Capítulo 15. Anillo de pedida.
Mientras Victoria ponía los desayunos, una figura regordeta y sonriente entró en la taberna.
Ay No. pensó. Ella otra vez no.
"¡Qué afortunada eres! Después de lo que se dijo de ti y ese hombre ha permanecido a tu lado. Esta vez tienes que escucharme. Es importante que superes lo del otro o por lo menos que lo parezca. Tienes que parecer feliz cada vez que él te haga caso. Sin duda se lo merece."
Por una vez a Victoria le estaba pareciendo interesante lo que doña María le estaba diciendo. Precisamente necesitaba hacer ver que ahora estaba empezando a pensar en Diego. La dejó seguir hablando, aunque en realidad lo difícil habría sido hacerla callar.
"Él te adora, está claro. No ha escuchado las habladurías. Serías una desagradecida si no aceptas su oferta cuanto antes."
"Doña María, él no me hecho ninguna oferta." dijo Victoria justo antes de darse cuenta de que había sido un error. Doña María se emocionó ante la posibilidad de dar su opinión al respecto.
"Puede que aún no, es natural después de todas las veces que lo has espantado, pero lo que tienes que hacer ahora es animarlo. Deja que se acerque a ti, pero no seas demasiado atrevida, porque con todo lo grande que es don Diego es bastante tímido. Tiene que parecer que es él quien toma la iniciativa. Pero bueno, aunque tímido también es un hombre, así que con ponerte a su alcance y dejarle hacer seguro que es suficiente. Siempre lo es. También comenta con él que quieres una familia. Bueno, eso ya lo dijiste anoche. Fue todo un acierto por tu parte."
Victoria ya había tenido bastante. Oír que Diego era tímido le había dado qué pensar. También se preguntaba cómo doña María sabía lo que dijo ella si no había estado presente. Al ver la cara de Victoria, doña Carmen acudió al rescate. "Buenos días. Creo que no nos han presentado. Soy Carmen Solano."
Doña María se volvió hacia ella sorprendida. Por su actitud, doña Carmen no dudó que había oído y creído los rumores acerca de ella. Qué otra cosa se podía esperar de la mayor cotilla del pueblo. Doña María la saludó, pero solo porque no encontró otra opción.
Diego entró por la puerta y las tres mujeres se volvieron. Doña María estaba eufórica. Dirigió una mirada cargada de intención a Victoria y se despidió.
"Buenos días Victoria."
"Buenos días. ¿Qué tal tu pierna?"
"Mucho mejor. ¿Tienes un momento para que hablemos?"
"Supongo que sí." y se movió hacia la mesa del rincón, apartada de los soldados que aún estaban vigilando el local.
"¿Doña María decía algo interesante para variar?" preguntó Diego discretamente.
"Dice que finja que he olvidado al Zorro cuanto antes para que me hagas una oferta. Que… ¿Cómo era lo que dijo la otra vez? Apriete el lazo."
"No necesitas ningún lazo para atraparme."
"Desde luego que no, no eres un becerro."
Tras una pequeña risa Diego habló. "Bueno, tenemos que decidir cuánto tiempo será suficiente para que pases página." Diego se puso serio y dijo a continuación: "Te parecerá raro, pero estoy triste." se detuvo un momento, reflexionando. "Cortejarte como el Zorro era emocionante. Siento que he perdido algo que me importaba mucho. ¿Crees que es absurdo?"
Ella le miró a los ojos al contestar: "Yo siento lo mismo. Voy a echarlo de menos."
Ambos quedaron en silencio unos momentos. "Bueno, en unos días te pediré oficialmente que nos casemos, aunque tendré que pensar en algo. Doña María dijo de mí que no tengo ni un solo hueso romántico en el cuerpo y si te lo pidiera otra vez aquí, en la taberna, le estaría dando la razón. De momento te seguiré haciendo regalos e invitando a la hacienda. Te dedicaré una poesía en el periódico. Tocaré para ti." bajó la voz y la miró fijamente. "Te miraré embobado hasta que te pongas nerviosa." Eso último la hizo reír. "Lo normal en estos casos." Finalizó en un tono más desenfadado.
"Prometiste que nada de guitarras." le recordó ella.
"Cierto, si quiero volver a probar con una serenata tendré que utilizar el violín otra vez. A ver si tengo más éxito."
"Debo volver al trabajo." dijo ella levantándose de la silla.
Él también se levantó reteniendo su mano durante unos instantes antes de besarla de nuevo y se fue.
