Título: Él cuenta cuentos

Fandom: DxD

Rated: K

Él cuenta cuentos

Cuando la gente contaba los cuentos en un canto, cantaba cantando y colaba la cuenta del cuenco en un canto, el mejor lugar junto a la estufa le pertenecía a… el cuentista…

Se abre el telón y aparece Azazel sentado en un cómodo sillón al lado de la estufa con un libro de cuentos en sus manos.

-Hola amiguitos. ¿Estáis flipando, a que sí? Jejejeje… Yo también…

Frente al ángel caído estaban sentados todos los niños que habían aparecido hasta el momento en las novelas de HS DxD.

-Bueno, pues buenos días, tardes o noches, dependiendo de a qué hora estéis leyendo esto. Ahora voy a contar el cuento original de…

-Ejem.

- ¿Qué pasa Koneko?

-Yo no soy una niña. Tengo casi diecisiete años.

-Pero sigues teniendo cuerpo e loli, así que silencio y siéntate junto a Kunou y Gasper.

-Pero sensei, yo tampoco soy un niño.

-Calla travesti.

Kunou y Koneko tuvieron que abrazar al lloroso dhampir.

- ¿Por dónde iba? Ah, sí. Ahora voy a contar el cuento original de Caperucita Roja.

Se baja el telón y se vuelve a subir, mostrando una chabola tercermundista en medio de un bosque.

Hace mucho tiempo, en un bosque muy, muy lejano… En una pequeña chabola en medio del bosque…

Se ve a un chico atractivo, rubio, vestido como una mujer de mediana edad, estaba Yuuto Kiba sosteniendo una cesta en sus manos.

- ¡Ise! ¡Ven aquí, anda!

- ¡Ya voy abuela Kiba!

Quien apareció por la puerta de su cuarto era Issei Hyoudou vestido con una capa roja.

-Ay hija mía, mira, haz el favor de llevar esta cesta con las próximas videoconsolas de última generación a tu abuela.

-Por supuesto mamá. ¡Todo sea por la familia! –Cogió la cesta, salió de casa y dando saltitos comenzó a cantar-. ¿Quién teme al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz~?

- ¡Si alguien te pregunta, lo que llevas en la cesta es pan! –La figura de Caperucita Roja se desvaneció entre los árboles-. Aaaaay, mírala. Con diecisiete años y ya es todo un delincuente. Ahhh –Murmuró con orgullo.

Y así es como Issei Caperucita Roja siguió su camino por el bosque encantado rumbo a casa de su abuelita, siguiendo el camino de baldosas amarillas.

- ¿Quién teme al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz~?

-Pero mira que cantas mal.

- ¿Eh? ¿Quién se atreve a decirme eso?

-Pues yo. ¿Qué pasa? –De entre las sombras apareció un tipo rubio con fuego en varias zonas de su cuerpo.

- ¿Y tú quién eres? ¿Un ave fénix?

-En verdad mi nombre es Riser Cipote Phenex.

De pronto el fuego se apagó, dejando ver que era prácticamente un trípode.

- ¡Ostias! ¡¿Pero eso qué es?! ¡¿Tu hermano siamés o qué?!

-Sí, es mi hermano Tomy… Tomy Cipote.

-Eps, vosotros dos.

Riser e Issei desviaron sus miradas, observando que se acercaba un hombre lobo.

-Anda coño, si eres tú, Loup Caro –Saludó Riser-. ¿Cómo te va?

- ¿Se puede saber que hacéis vosotros dos en mi jurisdicción, e mi bosque?

-Pues yo voy a llevarle esta cesta llena de PS5 a mi abuela… ¿o era pan? –Respondió Issei, un tanto confundido por no recordar qué debía decir.

- ¿Y tú Phe…? ¡Ay la virgen! ¡¿Pero qué es eso?! ¡¿Eso que tienes ahí qué es hijo de la gran puta?! ¡Eso es un tumor, ¿no?! ¡To grande y gordo!

-Un tumor lleno de amor. Claro, como siempre estoy ardiendo nadie lo ha visto.

-La cuestión es que me he perdido un poco, señor Caro. ¿Podría usted indicarme dónde queda la casa de la abuela?

