* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 16
Un nuevo verano
Mi primer año como estudiante de secundaria fue una montaña rusa de emociones. En primer lugar, pasé por el espantoso dolor de perder a mis amados padres, un dolor tan terrible que no se lo desearía ni siquiera a alguien a quien odiara.
Después de esta pesadilla que me quebrantó el alma vino un hermoso sentimiento, me enamoré por primera vez. Por desgracia, este tan ansiado amor vendría acompañado por dolor también pues mi primer amor resultó no ser correspondido.
A pesar de esto, irónicamente el sentimiento del amor me hacía ser feliz. Aunque era un amor no recíproco, o al menos, no de la manera que yo deseaba, resultó ser la misma cura para todo mi dolor. Creo que la persona a la que yo amaba era el principal motivo de esto. Era un joven tan dulce y maravilloso que con el simple hecho de estar a mi lado me hacía feliz, alejaba la tristeza y el dolor de mi corazón.
El tiempo cura todas las heridas, si, lo sé, esa es una frase muy gastada y cliché, pero hasta que pasas por este tipo de situaciones te das cuenta que estas frases existen por algo, yo era el mejor ejemplo de eso.
Poder ver a Hyakkimaru solo como un amigo fue algo que me costó mucho tiempo lograr, pero pude hacerlo pasados unos meses. Después de eso, estar a su lado junto con Mio resultaba mucho más sencillo, llegó un punto en el que incluso era hasta divertido.
Cuando me sentí lista regresé a los ensayos, salía con todos los de la banda de vez en cuando a pasear o comer algo, así como también paseaba a solas con Tahomaru, el cual con el pasar del tiempo se convirtió en un amigo muy preciado. Pasó a convertirse en una especie de refugio para mí cuando de pronto mis sentimientos por Hyakkimaru me atacaban de nuevo.
El tiempo continuó pasando para bien, en un abrir y cerrar de ojos comencé a cursar segundo de secundaria, Tahomaru pasó a segundo de preparatoria, Hyakkimaru y Mio lograron comenzar a cursar su último año como estudiantes de preparatoria, mientras que Saburota para sorpresa de todos logró graduarse de la preparatoria.
En cuanto a Rainbow Tears, todo iba viento en popa para ellos. Sus presentaciones en bares lives así como en diversos eventos de música al aire libre continuaron. Eran ya más que conocidos en la escena indie, incluso contaban con un modesto grupo de fans en diversas redes sociales.
Podía asegurar sinceramente que tras esos momentos difíciles era genuinamente feliz, estaba satisfecha con la vida que llevaba y por cómo estaban las cosas. Sin embargo, no todo puede permanecer igual para siempre, todo a mi alrededor comenzaría a cambiar a partir del verano en el que ya era estudiante de segundo grado de secundaria.
El primer gran cambio, para empezar, sucedió en mi cuerpo. Estábamos en las vacaciones de verano, Mio y yo regresamos durante estas a Iwate para descansar y estar con mis tíos.
— ¡Mio nee, Mio nee! —Grité entre asustada y emocionada saliendo del baño—.
— ¿Qué sucede, estás bien?
Me preguntó Mio dejando a un lado la revista de moda que leía para dirigirme una mirada preocupada. Hizo rápidamente un lugar a su lado cuando me vio subirme a su cama de un gran salto. Me acerqué hasta su oído para susurrarle con algo de timidez:
— Estaba en el baño y finalmente sucedió… Por fin me llegó mi primer período…
— ¡Oh, Dororo-chan!
Mio me miró con ternura, acto seguido me atrapó en un cariñoso abrazo, ocasionando que un dulce calor se apoderara de mi pecho, le correspondí de inmediato sintiendo también como el estómago se me contraía a causa de los nervios de esta nueva etapa en mi vida. Pasados unos segundos mi dulce prima se separó de mí para mirarme a los ojos con seriedad.
— Por una parte, debo felicitarte, a partir de este momento ya eres toda una señorita, estás creciendo tan rápido. Aun así, por otro debo compadecerte, te esperan incomodidades y cólicos.
