Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Casualidad


XVI

Promesa rota


El rey de Vegetasei, pese a depositar toda su confianza en su hijo mayor, le costó bastante creer que serían capaces de regresar en un mes. Ni siquiera sus más destacados científicos habían sido capaces de potenciar las naves lo suficiente como para atravesar aquellas impresionantes distancias. Aunque claro, el rey era tan soberbio y poco actualizado en cualquier otro campo que no tuviera que ver con batallas y guerra, que por el solo hecho de trabajar para él, sus científicos eran los mejores y no tenían comparación.

Como fuese, de todos modos ordenó preparar un banquete para recibir a su hijo. Y en el caso de que no llegara a tiempo, beberían, comerían, cogerían y romperían todo como de costumbre para celebrar por tenerlo nuevamente entre los suyos, como lo habían hecho demasiadas veces desde que por fin dio señales de vida y se comunicó con él.

—…Y las muy ratas pensaron que podían atrapar a mi hijo —exclamó el rey, levantando su copa por quinta vez en el día—. ¡Todos esos roedores se van a esconder en sus madrigueras llenas de mierda cuando lleguemos!

Los más de 200 comensales (140 hombre y el resto mujeres) levantaros sus copas y brindaron con el monarca. Cuando lo vieron sentarse, regresaron todos a sus respectivas conversaciones.

Vegeta permaneció echado en el respaldo en su cómoda silla, cruzado de piernas y brazos al otro extremo de la mesa principal que compartía con su padre. A su lado derecho, su hermano Tarble, que lucía evidentemente contento por tenerlo de vuelta. A su izquierda, Karev, su compañero de misiones y encargado de tropas. Lee estaba unas mesas más a la derecha con su grupo de escuadrón, fumando, bebiendo y contando cómo había sido de diferente y emocionante el viaje de regreso.

La juerga recién había comenzado, y conociendo la intensidad de guerreros y guerreras duraría al menos 4 días, si es que no más. Tiempo suficiente para Vegeta encargarse de un asunto pendiente.

—Ahora tu padre se ríe y bebe, pero el tiempo que estuviste perdido no dejó de amenazar a todos de muerte. Todos fuimos sospechosos de traición en algún momento —dijo Karev con un pedazo de carne en la mano del tamaño de la cabeza de Tarble. El hombre de 45 años era fácilmente 25 centímetros más alto que Vegeta y con estupendo estado físico. Tenía el cabello negro, corto y era musculoso, pero no lo suficiente como para perderse en una masa de músculos, como sucedía con los saiyajin más altos.

Tarble hizo una mueca recordando lo humillante que fue estar entre las últimas de las opciones de sospechosos, ya que de acuerdo con su padre, era demasiado ineficiente para cometer algo tan difícil como engañar a su hijo.

El rey siempre hablaba como si tuviera un solo hijo: Vegeta.

—Solo tienes que dar la orden y ordeno alistar las naves. Nos estarán esperando para dar el golpe. —Karev comió el pedazo de carne en menos de seis mordidas y las mujeres que atendían la mesa debían estar constantemente llenando la copa de vino.

—En su momento nos embarcaremos —respondió Vegeta.

—Después tienes que decirme qué hiciste todo este tiempo perdido, Vegeta. Más te vale sea una historia buena, con peleas y sexo. De lo contrario ahórratela, no me interesa.

—No vas a querer oírla —respondió mirándolo, con una leve sonrisa irónica.

—Esa cola tuya tiene que haberse perdido en una orgía o en medio de un combate a muerte. No acepto otra opción para seguir contigo luego de esa humillación —dijo riendo y se puso de pie cuando una de las curvilíneas esclavas se acercó a llenarle la copa. Le arrebató la jarra y la tomó de la cintura, obligándola a ir con él.

—Incluso él pasó todo el tiempo preocupado por tu paradero —dijo Tarble una vez que lo perdieron de vista—. Y yo también.

—Ya estoy aquí. —Tomó su copa de vino y por fin bebió— No había nada de qué preocuparse.

—Lo siento —dijo el joven intentando contener su felicidad por ver a su hermano.

—No te disculpes —lo reprendió—. No es digno en tu posición.

—Sí… —Tarble no estaba cómodo en ese lugar. Quería estar a solas con su hermano y conversar lejos de todo ese ruido y escandalo—. Y dime ¿trajiste a quién hizo posible el viaje? Me gustaría conocerlo.

—Ahora no, Tarble. —Vegeta se puso de pie— Lo hablaremos después. —Se retiró del salón. Su padre ya había realizado suficientes brindis con él presente como para olvidarse el objetivo principal de la celebración.


—Pensé que tu cuarto sería menos aburrido —comentó Bulma recorriéndolo. No había nada que hablara sobre la personalidad del hombre. Era claro que casi no pasaba en este y alguien más se encargaba de mantenerlo pulcro y ordenado—. Creo que debería ver tu nave personal. Ella hablaría mucho mejor de ti.

—No hay nada en mi nave que diga algo de mí. Es solo una nave —respondió apoyado en la pared cruzado de brazos.

—Creo que eso ya dice mucho de ti. —Se asomó por la ventana de la habitación. Pensaba que al tratarse de un palacio encontraría bellos y grandes jardines cuidados, pero por lo que alcanzó a ver, el planeta era seco y bastante estéril. El cielo rojo sí llamó profundamente su atención. Era algo digno de admiración.

—No tengo mi nave hecha un chiquero como la tuya.

—¿No hay nada que lleves contigo? Un recuerdo, una fotografía, algo que sea significativo para ti.

—No me aferro a objetos ni personas. Son cargas que estorban.

Bulma lo quedó mirando unos segundos sin decir nada. Por un momento sintió lastima por él. Allá afuera había un planeta entero celebrándolo, pero a él no le importaba en lo más mínimo y había que ver hasta qué punto esa gente lo celebraba con genuina alegría o solo lo hacía por embriagarse.

—Espero que me muestres algunos lugares de tu planeta antes de marcharme —dijo la chica de muy buen humor. Orgullosa de que el viaje funcionara a la perfección—. Creo que podré jactarme de ser una de las pocas personas no saiyajin que estuvieron en Vegetasei y sobrevivieron para contarlo.

Vegeta no le respondió. Caminó hacia ella, la tomó de la cintura y la besó. No esperó al reclamo de ella por la dura armadura y se la quitó, tirándola al suelo, luego siguieron los guantes.

—Esperaba una visita guiada por palacio, pero si estos son tus planes… —Se dejó tomar en brazos y le rodeó la cintura con las piernas.

Vegeta la llevó a la ducha.


Horas después la científica dormía en la cama más cómoda que había probado desde que tenía memoria. Era posible que ni siquiera las camas que tuvo durante su vida en la Tierra no fueran tan grandes y perfectas como esta, tanto que cuando terminaron los juegos con Vegeta, cayó rendida y se durmió profundamente. Estaba agotada. Había trabajado tanto las semanas pasadas que pese a encontrarse en un planeta verdaderamente hostil se olvidó de sí misma, se entregó al sueño y no despertaría hasta el otro día muy tarde.

Vegeta también durmió un poco con ella, pero luego el insomnio lo golpeó. Eso era algo que no le había pasado durante su estadía en ese horrible planeta y ahora al regresarle la memoria también había vuelto el maldito desvelo para arruinarle el descanso. No tenía intenciones de hacer acto de presencia en la celebración de su padre (algo que debió hacer en muchas otras ocasiones), así que se puso un pantalón y se acomodó en un viejo y grande sofá junto a la ventana. A esa hora, a la distancia, varias tropas se iban a misión o regresaban al patio de despegues, lo que hacía parecer una lluvia de meteoritos en el cielo.

Cuando Tarble entró a su habitación sin golpear (era el único que lo hacía. Su padre jamás iba a verlo a su cuarto, simplemente lo mandaba a llamar), no se movió ni dijo nada para no despertar a Bulma, después de todo la voz de su hermano menor era demasiado suave (otra de las cosas que también debería cambiar el joven príncipe de 21 años).

—Vegeta, ¿podemos hablar?

Había una tenue luz encendida cerca de la cama, pero los ojos privilegiados del saiyajin identificaron enseguida la figura femenina dormida boca abajo y abrazando un cojín, con parte de la espalda desnuda. Por un momento pensó podría tratarse de Lee, pero sabía que su hermano siempre dormía solo, además ese color de cabello definitivamente no correspondía a una saiyajin.

—¿Tan importante es que no puede esperar? —respondió Vegeta en un susurro ronco.

Tarble lo miró. No se había dado cuenta estaba sentado junto a la ventana.

—…Claro… sí, puede esperar a mañana. Lo sien… —se cayó antes de disculparse.

Vegeta se puso de pie y fue por una camiseta negra.

—Olvídalo. Ya estoy despierto, no perdamos el tiempo. —Salió del cuarto con su hermano detrás.


La biblioteca dentro de palacio no era un lugar que frecuentaran los guerreros. Había pertenecido a la madre de los príncipes y luego de su muerte, Tarble se había encargado de mantenerla y agregarle nuevos ejemplares para conservar vivo el recuerdo de su madre. Solo el joven y Vegeta la visitaban.

Tarble solo tuvo que lanzar un pequeño rayo a la leña para encender la chimenea. No hacía mucho frío pero era un hábito adquirido.

Vegeta se sentó en el cómodo asiento que solía ocupar, junto a los altos libreros de tomos gruesos y antiguos traídos de cientos de viajes y misiones. Su hermano se sentó frente a él, en un sofá cerca del fuego.

—Volví al salón a hablar con Lee, pero estaba demasiado ebria para llevar una conversación. Lo que sí alcancé a entender es que ahora sabe sobre reparación de naves y partes de motor —dijo Tarble sonriendo. Lee era una de las pocas personas con las que podía tratar sin problema.

—Sí. Dice que ahora quiere estudiar.

—Yo estuve tanto tiempo insistiéndole para que se interesara en algo más que no fuera pelear y llega un desconocido y en unos días le hace cambiar de opinión.

Vegeta fue hacia un pequeño bar ubicado entre dos ventanales altos. Las cortinas rojas que casi tocaban el suelo estaban cerradas, bloqueando la visión hacía el exterior.

—No quería molestarte, Vegeta pero no sabía que estabas ocupado —dijo resistiendo la risa y mirada pícara. Quería tocar el tema de esa mujer en su cama, pero no enseguida, o su hermano se marcharía—. Quería saber dónde está el científico, muero de ganas de conocerlo y conversar con él, pero nadie me supo decir dónde estaba.

—Ya la conociste, pero estaba dormida. Tendrás que conversar con ella luego —dijo cuando regresó a su sitial.

—¿Vas a contarme lo que pasó el tiempo que estuviste inubicable? —preguntó mucho más interesado en el tema.

