Capítulo 15: El niño perdido.
- Cian, esta vez irás al frente haciendo compañía a Amaranto. - Ordenó Espeon. - Magenta Shinx y yo iremos en la caja de atrás.
- ¡Espera un poco Levi! - Replicó Lycanroc. - Ayer dijiste hacían falta más de cinco horas para llegar hasta las minas. ¡Me rehúso completamente a pasar todo ese tiempo en compañía sólo de este perdedor al frente! - Señaló a Lucario.
Shinx y Magenta, quienes estaban jugando juntos con las manos, guardaron junto a Levigis un momento de silencio observando como la cola de Lycanroc se empezó a mover de lado a lado apenas escuchó que viajaría en compañía de Cian. Ninguno se atrevió a decir algo pero todos pensaron que debía ser mucho más sincero consigo mismo. Cian por su parte estaba ocupado sintiendo el mismo disgusto que Amaranto por tener que viajar con él. - ¿No hay una mejor opción? - Preguntó pensando en lo que sería mejor para todos.
- ¡¿Cómo que una mejor opción?! - Exclamó en voz alta Lycanroc molesto por el rechazo mutuo de Lucario. - ¡Yo soy aquí tu mejor opción!. - Shinx, Magenta y Levigis rectificaron su petición anterior, cada uno en su mente, acordando de manera simultánea que eso había sido, quizá, demasiado sincero.
Retomando la palabra después de una breve pausa en que nadie dijo nada, Espeon explicó a su modo que era necesario para el plan que Lucario viaje al frente debido a la importancia que poseen los Pokémon del tipo acero en el país.
- ¡¿Están usando a Cian como un Segado- - Metió levigis la punta de su cola en la boca de Shinx para evitar que mencionase la palabra frente a Cian.
- Ya hemos perdido demasiado tiempo en una introducción innecesariamente larga. - Cambió el tema Espeon. - Venga ya, por el segundo acto. - Subió a la caja de la camioneta
- ¿Importancia? - Preguntó Lucario perdido, rascando su cabeza ante la duda. - ¿Qué es lo que dijiste enano? - Se refirió a Shinx mas este no pudo responder, estaba muy ocupado recibiendo un ataque de cosquillas de Magenta ya en la caja. Amaranto no le permitió esperar más tiempo y le obligó a subir a base de sonar el claxon de la camioneta múltiples veces. No le quedó más remedio que subir a la cabina frontal cuestionando el significado de la palabra de Shinx. Sabía perfectamente que de Lycanroc no iba a obtener una respuesta, y si lo hacía no podía confiar en que fuese del todo cierta su explicación.
Saliendo del bosque para volver a la carretera notaron que el cielo se había vuelto a cubrir en nubes negras de tormenta y que estas parecían concentrarse en el horizonte al que se dirigían. A falta de techo en la parte de atrás, si comenzaba a llover tendrían que hacer otra pausa no planeada en su viaje, así que tenían que darse prisa en avanzar lo mayor posible antes de verse obligados a parar.
- ¡Pero qué poder! - Hablaba Amaranto como si Cian no formase parte de su mundo en ese momento, maravillado estaba con el potencial del vehiculo que le habían quitado a los monos. - Magenta ha tenido un gran ojo al elegir. ¡Parece que la he educado bien! - Mencionó para felicitarse a sí mismo. - Con esta belleza bajo nuestro control podríamos volvernos los reyes del mundo en un segundo.
A Lucario seguía sin hacerle gracia tener que viajar en un vehículo robado o ser parte de un grupo que se dedicaba a hurtar bienes de otros Pokémon, por lo que intentó ignorar a Lycanroc antes que iniciar otra discusión inútil con él. - Cuando hablaba de recorrer el mundo, nunca me imaginé que iba a hacerlo montado en una máquina de motor. - Habló Cian tras un suspiro, mirando el paisaje por la ventana. No esperaba una respuesta de Amaranto tras compartir ese pensamiento. Era solo que estaba acostumbrado a hablar consigo mismo en voz alta al pasar varios años en soledad y sin compañía para mantener la cordura.
- ¿Y esperabas recorrer todo esto a pie? - Respondió Amaranto metiéndose a la conversación. En algún momento de su vida el también deseó salir a recorrer el mundo en compañía de su hermana. - Solo mira ese paisaje deprimente. Es exactamente el mismo al que vimos hace 5 minutos y al que vimos hace 10. La idea de salir a ver el mundo es bastante romántica en papel, pero una vez que la pones en marcha descubres el poco valor que hay en la tierra realmente. Todo no es más que un gran basurero gigante y aburrido.
- Sí, supongo que tienes razón en eso en eso. - Suspiró Cian un poco desanimado. - ¿Oye puedo preguntarte algo? - Continuó tras una larga pausa. - Sé que son una especie de equipo explorador... pero ¿qué es lo que te hace querer viajar por el mundo? - Cuestionó a Amaranto ocasionando un gran silencio incomodo entre los dos, ante tanto tiempo de espera desistió de conseguir una respuesta y volvió a mirar por la ventana centrando su atención en el oscuro cielo que les aguardaba.
- Mi hermana. - Respondió Amaranto cortante primero antes de continuar. - Un general gusano de Áurea la tiene cautiva y no voy a descansar hasta salvarla. No me importa quién se meta en mi camino ¿entiendes?, no me importa si eres tú después de que vuelvas a tu país. Pelearé contigo hasta matarte si es necesario. Recuerda que aún tenemos pendiente de terminar el combate que comenzamos sobre aquél barco la otra noche.
