Nota importante:
Hace algunos capítulos alguien comento que la historia no le gustaba por el machismo y por la forma en que trataban a las mujeres, entiendo y respeto su opinión, sin duda si alguien me tratara así no me gustaría, pero esto es solo ficción.
Por esta razón quiero avisarles que probablemente este capítulo no les guste, así que para evitarles la incomodidad pondré en cursiva toda la parte que trate sobre "el calmar" para que no la lean si quieren.
Capítulo 16
Cuando Bella bajo a desayunar a la mañana siguiente, se dio cuenta que el guerrero cuyo palco estaba adyacente al suyo y al de Edward la noche anterior no era otro, sino Kil, el segundo hijo mayor de la familia real de Q'an Tal.
Los dos hermanos se abrazaban el uno al otro, dándose golpes en la espalda con afecto, cuando Bella entró en el gran pasillo. "Emmett se arrepentirá por no verte", dijo Edward, con una sonrisa de oreja a oreja.
"¿Y qué hay de Jasper?" Kil preguntó, sus brillantes ojos verdes se parecían mucho a los de Edward.
"Bah. Él siempre está en Sypar, donde la perra de su nee' ka le ha pedido que se quede".
Kil resopló irónicamente, suavizando un poco sus rasgos severos. "La halagas con tan inmerecida alabanza".
El chasquido de las sandalias de Bella en el piso de cristal negro capturó la atención de Edward. Se dio media vuelta, y sonrió al verla, sus ojos devoraban su cuerpo que hoy vestía una qi' ka azul transparente. "Nee' ka, ven". El le hizo un gesto con su mano señalándole que se uniera a ellos. "Te presento a mi hermano, Kil".
Bella respiró profundo para calmarse, entonces fue hacia donde estaban en pie ambos gigantes. Kil se tomó su tiempo en estudiar su forma, sus ojos se movían sobre cada pulgada de su cuerpo, deteniendose en sus partes más íntimas. Ella hizo como si no se diera cuenta. "Hola. Me llamo Bella". Ella le sonrió, a pesar de que sus ojos todavía examinaban con detenimiento su cuerpo.
Kil al fin levantó su mirada para encontrarse con los ojos de Bella. Inclinó su cabeza, pero no le sonrió. Ella sintió que sonreír era algo que no solía hacer mucho. "Recuerdo haberte visto anoche en el palco a lado del mío. Yo soy Kil".
"Kil ha viajado hasta aquí desde Tron, donde ha estado ocupado deshaciendo una insurrección", le explicó Edward a Bella, mientras extendía la mano para frotar con la yema del dedo pulgar uno de sus pezones. "Él está muy cansado, me imagino, así que cenaremos con él en privado. ¿Puedes pedirles a las sirvientas que envíen una cena a nuestras suites, mis corazones?"
"Por supuesto". Bella asintió con un movimiento de la cabeza, contenta por tener una excusa para alejarse de la presencia desconcertadora de Kil, aunque fuera por un ratito. Ella le sonrió gentilmente a los hombres, luego se dio la vuelta y se fue.
"Ella es hermosa", admitió Kil. "Aún más ahora que puedo verla con la fuerte luz del día".
"Sí", dijo Edward con orgullo, "Ella lo es". El le dio una palmada a su hermano en la espalda. "¿Me imagino que no te opondrías en cumplir con tus deberes si algo me sucediera?"
"No, no tendría objeciones", confesó Kil sin reparo, "sin embargo, no quiero pensar en algo tan malo como eso, sea o no broma".
"Lo siento". Edward se sintió arrepentido de inmediato. "Olvidé que acabas de llegar de ver muchas muertes. Perdóname, hermano".
"No hay nada que perdonar". Kil lo golpeó en la espalda y lo abrazó de nuevo. "No hay nada que perdonar".
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Bella aprendió mucho de la cultura Trystonni durante el desayuno privado en sus recámaras, la mayor parte impactante, dejándola entumecida de principio a fin. Por ejemplo, debido a sus leyes de sucesión, se suponía que Bella se refiriera a Kil como a un tipo de esposo de menor grado. No se suponía que tuvieran relaciones sexuales, pero debido a que ella sería entregada a Kil en matrimonio si Edward muriera- un pensamiento que la horrorizaba- se suponía que tuviera muchas de las cosas íntimas con él que hasta ahora sólo había compartido con Edward.