Vegeta bebió todo el contenido del vaso y miró a su hermano.

Finalmente le contó a alguien lo que había pasado. Desde que casi pierde la vida, el rescate, la pérdida de memoria y cómo la mujer lo utilizó para librarse de unos matones que no la dejaban tranquila, también la relación que comenzaron, lo cual contribuyó a su muy lenta recuperación. Por supuesto no entró en detalles innecesarios, aunque confiaba en su hermano, era demasiado reservado y testarudo como para aceptar cualquier sentimiento hacia la científica. También le contó a lo que se dedicó durante esos meses (peleador de combates de mala muerte y ayudante de la mujer), el intento de secuestro por parte de un saiyajin desertor y por último el enfrentamiento con el enemigo justo después de recuperar la memoria y las razones para llevarse a Bulma con él.

El joven saiyajin escuchó todo muy atento y supo entender cada palabra de su hermano. Con solo escucharlo hablar de las habilidades e inteligencia de Bulma podía darse cuenta que su interés iba más allá del científico. Eso era tan raro en él que decidió no comentarlo por el momento, primero le gustaría conocer a la científica. Cada vez se le hacía más y más interesante la famosa Bulma. Y ahora entendía esos guardias de elite a la salida del área de palacio de su hermano: no tenía sentido que Vegeta los necesitara, eran para ella.

—Así que Argon. Creo que te viene, tiene carácter —dijo sonriendo. A Vegeta no le hizo nada de gracia. Le tenía celos y no se llevaba nada de bien con ese tal Argon.

—Ahora solo necesito recordar el momento de la emboscada.

—¿Piensas que alguien pudo traicionarte?

—Estoy casi seguro, pero todo está muy confuso. Ni siquiera recuerdo bien el día previo.

—Te haría bien visitar un doctor. Él podría ayudarte con tu problema de memoria.

—No quiero que nadie se entere. Si alguien me traicionó debió ser alguien cercano.

—En ese caso la lista es reducida. Ya se me ocurrirá algo para ayudarte, descuida.

—Lo sé. Ahora dime, qué fue lo que hiciste en mi ausencia.

—Creo que nada entretenido comparado a lo que tú estuviste haciendo, Argon —dijo ladino, levantando una ceja, muy parecido a cómo lo hacía Vegeta.

El hombre le hizo una mueca.


(...)


Ya que el turno de Raditz al interior de palacio había terminado, y no tenía deseos de participar en ninguna celebración, decidió volver a casa a comer. Cuando llegó a su pequeña morada se encontró con nada más ni nada menos que su hermano Kakarotto comiendo el último pedazo de carne, el mismo que había estado pensando comer.

Sí, su hermano que lo había abandonado hace más de 3 años regresaba sin aviso.

—¿Qué haces aquí? —preguntó sin sentimiento, como si no lo hubiera visto solo en tres semanas.

—Te aseguro que no estaría aquí si no fuese necesario.

—Te creo. Nunca quisiste estar aquí. —Fue por una cerveza y se sentó en la silla libre, justo en frente de Kakarotto. Lo mejor era terminar con esto rápido. Ver qué demonios quería su hermano y continuar con su vida.

—¿Dónde está Bardock? —preguntó Kakarotto esperando verlo cruzar la puerta en cualquier momento.

—No te preocupes, está en misión. Volverá en unos meses. Di de una vez qué quieres.

—Necesito recuperar a mi mujer. Está capturada en el palacio y custodiada por soldados. No puedo entrar por ella y no tiene la suficiente fuerza para hacerle frente a nadie.

—¿Acaso la vendiste o la perdiste en alguna apuesta y por eso terminó aquí?

—Esta vez no soy responsable directo de su suerte.

—Pero algo hiciste o dejaste de hacer que la trajo a este planeta. —Cada palabra del hombre estaba llena de rencor y dolor. Se avergonzaría si alguien estuviera viéndolo, pero era el resultado de haber sido criado por una madre débil y un padre que la dejó amarlos más de la cuenta pese a tratarse de guerreros.

Kakarotto dejó la comida a casi terminar y se concentró en su hermano.

—Si pudiera hacer esto solo no estaría aquí molestándote.

—¿Qué es lo que quieres de mí?

—Tú puedes entrar a palacio, podrías…

—No voy a arriesgar que me degraden como a ti por una simple mujer. Si tu mujer está en palacio es para dos cosas: para trabajar de sirvienta o de prostituta y en muchos casos las dos cosas. Ahora es propiedad del rey y nadie puede tocar las cosas del rey, ya deberías saberlo bien.

—No te pido que la saques de ahí. Tengo que pensar una forma de meterme a palacio sin ser visto. Lo único que te pido es que les des un mensaje de mi parte. Debe pensar que la abandoné y yo…

—No quieras contarme una triste historia para conmover. Ya no está nuestra madre para caer en eso. Si quieres que le dé el mensaje a tu mujer y con eso no molestas más, adelante, lo haré.

—Gracias, Raditz —dijo y se inclinó para darle una palmada en el hombro. Se puso de pie y fue hacia la puerta de salida, pero antes de abandonar la casa se dio vuelta y miró a su hermano—. ¿Ya ibas a acostarte? —preguntó con tono de reproche—. Vamos a tomar algo a la taberna. Han pasado muchos años y hay mucho de qué hablar.

El grandulón no le respondió, ni siquiera se dio vuelta a mirarlo, pero su hermano insistió.

—Vamos, yo invito. Después dejaré que me des una paliza en agradecimiento a tu favor.

Raditz se puso de pie y salió de la casa haciendo tronar los nudillos. Tenía mucho de qué descargarse.

Kakarotto lo siguió. Ya casi podía sentir su nariz rota contra el puño de su hermano.


(...)


—Tengo que admitir que es toda una noticia que tengan una biblioteca en este lugar. La información sobre ustedes es un tanto… sesgada.

Vegeta se limitó a cruzarse de brazos y piernas. Estaba en su sitial mirándola disfrutar de la habitación.

Bulma recorrió el lugar y pensó lo interesado que estaría su padre de ver una biblioteca así: cientos de tomos que contenían información y conocimientos de distintas razas y civilizaciones repartidas en la inmensidad del universo. Y su madre preguntaría por alguna novela romántica para leer, si era sucia, mucho mejor.

El recuerdo de sus padres hizo que el buen momento que estaba pasando con Vegeta acabara. El hombre la había llevado a conocer partes solitarias y apartadas de palacio, como el salón con imágenes de los predecesores de su padre, la torre más alta del lugar donde guardan el telescopio que alguna vez se utilizó para orientarse cuando no contaban con tecnología más avanzada, el salón donde el rey recibía vistitas distinguidas, entre otras cosas.

El golpe de realidad fue fuerte y fue difícil ver esto como "estar conociendo la casa del novio" porque simplemente no lo era. Lamentablemente tenía que recordarle lo acordado, por mucho que la apenara.

—Vegeta, ya cumplí con mi parte del trato: estás de regreso en tu planeta en menos de un mes. Sabes que me gusta estar contigo, pero es tu turno de cumplir.

El hombre sabía que le mencionaría pronto el trato, pero no tanto. Hizo una mueca y no tardó en responder.

—Ya quieres irte —dijo casi con rencor.

—No se trata de lo que quiera o no. Es lo que acordamos.

—Lo haré, pero no aún.

—Espero que tengas una muy buena razón para esto —respondió con las manos en las caderas. Había tenido presente durante las tres semanas que duró su trabajo que algo así podría suceder, pero lo ignoró—. Pensaba que eras un hombre de palabra.

—Y lo soy. Primero debes conversar con mi hermano Tarble.

—¿Qué pasa con él? ¿Vas a hacer que tu hermano menor interceda para que me quede aquí contigo? —dijo burlona para hacerlo sentir mal, era lo mínimo que se merecía por no cumplir con lo acordado.

—Tarble se encarga del laboratorio de palacio —dijo molesto, con la cara caliente—. Él se entenderá contigo para que compartas información de tus descubrimientos.

—Te dije que no compartiría con ninguno de tus hombres mis resultados. Son demasiado importantes para que lo tenga cualquiera.

—Necesito la información sobre el mantenimiento y actualización de naves. Lo otro lo puedes guardar para ti, no me interesa.

—Eso no había sido parte del trato —insistió ella y Vegeta contrarrestó enseguida:

—Serán unos días y luego conseguirás tu tan preciada libertad física y económica. No es mucho lo que pido considerando la paga.

—Está bien —dijo como si hubiese sido difícil decidirse, pero era la excusa perfecta para estar juntos unos pocos días más y de paso podría convencerlo para que se fuesen juntos—. Hablaré a solas con tu hermano y yo decidiré lo que le diré.

Vegeta asintió.


(...)


Ya iban tres días de celebración sin parar, pero los cuerpos súper resistentes de los guerreros saiyajin no parecían notar el paso de las horas. Los que en verdad sufrían con todo esto eran los encargados de la comida, esclavos, esclavas y prostitutas, que pese al tiempo que llevaban trabajando en el planeta, no contaban con la energía suficiente para seguirles el paso. Los que recibían paga, como algunos cocineros y prostitutas se esforzaban, ya que valía la pena, especialmente para las rameras que lograban ganar más dinero con guerreros ebrios y alegres. En cambio los que no, no tenían otra opción que organizarse para cubrir la demanda, dormir a escondidas donde fuese posible y rogar para no ser descubiertos.

Una de las condiciones para cerrar el trato con Vegeta, fue proteger a Milk, lo que el príncipe había cumplido. Sin embargo ahora la cocinera había caído en el peor lugar posible. La cocina del palacio del rey Vegeta. Era una habitación grande, espaciosa llena ventanales, mesas de madera maciza para trabajar, cocinas, lavaplatos, estantes llenos de ollas, platos, comida y cervezas y vinos. Los trabajadores eran como una mini tropa yendo de un lugar a otro sin mucha organización hasta que Milk llegó y no dudó en tomar el control de la situación. Hombres y mujeres de diferentes razas le obedecieron al ver la eficacia y temperamento de la mujer que sin tener nada fue capaz de levantar y dirigir con éxito su restaurant allá lejos en su hogar.

Con el paso de las semanas la pena de Milk había mutado a rabia y lo mejor era concentrase en algo más que en el engaño y abandono de Kakarotto o se volvería loca. Le salía natural dirigir, además como tuvo buen trato con el personal, estos no dudaron en obedecerla. (Y sin contar que creyeron se trataba de una nueva encargada, ya que había sido traída por un soldado de clase alta)

Ya habían entrado unos cuantos saiyajin a causar problemas, buscando alcohol o prostitutas, pero no había sido nada que un barril de cerveza barata no pudiera arreglar. El trabajo le había hecho bien, tenía energía de sobra y debía centrarla en algo. Era esto o quedarse en un cuarto prisionera autocompadeciéndose.

