Capítulo 15. Un equipo

La mañana era hermosa después de la lluvia incesante que había caído hace apenas unas horas. Las flores y el césped parecían recién regados, las aves cantaban y las nubes parecían dibujar una sonrisa en el cielo, pero la calma que producía el sonido de la cascada y del correr del rio fue interrumpida por un joven de cabello castaño y ojos cafés.

—¿Cómo que no vendrás?.—Seiya había sido detenido por Hyoga y Shun para que dejara de golpear a Shiryu.—¿Quien te crees que eres para tomar una decisión como esa? ¡No te corresponde!

Shunrei estaba al fondo del comedor con Ryuho en brazos, el pequeño comenzó a llorar por el tumulto y los gritos.

—¡Por qué esta es mi decisión!.—Le decía Shiryu a Seiya desde el suelo y con la nariz sangrante.—Yo hable con Saori y ella me dio su aprobación.

Seiya miro a Saori con furia y la chica se asustó un poco al ver al Pegaso tan enojado. Seiya bajó la mirada, estaba muy enojado pero no planeaba gritarle a Athena, así que se dirigió rápidamente a la salida de la casa.

—Seiya, déjame explicarte.—Shiryu se levantó del suelo y se limpió la nariz.—Si me permites hablar contigo te prometo que vas a entenderme.

—Ahora me doy cuenta de que yo tenía razón y eres un cobarde.—Seiya ni siquiera volteo a mirar a su amigo.—Acabas de poner tu felicidad y bienestar por encima de todas las demás, le acabas de dar la espalda a tu deber y tu destino por algo que no es real.

—¡Por supuesto que no! Las cosas no son así, yo…

—Ya no me interesan tus razones, espero que tengas suerte y espero que nunca nos volvamos a ver, porque si eso ocurre… Hyoga y Shun no me van a detener.—Seiya salió de la casa.

Hyoga de inmediato siguió a Seiya, estaba claro que él pensaba igual que el Pegaso, Ikki se fue detrás de ellos. Como siempre el único que dudaba era Shun ya que era el menos radical de todos los caballeros en sus pensamientos, el mejor que nadie sabía qué la vida puede tener tintes y estos no convertían a una persona en alguien malo.

—Saori.—Dijo Shun en voz baja.—Ya vámonos.

—Shun… las cosas son… complicadas.—Le dijo Shiryu un tanto suplicante.

—Lo sé, amigo. Pero esto podría no ser lo que en verdad quieres, esto no lo conseguiste por ti mismo, esto se te fue dado.—Shun estaba afligido.—Y así como te lo dieron, te lo pueden quitar… solo piensa en eso.

Shun tomó a Saori de la mano y se la llevo junto a él. Andromeda sabia perfectamente las razones de Saori para permitir que Shiryu renunciara a ser un caballero para quedarse, ella se sentía culpable y responsable, en parte la entendía, al que no podía terminar de entender era al Dragón, él había decidido quedarse a vivir en la mentira y eso era conformarse a quedarse enganchado a un engaño. Saori le dedicó una última mirada a Shiryu a modo de despedida, sin duda le deseaba la mejor de las vidas, aunque también sabía que Shun tenía mucha razón y que anteponer sus sentimientos antes que su deber podría pasarle una factura muy costosa mas adelante y que quizá no podría pagar jamás.


Seiya estaba furioso, pateo y destruyó todas las tiendas de campaña, aventó los troncos y piedras que pudo al rio, Hyoga e Ikki estaban detrás de él viendo como el Pegaso ocultaba su dolor con ira.

Llegaron Shun y Saori después de unos minutos, todos estaban callados, Saori sabía que estaban molestos con ella por tener esa condescendencia con Shiryu pero no podía hacer nada al respecto pues era un permiso que ya había concedido.

Seiya la miró, no quería hacerlo, no quería discutir con ella, pero a veces actuaba sin pensar.

—¿Cómo pudiste hacer eso?.—Seiya se acercó a Saori.

—¿Querías que lo obligara separarse de su hijo y su esposa?

—Quería que lo obligaras a cumplir su deber.

—Es un sacrificio demasiado grande, es decisión de Shiryu si quiere hacerlo o no.

