Que será de ti, Capítulo quince
_ Candice White... ¿Qué pasó contigo? _ preguntaba Franny mientras se dirigían a la oficina de la pediatra Patricia O'Brien.
_ Eras una de las mejores en la escuela de Mary Jane. _ Candy tardo unos minutos en responder.
_ Por cosas de la vida que quizás algún día te comparta.
¡Me da gusto verte nuevamente Franny!... _ Candy sonrió, mostrando su mejor actitud a quien un día consideró su mentora.
La Dra. Patricia sostenía la puerta para que las chicas pasaran.
_ Adelante Franny, señorita White.
_ Dígame solo Candy por favor doctora. _ dijo Candy.
_ Siéntese por favor Candy.
¿Y dígame... porque dejó su carrera de enfermería? Si no es tanta indiscreción. _ Patricia dio unos pasos y se sentó frente a Candy. Franny aún seguía de pie cuando Patricia le pidió que le entregara el currículo de la señorita White.
_ Franny siéntese por favor... ¿puedo ver el currículo de la señorita Candy?
_ Por supuesto doctora. Aquí tiene. _ Patricia tomo el folder y comenzó a leerlo.
_ Muy bien...
¡ah!... ¿Ustedes se conocen? Se graduaron de la misma escuela de enfermería... y sus horas sociales las hizo en el Santa Juana de Chicago.
_ Si Dra.
Por cosas de la vida; un amor... que creí era amor. Deje todo por seguirlo
Ahora me doy cuenta cuan equivocada estaba.
_ Entiendo Candy... no debe darme los detalles si es algo que no desea recordar. — Franny observaba y escuchaba detenidamente a Candy.
_ Franny... ¿usted qué opina de la señorita Candy? _ Franny dirigió la mirada hacia la doctora quien limpiaba sus lentes en ese momento.
_ ¿Yo?... Bueno, cuando estuvimos en el colegio de Mary Jane, Candy era un poco juguetona al principio pero se aplicaba.
_ Y en el Santa Juana ¿Porque la despidieron Candy?... _ Candy trago en seco. Se preguntaba si podría mencionar el nombre de Albert.
Una de las reglas del hospital era la prohibición de citas entre compañeros de trabajo. Lo menos que deseaba era que la relacionaran con un doctor del hospital.
_ Fue por un paciente que ayudé cuando el hospital en ese entonces no aceptaba personas de bajos recursos.
_ Candy cuidó de ese hombre y ese hombre es... — a punto estaba Franny de decir el nombre del Dr. Albert cuando Candy irrumpió.
_ Era un desconocido, sin memoria. Yo solo quería ayudarlo porque él una vez lo hizo conmigo. Era una deuda.
_ Franny comprendió y no dijo más nada.
_ Si usted lo que quiere saber Dra. O'Brien es si en mi opinión debe darle una oportunidad; yo le puedo asegurar que no se arrepentirá. Candy es muy buena con los niños.
Además podría ser de gran ayuda para mí en el laboratorio si usted me permite tenerla bajo mi nómina.
_ Trabajará en mi equipo... conmigo.
¡Bienvenida al hospital Candy!... _ poniéndose de pie la Dra. Patricia dio la bienvenida a Candy.
_ ¿Entonces tengo el empleo?... _ Preguntó con una gran sonrisa.
_ Si... por favor de lo mejor de usted y no me defraude.
Estoy poniendo mi nombre y prestigio en sus manos dándole una oportunidad. _ Dijo Patricia un poco nerviosa.
Candy se despidió con tres reverencias muy agradecida por la oportunidad a la Dra. Patricia y Franny.
En la sala de juntas
_ Director Leonard me permite unas palabras en privado por favor. _ El Dr. asintió caminando junto a Albert hasta el consultorio.
Helen se había quedado histérica, enojada porque estaba segura que Patricia contrataría a Candy; ella misma había estado tentada a contratarla por la carta de recomendación que Albert había conseguido de Mary Jane. La había puesto en el currículo de Candy sin que ella se diera cuenta.
_ Me había preguntado porque no hizo nada por ayudar a Candice White señor William, en la sala de contrataciones _ dijo el Dr. Leonard tomando asiento.
_ Es complicado director. Pero creo que Helen sobrepaso los límites y abusó de su posición.
_ Estoy de acuerdo con usted.
Hablaré de eso más adelante con ella. — Albert caminaba hacia la ventana de su consultorio. Observando hacia el horizonte confesó sus sentimientos por Candy.
— Estoy enamorado de Candy.
Cuando usted me despojo del hospital en Chicago. _ dijo suspirando al recordar esos días de oscuridad y luz.
_ Señor William, creí que eso estaba olvidado. _ dijo el Dr. Leonard transpirando nervioso.
_ Y lo está Leonard. Solo quiero empezar desde el inicio para que me entienda un poco.
Además le estoy eternamente agradecido. Gracias a eso viví los días más felices de mi vida junto a ella en Chicago.