Dijo esto último haciendo una mueca de desagrado, como si de un momento a otro le hubieran venido a la cabeza los recuerdos de todos los cólicos que le habían dado desde que tuvo su primer período a los doce años.
— Bueno, supongo que seremos compañeras en el dolor desde este momento.
Ambas nos reímos de mi broma para después comenzar a charlar mientras nos tendíamos en la cama de su habitación, toda la plática obviamente giró en torno a este "maravilloso" suceso.
Sabía que era muy común que a partir de los once o doce años las mujeres tuviéramos nuestro primer período, cuando pasé esa edad y vi que nada había pasado conmigo no pude evitarme sentirme un tanto ansiosa y preocupada. Eso fue, por un lado, por otra parte, también me sentí un tanto triste al ver como los cuerpos de mis compañeras de clases cambiaban y yo seguía con mi cuerpo y facciones infantiles, llegué a sentirme incluso hasta humillada en ciertas ocasiones.
Por esa razón, es obvio suponer que la pubertad me llegó de golpe al tener mi primer período a los catorce años. Fue gracioso y confuso, todos estos cambios se dieron de repente en mí durante las vacaciones de verano. Me veía en el espejo y hasta me resultaba difícil de creer que la que se veía en el reflejo era yo.
Había crecido en estatura, mis caderas se habían ensanchado y mis pechos habían aumentado su tamaño, hasta mi cara me parecía mucho menos infantil ahora. La niña Dororo se había ido para darle paso a una jovencita que lucía ahora mucho más elegante y refinada, en verdad mi cuerpo se había convertido en el de una señorita de la noche a la mañana.
— "Quiero volver ya a clases para contarle todo a Okowa. —Pensé con emoción sin poder dejar de verme en el espejo—. Seguramente se emocionará por mí y Saru de seguro se asustará. Apuesto a que Hyakkimaru y Tahomaru ni siquiera podrán reconocerme."
Reí para mis adentros imaginando sus rostros de asombro al ver los cambios en mí. Finalmente desvié la vista del espejo para concentrarme en la ventana de mi habitación y perderme observando el cielo. Estar de vacaciones sin duda era genial, pero una parte de mí extrañaba mucho Tokio y a todos mis amigos, quería que los días pasaran rápido para poder estar con ellos de nuevo.
— "Me pregunto que estará haciendo Hyakkimaru ahora…"
Tras acabar con las compras en el supermercado y volver a casa me dirigí a la cocina para dejar todas las bolsas con los víveres. Al entrar pude ver a Hyakkimaru mirando atentamente a una pared.
— Ya volví, hermano. —Lo saludé con la voz un poco cansada a causa de estar cargando todas las bolsas—.
— Bienvenido de vuelta. —Me respondió volviéndose a verme y acercándose a mí—. Déjame ayudarte con eso.
— Gracias.
Habiendo dejado todas las bolsas sobre una de las mesas de la cocina nos íbamos a disponer a guardar todos los víveres cuando de pronto dos sirvientas entraron a la cocina. La joven mucama nos dijo con una dulce voz:
— Amo Hyakkimaru, amo Tahomaru, por favor, déjenos eso a nosotros.
Sin pedir siquiera nuestra opinión las dos sirvientas comenzaron a guardar las cosas, ocasionado que Hyakkimaru soltara un bufido de fastidio y se alejara de ellas para dirigirse de nuevo a la pared que observaba minutos antes.
— Hermano, no te molestes, ellas solo hacen su trabajo. —Puntualicé con voz baja—.
— Lo sé, no estoy molesto con ellas. —Me respondió distraídamente mientras tomaba un plumón color rojo de un pequeño pintarrón pegado con imanes en el enorme refrigerador—. Me molesta esa necesidad del idiota de nuestro padre de tener sirvientes que hagan todo por nosotros y nos conviertan en unos inútiles.