Cuando él salió por la puerta, doña Carmen se dirigió a Victoria. "Lo de anoche ha sido la mejor representación que he visto en años, pero tengo curiosidad por saber qué fue lo que visteis los demás, porque el busto que hizo Diego tenía un gran parecido con él, pero cuando lo ensayaron el día anterior, yo podía ver claramente como Felipe y tu padre movían el muñeco."
"Yo lo miré un momento y vi a Diego ahí sentado, tan claramente como te estoy viendo a ti. Fue muy extraño."
"En cualquier caso, por mucho que me guste estar aquí creo que ha llegado la hora de que me vaya a la casa que he alquilado."
"¿No te puedes quedar en la taberna unos días más?"
"Quiero arreglar la casa. Me quedaré otra noche, pero mañana sin falta me mudaré. Necesitaré que me busques a algún mozo para cargar mi baúl."
"Voy a echar de menos tenerte aquí."
"Bueno, estaré a un par de calles, podremos vernos cuando quieras. Además sospecho que dentro de poco tú tampoco vas a dormir en la taberna. Tendrás una cama mejor y buena compañía." Ambas rieron.
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Al día siguiente Diego regaló a Victoria una mantilla, de una tela fina y suave como Victoria nunca había tenido antes. Trataba de pasar más ratos en la taberna, aprovechando las idas y venidas de ella para hablar. Ella no quería mostrar todo lo feliz que se sentía de verle, pero intentó parecer moderadamente contenta de tenerle por allí. Era complicado participar en las conspiraciones y enredos de Diego.
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Dos semanas después, a la hora de la siesta Diego se acercó a la taberna y saludó a Victoria. Se alejaron del soldado que vigilaba la taberna para poder hablar.
"¿Puedes acompañarme durante un rato?"
Ella sonrió al verle. "Tengo hasta el atardecer, que debo preparar la cena."
"Será suficiente. Si me haces el favor de venir me gustaría dar contigo un paseo a caballo." bajó la voz "Necesitaremos el anillo que te di."
A ella se le iluminó la cara. "¿Crees que ya es el momento?"
"No puedo esperar más, cuento los días para que seas mi esposa."
Ella subió para ponerse ropa más cómoda para ir a caballo. También sacó el anillo del doble fondo del cajón y lo guardó en un bolsillo de su falda.
A los pocos minutos cabalgaban hacia un pequeño valle en las tierras de los de la Vega. Un soldado los seguía, pero no se atrevió a acercarse, y Diego decidió que su presencia no suponía un problema. Se detuvieron junto a un arroyo, cuya vegetación ponía una nota de color en el paisaje árido. Diego ayudó a Victoria a bajar del caballo y desató una manta de la silla de montar para extenderla sobre el suelo y sentarse junto a ella.
"Me recuerda al viaje a Santa Paula y la noche que pasamos en el molino."
Él asintió.
"¿Me equivoco al recordar que estuviste a punto de decirme algo?" Preguntó ella, curiosa.
"No te equivocas, pero no me atreví. Para hablarte necesitaba una clase de valor de la que entonces carecía."
"¿De qué podías tener miedo tú?"
"De decepcionarte. De no estar a la altura de la leyenda que había creado. De que te dieras cuenta de que solo soy un tipo aburrido con un disfraz."
"Decepcionarme, claro. Quizá me decepciones siendo demasiado guapo." Ambos rieron, aunque él parecía un poco incómodo. "O demasiado rico. Aunque lo peor de todo puede que sea cómo tocas el violín. No sé si lo podré pasar por alto." Victoria se ruborizó un poco al recordar lo que dijo doña Carmen acerca de los músicos, pero esperaba que él no se diera cuenta.
El sol comenzó a ponerse y Diego se levantó. "Necesito que me des algo. Te lo devuelvo enseguida."
Ella sacó el anillo que llevaba guardado y disimuladamente se lo dio.
Se arrodilló frente a ella, que continuaba sentada sobre la manta: "Victoria, eres la mujer más hermosa, valiente y generosa que jamás he conocido. ¿Me harías el honor de casarte conmigo?"
Ella aceptó más emocionada de lo que esperaba teniendo en cuenta que era la tercera vez que se lo pedía. Cuando él le puso el anillo en el dedo casi estaba llorando. Diego se dio cuenta y bromeó. "Me encanta este anillo, no sé si sabrás que era de mi madre." ella ahora reía y lloraba a la vez. "Incluso hay unos pendientes a juego. Tengo que enseñártelos un día de estos." a continuación se levantó diciendo. "Ahí arrodillado parecía un poco tonto." y ayudó a Victoria a levantarse, abrazándola a continuación. Ella se calmó con el abrazo y se besaron, esta vez sin preocuparse de que alguien pudiera verlos.