- ¿Un general de Áurea dices? - Recordó Cian a Red y a sus hombres quienes parecían luchar con honor y justicia. - Me cuesta creer en lo que dices... Pero de algún modo siento que no tienes razón para mentir sobre ello. Si quieres pelear conmigo sabes que yo estoy siempre listo, pero por favor no creas que interferiré contigo en una lucha como la que llevas por intentar salvar a tu hermana. - Dejó pasar otro silencio pensando si debía o no decir lo siguiente que tenía en mente. Al final terminó hablando. - He escuchado que mi padre forma parte importante de la nación. Si quieres cuando terminemos de buscar lo que sea que hayamos venido a buscar en este país podemos ir con él y preguntarle directamente lo que sabe sobre ese supuesto general. - Le ofreció un trato a Amaranto. No te puedo asegurar que sepa algo, pero si sabe y no nos lo dice te dejaré darle un buen golpe en la cara.
Volteando a verlo sorprendido, Amaranto no podía creer la simpleza con la que hablaba Cian sobre algo tan importante. Desde el principio estaba a la defensiva creyendo que había iniciado conversación solo para sacarle información sobre lo que habían ido a hacer en las ruinas de Pachira. Cian era un Pokémon de áurea después de todo. En cualquier momento podía revelarse como un espía o vender la información del grupo. Pero nunca preguntó sobre las intenciones del grupo. Ahora en cambio había comprometido a su padre como un posible agente de información. Fuese real o fuese mentira si el grupo quería, era libre de ir tras él una vez terminasen sus asuntos en Plata. Decidió tomarle la palabra y creer en él momentáneamente.
- Un segador es un Pokémon del tipo acero en Plata que tiene el derecho de matar a cuanto Pokémon se le cruce en el camino. Planeamos usarte como uno para entrar a la ciudad de Molayne, un sitio repleto de segadores. Supongo que decirlo nos pone en desventaja ya que en cualquier momento dentro de una ciudad puedes llamar por ayuda y exterminarnos en conjunto con ellos, mientras que nosotros en cambio estamos a merced de necesitarte hasta el final del viaje. - Le explicó Amaranto mientras entraban al pequeño pueblo a las afueras de las minas de Hala tras más de 4 horas de viaje. Ya pasaban más del mediodía y el cielo lucía aún más oscuro que en la mañana. Era como si hubiesen viajado al ojo del huracán.
Sin decir más, Cian agradeció la confianza en su interior y bajó del auto una vez que se estacionó. Llamarle pueblo al lugar era decir demasiado, en realidad no pasaban de un par de calles arenosas y unas cuantas casas hechas de tablones de madera. De ninguna manera parecía estar preparado para la lluvia, y tenían razón de no estarlo pues era un sitio desértico donde casi no se manifestaban eventos meteorológicos de esa clase. Lo observado en el cielo aquella tarde era algo en extremo inusual para los residentes.
- Vaya, este lugar sí que se ve del asco. - Comentó Amaranto echando un vistazo rápido al desolado lugar. - Será mejor que terminemos nuestros asuntos rápido. La tormenta puede caer en cualquier momento.
- No me molestaría quedarme esperando un par de horas aquí antes que volver al auto. Es imposible que no te duela el trasero después de casi 5 horas continuas de viaje. - Respondió Lucario. Levigis, Magenta y Shinx le lanzaron mirada asesinas al escucharlo quejarse, al menos él había pasado la mañana sentado en algo suave.
- Como acordamos anoche. Aquí concluyen nuestros servicios. - Se dirigió Espeon al pequeño Shinx. - Seguro que puedes manejarte por aquí solo como todo un hombre de honor.
- ¡Muchas gracias capitana Levi! - Le sonrió Shinx a Espeon. - ¡Le hablaré a todos en la ciudad de tu equipo de exploradores! - El pequeño Pokémon León salió corriendo de la escena apresurado por llegar a la entrada de la mina en busca de su padre. Algo le decía que se encontraba aún en la cercanía.
- ¿Capitán...a?... ¡¿"Levi"?! - Se quedó parado con cara de sorpresa sin poder responderle algo a tiempo antes de que este se marchase. Por detrás de él se podía ver a Magenta reír en silencio por la confusión.
- Aún con lo insoportable que es, espero que logre su objetivo. - Vio Lucario en Shinx a un niño muy similar a él. Después de todo ambos soñaban con reunirse con su respectivo progenitor.
- ¿Van a quedarse ahí parados todo el día o vendrán a ayudarme? - Preguntó Amaranto molesto desde arriba de la camioneta abriendo la caja fuerte que el día anterior habían forzado para contar los tesoros que llevaban encima los simios. No parecían ser cosas de mucho valor, el botín constaba principalmente de artículos decorativos y piedras metálicas sin refinar. Si se les sumaba la ropa que llevaban puesta seguro podrían comer tranquilamente en cualquier restaurante ese día. - ¡Hey, Cian! ¡¿Por qué no le quitaste las botas al otro simio?! - Preguntó reclamando con desapruebo.
- ¡Ya te dije que no voy a participar en sus actos delictivos! - Respondió encarando a Amaranto.
- ¡Literal lo mataste, pero robar es donde pintas tu raya! - Le discutió pegando su rostro contra el de Cian. - ¡Hipócrita!
- ¡No me llames hipócrita! - Se quejó. - ¡Magenta fue quien le pasó por encima!
- ¡Y ahora dejas que una mujer pelee tus batallas! - Se burló. - ¡Cobarde!
- ¡No me llames cobarde tampoco! - Hubieran continuado su discusión el resto de la tarde, si no hubiera sido por el estruendo de un relámpago reverberando justo arriba de ellos que los distrajo lo suficiente para olvidar el tema.
- ¡¿Podemos apresurarnos a pasar esta escena?! - Gritó Levigis interviniendo. - ¡El cielo está a punto de bajarnos un telón en estado líquido y ustedes no pueden dejar de pelear un segundo! ¡Si me llego a mojar el pelaje por culpa de uno de ustedes ambos lo pagarán!
- Hey Levi, pero eso no te molestó ayer cuando... - Hizo Amaranto una pausa en seco.
- ¡¿Ayer cuando qué?! - Preguntó Lucario aún molesto.
- ¡¿Qué te importa?! - De verdad tenían ganas de pelear el uno con el otro. - ¡Perro pulgoso!