—¡Todos aquí hemos sacrificado algo!—Seiya no se dió cuenta pero ya estaba gritando. Respiro hondo, no quería enojarse con Saori porque ella tenía razón, si Shiryu se rehusaba, ellos no podían llevarlo a rastras hasta el santuario.

—¿Qué va a pasar si necesitamos a Shiryu para recuperar nuestras armaduras?.—Intervino Hyoga

—Ya antes hemos cambiado el molde de esta realidad.—Saori contesto firme.—Creímos que Shiryu necesitaba perder a su hijo para despertar y no fue así. Sé que podremos recuperar sus armaduras.

—Entonces démonos prisa y salgamos de aquí.—Les dijo Ikki caminando cuesta abajo para regresar por donde habían llegado.

Todos tomaron sus cosas rápidamente y se dirigieron hacia el aeropuerto, les esperaba su siguiente parada, sus armaduras de bronce.


Su vuelo estaba retrasado por 3 horas, era una distancia considerable, todos estaban muy cansados y el ambiente había estado tenso en las últimas horas, Saori estaba consciente de que sus amigos no aprobaban su decisión respecto a Shiryu y no podía culparlos, aunque tampoco era culpa del caballero Dragón, todo lo que estaba pasando era culpa suya. En la mente de Athena, aparecieron las palabras de Shun, el tenía mucha razón, lo que vivía Shiryu era solo una mentira, entonces se le ocurrió que tal vez Shiryu aparecería en la entrada del aeropuerto, con su semblante amable y taciturno, con esos ánimos de luchar y ganar, pero la gente caminaba a su alrededor y no había nadie conocido para ella entre todas aquellas personas. Saori estaba perdida en sus pensamientos.

—Bien, los veré cuando vayamos a subir al avión.—Hyoga dijo y luego se fue.

Ikki ni siquiera dijo nada, desde antes comenzó a alejarse. Saori, Seiya y Shun se quedaron de pie unos momentos luego Shun condujo a Saori hasta una pequeña mesa cercana.

—Traeré algo para que comas, espérame.—Shun evadía la mirada de Saori, ella sabía que también Shun estaba molesto.

Shun se acercó a Seiya y le hizo una señal con la mirada para que fuera a hablar con Saori, alguien tenía que hacerlo, alguien tenía que poder arreglar algo. Seiya no estaba muy seguro, en verdad estaba dolido por haber dejado a un compañero atrás. Finalmente, Seiya hizo una expresión de fastidio pero al final hizo lo que Shun le dijo.

Se sentó enfrente de Saori y se recargo en la mesa con ambos codos, ella miraba al piso, avergonzada, él la analizó unos momentos, sabía lo que ella estaba pensando, no estaba segura que haber dejado a Shiryu atrás fuera una buena idea.

—Creo que jamás te agradecí.—Le dijo Seiya dirigiéndose al aire.

—¿A que te refieres?

—Ryuho, lo salvaste.—Finalmente Seiya la miro con una expresión cálida y comprensiva.—Nunca dude de ti.—Subió sus pies a la silla contigua.

—Creí que estabas molesto por lo de Shiryu.

—Lo estoy. Demasiado. Creo que cometiste un terrible error porque estoy seguro de que llegará el momento en el que él será imprescindible o nos mataran a todos. Aunque… de cualquier forma, las probabilidades de que salgamos con vida de todo esto son muy escasas.

—Yo solo quería que él fuera feliz con su hijo, no tuve el corazón para obligarlo a dejarlo.

—¿Ya lo ves, Saori? Justo ese es tu problema.—Seiya abandono su posición y se acercó a Saori.—Esto es una guerra ¿No lo ves? Esto lo hizo Apolo y tu sigues pensando primero con el corazón y los sentimientos, ya basta de eso. ¡Usa la cabeza! Lo necesitamos y tu no puedes dejar de lado tus inseguridades y pensar primero en ti y en la humanidad. Somos caballeros, somos tus caballeros y tu eres primero nuestra comandante y luego nuestra amiga. No. ¡Tú no puedes ser nuestra amiga y mucho menos mi…!.—Seiya se quedo callado, estaba a punto de decirle a Saori algo de lo que más tarde se arrepentiría.

