Capitulo 14
-He traído una taza de té - dijo Vincent, con voz temblorosa, mientras le tendía la taza de té a Aeris, que llevaba un buen rato temblando entre mis brazos.
-Gracias…-musitó ella, mirándolo con cierta dulzura. - ¿Cómo estás? Yuffie también era bastante importante para ti … -le preguntó al de ojos rubí.
Estábamos en las oficinas de la Brigada. Tras el caos que se había formado tras el asesinato de Yuffie, ahora sólo quedábamos en las oficinas Vincent, Tifa, su novio, Zack, Aeris y yo. Mi padre había organizado todo para que mañana comenzásemos los interrogatorios a todos y cada uno de los presentes en la fiesta. Sería una labor bastante ardua, pero era necesario para llegar a alguna conclusión en el caso.
Recordaba la visión del cuerpo inerte de Yuffie Kisaragi sobre el frío suelo del lavabo de chicas. Tenía el rostro tranquilo, no parecía haber sufrido mucho. Quizá había sido una muerte rápida. Un corte, un tanto irregular, atravesaba su pecho. Podía decir perfectamente que había sido el Asesino de la Masamune quien la había matado de aquella forma, pero debido a la irregularidad del corte, estaba seguro de que había sido su copia.
¿Cómo? ¿Cómo se había adentrado en la Brigada sin que nos diéramos cuenta? Se había estado paseando por el salón de celebraciones con total libertad, sin que nos percatásemos de su presencia. ¡Se había reído de nosotros en nuestras narices! Y además, había matado a una de los nuestros.
"Lo ha hecho para retarnos" pensé, con fiereza "Lo ha hecho para demostrarnos que no podemos hacer nada contra él. Maldito engendro…"
Apreté los labios con fuerza. Por mi mente pasaban mil y una posibilidades acerca de la identidad del asesino de Yuffie, de la copia de Sephiroth. Pero ninguna iba por ningún puerto seguro. Todo eran suposiciones, pensamientos, ideas.
Quería comentárselas todas a Aeris, saber que pensaba ella respecto a lo que estaba ocurriendo, pero sabía que no era el mejor momento. La mantenía ahí, cerca de mi, entre mis brazos, en un vano intento de reconfortarla, pero nada parecía arrebatarle ese miedo intrínseco que se había apoderado de ella desde que nos habíamos enterado de la muerte de Yuffie.
Vincent se mantuvo serio. Me había llamado bastante la atención su comportamiento. Él tenía una especie de… lío amoroso con Yuffie, algo que era sabido por todos en la Brigada. Sin embargo, apenas había mostrado algún indicio de emoción con el asesinato de su compañera sentimental, algo que me intrigaba. Quizá lo que pasaba era que Vincent era un hombre de hierro, incapaz de querer mostrar sus emociones en público. Quizá por dentro era un mar de lágrimas en aquellos instantes, quien sabía.
-Sí…-comenzó, con voz temblorosa, dando puntadas con su zapato en el suelo, mientras agachaba la cabeza. -Todos lo sabéis, ¿no?…Yuffie y yo… estábamos saliendo. Nos entendíamos. Me…duele que le haya ocurrido esto.
-Lo siento tanto, Vincent…-murmuró Aeris, con voz quebrada.
-Eh, chicos - dijo Zack, interviniendo en la conversación, con gesto preocupado - Tifa y yo volveremos a casa. Será mejor descansar… tengo entendido que mañana será un día duro.
Asentí con la cabeza, mientras Tifa se despegaba de Zack, quien también la había estado abrazando y se acercó a Aeris, con lágrimas en los ojos. Las dos se estrecharon en un fuerte abrazo, mientras la morena acariciaba el pelo de Aeris.
-Tenemos que ser fuertes ahora, amiga -musitó Tifa, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
-Va a ser díficil. Muy dificil, Tifa…-murmuró Aeris, con la voz entrecortada.
Las dos amigas se separaron y se sostuvieron la mirada durante un instante, una mirada cargada de cariño mutuo, pero también de mucho dolor.
Tifa se sorbió la nariz y, tomando un poco de aire, volvió a hablar.
-Nos vemos mañana, cielo. Intenta descansar.
Aeris asintió lentamente, incapaz de decir alguna palabra más, pero sacando del fondo de su corazón una fuerza sobrehumana para dedicarle una sonrisa a Tifa, quien se marchó rápidamente con Zack de allí.
-Yo…también me voy. - dijo Vincent - Mañana esto va a ser un hervidero de preguntas. Será mejor descansar.
Sin más, el de ojos rubí se marchó. Parecía bastante ausente, callado. Sentí una ligera punzada dentro de mi, pero decidí no darle mayor importancia.
