Capítulo 8
La Primera amistad
Los dos ponis corren raudos por los senderos del Subbosque de metal. Pasan por colinas enraizadas, frente a algunas cuevas, y también sobre claros de césped plateado. Los animales biomecánicos o escapan del camino o los miran desde lejos.
—Twilight —dice Orion, mientras salta entre las rocas de una colina—. ¿Cuál es tu teoría sobre la habilidad de esa terrestre negra?, luego de recuperarte me lo contarías, ¿recuerdas?
—¡Oh!, es verdad.
La princesa va un poco más por debajo, usa sus alas para saltar con delicadeza de roca en roca. Voltea a ver a su alrededor, en busca de algo para ejemplificar su razonamiento. Cuando ve algunas hojas de los árboles caer al suelo, encuentra la analogía perfecta.
—Funciona cómo la gravedad.
—¿La gravedad?
—Así es. El grito inicial de su técnica es solo para distraernos, lo importante es el campo negro del suelo. Cuando estamos cerca de esas tinieblas nos restringen cualquier tipo de movimiento con la intención de alejarnos de ella. Volar, correr, todo se vuelve más difícil, incluyendo la teletransportación. Como si orbitáramos alrededor de una gran fuerza de gravedad.
Orion recuerda cuando se teletransportó frente a Twilight durante el combate; usar el hechizo para acercarse a ese demonio resultó extrañamente más fácil de lo normal.
—Entiendo, si tratas de alejarte de ella…
—Su habilidad te lo impedirá.
—Entonces ¿cómo logramos teletransportarnos nosotros? —Desde la punta de la colina, el semental voltea a ver de reojo a la unicornio alada.
—Porque su campo oscuro no tiene un alcance infinito —comenta con un brillo en sus ojos, como quien revela un gran misterio—. Lo pensé cuando noté a su compañero. Porque a pesar de aterrizar a su lado, ese pegaso, Polaris, solo nos atacaba suspendido varios metros sobre el aire. Nunca lo vi tocar las sombras del suelo o acercarse a cierta distancia. La extraña habilidad de esa terrestre oscura debe afectar a todo, sin importar si es aliado o enemigo.
«Tiene razón —reflexiona el soldado—. Ese pegaso nunca bajó del aire, incluso cuando empalé a su compañera».
—No tenía pruebas para saber si la distancia a la que volaba ese pegaso era el límite de acción del campo negro, tampoco para saber si su rango de acción era el mismo en todas direcciones. Pero creí necesario tomar el riesgo.
—Básicamente sustentaste tu teoría en un presentimiento
La princesa ya al lado de Orion, frota la parte trasera de la cabeza con una de sus alas. Un poco avergonzada, contesta:
—Emm… sí, más o menos.
Cuando el calor de un enfrentamiento incinera tu mente, llegan los momentos en los cuales sólo puedes confiar en tu intuición. Orion lo sabe muy bien. Son esos momentos donde simplemente no hay tiempo para pensar, y aprender a tomar decisiones en ese estado no es algo que se obtenga de la noche a la mañana. Dicho de otra forma, en un combate contra seres como esos dos soldados con poderes sobrenaturales, ese presentimiento de Twilight, jamás de los jamases hubiera aparecido en alguien no acostumbrado a arriesgar la vida.
—¿Tú también eres un soldado? —Para Orion es algo tonto preguntar eso. Ella es poderosa, diestra en magia, está acostumbrada al combate. Pero por su forma de actuar, por sus palabras tan amables, por ser tan confiada con un extraño como él, le hace querer preguntarlo a pesar de la obvia respuesta.
—Bueno, no estoy «enlistada» por así decirlo, pero he participado en algunas guerras.
—¿Cuántas?
—Lleva su casco al mentón y levanta sus pupilas, repasando de forma rápida algunos recuerdos fugaces, luego, con voz tranquila, contesta—: Creo que fueron como 15, más o menos. Algunos enfrentamientos no sabría si contarlas como guerras.
Orion expande sus ojos dentro del casco, las sencillas pero impresionantes palabras de esa extraña unicornio no suenan falsas. Comienza a descender por las rocas mientras piensa para sí:
«Así que 15, eh. Increíble, soy como un niño a su lado».