—Lo sé y lo lamento. No volveré a cometer un error así, tienes razón… entre nosotros no pueden haber ese tipo de lazos… Nublan mi juicio.

Saori se levantó de la silla y se fue a caminar, las palabras de Seiya tenían un efecto contundente en ella. O podían hacerla la mujer mas feliz del mundo o la más miserable, no habían términos a medias.


Por cuestiones de azar o de destino, Saori se sentó sola en el avión, este fue un detalle que agradeció mucho ya que era un viaje de doce horas y no quería estar explicando y justificando su decisión de nuevo, ya se sentía suficientemente culpable. Viajaban en primera clase gracias a Ikki y Seiya. Cada uno estaba encerrado en sus pensamientos, guardando sus propias preguntas y preocupaciones.

Saori miraba por la ventanilla del avión, ya habían pasado 6 horas, pudo dormir un poco, se sentía un poco mas centrada, veía el pasar de las nubes, le recordaban a su padre, veía la luna, podía recordar a su hermana, si miraba mas allá, hacia las montañas podía recordar su vida antes de morir su abuelo Mitsumasa, la niña mimada, grosera y altanera, sin amigos, sin preocupaciones, sin dolor. Natasha apareció en su mente, su última mirada, sus ganas de ver a su hijo seguir sin ella. También apareció Miho, con sus reproches y su desdén. Apartó su mirada de la ventanilla y la cerro. Seiya se aproximaba, se veía cansado y hastiado.

—…Lamento lo que te dije hace un rato. Tú eres nuestra amiga y nuestra guía. No debí haber dicho lo que te dije. Tú eres muy valiosa para mi… y para todos—Seiya hizo una pausa y se aclaro la garganta.—Todos estamos muy cambiados, este año nos ha marcado a todos.

—Ha sido un largo viaje.

—Estaremos juntos hasta el final porque tengo fe en que todo estará bien.—Seiya le sonrió a Saori.

—Tendremos nuestro final feliz.—Saori le devolvió la sonrisa y así se quedaron un momento, solo mirándose y entendiéndose sin hablar.


—Llegamos, que infernal calor.—Ikki se ponía un gorro para cubrirse del sol.—¿A dónde vamos ahora?

Saori bajó del vehículo todo terreno que habían rentado para moverse en el implacable lugar. Todos los amigos iban vestidos con ropa adecuada para protegerse de las quemaduras de sol pero lo suficientemente fresca para no sofocarse, tenían que estar listos para las condiciones climáticas extremas de aquel lugar. El sol brillaba con lo que parecía ser toda su potencia y Saori sudaba mucho. Cerro sus ojos un momento, buscaba concentración y serenidad.

Sintió el calor de su cosmo, brillaba con fuerza dentro de ella, todos pudieron sentir en inmenso poder de Athena aparecer en un segundo, invocó a Niké y su cetro apareció en su mano derecha, no sabía con exactitud que estaba buscando pero recordó la pintura y su visión de ella, quería fijar en su mente lo que mejor que se pudiera el color y las texturas para poder reconocer aquel lugar. Señalo un punto al este. Se pusieron en marcha.


Condujeron unos 30 minutos entre dunas de arena inmensas, cada vez había menos turistas y el calor aumentaba.

—Espero que no te equivoques, Saori.—dijo Hyoga.—Cada vez hay menos personas, mas arena y menos agua.

—Era una especia de cueva, es lo que vi.

—Será difícil de encontrar.—Seiya estaba desesperado.

—¡Es aquí!.—Grito Saori.

Ikki detuvo el vehículo hundiendo el pie en el freno y todos bajaron del auto. Miraron a su alrededor buscando aquella cueva pero no encontraron nada, solo había mas y mas arena.

—Aquí no hay nada.—Hyoga era el mas exasperado, no estaba acostumbrado a esas temperaturas.

—Pero… es aquí, puedo sentir sus armaduras, las siento cerca, no me estoy equivocando.