Miré a Aeris, quien se había quedado parada a mi lado, con sus grandes ojos verdes clavados en el suelo. Sentí la imperiosa necesidad de acariciarle la mejilla y me dejé llevar por el sentimiento.
Se giró lentamente hacia mi, intentando componer una sonrisa.
-Será…mejor que nosotros también vayamos a descansar. -dijo, con voz temblorosa.
-Sí… mañana tendremos que preguntar a mucha gente. Estoy seguro de que ha sido la copia de Sephiroth.
Aeris asintió con la cabeza.
-Yo también lo creo… -murmuró, sin mirarme.
-Te acompañaré a casa - dije, poniendo una mano sobre su mejilla. Ella levantó la vista con lentitud, incapaz de decir algo más.
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Llegamos a la casa de Aeris tras veinte minutos conduciendo. Veinte minutos en los que ella se había abrazado a si misma, con la vista perdida. La acompañé hasta su puerta, que abrió con manos temblorosas.
-Intenta descansar - dije, poniendo una mano sobre su hombro. Sin embargo, Aeris no me miró.
De repente, fue como si una pieza de dominó se cayese sobre su propio peso. Las rodillas de Aeris se quebraron, cayendo al suelo y emitiendo un profundo sollozo, rota de dolor, temblorosa. Me agaché a su lado y la abracé, la abracé con todas mis fuerzas, como si fuese mi razón de vivir, aferrándome a ella evitando que se esfumase en el viento.
Sollozó contra mi pecho, mientras yo apretaba los labios. Dolía. Me dolía demasiado verla así. Rota, llorando. Ella, que era el optimismo hecho persona, que siempre llevaba felicidad por donde quisiera que pasase. Ahora en sus ojos sólo había lágrimas, lágrimas y más lágrimas.
-Cloud…-sollozaba, apegándose más a mi.
-Estoy aquí, contigo. No te voy a dejar sola. - le aseguré, cerrando los ojos y apretándola contra mi.
Deseaba con todas mis fuerzas quitarle aquel dolor, aquella angustia. Pero sabía que era imposible. Me sentía un completo inútil, ¿qué podía hacer yo? La impotencia comenzó a hacerse dueña de mi.
-Por favor, no te vayas. No me dejes sola. Tengo miedo, tengo mucho miedo - sollozaba, con dolor.
-No me iré. No me voy a ir. Estoy aquí, contigo. - murmuré, separándola de mi y besándola, intentando calmar sus lágrimas.
Ella también me devolvió el beso, con timidez. Parecía algo más calmada, aunque las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Las sequé con mis dedos, acunando su rostro entre mis manos.
-Estoy aquí. - le aseguré.
—
Abrí los ojos lentamente, con una inmensa pesadez. Sentía mis párpados algo resecos, de haber estado llorando toda la noche. Sin embargo, no estaba en el frío suelo de la calle frente a mi casa, donde había dejado de darme cuenta de las cosas. Ahora estaba en mi caliente colchón, tapada con una manta y con la cabeza sobre la almohada, cómoda.
-Mm…-murmuré, mirando a mi alrededor, para ver a alguien sentado en el pequeño sofá que había en mi habitación.
Cloud…¿había pasado toda la noche allí? Sentí como una débil sonrisa cruzaba mi rostro, cuando de repente, lo ví despertarse, lentamente.
-¿Aeris? ¿Ya estás despierta? - preguntó, con voz suave, mientras se levantaba del sillón y se acercaba a mi, poniéndome una cálida mano en la frente.
-Sí… Cloud - dije, sentándome y tomando su mano entre las mías - Gracias…por haberte quedado anoche conmigo.
-No iba a dejarte sola. Estabas…realmente rota. - dijo, sentándose frente a mi en la cama. - No podía irme tranquilo sabiendo que necesitabas que alguien estuviera a tu lado.
Bajé la vista, apretando su mano.
-Quería mucho a Yuffie. Quiero mucho a Yuffie - enfaticé. El hecho de que ella ya no estuviera entre nosotros no significaba que mis sentimientos hacia una de mis mejores amigas se hubiera disipado. Eso nunca moriría.
-Lo sé - dijo él, devolviéndome el apretón de manos - Sé lo importante que era para ti. Era una buena chica.
-Ella… tenía también un buen pensamiento sobre tí - dije, con una débil sonrisa, mirándolo.
-¿Sobre mi? - repitió, incrédulo.
Asentí lentamente.
-Yo… le había hablado de ti. De que…me gustabas. Me…gustas. Y ella, como yo, siempre creyó que eras un buen chico y que valías la pena. - dije, con un nudo en la garganta. Pensándolo bien, el último deseo de Yuffie era vernos a Cloud y a mi juntos… sentí una enorme pena al pensar que jamás llegaría a saber lo que había pasado anoche entre Cloud y yo.