"Ahora puedes mostrarlo cuanto quieras. Mañana iremos juntos a la iglesia y a la salida le diremos al padre Benítez que nos vamos a casar." dijo Diego.
"Tendrán de qué murmurar, no hay duda." respondió ella.
Se despidieron frente a la taberna. Pilar vio el anillo de inmediato y la felicitó efusivamente, lo que garantizaba que la noticia se extendiera por todo el pueblo en pocos minutos. Victoria se quitó el anillo para trabajar, porque no quería arriesgarse a estropearlo. Sin embargo se lo enseñó a doña Carmen cuando ella fue a cenar a la taberna. Ambas se abrazaron mientras doña Carmen la felicitaba sinceramente.
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En la iglesia al día siguiente Victoria se sentó junto a Diego, luciendo el anillo y la mantilla que él le había regalado. Antes de salir, los de la Vega y Victoria fueron a hablar con el sacerdote, que se mostró contento con la noticia, aunque parecía algo preocupado.
"Publicaré las primeras amonestaciones la semana que viene, y os podéis casar en tres meses."
"Habitualmente se esperan tres semanas. ¿Por qué tanto tiempo, padre?" Preguntó don Alejandro.
Dirigiéndose a Victoria y Diego el sacerdote respondió. "Quiero que os lo penséis bien. Es un paso muy importante. Luego no hay vuelta atrás."
Diego y Victoria tuvieron que conformarse, aunque estaban decepcionados.
Al salir vieron a doña Carmen, que había ocupado uno de los bancos posteriores.
"Buenos días doña Carmen." saludó Diego con cortesía. Ella parecía un poco incómoda.
"Buenos días." añadió don Alejandro sonriendo. "¿Se ha instalado ya en su nueva casa?"
"Gracias, don Alejandro. Ya he terminado de ponerlo todo a mi gusto."
"Excelente, entonces estará usted libre para venir a cenar a la hacienda el próximo sábado. Ahora que Victoria y Diego están prometidos estaría bien que pudiera usted acompañarla."
Ella parecía desconcertada por la muestra de amabilidad. Miró hacia Diego esperando ver desaprobación, pero él también sonreía. "Claro, don Alejandro, la acompañaré encantada."
Mientras, Felipe se mezcló entre la gente. Los demás estaban convencidos de que era completamente sordo, así que hablaban como si no estuviera allí.
Cuando se reunió con los demás Diego notó que parecía preocupado. "Felipe. ¿Hay algún problema?"
Felipe negó con la cabeza no muy convencido, Diego supo que pasaba algo, pero decidió no insistir.
Por la tarde en la hacienda Diego volvió a preguntarle. "Felipe, por favor, dime si han dicho algo malo."
Felipe comenzó a hacer señas. Parecía aumentar la velocidad con que hacía los gestos a medida que avanzaba con su relato. Diego a su vez estaba cada vez más serio.
"Gracias por decírmelo, ya sabíamos que habría rumores, pero es peor de lo que esperaba."
Don Alejandro al oírlo también parecía preocupado. "¿Qué es lo que dicen?"
"Que Victoria tiene mucha prisa por casarse conmigo porque espera un hijo del Zorro, que la ruptura ha sido una farsa y que piensan seguir siendo amantes después."
La cara de don Alejandro también se ensombreció. Diego continuó hablando.
"La primera parte no me preocupa, porque el tiempo demostrará que es una falsedad. El resto de una manera absurda es cierto, así que creo que será mejor dejarlo correr. Si el Zorro sale en defensa de Victoria podría ser aún peor y como Diego no puedo luchar."
"Lo único bueno es que nadie sospecha ni remotamente que seas el Zorro. Esa imagen de debilidad perjudica tu honor, pero protege el secreto." dijo don Alejandro.
"Es un sacrificio que debo hacer por casarme con Victoria y además poder seguir ayudando a los más débiles. Puede que todos estos rumores sigan partiendo del alcalde, en un intento de provocar al Zorro. No tiene reparos en herirnos a Victoria y a mí con tal de conseguir lo que quiere." reflexionó Diego.
Cuando Felipe salió de la sala don Alejandro se dirigió a Diego. "No sé si has caído en la cuenta, pero Felipe ha entendido perfectamente el significado de todos esos rumores." Diego parecía desconcertado. "Ahora Felipe es tu hijo, y ya no es un niño así que deberías hablarle de las cosas de la vida." añadió don Alejandro. "Buena suerte."
