La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 8
—¡Cuántas veces tengo que decírtelo, vete a casa!
—¡Estoy bien, de verdad! —Froto una mancha de salsa de tomate en la mesa treinta y dos con mi mano izquierda. Es un acto simple, pero hoy se siente engorroso. Mi muñeca derecha cicatriza lentamente, lo suficiente como para poder agarrar el volante para conducir el "nuevo para mí" Escape—. No necesito escribir órdenes, lo sabes. Y a Collin no le importa limpiar mis mesas y ayudarme a llevar la comida. Ya le dije que íbamos a compartir mis propinas. —Nuestro ayudante de mesas y lavaplatos, Collin, se graduó de la escuela secundaria el año pasado, apenas, y no tiene absolutamente ninguna dirección en su vida, además de su único objetivo de no trabajar en la gasolinera de sus padres.
Sue me mira con las manos apoyadas en sus caderas, y ya sé que esa idea no está siendo bien recibida. —Ese muchacho recibirá su sueldo como se espera y...
—¡No me importa, Sue! Simplemente… No puedo quedarme en casa. —Me detengo a mirarla, implorándole con mis ojos—. Me volveré literalmente loca. —Es extraño que cuando estás constantemente en movimiento, todo lo que quieres es un día para no hacer nada. Para recostarte en el sofá con tus pantalones de chándal, ver la televisión y comer patatas fritas. Pero he tenido seis días así y no puedo soportar una hora más de televisión y estar sola con mis pensamientos. Voy a empezar a romper los platos, solo para darme algo para limpiar.
—Para que conste, creo que es una idea muy mala —resopla, y sé que he ganado—. Ven. Tengo algo para ti. —Recoge su delantal para sacar un sobre.
Tan pronto como cae a mi alcance, sé lo que es. Abro la boca para objetar, pero ella me interrumpe. —Cuando algunos de los asiduos escucharon que tuviste un "accidente" —enfatiza esa excusa con una mirada de ojos abiertos—, y no podías trabajar, empezaron un pequeño "fondo para Isabella". ¡No es caridad! —agrega rápidamente, mientras siento que mis mejillas se ruborizan—. Todos han pasado por eso, y solo querían asegurarse de mantenerte a flote hasta que te recuperes.
Siento ojos en mí y me vuelvo para encontrar a Steve y Doug, dos camioneros que se reúnen aquí todos los viernes por la tarde durante sus largos recorridos desde algún lugar del Medio Oeste, observando. Habría sabido que eran dos de los asiduos que colaboraron, incluso si Steve no acabara de lanzarme un guiño y un asentimiento antes de volver a su café.
—No es caridad —repite Sue—. Es bondad, y uno nunca rechaza eso
Finalmente la meto en el bolsillo de mi delantal con un "Gracias", avergonzada. Por lo menos el restaurante no está demasiado ocupado en este momento, así que no tengo una audiencia.
Ella mira a su alrededor, luego baja la voz. —¿Has oído algo más de la familia?
Niego con la cabeza, recogiendo una pila de menús y metiéndolo debajo del brazo. —No hay nada en las flores. —Los Mccarty aún no han hablado con los medios de comunicación, dejando a los reporteros babeando e inventando todo tipo de especulaciones. Artículos que me han tenido en un estado constante de casi apoplejía a causa de la conmoción: todo desde las afirmaciones de que Emmett está paralizado y nunca volverá a caminar, que se encuentra postrado en un coma inducido, que tiene un pie en la otra vida.
Estoy segura que los problemas críticos también están cubiertos en este momento, al igual que los rebeldes sirios, las devastadoras inundaciones en Argentina, y una crisis de hambre en el mundo, pero he estado viendo el espectáculo de Emmett Mccarty. Todo Emmett, todo el tiempo.
Y he aprendido un montón.
Tiene veintiséis años. Cumplirá veintisiete el dos de septiembre. Su padre no es estrella de cine ni jugador de la NHL ni famoso por nada más que por ser el marido de Esme Pratt. Carlise Mccarty fue un tramoyista que ganó la atención de la actriz mientras ésta filmaba en Toronto. Después de un intenso romance, se casaron, y ella quedó embarazada al poco tiempo. Era importante para los dos que sus hijos mantuvieran los pies en la tierra, por lo que Carlise Mccarty dejó la industria del cine y se convirtió en un padre hogareño para Emmett y su hermana menor, Irina, mientras que la estrella de Esme continuaba subiendo.