Ese semental, a diferencia de sus compañeros de armas, nunca quiso borrar sus cicatrices con los médicos. Cada marca en su cuerpo, para él, representa una lección de supervivencia en esa guerra. Las lleva con orgullo, sin embargo, mientras baja con poderosos saltos por la colina, siente que ni toda su piel bastaría para registrar las experiencias de esa extraña unicornio alada.
¿Por cuánto pasó? ¿Ella también perdió amigos, familiares? ¿Cómo adquirió tanto poder sin usar el hechizo depredador? ¿Por qué apareció de la nada, justo en este momento y lugar? Todas esas preguntas avivan su curiosidad una vez más.
—Ahora que lo recuerdo —dice Orion ya en el punto más bajo de la pendiente, entre dos grandes árboles formando un arco—, esos soldados enemigos interrumpieron nuestra plática anterior. Aún no me has contado de dónde vienes, o cómo es que tienes esas grandes alas a pesar de ser un unicornio.
—Bueno, jeje, este ha sido uno de los días más sorpresivos en toda mi vida, y eso es mucho al tratarse de mí —Twilight planea cuesta abajo con sus alas extendidas. Trata de acomodar las palabras en su mente para sonar lo más creíble posible, pero sin importar cómo hile su explicación, en este futuro tan extraño, donde no hay consciencia de princesas alicornio o de Equestria, todo lo que diga sonará a la más pura fantasía. Por ello, con un poco de ironía, decide comenzar a contar su historia como si de un libro fantástico se tratara:
—Todo comenzó en la madrugada, en un lugar muy lejano, en otra época…
Mientras trotan a toda velocidad por el Subbosque de metal, el soldado escucha historias en verdad fascinantes: un antiguo reino llamado Equestria, donde todas las especies vivían en armonía; los alicornios, una raza desconocida de ponis con alas y cuernos a cargo de gobernar, también, tanto el sol como la luna eran controlados por ellos, esto último, llama mucho su atención.
—Si ustedes los alicornios son encargados del día y la noche, ¿eso quiere decir que los Relojes antiguos no existen en tu época? —pregunta el militar, desde lo alto de un árbol donde mira con su ojo biónico a la distancia.
Twilight, parada al lado del tronco, asoma su cabeza por debajo de su placa metálica y dice:
—En mi época existen relojes, pero no creo que sean como los que mencionas.
—Los Relojes antiguos controlan el estado del mundo. Son estructuras gigantescas: un reloj para el día, la primavera y el verano; otro para la noche, el otoño y el invierno.
—No, en mí época no existen, ¿hace cuánto tiempo los fabricaron?
—Nadie lo sabe —Orion baja de un salto acompañado por su placa de metal—, esos relojes son más antiguos que Nautis misma. —Apunta con su cabeza hacia un sendero entre los árboles—. Iremos hacia el río brillante, lo usaremos como guía para llegar a las montañas suspendidas.
«Los alicornios fuimos reemplazados por máquinas —piensa la princesa mientras sigue al soldado de cerca—. A cada segundo en esta época, solamente tengo más y más preguntas».
Avanzan por la ladera del río. Twilight aprovecha para contar a Orion los motivos de su visita, las circunstancias de su repentino viaje en el tiempo, y el violento primer encuentro con esos dos soldados en sus naves.
—Mi idea era llegar a ayudar a salvar al mundo —le dice mientras no deja de prestar atención a sus alrededores—, pero nunca imaginé que lo primero que hicieran los ponis de esta época fuera ¡dispararme! Y más con esa extraña munición capaz de atravesar mis barreras y hechizos.
—Yo he recibido algunas de esas —contesta Orion—. Son balas anti-unicornio, dejan inútiles casi cualquier medio mágico para frenarlas. Aunque atravesar barreras las debilita un poco.
—Es bueno saber eso, tendré más cuidado de ahora en adelante.
—Para mí es bueno saber que quieres salvar el mundo. Ambos buscamos lo mismo.
Escuchar a ese unicornio decir eso le genera una amplia sonrisa a la princesa. Apresura el paso para caminar más cerca de él. La conversación continúa, aunque, cuando Twilight pregunta si conoce a aquel valiente unicornio llamado Four, el semental dorado responde con un sólido no, también, agrega no saber nada acerca de ese tal Árbol de la Armonía.