-Pues qué se yo. Mira, ¿ves ese cartel? ¿El que dice a tomar por culo? –Señaló el hombre lobo el cartel con la dirección.

-Sí, lo veo.

-Pues ve por ahí. Llegarás pronto a casa de tu abuela.

-Muchas gracias. Es usted un perrito bueno.

Dicho esto, se puso a caminar y seguir aquel camino de extraño nombre.

-Eh, espera un momento –Llamó Riser mientras corría hacia Caperucita-. Voy contigo.

-Muy bien…, pero tú delante.

Mientras ambos se alejaban, Loup sonrió colmilludamente.

-Esta es la mía. Hora de comerse a la abuelita.

Y así es como el hombre lobo engañó a Caperucita y a Phenex para llegar antes que ellos a la casa de la abuelita.

Una pequeña cabaña en alguna parte del bosque surgió ante los hambrientos ojos del hombre lobo. Con toda la inocencia que pudo fingir, se acercó hasta la puerta, llamando al timbre, el cual curiosamente sonó como un látigo. La puerta se abrió, dejando ver a la abuelita…, que poco tenía de abuela. Era una mujer joven, de cuerpo exuberante, que respondía al nombre de Raynare.

-Hola, ¿qué puedo hacer por ti? –Preguntó con tono sensual.

-Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes los ojos tan grandes?

-Para verte mejor.

-Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes las orejas tan grandes?

-Para oírte mejor.

-Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes la boca tan grande?

-Pa comértela mejor.

-¡HOSTIA, COMO HA CAMBIADO EL CUENTO!

¡ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE, ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE~!

Tiempo después se podía ver a ambos, hombre lobo y abuelita, en la cama luego de largas sesiones de sexo duro. La abuelita sonreía complacida y el hombre lobo parecía haber llegado al paraíso.

Y así es como la abuelita se comió al hombre lobo feroz. Pero ahora volvamos con Caperucita y Phenex.

- ¿Quién teme al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz, al hombre lobo feroz~? –Cantaban los dos felices de la vida, dando saltitos abrazados por los hombros. De pronto vieron a alguien, por lo que detuvieron su saltar y cantar.

-Oye, ¿esos no son Dulio y Diodora?

- ¿Y yo qué sé? Ni que les conociera. Además, yo solo veo a uno.

- ¡Son ellos! ¡Dulio, Diodora! –Les llamó Riser mientras se acercaba a ellos ignorando a Issei.

-Riser, por favor, cúbrete eso o le vas a saltar un ojo a alguien –Gruñó Diodora con disgusto.

-Excagerao.

- ¿Y qué se os ofrece?

-Pues nos hemos perdido, señor Diodora. Intentamos llegar a casa de mi abuela. ¿Sabe usted cómo llegar?

-Pues no tengo ni puta idea. Si quieres le preguntamos a él –Y señaló una planta…, de marihuana…

Los ojos de Riser se volvieron estrellas al verla.

- ¿A una planta? Un momento… ¿acaba de toser? –Entonces entrecerró los ojos, viendo a una pequeña figura que se estaba fumando un porro tres veces más grande que él-. ¡Anda, pero si es pulgarcito!

-Eps, él no es pulgarcito. Él es Dulio, el ángel de la planta.

- ¿No será de la guarda?

-No, de la planta. Verás: hace mucho, mucho tiempo, iba Dulio caminando por el bosque, se comió una seta mágica, se hizo chiquitín, chiquitín, chiquitín, se fumó un porro, y FIN.

- ¡Bravo, bravo! –Aplaudió el fumado Dulio desde el interior de su planta-. Ufff, me parece…, que me voy a sacar el pene…

- ¿Y ese fumado sabe cómo llegar a casa de mi abuela?

-Por supuesto. Anda Dulio, díselo.

- ¡Me cago en el Trump y en su puta madre!

-Ha dicho que por allí –Señaló Diodora.

- ¿Seguro que ha dicho eso?

-Sí, sí, sí, sí.

-Ehhhh, pues vale. Vamos Riser… ¿Dónde está el trípode?

-Perquè la meva mare només parla català a casa –Decía Riser fumado mientras tenía dos porros en sus manos.

