El Niño de la Profecía

Capítulo 17

Cuando Kakashi llegó a la escena con Gai, Neji y los otros refuerzos pero Kisame ya se había ido dejando solo indicios de la batalla en los árboles y arbustos destrozados. Un silencio de penumbra cayó sobre los ninja.

Examinaron el área en busca de cualquier pista. Gai vio un rastro de sangre y lo siguió hasta detrás de unas ramas y troncos caídos.

–Oh no…– fue lo único que salió de Gai al ver los restos de Kazuki Hyuuga y apartó a Neji para que no pudiera verlo, Kakashi se quitó el chaleco y lo puso sobre el ahora irreconocible rostro del joven.

–¿Sensei?– cuestionó Neji, faltándole el valor para formular cualquier otra pregunta. Con su Byakugan había podido ver que no había señas de Kisame cerca, pero no había localizado a su sobrino aún. Su maestro solo lo abrazó, y Neji ocultó la mirada en sus hombros. No quería verlo. No quería aceptar lo que había ocurrido.

Horas después en la aldea ya se había corrido la noticia. Un Akatsuki casi secuestró al heredero de los Uchiha pero Kazuki Hyuuga valientemente se sacrificó para salvarlo y los prisioneros de Iwa y Konoha estaban desaparecidos.

En su pequeño y ahora oscuro departamento, Ichiru abrazaba a una inconsolable Kariko. El mismo no podía contener las lágrimas pero al menos estaba más tranquilo que su amiga quien chillaba llena de remordimientos. O eso quería pensar él.

Kariko había ido directamente a él por que Sakura estaba ya bastante agobiada con lo de Itachi como para que la inquilina se soltara llorando con ella. Ichiru estaba solo en el departamento que solía compartir con los rubios, así que podían mantenerse compañía en su duelo.

–Es mi culpa… si tan solo hubiese cuidado bien a Itachi…– lamentó la chica.

–Quizás te habrían matado a ti primero.– razonó Ichiru quien ya hace mucho había aceptado las crueldades de la vida y descartando por completo conceptos de que era justo y que no. La muerte no conocía de esas nociones. Solo podía contar como bendiciones que se redujera el número de causalidades.

–Hubiese sido mejor… así no hubiera traicionado a Kazuki. No habría hecho de sus últimos momentos una miseria.– antes de recibir la trágica noticia y mientras esperaban que Kakashi y su escuadrón hicieran su trabajo, Kariko le había contado a Ichiru todo sobre sus desastres románticos. Ichiru no la había juzgado ni le había reprochado por haberse involucrado con Deidara, el chico era observador y sabía que tarde o temprano habría drama ahí, pero eso no aliviaba la consciencia de la jovencita.

–El hubiera sido aún más miserable viéndote morir.– aseguró Ichiru en un tono que salió más frío de lo que era su intención. La alegría y la calidez habían escapado de su interior.

Kariko lo abrazó más fuerte, intentando mantener lo que quedara de amabilidad dentro de su único amigo.

–¿Por que no pude amarlo a él? No lo entiendo. Kazuki siempre fue tan bueno y honorable… no se merecía nada de esto.–

–Amarlo no era tu obligación. Tu no eliges esas cosas, solo pasan.– Ichiru acarició la cabeza de Kariko en un gesto reconfortante, aunque con la mirada hacia el techo para dejar sus lágrimas caer libremente por sus mejillas. –Lamenta que él haya muerto, no lamentes haberlo querido como un amigo. Reducirlo a solo una víctima… no es justo para él. Kazuki era un héroe. Debemos recordarlo como un héroe.– Ichiru hizo una pausa, cerrando los ojos con pesar. –El era mi mejor amigo.- admitió Ichiru en un sollozo y Kariko lo dejo llorar sobre su hombro, tomando ella ahora el trabajo de consolarlo.

Fue entonces que Ichiru notó algo moverse en el gorro de la sudadera de Kariko.

–¿Que es eso?– preguntó moviéndola para sacar el objeto en cuestión. Era una pequeña ave de arcilla que se movía como si estuviera viva.

–Es en la que escape. Tenía tanta prisa que no me fijé si había explotado o no.–

–Parece que solo se volvió más chica. Es increíble que se siga moviendo.-

–Ichiru ¿sabes lo que esto significa?- preguntó Kariko sonriendo por primera vez en ese día.