El viento empezó a soplar con ligereza, como susurrando una frase, como presumiendo que sabia un secreto que ninguno de ellos sabía, no había habido viento desde que llegaron y ahora soplaba y parecía estar muy frio, seguía una una dirección especifica. Saori miraba las ondas que se formaban cuando se levantaba la arena del suelo, bailaba entre el cielo, era una sensación que parecía hipnotizarla. Ella y sus caballeros decidieron seguir su dirección. Caminaron algunos minutos y después el viento se detuvo, desapareció. Los cinco amigos se quedaron de pie en la nada de nuevo, ya no alcanzaban a distinguir su auto, solo había silencio y de nuevo las ondas de calor los presionaba a darse prisa o arriesgarse a una insolación.

—De nuevo, estamos donde empezamos.—dijo Hyoga.

Saori no escuchaba a nadie, estaba concentrada en encontrar una salida o más bien una entrada. Tomo a Niké tan fuerte que sus nudillos tomaron un tono blanquecino, invoco su cosmo y dió un paso al frente, apenas sus botas tocaron la arena y esta pareció hundirse. Era un hoyo enorme pequeño pero muy profundo, de repente, comenzó a crecer, los caballeros retrocedieron, Seiya tomo a Saori de la mano para que hiciera lo mismo, el agujero siguió creciendo hasta alcanzar unos 40 metros de diámetro. En cuanto la tierra se dejo de mover, aparecieron lo que parecían ser unas escaleras que se dirigían hacia la oscuridad, no se veía su fin, era una clara invitación para entrar. Los caballeros y Saori estaban muy callados, estaban demasiado sorprendidos.

—Bueno ¿Qué esperamos?.—Dijo Ikki y comenzó a avanzar.

—Saori, tu deberías quedarte aquí, traeremos las armaduras, no te preocupes.—Le dijo Seiya.

Todos comenzaron a ingresar con cautela en la enorme cueva y así los perdió en la oscuridad.


Pasaron un par de minutos y Saori se sentó en el primer escalón de la cueva, al tocarlo, el escalón volvía a ser arena pura, sin forma ni dureza, pero al sentarse los pequeños granos soportaban su peso sin dificultad. ¿Qué clase de lugar era ese?

De repente el viento comenzó a soplar nuevamente, acariciaba su cabello, seguía susurrándole al oido, a lo lejos pudo ver como se acercaba con demasiada rapidez, miles, millones de granos de arena se levantaban y movían con una violencia sosegada solo por la distancia que la separaba de aquella enorme tormenta, Saori se quedo petrificada, el tamaño, la extensión y la furia de esa tormenta era de nuevo un aviso de lo que venía. De un momento a otro comenzó a escuchar el crujir de la tierra, el agujero se estaba cerrando nuevamente, sus amigos quedarían atrapados, invoco a Niké para evitar que se cerrara, pero era inútil, su cosmo no hacia nada mas que desgastarse por el esfuerzo, la tormenta la alcanzaría en cualquier momento, pero pudo escucharla, era ella, Artemisa, era el viento. No eran palabras lo que escuchaba, era una especie de melodía tarareada por su hermana, transmitía paz en medio del inminente peligro.

Pero la melodía se detuvo, la tierra se cerraba más rápido y la tormenta ya removía sus cabellos y ropas. «Corre». Le dijo aquel susurro.

Saori bajo las escaleras tan rápido como pudo pero estas estaban inestables, parecían deshacerse bajo sus pies al mas mínimo toque. A cada paso el terreno se hacia casi imposible de caminar hasta que la escalera terminó por deshacerse.

Saori cayó al vacío.


—¿Escucharon eso?.—Shun miro hacia atrás pero veían nada.

El camino parecía estar iluminado solo a la vanguardia por una tenue luz como de luna mientras que la retaguardia se perdía en un abismo que no sabían si tenía algún fin.

—Creo que no fue buena idea dejar a Saori afuera.—Les dijo Hyoga a sus compañeros.

—Ya no podemos volver, será mejor darnos prisa.—Dijo Ikki y siguió caminando.


Saori abrió los ojos, estaba en el suelo, a lo lejos se veía una mancha en el techo de aquel lugar, la cueva se había cerrado y ahora ella y sus caballeros estaban atrapados al menos a 50 metros bajo tierra. Se incorporó con cuidado, la arena la había protegido de romperse todos los huesos, o quizá la voz de su hermana, su calidez y su presencia había intercedido ante la muerte.