Mandó a los esclavos a abrir más barriles de cerveza para llevar a los soldados y recordó tuvieran listas las botellas de vino para no dejar al rey y sus cercanos esperando con las copas vacías. Hábil como siempre, se encargó de pelar, cortar y picar verduras, lo cual era sorprendente, ya que dado la bestialidad de esos saiyajin, pensó que solo engullirían carne cruda, pero no. Los de clase baja solían comer muchos vegetales, más aun que los de clase alta que se inclinaban por la carne poco cocida.

Un saiyajin logró pasar las mesas y estantes hasta llegar más al fondo de la cocina, dónde estaba ella de pie junto una mesa de madera oscura y gruesa.

Tenía varias montañitas de verdura picada de color verde, amarillo, rojo y morado. Ahora trabajaba cortando una verdura azulada y grande, parecida a una lechuga humana, pero enorme y más resistente. Jamás la había visto antes y le gustó su aroma a tierra mojada. Cuando volviera a casa la conseguiría para incluirla en el menú de su restaurant.

—Si quieres cerveza regresa hasta la entrada. La carne está cuatro mesas detrás de ti. Adiós. —Ni siquiera lo miró, concentrada en cortar.

—¿Eres Milk? —preguntó el alto saiyajin.

—No deseo ir a mi dormitorio. Estoy trabajando a gusto —respondió luego de echarle una rápida mirada. El hombre, pese a tener algunas contusiones en su rostro y brazos, no estaba ebrio y vestía su armadura limpia y ordenada, lo que significaba debía ser el guardia de turno encargado de resguardarla.

—No estoy aquí por eso.

Milk dejó lo que hacía sin soltar el cuchillo, era lo único que podía protegerla. Frente suyo tenía un hombre enorme y de abundante cabello. Por un momento vio algo de Kakarotto en él, pero claro, al ser la misma raza de bestias asesinas, debían parecerse.

—¿Qué quieres?

—Kakarotto me envió —dijo atento de que nadie estuviera prestando atención a la conversación.

—¿Kakarotto te habló? —El poco humor que tenía gracias al trabajo se esfumó por completo—. Dile a ese desleal cuando se comunique contigo que se olvide de mí, que debió intentar salvarme cuando tuvo la oportunidad, no ahora que estamos a un año de distancia.

El saiyajin, incomodo por estar en esta situación, hizo una mueca con el labio.

—Kakarotto está acá y se encargará de liberarte. Tienes que salir al basurero a la noche. —Se alejó a paso rápido para irse, ya había cumplido.

—Espera un momento —Milk levantó un poco la voz, inconscientemente apuntándolo con el cuchillo—. Regresa, por favor.

Raditz lo pensó unos segundos, pero decidió volver.

—¿Cómo es posible que esté aquí?

—Se escondió en la nave que trajo al príncipe. Tienes que salir al patio donde tiran la basura de la cocina.

—¿Quién eres tú? —preguntó apretando más el mango del cuchillo—. ¿Un compinche que le ayudaba a matar?

—Soy Raditz —respondió esperando que fuese suficiente, pero al ver el rosto de confusión de la mujer entendió que no—. Veo que no te ha hablado de mí —dijo dolido, y añadió—: soy su hermano mayor.

Los ojos de Milk se abrieron de par en par. Kakarotto le había dicho que no tenía familia. Dejó el cuchillo en la mesa y se limpió las manos con un paño. Pese a todas las mentiras y secretos, dejó de temerle al hombre que tenía frente suyo.

—Ahora entiendo el parecido...

—Ya lo sabes. Cuando caiga la noche asegúrate de ir a…

—No es necesario, muchas gracias. Estoy perfectamente bien aquí.

—¿Hablas en serio? En cualquier momento llegará un ebrio e intentará llevarte con él.

—Eso no me pasará a mí. Estoy a salvo en este lugar.

Justo para contradecir a Milk, dos ebrios entraron, o para ser exactos, cayeron al piso de la cocina revolcándose y golpeándose como bestias por haberse bebido la cerveza del otro. Algunos esclavos se alejaron asustados, otros ni se movieron, asustados de llamar la atención, mientras que desde fuera se escuchaban los gritos de hombre y mujeres alentando el enfrentamiento.

—No seas necia, este lugar no es para alguien como tú, aprovecha que mi hermano…

—Dile a tu hermano que cualquier cosa que pudimos tener ya no existe. Yo estoy muy bien sin él y si salgo de aquí va a ser por mi cuenta. No lo necesito. —Tomó su cuchillo y continuó trabajando.

Raditz pensó en decir algo más, pero de cierta forma esta mujer le recordó a algunas saiyajin que conocía y supo enseguida que no la haría cambiar de opinión. Decidió marcharse, después de todo ya había cumplido.

Cuando Raditz pasó junto los soldados ebrios, estos ya habían arreglado el malentendido y bebían de un barril de cerveza.


(...)


El laboratorio de Vegetasei no era tan impresionante como el que Bulma había logrado formar en sus tres semanas de trabajo, pero si era organizado y bien equipado. Con cubículos separando las áreas de interés, sus trabajadores y científicos, muy diferente a lo que había pensado considerando el salvajismo de los guerreros, aunque claro, nadie del personal era saiyajin. Todos eran hombres de razas que alguna vez fueron libres y ahora trabajaban para el imperio.

Tarble y Bulma recorrían el lugar. El joven que medía un par de centímetros menos que la científica, con cierto orgullo en sus palabras se dedicó a mostrarle y explicarle en qué consistía cada módulo de trabajo, mientras ella observaba todo con atención, encontraba errores en el funcionamiento y pensaba en formas de mejorar los métodos de trabajo. Tuvo que admitir que pensó encontraría algo paupérrimo y primitivo, pero estaba sorprendida.

Tarble era el primer saiyajin con el que realmente sentía que podía hablar sin problemas. Casi no parecía saiyajin, pero al parecer eso no era algo positivo para el príncipe.

Cuando estuvieron apartados de la gente y el ruido de máquinas trabajando, se detuvieron ante un gigantesco ventanal polarizado reforzado de diez metros de diámetro, al otro lado una treintena de hombres en overol trabajaban en el desarme de la parte trasera de una nave la mitad del tamaño que Titán. Los trabajadores usaban mochilas de propulsión para volar y acceder con mayor facilidad a la toda la inmensidad del acorazado, parecían insectos revoloteando alrededor de bala gigante. Era una visión impresionante.

—Has hecho un muy buen trabajo en este lugar, Tarble.

—Estoy orgulloso de ello —respondió intentando no verse tan contento con el cumplido. No estaba acostumbrado a ellos—. Hay mucho más para ver.

—Lo sé, pero creo que ya me he hecho una idea del funcionamiento.

—Estoy muy interesado en lo que quieras compartir conmigo. —Estaba emocionado. No muchas veces tenía la oportunidad de conversar con alguien tan interesante y de algo que no fuera guerra o misiones.

—Vegeta me contó lo que hiciste con el planeta Gron X6. ¿Has repetido la idea en otros lugares? ¿Tienen más planetas trabajando para ustedes en lugar de destruir todo?— preguntó realmente interesada.

A Tarble le llamó la atención con la naturalidad que mencionaba el nombre de su hermano sin anteponer algún título o al menos la palabra señor.

—Mi deber como príncipe es obtener la mayor cantidad de planetas para el imperio saiyajin. Siempre pensé que sería beneficioso para todos sacar provecho mutuo en lugar de llegar a invadir y exterminar, por eso mi método de trabajo es ese. No he conseguido tenerlos en libertad total, siempre tienen que ser conquistados para lograr que mi padre acepte mis procedimientos. Hay bajas, no puedo evitarlo aun —dijo sin dejar de mirar la nave de guerra.

Bulma lo miraba a él.

—Los trabajadores de este lugar no se ven en malas condiciones. No parecen esclavos.

—Son esclavos porque no pueden abandonar el planeta a voluntad, pero tienen remuneración y un lugar donde vivir. Si continuásemos con los tratos indignos y esclavizando a todos no habríamos avanzado tan rápido en materia de navegación.

Bulma sonrió. Se dio cuenta que no todo era una causa perdida cuando se trataba de los saiyajin. Debía haber más entre ellos que pensaran como el príncipe, solo que estaban ocultos por temor a las represarías. Era curioso que el hijo menor del rey fuese tan poco mencionado en la información que encontró sobre los saiyajin, considerando sus importantes aportes.

—Entiendo que tienes reparos en compartir tus descubrimientos con nosotros, pero imagino que tienes muchos comentarios que hacer de este lugar. Cualquier consejo que nos des para mejorarlo será agradecido.

—Te ayudaré.

—Gracias. Es una suerte que Vegeta se haya cruzado en tu camino.

Bulma arqueó la ceja.

—Estuvieron hablando de mí.

—Sí, tuvimos una muy interesante conversación.

—Espero que haya usado un muy buen adjetivo al referirse a mí.

—Me dejó muy en claro lo inteligente que eres y también me contó cómo lo engañaste y manipulaste.

Bulma rio nerviosa. No se arrepentía de haberlo hecho, pero tampoco era de enorgullecerse haber saboteado la recuperación de un moribundo amnésico.

—Me alegro que lo hayas hecho. Sea lo que sea que sucedió en ese planeta le hizo bien. Creo que tú le hiciste bien.

—Soy lo mejor que pudo haberle pasado.

Tarble sonrió ante ese comentario, era raro encontrarse gente como ella dentro de palacio o del planeta mismo.

La conversación se extendió por varias horas.


(...)


Después de casi una semana de festejos por el regreso del príncipe Vegeta, finalmente la celebración había llegado a su fin y ya nadie se paseaba por los salones ni la cocina. Los saiyajin dormían donde la inconsciencia los había golpeado o se habían retirado a seguir la fiesta en alguna taberna o prostíbulo. El lugar era muy diferente al caos de los días anteriores y casi se sentía agradable estar ahí y observar el cielo nocturno. La luna era parecida a la de la Tierra y Milk no pudo evitar sentirse melancólica.

Aún no llegaba el soldado que debía llevarla hasta su dormitorio. Prefería esperarlo y no seguir tentando a su suerte. Ya había visto varias mujeres siendo llevadas en contra de su voluntad por hombres y nadie había hecho nada para ayudarlas.

Fue hacia la puerta de salida cuando creyó escuchar un ruido. Las estanterías llenas de comida y alcohol eran tan altas y estaban tan repletas que casi no podía ver a través de ellas. Sintió miedo cuando el ruido se repitió, esta vez más cerca y gritó cuando un fuerte brazo asió su cintura. El grito fue apagado por una mano sobre su boca, pero ella fue rápida lanzó un golpe con su codo hacia el abdomen de su agresor. No importaba que fuese un guerrero poderoso, ella no se quedaría sin pelear.