–¡Deidara sigue vivo! ¡Y tal vez Naruto también!– celebró emocionado el ninja de Suna. Como el equipo de búsqueda solo había encontrado el cuerpo de Kazuki, se les había advertido de la posibilidad que Naruto y Deidara hubiesen sido secuestrados.

–Kazuki debió haberse quedado atrás para dejarlos escapar. Tenemos que decirle al Hokage.– supo Kariko y se levantó. Ichiru la tomó por el brazo.

–No, espera. Pensemos esto bien.– pidió el y la chica se sentó frente a él. –Si Deidara y Naruto están vivos ¿Por que no volvieron a la aldea?–

–¿Los secuestraron?– temió ella.

–Es una posibilidad.– admitió Ichiru con pesadez –Y es algo que los Kages van a averiguar mandando equipos de búsqueda. Nosotros no seremos de ayuda ahí.–

–Pero podríamos usar el ave de arcilla para buscarlos.–

–Exactamente, pero eso tendremos que hacerlo por nuestra cuenta.–

–¿Por que?-

– Por que si no fueron secuestrados, entonces salieron de la aldea sin autorización del Hokage. Las demás naciones considerarán eso como una violación a los términos de su libertad condicional y estarán en graves problemas.–

–¿Pero qué tal si los encontramos y resulta que si están secuestrados?–

–Entonces pedimos refuerzos.–

–Ichiru ¿Por que crees que no volvieron?–

–Kazuki debió saber que estarían en problemas si regresaban... o tal vez para mantener a los Akatsuki lejos de la aldea.–

–Si Kazuki les dijo que se fueran... entonces irían a un lugar que solo nosotros tres podamos localizar.–

–¡El templo! ¡Deben haber ido ahí! Para que los ayudes a regresar a su época.–

Kariko agachó la mirada, aun asustada de lo que pasaría si los regresaba, pero Ichiru estaba tan emocionado por su descubrimiento que no lo noto.

–Claro, con akatsuki tan cerca de nosotros y sabiendo que Naruto está aquí, un ataque es inminente. Lo mejor es enviarlos de vuelta a su época sin que nadie se de cuenta y librarnos del problema de una vez.–

Kariko miró el ave de arcilla, recordando lo que Deidara le había dicho antes de besarla en el lago. El quería estar con ella, no quería volver. Pero Naruto tenía dentro de si al Kyuubi, la aldea estaba muy debilitada como para protegerlo y su mejor esperanza era volver al pasado. Si Akatsuki atacaba de nuevo, mucha más gente moriría y el sacrificio de Kazuki sería en vano.

Huir de todo y vivir con Deidara parecía una idea maravillosa, era muy tentador. Sin embargo no podía ser tan egoísta. Ese amor absurdo e imposible ya había costado un gran dolor y humillación a Kazuki. No podía permitir que sus absurdas ilusiones de romance pisotearan el último noble esfuerzo de Kazuki Hyuuga por salvar su aldea.

–Reunamos lo necesario y vayamos de inmediato.– acepto Kariko resignándose a su destino.

En una cueva a lo alto de una montaña. Deidara vigilaba al inconsciente Naruto, frotando su nuca en frustración.

Minutos después de dejar atrás a Kazuki, Deidara sintió el sello en su nuca desaparecer. Era como si una porción de chakra abandonara su cuerpo de repente, yéndose con la persona que lo puso ahí. Fue en ese momento que supo de la muerte del joven Hyuuga.

Su mente fue de inmediato a Kariko, ella estaría devastada. Sobretodo considerando cómo dejaron las cosas en el bosque. Esperaba tener la oportunidad de decirle las últimas palabras de Kazuki pronto aunque no sabía si estás la calmarían o le darían más culpa.

Seguro para entonces ella ya sabría lo ocurrido. Quería poder consolarla, decirle que lo de ellos no era un error, tenerla en sus brazos y hacerla olvidar su dolor. Pero estaba atorado con Naruto y con la cuestión de si iban al templo o no.

Al dar la orden, Kazuki no sabía el sacrificio que esto representaría para Kariko, seguro si supiera se opondría tanto como el. Pero ese no era el caso y si el Hyuuga dio la indicación era por que sabía que Kariko e Ichiru los verían ahí tarde o temprano.