Caminó y luego corrió al percatarse de que aquel lugar oscuro le recordaba a su sueño, aquel en el que veía a sus caballeros muertos. No sabía si corría en la dirección correcta solo seguía su instinto y este le decía que sus caballeros la necesitaban.

—¡Seiya! ¡Shun! ¡Hyoga! ¡Ikki! ¿Dónde estan?

No había respuesta.


Todos los caballeros iban caminando, se habían relajado solo un poco al darse cuenta de que no había peligro en el camino, creían que el peligro les aguardaba al llegar. Platicaban acerca de lo que recordaban de sus momentos de batallas. Seiya se sentía intranquilo, tenía un mal presentimiento. Miraba hacia atrás constantemente esperando que ella le diera una señal de que se encontraba a salvo.

«No debimos venir todos por las armaduras, yo debí quedarme con ella». Pensó Seiya.

Siguió el interminable camino, cuando escucho una voz, era lejana, como si ni siquiera estuviera en el mismo espacio-tiempo pero no podría confundirse jamás, era la voz de Saori.

—¡Saori!.—Seiya corrió de regreso, no podía ver nada.

—¡Espera, Seiya!.—Shun gritó y también corrió siguiendo al Pegaso.

Todos los demás corrían a oscuras, la luz del camino se alejaba junto con ellos.

—¿A dónde demonios vas, Seiya?.—Le dijo Hyoga

—Saori esta en peligro, escuche que gritaba. ¡Nos necesita!

—Saori esta bien, idiota. Nosotros somos los que estamos perdidos en este maldito lugar.

La cueva parecía moverse, podían ver cómo pedazos enteros del techo caían a su lado.

De repente la tenía en frente de él a unos pocos pasos. Saori. Estaba asustada, su cabello estaba enmarañado por el fuerte viento al que se había expuesto y su respiración sonaba muy agitada. Llevaba en la mano a Niké para ayudar a alumbrar su camino.

—¡Seiya!.—Le grito Saori aliviada.

Todos se miraron al mismo tiempo un poco desconcertados por el hecho de que Seiya hubiera tenido aquel presentimiento. Inmediatamente después de que se encontraron, escucharon a la cueva crujir con fuerza, habían visto como la estructura interna del extraño lugar en el que se encontraban estaba colapsando pero lo que esta vez se desprendió de la cueva no eran solo unos pequeños trozos de arena y tierra, eran unas enormes rocas, lo extraño fue que en donde estaban los caballeros no ocurría nada, pero estos entes de material solido iban directo a la diosa Athena.

La primera roca en caer lo hizo justo entre Saori y sus caballeros abriendo un abismo infinito en el que no podían cruzar si no era con el poder de sus armaduras, Saori se dió cuenta de que no podría correr hacia el caballero Pegaso, así que retrocedió. Seiya angustiado buscaba la forma de cruzar aquella brecha pero ninguno de sus amigos llevaba absolutamente nada para enfrentarse a una situación similar.

Todos observaron cómo Saori corría pero la pendiente inclinada de la cueva aceleraba la caída de las piedras y haría imposible su escape, las rocas tocaron así el suelo, levantando una nube de polvo que se regó por la oscuridad. Seiya gritó desesperado su nombre, sin su armadura y sin poder invocar su cosmo era imposible que pudiera llegar hasta ella. Saori no respondía pero la cueva dejo de crujir, la luz tenue que los iluminaba regresó y todo quedo en calma nuevamente.


Era la segunda vez que perdía el sentido en aquel oscuro lugar, Niké estaba a su costado y seguía emitiendo su brillo, se revisó así misma y noto que solo tenía unos pequeños rasguños, las rocas habían caído sobre ella y se habían apilado unas con otras, en aquel pequeño hueco de apenas 1 metro de alto es donde ella había sobrevivido.

«Esto no ha sido gracias a la suerte». Recordó entonces que la roca seguía una trayectoria recta hacia ella, no había forma de evadirla, pero alguien la abrazó por la cintura para empujarla con fuerza hacia un lugar seguro. Estaba muy oscuro, no había visto quién había sido.

Saori se puso de rodillas ya que no podía ponerse de pie por que su cuerpo ahora no cabía en aquel pequeño espacio, gateando y con Niké en la mano buscó indicios de una salida y de la identidad de su salvador. Había sangre en el piso, eran unas gotas considerables, seguramente la persona que la había salvado estaba buscando la salida. Gateo unos metros y ahí estaba, herido del brazo movía las piedras pequeñas para abrirse paso.