— Para el Dr. Leonard no era una sorpresa. Dos jóvenes viviendo bajo el mismo techo. Solo era cuestión de tiempo para que el romance surgiera. Pero no dudó en despedirla en aquel tiempo.
_ Adelante... _ dijo el director más relajado.
_ Nadie creyó en mí. Incluso estuve a punto de quitarme la vida. Llegué a pensar que era el espía que iba en el tren. _ El Dr. Leonard se sorprendió al escucharlo.
_ Solo ella creyó en mí.
Incluso perdió su empleo en el hospital y eso creo que también afectó en su crecimiento laboral.
_ No se sienta culpable por eso. Ella acababa de graduarse, comenzaba con sus horas sociales cuando la despedí por incumplir las normas del hospital.
_ Quiero que Candy se supere... Que siga con sus estudios.— dijo Albert volteando y quedando frente a frente con el director.
— Me complace saber que la Dra. O'Brien le dará una oportunidad. _ Albert camino hasta quedar frente al Dr. Leonard.
_ Dr. Leonard, Candice White fue una Ardlay hasta la mayoría de edad. Yo cuando aún nadie sabía que era William Albert Ardlay ordené protegerla, adoptarla bajo la familia...
bajo el Clan Ardlay.
_ El Dr. Leonard estaba con la boca abierta al escucharlo. Todo se podría imaginar menos que Candy era una Ardlay y que Albert se habría enamorado de su pupila.
_ Cuando usted la despidió; ella pudo haberse aprovechado del apellido y posición. Pero no lo hizo. Nunca tomo dinero de la cuenta bancaria que George dispuso para ella por orden mía.
Le debo mucho, mi vida. Es una mujer muy importante y especial para mí, me ayudó cuando más lo necesité, cuando era un don nadie para todos. Cuando era simplemente Albert.
Ella no sabe que soy quien la tomó bajo la protección de la familia, no sabe que era su tutor.
Así que le agradeceré que esta conversación se quede aquí, entre usted y yo. _ La mirada de Albert lo delataba.
Estaba enamorado de su protegida y eso le había quedado claro al director Leonard.
_ ¿En que puedo ayudar señor William?...
_ Ofrézcale una beca mientras trabaja en nombre del hospital. Candy es capaz de salir adelante con estudio y trabajo al mismo tiempo. Una beca para pediatría. Ella ama a los niños.
_ Se hará como usted lo ordene. _ dijo el hombre poniéndose de pie estrechando la mano de Albert.
Por los pasillos del hospital
Candy al salir de la oficina de Patricia, buscaba con la mirada a Albert. Pero no había señales de él.
Al estar a punto de salir del pasillo que la llevaría al elevador; se encontró con un rostro conocido.
_ ¡Cindirela!... ¿eres tú? _ preguntó el hombre de cabello rubio y ojos azules.
_ ¿Ado Padrino?... no pensé que volvería a verlo. _ Feliz y sonriente saludo a Archie quien le sonreía coquetamente.
Le saludo de beso, en ese instante Albert se disponía a tomar el ascensor, encontrándose con tal escena.
— « Archie, de donde se conoce con Candy » — pensó.
Candy se incomodó un poco cuando Archie le abrazó efusivamente. En otro tiempo eso no le hubiera incomodado, aunque el abrazo de Archie no significaba nada.
Albert estaba a una corta distancia y ahora que se habían declarado sus sentimientos le debía respeto.
El doctor Leonard palideció al ver al joven Archie aparecerse sin previo aviso al hospital.
_ Señor William su sobrino está aquí. ¿Qué hará?
_ Nada director. Actué y salúdelo normal. _ Respondió Albert con una leve sonrisa.
_ ¡Joven Archibald!... que sorpresa.
_ Dr. Leonard he venido por orden de la tía Elroy a dejarle unos documentos que el tío William desea revise cuidadosamente. _ El Dr. Leonard tomo el sobre y dio una mirada a Albert quien se preguntaba que traía su tía entre manos, si él no había ordenado nada.
Arqueando una ceja siguió su camino y paso hacia el elevador esperando que Candy entrara.
Archie lo observó al ver a Candy que no le quitaba la vista al hombre que estaba dentro.
_ Cindirela... me gustaría volver a verte. ¿Podrías darme tu número telefónico? _ Preguntó Archie mientras le guiñaba el ojo.
_ Albert quien se había mantenido en calma; al escucharle, abrió los ojos como platos.
_ ¡Eh!...
_ Candy voltio su rostro hacia donde estaba él.
_ Bueno... _ tartamudeando respondió. _ No tengo celular por el momento. Pero quizás lo vea nuevamente. Trabajaré en pediatría.
_ ¡Sweet!... _ dijo Archie sonriendo.
_ ¿Así que eres doctora?... _ Preguntó.
_ No. Soy enfermera.
_ Señorita. _ dijo Albert en tono cortante.
_ ¿tomará el elevador?