- ¡¿A quién le dices perro pulgoso, perro pulgoso?! - Fue Lucario ahora el que pegó su rostro contra el de Amaranto. - ¡¿Por qué no terminamos nuestra pelea pendiente aquí y ahora?!
- ¡Por fin dices algo inteligente! - Amagó Amaranto su mano derecha en busca de su guadaña. - ¡El filo de mi arma hace mucho que pide por el resto de tu sangre
- ¡Magenta tenemos que hacer algo o este será el fin de nuestro viaje! - Habló Espeon desesperado. - ¡Esos idiotas van a destruirse el uno al otro llevándose con ello nuestros sueños y metas!
- Por qué no los dejamos pelear un momento. - Sugirió Magenta tranquila sin borrar la sonrisa de su rostro. - Dicen que las personas que pelean todo el tiempo lo hacen porque en realidad se están gritando el uno al otro cuánto se aman.
- ¡¿Yo amar a este perro?! ¡Ni que estuviera loco! - Gritaron Cian y Amaranto al unísono señalando al otro, dándose la espalda al mismo tiempo, terminando así la discusión en victoria para Levigis y Magenta, guiñando el ojo mutuamente por su buena actuación.
- ¿Ahora sí podemos proceder con nuestro acto principal? - Preguntó Levigis molesto. Tanto Cian como Amaranto caminaron a traer la caja fuerte con las cosas dentro.
- ¿Por qué no te haces a un lado Cian? - Preguntó Amaranto desafiándolo. - Después de todo es una caja muy pesada. No vaya a ser que se lastimen tus débiles brazos en el camino.
- ¿Por qué no vienes de este lado y confirmas qué tan débiles son mis brazos? - Respondió el desafío con otro desafío.
- ¡Quiero verte intentando igualar mi velocidad! - Aceptó dejando la caja de lado caminando en dirección a Lucario.
- ¡NO NO NO NO NO NO NO! - Gritó Levigis con toda su alma que difícilmente se podía decir que era parte de una actuación. - ¡Cian tu espera aquí con Magenta en lo que Amaranto y yo vamos a la casa de cambio! ¡Amaranto trae la caja tú solo! ¡Sin más discusiones! ¡PUNTO!
Sin más que decir ambos Pokémon acataron la orden de Levigis en silencio. Lucario se hizo a un lado y esperó junto a Magenta, observando juntos cómo a Lycanroc se le dificultaba cargar por sí solo la caja, mas su orgullo le iba impedir retractarse o pedir ayuda. Se hizo fuerte y la cargó con lentitud hasta la casa de cambio junto a Levigis. No iba a permitirse ser débil frente a Cian a pesar de dirigirse a un lugar relacionado al dinero que tanto odiaba.
- Lamento que hayas tenido que ver eso. - Se disculpó Cian con Magenta ahora que estaban solos, tratando de aprovechar para disculparse también por lo de la noche anterior.
- Los he visto pelear muchas veces en mis sueños. - Confesó Magenta sonriendo. - Algunas veces es bastante divertido, y otras sin embargo da miedo. Esta vez por suerte no parecía de las veces que da miedo.
- ¿Muchas veces? - Lo pensó un momento - Sí que somos todo un lío de grupo ¿no es verdad?
- ¡Somos un grupo bastante divertido! - Exclamó con alegría. - También he tenido muchos sueños donde me intentas hacer muy feliz y me abrazas con mucha mucha fuerza que parece me voy a quebrar en dos, y otros más dónde me llamas y me buscas por todas partes mientras que yo tambien intento encontrarte. ¡Tener esos sueños me llenan de felicidad! Aunque parece que nunca puedo demostrarlo... pues tú rostro siempre se ve triste en todos mis sueños... ¡Por eso me gusta tanto estar despierta y verte aquí con nosotros! porque aunque te enojes y molestes muchas veces con Amaranto o conmigo, también estás feliz a veces, y solo por eso vale la pena seguir este viaje con Amaranto y con Levigis. Por que incluso ellos también parece que solo pueden sufrir cada que cierro mis ojos...
- Entonces la razón por la que estás con ellos... - Intentó explicar Cian.
- No es del todo eso... - Explicó antes de que Cian pudiera decir algo. - Dentro de mis sueños hay un sitio que siempre parece estar ahí, llamándome al corazón. Antes sólo eran débiles visiones de ese lugar, pero desde que conocí a Levigis y Amaranto puedo verla se trata de una gran ciudad cubierta en acero con un gran reloj, y desde que te uniste es como si de verdad estuviera ahí cada noche.
- Me está contando todo esto como si confiara en mí, y sin embargo parece un Pokémon totalmente diferente al que era anoche cuando hable con ella bajo las estrellas. - Pensó Lucario en un breve momento de silencio entre los dos. - ¿Y qué me dices de aquél sueño en que veíamos las estrellas antes del amanecer? - Le preguntó recordando el consejo de Lycanroc de tratar todos sus recuerdos como si fuesen un sueño. - Dices que siempre aparezco sufriendo... pero en ese sueño de verdad fui feliz a tu lado.
- ¿Un sueño en que mirábamos las estrellas? - Preguntó Mienshao tratando de hacer memoria.
- La verdad es que en ese sueño no se te veía del todo feliz. - Habló Cian con sinceridad. - Parecías preocupada por que llegaría el día en que las estrellas dejarían de verse en el cielo. Pero ¿sabes? - Se preparó a decir la resolución que había obtenido la noche anterior. - ¡Aunque la luz del sol y las nubes cubran el cielo no por eso dejará de haber estrellas en el cielo! - Expresó con los brazos abiertos muy orgulloso de sus palabras.