Podría reunirse con ellos ahí, traicionar a Naruto e Ichiru y llevarse a Kariko lejos; pero eso haría que Kariko lo resintiera.

Podría decirles la verdad pero se arriesgaba a que ellos igual quisieran intentarlo y Kariko muriera.

Su plan de conquistarla y que ella eligiera fugarse con el se veía imposible ahora que estaban separados. Volver a Konoha como fugitivos ya no era una opción.

Dejo salir un suspiro. Si no estuviera enamorado de Kariko su vida no le importaría y saltaría al portal gustoso para reclamar su revancha contra Itachi. Aun no entendía cómo era que había caído tan rápido y tan profundo por ella.

Y tampoco podía decir que se arrepintiera de ello, por que cada beso y cada sonrisa que ella le había dado se sentía como la victoria después de una dura batalla.

Aunque tenía una familia, cualquier cariño por parte de ellos se sentía más como una obligación que resentían. La amabilidad de Kariko y el que lo defendiera a pesar de que el la molestara se sentían más auténticas. Ella era tan sincera y gentil que le molestaba, el no podía darse el lujo de ser así, no conocía a nadie que pudiera y no pagara un gran precio. Sin embargo ella había sufrido mucho y seguía siendo igual. Eso para el era espectacular y admirable, y pronto se encontró a sí mismo anhelando esa calidez solo para el.

Que ella lo quisiera, que su inocencia fuera tanteada por el deseo por el... era algo adictivo. Quería todo de ella, y darle todo a ella.

Era un adulto, sabía que no podía tener todo en la vida, y aún así se encontraba encaprichado con intentarlo. Si tan solo pudiera pensar en una manera de tener a Kariko y conservar su amistad con Naruto e Ichiru…

Hundió la cabeza en sus rodillas, exhausto de tantos pensamientos que no lo llevaban a ninguna parte.

Cuando escuchó a Naruto gemir y despertarse confundido, Deidara volvió a la tierra. Primero lo primero… tenía que darle las malas noticias al Uzumaki. Ojalá y el Kyuubi no saliera del enojo.

–¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?– preguntó Naruto aún adormilado cuando sus ojos encontraron a Deidara.

–Lejos de Konoha, en camino al templo, h´n.–

Naruto se espabiló de golpe y apuntó hacia Deidara.

–¡Ya recuerdo! ¡Estábamos en una pelea!– el Uzumaki giró la cabeza de un lado a otro buscando algo –¿Que pasó con Kazuki y el cabeza de tiburón? ¿Dónde están Kariko e Ichiru? No podemos ir al templo sin ellos.–

–Con suerte Kariko e Ichiru nos verán allá, h´n.–

Naruto se quedó quieto un instante, el poco característico tono sobrio de Deidara le daba mala espina.

–¿Que pasó?– preguntó Naruto de manera severa.

Deidara no dijo nada. Su mirada agachada hacia el suelo. Naruto se preocupó más.

–¿Qué pasó?– repitió en un tono que daba a entender que no aceptaría otro silencio como respuesta.

–Kisame mató a Kazuki.–

Naruto se quedó frío. Sintió como si su corazón y sus energías se desplomaran lentamente.

–N-no… eso no puede…–

Deidara apretó puños y dientes, finalmente encarando a Naruto.

–El sello con el que Kazuki me reprimía desapareció. No sé que haya pasado con Kisame, pero Kazuki definitivamente está muerto.–

–Eso del sello no lo prueba… Kazuki podría simplemente haberse quedado sin chakra.– Naruto estaba en negación.

–Kisame no hubiera perdido contra un enemigo sin chakra, h´n.–

–¿Entonces por que dejamos solo a Kazuki? ¡Debimos pelear junto a él!–

–¡Si Kisame te captura todo sería en vano!–

Naruto guardó silencio un momento. El peso de la situación dejándose caer en sus hombros.

–Kazuki… se sacrificó por mi.–

–Y también por el mocoso Uchiha, hm.– bufó Deidara aún resentido con el niño aunque también tratando de quitarle algo de culpa a Naruto.

Naruto se sentó sobre una roca, cubrió su rostro con ambas manos en frustración y no pudo evitar llorar.

–Maldición. ¡Maldición!– bramó desesperado.

