Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece.

Este relato participa en la tabla "Alergias de Primavera" organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash.

Palabra: Caramelo.

Personaje: Fleur Delacour.

Palabras: 763.


ALERGIAS DE PRIMAVERA.

...

CATORCE.


Fleur sale al vestíbulo del banco con un serio dolor de cuello. La ropa mojada y el cabello lleno de tierra es la última de sus preocupaciones, pero llenan un poquito el vaso de su control.

Fleur hace eso desde antes de la guerra. Se imagina un vaso y va echando ahí las cosas que se le salen de control, las cosas que la estresan. Fue su forma de no perder la cordura durante la guerra y ahora es la forma en la que lidia con la vida.

Tiene un vaso. Echa ahí lo malo. Cuando está a punto de desbordarse, Fleur se da un espacio.

Sabe que su vaso está por desbordarse, pero hoy no puede darse ningún espacio.

Los niños están por llegar de la Academia.

El trabajo de ella y Bill es exigente, agotador, y ella se niega a dejarle a sus hijos a la señora Weasley o a su madre. Fleur es perfectamente capaz de mantener su casa en orden, el trabajo al día y a sus hijos cerca de ella.

Sus padres la educaron para creer que siempre lograría lo que se propusiera: siempre ha tenido éxito.

Pero esta está siendo una semana especialmente difícil. El grupo con el que trabaja Fleur (nuevos rompedores de maldiciones que debe entrenar), se creen muy machitos como para aprender de ella, por lo cual hacen un trabajo desastroso y ella termina dando la cara frente a los duendes. Ah, lo duendes. Bastardos retorcidos, eso son. Tiene, gracias a los imbéciles, una falta en su expediente. Su primera falta. Una falta porque Samson le valió verga que ella le dijese que su hechizo de contención estaba mal. Una falta porque la cámara que debían restaurar quedó hecha añicos. Una falta que debió asumir como entrenadora.

Fleur todavía siente el crucio queriendo salir contra Samson.

Pasa por la librería y recoje un paquete de libros sobre maldiciones antiguas de Egipto para Bill.

Su esposo. Esa es otra cosa más para echar en su vaso.

Cuando llegó Vic a sus vidas y el trabajo parecía absorberlos, ambos acordaron que a las seis de la tarde iban a estar en casa. Sin importar qué o quién, porque ellos eran rompedores de maldiciones, pero también padres y podían ser ambas cosas al mismo tiempo. Iban a poner de su parte. Si alguno no podía llegar temprano le iba a avisar al otro, iban a organizar sus horarios juntos, iban a permitirse un fin de semana para salir a viajar con sus bebés.

No viajan desde hace tres meses. No organizaron su horario juntos este mes. Bill ha llegado a las nueve toda la semana.

«Se me hizo tarde». Toda las noches. «Se me hizo tarde». Los siete días. «Se me hizo tarde».

Fleur sale de la librería para aparecerse en la calle. Las apariciones son su método de viaje favorito. La escoba le da vértigo, la red flu le deja las ropas llenas de polvo y los trasladores la hacen sentir nerviosa por horas.

La aparición es segura, rápida y confiable.

Se aparece directamente en la sala de su casa. Ron la ayudó a colocar los respectivos hechizos para que solo ella y Bill pudiesen aparecerse en la casa sin permiso.

Fleur se está quitando el abrigo cuando escucha ruido en la cocina. Se hace con su varita y mira el reloj en su muñeca.

Un cuarto para las siete.

¿Los niños ya estarán en casa? Draco siempre los trae apenas salen, pero ella ya ha llegado a casa cuando eso sucede. Sin embargo, gracias a Samson, hoy ha llegado tarde. Pero ¿y si no son sus bebés?

Se saca los zapatos con los pies y camina en silencio a la cocina.

La varita se le cae de la mano.

Sí son sus hijos los que están en la cocina. Y aparentemente una catástrofe natural también, porque todo está desastroso.

El mesón está lleno de alguna mezcla grisácea, el piso inundado de jugos y leche, una nube de harina cubre toda las superficies y ¿eso es caramelo en el techo?

—¡Mami!

Dom es la primera que la ve.

Oh, Merlín Santísimo. Su hija está asquerosa de pies a cabeza.

—¡Llegaste, mamá! —Victoire, su pequeña niña siempre juiciosa, parece un fantasma cubierta de harina.

—Mamá —balbucea Louis. No se queda atrás respecto a sus hermanas, porque su pequeño príncipe se ve como si hubiese matado a alguien. Está completamente cubierto de rojo. ¿Tal vez jugo de fresa?

—Te queríamos sorprender con una torta, mami —le dice Vic.

El vaso dentro de Fleur se desborda y se rompe.