Mirándole a los ojos incapaz de comprender sus palabras, Magenta no pudo más que reír contagiada de la alegría que emanaba Cian en ese momento. Le agradeció y le abrazó con sentimiento. - En mis sueños no importa cuanto luche, jamás soy capaz de abrazarte. Lamento no poder recordar el sueño que dices, pero prometo no olvidar la realidad que me estás dando ahora mismo. - Terminó el abrazo con un apretón fuerte y se separó de él para recuperar su posición. Un poco apenados los dos no hicieron más que esperar el pronto regreso de Amaranto y Levigis, observando cada uno en una dirección diferente.
- ¿Seguro que quieres conservar eso? Ahora pareces un completo payaso. - Externó Espeon sus pensamientos hacia Lycanroc una vez que salieron de la casa de cambio con dinero en mano.
- Tonterías. - Respondió Amaranto usando tanto la gabardina en compañía del sombrero y corbata que había obtenido de los monos. - Debo verme genial y seguro te da envidia que a partir de ahora comencemos a ser llamados "El grupo del Lycanroc de la gabardina". - Le enterró una estaca justo en el corazón a su compañero usando esas palabras como martillo.
- Bien, gracias a que Amaranto quiso quedarse con el atuendo de la temporada pasada los recursos que tenemos para el día de hoy son aún más limitados que los del día de ayer. - Habló Espeon para todo el grupo. - Con suerte encontraremos algo en una máquina expendedora para los tres.
- ¿Para los tres? - Preguntó Cian contando el número de integrantes en el grupo.
- Amaranto le dará una mordida a su sombrero cuando tenga hambre. - Sentenció Levigis volteando a verlo con una sonrisa desafiante. Este solo le respondió con un insulto de la mano sin dejar de verse en el espejo lateral de la camioneta.
Consumiendo pan y enlatados con fechas de caducidad más que próximas de la única máquina expendedora del lugar los cuatro se sentaron a comer y beber en la pequeña plaza del pueblo que no constaba con más que una pequeña fuente fuera de servicio y dos bancas a los lados, era fácil darse cuenta que la sola razón de su existencia en primer lugar era la de cumplir con el capricho de tener una plaza principal para adornar las descuidadas calles, consiguiendo más el efecto opuesto al deseado en la intención inicial.
Perdido cada uno de ellos en sus propios pensamientos para descansar un poco del resto del grupo comieron en silencio. Dejando pasar más que un par de minutos estaban a punto de iniciar una conversación entre ellos cuando muchas voces empezaron a hacerse escuchar proviniendo del único bar restaurante del pueblo, ubicado precisamente a sus espaldas.
- ¡Por favor! ¡si continúan comiendo sin pagar pronto no tendré más puntos para cubrir a mi esposa! - Suplicaba un Pokémon al cual no podían ver y sólo podían imaginar su avanzada edad gracias a lo rasposa de su voz.
- Esa comida estuvo de ¡Ugh! ¡Asco! - Comentó una voz en un tono que se esforzaba demasiado en aparentar sonar femenina. - ¡Osea nooooo! ¡Además ya le dije anciano que cuando encontremos la cura a su enfermedad podremos sanarla! por un precio. - Añadio esto ultimo en voz baja. - ¡Mientras tanto asegúrese de mejorar su comida porque aún sabe horrible y casi me muero a causa de su terrible sabor!
- Una cura... ¡¿seguro que pueden sanarla?! - Preguntó desesperado la primer y más antigua voz.
- ¡Osea Hellow! - Arrastró la voz "femenina" aquella expresión. - ¿Ya se te olvidó quienes somos? - Azotó su látigo hecho a partir de lianas ajenas contra el suelo a los pies del anciano para derribarlo hacia atrás. - No vuelvas a tocarme con esas arrugadas y temblorosas manos. ¿entendido? - Le amenazó con una voz más grave y profunda. - ¡Suficiente es para mí soportar el tener que ver su horrible y demacrado rostro por más tiempo del necesario!
- ¡Por favor se los suplico! - Exclamó el Pokémon anciano en el suelo, haciendo reverencia al grupo que ya se retiraba del lugar. Poca atención le prestaron a sus súplicas y mejor intercambiaron palabras por pisadas que cada vez se alejaban más de él y se acercaban más al grupo de Espeon.
Sin importarles la identidad de los Pokémon comiendo en aquella plaza y sin importarles realmente ningún Pokémon en la cercanía pasaron frente a ellos como un evento más que casual. Un Oricorio a la izquierda, un Lurantis a la derecha, y en medio de ambos, montado sobre un gran Quilladin, el Pokémon al que le correspondía aquella exagerada voz; un Braixen de personalidad imponente cargando un gran estandarte entre sus brazos que enterraba sobre la cabeza de Quilladin para mantenerlo erguido.
- Estoy harta de este lugar! -Se quejó Braixen en voz alta con sus compañeras. - Sigamos buscando a ese Shinx que lastimó a Mythril en los alrededores mientras esperamos a mamá. Además de necesitar saldar cuentas con él, me hace falta una nueva mascota que este Quilladin ya me está cansando con toda su gorda inutilidad. - Ordenó con un tono de disgusto escupiendo en la cabeza del Quilladin que usaba de montura. Este no se inmutó ante dicho acto o insulto de Braixen.
- Parece que nos hemos encontrado un grupo de mujeres bastante extraño. - Mencionó Amaranto riendo maliciosamente una vez que terminaron de pasar.
- Y con su balón verde. - Añadió Magenta en un tono que denotaba molestia poniéndose de pie.
- Más importante aún es el estandarte que Braixen llevaba erguido. - Se les unió Levigis dejando de lado el bizcocho para actuar serio, un segundo después volvió a tomarlo, no podía dejar atrás ese sabor de dulce glaseado que tanto le encantaba. - Me preguntó qué papel están ensayando tras bambalinas. - Continuó hablando con la boca llena antes de pasar el último bocado. - Espero estén preparados para un pequeño acto extra dentro de las minas, sea lo que sea que estén planeando tener a Shinx de nuestro lado nos dará una pequeña ventaja sobre sus movimientos. - Se limpió las migajas de la boca con la punta de su cola.
