho, como siempre.

- Estaba buscándola desde que los alumnos comenzaron a salir, pero no está por ningún lado. - bajó un poco su voz, para que solamente Elsa pudiera escucharla.

Suspiró resignada. Estuvieron en el estacionamiento de la escuela por un tiempo mientras los oficiales se ocupaban de lo que sea que había pasado, escuchando a los alumnos sacar conclusiones que llegaban a ser algo divertidas, a algunas que realmente eran ridículas como un ataque zombie.

Media hora después, los oficiales anunciaron que no era posible reanudar las clases debido a un problema químico que tuvieron los alumnos mientras realizaban una actividad, haciendo que no continuarán las clases mientras esterilizaban la escuela entera en los próximos días.

Gritos y exclamos de alegría se escuchó por parte de los alumnos y algunos maestros al saber que tendrían más días para descansar.

Elsa emprendió su camino hacia su carro, no sabiendo realmente que hacer ahora que tenía más tiempo para pensar y sin saber absolutamente nada de la pelirroja.

- ¡Elsa, espera! - dio la vuelta al escuchar a Bella, viéndola correr hacia ella.

- ¿Quieres que te lleve a casa? - preguntó, dándole tiempo a recuperar el aliento. Bella sacudió la cabeza, con un ligero rubor en las mejillas que la tomó por sorpresa.

- ¡No! A-alguien está esperándome… ¡Pero no es eso a lo que vine! Deberías de ir donde vive Anna. Sé que has estado muy preocupada por ella estos días, y que crees es incorrecto ir debido a que eres su maestra… Pero no hay repercusiones si lo haces. Te lo mencioné antes; no hay norma alguna que te prohíba salir con ella y no tener una relación estrictamente profesional.

La quedó viendo, incrédula. Entendía el hecho de que no tendría problemas si actuaba acorde a lo que sentía, pero aún así su moral la detenía. Realmente quería saber cómo estaba Anna, confirmar que estaba bien y, dentro de ella, quería verla. Quería poder ver sus hermosas pecas, esa pequeña sonrisa que aparecía en ocasiones, sentir esa sensación de seguridad y tranquilidad al estar con ella.

- Recuerda; no estamos hablando de chicos menores de edad, de adolescentes buscando problemas. Estamos en universidad, con adultos capaces de decidir por ellos mismos. - continuó, con esa voz tranquilizadora que siempre usaba.

Elsa la quedó mirando por un momento, quizá buscando algún indicio de que le estuviera tomando el pelo, de alguna clase de trampa o que estuviera bromeando; pero solo encontró sinceridad y preocupación en esos ojos cafés.

Volvió a suspirar, con una pequeña sonrisa en sus labios mientras meneaba la cabeza ligeramente.

- ¿No deberías de estar diciendo lo contrario, Bella? ¿Decirme que deje de perseguir a una alumna porque no es profesional o algo similar?

Bella rió suavemente, alzando su mano sin saber dónde exactamente ponerla para poder reconfortarla, optando por agarrar suavemente su antebrazo mientras le daba un ligero apretón.

- Posiblemente lo diría si fueras alguna clase de pedófilo persiguiendo a niñas menores de edad… - soltó una pequeña risa. - ... pero ese no es el caso. Ese día en el restaurante, no vi a una alumna y su maestra en una cena que ganaron por accidente; vi a una pareja perdidamente enamorada de la otra.

Pudo sentir como sus mejillas comenzaban a quemar por el sonrojo que, estaba segura, tenía en su rostro en ese instante. ¿Realmente se veían de ese modo? Desde su punto de vista, ambas estaban nerviosas por la presencia de la otra, y por parte de Elsa, por lo bien que se veía Anna en su atuendo.

Pero, a lo mejor para ojos externos, para ojos ignorantes, realmente parecían ser una feliz pareja al estar juntas. Para personas que no saben de su relación, de sus vidas, de la forma en la que se conocieron podría tener cierto parecido a una pareja formal.

- Gracias por el consejo, Bella. - sonrió, tratando de controlar el sonrojo. - Creo que haré eso, iré a ver a Anna.

- Bueno… - dudó Bella, viéndola de arriba a abajo. - Tal vez primero quieras ir a cambiarte. No me lo tomes a mal, pero con ese vestuario le vas a dar un paro cardíaco.

Bajó su vista a sí misma, viendo la ropa que escogió ese día; una falda negra ajustada que terminaba sobre la rodilla, una camisa blanca con las mangas un poco arremangadas con dos botones desabrochados, unos zapatos con algo de tacón y su cabello amarrado en una trenza francesa que descansaba sobre su hombro izquierdo con los mechones echados para atrás.

Era un atuendo formal y para nada revelador, siempre trataba de tener cuidado con eso para no tener problemas. No entendía el punto de Bella, y al parecer en su rostro se marcó la confusión, ya que casi enseguida le respondió.

- Elsa, estoy segura que eres consciente de tu propia belleza, pero… ¡Dios! - usó sus manos a modo de mostrar su físico. - Eres la fantasía sexual de todo alumno con la forma en la que vistes.

Esta vez no pudo evitar la carcajada que escapó de sus labios, por la forma tan elocuente en la que describió su vestimenta; sabiendo muy bien que para los ojos masculinos y algunos femeninos, su ropa era algo llamativa.

- Lo tomaré en cuenta. Nos vemos el lunes, Bella.