Orion, a diferencia del par de soldados SCW, no pone en duda ninguna de las palabras de Twilight. No por ser crédulo, sino porque en esa situación tan extrema, encontrarse a una «unicornio alada» sin marca de identificación en su cuello, ser testigo de su primera vez con el hechizo depredador y sobre todo, percibir tan inconmensurable cantidad de magia en su cuerpo, no tiene una explicación lógica, ninguna, excepto claro la que ella misma explica sin un atisbo de maldad en sus palabras.
El camino se torna cada vez más traicionero, lleno de rocas, agujeros escondidos en arbustos, e incluso escalan por la ladera de una enorme cascada donde fluye ese líquido color azul brillante. Twilight, ya en el borde de la caída de agua, puede mirar el inmenso tramo recorrido por sus cascos. El lugar donde recuperó su energía ahora es un pequeño punto perdido en el horizonte. Sin perder más el tiempo, usa su cuerno para un hechizo, una especie de barrera en forma de esfera traslúcida, esta, a los segundos de ser invocada, extiende su radio casi invisible a muchos metros a la redonda en cuestión de segundos solo para desaparecer después.
Ese hechizo puede detectar a los seres vivos a la redonda, es de mucha ayuda para prevenir ataques sorpresa. Aunque por ahora únicamente logra percibir unos cuantos depredadores acechando en silencio a la distancia.
—Ninguno nos ataca —dice mientras voltea a los lados—. ¿Por qué?
—El río debe ser un lugar peligroso para ellos. —Orión también mira a la distancia—. En este bosque hay criaturas que es mejor no molestar, algunas incluso llegan a ser más peligrosas que esos soldados. Que los poderosos depredadores en esta parte del bosque no se acerquen a este lugar es una mala señal, en cuanto podamos nos saldremos del cauce del río.
El cansancio junto al dolor en sus cascos comienza a serle pesado a la princesa. Aunque su cuerpo en esa versión más joven y pequeña está en excelente forma, absorber la esencia de Oriol no recuperó del todo el esfuerzo físico que hizo horas antes, por otro lado, esa carrera por el Subbosque de metal es tal cual una maratón de ponis terrestres, y aunque parezca cosa fácil sostener esa placa de metal en un principio, con el pasar de las horas se torna una verdadera tortura para el cuerno.
Ya cuando la luz naranja del atardecer baña el plateado del follaje, llegan al final de un alto acantilado.
—No se ven rastros de ellos —dice Orión. Con su ojo biónico examina la vista.
Desde tanta altura, en el paisaje arrebolado lleno de colinas bordeando el anchísimo río, pueden verse algunas luces, pertenecientes a animales metálicos. Eso hace al paisaje parecer la vista panorámica de una gran ciudad.
—Sin un rastreador debe ser muy difícil saber qué rumbo tomamos —comenta Twilight, sentándose por fin en el suelo, no puede ocultar del todo el cansancio en las palabras—. Mi teletransportación nos volvió a dejar a mucha distancia. Encontrarnos en medio de todo esto sería como hallar una aguja en un pajar.
—No subestimes a los SCW, sus habilidades son muy variadas. Créeme, si ellos quieren encontrar la aguja en el pajar, lo harán.
La princesa pasa saliva al escuchar esas palabras con un tono tan serio. Un momento después, con la mirada al cielo, dice:
—A todo esto, ¿cómo llegaremos hasta esos islotes flotantes?
Orión levanta la mirada. Los islotes permanecen ahí, inertes, flotando a muchos metros por encima de ellos.
—Está vez yo te llevaré, volar libremente es demasiado arriesgado y teletransportarnos es un gasto de magia innecesario.
Activa de nuevo el dispositivo oculto en su pata artificial. Al simple brillar de su cuerno, toma ambas placas metálicas para formar una plataforma, la cual pone sobre el suelo.
—Sube —indica a la alicornio.
Al estar los dos sobre el metal, el alto unicornio comienza a mover su prótesis como si fuera una batuta para construir la pared de lo que parece una especie de elevador. Únicamente el techo está al descubierto.