Deidara no sabía si aliviarse de que el Kyuubi no apareciera, o si prefería enfrentar a la bestia que ver a Naruto en ese estado. Como fuera, decidió que lo mejor era dejarlo desahogarse un rato.

–Tendremos que acampar aquí por ahora… iré a buscar con que hacer fogata, h´n.– dijo para excusarse y darle algo de privacidad al ninja de Konoha.

En la casa de Sakura, Kariko empacaba en su mochila las cosas esenciales que necesitaría para el corto viaje. Había quedado de verse con Ichiru en la salida de la aldea por la madrugada, así descansarían por la noche y se irían sin que nadie se diera cuenta.

Alguien tocó la puerta de su habitación. Kariko escondió la mochila debajo de la cama y acudió a abrirle a Sakura, quien todavía estaba pálida y débil después de la ola de malas noticias.

–Kariko-chan, pedí que nos trajeran algo para cenar ¿tienes hambre?–

–Ah… gracias. Bajaré en un instante.– respondió con poca energía.

Sakura se le quedó viendo como si estuviera estudiándola cuidadosamente. Kariko se preocupó ¿acaso Sakura sospechaba de sus intenciones?

–Has estado llorando ¿verdad?– preguntó Sakura, sus ojos húmedos y una sonrisa triste en sus labios. Kariko tragó saliva tratando de pasar el nudo que sentía en la garganta.

–Sí, con Ichiru. No quería molestarlos a usted e Itachi.–

–Cuando recién llegaste, Kazuki me dijo que no habías derramado una sola lágrima desde que te encontraron. Por días no expresaste nada, apenas y hablabas. Pensamos que habías agotado todas tus lágrimas cuando estabas atrapada bajo los escombros de tu aldea.–

–Llegué a pensar lo mismo. Hasta hoy.–

–Justo te habías recuperado, sonreías de nuevo… y ahora esto…– sollozó Sakura y Kariko la abrazó.

–No fue solo Kazuki… Usted e Ita-chan me ayudaron bastante. Siempre estaré agradecida con todos ustedes.–

–Mamá…– balbuceó Itachi asomándose desde su cuarto, también con lágrimas en los ojos. –Mamá… lo siento, lo siento mucho. Fue mi culpa que Kazuki-nii chan…–

Sakura corrió a su hijo y lo tomó en brazos.

–No Itachi, no fue tu culpa. No fue tu culpa.–

–Kazuki lo hizo por todos, Ita-chan. El es un héroe que nos quería mucho a nosotros y a toda la aldea.– consoló Kariko frotando el cabello del niño.

El niño tosió con bastante fuerza, cosa que preocupó a ambas mujeres. Sakura de inmediato tocó su frente.

–¡Itachi! ¡Estas ardiendo en fiebre!–

–Iré por la medicina.– anunció Kariko mientras Sakura llevaba al niño a su cama.

Después de ayudarle a Sakura a atender al pequeño, Kariko les llevó la cena a su habitación y ahi comieron los tres.

Ya entrada la noche, Kariko se despidió de Sakura y volvió a su cama.

De por sí ya era difícil pensar en dejarlo todo por la madrugada, ahora se sentía peor sabiendo que dejaría a Sakura sola preocupada por Itachi, con el funeral de Kazuki encima y con ella desaparecida.

Su última noche en el último lugar que podía considerar un hogar y no había podido hacer algo lindo para agradecerles toda la ayuda que le brindaron.

Se sentía miserable, pero estaba determinada a realizar su plan.

Quizás si todo salía bien, Naruto al regresar al pasado podría arreglar todo y darle a Sakura, Itachi, Ichiru y Kazuki las vidas felices que merecían.

Poniéndolo en perspectiva, su vida parecía un precio pequeño que pagar a cambio de tantas vidas que mejorarían.

Deidara había conseguido leña y pescados para hacer una fogata. Trabajó en silencio mientras Naruto permanecía hundido en sus cavilaciones.

Cuando todo estuvo listo, Deidara le pasó un pescado asado en un palo y Naruto lo tomó sin decir nada, comiendo sin entusiasmo alguno.

–¿En cuanto tiempo crees que Kariko e Ichiru lleguen al templo?– preguntó Naruto al cabo de un rato.