Es el padre de Emmett, un gran admirador del hockey, el que le puso patines a su hijo de tres años de edad y descubrió su talento asombroso. California no era el lugar ideal para nutrir esas habilidades crecientes, por lo que compraron una casa en la ciudad natal de Carlise, cerca de Toronto, donde pudieron construir una pista de hielo en su patio trasero durante los meses fríos del invierno y vivir en una paz relativa.
Emmett es medio-canadiense. Diablos, básicamente es canadiense; se crió allí. Por supuesto que tienen casas por todo los Estados, también, y la familia se ha trasladado de nuevo a tiempo completo desde entonces.
Los medios de comunicación aman a Emmett, casi tanto como a su madre. Todos los presentadores se ocupan de mencionar lo encantador y sensato que es, y las innumerables entrevistas posteriores al partido que concede a los periodistas —momentos después de salir del hielo, todavía sin aliento y empapado de sudor— no muestran nada más que un chico humilde que contrarresta cualquier elogio que recibe con palabras amables sobre las habilidades de sus compañeros de equipo.
Es generoso, también. ¿El vídeo del evento de caridad en el que habló? Es para un fondo que ha encabezado, ayudando a los niños con familias separadas y disfuncionales para que aprendan a jugar al hockey. La caridad incluso suministra los patines y el equipo.
Y no parece estar demasiado interesado en el dinero, ya sea por sus valores o porque simplemente tiene tanto que ya no es motivador. Al parecer se le ofreció un lucrativo contrato de modelaje a los dieciséis años, no me sorprende, pero lo rechazó. También le ofrecieron un papel en una película con su madre, sin ninguna experiencia de actuación. También lo rechazó.
Fue reclutado en la NHL y ha estado batiendo récords desde entonces. Hace tres años, firmó un contrato de ocho años y, setenta y un millones de dólares con los Flyers. Y ahora, la gente se pregunta si Emmett Mccarty volverá a ponerse patines.
Algunos expertos en hockey ya lo han descartado, suponiendo que las lesiones ambiguas en su pierna son graves y nunca volverá a recuperarse completamente.
Tal vez por eso todavía no ha hablado su familia.
Sue me quita los menús. —Supongo que eso tiene sentido. Deben preocuparse por él. Lo último que quieren hacer es hablar con esos sabuesos.
Como si alguna fuerza del destino estuviera escuchando y sintiera la necesidad de responder a nuestras preguntas sin respuesta, el canal de noticias muestra una transmisión en vivo desde el hospital en Filadelfia. Siento que toda la sangre se drena de mi cara cuando Emmett Mccarty es empujado en una silla de ruedas por un hombre al que ahora reconozco como su padre.
—Oh, Dios mío. —¿Está paralizado?
¿Y si caerse de la colina lo paralizó? ¿O cómo lo jalé de forma imprudente mientras trataba de sacarlo del auto? ¿Y si lo causé yo?
Con una mueca y la ayuda de su padre, Emmett se levanta de la silla y todo mi cuerpo se hunde con alivio. Las muletas aparecen de la nada.
Innumerables destellos llenan la pantalla mientras una horda de periodistas espera para capturar su declaración. Esme Pratt está justo detrás de él y a un lado, muy ubicada al ángulo de la cámara. Lleva una blusa negra y pantalones vaqueros sencillos, su despampanante pelo rubio fue recogido en una elegante cola de caballo y usa notablemente menos maquillaje que para la alfombra roja. Parece que no ha dormido en días; las bolsas debajo de sus ojos fueron mal disimuladas. Sin embargo, de alguna manera, exuda glamour.
La hermana menor de Emmett, Irina, que a los dieciséis meses ya tenía varios papeles pequeños en películas y se dice que tiene una prometedora carrera de actuación por delante, se encuentra de pie junto a su madre, pareciendo igualmente cansada.
Una semana después del accidente y el rostro de Emmett Mccarty continúa golpeado, ambos ojos moteados de tonos azules. Su pelo castaño arenoso le cuelga sobre la frente, apenas disfrazando las vendas debajo. Sin embargo, todavía se ve más tranquilo que cualquier hombre sentado en Diamonds en este momento, incluso con el vello facial desaliñado. De alguna manera, pasé por alto el yeso en su pierna izquierda, asomando por una abertura de sus pantalones deportivos. Esa es la pierna que estaba atrapada.