Kakarotto que había reducido al mínimo su ki para no ser detectado, aguantó el quejido de dolor que casi salió de su boca. Se apresuró en alcanzar a su mujer que había huido y la tomó de los hombros para mirarla y calmarla.

—Milk, soy yo, tranquila. —Tenía el labio hinchado y la nariz aún se recuperaba del gancho que su hermano le había lanzado.

La primera reacción fue abrazarlo. Pese a lo valiente que era, había sido difícil vivir este tiempo fuera de su hogar y un abrazo apretado con los fuertes brazos de ese hombre la ayudaban a recuperar energías. Sin embargo, ese mismo hombre era el responsable de todo lo que le estaba pasando y no tardó en hacerlo a un lado.

—Ya le dije a tu hermano que no necesito tu ayuda. Yo puedo salir sola de aquí —dijo molesta y bajó un poco la voz ante la insistencia del hombre—. Y por cierto, según tú no tenías familia, mentiroso. Asesino y mentiroso.

—Te contaré todo sobre mí cuando salgamos de aquí.

—No quiero verte más cuando salga de aquí —lo corrigió la mujer.

—Está bien, acepto que no quieras verme más, pero déjame sacarte de aquí. Debo ponerte a salvo. —Intentó tomarla de la mano para llevarla fuera al patio y desde ahí escapar, pero ella no dejó que la tocara.

—¿Para limpiar tu consciencia?

—Porque te lo debo. Estás aquí por mi culpa y debo cuidarte. —Una vez más quiso acercársele. Fue inútil, ella estaba demasiado dolida y era muy orgullosa.

—No. No puedo confiar en una persona que se gana la vida asesinando y lo único que ha hecho es mentirme. No puedo irme de aquí.

—¿Piensas quedarte a vivir aquí? Ahora puedes estar a salvo mientras el príncipe está encaprichado con tu amiga, pero cuando se aburra, sus cuerpos van a terminaran tirados en cualquier callejón inmundo de este planeta.

—Sabes de lo que hablas, ¿no? No pienso quedarme a vivir en un lugar tan deprimente y violento como este. Me iré con Bulma muy pronto. No necesito tu ayuda.

—Mientras eso no suceda estaré vigilándote. No sabes cómo es realmente aquí. Ahora que comenzó una nueva guerra los guerreros creen que pueden hacer lo que quieran.

—No pierdas tu tiempo.

—No lo perderé. No me iré de este planeta hasta que me haya asegurado que lo has dejado.

—No es necesario.

Pero Kakarotto no le respondió. No tardó en retirarse cuando su oído más sensible escuchó pasos acercarse.

Por fin había llegado el soldado por Milk.


(...)


Otra semana había transcurrido más rápido de lo esperado. Por alguna razón los días en Vegetasei terminaban antes pese a tener más horas diarias. Tal vez se debían a los días sin mucha luz y el color rojo del cielo hacía lucir como si siempre fuera a ocultarse el sol.

Bulma pasó los días trabajando con Tarble en diferentes aspectos del laboratorio. Desde organización hasta horarios de trabajos más flexibles para los trabajadores, pero sobre todo en optimizar el funcionamiento y velocidad de las naves esféricas individuales. Durante el día se mantenía en el laboratorio con el joven, o trabajando sola en proyectos propios (ya que tenía toda esa tecnología a mano debía aprovecharla para tener avances significativos una vez se marchara de Vegetasei y fundara la nueva Corporación Cápsula). Iban soldados saiyajin a hacerle consultas o pedir que le repararan los rastreadores y comunicadores. Lee solía frecuentar bastante a la científica en su afán de estudiar y saber más sobre las naves, había resultado ser una alumna aventajada y pronto el aporte de Bulma solo consistió en pasarle material más avanzado para que ella estudiara por su cuenta.

Cuando no estaba en el laboratorio o compartiendo con Tarble o Milk, estaba con Vegeta. Bulma había pensado que este tiempo le serviría para conocer al otro hombre y le ayudaría a hacer la separación más fácil, pero no había sido así. Parecía que jamás se cansarían el uno del otro.

—Tu hermano me sorprende, es un visionario —dijo Bulma cuando Vegeta salió del baño desnudo rumbo al armario—. Su idea de expansión con colaboración conjunta es lo que se necesita. Hay muchos planetas pobres con gente valiosa y ricos en recursos que necesitan de alguien poderoso para crecer. No todo es saqueo y destrucción. —Estaba en medio de la gran cama del hombre y casi la ocupaba en su totalidad con pequeñas piezas de robótica, tableros y herramientas.

Su atención estaba puesta en su reloj pulsera, el que manipulaba con un pequeño desatornillador, se ayudaba de una lámpara con lupa para apreciar los detalles. Ya había soldado las partes más diminutas y como era de esperarse había dejado todo tirado en cualquier lugar.

El hombre decidió sentarse en sofá, ya que no había lugar para él en la cama.

—Tarble hace un buen trabajo —respondió mirándola.

—Creo que es más que eso. —No desvió su atención del reloj. Si lo terminaba pronto tendría la posibilidad de moverse por donde quisiera sin que nadie la atrapara. Este invento suyo no era nada para contribuir al imperio, era algo personal de lo que ni siquiera Vegeta sabía—. Tu hermano está haciendo lo correcto, y aunque no quieras admitirlo, sé que nada de esto hubiese sido posible sin tu apoyo.

—Ustedes dos han pasado demasiado tiempo juntos.

—Por supuesto. Es el mejor saiyajin que he conocido. Es poderoso, visionario, benévolo y con la inteligencia suficiente como para darse cuenta que yo soy una joya que hay que cuidar.

El príncipe se cruzó de brazos. Ni siquiera quiso preguntar qué habían hablado sobre él, pero se lo imaginaba.

—¿Te das cuenta lo que significaría si él fuese rey?

—Significaría que mi padre y yo estaríamos muertos.

—En mi planeta los príncipes y reyes abdicaban a favor de su pueblo. No es algo tan terrible… Lo que me refiero con eso, es que sería mucho más fácil para los dos estar juntos. No existen las personas completamente buenas o malas y por lo que te he conocido sé que podrías cambiar todo esto.

—¿Me conoces?

—Sí, Vegeta, te conozco.

—Conociste una parte defectuosa de mí y te encargaste de manipularla a tu favor.

—Vi una parte de ti que solo tu hermano había visto antes, pero ahí está.

—Yo soy lo que soy. No pierdan el tiempo escarbando que no encontrarán nada nuevo.

—Fuiste capaz de disculparte con el viejo Zip. Viste tu error y actuaste de la forma correcta.

—Y de la misma forma no titubeé en matar a los que te estaban molestando. —Estaba comenzando a molestarse. Le cabreaba cuando ella salía con su discurso sobre conocerlo y cambiarlo.

—Esos eran unos matones a sueldo que iban a matarme, se lo merecían. Tú me estabas protegiendo. —Dejó el reloj y la herramienta de lado para mirarlo—. Puedes optar, puedes hablar, razonar, llegar a realizar excelentes tratados y trabajando en conjunto como lo hace tu hermano, no solo esclavizando y destruyendo.

—No voy a cambiar cientos de años de tradición solo porque así lo deseas —dijo levantando un poco la voz—. No soy mi hermano ni ese estúpido desmemoriado para caer en tu trampa de nuevo.

—Pues te informo que ya estás cambiando la tradición desde antes que nos conociéramos. Desde el momento que apoyas a tu hermano ya lo estás haciendo. ¿Acaso vas a creer que pienso que lo haces solo para ayudar su autoestima dañada? Si no pensaras que es eficaz jamás hubieras intercedido a su favor con tu padre.

—Ahora estás dentro de mi cabeza. —Se puso de pie, enojado, y más aún al verla a ella tan compuesta.

—Lo siento mucho querido, pero eso sucede cuando se llega al nivel de intimidad que alcanzamos.

Vegeta fue directo a la puerta, pero se detuvo cuando ella lo llamó.

—¿A dónde se supone que vas? Estamos discutiendo. Y en ese caso yo tengo que irme de aquí, esta es tu habitación.

—Tu lugar es aquí, es el cuarto más seguro de palacio y estás protegida. —Salió y casi dio un portazo.

La respuesta de Vegeta solo hizo que el humor de Bulma cambiara.

—Pues fíjate que no estoy protegida en este lugar, estoy encarcelada —gritó esperando que pudiera oírla—. ¡Y mi lugar está muy lejos de aquí, contigo o sin ti!


(...)


El lugar donde comían los guerreros que trabajaban dentro de palacio no era tan espacioso y cómodo como el salón de la celebración. Si mantenía algún encanto era porque la piedra gruesa de los muros y forma de los ventanales de arco ojival mantenían la línea de todo el palacio, pero además de las mesas y bancos, no había nada que destacara. Los hombres simplemente entraban, los esclavos les servían y luego partían a hacer cualquiera fuese su trabajo.

A Milk no le costó trabajo identificar a Raditz. Siempre comía en el mismo lugar apartado de sus compañeros. Lo había visto varias veces en la misma mesa y esta vez se animó a acercársele y de paso llevar una bandeja con comida para él.

No dijo nada, tampoco pidió su permiso para acercarse, simplemente le dejó la bandeja al lado y se sentó frente a él.

Raditz la quedó mirando, no sabía qué pretendía, pero la comida olía tan condenadamente bien que le recordó los platos de su madre y transportó a su época de niñez, un periodo de su tiempo que ahora evitaba evocar.

—Adelante, es para ti —dijo la joven.

El saiyajin dejó su bandeja de lado y comenzó a devorar sin demora la comida.

—Veo que te gustó —Era como estar viendo a Kakarotto comer.

—Es buena —respondió el saiyajin con la boca abierta.

Milk tuvo que mirar hacia otro lado. Kakarotto tenía la misma pésima costumbre que le costó trabajo eliminar.

—¿Kakarotto sigue en este planeta o ya se marchó? —Decidió ir directo al grano. Quería saber si había cumplido la promesa de cuidarla a diario, porque no lo había visto desde aquel encuentro fugaz y aunque había estado atenta cada vez que se encontraba sola, Kakarotto no había dado señales de vida.

—Pensé que te había dicho que se quedaría —dijo sin prestarle atención a la mujer. La comida era más importante—. Por tu culpa lo tengo de vuelta en mi casa y no deja de hablar de ti y cuando no está allá anda como fantasma por estos lugares. Ya me lo he encontrado más veces de las necesarias.

—¿Eso quiere decir que ahora está aquí? —Miró hacia todos lados.

—No, ahora está durmiendo en casa. Cree que cuando estoy aquí estás más a salvo.

—¿También me estás cuidando?