Su qi ka fue retirada mientras estaba en presencia de Kil, un evento que le dijeron que sucedería cada vez que estuvieran solos, estuviera Edward o no estuviera presente. Bella había comido desnuda con Garret y Kate en la cámara de ellos antes, pero eso fue parte del baño, así que no había parecido muy raro. Esto se sentía raro. Esto se sentía como lo que era- la forma en que las leyes de Tryston establecían el dominio de otro hombre sobre ella.
También se suponía que Bella se bañara con Kil a petición de Kil… otra intimidad más con un hombre sin su consentimiento.
Ella también aprendió lo que era calmar. Kil y Bella debían ser encerrados en la habitación juntos, tiempo durante el cual las leyes de sucesión le exigían a Kil que la llevara al orgasmo hasta que ya no le temiera a él ni a su toque, por lo tanto "calmandola". Esta relación fue establecida más como símbolo que cualquier otra cosa.
Bella estaba furiosa con Edward por no prepararla para un evento tan espantoso. Ella también estaba un poco más que horrorizada. El semblante de Kil era tan severo que hasta le daban escalofríos que le corrían por la espalda. Ella no podía imaginarlo siendo muy amable con ella.
No había muchos aspectos buenos en esta situación aterradora, por lo que Bella podía ver, pero algunas existían, pese a todo. Lo primero era que, durante el calmar, no se permitía que Kil hiciera cosa alguna con sus partes íntimas salvo tocarlas. En otras palabras, la ley le permitía hacer cualquier cosa que él quisiera con sus manos mientras la calmaba, pero su lengua y su pene estaban fuera.
El segundo buen aspecto era que había un final hipotético a la situación en consideración: una vez que ella ya hubiera sido calmada apropiadamente, Kil nunca podría calmarla otra vez. Aún se requería que se quitara su qi' ka cuando estuviera sola con él, y se bañara con él cuando se lo pidiera, pero ése era el límite de sus privilegios una vez que este extraño ritual se realizara.
El último aspecto positivo era que a Kil ya no se le podría dar ninguno de los derechos de un esposo de menor grado, salvo el de quitarse la qi' ka, cuando Bella diera a luz al heredero de Edward. Como resultado de todo lo que había aprendido en la hora pasada, quedar embarazada y dar a luz habían llegado a la parte superior del listado de las cosas que era momento de considerar hacer.
Cuando Edward se puso de pie para retirarse de la cámara con excusa de que necesitaba entrenar a sus hombres, Bella se puso en pie también, desesperada para irse con él. "No" le había susurrado en voz baja, "debes familiarizarte con mi actual heredero, nee' ka".
"Pero Edward…"
"No, pequeña". El la amonestó sacudiendo la cabeza. "Está bien. Él no te hará daño. Pero debes ser calmada con su toque, no sea que algo me suceda y yo ya no te pueda cuidar. Yo no te dejaría aterrorizada por tu destino".
"Yo no quiero", suplico, halando su mano.
"Estará bien", insistió Edward, sin permitir algún argumento.
"¿Te acuerdas cuando me dijiste que disfrutaste a Jess en nuestro tiempo porque era parte de un rito tan antiguo como el tiempo?"
"Sí", confesó ella vacilando.
"Así es este también, nee' ka. Es un ritual y nada más". Después de explicar que a Kil no se le permitiría irse de la recámara hasta que Bella ya no temiera sus atenciones, él se dio la vuelta y salió de sus habitaciones. Un guardia bloqueó la puerta de la habitación, asegurándose de que no pudiera irse.
Bella había visto a Kil, luego corrió al otro lado de la recámara y se encerró en el armario más cercano. Le tomó una hora para persuadirla a que saliera, tiempo durante el cual le había recordado repetidamente que cuanto antes comenzara a calmarla, antes terminaría. Finalmente, ella accedió y le quitó el seguro a la puerta del armario.
Así que ahora Bella estaba sentada en una mesa alzada, con las piernas abiertas ante Kil, permitiéndole inspeccionar su cuerpo hasta que se saciara, queriendo terminar con todo de una vez. Agarrando sus senos con ambas manos, él apretó sus pezones y los pellizcó, los frotó e hizo que giraran en sus dedos callosos hasta que estuvieron bastante duros. Para el mayor disgusto de Bella, su cuerpo traicionero se estaba excitando.
"Abre más tus piernas para mí. Quiero conocerte toda". Su voz era un ruido sordo, misterioso y oscuro, como él. La herida en su cachete derecho brillaba siniestramente en la cámara con poca luz, lo que le daba una apariencia malévola.