Por la forma en que se acerca al micrófono, con su rostro retorcido de dolor, me doy cuenta que levantarse de esa silla le hace daño.
Y, sin embargo, incluso en su forma actual, apoyado contra las muletas, luce alto, regio y fuerte, con los hombros tan anchos que empequeñece el podio frente a él.
Sí, definitivamente debe haber recuperado la conciencia en esos últimos segundos antes de salir del coche conmigo. No hay otra manera de que pudiera sacarlo.
En algún lugar en el fondo, la campana de la cocina suena para anunciar un plato de comida. Lo ignoro, mirando abiertamente a la televisión, con el estómago revuelto de mariposas mientras espero con ansias para escuchar lo que dice Emmett Mccarty. Ahora, normalmente, Sue estaría gritando, ya que nunca deja que la comida se quede en reposo bajo las lámparas de calor, pero está de pie justo a mi lado, con su atención cautivada.
—Buenas tardes —dice Emmett, y los flashes de la cámara explotan en la habitación de nuevo—. Voy a dar una breve declaración y luego responderé a algunas preguntas para ustedes. Después de eso, les pido que nos den a mi familia y a mí el espacio para recuperarnos y lidiar con una tremenda pérdida en mi vida. —Suena sombrío pero tranquilo y compuesto, con su voz profunda inquebrantable. No parece un tipo que casi murió hace una semana. Cuyo amigo y compañero de equipo sí murió.
Traga con fuerza, el movimiento en su garganta prominente. La única señal de que está afectado.
—No debería estar aquí. Me considero muy afortunado de hacerlo, después del trágico accidente automovilístico de la semana pasada que se cobró la vida de mi buen amigo Paul Lahote. Mis pensamientos y plegarias se dirigen a sus familiares y amigos, y a los aficionados de los Flyers de Filadelfia y de la Liga Nacional de Hockey, que han perdido a un jugador y a un hombre increíble. Me gustaría dar las gracias a los médicos y enfermeras de St. Mark por brindarme un cuidado excelente. —Hace una pausa, respira hondo y no sé si es debido al malestar físico o por lo que tiene que decir. No es hasta que parpadea para despejar un leve brillo sobre sus ojos varias veces, que me doy cuenta que todo es dolor emocional. Mi corazón se apretuja—. Estaré con mis compañeros
de equipo en espíritu durante el resto de los play-offs. Han trabajado duro y merecen celebrar esa Copa. —Acepta una botella de agua de parte de su padre, y noto el mínimo temblor en su mano. Asintiendo hacia alguien más allá de la cámara de televisión, dice—: Ahora voy a responder algunas preguntas.
Esfuerzo mis oídos para escuchar la primera. —¿Esperas estar en el hielo al comienzo de la próxima temporada?
Una vez más, veo que su garganta se mueve cuando traga saliva con fuerza. No me puedo imaginar parada delante de estas personas y contestando sus preguntas. —Seguimos siendo optimistas de que voy a tener una recuperación completa. Próxima pregunta.
No es exactamente una respuesta en cuanto a la próxima temporada.
Otra persona invisible grita una pregunta: —¿Puedes hablarnos de tus heridas?
—Me duelen —responde sin rodeos, después ofrece una sonrisa encantadora mientras una risa ligera se oye desde la audiencia—. Como pueden haber notado, tengo algunos huesos rotos y cortes, pero de algún modo me salvé de una lesión grave. Y peor. —Sacude la cabeza para sí mismo—. En realidad, todo es bastante milagroso. Me hicieron sentarme en esa silla de allá por cuestiones del seguro mientras estoy en la propiedad del hospital, pero no planeo pasar más tiempo en una de lo necesario. Aun así, los médicos han insistido en que pasaré la próxima semana o dos en reposo. No voy a discutir con ellos. —Señala a alguien.
—¿Fue el alcohol un factor en el accidente?
—No. —La palabra vuela de la boca de Emmett Mccarty con rapidez, firmeza y con más que un toque de ira.
—Los Flyers están jugando su primer partido de la final de la Conference contra los Maple Leafs de Toronto esta noche. ¿Estarás en el estadio Wells Fargo para ayudar a reforzar su confianza?
—Estaré en los partidos tan pronto como mi médico lo permita. Pero no me necesitan para ganar. Hay todo un equipo de jugadores muy talentosos que tendrán éxito.