— Comprendo lo que dices. —Continué con una triste sonrisa—. Pero los sirvientes nos ayudaron mucho durante la enfermedad de mamá, debemos estar agradecidos por eso.
— Supongo tienes razón. —Mi hermano mayor relajó su semblante—. A veces quisiera poder ser más sensible y paciente como tú, Taho.
— No es para tanto.
Respondí con voz fuerte y avergonzada, nunca sabía cómo reaccionar cuando mi admirado hermano mayor me halagaba. Al ver mi reacción Hyakkimaru río en voz baja con ternura para después dirigirse con el plumón a la interesante pared. Al fijar mi vista a ese lugar pude darme cuenta que no era la pared lo que veía, sino a un calendario colgado ahí.
Con el plumón rojo Hyakkimaru marcó una enorme X, tachando el día en el cual nos encontrábamos. Miré el resto del calendario con atención para encontrarme con que había marcado un día en especial con un circulo, haciendo memoria me di cuenta que ese día en cuestión era el día en que terminaban las vacaciones y regresábamos a la preparatoria.
— Hermano ¿Por qué marcas los días que pasan con X? —Pregunté con interés acercándome a él—.
— Estoy contando los días que faltan para regresar de vacaciones. —Respondió con tranquilidad—.
— ¿Qué? ¿Acaso estás loco? —Exclamé confundido—¿Quién quiere que se terminen las vacaciones?
— No se trata de regresar de vacaciones, sino de…
— ¿Cómo están mis amados hombrecitos?
Escuchamos una dulce voz a nuestras espaldas, al voltearnos pudimos encontrarnos con la cariñosa mirada de nuestra madre en la puerta de la cocina.
— ¡Madre!
— ¡Mamá!
Grité seguido de Hyakkimaru para ir hacia ella y abrazarla. Cuando Hyakkimaru la abrazaba la miré con un infinito cariño. Cada día que estaba a nuestro lado sin duda era como un milagro, había tenido su última dosis de quimioterapia hace poco más de tres meses y con lágrimas de felicidad en los ojos recibimos la noticia de que el cáncer había desparecido. Después de un tiempo de descanso había regresado a ejercer su trabajo como veterinaria para alegría de todos sus pacientes.
Aun le faltaba recuperar algo de peso y su hermoso cabello crecía lentamente, ahora lo tenía a la altura de los hombros. Sin embargo, yo pensaba que así se le seguía viendo igual de hermoso a como lo usaba cuando lo tenía largo.
Madre había regresado de trabajar, por instrucciones del doctor no podía consultar tantas horas como antes por lo cual regresaba más temprano a casa. Abrimos la bolsa de manjus que había comprado en el supermercado para sentarnos en la cocina a comerlos y conversar.
Siempre era así, cuando estábamos los tres juntos una sensación de paz y felicidad me invadía, todo era mucho mejor cuando él no se encontraba cerca. Por desgracia, por más que siempre le sugeríamos a mamá irnos los tres juntos no aceptaba, al parecer le temía demasiado a ese endemoniado hombre con trajes de oficina elegantes como para abandonarlo.
La alegría de ese momento de madre e hijos se vio interrumpido cuando otra sirvienta entró en la cocina y le dijo a madre con una voz monótona, casi como la de un robot:
— Señora Kagemitsu, el amo Kagemitsu acaba de llamar. Dice que podrá estar en casa unos cuantos días, llegará en unas horas más.
Nuestra alegre conversación cesó en cuanto la sirvienta pronunció esas palabras. Madre bajó la mirada tensando sus labios, mi hermano mayor por su parte desvió la mirada con furia y cerró sus manos en puños en la mesa.
— Muchas gracias…
Susurró madre con un nudo en la garganta. Permanecimos en silencio por un largo rato, solo pude bajar la vista sintiendo una desagradable opresión en el pecho. Finalmente, Hyakkimaru se levantó de la mesa y me dijo con tranquilidad:
— Vamos Taho… ¿no te apetece ir a la sala de ensayo a tocar un rato?
— ¿A la sala de ensayo? —Pregunté consternado sin poder comprender muy bien—.