Shiryu.

—Pero ¿Como?.—Saori se acercó a él y vió los golpes que su amigo tenía en todo el cuerpo.

—Los seguí hasta aquí, la tormenta de arena me alcanzó y me arrastró varios metros pero logre entrar en este lugar antes de que se cerrara. ¿Estas bien?

—Yo si, pero los demás deben estar pensando lo peor.

—Tranquila, ya los encontraremos.—Shiryu se tocaba el estomago y respiraba con dificultad.

Saori se conmovió demasiado con el gesto de Shiryu, sin perder tiempo utilizó su cosmo para salvarlo de aquellas heridas, le dolería un poco pero dejaría de sangrar y estaría fuera de peligro. Después de que el dragón pudo observar cómo ya no se sentía mareado por la falta de sangre ni dolorido por todos aquellos golpes y seguramente algunos huesos rotos, supo que había tomado la decisión correcta.

—Esta cosa se mueve a cada segundo, debemos apresurarnos y salir de aquí, moveré estas piedras y daremos la vuelta para encontrarnos con Seiya, Hyoga, Shun e Ikki.

—Bien, te ayudaré.—Saori se puso manos a la obra para no dejar que Shiryu solo lidiara con el trabajo sucio, ella también hacia lo posible por mover las piedras.


—¡Debemos hacer algo! ¡No nos quedaremos aquí.—Seiya buscaba desesperado cualquier cosa a su alrededor que le sirviera como una soga para cruzar al otro lado.

—No tiene caso, esas rocas gigantes deben estar mas pesadas que la camioneta en la que veníamos todos al llegar.—Shun intentaba calmarlo.—Debemos continuar y encontrar nuestras armaduras.

—Shun tiene razón, además sé que Saori esta bien, si no lo estuviera ya lo sabríamos, así que ya cálmate y sigamos.

Shun se llevó a Seiya del brazo casi a rastras, el quería quedarse y estar seguro de que Saori estaba con vida y estaba bien, pero no podrían llegar hasta ella sin despertar su cosmo y con la ayuda de sus armaduras.


Shiryu y Saori seguían moviéndose sin parar por el intrincado camino, sus rodillas comenzaban a sangrar por el esfuerzo de apoyarse y moverse en ellas sin ninguna protección mas que sus pantalones, Saori estaba cansada pero no se rendiría todavía. Pasaron algunos minutos y pudieron abrir un pequeño camino de poco más de 40 centímetros para atravesar su ataúd de rocas.

Lograron salir y se encontraron de nuevo en la senda vacía y oscura.

—Supongo que este es el único camino.—Le dijo un Shiryu también cansado.—Ya no recordaba como eran este tipo de emociones, me hacían falta.

—Me alegra que hayas cambiado de decisión, Shiryu.—Saori comenzó a caminar.—En serio nos haces falta.

Después de unos minutos de silencio, Saori quiso preguntarle a Shiryu por sus razones para abandonar a su esposa e hijo, tenía mucha curiosidad, pues se sentía identificada con aquella situación, pero no quería ser entrometida y grosera por preguntar algo tan personal, aunque, dadas las circunstancias ella necesitaba saber.

—Shiryu.

—Si, Saori.

—Quisiera saber… ¿Por qué estas aquí?…No es que no me alegre tenerte, es solo que… bueno… yo sé que es complicado.

—Todos ustedes tienen razón… Yo quería quedarme con Shunrei y mi hijo pero… si esta realidad es una mentira y yo causo con mi negligencia la muerte de la verdadera Shunrei… eso jamás me lo perdonaría.

—Decidiste poner primero tu responsabilidad pero a la vez esta tu familia, has madurado, Shiryu.—Saori pensó un poco en sus propias palabras.

—Bueno… sí. Lo hago por ellos… algún día volveré a ver a Shunrei y sé que todo estará bien… pero también lo hago por todos ustedes, yo… no podía dormir por haberlos dejado ir, no podía pensar siquiera en un mundo sin todos ustedes. Me tuve que despedir de mi hijo pero sé que él estará bien, si esta realidad es verdadera no importa lo que tenga que hacer, ¡Yo volveré! Y si nada de esto es verdad, entonces construiré mi futuro junto a Shunrei.