—Con esto no podrán detectarnos con rastreadores de señales. ¿Puedes usar un hechizo de dispersión de luz para darnos camuflaje en la subida?
—Por supuesto —asegura la princesa asintiendo. Un brillo desde su cuerno envuelve la construcción de un resplandor morado—. Listo, ahora la cara exterior de las paredes son invisibles.
—Estupendo.
La plataforma los lleva lento pero seguro hacia el gran islote flotante. Aterrizan con cuidado en la ladera de la montaña. El gran unicornio deshace de inmediato la construcción hecha con su hechizo y la divide otra vez en dos placas de metal para cubrirse.
—Es suficiente por ahora —dice mientras otea el cielo despejado—. La corriente de aire es muy débil durante las noches. Sin mencionar que estamos sumamente cansados. Esperaremos el sol aquí.
—¿Estás seguro? —la princesa da un paso al frente—. Aunque la corriente sea débil, puedo llevarte en mi lomo sin problemas. No es por presumir, pero puedo volar bastante bien.
El unicornio comienza a caminar hacia enfrente, en dirección a una pared de roca sólida. —No sobrevalores al Hechizo depredador —replica—. Aunque en cierta forma puede recuperar el estado físico y mágico, no sustituye del todo el sustento del cuerpo. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
—¿La última vez que comí?... —como si esa pregunta la hiciera consciente de su cuerpo, su estómago suelta un rugido. Entonces, con un poco de rubor, admite—: Jeje, tienes razón. No he comido nada en todo el día.
—Volar por la corriente conmigo a cuestas sería algo demasiado para ti, al menos de momento. Descansemos aquí. Mañana saldremos al alba.
Twilight no discute contra esa lógica, incluso le parece hasta algo necesario, después de todo le tocó aprender a la mala que descansar es tan importante como esforzarse.
Mueve sus cansados cascos hacia el soldado, el cual está preparando un hechizo. Con tan solo un movimiento de su pata metálica imbuida de nuevo en ese color cian, la tierra de la gran pared marrón comienza a ser removida. La materia danza como llevada por el viento, se comprime y transforma.
—Guau, eres un experto en esto.
—He entrenado mucho —explica el militar—, pero aún dependo de la máquina para no errar. A diferencia de usted, yo no soy un prodigio.
Cuando la voz de Black Star se dirige a la princesa, es despectiva y sarcástica, aún en los cumplidos. Pero en la voz del soldado, Twilight no encuentra sarcasmo o desprecio, sino resignación.
En unos minutos más, ambos se encuentran dentro de una cueva. El soldado en armadura tapa la entrada y recubre las paredes internas con metal. —Así podremos dormir más o menos a salvo —comenta mientras le da los toques finales al suelo.
Terminan sentados uno frente al otro. Entre los dos hay una gran esfera; Orion la transformó de una tarjeta, como también otro dispositivo en forma de mesita
—La pelota es una resanadora —explica al ver a la curiosa princesa, quien, como una niña ante un juguete nuevo, ve el aparato con un brillo en los ojos—. Su luz tiene propiedades terapéuticas, te relaja los músculos, limpia el cuerpo y ayuda a cicatrizar tus heridas superficiales. Esto por otro lado. —Apunta con la cabeza hacia el cuadro entre sus cascos—. Es un arca de comida.
—¿Un arca de comida?
—Así es, una herramienta usada por los soldados para transportar provisiones. Pero supongo que es mejor mostrarte.
El unicornio, ya sin su casco, deja la mesita en el suelo. La activa con un resplandor en su cuerno. El aparato abre una serie de bisagras en su marco, y levanta un holograma en forma de menú a pocos centímetros de su superficie. Luego de presionar algunos botones holográficos, los patrones en la mesita comienzan a generar un pequeño brillo. Entonces, el soldado entierra su casco en el centro del aparato como si de agua se tratase.
—¿A dónde ha ido tu pata? —pregunta extrañada la princesa, al ver el casco del poni no salir por debajo de la mesita.
—Teóricamente fue teletransportado a un espacio separado —responde Orión—. Está hecho con magia encapsulada, se puede usar para diversas cosas, en este caso, se usó para guardar comida. —Saca dos sobres plásticos—. Ten, comida del futuro, princesa.