Bella hizo lo que le pidió, su excitación se hacía más aguda. Estaba descubriendo otro aspecto de su sexualidad que ella deseaba nunca haber descubierto, es decir, que este juego de dominación y sumisión la estaba excitando ferozmente. "Usa tus dedos para abrir los labios de tu coño", ordenó, "muéstrame lo que es mío si la diosa lo ordena".
Los ojos de Kil se deleitaron con los labios vaginales y el clítoris hinchado. Él continuaba amasando sus senos y pellizcando suavemente sus pezones mientras sus ojos lo observaban todo. El olor de su excitación era embriagante, que le pedía que probara lo que no podía tener. Él sabía que él se iría a sus recámaras con sus sirvientas, quizá sin asomarse por algunos días, cuando esta sesión de tortura llegara a su fin.
Soltando un seno, Kil deslizó su mano libre por el vientre de Bella y pasó los dedos por su parche de rizos de bayas de fuego. "Es más suave que la vesha, tu piel".
Bella contuvo el aliento, cerrando sus ojos contra el placer que sus palabras le daban.
"No", le dijo como reprimenda, "abrirás tus ojos y verás quién es el que te lleva a tu gozo de mujer".
Bella respiro hondo para tranquilizarse y luego obedeció. Los dedos de Kil se deslizaron más abajo, con suavidad rozaba la orilla de los pliegues de sus labios vaginales hinchados. Ella gimió, quería que le tocara el clítoris; necesitaba que lo tocara. "Todavía no, lujuriosa. Pronto".
Kil le pellizcó uno de sus pezones, luego lo hizo rodar entre su dedo pulgar e índice, una y otra vez, sin parar, glorificándose en sus apasionados gemidos. Su otra mano apenas frotaba el óvalo de sus elegantes pliegues nuevamente, sus dedos resbaladizos por su húmeda necesidad. "¿Quieres que toque tu capullo de mujer?" preguntó con voz áspera, su voz ronca.
"Sí", confesó sin pensarlo dos veces. "Por favor".
"Por favor ¿qué?"
"Por favor toca mi capullo de mujer", le rogó en voz baja, usando la palabra trystonni para su clítoris.
"Di mi nombre", gruñó Kil, tirando de su pezon, luego lo rodó otra vez. "Dime quién quieres que toque tu capullo de mujer".
Bella gimió, casi llegando a su clímax. "Kil", jadeó, teniendo cada vez más dificultades para mantener los ojos abiertos, "Por favor, Kil, toca mi capullo de mujer".
Kil puso la yema de su dedo pulgar en su clítoris. "Mírame, Bella. Que sepas quién te trae a tu placer". Cuando se abrieron sus párpados, él comenzó a mover la yema de su pulgar en círculos, lento y agonizante. Ella gimió sin sentido mientras miraba con detenimiento los ojos verdes brillantes durante todo el tiempo. Sus caderas se alzaron para encontrarse con él. "¿Quieres más, preciosa Bella?"
"Sí".
Kil comenzó a frotar su clítoris con rapidez, lo que causó que ella convulsionara ahí, gimiendo. Ella dio un grito, mientras un clímax le recorría el cuerpo con violencia.
Pensando que todo había terminado, Bella se sorprendió cuando Kil la levantó en sus brazos y la cargó a la piscina. Abriéndole las piernas de par en par en una suave piedra alzada de alhaja, él repitió todo el proceso, obligándola a que tuviera varios clímax repetidamente, ordenándole que lo mirara durante todo el tiempo.
Una hora después, Kil cargó a Bella a un catre reclinable junto a la piscina y comenzó otra vez. Una Kefa lo mamó hasta que él tuvo su propio clímax mientras continuaba ordeñando el cuerpo de Bella de todo lo que tenía para ofrecerle. Él tocó y frotó, apretó y tiró, acarició y pinchó. Él no aceptó nada menos que la rendición completa y gimoteante de Bella, sabiendo que cuando saliera de esta habitación, su cuerpo recordaría y respondería a su toque si fuera necesario.
Kil la llevó al clímax unas veces más de lo que en verdad era necesario, diciéndose a sí mismo que era para asegurarse que el calmarla se había llevado a cabo por completo y bien, pero sabiendo que era porque nunca se le permitiría tener otra sesión para calmarla nuevamente después de que se retirase de sus recámaras.
Golosamente se llenó con lo que era su derecho por la ley sagrada, Kil le ordenó a Bella que montara tres de sus dedos mientras él seguía estimulando su clítoris con la yema de su pulgar. Ella se vino de esa manera, sollozando por la violencia con que se venía, entonces se vino dos veces más antes de que la soltara.