Cloud agachó la cabeza, con una mezcla de pesadumbre y vergüenza en su rostro.
-Me hubiera gustado conocerla mejor. Es…una lástima. - murmuró.
Se hizo el silencio entre nosotros. Entonces recordé…
-Sobre lo de anoche…-comencé - nuestro beso…yo…
-No tenemos por qué hablar de eso ahora si no quieres, Aeris - dijo, con suavidad - Sé que ahora estás triste y pasándolo mal por lo que pasó con Yuffie y no quiero que yo…
-No. - dije, deteniéndolo. - Anoche…antes de lo que pasó…yo…quería preguntarte, ¿qué soy para ti?
Me miró fijamente, sus ojos temblando de un lado para otro. Finalmente, tras un silencio, contestó:
-Eres alguien muy importante para mi.
Sentí que mi corazón se encogía con fuerza, pero era un sentimiento dulce, nada doloroso. Sonreí levemente.
-¿Y yo? ¿Qué soy…para ti? - preguntó, mirándome de reojo. Lo observé, con ternura. Parecía un niño pequeño que temía recibir una reprimenda de sus padres.
-Tú también eres muy importante para mi, Cloud. Me gustas mucho. - contesté, sonrojada. No podía creer que estuviera diciéndole algo así, sin que se me trabara la lengua.
-A mi también…me gustas mucho. - musitó.
Lo abracé lentamente, sintiendo su calor una vez más.
-No, no me gustas. Creo…creo que es algo más que eso. Algo más fuerte… - murmuró, acercándose más a mi, profundizando el abrazo.
-¿Algo más? - pregunté, sintiéndome débil y pequeña a su lado.
-Sí… No sé explicarlo pero…quiero estar contigo. No quiero estar lejos de ti jamás. - dijo, en un susurro.
-Yo tampoco…
—
Una hora después, llegamos a la Brigada. El ambiente que se respiraba era bastante tenso, cargado de temor, cargado de incertidumbre. Había una fotografía de Yuffie colgando de la pared y sobre su antigua mesa de oficina, descansaban muchísimas flores y velas. Aeris también dejó sus flores sobre la mesa, con lágrimas en los ojos.
Entonces, apareció mi padre, que se acercó a nosotros rápidamente.
-Cloud, Aeris. Venid a mi despacho, por favor. Necesito hablar con vosotros.
Fuimos rápidamente hacia el despacho de mi padre y, tras dejarnos pasar primero, cerró la puerta tras de sí, con una expresión compungida.
-Sentaos, por favor - dijo, con un ademán elegante, mientras él también tomaba asiento.
-¿Qué ocurre? - pregunté, algo intrigado. Se suponía que teníamos que comenzar los interrogatorios, cuanto antes mejor.
-Realmente… quería hablar con Aeris, pero consideré que lo que tenía que decirle era necesario que lo escuchases tú también. - contestó mi padre, cruzando las manos sobre la mesa.
Sentí como ella se tensaba en el asiento, justo al lado mío. La miré de reojo, observándola. Parecía como si ella ya fuese consciente de lo que Cedric iba a decirle.
-Aeris…-comenzó mi padre - sé la gran amistad que había entre la agente Kisaragi y tú. Sé … lo mucho que la apreciabas. Pero…temo que el gran cariño que sentías por ella y lo ocurrido con la agente Kisaragi te afecte en gran medida y afecte al transcurso de la investigación.
-¿Qué quiere decir, señor Strife? - preguntó Aeris, con voz temblorosa.
-He…considerado la idea de que te aisles del caso por un tiempo, Gainsborough. - sentenció mi padre.
Lo miré, frunciendo el ceño, bastante molesto. ¿Consideraba que Aeris no era lo bastante profesional como para poder separar las circunstancias? ¿Que no era lo suficientemente buena detective como para seguir adelante con la investigación? Porque de ser así, estaba cometiendo el peor error de toda su carrera policial.
-Señor Strife, yo…quiero hacer esto. Quiero seguir con el caso. Quiero encontrar al Asesino de la Masamune y hacer justicia por Yuffie y por todas aquellas chicas que han sido asesinadas sin piedad. Por favor, no me deje fuera de la investigación - suplicó Aeris.
Mi padre respiró profundamente, inclinándose un poco en su asiento para luego volver a erguirse.
-Aeris…no dudo de tu potencial. Eres una de mis mejores agentes. Pero creo que es lo mejor. Ya sabes, que descanses unos días. Que te mantengas alejada del caso. Tus sentimientos…pueden interferir en la investigación.