Con eso, cada quien se fue a su respectivo rumbo. Mientras Elsa iba manejando, no pudo evitar que su mente repitiera la conversación que acababa de tener, considerando si realmente hacer caso o no a la sugerencia de Bella.

No tomó demasiado tiempo el debate interno, la preocupación que estaba teniendo por la ausencia de la pelirroja y el hecho de que quería verla, fue razón suficiente para llegar a esa conclusión.

Pisó el acelerador lo suficiente para poder llegar rápido a casa sin levantar alguna clase de infracción. En cuanto llegó a su destino, rápidamente subió a su habitación para cambiarse de ropa; decidiéndose por unos jeans oscuros, una blusa celeste y unos converse que no recordaba estaban en el armario.

Volvió de nuevo a su carro, emprendiendo el camino a la casa de la pelirroja. No le faltaba mucho para llegar cuando un pensamiento la inundo. ¿Qué le diría a los padres de Anna por su repentina aparición? Ellos verían raro que la maestra de su hija llegara sin previo aviso y sin razones de por medio, aunque pensando bien las cosas, esa etapa ya había pasado.

Se detuvo momentáneamente en un pequeño puesto donde vendían frutas, comprando un poco para no llegar con las manos completamente vacías. Con eso, no tardo nada en llegar al gimnasio donde Anna vivía. Al entrar, se sorprendió enormemente al ver a unas personas en el lugar, haciendo los ejercicios correspondientes a lo que estaban aprendiendo.

Dio unos cuantos pasos, buscando con la vista a alguien conocido, hasta que sus ojos se posaron en Kai a unos metros del hexágono cargando algunas cosas. Al toparse sus miradas, pudo ver en los ojos del señor sorpresa, preocupación y duda. Elsa rápidamente se acerco, no queriendo perder más tiempo.

- Buenos días, Kai. – habló primero, al pasar unos segundos con los dos mirándose en silencio.

- B-buenos días, Señorita Winters… - Respondió Kai, mirando alrededor. Notando como su frente tenía una ligera capa de sudor.

- Sé que es repentina mi presencia, y realmente lo siento por no tener como comunicarme... Pero Anna ha estado ausente de la escuela en estos cuatro días, y no ha habido forma de saber si está bien o no… - se interrumpió, no sabiendo bien que más decir. – Solamente, estoy preocupada por ella, y quisiera saber como esta.

Kai la miró, no supo realmente qué clase de mirada le estaba dando pero parecía una que decía miles de cosas sin poder asegurar que era del todo. Lo vio suspirar, dejar las cosas que cargaba a un lado del ring mientras le decía algo a un chico en un idioma que no entendió, para después regresar a su lado.

- En ese caso, venga conmigo por favor. – fue lo único que dijo al empezar a caminar a la puerta que sabía era para ir al departamento de arriba.

Caminaron en silencio el corto recorrido hasta la sala de estar, sintiendo el aire pesado por algún motivo que no supo identificar. Había algo en el ambiente que le hacía sentir angustia, como si algo malo estuviera a punto de pasar.

- Creo que conoce el camino al cuarto de Anna, seguiré con mi trabajo en el gimnasio. Si llegase a necesitar algo, sabe donde estaré.

Dicho eso, la dejó sola en la sala de estar. El lugar estaba en completo silencio, no veía a Gerda por ningún lado, y Olaf parecía estar ausente también. La sensación de incertidumbre cada vez era más intensa en su interior.

Deposito la pequeña canasta con fruta en la isla de la cocina, para después ir a donde estaba ubicada la puerta de Anna. Al tenerla enfrente, tomó el pomo de la puerta dando un largo suspiro antes de abrirla.

No sabía realmente que esperar al entrar al cuarto; a lo mejor el cuarto hecho un caos como la primera vez, a lo mejor a Anna jugando con su consola sentada en el suelo, a Anna jugando con Olaf con algún juguete del travieso perro…

Pero jamás lo que realmente tuvo ante sus ojos…

Anna y Olaf estaban en el cuarto, pero no en las condiciones que ella había imaginado. Anna estaba acostada en la cama, durmiendo, con sus brazos, manos y su pecho envueltos en vendas. Su rostro estaba sereno, pero al igual que sus extremidades; su ceja izquierda tenía una cortada ya suturada, una gaza en su mejilla izquierda y su labio inferior partido.

Olaf estaba acostado a sus pies, alzando la cabeza emanando un gruñido amenazador al verla entrar a la habitación, cuidando a su dueña en sus sueños.

Anna estaba herida, sin tener una idea de cuándo exactamente se había hecho eso, quien lo había provocado y que tan graves eran las contusiones en sus extremidades. Su cuerpo se movió sin permiso, importándole poco que Olaf siguiera amenazándola desde los pies de la cama.

Su mano temblorosa se posó en la melena cobriza de Anna, acariciando su cabello con delicadeza para evitar lastimarla. Sentía sus ojos arder, sentía su pecho ser oprimido, sus manos temblaban de la conmoción de ver el estado de la pelirroja.

Olaf al notar que no tenía malas intensiones, como si comprendiera sus sentimientos, empezó a gimotear con sus orejas gachas, apoyando su cabeza en una de las piernas de Anna y una mirada de preocupación extrema.

- Anna… ¿Pero que te paso? – susurró con su voz quebrada, pegando sus labios suavemente a su frente. Sintiendo por fin las lágrimas recorrer sus mejillas.