—Claro que no, pero insistió tanto que te echo un ojo de vez en cuando.

—Serías tan amable de contarme cosas sobre él. De su infancia y familia.

Raditz dejo de comer para mirarla antes de responder.

—Tú encárgate de traerme un plato así de bueno a diario y te puedo decir hasta los nombres de las guerreras que se cogió en su adolescencia.

—Oh, no, no quiero llega a ese nivel de intimidad —dijo con las mejillas rojas—, pero sí. Me encargaré de tenerte un buen plato de comida a diario a esta misma hora.

El hombre continuó devorando la comida y ella esperando a que terminara para hacer las preguntas, no quería que hablara con la boca llena de comida.


(...)


—Lo siento, pero no he encontrado nada sospechoso —dijo Tarble después de asegurarse que cada puerta de la biblioteca estuviese cerrada—. Revisé cada bitácora de navegación y las coordenadas de comunicación de tus cercanos, incluso de tus hombres que murieron en el ataque y nada me hizo pensar que tuvieran comunicación con el enemigo.

Vegeta estaba sentado en su sitial y Bulma sobre la larga y antigua mesa de madera que Tarble usaba para estudiar hasta altas horas de la noche.

—¿Qué tal tu investigación, hermano?

—Nada —respondió Vegeta molesto—. Estuve atento al comportamiento de algunos sospechosos, los mandé a seguir pero no encontraron nada relacionado con la emboscada.

—¿Y qué dicen los doctores en cuanto a tu memoria?

—Esos son unos buenos para nada. No hicieron nada que pudiera ayudarme a recordar.

—Ya viene siendo hora que aceptes que jamás recuperaras la memoria del día que casi te mataron —dijo Bulma relajada—. Pero no te preocupes, ya se me ocurrirá una forma de ayudarte.

—Pues deberías pensar más rápido. Cada semana que pasa es otra semana en que el traidor sigue con vida —dijo malhumorado.

—Tengo todo el día soldados de alto rango entrando y saliendo del laboratorio pidiéndome favores. Encontraré una forma de usar eso a tu favor, príncipe gruñón.

—Eso sería de mucha ayuda, Bulma —dijo Tarble sonriendo.

Bulma le sonrió de vuelta, sin lograr comprender cómo esos dos hombres podían ser hermanos y tan diferentes. Mientras que Vegeta arrugó más su expresión de fastidio al ver lo cercanos que se habían vuelto.

—Necesito algún nombre para comenzar —dijo Bulma—. No hay alguien con el que hayas tenido problemas y te quiera muerto… debería haber traído mi libreta para anotar la larga lista.

Nuevamente la mujer y el joven príncipe rieron, y Vegeta los fulminó con la mirada.

—Nunca he confiado en Karev —se apresuró en decir Tarble. No confío en él.

—Sé de quién hablas —respondió Bulma—, es quien más ha ido a mi oficina a pedir que arregle sus cosas y a veces creo que quiere ver en lo que estoy trabajando. Un traidor querría tener acceso a mis descubrimientos para dárselos al enemigo.

—No, él no puede ser —dijo Vegeta—. Siempre ha sido leal al trono.

—Lo dices porque siempre ha sido buen compañero de misiones, pero justamente en esta no viajó contigo. —dijo Tarble.

—No lo necesitaba en esta. Fui yo quien le dio la orden de quedarse. —Hizo una mueca cuando vio a su hermano y Bulma mirarse en silencio, comunicándose sin decir nada—. Alguien más debió haberlo hecho… ¿Qué tal Lee?

—¿Lee? —exclamó Tarble sorprendido—. Ella jamás haría algo así.

—Lee también es una de las que más me visita, pero es porque está estudiando. Jamás la he visto interesada en otra cosa que no sea su área de estudio. —dijo Bulma.

—La bruja que leyó mi futuro mencionó la traición de una mujer cercana.

—¿Qué bruja? —preguntó Tarble intrigado.

—No le hagas caso —dijo Bulma, y se bajó de la mesa en dirección a Vegeta—. Cuando no recordaba nada quiso que leyeran su suerte, pero se trataba solo de una charlatana que quería sacarme dinero… Por cierto, es mucho el dinero que me hiciste gastar en ropa, comida y medicina y no he visto nada de regreso. —Con la naturalidad que la caracterizaba se sentó en las piernas del hombre.

Vegeta inconscientemente y con el rostro rojo de vergüenza levantó las manos para no tocarla, mientras que Tarble rio disimuladamente y desvió la mirada para no incomodar más a su hermano.

—Por favor, ¿qué edad tienen los dos? —exclamó Bulma, obligando a Vegeta poner sus manos en ella—. No te cobraré ese dinero, Vegeta. Será en compensación por haberte mentido y para que estés más tranquilo pondré a Lee en la lista de sospechosos.

—Bien —respondió Vegeta, tieso e incómodo.


(...)


A la científica le tomó más días de lo pensado, pero finalmente había podido terminar su último invento: su reloj emitía una señal capaz de dañar momentariamente los rastreadores de energía de quienes se encontraran a 10 metros de ella. De esa forma podía pasar la seguridad y meterse donde quisiera. Así era más fácil escapar de los guardias y conocer más de palacio, y porque no, aventurarse a conocer el planeta y otros lugares de interés por su cuenta.

Ahora había sido capaz de visitar las catacumbas de palacio, un lugar que en algún momento ocuparon para llevar a los enemigos y encargarse de ellos. Había fantaseado con encontrar decenas de prisioneros clamando por piedad y una muerte rápida, pero solo había polvo, algunas arañas y el solitario esqueleto amarillento de algún rehén olvidado hace demasiado tiempo.

Al ver que su pulsera estaba funcionando a la perfección, sintió la tentación de visitar el área de palacio que pertenecía al rey. Pese al tiempo que llevaba de invitada/prisionera, no había tenido la oportunidad de ver al monarca de cerca. Solo una vez en el laboratorio lleno de gente que se empujaba para estar cerca de él y congraciarse.

Avanzó sigilosa por los pasillos, esquivó bien a los soldados que hacían la guardia y utilizó el atajo que tan amablemente Tarble le había mostrado que llevaba directamente a la biblioteca y desde ahí acortaría camino para llegar hasta los dominios del rey. El lugar parecía un laberinto de piedra helada.

Una vez en la biblioteca, decidió hacer una pausa para fumar un cigarro. Los sentidos de los saiyajin eran tan sensibles que la descubrirían enseguida si se ponía a fumar en cualquier lugar, pero ya se había dado cuenta que este lugar no era frecuentado por nadie más que Tarble y Vegeta.

Mientras disfrutaba su cigarro se paseó distraída por un pasillo de libreros, buscando algo interesante para leer. La ventana a su derecha estaba abierta y por ahí se iría el humo para no evidenciar su presencia. No esperaba que la puerta principal se abriera (al otro extremo desde donde se encontraba ella) y entraran tres hombres. Por sus voces y tono de voz claramente se trataba de una discusión.

La joven se hincó y apagó el cigarro con mucha delicadeza en uno de los muebles, esperando que el olor a humo no llamara la atención y los tomos altos y gruesos de los volúmenes de la estantería de abajo fuesen suficiente para ocultarla. No estaban tan cerca, pero sí lo bastante para encontrarla si observaban con atención. Se asomó un poco para espiar y tal como creyó cuando escuchó las voces de los hombres, uno de ellos era Tarble, el otro era Karev, ese saiyajin alto y musculoso que se había dado algunas vueltas por el laboratorio para reparar sus artefactos electrónicos, y el otro era definitivamente el rey. Qué parecido tenía Vegeta con su padre, era asombroso, aunque el príncipe era más guapo. Tal vez se trataba de la barba. Definitivamente no dejaría a Vegeta dejarse crecer la barba, no le quedaría bien.

—Ya habíamos hablado de eso, padre —dijo Tarble, intentando equiparar la intensidad de voz con la de los dos hombres que eran tan altos y musculosos en comparación a él que debía mirar hacia arriba para encararlos.

—Es una vergüenza —insistió Karev— ¿Desde cuándo los saiyajin negociamos con los planetas conquistados?

—Ese no es el trato que habíamos pactado, Tarble —dijo el Rey severo—. Las condiciones fueron muy claras para permitir tu libre actuar.

—¿Libre actuar? Soy el príncipe de este planeta y se ponen trabas a cada acción que realizo.

Así es, Tarble. Ponlos en su lugar —pensó la científica sentada y encorvada en el suelo.

—Eres el príncipe y sin embargo no te comportas como tal —sentenció el rey.

—No logro la misma cantidad de conquistas que ustedes, pero mis números son mejores a la larga.

—Lo lograrías si no estuvieras jugando al pacificador con cada uno de ellos —intervino Karev con desprecio— ¿Qué es esa estupidez de no eliminar a los débiles? De esa forma se envía un mensaje fuerte y claro y no se pierde el tiempo.

—No necesito clases, Karev. —El joven apretó los puños. En momentos como ese deseaba ser igual de poderoso que el resto y poder partirle la cara por haberle ido con cuentos al rey.

—Mereces algo peor, pero eres el príncipe y acá respetamos las tradiciones —continuó Karev.

—Lo siento —dijo Tarble—, no sabía que ir de entrometido con el rey era tradición.

—Él cumplió con su obligación, Tarble —se interpuso el rey—. Aprovechaste que estuve concentrado en la desaparición de Vegeta para desobedecer mis órdenes.

—Tomé la iniciativa y triunfé, padre. Algo que se celebraría y alentaría, pero ya que soy yo se busca una excusa para humillarme. ¿Y tú que hiciste Karev mientras Vegeta estuvo ausente? Seguramente fuiste de gran ayuda.

—La confianza que me tiene el rey me la he ganado, príncipe.

Tarble quiso responderle, pero el rey le hizo una seña para que se detuviera.

—No tienes el poder para llegar tan lejos a la hora de tomar decisiones, Tarble. No has logrado llegar a ese nivel conmigo y tu comportamiento me sigue demostrando que no puedo dejarte al mando de misiones.

—No deja bien puesto nuestro nombre con el enemigo, mucho menos ahora que estamos en medio de una guerra por el intento de asesinato de Vegeta —intervino Karev y el rey no lo reprendió por interrumpir.

El joven príncipe intentó hacer una réplica, pero nuevamente su padre lo cayó con la mirada. Todo el valor que había reunido para hacerles frente había comenzado a flaquear.

—No tengo que preocuparme tanto de ti, jamás serás rey y tu trabajo se puede limitar en el palacio. Y en caso de que quieras volver a misiones será a la manera tradicional. No estoy dispuesto a poner en riesgo nuestra reputación en estos momentos.

—¿Por qué nuestra reputación se encontraría en peligro? —preguntó el príncipe Vegeta en cuanto entró a la habitación.