La alicornio usa su telequinesis para abrir la bolsa. Un aroma a campo inunda su nariz. Frente a ella está una barra de color marrón con lunares verdes y amarillos. Muerde con ganas, pero al instante sus pupilas se vuelven agujas. Pasa el alimento con una expresión forzada.
—¿Y bien? —pregunta el soldado—. ¿Qué tal está?
—Emm, es un sabor... interesante.
—Jajaja, no tienes porque disimular, sabe horrible, lo sé —comenta antes de darle una gran mordida a su barra. Sin apenas cambiar la expresión traga de inmediato—. «Esto fue diseñado para ser lo que el cuerpo poni necesita, no para ser sabroso». Eso siempre dicen los médicos de escuadrón. Nada les costaba hacer que al menos no supiera a heno añejo remojado, ¿no?
Twilight suelta una risita, limpia un poco de migajas con una de sus alas y contesta:
—Sabe a tierra con cáscaras de manzana duras.
—¿Las raciones de emergencia saben mejor en tu época?
La princesa da otra mordida ya preparada para el desagradable sabor. Mientras mastica piensa por unos momentos.
—No tengo idea —habla luego de pasar el amargo alimento—, nunca comí la comida de las barracas.
—Se me hace raro que una princesa entrenada en combate no visitara a sus soldados.
—No, no es eso. Cuándo debía visitar a mis tropas ellos siempre servían comida sabrosa y condimentada, incluso en misiones. Según los líderes de escuadrón era el alimento de siempre, pero solo debía ver los ojos de ilusión de los otros ponis a la mesa para saber que eran raciones especiales. De seguro su comida regular no era la más sabrosa del mundo.
—Al fin escuchó algo similar entre nuestras épocas.
Twilight ríe un poco.
—Sí —concuerda, sonriente a pesar del amargo sabor en su boca—. Hay cosas que nunca cambian... Soldado, ¿te podría pedir algo?
—¿Mmm?
«Hay cosas que nunca cambian», esta alicornio de muchísimos años de vida ha visto pocas cosas las cuales en realidad nunca cambiaron.
Planta un árbol y crecerá hasta marchitarse, las rocas serán erosionadas a través de los milenios, incluso los hechizos más poderosos tienen fecha de caducidad. El paso de los años puede con todo, o mejor dicho, con casi todo, pues hay cosas que sin importar cuanto tiempo pase en los ponis siempre son necesarias. Y una de ellas, la princesa la conoce bien, la magia más poderosa de Equestria.
—¿Quieres ser mi amigo? —Twilight extiende un casco hacia enfrente—. En este futuro tan extraño, me gustaría mucho tener un amigo.
Tanto el ojo natural de Orion como el biónico muestran una ligera expresión de asombro al escuchar esa propuesta. Él ya ha escuchado algo parecido antes.
Hace mucho tiempo...
Está sentado frente a un tazón de avena, es de madrugada y su unidad entrena más temprano que el resto, por lo cual el comedor tiene muchos asientos libres. Toma la cuchara con su telequinesis y cuando está a punto de dar el primer bocado, una voz aguda llega hasta sus orejas.
—¿Puedo sentarme aquí?
El semental mira de reojo hacia arriba.
—No necesitas preguntar eso —contesta con voz seria—. Eres la princesa, puedes sentarte donde quieras.
—En realidad el título de «princesa» todavía no es oficial, jeje... —Una unicornio de pelaje color perla pone sus flancos con cuidado en la banca al otro lado de la mesa—. Aunque soy hija del emperador, él no me reconocerá como parte de la realeza hasta lograr algo importante en la guerra.
Esa respuesta lo toma por sorpresa.
—Tu padre parece bastante exigente.
—¡Demasiado! Me ha hecho entrenar desde pequeña. —Con una gran sonrisa, toma un poco de la desabrida avena con su cuchara—. Siempre suele decir: «No vas a lograr nada si no te esfuerzas por ello» —Cita con una voz un tanto más grave antes de llevar el bocado al hocico.
Ese día los hacen entrenar hasta desfallecer, como todos los otros, no solo en habilidades mágicas, sino también en físicas, mas ninguno de los aspirantes cede ante la presión, pues solo los 2 mejores de cada unidad podrán recibir una invitación aún escuadrón selecto.