- ¿Huh? ¿Me perdí de algo? - Preguntó Cian dando un gran bocado a su pan luego de que un pequeño tornado de arena formado a la lejanía en el que centraba su atención cesase su efímera existencia.
Los tres Pokémon originales del grupo soltaron un gran suspiro por la poca atención de Cian y se pusieron en marcha sin detenerse a explicar lo que ocurría. Este tuvo que seguirlos duplicando el esfuerzo por escuchar y entender los planes de su equipo.
Tan pronto como llegaron a la entrada de la mina se percataron que Quilladin se encontraba haciendo guardia en soledad de pie frente a ella. No se veía como el Pokémon más listo del mundo, pero tampoco querían ocasionar un evento que terminase por llamar al resto de su grupo, por lo que decidieron esperar vigilando su comportamiento. Aquél Pokémon parecía más inmóvil que una estatua en ese momento.
- ¡Qué molesto es tener que esperar tanto! - Se quejó Amaranto con su grupo oculto tras un par de cajas repletas de carbón, lamentando el hecho de que su nueva guadaña no fuese lo suficientemente grande como para partir a Quilladin en dos antes que este lograse gritar para pedir por ayuda a sus aliados.
- ¿Por qué no simplemente los enfrentamos, habría sido más fácil luchar en un cuatro contra cuatro. - Continuó Cian con las quejas fastidiado, con Magenta sujetándolo fuertemente del brazo y hombro para impedirle adelantarse a golpear a alguien.
- ¡En primer lugar, Amaranto y tú son los únicos salvajes del grupo! Ni Magenta ni yo nacimos para tan burdo papel. - Le aclaró Levigis molesto ante tal sugerencia. - En segundo lugar ¿viste el estandarte que llevaba Braixen entre sus manos? Dudo mucho que estén solas en este lugar.
- ¿A qué te refieres? - Preguntó Cian no comprendiendo la historia de aquel emblema ahora descansando de pie a un lado de la entrada principal.
- Pertenece a una antigua religión abandonada llamada los protestantes de Giratina. - Aclaró Levigis comprendiendo la ignorancia de Lucario. Era un conocimiento que se podía esperar pocos supieran debido al tiempo que llevaba esa secta en el olvido, sobretodo en Áurea donde dominaba la fé de la orden de Arceus. - He escuchado que han estado luchando por retomar su acto a lo largo del continente. El conocimiento sobre sus intenciones elude mi cabeza en este instante. Pero nada bueno pueden estar planeando.
- ¿Los protestantes de Giratina no eran sólo un popular grupo de música estridente? - Preguntó extrañado tratando de hacer memoria en su cabeza.
- Hey Cian, no sabía que tenías tan buen oído y gusto musical - Se sorprendió Lycanroc de buena manera sobre el conocimiento de Lucario chocando su mano con él, aunque Cian lo hizo más como un reflejo natural a la propuesta visual de Amaranto.
- A decir verdad no soy muy fan de la música, no la entiendo del todo. Si los recuerdo es porque la tienda historietas a la que acudía tenía bastante publicidad sobre ellos. - Aclaró. - ¿Es el grupo con el Toxtricity al frente no?
- No digan cosas irrelevantes a la trama del momento. - Pidió Espeon. - Aunque eso del grupo de música es nuevo para mí, y al parecer tú Amaranto los conocías, estoy sumamente molesto de que no me lo has comentado antes. Sería bueno conseguir un disco para evaluar presencia de pistas que indique alguna relación o propósito oculto en sus letras.
- ¡¿Qué dices?! - Reclamó Lycanroc. - ¡Si tú eres el que siempre se pone insoportable cuando te hablo de mi música! ¡Además fuiste tú también quien desechó su último disco del auto en movimiento el día de ayer! - Sujetó a Levigis de la cara y le estiró los cachetes como reclamo.
Tosiendo un poco para recuperar el aliento Espeon argumentó incapaz de aceptar la culpa. - Es posible que no estén relacionadas. Es decir el nombre de una religión antigua es llamativa para cualquier grupo o sector que busque llegar a los adolescentes vulnerables en busca de respuestas a cuestiones filosóficas y de su propia identidad en un intento por apelar a la etapa rebelde y crear un lazo con ellos a partir de dicha idea superficial. Definitivamente tienen que ser dos cosas distintas. - Secundó su propia opinión antes de que alguien pudiera decir algo más. - Sigamos adelante con el itinerario.
- ¡¿Quién anda ahí?! - Preguntó Quilladin desde el otro lado de las cajas sorprendiendo al grupo que ya había olvidado que no era una simple estatua. Todos se buscaron a los ojos unos con otros pensando en cómo proceder. Antes de que alguien pudiera sugerir nada Mienshao sonrió con una mueca de travesura pidiendo a los demás que guardaran silencio.
- ¡Yawn! - Se puso de pie estirando sus brazos por detrás de su cabeza. - ¡Que rico dormí! - Volteó a ver a Quilladin haciendo contacto visual con él por primera vez. Trató de coquetear con la mirada.
- ¡¿Quién eres y qué quieres?! - Preguntó Quilladin sonrojado luchando por no perder de vista su labor.
- Soy Magenta y acabo de despertar de mi siesta de la tarde. - Habló dando otro bostezo para reafirmar su aseveración. - ¿No traerás de casualidad un poco de vino contigo? - Pidió muriendo en verdad de ganas por tomar una botella entera desde la mañana.
- ¿Vino? - Preguntó extrañado.
- Es que cuando duermo así de bien me encanta despertar con una copa de vino y buscar a un Pokémon lindo y solitario para estar a su lado todo el día. Y bueno, el vino es lo unico que falta aqui para eso. - Habló sacándole la lengua y guiñandole el ojo de una forma que incitaba a jugar con ella, agachándose para verle directo a la cara y permitir que los ojos de Quilladin apreciasen bien el suave pelaje de su pecho.