_ Si... gracias por esperar Dr._ dijo ella con el rostro carmesí.
_ «Ay Dios aquí habrán problemas» _ pensó el Dr. Leonard observando la escena.
Candy se despidió de Archie y cruzo las puertas del elevador.
Las puertas se cerraron; Candy estaba nerviosa. Albert no se veía nada contento. Al cerrase las puertas por completo pregunto:
_ ¿Cindirela?... así que Cindirela. _ dijo en tono suave volteándose y quedando frente a ella.
_ ¿Está usted celoso? Dr. Albert. _ preguntó la rubia en tono sarcástico. Albert sonrió y afirmo con la cabeza.
_ ¡Eres mía... completamente mía!... _ decía mientras le sonreía.
_ Y usted solo mío Dr. Albert, no se le olvide ya que tiene a esa señorita Brussette tan cerca._ Candy le recordó que también ella estaba celosa.
_ No necesito decirte que soy completamente tuyo Candy
¿Verdad? ... _ Ella sonrió y negó.
_ Sabes que solo soy tuyo desde hace mucho tiempo. Se acercó y estuvo a punto de besarla cuando las puertas del elevador se abrieron en ese instante.
_ Me quedo con las ganas de besarte. Humm... _ murmuro entre dientes.
_ Pero Cuando llegue a casa. Me darás todos los besos y caricias que necesito para calmar mis celos. _ Candy sonrió. Cuando en ese momento Helen se paró frente a ellos.
_ Señorita White por la alegría con la que sonríe, me puedo imaginar que obtuvo el trabajo. Así que le recuerdo que una de las reglas es no coquetear con el personal. _ Candy abrió la boca literalmente.
_ Sus palabras están demás. Sé que no le caí bien y no sé porque. _ mintió Candy, claro que sabe es por Albert.
_ Pero no se preocupe... seguiré las reglas y normas del hospital al pie de la letra.
Y ahora si me disculpan. Debo irme para preparar la cena de mi esposo quien pronto regresara a casa. Respondió Candy con una leve sonrisa mirando a Albert; Helen se quedó boca abierta al escuchar la palabra esposo. Pero más Albert al ver su mujer salir del elevador y responder con firmeza.
_ Adiós Dr. Albert... gracias por la intercesión de esta mañana.
_Candy se dirigió hacia la estación de buses.
_ ¿De donde conoces a esa mujer?..._ Preguntó Helen al verlo embobado observando a Candy.
_ No tengo que darle explicaciones señorita Brussette.
Si me disculpa; tengo pacientes que atender.
_ Albert se retiró hacia el área de emergencias.
Al llegar a la sala; todo caminaba despacio, había dos pacientes que estaban por pasar con los doctores del turno de la tarde.
_ Cindy... ¿tenemos suficientes doctores en este momento?
_ Si Dr. Albert. Puede tomar su almuerzo si así lo desea.
_ ¡Gracias!... así lo haré. _ Albert salió de las instalaciones del hospital en busca de Candy.
Con su bata blanca aun puesta, Albert corría para llegar a la estación de metro.
Su cabello rubio dorado brillaba con los rayos del sol que iluminaban el día fresco por la brisa.
Con su uniforme verde ajustado a su cuerpo y el aroma a sándalo y madera, Albert atraía la mirada de las jóvenes que se encontraba a su paso.
Y ahí estaba ella, parada en la estación de bus.
_ Candy... _ dijo con su dulce voz suave y delicada.
_ Vamos te llevaré a casa.
_ A... Albert... No. Nos pueden ver, _ dijo acercándose hacia él. Agradecida y a la misma vez nerviosa por las personas que los observaban alrededor.
_ Si... es tan guapo... que chica tan afortunada. _ decían en el grupo de chicas que esperaban el metro.
_ Si no vienes conmigo te cargaré hasta el auto. _ amenazo con una tierna sonrisa que hizo a las otras chicas derretirles el corazón al igual que el de Candy.
_ Por favor ven conmigo... Tengo el auto en la otra esquina. Nadie se dará cuenta.
_ La suplica del rubio convenció a Candy. Caminaron hacia el auto. Ella sonreía por las cosas que Albert le decía. En pocos minutos subieron a la autopista.
Cuando estuvieron a una buena distancia, él se estaciono.
Se acercó poco a poco hacia ella buscando sus labios.
_ Albert...
_ No te preocupes mi amor, que nadie nos vera. _ dijo silenciándola con un beso.
Ella respondió a los apasionados besos de Albert. Succionaba su labio inferior, introducía la lengua en su boca succionando con delicadeza su labio exterior. repetía una y otra vez la acción.
_ Uhh... auch... _ Gemían mientras se comían a besos.
Continuará.
Hola chicas... Gracias por sus comentarios.
Deseo de todo corazón que pase una velada estupenda con su amigo, amor, esposo, confidente.
Dios les bendiga.
Con mucho amor.
Sakura.