Luego de los primeros quince días de entrenamiento, para sorpresa de nadie el puesto número 1 de la lista del escuadrón NU-23, es la famosa «princesita». Aunque también hay algo verdaderamente extraño: el poni más alto e imponente de todos está en último lugar; sus capacidades físicas sin duda son increíbles, pero las mágicas están por los suelos.
—¿Otra vez comes solo?
Es la cena. Orion levanta sus ojos ya cansados solo para cruzarse con esa melena desarreglada por el arduo entrenamiento y unos grandes ojos rosados tan cansados como los suyos.
—¿Tú también vienes a burlarte de que ni siquiera pude mantener un hechizo de protección básico? —pregunta el semental.
—¡N-no! —la voz de la unicornio sale llena de vergüenza—, yo jamás haría tal cosa. —Luego de soltar esa frase, queda cohibida—. Solo quería preguntarte algo…
—¿Algo?
Por unos segundos hay un silencio incómodo entre los dos, hasta que la princesa, con la cara tan roja como tomate, por fin suelta la lengua:
—¿¡Q-quisieras ser mi amigo!?
—¿Eh? —Por más que se esfuerza, en la semana y media que lleva conociéndola no puede entender ni un poco a esa unicornio—. ¿Por qué alguien como tú, quisiera tener un amigo como yo?
—Porque me dejas sentarme a comer a tu lado, los demás me tratan como si apestara a manzanas podridas. —Un poco más relajada se sienta con su charola a la mesa—. Todos piensan que soy la favorita, o el rival a vencer, tú eres el único amable que me trata como a cualquier otro poni del escuadrón, pero siempre que te veo estás solo, tan solo como yo, así que en este sitio tan duro… ¡me gustaría tenerte como mi amigo!
—¿Y el chocolate es para?
Junto a la última frase de la unicornio, una barra de chocolate en su brillante paquete había sido puesta entre los dos con una telequinesis rosada.
—E-es una ofrenda —responde la princesa—, como muestra de que quiero formar un vínculo contigo. Así se inician las amistades, ¿no?
Orion suelta una carcajada, por primera vez en toda su estancia en ese lugar se rie de forma sincera.
—Nunca vi a alguien que se tomara tan enserio hacer amigos.
—Lo leí en un libro de diplomacia entre diferentes especies. Es mi primera vez tratando de hacer una amistad… ¿¡lo hice mal!?
—No creo que haya una forma de hacerlo mal. «Algo me dice que no sueles salir mucho», piensa mientras la mira detrás del chocolate.
—Entonces, ¿sí serás mi amigo?
Bastantes años después de esa plática, dentro de la cueva cubierta por una fina capa de metal plateado, una sonrisa se dibuja en el rostro del semental veterano de muchas batallas. Mira a esa ilusionada alicornio frente a él; su rostro radiante, esos ojos llenos de vida… es tal como su princesa en aquella noche en el comedor de la quinta zona de entrenamiento. Así que tal como esa vez, responde a la propuesta con un contundente:
—Sí, por qué no.
—¡Gracias! —Twilight desborda felicidad—, es bueno contar con alguien para variar.
—Después de todo quieres salvar el mundo, ¿verdad?
La alicornio asiente con la cabeza de forma enérgica.
—Entonces permíteme presentarme. Mi nombre es Orion Belt, un exsoldado del ejército Wonder. —Muestra en su cuello una inscripción sobre su pelaje color negra totalmente deformada, como si le hubieran pasado un diluyente a la tinta—. Al borrarme esta marca ya no puedo ser rastreado por la ciudadela, oficialmente soy un desertor y un criminal para mi antigua facción. No te puedo contar mi objetivo porque no tengo la autoridad para reclutarte. Solo te puedo decir lo mismo que te he dicho antes, ambos queremos salvar al mundo.
—Entiendo —dice la princesa con tono respetuoso—, pero si quiero ayudar necesito saber cuál es el problema. ¿Qué me puedes decir?
—¿Qué es lo que quieres saber?
—Quiero saber la situación de esta época, ¿por qué los ponis quieren hacerse daño entre ellos?