— Si, ya sabes…—Continuó mi hermano mayor, mirándome a los ojos como tratando de darme a entender que solo dijera que si—. Para distraernos un rato, volveremos al anochecer.
Tras ver la mirada de Hyakkimaru pude comprender que se refería a que quería salir para no ver a padre.
— ¡Oh sí, claro! Vamos, hermano…
— Hyakki, Taho, yo... —Susurró madre con voz temblorosa—. Lo siento, en verdad siento ser tan cobarde, pero yo… No puedo dejarlo. Después de mi enfermedad, y de todo lo que hizo por mí, yo simplemente…
Las lágrimas de madre amenazaban con salir de sus hermosos ojos. Hyakkimaru rápidamente se acercó a ella y depositó un dulce beso en su frente para después responderle con voz apacible:
— Está bien mamá, lo entendemos, nada de esto es tu culpa, no te preocupes. Sabemos que es mejor estar lejos de él para evitar cualquier conflicto, después de todo, entre más lejos estemos de él será mejor.
Por mi parte le di un beso en la mejilla para despedirme, diciéndole que volveríamos al anochecer. Las cosas no debían ser así, eso lo sabía a la perfección. Una familia normal debía sentirse feliz al saber que el padre regresaba de su ocupado trabajo para estar un rato con ellos, pero en nuestro caso no era así. Que padre estuviera en casa era sinónimo de maltratos, gritos y desesperación para nosotros y para nuestra querida madre.
Padre amaba estar con madre, eso lo sabíamos muy bien, era por esa razón que Hyakkimaru y yo optábamos por desaparecer lo más posible para dejarlos a solas. Fue doloroso al principio, pero queríamos tanto a mamá que hacíamos esto buscando su bienestar.
Nos dirigimos a Shibuya en el metro cuando recordé algo de pronto y se lo dije a mi hermano mayor:
— No terminaste de decírmelo.
— ¿A qué te refieres?
— Lo del calendario en la cocina.
— Ah sí…
— ¿Por qué quieres volver a clases?
— No se trata de volver a clases, nadie quiere volver a clases, estudiar es aburrido…
— ¿Entonces…?
— Estoy contando los días que faltan para que Mio y Dororo regresen a Tokio.
Aclaró Hyakkimaru volviendo la vista al frente, mostrando una pequeña pero enternecida sonrisa.
— Ya veo, ahora entiendo… ¿Sabes? Yo también quiero que regresen ya.
Opiné sin poder evitar sonreír tiernamente al recordar a la ahora hermosa jovencita de catorce años, quien era la dueña de mis suspiros. Hyakkimaru me hizo salir de mi ensoñación al responderme:
— Todo es muy aburrido cuando Dororo no anda por aquí, y deseo ver a Mio de nuevo para estar a su lado. Espero que los días pasen rápido para estar de nuevo junto a mis dos personas favoritas.
Debía sentirme feliz pero no fue así, una punzada de dolor atravesó mi corazón al escuchar sus palabras. Siempre era así, para él nunca era solo Mio, a pesar de que ella era su novia no la mencionaba solo a ella, de alguna u otra forma Dororo siempre estaba involucrada en su corazón y en sus pensamientos, sin embargo, Hyakkimaru nunca parecía percatarse de esto. Tenía miedo de lo que podría pasar si algún día se daba cuenta del lazo tan especial que parecía compartir con Dororo.
Mio río con ternura cuando repartí cortos besos por toda su cara al despedirme de ella en la entrada de la preparatoria. Lo primero que hice durante el descanso fue buscarla, en verdad la había extrañado mucho durante las vacaciones de verano, y ahora al despedirnos pues debía dirigirse a su trabajo de medio tiempo sentí la necesidad de darle alguna muestra de cariño para demostrárselo.
— Entonces… ¿pasarás hoy a recogerme al trabajo? —Me preguntó mirándome con ensoñación—.