—¿En algún momento, dentro del auto, pensaste que ibas a morir?
—No estuve consciente, así que no. —Se detiene abruptamente, presiona los labios.
Ese mismo reportero pregunta: —Los informes dicen que el coche ya estaba ardiendo cuando llegaron los vehículos de emergencia. ¿Cómo saliste del auto? ¿Tuvo algo que ver con la persona no identificada en el lugar del accidente? ¿Él te sacó?
Los músculos del grueso cuello de Emmett se tensan y él asiente con la cabeza, como si esperara esa pregunta.
Mi estómago se contrae. Hablan de mí. Todavía piensan que es un hombre. Bien. Que sigan pensando eso.
Pero, ¿qué va a decir Emmett?
¿Qué quiero que diga?
Una parte de mí —una grande— preferiría que él simplemente alegue ignorancia o una mentira absoluta. Tal vez utilice el muy útil "sin comentarios".
Abrazo los menús a mi pecho con mi brazo bueno, esperando con todos los demás para oír hablar de esta "persona misteriosa". Esme Pratt capta la atención de su hijo con una elegante mano en su brazo. Él cubre el micrófono y se inclina hacia abajo para permitirle susurrar algo. Ella le dispara una severa mirada de advertencia.
Oh, ya quisiera ser una mosca en ese podio.
Sacando la mano del micrófono, parece como si él luchara con su decisión. La cámara se acerca de repente, como si el operador hubiera adivinado que diga lo que diga Emmett Mccarty será mucho más impactante cuando los espectadores pueden sentir el peso de esos intensos ojos azules enmarcados por una franja de pestañas gruesas y oscuras. —Sí, ella me sacó. —Esa voz suave, ese discurso practicado, se quiebra de emoción—. Fue una mujer la que me sacó del coche antes de que me quemara hasta la muerte, y me encantaría agradecerle en persona, así que si está viendo esto… permite que el Departamento del Sheriff de Balsam me envíe tu información de contacto. Por favor.
Ese tono de súplica es como un hechizo, agarrándome. Me hallo murmurando "De acuerdo" antes de darme cuenta, luego cierro la boca y miro alrededor para asegurarme de que nadie me oyó.
Los gritos llenan el cuarto mientras que los periodistas luchan para que se oiga su pregunta. Las cámaras encandilan y cliquean. Pero Emmett ofrece un rápido: —Eso es todo, gracias. —Y se sienta en la silla de ruedas. Con su padre llevándolo y su madre y hermana a su lado, él sale a través de una puerta lateral.
Y no puedo evitar sentir el cambio en el aire que me rodea.
El canal de noticias pasa a un reportaje en vivo de una reportera rubia. —Emmett Mccarty se dirige a los medios por primera vez desde el trágico accidente automovilístico de la semana pasada que se cobró la vida del ala derecha de los Flyers de Filadelfia, Paul Lahote. Hasta ahora la policía ocultó los detalles sobre el accidente, pero Mccarty acaba de admitir que lo sacó del destrozo una mujer no identificada. La pregunta sigue siendo: ¿quién es esta buena samaritana, y finalmente, se revelará? Bueno, Raven News puede ser capaz de responder a la súplica de Emmett Mccarty, ya que nuestros reporteros en el terreno han descubierto información sobre el sedán negro visto en la escena del accidente. —La pantalla muestra a mi coche quemado—. Estén atentos para más información de parte de la periodista investigadora Camaria Wilkins en breve.
Sue se inclina para susurrar: —Tu placa de matrícula. Apuesto a que alguien de la compañía de remolque lo filtró.
No quiero que ella tenga razón, pero Sue siempre la tiene. Se destaca por ello. La tensión recorre mi cuerpo mientras acepto que la arena en el reloj del anonimato está cerca de acabarse. Estoy a punto de ser expuesta como la "mujer", y si la reacción en esa sala de prensa era una indicación, es imposible que los medios de comunicación no vayan a aferrarse a esta historia a lo grande.
La mano de Sue se posa sobre mi hombro. —Creo que es el momento de irte.
No discuto con ella. Simplemente voy a la parte trasera a agarrar mi bolso, esperando que pueda llegar a la escuela para buscar a Brenna antes de que surjan las noticias.
Parece que las cosas se le complican un poco a Bella, espero lo que lo hayan disfrutado
Nos leemos