Orion agacha el semblante, por unos momentos mira la luz fría de la esfera con melancolía. «¿Por qué los ponis se quieren hacer daño entre ellos?», la pregunta resuena en su mente, junto con un mar de recuerdos, muchos no son tan agradables como sus pláticas con la princesa, otros, son directamente aterradores.
Pasados unos segundos, con voz grave y calmada, por fin dice:
—Eso si te lo puedo contar.
...
Bajo la penumbra de la noche se abre la entrada del local, es un lugar con paredes de piedra áspera, sin ventanas y puerta de madera con un cerrojo electrónico que hace un ligero clic al correrse. Líneas de luces en los bordes de los cuartos con filtros verdes opacos, dan una apariencia fresca al lugar e iluminan a la clientela variopinta de unicornios. Los ductos de ventilación en el techo sueltan una agradable brisa perfumada. Es un lugar casual pero elegante, los ponis van ahí para beber algo mientras platican con un jazz suave de fondo, o ver algo en los holovisores.
Al final del lugar, detrás de la barra, una yegua de melena rubia anudada limpia una copa usando su telequinesis, pero apenas ve de reojo quien se acerca de entre las mesas, deja de mover el trapo al tiempo que hace una mirada de impresión.
—Hola, princesa —saluda mientras acomoda el listón con moño adornando su cuello. Sus labios están pintados de rojo—. ¿Qué le sirvo?
—Un especial azul, Ice Cube —contesta la unicornio color perla mientras se acomoda en una de las bancas—, uno muy cargado.
—A la orden.
Ice se pone sobre sus ancas para tomar con magia dos botellas con líquido brillante de las repisas altas. Hace unos cuantos malabares con los recipientes de vidrio, una pequeña escarcha de hielo se genera debajo de ellos. Mientras, con sus cascos, toma un recipiente metálico para mezclar todo, junto a un gran vaso de vidrio tallado.
La Princesa disfruta del espectáculo, sin embargo, una aguda voz sarcástica distrae su atención.
—Se ve hecha un desastre, Rainbow Star. Su nivel de magia está bajísimo.
Gira la cabeza, solo para encontrarse con una poni encapuchada a dos asientos de distancia. Da un aura inquietante, como si fuera una especie de espectro. A nadie se le hace difícil deducir que debido a su presencia el resto de la barra está vacía, e incluso las mesas cercanas.
—¿En serio? —dice Rainbow con un tono despreocupado—. No lo había notado.
—No tiene porque andar por ahí siempre con su cara inmutable. —La yegua apoya la cabeza en uno de sus cascos. Desde dentro de la capucha un par de ojos rojos destellan—. Para cualquier «ordinario» es algo imposible de detectar, pero no para «nosotros», puedo ver que está muy extenuada, usó una gran cantidad de magia recientemente. ¿Ha estado haciendo cosas interesantes sin decirnos?
Al terminar de las palabras en tono meloso de aquella poni, el ruido del tallar de la madera interviene. Se trata del vaso cristalino deslizándose hasta quedar exactamente al alcance de los cascos de la princesa.
—Desea algo más —comenta Ice Cube—. ¿Algo de comer tal vez?
—Lo pensaré, pero por ahora solo quiero tomar algo.
—Como desee. —Con un pequeño destello de magia, la unicornio de labios pintados deja caer tres cubos de hielo sobre la bebida.
La princesa sostiene el vaso con su telequinesis y lo acerca al hocico. Desearía no usar magia debido a su extremo cansancio, pero no quiere parecer tan cansada delante de esa yegua de ojos escarlata.
Antes de dar el trago comenta:
—Estuve entrenando todo el día.
El líquido brillante y frío pasa por su garganta. Siente una sensación agradable, capaz de relajar todo su cuerpo e incluso de revitalizar un poco su magia.
—Su entrenamiento debe ser una locura para dejarla así de cansada —comenta la misteriosa poni, mientras, disimuladamente, pasa los asientos hasta terminar al lado de Rainbow—. Y también debe ser muuuuy frustrante para alguien de su posición social tener que sentirse exhausta por tanto tiempo, sabe... —De repente extiende una de sus patas delanteras cubierta por un sedoso pelaje color crema—, si quiere puede tomar cuanta esencia desee hasta recuperarse.