— Si, pasaré por ti y después te llevaré a ese restaurante de ramen que tanto te gusta. —Respondí sujetando sus manos con cariño—. Hoy sales a las cinco ¿verdad?
— Así es. Muy bien, entonces te esperaré ahí, Hyakkimaru. —Mio se acercó a mí para darme un corto pero dulce beso en mis labios—¿Irás a visitar a Dororo?
— Si, la esperaré en el departamento para charlar un rato.
— Excelente, estoy segura que le dará mucho gusto verte. Entonces nos vemos al rato.
Se despidió de mí con un gesto de la mano para darse media vuelta y dirigirse al autobús. Una vez se alejó de mi vista no perdí tiempo y también tomé mi camino para ir al departamento de Mio y Dororo, deseaba saludar a mi pequeña amiga después de dejar de verla durante las vacaciones de verano.
Desde que comenzó a cursar el segundo grado de secundaria Dororo decidió entrar al club de artes plásticas de su escuela, tomó esta decisión debido a que ya no solo deseaba dibujar, de un día para otro le entraron las ganas de aprender a esculpir también. No tenía idea si el día de regreso de vacaciones tenía actividades del club, lo que ocasionaría que llegara más tarde a su casa. Aun así, no me importó, no me importaba esperarla un buen rato afuera del departamento, poder hablar con ella y pasar un buen rato juntos valía la pena la espera, no tenía ninguna duda de eso.
Llegué a mi lugar acostumbrado cerca del calentón a un lado de las escaleras y me dispuse a sentarme para esperarla. Era un buen día con un clima agradable, para hacer más amena la espera decidí escuchar música en mi móvil. Me sentía de buen humor, por esta razón creí que escuchar a Queen era lo apropiado.
Entré a la carpeta de mi lista de reproducción que contenía toda su discografía y apreté el botón de aleatorio para reproducirla. Cerré los ojos mientras "Killer Queen" comenzó a sonar, dejando que la impresionante voz de Freddie Mercury penetrara en mis oídos. Me sentía tan completo cuando tocaba o escuchaba música, la sensación que me transmitía suponía era igual a lo que experimentaba un adicto cuando se inyectaba heroína, era como una droga para mí.
El tiempo pasó rápidamente mientras seguía escuchando a Queen, tenía ya casi una hora esperando cuando una fuerte y animosa voz se escuchó a un lado de mí, una voz que hizo a mi corazón saltar de alegría.
— Y así es como se terminan las vacaciones de verano… toda una tragedia, ¿verdad?
— Dororo…
La llamé con cariño para de inmediato detener la música y voltearme a verla. Al hacerlo y observarla de frente me fue imposible no quedarme paralizado de la impresión dado lo que vi. En verdad estaba muy cambiada, para empezar, había crecido en estatura, ya no se veía para nada como una niña como antes, al parecer la pubertad la había visitado durante las vacaciones de verano. Su cuerpo era ahora el de una señorita, razón por la cual no pude evitar mirarla de pies a cabeza.
Piernas más largas, caderas más anchas y aunque no quise, no pude evitar dejar mi mirada fija en sus pechos al notar como estos también habían crecido. Rápidamente cerré mis ojos y volteé mi rostro al darme cuenta de esto, de la nada llegaron recuerdos a mi cabeza de Dororo gritando: "acosador, pervertido" de cuando la conocí. No quería ser un acosador, pervertido, y menos con ella que era tan preciada para mí.
— ¿Qué pasa Hyakkimaru, porque te quedas callado? —La escuché preguntarme con una voz extraña, sonaba como si estuviera aguantando las ganas de reírse—.
— N-no, no pasa nada, lo siento. Es que me quedé viendo tus… Ah, es decir, me quedé asombrado de lo mucho que creciste durante las vacaciones.
Pude responder logrando hacer esos extraños nervios a un lado. Me las arreglé para verla a los ojos e ignorar lo demás. Al encontrarse con mi mirada Dororo me sonrió ampliamente y se acercó a mí, quedando a tan solo centímetros de distancia.