Bulma inconscientemente intentó esconderse más detrás de los libros, pero no realizó ningún intento por escapar. Para llegar a la puerta secreta trasera tenía que levantarse y fácilmente sería vista, además estaba demasiado interesante para perdérselo.

El saiyajin escuchó con atención lo que Karev tenía para decirle, y Tarble, al tener a su hermano a su lado recuperó un poco el valor para exponer su punto de vista en el asunto.

—Ni siquiera entiendo porque estamos teniendo esta discusión. Deberíamos estar centrados en la guerra —dijo Karev.

—Puede que el método de Tarble no sea el más ortodoxo, pero ha cumplido —dijo Vegeta, cruzado de brazos.

Desde su escondite Bulma casi le echó porras al hombre por apoyar a su hermano. Sabía que tenía que ser así.

—No puede ser que estés de su lado —reclamó Karev.

—No lo sé, Vegeta —dijo el rey ahora dudando. Tenía en tanta consideración a su heredero que era el único que podía convencerlo—. Esto nos hace alejarnos de quienes somos. Pronto nos van a conocer por hacer caridad —dijo con desprecio.

—Yo pensaba lo mismo que tú, padre, pero me encargué de vigilar sus operaciones y funcionan. Tarble se está encargando de planetas distantes, lo que significa establecer bases y tecnología de punta para aventurarnos a llegar cada vez más lejos, de lo contrario solo tendríamos una roca muerta en el medio de la nada. No hubiese sido posible para mí llegar en tan corto tiempo de no haber tenido ese planeta tan lejano bajo nuestros dominios.

—Eso es verdad. —El rey le dio la razón, pero continuaba un tanto escéptico—. Mientas tú, mi heredero no quiera seguir el mismo camino…

—Por supuesto que no —dijo cruzándose de brazos y sonriendo con burla—. Considera esto como un pasatiempo de tu hijo menor. ¿O prefieres que esté metido todo el tiempo aquí y se diga que es un cobarde?

Tarble desvió la mirada por aquel comentario.

Bulma frunció el ceño. Podría jurar que Vegeta estaba mintiendo. Reconocía esa cara. Vegeta estaba haciendo lo posible para que su hermano pudiera continuar con su forma de trabajo, sin embargo la manera podía considerarse cuestionable.

—Está bien —dijo el rey perdiendo el interés por los problemas de su hijo menor—. Que haga lo que quiera, mientras sea lejos de aquí. Lo que a mí me interesa saber ahora es por qué no has ido a la guerra que comenzamos en tu nombre.

—Iré pronto —respondió Vegeta.

—Ya tenemos listo el escuadrón, Vegeta. Solo tienes que dar la orden —dijo Karev.

—No me gusta la poca iniciativa, muchacho. —Ahora el rey recuperó la energía y ganas de discutir—. Ya has tenido tiempo de sobra para recuperarte, beber y cogerte a quien quieras, no es posible que continúes aquí perdiendo el tiempo, especialmente con lo que se ha comenzado a decir de ti y esa esclava.

—No he perdido el tiempo. He estado trabajando para encontrar al culpable de lo que sucedió —dijo molesto, mirando a los ojos a su padre—. Y no puedo hacerme cargo de lo que se ha comenzado a decir.

El rey endureció su mirada y sin quitarla de su hijo mayor, se dirigió a los otros dos hombres.

—Salgan.

Tarble obedeció enseguida. Karev dudó unos segundos pero finalmente salió y cerró la puerta, dejando a los dos (o tres, mejor dicho) solos en la biblioteca.

—¿Vas a quedarte escuchando detrás de la puerta? —preguntó Tarble a Karev—. Es una lástima que te sacaran de ahí, ahora no vas a poder intervenir y quedar con los dos bien al mismo tiempo. Qué técnica la tuya.

Karev se alejó de la puerta y pasó por su lado, mirándolo por sobre el hombro.

—Jamás dejarás de ser un simple príncipe olvidable.

—Jamás lograrás pertenecer a la familia real, ni siquiera lamiendo sus botas.

Karev se le acercó peligrosamente, obligando al joven a retroceder hasta que chocó con la pared, asustado.

—Te advierto que te alejes de Vegeta. Le haces mal a él y a este imperio. Lo estás arruinando—Se alejó caminando a paso rápido.

Tarble sintió su corazón acelerado. Pensó que esta vez sí lo golpearía.

Mientras tanto, dentro de la biblioteca continuaba la conversación entre padre e hijo. Y Bulma, atenta a cada palabra que decía el rey, entendía por qué Vegeta la había mantenido alejada de todos incluso dentro de palacio. No la protegía de los peligros porque en realidad era uno solo: su padre que no dudaría en quebrarle el cuello si no le gustaban sus palabras y ella era especialista en decir palabras que no eran del agrado de todos.

—… A todos no ha pasado alguna vez, especialmente con esclavas exóticas, pero jamás vamos a abandonar el deber, especialmente tú, porque esta guerra es tuya.

Vegeta quiso responderle, pero el rey lo interrumpió levantando más la voz.

—No más, Vegeta. Ya viene siendo hora que te deshagas de ella. Ya mucho ha aportado con las naves, pero no es nada que mis científicos no hubieran logrado en un futuro cercano.

Sí, claro, como no, viejo estúpido. —susurró la mujer indignada.

—Deshazte de la esclava o sino…

—No voy a aceptar que me amenaces —dijo Vegeta interrumpiendo a su padre. Se notaba que estaba conteniendo su voz y su cuerpo ante el rey, pero la furia de sus ojos era elocuente.

—¿Qué?, ¿tan encaprichado estás con esa esclava como para desafiarme?

—Mis años al servicio de este imperio me respaldan. No voy a aceptar que pongas en duda mi capacidad para tomar decisiones y mucho menos inmiscuirte en mis asuntos.

—Sí, estás encaprichado con la esclava —dijo convencido, poniendo los ojos en blanco, una acción que no agradó en nada a su hijo—. Tienes razón, jamás me has dado motivos para preocuparme de ti, pero no por eso voy a bajar la guardia, mira lo que pasó por bajar la guardia con tu madre y tu hermano; lo arruinó por completo… No voy a meterme en tus asuntos por ahora, pero no puedo decir lo mismo de muchos otros saiyajin clase alta, especialmente el padre de Lee que tiene de su lado uno de los ejércitos más grande después del nuestro. Ellos nos durarán en encargarse de la esclava, y créeme, van a ser mucho peores que yo, y lo voy a permitir.

—Eso no va a pasar —respondió Vegeta con la mandíbula apretada. Ya quería ver que se atrevieran.

—Claro que no y por eso cuando regreses de la guerra te unirás definitivamente a Lee. Ese compromiso lleva demasiado tiempo sin realizarse, es hora que se casen y tengan hijos. Y antes que suceda todo eso quiero a la esclava muy lejos de aquí o muerta, no me importa, de lo contrario le quebraré el cuello en frente tuyo, y no es una amenaza, es simplemente lo que sucederá. —Salió del lugar sin esperar respuesta de su hijo.

Bulma estaba pálida. Daban mucho más miedo las amenazas del rey cuando hablaba calmado y no levantaba la voz. No se dio cuenta cuando Vegeta abandonó el lugar hasta que escuchó la puerta cerrarse.

Dos días después de esta conversación, el rey tomó una de las nuevas naves personales y partió junto con su comitiva rumbo a la guerra. Gracias a nuevo motor serían capaces de llegar en menos de tres días a su destino, en lugar del mes que les tomaría normalmente y todo gracias a la esclava.


Bulma había logrado evitar a Vegeta por más un día. No quería verle la cara ni hablarle y la razón no era la amenaza de muerte del rey, eso era casi obvio, esperable, después de todo era el emperador de una raza de guerreros asesinos. Hubiese sido casi una contradicción biológica del hombre el no recurrir a amenazas de muerte para solucionar los problemas. Lo que hervía su sangre era que Vegeta no le hubiese dicho que Lee era su prometida, cuando sabía que habían compartido tiempo estudiando y ahora le prestaba material para que la saiyajin continuara educándose por su cuenta.

El laboratorio la distraía, era como un bálsamo para el caos y estrés de su vida diaria. Tenía una carpeta llena de proyectos e ideas que implementaría una vez construyera la Corporación Cápsula y eso la mantenía soñando despierta.

Para su pésima suerte, vio a Lee acercarse hacia su escritorio, traía bajo el brazo el pequeño computador portátil en el que Bulma le ingresaba información nueva y así pudiera estudiar. La saiyajin además venía fumando, lo que le recordó a Bulma que sus cigarros ya se habían acabado y no había encontrado al chico del aseo que le conseguía. Agradecía a dios el haberse puesto el implante anticonceptivo unos meses antes de conocer a Vegeta, de lo contrario sería un caos buscar métodos anticonceptivos en este planeta de contrastes, aunque considerando su enojo actual la abstinencia era lo que veía en su futuro próximo.

Cuando Lee llegó al escritorio, Bulma continuó trabajando en su computador, ni siquiera la miró. La saiyajin, como siempre, se sentó sobre el escritorio, muy cerca de ella y dejó el computador con la poca delicadeza que caracterizaba a la guerrera.

—Ya lo terminé todo. ¿No tendrás algo un poco más avanzado? —dijo altanera, sonriendo orgullosa de sí misma. Y no pudo evitar notar la mirada de Bulma—. Tranquila, científica, esta vez no vengo con las manos vacías—. Sacó del pecho de su armadura una cajetilla nueva de cigarros y se la dejó sobre el teclado del computador.

Bulma miró a Lee y luego la cajetilla y no tardó en abrirla para poner un cigarro en su boca. Buscó en sus bolsillos y cajones pero no encontró el encendedor. Estuvo a punto de lanzar un improperio en frustración, pero la saiyajin acercó su dedo que brillaba suavemente por la bolita de energía que emanó desde la punta.

Finalmente Bulma pudo encender el bendito cigarro y relajarse un poco cuando sintió el humo llenar sus pulmones.

—Gracias —musitó con el cigarro en la boca y regresó su atención a la pantalla del computador.

—Estuve trabajando en las naves de mis compañeros de tripulación. Creyeron que las haría explotar, pero les cerré la boca a todos —dijo sonriendo. Al notar que nuevamente no había una respuesta por parte de Bulma, la guerrera la quedó observando y no fue muy difícil descifrar lo que ocurría—. Así que ya te enteraste que soy la prometida de Vegeta, y con lo que Tarble trabajó para que no lo supieras.

A Bulma le sorprendió ese último comentario.

—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó a Lee.

—Hace un tiempo —dijo más preocupada de su cigarro que del tema de conversación.

—¿Y no te importa? —Bulma jamás pensó que se vería en una situación así y haciendo esas preguntas. Casi se sintió tonta y eso era difícil.