-Señor, por favor, se lo suplico. No me haga sentir una inútil que no puede seguir adelante con esto. Yo quiero hacerlo, quiero encontrar a Sephiroth. Si usted me deja fuera del caso… es … es lo peor que podría pasarme -insistió Aeris, al borde del llanto.
-Aeris…-comenzó mi padre, pero lo interrumpí, harto de la situación.
-Estás cometiendo un error. - sentencié, con desdén - Aeris está perfectamente capacitada para seguir adelante con esto. Y ahora, más que nunca. Si la dejas fuera del caso, yo también abandono. - amenacé.
Cedric me miró fijamente, frunciendo el ceño. Sabía que no le gustaba que le llevase la contraria, pero no iba a permitir que menospreciase la enorme capacidad de Aeris para hacer su trabajo. Es más, sin ella…no habría llegado hasta el punto en el que nos encontrábamos ahora.
-Está bien…- murmuró Cedric.
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Tras una intensa mañana de interrogatorios, dejé caer los brazos sobre la mesa, completamente frustrado. Todos decían lo mismo. Nadie había visto nada, ni había notado nada extraño. Las chicas que habían ido al baño, ya la habían encontrado así, muerta. ¿Entonces? ¿Significaba eso que no teníamos absolutamente nada?
-Todos coinciden en sus declaraciones - musitó Aeris, terminando de escribir en su bloc de notas - Nadie vio absolutamente nada. Quizá debamos echar mano de las cámaras de seguridad…
-No hay ninguna en el salón de actos de la Brigada - recordé, con pesar.
-No, pero si que las hay en la entrada del salón y alrededor de la Brigada. Le pediré después a Frein que haga el recopilatorio y nos las enseñe. - dijo, con decisión.
-Está bien… ¿quieres ir a casa a descansar? Después de todo… llevamos toda la mañana aquí, interrogando a media brigada.
Aeris asintió lentamente, con una débil sonrisa.
-Sí, me iré con Tifa. Hemos quedado para ir a comer juntas, ¿te apuntas?
-No te preocupes por mi, Aeris. Imagino que ella querrá estar contigo, desahogarse. Podemos vernos más tarde, si quieres - dije, con suavidad.
-Está bien, cielo. -dijo, levantándose y dándome un pequeño beso en los labios. Me sentí en una nube.
"Cielo…"pensé, totalmente embobado.
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Le di un fuerte abrazo a Tifa. Me miró, con una pequeña sonrisa, aunque casi era más una mueca llorosa.
-Lo sé, lo sé - dijo ella, secándose las lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos rubí. - Sé que Yuffie no querría que estuviésemos llorando pero…no puedo evitarlo.
-Yo tampoco - dije, en un murmullo. - Pero lo que tenemos que hacer es recordar su infinita alegría. Ella siempre estaba ahí para animarnos cuando las cosas se ponían difíciles. La voy a extrañar mucho…
Comenzamos a caminar, rumbo al restaurante del que me había hablado Tifa.
-Es extraño…-dije, frunciendo el ceño.
-¿El qué?
-Supuestamente, el asesino de la Masamune…mata a chicas a las que ha conocido previamente. Chicas con las que tiene una relación sentimental. -expliqué - Pero…Yuffie estaba saliendo con Vincent. ¿Por qué la habría matado el asesino de la Masamune o su copia?
Tifa me miró de reojo, preocupada.
-Yo … también lo pensé. Pero…no quise decirte nada, para no asustarte más. ¿Y si…el asesino de la Masamune ya sabe que tú estás investigando el caso y quiso asustarte, amenazarte? - preguntó, terriblemente compungida.
Abrí mucho los ojos, asustada. Puede que tuviera razón. De ser así… comencé a temblar, pero no tuve tiempo para pensar en nada más, porque de repente…
-¡AERIS, CUIDADO! -chilló Tifa, mientras me apartaba con rapidez hacia un lado.
Un coche a alta velocidad se había subido a la acera por la que caminábamos, directo hacia mi. Si no hubiera sido porque Tifa me empujó a un lado de la calle, el coche me habría arrollado y, dada la velocidad a la que iba, me habría matado.
Vi como el coche se perdía rápidamente y sólo conseguí a vislumbrar los cabellos negros del conductor.
Comencé a temblar como una hoja, terriblemente asustada, con el corazón en un puño y las lágrimas corriendo por mis mejillas.
Habían intentado …matarme.
¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado mucho este episodio! Si leyeron mi versión anterior, me gustaría anunciarles que a partir del episodio siguiente ya vienen los cambios! O más bien, lo que quedó por desvelar de mi idea original y nunca vio la luz! :O ESTOY NERVIOSA! ^^