- ¡Tercera Guerra Mundial YA! –Gritaba Dulio en acuerdo con el Phenex.

-… Me parece que voy a seguir mi arduo camino yo solo…

Y cantando nuevamente Caperucita siguió el camino indicado por Diodora, que sonrió como malvado principal de película mientras corría hacia la casa de la abuela.

Una vez allí tocó el timbre-látigo y Raynare abrió la puerta.

-Hola guapo~.

-Abuelita, abuelita… ¡Hostias, que pedazo de tetas tiene, abuela!

¡ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE, ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE~!

Tiempo después se podía ver a ambos, Diodora y abuelita, en la cama luego de largas sesiones de sexo duro. La abuelita sonreía complacida y Diodora parecía haber llegado al paraíso.

Mientras tanto Caperucita seguía cantando por el bosque hasta que su móvil comenzó a sonar.

- ¿Diga?

-Hola hija. ¿Dónde estás?

-Hola mamá. Pues la verdad es que ni idea, pero… ¿Uh? Qué raro. Me ha cortado.

El timbre de la casa de la abuela volvió a sonar. Raynare abrió, viendo que se trataba de su hija Yuuto.

-Hola.

¡ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE, ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE~!

Tiempo después un autobús paró frente a la casa de la abuela, bajando del vehículo un cabreado Issei.

-Y el tren el barrio me dejaba justo aquí… ¡Me cago en…! Ahhh, a la mierda –Se acercó a la casa y llamó al timbre, sonriendo al ver a su abuelita-. Abuelita, abuelita…

-No, no, no –Le detuvo Raynare con malestar-. Para el carro, que ya he tenido suficiente por hoy.

-…

-…

-…

- ¿Qué?

De pronto un foco iluminó a Issei mientras su alrededor se volvía más oscuro.

-Llevo tres segundos queriéndote enamorar~.

Y los que se habían acostado con la abuela salieron desde varios escondites.

-Raynare~.

-Raynare~.

-Raynare~.

-Raynare~.

La abuelita miraba con una mueca de extrañeza.

-Y me estás diciendo que esta noche me la tengo que…

Mano arriba, mano abajo, mano arriba, mano abajo.

-Raynare~.

-Raynare~.

-Raynare~.

-Raynare~.

Issei volvió a tomar la voz cantante.

-Raynare, Raynare, Raynaaareee~. Yo me cago en tu puta maaad…

Pero de pronto la puerta se abrió, aplastándole contra la pared.

- ¡¿Dónde está el lobo?! –Exigió saber Sairaorg el cazador.

- ¡Ufff! –Gimió Raynare mientras observaba el cuerpo musculoso del cazador.

Ambos se sonrieron lujuriosos y…

¡ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE, ZÚMBALE, ZÚMBALE, YA ZÚMBALE~!

En la cama de la abuelita estaban Sairaorg y Diodora luego de una larga sesión de sexo duro y salvaje.

-Ahhh, Sairaorg, Sairaorg… Que a quien le guste el pescado y la carne, nunca pasa hambre… ¡¿EEEEEHHHHH?!

Y así es como Sairaorg acabó casándose con Diodora.

Se baja el telón y se vuelve a subir, mostrando a un satisfecho Azazel y a unos traumados niños.

-Y colorín colorado, este cuento se ha acabado –Finalizó cerrando el libro-. Bueno, ¿os ha gustado? ¿Eh, qué os pasa? –Preguntó al ver sus caras de traumados-. Ahhh, entiendo. No habéis entendido la moraleja.

Se baja el telón y se vuelve a subir, mostrando a Riser y Raynare, estando la abuelita que no podía más. Entonces el Tomi Cipote se puso firme otra vez.

-Buah, pues ya está firme otra vez. Dime, ¿te parece hacerlo otras tres veces seguidas sin sacarla?

Ante la pregunta, Raynare se calló de la cama, aterrada por pensar en volver a pasar por eso. ¡Era demasiado para ella!

- ¡Jajajaja!

Firma

El enamorado

Moraleja: revisad bien la ruta no vaya a ser que deis una vuelta demasiado larga.

Pd: Cálico Electrónico, temporada 4, capítulo 3 :D