—¿Tomaste esta decisión… en una noche?

—En realidad… sigo convenciéndome de ello, no es nada fácil ser así de optimista pero no hay otra opción… y no me mal entiendas Saori, yo te soy muy leal, pero mis razones para seguirte son simplemente particulares.—Los ojos del dragón estaban cristalinos, le dolía aceptar su propio destino.

—No me tienes que explicar nada, yo lo entiendo.

Ambos chicos se sonrieron mutuamente y continuaron su camino, aun no habían conseguido lo que estaban buscando.


Iban corriendo siguiendo a Seiya. Él seguía una dirección recta y no se detenía, Ikki pensó en que adelante podría haber un risco, una vuelta, picos en las paredes, cualquier trampa, pero también sabía que a Seiya no le importaría, él solo quería recuperar su armadura para salvar a Saori. Pronto y después de tanto correr, los caballeros observaron una luz blanca que se veía al final del túnel, sus pasos se hicieron mas rápidos.

Llegaron y las vieron, clavadas en el suelo, acomodadas en un circulo perfecto separadas por una pequeña distancia, escondidas entre la arena pero revelando que estaban esperando por sus dueños en aquellas cajas de pandora que servían como protección.

Sus armaduras.

La luz que veían a lo lejos, era la luz de un rayo de sol que se alzaba soberbio a través de la saliente de la cueva a demasiados metros por encima de ellos.

Se aproximaron con cuidado a sus respectivas cajas de pandora pero aquellas envolturas parecían mas bien unas reliquias de algún tiempo lejano, al contacto, todos pudieron sentir que eran de piedra y que eran solidas, eran muy pesadas, parecía una locura que alguna vez las hubieran cargado en sus espaldas.

—¿En verdad estas son nuestras armaduras?.—pregunto Shun.

—Parecen.—Hyoga no quería aceptar lo que estaba viendo.—Muertas.

—No pueden estar muertas.—Replico Ikki.—Nunca han peleado en esta realidad.

—Quizá necesiten de nuestra ayuda.—Seiya miraba fijamente el emblema del Pegaso.

Los cuatro caballeros invocaron su cosmo en un intento por despertar a sus fieles compañeras de batallas, se iluminó todo el lugar.

Pero las armaduras continuaron en su prisión de piedra.

—¡Demonios!.—Exclamo Hyoga

—¿Y ahora qué hacemos?.—Shun estaba preocupado.

—¡Caballeros!.—Saori entró corriendo después de haber sentido sus cosmos.

Seiya se apresuró a su encuentro, la tomo de las manos y la recorrió con la mirada buscando heridas, pero ella estaba ilesa salvo por algunos pequeños rasguños.

—Saori ¿Cómo es que…?.—Estaba tan contento como sorprendido.

Saori se quedó callada y entonces todos posaron sus ojos más allá de ella y vieron que la oscuridad se apartaba de su querido amigo, sus largos cabellos y sus porte gallardo, el dragón había vuelto.

Hyoga y Shun, incluso Ikki se aproximaron a él y lo abrazaron y felicitaron. Seiya se quedo petrificado frente a Saori, aún tomaba su mano, ella apretó la mano de Seiya para que saliera de su ensoñación y se dirigiera con su amigo.

—Shiryu de Dragon, siempre queriendo llamar la atención.—Bromeo Hyoga.

—Le gusta el drama, ya lo conoces.—dijo Shun.

—Que bueno que llegaste a tiempo.—Ikki le dijo con una mirada solemne.

Cuando todos se apartaron, Shiryu vió a Seiya, se miraron y no se dijeron nada, solo fue un abrazo de compañeros de vida y de muerte, un abrazo de verdadera amistad.

Después de todo lo que habían pasado por fin el equipo estaba completo.


Y así tenemos el capítulo 15 y al equipo reunido. Pero la guerra apenas esta comenzando.

Les agradezco enormemente sus comentarios, hago lo posible por seguir algunos de sus consejos y tener una historia interesante que nos guste a todos.

Gracias, amigos.