CAPITULO 17 ARCOIRIS LUEGO TORMENTA
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Había poca luz… la luz de la luna, tenue y azulada bañaba los arboles y la pradera en la que se encontraban, algunas nubes oscuras se asomaban por el cielo y cubrían por momentos la iluminación del astro nocturno, todo está en silencio, se logran escuchar incluso las ramas de los árboles siendo movidas por las ráfagas de viento que recorren la tierra.
Rin estaba sentada en la hierba, a su lado estaba Sesshoumaru, sereno y callado, la estaba analizando en silencio, mientras ella tenía la mirada baja y perdida.
No era la misma Rin que el Gran Sesshoumaru había conocido hace varios años, su alegría se había esfumado, ese brillo en sus ojos, esa sonrisa tan cautivadora, su ánimo infinito por descubrir cosas, la calidez de sus gestos de todos los días, no, esa mujer ya no estaba, a pesar de habitar en ese cuerpo en el que la conoció y la vio crecer. Ella tenía tantas dudas, estaba agobiada, triste, se encontraba rota… incompleta.
Pasaron unos cuántos segundos más en quietud.
-Tú me encontraste…- mencionó el demonio rompiendo el silencio.
- ¿Yo? –preguntó asombrada al escuchar aquello.
- Aquel día estaba recuperándome de mis heridas…-
Flash Back
Sesshoumaru se encontraba descansando en medio de ese espeso bosque, había elegido ese lugar ya que se hallaba escondido, allí no llegaba el ruido, era tranquilo y silencioso, y eso era justamente lo que el youkai necesitaba, estar en paz.
Tenía los ojos cerrados, trataba de recuperarse de la batalla que había tenido con Inuyasha tiempo antes, sus heridas eran graves, pero Colmillo Sagrado se había encargado de protegerlo para preservar su vida. Aún así, estaba herido y vulnerable de cualquier ataque, por lo que permanecía con sus sentidos alertas.
Había percibido la presencia de un ser… ¿Un pequeño animal en el bosque? No. Se trataba seguramente de otra cosa, considerando que era un aura débil, no se preocupó, pero así sin más, un día lo tomó desprevenido el sonido de unas hojas moviéndose y la presencia súbita de una pequeña niña humana que lo observó con curiosidad y con miedo, aunque este último se disipó por razones que le parecieron muy extrañas al demonio ¿Acaso no la había asustado lo suficiente como para que corriera lejos? No fue así, ella permaneció allí, firme y decidida a ayudarle, pero ¿Por qué?
Fin del Flash Back
Rin lo miraba con atención mientras el youkai de larga melena plateada le contaba sin entrar en muchos detalles la forma en la que se conocieron hace años, ella sintió algo en su interior, era como si una pequeña luz cálida y suave se encendiese en su corazón, se llevó las manos al pecho, cerró los ojos como si al hacerlo los recuerdos volvieran a ella, unas cuantas imágenes de aquel día aparecieron como estrellas fugaces en su mente, pero se desvanecían igual de rápido que como aparecían, ¿Tendría que seguir intentando recordar, si lo hago con la suficiente fuerza esos recuerdos volverán a mí?
Como si pudiese leer sus pensamientos, Sesshoumaru tomó su mano para acariciarla con delicadeza.
-Tus recuerdos regresarán… de eso me encargaré yo-
Rin sonrió genuinamente, hallaba en sus palabras tanta seguridad que al fin después de tantas dudas, encontraba un poco de alivio en su promesa, sus recuerdos volverían, solo era cuestión de tiempo, el Gran Sesshoumaru… ese demonio que todos le decían era el más poderoso, el amo de un gran territorio, el enigmático y frío ser, recuperaría sus recuerdos, lo haría por ella.
Se acercó tímida a él y le regaló un beso en la mejilla. Ese gesto estremeció por completo a Sesshoumaru, lo descolocó de sus pensamientos, le pareció tan dulce de su parte, era increíble que, a pesar de haberlo olvidado, se estaba ganando nuevamente su cariño, la estaba atrayendo nuevamente a él, y ¡cómo no imaginarlo!, ambos estaban destinados a estar juntos sin importar las circunstancias, ese lazo imaginario entre los dos no podía romperse, no había forma.
Ven – le dijo, mientras se levantaba de la hierba y le extendía la mano invitándola a ir con él.