–No dejé explosivos en el ave con que saqué a Kariko, así que deben saber que estamos bien. Ichiru es listo, podrá adivinar a donde nos dirigimos y si todo sale bien estarán ahi en dos días, h´n .–

–¿Y si no sale todo bien?– cuestionó el ninja de naranja, inusualmente pesimista, después de todo, las cosas habían salido muy mal ese día.

–Entonces nos las arreglamos para reunirnos con ellos de algún modo, h´n.–

–Debimos haber vuelto a Konoha en vez de huir. Debimos haber ayudado a Kazuki hasta que llegaran refuerzos.–

–Si Kisame pudo atravesar la barrera y sabía que estabas ahí, entonces un ataque a Konoha era inminente. Era importante que te vieran salir de la aldea.–

–¿E ir a donde? ¿Al templo sin Kariko-chan? ¿Qué tal si no logra ir? ¿O si le pasa algo en el camino? ¿Vamos a vivir huyendo de Akatsuki sin rumbo alguno hasta que encontremos a Kariko-chan fuera de la aldea por casualidad?–

–Si es necesario, sí. H´m.– refutó Deidara estrictamente.

–¡No quiero seguir huyendo como un cobarde!–

–¡Entonces adelante, ve a que te quiten el Kyuubi y maten a toda tu aldea, h´n!–

–¡Debe haber una manera de vencerlos!–

–Quizás cuando solo éramos unos pocos tenían posibilidad, pero ahora Akatsuki tiene un ejército.–

Naruto gruñó y pateó una roca pequeña.

–No eres un cobarde por retirarte y buscar un mejor plan, h´n.–

–Quisiera poder hacer más.–

–Eventualmente lo harás. Pero no conseguirás nada si mueres peleando ahora, h´n.–

–Lo dice el que se explotó peleando con Sasuke.–

–Hey, yo no quería salvar ni ayudar a nadie. Viví y morí por mi arte. Y lo haría de nuevo, h´n.–

–¿Y Kariko-chan?–

Deidara apoyó el mentón en la palma de su mano y soltó un soplido.

–Viviría por ella, h´n.–

Naruto volvió a sentarse, mirando atentamente al joven frente a él. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta?

–Si volvemos al pasado… tendrías que esperar 15 años para que vuelva a crecer. ¿Eso no te haría un pedófilo?–

Deidara le arrojó el palo de su pescado, Naruto rió.

–Precisamente por eso no volveré contigo, h´n.–

–¿Que? ¿Te quedarás aquí?–

–No sé que vaya a pasar si me quedo, pero en ese pasado yo no tengo nada que valga la pena. Así que te tocará a ti asegurarte que Kariya y su esposa vivan, para que así Kariko crezca con su familia, h´n.–

–Oye, oye. No sé en qué fecha los mataron, ¿como los voy a ayudar?–

–Kariya murió cuando Kariko tenía tres. Así que adviértele en cuanto vuelvas y deberá ser suficiente. Cuando la dejamos ella tenía dos años, h´n.–

–Eeeeh, estas enamorado de una niña de dos años.– se burló Naruto a lo que Deidara le arrojó otro palito y ambos rieron por primera vez en ese larguísimo día.

Itachi no mejoró en la noche, así que Sakura lo llevó al hospital a las 3 de la mañana. Aunque Kariko lamentaba mucho la condición del pequeño, la ausencia de Sakura le dio la oportunidad de salir a las 5 sin que nadie se diera cuenta. Se vio con Ichiru a la hora y lugar acordados.

–¿Tuviste problemas?– susurró él, ambos ocultándose detrás de un edificio esperando un buen momento para distraer a los guardias y huir.

–No, fue fácil. Luego te cuento por que.–

–Muy bien. Ahora pon atención, mi plan para distraer a los guardias es…–

–Oye, mira.– interrumpió Kariko señalando a la puerta, donde muchos guardias se acumulaban en torno a un hombre de capa azul marino y cabello negro hasta los hombros.

–¿Quién será? Se está armando un alboroto.– notó Ichiru.

El hombre misterioso caminó pasando a los guardias, quienes fueron tras él, incapaces pero necios en detenerlo.

–Es nuestra oportunidad.– supo el ninja de Suna y ambos jóvenes corrieron a través de la puerta sin vigilancia.

De haberse quedado unos minutos más, habrían sabido que ese hombre era Sasuke Uchiha.