Acto seguido el Quilladin salió corriendo sin cuestionar de regreso al Bar restaurante por la botella más grande disponible para su nueva compañera. El paso a la mina quedó libre y el resto del grupo se reunió de nuevo con Magenta para felicitarle. - El único Pokémon más sediento en este pueblo que tú debe ser ese Quilladin. - Mencionó Levigis quedándose con ella hasta el final en lo que Cian y Amaranto entraban a la mina. - Es de admirar el hecho de que has aprendido a hablar y moverte como mujer en tan poco tiempo. - Le elogió. Magenta hizo una seña con su mano para que mantuviera el secreto.
- Escucha, normalmente este es un trabajo para mí solo, así que por que no nos haces un favor a todos y esperas pacientemente en la camioneta a que todo se resuelva? - Sugirió Amaranto a Cian ahora que se habían adelantado al resto del grupo dentro de la mina.
- ¿Y perderme toda la diversión? Ni hablar. - Replicó Lucario adelantándose a su compañero de equipo, corriendo sacando una amplia ventaja a Amaranto antes de que este lo siguiera por detrás igualando su velocidad. - Mi trabajo consiste en acompañarlos a donde sea que me necesiten, pero no permitiré que metan a Shinx en todo esto. Si lo encuentro yo primero lo ayudaré a escapar antes de que ustedes puedan hacerle algo.
- ¡Perro desgraciado y aguafiestas!. - Intentó rebasarle Lycanroc. Ambos Pokémon se separaron en la primer bifurcación que encontraron dentro de la cueva, Cian ascendió por una rampa bastante pronunciada mientras que Amaranto siguió en terreno plano en el túnel que cada vez se volvía más oscuro. Sus ojos adaptados para la noche le permitieron seguir adelante sin problemas. Magenta y Levigis siguieron minutos más tarde el mismo camino que Cian.
- ¡Enano! ¡Aparece de una maldita vez! - Gritaba Lycanroc con el eco de su voz resonando en cada pared del túnel que se volvía cada vez más estrecho. No fue sino hasta después del sexto grito que algo respondió desde el otro extremo, no con palabras sino con una especie de vibración que se iba acrecentando a medida que pasaban los segundos. Algo se dirigía hacia su dirección a toda velocidad.
- ¡Que alto he subido! - Exclamó Lucario después de darse un momento para recuperar el aliento una vez que salió de la mina varias decenas de metros sobre la tierra en un pequeño claro de la montaña que hasta hace poco parecía haber sido utilizado como centro y base de operaciones para los Pokémon que trabajaban extrayendo minerales del túnel principal que se hallaba más adelante del camino que Cian estaba recorriendo. Gran parte del lugar y maquinarias se encontraban ahora destrozadas. El paisaje hablaba de un hecho violento suscitado en aquél lugar no hace mucho. Barrotes de acero doblados, cenizas de madera por todas partes, cristales rotos y árboles derribados complementaban el lugar de mala manera. No tuvo tiempo de preguntarse qué había ocurrido cuando escuchó el azote de un látigo y un débil alarido cerca de una pequeña casa desmontable. Se acercó con cuidado, en alerta de que quien hubiera causado esos destrozos siguiera por el lugar.
- ¡Se te ha dicho miles de veces que no puedes intentar verte mejor que yo bajo ninguna excusa! - Azotó su látigo sobre Oricorio la Braixen que los había ignorado momentos atrás en la plaza. - ¡Lo siento, pero si no te castigo ahora terminarás ardiendo en el infierno! - Amenazó con una voz empalagosa y convaleciente que mostraba sentir empatía por el sufrimiento de Pokémon pájaro abatido en el suelo luego de azotarle otro golpe con el látigo sobre su espalda. Con su compañera Lurantis observando en silencio todo el evento. - ¡La próxima vez que vuelvas a usar tus alas para volar sobre mi cabeza me aseguraré que lo único para lo que puedas utilizarlas sea para arrastrarte cual gusano por la tierra! - Saltó sobre su sitió feliz, riendo con un poco de pena, conectando un tercer impacto de su látigo sobre Oricorio, la cubrio de tierra entonces dando una patada al suelo.
- Le pido clemencia Señorita Amber, no he tenido cuidado de mis actos. - Habló el Oricorio con dificultad desde el suelo. aunque más que estar sufriendo el castigo, la expresión de su rostro hacía creer que más lo estaba disfrutando, que se había acostumbrado a esa clase de trato. - Solo tú eres santa entre los santos, solo tú mi señora eres la elegida para salvar la tierra del mal con la gracia de Dios. Dichosa entre las mujeres. - Continuó adorando Braixen entre jadeos.
- Así es. - Sonrió Braixen con malevolencia guardando su látigo en el pelaje de su cola. - No olviden que yo soy la elegida para despertar a Giratina de su gran letargo y que soy la portadora del movimiento Llama embrujada. - Se llevó la mano al pecho orgullosa de su título. - En tanto yo viva todos ustedes deberán servirme y harán lo que yo desee. Así que si quieres que te perdone deberás encontrar a ese Shinx que no debe estar muy lejos de aquí. - Se sentó con molestia sobre una piedra grande cruzando las piernas, sujetando una pequeña vara con los dientes a la que le prendió fuego con ayuda de su habilidad natural para crear llamas con las manos. - Tienen hasta que el fuego consuma toda la madera si no quieren verme en verdad molesta. - Cerró los ojos sonriendo, mostrando una mueca por demás siniestra.
- Como ordene ama. - Los dos sirvientes de Braixen estaban a punto de ponerse en marcha cuando Cian salió de los arbustos y se paró frente al grupo. - Lamento mucho la intromisión pero me parece haber escuchado que están buscando al mismo Pokémon que yo. ¿Saben por dónde puedo empezar a buscar?