¿A dónde iremos? –
Pronto lo sabrás… -
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Ena y Kyo se habían acercado a una aldea humana para conseguir algo de ropa, ella necesitaba al menos un cambio de prendas, era incomodo tener que usar siempre la misma y lavarla continuamente. La aldea estaba en quietud, por la hora en la que habían llegado todos se hallaban dormidos, apenas unas pequeñas nubecillas de humo se asomaban por encima de algunas casas, símbolo de que el fuego para iluminar habitaciones y para cocinar ya se habían apagado.
-No me encanta la idea de tener que robar ropa- mencionó casi susurrando Ena mientras entraban a una pequeña choza que se encontraba vacía, pero que contaba con varias pertenencias femeninas.
- ¡Esto te quedará bien! - le dijo Kyo mientras extendía con ambos brazos un kimono azul con plateado.
- ¡Shhhhhh! No hables tan fuerte- sus mejillas se tiñeron de rojo con el comentario de Kyo. Le había parecido dulce el comentario del demonio ojiazul, hacía tanto tiempo desde que alguien le comentaba algo sincero y agradable.
- Tranquila, no pasará nada – ambos tomaron la ropa que les pareció mejor y salieron de allí.
Refugiados detrás de unas rocas, Ena se cambió para medirse la ropa.
-¡¿Qué te parece?!- le preguntó emocionada a Kyo. El se giró para verla y se sorprendió de lo linda que lucía con prendas de color, en el palacio de Yuki tenía que vestir de negro siempre.
- Te ves hermosa – le respondió.
Ena bajó la mirada para tratar de verse con el kimono nuevo puesto, estaba sonriendo, le agradaba la compañía de Kyo, había tratado de ocultar que le atraía pero cuando lo miraba directamente a los ojos sus mejillas la traicionaban tiñéndose de rojo, en medio de todo el caos que se había presentado en su vida a raíz de la llegada de Sesshoumaru al Castillo de Yuki, no se había percatado de Kyo y del hecho de que su presencia de alguna forma le reconfortaba el alma, él cuidaba de ella a pesar de que nadie se lo solicitaba y además se preocupaba por su bienestar, tanto que había sido él quien propusiera salir para conseguirle algunas prendas nuevas a Ena, se quedaron platicando por un largo rato en aquel lugar, contándose el uno al otro sus experiencias, no se habían tomado el tiempo antes para hacerlo, pero por fin aquella noche oscura, se estaban conociendo mejor.
¿Así que tu madre sigue en el Palacio de Sesshoumaru? Pobre… será duro tener que contarle lo de tu hermana Izumi- asumió Ena mientras comía un poco de pescado que preparó para cenar en una pequeña fogata.
Sí… puede que ella ya lo presintiera, Izumi se comportó muy rara antes de que Rin fuese secuestrada –
Ya veo, por cierto ¿Cómo es el castillo del Señor Sesshoumaru? Debe ser enorme, me encantaría conocer ese lugar – preguntó Ena con los ojos bien abiertos e imaginando aquel sitio al que se dirigían.
Sí es enorme, Rin llegó a perderse en muchas ocasiones entre los pasillos, la mayor parte del tiempo permanece en oscuridad, a excepción de unas cuantas antorchas que iluminan los corredores, la decoración es escasa porque el Amo Sesshoumaru no es de gustos extravagantes, no le gustan las cosas ostentosas, por el contrario, prefiere las cosas elegantes pero simples-
Ena estaba asombrada por la descripción que le daba, imaginaba lo que sería llegar allí y conocer a la madre de Kyo y al resto de sirvientes de aquel lugar, no eran demasiados según el youkai ya que Sesshoumaru no pretendía dirigir un ejército, sino más bien liderar sobre su territorio y consolidarse como el más poderoso, para eso no requería que alguien más peleara en su nombre, con su propia fuerza era más que suficiente.
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Jaken estaba impaciente esperando a la orilla de una gran cascada junto con Ah-Un, el agua que caía se veía de un color azul, como si emitiera por si sola una luz tenue, el cielo estaba despejado y las estrellas decoraban perfectamente el ambiente mágico que creaba esa caía de agua, casi se quedaba dormido pero sintió la presencia de Sesshoumaru arribando a aquel sitio, se ocultó con Ah-Un detrás de unos arbustos mientras observaba a su amo detener el flujo del agua para entrar a la cueva que se ocultaba tras la cascada.