Bella se desplomó en su pecho, lo que le indicaba su confianza en Kil para que la cuidara. Él se puso en pie, llevó su cuerpo exhausto y lleno a la cama, y la depositó suavemente dentro de las suaves pieles de vesha. Estaba profundamente dormida en unos instantes.
Kil tiró de uno de sus pezones rojos por última vez, luego salió de la cámara y se dirigió a sus habitaciones para su comodidad.
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En los campos de entrenamiento, la mente de Edward estaba peligrosamente desenfocada. Su atención no estaba en su tarea, sino en lo que su nee' ka y su hermano estaban haciendo juntos en su habitación incluso ahora. Pensando que era imprudente practicar las artes de la guerra mientras estaba distraído, él llamó a que se presentara un guerrero de mayor edad llamado Tym a que lo relevara de sus deberes.
Edward convocó a una botella de matpow y se dirigió a su vehículo flotante, conduciendo sin rumbo por Sand City durante horas, bebiendo, pero sin encontrar consuelo de sus ánimos.
Él sólo esperaba que su hermano siguiera la ley y no buscara placer entre los muslos de Bella. Y sólo esperaba que su esposa lo perdonara por todo eso. Era una locura, tratar de averiguar cómo cambiar a una mujer de la primera dimensión al tipo de cultura de la séptima dimensión, en especial cuando esa cultura era la dominante de Tryston. Su nueva vida era muy diferente de la anterior.
Edward no podía declarar que tenía conocimiento de primera mano del planeta anterior de Bella más allá de los pocos minutos que había estado allí, pero él no dudaba que era un mundo muy diferente. Todo lo que involucraba al cuerpo se veía desde un punto de vista negativo, según había mencionado Bella.
Su nee' ka había parecido tener un miedo antinatural por el calmar, un ritual que cualquier mujer nacida en la realeza criada en Tryston no sólo lo hubiera esperado, sino que era probable que lo hubiera anticipado. Era evidente que Bella ni lo había anticipado ni lo había acogido con satisfacción.
Y por más que Edward deseara que fuera de otra manera, él le estaba agradecido a la diosa de que su pequeña no quisiera que las manos de otro guerrero la tocaran más que las suyas. Por las arenas, quería que todo esto terminara, sabiendo bien que él no tendría que soportar más torturas como esta por muchas salidas de luna. Después del calmar, ningún otro osaría acariciar a su mujer otra vez, salvo en los banquetes de consumación reales cuando todos se sintieran cachondos.
Una sensación oscura y molesta de que le prestaba demasiada atención a lo que no tiene importancia seguía dando vueltas en la mente a Edward. Desde la unión, su mente y sus corazones se habían afinado a las emociones de Bella con cada hora que pasaba. Él podía sentir la vergüenza de Bella, su vergüenza al encontrar placer en los ministerios de otra persona. Podía sentir su dolor, sin duda preguntándose qué otros aspectos de la cultura Trystonni se vería obligada a soportar sin conocimiento previo.
La culpabilidad consumía a Edward, lo devoraba. Él debería haber preparado mejor a Bella para esto. Él debería haber sido más comprensible con su ignorancia sobre las formas de los trystonnis, enseñándole todo lo que había que saber, en lugar de ser lo suficientemente arrogante como para pensar que su manera era mejor, para creer que ella debería aprenderlo todo por su cuenta.
Edward ordenó al vehículo flotante que volviera al palacio, mientras una disculpa se formaba en sus labios. Él no estaba seguro de todo lo que le diría a su nee' ka, pero una cosa era segura: él se aseguraría que ella entendiera que nunca tendría que soportar tal cosa de nuevo. Él nunca cedería e iría en contra de las formas de los suyos al permitirla que no se presentara en fiestas de consumación reales si era su deseo. Incluso cedería e iría en contra de las formas de su pueblo, permitiéndole que no se presentara en las fiestas de consumación reales, si era su deseo.
Cualquier cosa.
Edward haría cualquier cosa para que su pequeña lo perdonara.
La verdad yo ne se que opinar, supongo que no es muy diferente de lo que pasa en las cenas de consumación, pero es que en esta situación solo se afecta a Bella y ella no puede negarse si es que quiere estar protegida en el futuro por si algo le pasa a Edward. ¿Pero a ustedes que tal les pareció?
Gracias por seguir conmigo en esta historia y las invito a leer también la otra adaptación que estoy subiendo.
Nos leemos en el próximo capitulo.