—Una mujer más o menos en la cama de Vegeta no es un asunto importante —dijo honesta, aspirando con ganas el humo del cigarro.

—Ciertamente no soy una mujer más —respondió Bulma desafiante. Poco le importaba que la saiyajin pudiera eliminarla con la punta del mismo dedo que usó para encender el cigarro. ¿Qué más importaba si ya estaba amenazada de muerte por el rey?

—¿Así que es importante para ti?

—Lo es.

—Tengo entendido que mueres por irte y si no lo has hecho es porque Vegeta te tiene prácticamente prisionera aquí. Tu comportamiento no es de alguien que le importe —Y añadió con una sonrisa un tanto extraña—. Es él quien está más comprometido por lo que veo. —Expulsó el humo por la nariz.

—Es mucho más complicado que eso, no lo entenderías —respondió Bulma, molesta. No era la reacción que esperaba en la prometida de Vegeta. Incluso una pelea jalándose el cabello, gritando y amenazándose mutualmente hubiese sido mejor que lo que ocurría ahora.

—Las cosas son simples, científica. —Tomó la cajetilla y sacó un cigarro que puso detrás de su oreja. —. Cuando te apasiona algo no lo abandonas jamás. Te nutres y llenas de él porque de lo contrario no vale la pena. No importa que seamos de distintas razas con costumbres diferentes, somos mujeres apasionadas y son los mismos instintos los que nos dirigen al final del día.

—¿Y qué es lo que te apasiona a ti?

—En estos momentos, esto. —Le dio unos golpecitos a su computador y luego se bajó del escritorio—. Volveré más tarde por él, veo que ahora no estás concentrada, y no olvides poner algo más avanzado. Vendré con más cigarros.

Se marchó con la misma confianza que llegó.

Bulma se dedicó a terminar su cigarro. Definitivamente había caído en un planeta extraño.


Las horas pasaron y Bulma ni siquiera lo notó. El laboratorio se encontraba vacío, los trabajadores, científicos e incluso los que se dedicaban a limpiar al término de la jornada laboral ya se habían marchado. Solo quedaba ella con una lámpara sobre el escritorio que iluminaba lo suficiente.

Pasaba imágenes de planetas lo suficientemente lejanos a Vegetasei para establecer lo que sería algún día el edificio principal de la Corporación Cápsula. Tenía ideas para hacer un edificio totalmente nuevo, pero también la nostalgia la invadía y la idea de hacer el mismo de la Tierra se le hacía un lindo gesto para recordar a su padre. Ya tendría tiempo para decidir esos detalles, lo que debía escoger ya era un planeta que tuviera una gravedad y atmosfera agradable para trabajar sin problemas y desde ahí expandirse.

—Sabía que te encontraría aquí, muchacha.

Bulma bajó la pantalla de su computador cuando escuchó la voz. No pudo evitar asustarse, hace rato que no escuchaba más ruido que el de su propia respiración. Esta vez reconoció enseguida a Karev, cómo olvidarlo después de presenciar esa reunión en la biblioteca.

El saiyajin se acercó hasta que solo los separó el escritorio. Era tan alto.

—¿Trabajando hasta tarde? —preguntó y observó las carpetas que Bulma tenía abiertas y esparcidas por toda la superficie del escritorio.

—Sí, ustedes son demasiado demandantes, consumen todo mi tiempo —dijo con una sonrisa coqueta que captó la atención del hombre para dejar el contenido de las carpetas de lado. Ya se había dado cuenta que era fácil distraer a ese tipo de hombres con un poco de femineidad, y claro, estaba a salvo porque estaba segura que Vegeta les había advertido a todos que era intocable, de lo contrario ya lo hubiera pasado muy mal en ese lugar lleno de testosterona descontrolada.

—Pobre criatura —dijo el saiyajin, apoyando las manos en el escritorio para hacerse hacia adelante y poder verla mejor. Bulma no se hizo hacia atrás, no sentía que fuese necesario aún—. Tienes que exigir a Tarble te deje salir más temprano, de lo contrario estropeará esa cara de muñeca que tienes. A nadie le gustan las mujeres con el rostro seco.

—No hay problema de eso. No importa cuánto trabaje, siempre me mantengo bien.

—Sí, se nota —y la observó descaradamente desde donde estaba.

La mujer no mostró incomodidad. Ya había pasado por mucho para que la mirada lasciva de un simio la hiciera sentir mal. Tenía que tener cuidado con este hombre, sentía que cada vez que venía a verla intentaba ver más de lo debido, y no era precisamente su cuerpo.

—¿Y qué es lo que necesitas ahora, Karev? —preguntó natural, fingiendo estar totalmente dispuesta a servirle.

—Esta vez recordaste mi nombre.

—Son muchos los saiyajin que vienen a pedir que repare sus cosas, pero no, ya no olvidaré el tuyo.

El hombre dejó su scouter sobre el escritorio y antes que pudiese decir algo, Bulma le habló.

—Déjame adivinar, la transmisión se interrumpe durante turbulencias y el rastreador de energía se vuelve loco cuando el poder de pelea es muy elevado.

—Vaya, se ve que conoces tu trabajo —dijo complacido.

—Es el problema de muchos. Tengo una caja llena de rastreadores para reparar.

—Pero yo no tendré que esperar, ¿verdad? Tengo que ir a la guerra y lo necesito pronto.

—Puedes venir por él mañana.

—Así me gusta. —Y acarició su mentón con el pulgar y el índice.

Bulma estuvo a punto de hacerse hacia atrás, pero el hombre retiró enseguida la mano.

—¿Sabes, muñeca? Cuando Vegeta se aburra de ti y no tengas quien te proteja en este planeta, con mucho gusto me encargaré de ti.

—No si me aburro antes yo de él —dijo graciosa, a lo que el guerrero no pudo evitar reír con ganas.

La risa del hombre se vio interrumpida por la voz de Vegeta que llamó al saiyajin por su nombre, muy cerca de ellos. Karev se irguió y cruzó de brazos, totalmente tranquilo, como si no hubiese estado haciendo nada malo con la propiedad del príncipe. Y Bulma permaneció calmada, no quería iniciar una discusión entre dos guerreros dentro del laboratorio.

—Vegeta, es una verdadera joya lo que encontraste. Deberían haber más como ella trabajando en el laboratorio y nos haríamos de la galaxia entera en menos de un año.

—Haremos eso tarde o temprano —respondió Vegeta, más serio de lo de costumbre y sin dejar de mirar a Bulma.

—Volveré por mi encargo mañana. No lo olvides —dijo Karev a Bulma para terminar la conversación y retirarse, era obvio que a Vegeta no le había hecho gracia encontrarlos así.

—Lo tendré a primera hora, Karev.

El saiyajin no tardó en irse.

Bulma apoyó su espalda en el respaldo de su asiento y miró a Vegeta. No pensaba intimidarse con la actitud del saiyajin. Estaba demasiado molesta por lo de Lee para que él trajera más mierda.

—Me estás evadiendo —dijo el hombre tampoco de buen humor.

—Sí —respondió ella, y se llevó un cigarro a la boca. Por fin había encontrado el encendedor y ahora no lo dejaba en otro lugar que no fuera el bolsillo de su pantalón para perderlo nuevamente.

—¿Qué hacías con Karev?

—Lo que hago con todos los saiyajin desde que decidiste extender mi estadía en tu planeta: arreglar sus juguetes porque no hay un solo profesional en este lugar que me llegue a los talones.

—¿Y para trabajar ríes y haces escandalo con un soldado?

—¿Sabes, Vegeta? —dijo molesta, al tiempo que se ponía de pie para cerrar sus carpetas para llevárselas a su habitación—. Es penoso ver un hombre en tu posición haciendo una escena de celos cuando está a punto de casarse.

—¿De qué carajos estás hablando?

—Estoy hablando de que Lee será tu esposa y me lo ocultaste. —No se dio cuenta y el cigarro cayó al suelo completamente olvidado.

—Siempre he sido honesto.

—Solamente mencionaste que estabas comprometido con una guerrera, no con Lee y tú sabías que estaba pasando tiempo con ella. ¿Acaso tenías en mente cogerte a las dos al mismo tiempo? Después de todo qué es una mujer más o menos en tu cama.

—Eso es completamente normal en este planeta.

—Pues te recuerdo que este no es mi planeta, que me tienes en contra de mi voluntad y no voy a permitir que me humilles de esa manera.

Vegeta sentía la sangre hervir cada vez que Bulma le mencionaba que no estaba a gusto en Vegetasei. Era como decirle que no quería estar más con él y no sabía cómo lidiar con eso al nunca haberse visto en un escenario similar, por lo tanto lo que afloraba era más ira, algo que conocía muy bien.

—¿Humillar? ¿Me hablas de humillación a mí cuando tú me utilizaste como quisiste en ese basural donde vivías? —exclamó irritado—. Te aprovechaste de mi situación y me denigraste cada vez que tenías la oportunidad. —Sintió que la sangre le hirvió cuando ella respondió con una carcajada y fue mucho peor cuando habló.

—Jamás te humillé, Vegeta, eran cosas que disfrutaste hacer, solo que no lo sabías, ya que como príncipe eres tan restringido y estirado que haría falta todo tu querido ejercito de guerreros para quitarte el palo que tienes metido en el culo.

Bulma casi no notó cuando él se movió más rápido de lo que sus ojos podían seguir. Cuando sintió el contacto con él ya estaban muy cerca el uno del otro y le agarraba la mandíbula con la mano enguantada.

El hombre estaba furioso, jamás nadie le había hablado así en toda su vida, incluso el enemigo mantenía ese respeto que debía tenérsele al príncipe de los saiyajin.

—No digas una palabra más —ordenó con el cuerpo tenso.

El corazón de Bulma se aceleró por la rabia y la sorpresa. Intentó soltarse pero fue imposible.

—¿Es esta tu verdadera cara, Vegeta? ¿Piensas hacerme daño? —dijo desafiante—. ¿Por este intento de hombre quieres que me quede aquí?

—Bulma, cállate. —casi sintió su propia mano tiritar. No podía creer que su autocontrol flaqueara de esa forma.

—El que Argon se haya enamorado de mí no te excluye, lo sabes bien.

—No sigas con eso, es patético.

—Me amas y ya viene siendo hora de que lo admitas.

El hombre la soltó con rabia y se alejó unos pasos, no quería seguir escuchándola.

—Yo no amo a nadie —dijo tajante.

—Oh, no me vengas con eso. Amas y has sido capaz de hacerlo desde mucho ante de conocerme. Amas a tu hermano, lo puedo ver, de lo contrario no lo hubieras defendido ante tu padre y Karev.