—¡Cómo te atreves! —exclama Ice Cube, enojada. Los ponis más cercanos a la barra sienten escalofríos de repente, algunos comienzan abrazar su cuerpo al tiempo que tiemblan un poco. La temperatura ha bajado algunos grados—. Sabes que está prohibido hacer eso entre nuestros hermanos.
—Vaya, hehe, Hielitos está enojada —Desde debajo de su gorro suelta una lenta exhalación, el vapor es claramente visible, cuál humo de un buen cigarro—. Tranquila, un poco de diversión no nos hará daño. Aparte, no creo que tu nunca hayas estado tentada a morder a alguien, en especial a nuestra linda princesita…
—No juegues con mi paciencia, Sundown —En el suelo debajo de los cascos de la camarera, un poco de escarcha comienza a ser formada.
—¿O si no qué? —pregunta la otra yegua sin ocultar la felicidad en su tono.
En ese momento siente como apartan su casco alzado con delicadeza. Es un solo movimiento, tan rápido y fluido que antes de poder decir o hacer algo, tiene la pata contra la madera de la barra.
—Es suficiente —interviene por fin la princesa, a pesar de su bajo tono de voz, la firmeza en sus palabras acompañada por la potencia de su mirada es capaz de aplacar toda la tensión del momento—. Sundown, he dejado pasar tu actitud atrevida muchas veces, esta será la última. Si vuelves a ofrecerme algo así, serás juzgada por el emperador.
—Ay, por qué siempre tan correcta. Le quitas lo divertido a la vida —la poni encapuchada saca la pezuña del agarre y gira la cabeza hacia la repisa con las bebidas, entonces hace flotar una gran botella con líquido ambarino hasta sus cascos. Mientras llena un vaso, dice—: Yo solo quería ayudarte un poquito, lindura. —Su voz es como la de una adolescente haciendo un puchero—. Aunque debo de admitir que me gusta cuando te pones ruda.
Escuchar a Sundown relamer sus labios mientras habla de ella, por alguna razón le causa repelús al punto de crispar su piel. Sin embargo, no deja a eso cambiar su semblante estoico, no le dará el gusto.
—Ice Cube, creo que ahora sí quiero algo de comer —expresa, para cambiar el tema.
La camarera regresa a su mirada tranquila de inmediato, al mismo tiempo, la temperatura del lugar vuelve a la normalidad.
—Claro —habla con soltura—, ¿qué le puedo ofrecer de mi bar?
—Unas zanahorias adobadas con miel, esas te quedan deliciosas.
—A la orden.
Apenas Ice da vuelta, un tintineo sale de un pequeño brazalete en su pata izquierda, y no solo del de ella, también del brazalete de la princesa así como del de Sundown.
Las tres intercambian miradas, cada una extrañada a su manera.
—Interesante —piensa en voz alta la poni encapuchada—, hace mucho no teníamos un llamado triple en la Guardia imperial.
—No es triple —dice Rainbow. De su pulsera sale un holograma con las especificaciones del llamado.
Al mismo tiempo, las otras dos unicornios pasan el casco sobre sus respectivos dispositivos para liberar el holograma también.
—¡Nos llamaron a los diez guardianes! —comenta Ice Cube.
—Por primera vez en bastantes años —agrega Sundown con voz alegre—. Al parecer las cosas se pondrán divertidas.
«Oh no, se dieron cuenta más rápido de lo que creí —la princesa, ocultando su temor, toma el último sorbo de su bebida—. Orion, por favor, aguanta un poco más, en cuanto pueda me volveré a comunicar contigo».
.
.
.
Hola, aquí otro capítulo, espero que los disfruten y cualquier duda, opinión o critica, es bienvenida en las comentarios. Ya terminé la planeación de los capítulos que tendrá el libro wii, al parecer esto se terminará por allá del los capítulos 20-23. aún nos queda mucho por recorrer pero espero que todo salga bien :D
Dato curioso: El especial azul, es una bebida muy potente para poder perder el sueño, se usa para cuando andas de fiesta y no quieres que acabe, básicamente la princesa pidió un Mosnter con Red Bull y un buen shot de alcohol.