- ¡Maldición! ¡¿De dónde está saliendo tanto Zubat?! - Se quejó Lycanroc aun dentro del túnel. - ¡A cada paso que doy aparece uno nuevo como si fueran interminables! - Habló noqueando otro con su puño, dejando un rastro de Pokemon murcielago detrás de él hasta que finalmente llegó a una habitación grande y ancha llena de carros mineros y vías para su transporte. El camino que seguían se encontraba obstruido no obstante, como si el techo de la parte más profunda de la cueva se hubiera venido abajo. Esa habitación era ahora la parte más profunda de la cueva a la que se podía acceder. Creyendo que todo fue una pérdida de tiempo y que Cian le había ganado en su competencia pateó uno de los carros que parecían vacíos con todas sus fuerzas haciendo que este se volcase.
- Ooouch... - Pudo escuchar un alarido desde el interior del carrito.
- ¡Mocoso! - Exclamó reconociendo a shinx de inmediato, celebrando su victoria contra Lucario. Nada le importó haberlo lastimado segundos atrás como para disculparse pero sí que le ayudó a levantarse. - ¿Puedes andar?
- Lo he visto... - Habló entre sueños. - Pude ver a mi padre.
- Eso no me importa. - Lo cargó sobre su espalda. - ¿Qué hacías dormido en ese lugar?
- Todo se ha venido abajo... La masa rosa ha tirado abajo la cueva entera, pero él ha conseguido salvarme de último momento. - Comentó Shinx tratando de recordar lo último que vio antes de quedar inconsciente. Un derrumbe provocado por un Goodra sobre la cabeza de Shinx. Antes de que pudiera moverse o reaccionar fue colocado en el carro en que Lycanroc lo encontró y fue impulsado con fuerza hasta ese lugar con todo el techo derrumbándose justo detrás de él. Perdió el conocimiento por el susto pero antes de caer pudo sentir la presencia de un Rayo a su lado, protegiéndolo de todo peligro. - Tiene que haber sido mi padre. - Pensó.
- ¿Seguro que no ha sido que te has golpeado la cabeza al entrar? - Dudó Lycanroc de su historia haciendo charla con él mientras se dirigía de regreso a la entrada de la cueva, impaciente por ver el rostro derrotado de Cian.
- Pero que tenemos aquí. - Habló Braixen desde su lugar. - Un Segador... y sus gatitas. - Añadió lo último para referirse a Espeon y Mienshao que recién llegaban para unirse a Lucario, Expeon ya se veía molesto de saber que Cian había hecho contacto con Braixen. - ¿Será que vienen a hacer cositas traviesas dentro de la cueva oscura?
- Cian. - Habló Espeon indignado. - Olvida lo que te dije sobre no hacer una escena aquí con ellos. ¡Quiero que acabes con todos, en especial con esa Zorra! - Suficiente era que lo rebajaran a un igual que Amaranto, no iba a permitir que ahora comenzarán a decir que era la concubina del integrante más nuevo del grupo.
- Lo iba a hacer me dieras una orden o no. - Aclaró Cian adoptando una posición defensiva como reacción a la pose de batalla que habían tomado las sirvientas de Braixen.
- Sakura, Cerezo. - Se refirió Braixen a sus compañeras Lurantis y Oricorio respectivamente. - No quiero que le pongan un solo dedo encima al Lucario. No por ahora. Pelear contra un Pokémon acero no nos beneficiaría en nada ahora que hemos llegado tan lejos en este país. - Se puso de pie. - Las nubes comienzan a retirarse del lugar. Significa que Mamá ha terminado sus asuntos y debemos volver por Mythril para dirigirnos al siguiente altar.
- ¿Crees que puedes bajarte del escenario sin más? - Preguntó Espeon. - ¿Es que no saben quienes somos?
- Por supuesto que lo sé, pero de momento no tengo ninguna razón o interés para luchar contra uno de los niños perdidos de ciudad Phoebe. - Habló abriendo los ojos, cambiando el tono de su voz por uno más serio antes de retirarse en compañía de su grupo por el mismo lugar que Cian y Espeon habían llegado. - Más ganas tengo de castigar a cierta bola de grasa inútil por ahora.
- ¿Phoebe no es una ciudad al norte de la capital de Aurea? - Preguntó Cian recordando sus lecciones de geografía básica.
- Tenemos que salir de aquí cuanto antes y llegar a nuestro destino. - Respondió Espeon sudando por primera vez nervioso en mucho tiempo. - Olvidemos a Shinx y busquemos a Amaranto. - Ordenó tratando de mantener la calma dirigiéndose a la salida.
- ¡Amita! ¡Amita! - Se acercó Quilladin corriendo hacia Braixen apenas la avistó salir de la mina. - He encontrado al Shinx que buscaba pero un Lycanroc le defendía y no pude hacer nada. - Cayó contra el suelo frente a ella dejando ver una herida bastante profunda sobre su espalda provocada por la guadaña de Amaranto.
- Dios qué gordo tan patético. - Se acercó hasta el rostro de Quilladin y con ayuda de una vara levantó su cara para verle directo a los ojos. - He salido muy molesta de la cueva, ¿sabes por qué? - Le cuestionó retirando la vara de su cuerpo. - Resulta que he tenido que contener mis ganas de pelear contra un Pokémon allá dentro. Un Pokémon al que has dejado entrar por descuidar tu trabajo. Y ahora vengo a enterarme que has fracasado incluso en la tarea por la que descuidaste tu trabajo. - Frotó su vara con fuerza y velocidad por la espalda de Quilladin iniciando en su cuerpo un fuego a causa de la fricción. - Ya estaba harta de ti pero ahora incluso me da asco siquiera verte. ¡El peor de los infiernos aguarda a quien desobedece las órdenes de su maestro! ¡Arde! ¡Arde! ¡Arde hasta la muerte! - Rió sin perder el tono empalagoso de su voz
- ¡Amita... ! - Intentó soportar el fuego sin dejar de ver a Braixen a la cara buscando por un poco de clemencia sin pedirla. - Amber... tienes que volver en ti... tienes que recordar... me...- Expresó llorando aunque ahora solo él podía entender lo que quería decir. Su boca no le permitía articular palabra para expresar otra cosa que no fuera dolor y agonía.