Vegeta la quedó mirando. Era imposible que supiera de aquella conversación, pero por otro lado también sabía lo del casorio con Lee.

—¿Estabas espiándome?

—Por supuesto que no. Quedé atrapada cuando llegaron y decidí esconderme.

—Mi rastreador hubiera avisado la presencia de alguien más —dijo receloso.

—Da lo mismo. Lo importante es que defiendes a tu hermano y lo apoyas en su actuar porque sabes que lo que él hace es lo mejor.

—Ya habíamos tenido esta conversación y sabes cómo termina. —Se dio media vuelta para marcharse, pero Bulma se apresuró para detenerlo.

—¿Acaso no lo ves? Si las cosas en este planeta se hicieran de la forma de Tarble sería mucho más fácil estar juntos —dijo convencida y emocionada. No quería tener que abandonarlo, pero tampoco estaba dispuesta a quedarse en ese planeta con él. Lee tenía razón, era apasionada y no podía dejarlo así como así, había una tercera opción, pero quizás era demasiado pronto para que él se diera cuenta si ni siquiera era capaz de admitir sus sentimientos en voz alta—. No eres como dices ser, eres mucho más y mucho mejor que eso.

—Sé perfectamente quien soy.

—Y yo sé que me amas, desmiénteme si estoy equivocada. —Cometió el error de besarlo, a lo que Vegeta se aferró a eso para no tener que hablar para desmentir ni confirmar nada.

La boca del hombre reclamó la de ella con la pasión e ira contenida durante la discusión e hizo lo que mejor sabía hacer para callarla y se entregara a él sin pudores ni exigencias. Sin condiciones ni plazos y promesas que cumplir. Eran solo los dos, sus cuerpos calientes entrelazados y el tiempo que parecía detenerse cuando nada ni nadie se interponía.

Si tan solo fueran ellos dos y el resto del universo no existiera…


(...)


Días después…

—Me siento como una colegiala que se esconde en el baño para fumar a escondidas —dijo Milk sentada en el suelo de una de las tantas torres de palacio. Si se ponía de pie tenía la vista de uno de los patios de despegue.

Bulma también sentada en el suelo estaba ocupada en encender su segundo cigarro. Habían llegado a ese lugar gracias a su invento.

—No creo que fueses de esas colegialas que fumaba a escondidas.

—No, yo fui educada en casa, pero de haber ido al colegio las habría delatado a un superior.

—Te creo —dijo sonriendo—. Nos hubiéramos llevado tan mal…

—Ese aparato que hiciste para bloquear los rastreadores es lo mejor que has hecho, casi siento que tenemos libertad.

—Pronto nos iremos de aquí, dalo por hecho. En compañía de hombres o solo las dos, pero saldremos de aquí.

—Lo sé. —Pese a la larga estadía en el planeta, Milk confiaba que no terminaría sus días en el palacio—. No necesitamos a ningún hombre.

—¿Kakarotto insiste en jugar al fantasma?

—Según él está todos los días aquí, pero como le dije que no quería verlo no ha aparecido.

El ruido en el patio de despegues se intensificó tanto que terminó llamando la atención de las mujeres. Estaban más efusivos que los días anteriores, lo que las obligó a asomarse disimuladamente para observar lo que sucedía.

Abajo estaban guerreros de clase alta, Bulma ya sabía reconocerlos por la forma de las armaduras y sus colores, además entre los presentes, dirigiendo el griterío estaba Karev, listo para partir, vomitando el típico discurso que solían dar antes de una misión importante, pero que al parecer lo escuchaban por primera vez.

—Van a viajar en las naves que adaptaste —comentó Milk.

—Sí, hace rato comenzaron a usarlas —respondió Bulma arrepentida de haber contribuido. De cierta forma sentía sus manos manchadas de sangre.

Las dos se callaron y pusieron atención cuando oyeron que se mencionaba al príncipe Vegeta en el discurso.

—… ¡vamos a ir y demostrar de que estamos hechos! —gritó Karev. Los soldados alzaron el puño cerrado y gritaron después de él—. ¡En compañía del príncipe Vegeta esto será una misión de rutina, llegaremos a apoyar al rey y tomaremos todo para nosotros! —Los hombres aullaron el doble, ansiosos de marcharse de una vez por todas—. ¡Vamos a reducir el maldito planeta en cenizas!

—¿Vegeta se va? —exclamó Milk asombrada— ¿Pero qué va a pasar con nosotras?

—No puede ser, ese maldito no me dijo nada —dijo Bulma para sí y luego se dirigió a Milk— ¿Puedes regresar sola? Necesito ir a verlo.

—Ve, a mí no me controlan como a ti.

—Y prepara tus cosas porque nosotras también nos vamos hoy de aquí. —Salió corriendo en busca de Vegeta.


Ya listo con su traje y armadura, Vegeta estaba listo para abandonar su habitación en dirección al laboratorio donde debía encontrarse Bulma y luego partiría al patio de despegues donde su escuadrón lo esperaba para partir, pero no fue necesario porque la mujer entró e hizo saber enseguida su estado de ánimo al cerrar de un portazo la puerta.

—¿Cómo te atreves? —gritó furiosa—. ¿Pensabas irte de aquí sin decirme?

—Iba ahora a tu encuentro.

—¿Y qué mentira pensabas decirme?

—Jamás te he mentido —dijo calmado, totalmente distinto a ella.

—Ocultar información es mentir, idiota.

—Estás demasiado alterada para hablar. Lo haremos una vez regrese de la misión.

Bulma se puso en medio de su camino. No lo dejaría salir.

—Ni siquiera lo pienses, Vegeta. No vas a irte de acá y dejarme encarcelada. Tenemos un trato.

—Lo sé, y una vez que…

—No, Vegeta. Tiene que ser ahora. No crees que voy a estar aquí esperando plácidamente mientras asesinas a cientos de personas inocentes.

—Intentaron matarme —dijo molesto.

—Unos pocos intentaron matarte, no un planeta entero. ¿Y sabes qué? Puedes hacer lo que quieras con tu vida, pero te exijo que me liberes ahora. El trato está más que cumplido por mi parte, no quiero seguir aquí.

Vegeta la miró con hielo en las venas y le respondió:

—Eso no sucederá. —Finalmente dijo lo que Bulma tanto temía escuchar. El guerrero notó la decepción en sus ojos claros, pero mantuvo su postura—. La decisión está tomada.

—No puedes hacerme esto. —Sintió los ojos llorosos de tanta cólera y frustración que la invadió en ese momento—. Harás que me maten.

—Dejaré soldados protegiéndote día y noche. Ya tienen instrucciones de dónde, cómo y cuándo dejarte sola. Jamás te harán daño, pero están autorizados a actuar si así lo estiman conveniente.

Bulma no podía creer lo que estaba escuchando. Este hombre no era ni Argon ni Vegeta, era un monstruo.

—No. No soy una esclava, no soy una cosa para que dispongas así de mi vida. ¡No le pertenezco a nadie, ni siquiera a ti!

Vegeta se le acercó y tomó de la muñeca sin que ella pudiera liberarse. La soltó en cuanto le quitó el reloj.

—Es esto, ¿verdad? Comencé a sospechar que algo habías hecho para saltar la vigilancia cuando confesaste que habías escuchado la conversación en la biblioteca. Te dejé salirte con la tuya porque yo estaba en el planeta y conmigo no corres peligro, pero ahora debo ir a cumplir con mi deber. —Sin reparos apretó el reloj en su mano para hacerlo pedazos.

Los restos cayeron al suelo, tal como las esperanzas de Bulma de tener un futuro con él, o siquiera tener un futuro.

—Volveré pronto —dijo el hombre.

Bulma no respondió. Ni siquiera lo miró, sus ojos claros ahora estaba irritados por las lágrimas.

El saiyajin salió de la habitación con dirección al patio de despegues.


En el lugar ya estaban todos listos con sus naves y guerreros en posición aguardando al príncipe. Sabían que no se caracterizaba por dar discursos, le gustaba ir directo al grano, por lo tanto, en cuando lo vieron ingresaron a sus naves y aguardaron a la orden para despegar.

—Oye, Vegeta.

El saiyajin se giró cuando estuvo junto a la nave esférica. Era Lee que también tenía su traje y armadura lista para salir.

—Tenemos una conversación pendiente.

—La tendremos en su momento.

—Lo sé. Yo me encargaré de recordártelo. —Prendió un cigarro y fue a su nave.

Vegeta no volvió a mirar a palacio. Se concentró en lo que tenía que hacer, en su deber y entró a su nave.

En menos de cinco minutos las naves ya habían abandonado el planeta.


En la cocina Milk estaba ocupada haciendo el almuerzo para Raditz. En cualquier momento llegaría para continuar con la conversación que dejaron pendiente el día de ayer. Estaba preocupada. Ya había escuchado a soldados hablando del viaje del príncipe, y ellas continuaban de prisioneras en el planeta. Debía buscar a Bulma para saber qué pasaría ahora.

Se asustó cuando escuchó gritos acercándose. Reconoció la voz de Bulma y cuando estuvo más cerca entendió lo que decía.

—¡Es una cocina, maldita sea! ¡No tengo una nave escondida debajo de la mesa!

Milk dejó lo que hacía cuando Bulma se le acercó a paso rápido. Vio en la entrada a dos saiyajin del ejército de elite observándola, pero no entraron.

—Bulma, ¿qué fue lo que pasó? —Su miedo fue en aumento cuando vio claros signos de que había estado llorando, pero no la veía deprimida, sino que altamente decidida.

Cuando llegó a la mesa donde Milk trabajaba, Bulma apoyó las manos en la mesa de madera y respiró ajetreada.

—Tienes que contactar a Kakarotto —susurró agitada mirándola a los ojos—. Vegeta no me dejará salir de aquí, tienes que decirle que nos ayude a escapar.


Continuará…


Y pasó lo que tanto temía Bulma, pero había estado evadiendo por estar enamorada de Vegeta. Y claro, el otro también está enamorado y comenzó a comportarse como un idiota con tal de no perderla. En el próximo capítulo vamos a ver qué pasa cuando vuelvan a reencontrarse.

Cuéntenme que les pareció el capítulo. Me encanta leer sus comentarios y suposiciones para el capítulo siguiente.

Este es el capítulo más largo del fic. Los otros van entre las 4000 y 6000 palabras y este tiene más de 14000. No quise cortarlo en dos capítulos, porque consideré que todo debía ir dentro de uno solo. Estuve todo el día de hoy en el computador para poder terminarlo y revisarlo, tengo las manos cansadas, me duele la espalda y los ojos, pero estoy contenta con el resultado.

Muchas gracias por sus comentarios, por leer y espero sus rws.

Ah! Y les comento que quedan solo 3 capítulos para que termine.

Nos vemos en el próximo.

Dev.

27/02/20.