— ¿Verdad que es impresionante? ¡Mira! —Colocó la palma de su mano en su cabeza para después dirigirla con un movimiento recto de su brazo hacia mí, demostrando que ahora me llegaba a la altura del pecho— ¿Recuerdas como antes te llegaba al abdomen? ¡Pues ahora te llego al pecho! —Se cruzó de brazos y continuó con un tono engreído—: Después de esto, Tahomaru ya no podrá volver a decirme enana nunca más.
Me fue imposible no reír en voz baja y sonreír tiernamente al escucharla, siempre era así, Dororo siempre lograba sacarme más de una risa y sonrisa cuando estaba a su lado. Le di unas palmaditas en su cabeza sintiendo su sedoso cabello en la palma de mi mano.
— Así es. —Le respondí con ternura—. La pequeña Dororo ya no es tan pequeña.
Al escuchar mis palabras levantó la vista y me sonrió con dulzura. Se separó de mi caricia para después decirme:
— ¿Qué haces aquí? ¿Hoy no vas a ver a Mio?
— Si, quedé de pasar por ella a su trabajo para después ir a comer algo. Como sale de trabajar a las cinco pensé que estaría bien venir a verte para hablar un rato.
— Ya veo, solo que…—Bajó un poco el tono de su voz—. Hoy quedé con Tahomaru para ir al cine en un rato más.
— Entiendo…
Mi voz salió extrañamente herida, ¿por qué me sentí decepcionado al saber que no podría pasar tiempo con ella tras dejar de verla por tantas semanas? Dororo pareció percatarse de esto pues de inmediato aclaró las cosas.
— Pero no iré aun con él, lo haré dentro de algunas horas más. Si quieres podemos charlar un rato mientras.
— ¿En serio?
— ¡Si!
— Eso me gustaría mucho.
Nos sonreímos con dulzura el uno al otro sin poder dejar de mirarnos a los ojos. Me gustaba ver los grandes ojos color chocolate de Dororo, me transmitían mucha paz cada vez que lo hacía. El silenció que nos invadió se vio interrumpido cuando de pronto el estómago de Dororo profirió un fuerte alarido de protesta. La avergonzada jovencita no pudo más que reír nerviosamente a causa de la vergüenza y excusarse mientras se rascaba la cabeza.
— Lo siento mucho, es que ya tengo mucha hambre… Ah, sería bueno poder comer una enorme hamburguesa justo ahora.
— Si quieres yo puedo invitarte una.
— ¿Lo dices en serio?
— Claro. Vamos a comer al restaurante de siempre mientras hablamos, así podré invitarte una rica y enorme hamburguesa.
— ¡Si! ¡Gracias!
Afirmó con su radiante sonrisa tan característica. Nos dirigimos al mencionado restaurante cuando Dororo soltó de repente con una sonrisa traviesa asomando en sus labios:
— Lo bueno de tener amigos mayores que tú que ya trabajan es que te invitan a comer cosas deliciosas.
Me fue imposible no soltar una corta carcajada al escuchar sus comentarios sinceros que eran tan comunes en ella.
— Tú sí que eres sincera y directa, ante todo. —Afirmé aun entre risas—.
— ¿Y eso es bueno o malo? —Exclamó volteándose a mirarme con las mejillas infladas—.
— Depende de la situación.
— Pues al menos yo soy transparente, y no soy difícil de descifrar como cierto guitarrista extraño que yo conozco.
Sabía lo que venía después de eso, ya la conocía a la perfección como para saberlo. En efecto, después de seguir burlándose me dio un pequeño y amistoso golpe en el hombro. Me fue imposible no seguirme riendo en voz baja ante esto.
Siempre era así, no importaba que tuviera un mal día, sabía que si estaba al lado de Dororo de una u otra forma terminaría riendo, ella era la única que era capaz de hacerme reír en voz alta. Mientras seguíamos caminando rumbo al restaurante lo pensé, últimamente era así. Siempre terminaba deseando que el tiempo a su lado pasara lo más lento posible.
Continuará