- No... ¡No puede ser verdad! - Se apresuró Braixen a apagar el fuego de Quilladin con ayuda de Oricorio y Lurantis revisando con prisa que siguiera con vida.
- Amber... - Respiraba con dificultad alegre de que su antigua amiga haya vuelto en sí al final gracias a su llanto desesperado.
- ¡Yesil! - Lo tomó en brazos levantando un poco su cabeza con ternura. - ¡Por favor no mueras! - Gritó con lágrimas en los ojos al ver lo que había hecho. Lamentó sus acciones pasadas un segundo antes de volver a sonreír con malicia. - Es lo que esperabas escuchar ¿no es así? - Lo soltó limpiándose las manos con desagrado. - ¡Dios qué patético fuiste hasta el final! - Se burló una vez que se puso de pie. - Desperdiciaste tu vida entera obedeciendo cada orden que te daba pensando que eso de algún modo "haría volver" a mi yo del pasado. ¡Sorpresa! ¡Jamás me fui, esta es quien soy y quien siempre fui en realidad! - Se burló de la desdicha de Quilladin en compañía de Oricorio y Lurantis.
- Pero no te sientas mal pequeño "amigo". - Continuó hablando Braixen antes de que Quilladin terminase de perder el conocimiento. - Dejaré saciar un poco la sed que siempre tuviste por mí. - Sacó un pequeño frasco con agua que ocultaba en el pelaje de su cola y lo vertió sobre la boca de Quilladin. - Es hora de probar que tan cierto es lo que dice el diario de Mercurio.
- Amber... por qué... - Expresó con dificultad sintiendo como su vista se nublaba y su cerebro comenzaba a pensar cada vez con más dificultad. El último de los recuerdos al que se aferró fue al del feliz rostro de su amiga el día anterior al primer ritual de la regeneración 5 años atrás en el norte de Aurea.
- Me da mucho miedo pensar en lo que vendrá después de mañana. - Escuchaba a una Braixen de 19 años hablar con tristeza en su cabeza.
- ¡Sea lo que sea que venga en el futuro te prometo que siempre voy a estar a tu lado! - Respondió su propia voz interna de aquél entonces. - Sin importar que pase, prometo que voy a cuidar de ti.
- ¿De verdad? - Le abrazó Braixen en sus recuerdos. - ¡Si estoy a tu lado te juro que soportaré cualquier dolor, no permitiré que nada nos separe nunca nunca nunca! - Se repitió hasta perder el conocimiento.
- ¡Hey Magenta! - Saludó Lycanroc al grupo una vez se reunieron todos en la camioneta. - Mira lo que te conseguí. - Le pasó la botella grande de vino sin abrir que le quitó al Quilladin que creyó haber matado minutos atrás pero que se había salvado por la protección de su concha.
- ¡Alcohol! - Lo destapó de inmediato y comenzó a beberlo a mitad de la calle con velocidad, invirtiendo la botella sobre su cabeza hasta terminarlo.
- ¡Pero eso no es todo lo que conseguí! - Celebró Amaranto. - ¡Saluden al nuevo integrante del grupo! - Mostró ante todos al Shinx ya molesto que había mantenido oculto hasta ahora. - Cian, parece que una vez más has sido derrotado por mi y mis grandiosos sentidos superiores.
- Los planes han cambiado y el grupo de Braixen ya no lo está buscando y por lo tanto ya no es importante en nuestro acto. - Habló Espeon aún inmerso en sus pensamientos.
- Ya escuchaste enano, fuera del auto. - Lo intentó bajar Lycanroc con la mano.
- ¡Ni hablar! - Se rehusó. - ¡Me prometiste que si me quedaba contigo y no gritaba me dejarían unirme a su gremio!
- ¡Niño escucha a Levigis! - Intervino Lucario. - Lo mejor será que tomes el tren de vuelta a casa. Juntarte con esta gente solo te traerá problemas.
- ¡Maricón! - Le gritó a Cian. El grupo entero se le quedó viendo sorprendido, para nada esperaban ese insulto gratis al aire. - ¡Sólo estás celoso de que mi papá puede ganarle a tu papá!
- ¡Enano maldiciento y malcriado! - Le gruñó Cian. - ¡Si serás...! - Lo atrapó de la cola antes de que pudiera huir y empezó a darle una serie de coscorrones. - ¡Que sepas que mi papá es parte de la milicia de Aurea y es bastante fuerte!
- ¿Sí? Pues mi papá le gana a tu papá mientras que lo hace con-
- ¡Basta basta BASTA! - Explotó Espeon cansado y estresado de todas las discusiones del día. - Puedes venir con nosotros mientras decidimos qué hacer contigo o lo que sea pero vámonos de aquí cuanto antes que se nos vendrá la noche y no podemos retrasarnos más! ¡Cian, sube al auto! ¡Amaranto toma el volante! ¡Shinx, adelante o atrás pero cállate! ¡Magenta, tú... tú... sigue guardando silencio!
Todos hicieron caso a Levigis y subieron al auto sin perder un solo segundo más, saliendo del pueblo a la mayor velocidad posible, Shinx esta vez se fue adelante con Cian y Amaranto debido al miedo que le había dado Espeon. Además que prefería ir hablando con los chicos sobre cosas de chicos, o al menos así imaginó que sería en un principio. Levigis aprovechó que Magenta se quedó dormida al momento por la ingesta de alcohol para disfrutar del silencio e intentar calmarse, no sin pensar de vez en cuando en aquella Braixen que parecía saber sobre su pasado. Cuando el dueño de la casa de cambio los vio marcharse envió una señal por el comunicador. - El Lycanroc de la gabardina y su grupo se dirige hacia la laguna de Nessa - Informó a todos los mercenarios de Vanadio que se encontraban buscándolos cerca del lugar. Aquella sería una noche agitada para todos.