"Solo espero que Kyo llegue justo a tiempo para que el plan funcione a la perfección"
…
Este lugar se ve… increíble – mencionó Rin asombrada al entrar a aquel sitio, detrás de la cascada se encontraba una inmensa cueva con formaciones rocosas brillantes y hermosas, incluso había un pequeño estanque con agua azul turquesa y pequeños insectos brillantes que llenaban de magia el ambiente.
Sesshoumaru se conmovió al verla emocionada, sabía que aquel sitio despertaría algo en ella, era cálido, brillante y hermoso.
¿Por qué me trajiste a este sitio? – se giró para mirar a Sesshoumaru, estaba nerviosa porque había algo en el ambiente que le hacía desear con todas sus fuerzas correr a sus brazos y permanecer así. Sesshoumaru sacó unos pequeños frascos que guardaba en los pliegues de su ropa y le extendió la mano a Rin para que los tomase.
El agua está caliente, puedes tomar un baño si lo deseas- se dio medio vuelta y dejó a Rin a solas, se sentó en la entrada de la cueva, detrás de la cascada, dándole la espalda para no invadir su privacidad.
Rin se quedó mirando el agua azul, le parecía muy curioso su especial color brillante, se agachó para sumergir su mano en el agua, ¡Estaba caliente! La verdad es que sí le apetecía darse un baño en aquel increíble sitio, aunque… le apenaba un poco tener que desnudarse a espaldas del youkai, lo meditó algunos minutos mientras caminaba sola para explorar, pero al final terminó por rendirse y cuidando de que no la mirasen se quitó el kimono para entrar rápidamente al agua.
- ¡Ahhh! – suspiró al sumergirse por completo, el agua estaba sencillamente deliciosa. Recordó que Sesshoumaru le había entregado un frasco pequeño, lo abrió para averiguar qué era y la fragancia que surgió al abrirlo era exquisita.
"Este aroma me es familiar…"
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Kyo apagó con tierra la pequeña fogata que habían hecho en el suelo. Ena se levantó para estirar los brazos, estaba cansada y cómo no estarlo, había sido un largo día y ya era muy noche.
-Debemos marcharnos Ena-
- Sí - asintiendo al mismo tiempo con la cabeza. Ena tomó sus nuevas pertenencias y caminó junto a Kyo para regresar al campamento en donde supuestamente se encontrarían con el resto del grupo, pero al avanzar se percató de que se dirigían en la dirección opuesta, lo cual le pareció extraño. -¿Seguro que es por aquí, Kyo?-
-En realidad vamos a un sitio distinto, pero allí se encuentran los demás, Jaken prefirió no alejarse demasiado del amo Sesshoumaru, así que, conservando su privacidad, estaremos cerca de él y de Rin por si se presenta alguna situación… Ellos están al pie de una cascada, la llaman Aoi Tamashi por su intenso color azul-
-Ya veo… -
En cuanto Ena terminó aquella frase, sintió un dolor punzante en la cabeza, desde hace varios días eso sucedía cuando Yuki prestaba especial atención con lo que escuchaba o veía, era obvio que ya sabía que se dirigían a un lugar en especifico en donde Sesshoumaru y Rin estarían a solas, un tanto vulnerables, condición perfecta por si Yuki decidía atacarlos.
-¿Pasa algo?- preguntó Kyo al ver que Ena se llevó las manos a las sienes, tratando de mitigar el dolor que sentía. La punzada se intensificó, Kyo se acercó a ella para tratar de ayudarla, pero fue en vano, Ena ni siquiera era capaz de contestar su pregunta.
"No puede ser, ahora ya sabe que iremos con el Señor Sesshoumaru y que se encuentra con Rin a solas, ¿Y si se adelanta? Dios mío…este dolor es muy intenso, no puedo soportarlo"
-Kyo… necesito que me ayudes, ¡por favor ayúdame! -
Kyo no sabía qué hacer, no entendía qué sucedía. Antes de pensar en opciones para ayudarla, el sello que tenía Ena en el cuello comenzó a emitir una luz muy brillante y sus ojos se inundaron de un color blanquecino, como si estuviese cubierto por cataratas…
-Estoy perdiendo la vista Kyo-
