Ese día, el tiempo perdió significado para Elsa.
En cuanto sus ojos vieron la condición de Anna, simplemente no pudo alejarse de su lado. El miedo de que algo le pasara mientras estaba fuera de su vista, por muy corto el tiempo que fuera y muy absurdo que sonase ya que estaban en su casa, era enorme.
El mundo exterior solo se esfumó, nada más importaba el bienestar de la pelirroja. Como pudo, se sentó a un lado de Anna, procurando no lastimarla de algún modo. No podía evitar que las lagrimas recorrieran sus mejillas, acariciando con la yema de sus dedos los brazos de Anna, dando un toque tan ligero que apenas y sus dedos rozaban las vendas.
La mente de Elsa era un caos, buscando infinidad de razones por las cuales la pelirroja pudiera terminar de ese modo; quizá alguien la atacó de regreso a su casa, o tuvo un accidente cuando iba a la escuela, a lo mejor cayó de las escaleras al querer irse apresuradamente.
Tantas cosas que cruzaban su pensamiento, haciéndose cada vez más oscuros conforme las teorías iban pasando. En algún punto del día, Elsa se había acomodado lo suficiente para estar acostada a un lado de Anna. Acariciaba su cabello con suavidad, sus dedos rozaban la mejilla sin gaza con ternura.
Sin importar lo que fuera que le ocurrió, estaba realmente agradecida con los dioses de que estuviera viva. De que, a pesar de su condición, no fuera nada que pusiera su vida en extremo peligro.
Gerda entró unas horas después, sorprendiéndose al ver a la platinada con Anna sin percatarse de su presencia. Suspiró con algo de ternura y tristeza combinada, no queriendo molestarlas solo se retiró sin hacer ruido, regresando unos minutos más tarde con un poco de manzana cortada y mandarinas ya peladas.
Las depositó en la mesita de noche alado de la cama, sin decir una sola palabra para no perturbarla. Olaf volteó a verla, con esos enormes ojos suyos detonando la preocupación que ella misma sentía hacia su hija. Con un movimiento de cabeza le indico que saliera, haciendo caso rápidamente para salir a su lado y, en el mejor de los casos, ocuparse de sus asuntos.
Elsa seguía acariciando la cabellera de Anna, maravillándose de lo suave y sedoso que era. Sus ojos simplemente no pudieron resistirse a recorrer las facciones de la más joven, delineando cada centímetro de su rostro con la vista, sintiendo sus ojos arder nuevamente al toparse con la cicatriz de la ceja y labio.
Lentamente, volvió a pegar sus labios a la cien de Anna, suspirando profundamente al tener ese pequeño contacto con la pelirroja. En ese momento un viejo recuerdo llegó a su memoria de cuando era niña, de cómo su madre antes de dormir le cantaba una canción de cuna que la había aprendido de su abuela.
Beso tiernamente su cien, acariciando aun su cabello al tiempo que ella cerraba los ojos.
- Where the north wind meets the sea, there's a river full of memory… Sleep, my Darling, safe and sound, for in this river all is found…. – comenzó el suave susurro, deseando con todas sus fuerzas que Anna se recuperara rápidamente; que Anna regresara a sus brazos de nuevo. - In her waters, deep and true, lay the answers and a path for you… Dive down deep into her sound, but not too far or you'll be drowned… - Deseando poder ver esos deslumbrantes ojos turquesa que la acecharon desde que se cruzaron con sus ojos zafiro, que parecían mirarla a ella y nada más que a ella. - Yes, she will sing to those who'll hear, and in her song all magic flows… but, Can you brave what you most fear? Can you face what the river knows? – sabía que tan fuerte era Anna, sabía que podría salir adelante a pesar de su condición, que su canción la guiaría de regreso a ella. – Where the north wind meets the sea, there's a mother full of memory…. Come, my Darling, homeward bound, when all is lost, then all is found… - estaba segura que su voz seria el faro que necesitaba, que podía escucharla y que haría su camino hacia ella, que en cualquier momento abriría los ojos.
- Que hermosa canción... – llegó una voz a sus oídos, sacándola de golpe del trance en el que se había metido.
Se alejó rápidamente de Anna, buscando la fuente de la voz encontrando a Gerda en la puerta del cuarto con algunas vendas y frascos en sus manos. Sintió la sangre comenzar a subir a su rostro, almacenándose en sus mejillas al verse atrapada en ese momento tan intimo con la hija de la persona parada a no más de 5 metros de ella.
No supo que decir, su mente había entrado en estado de crisis máxima desde que la vio parada ahí, dejándola completamente en blanco y sin ninguna respuesta que pudiera dar explicación a su acción y cercanía a Anna. Una pequeña risa puso en marcha de nuevo a su mente, observando como Gerda se acercaba a la cama depositando las cosas en la mesita de noche alado de un plato con frutas ya preparadas.
- No quería interrumpir tan pronto, querida, pero ya es hora de que revise como van sanando los golpes de Anna. No tardare mucho, solo serán unos minutos. – habló suavemente, con una maternal sonrisa en los labios que la sorprendió.
- S-si, no hay problema. Estaré afuera por si necesita ayuda con algo, solo avíseme y vendré en seguida. – se levanto rápida pero delicadamente de la cama, para después salir de la habitación cerrando la puerta tras de ella.
Caminó a la sala de estar, notando a través de la ventana como el sol que antes estaba en lo alto del cielo, ahora era sustituido por una luna llena. No sabía exactamente la hora, pero ya que su cuerpo estaba un poco más relajado, su estomago protesto por algo de comer.
- Parece que usted también tiene hambre, Señorita Winters. – una voz masculina habló detrás de ella, encontrándose a Kai saliendo de su habitación con una ligera sonrisa en los labios. – Venga conmigo, acompáñeme a comer algo.
Sin poder decir nada más, Elsa siguió al señor hasta la cocina. Sus instintos rápidamente tomaron lugar en ella, ya que comenzó a sacar platos de una repisa donde había visto a Anna sacarlos antes, pero una mano sobre la suya le impidió continuar.
- No, Señorita Winters. Usted no tiene que hacerlo todo, no es su trabajo. – delicadamente le quitó los platos de las manos, haciendo un movimiento con su mano mostrando la mesa. – Yo me encargare de todo. Usted solo siéntese y descanse un poco. No había salido de esa habitación en 10 horas, debe de estar exhausta.
¡10 horas! Eso quiere decir que eran aproximadamente las 10 de la noche; no era de extrañar que su cuerpo protestara por alimento, que sintiera sus músculos un poco adoloridos. Solo había comido el rápido desayuno que hizo antes de trabajar y nada más.
Elsa se sentó en la mesa, observando los movimientos de Kai. No era de extrañar que Anna actuara de esa forma la primera vez que se quedó, que hiciera la misma acción cuando ella intentó lavar los trastes, ahora sabia de quien había aprendido tal gesto. Sonrió enternecida, Anna realmente era una chica única.
En poco tiempo, dos platos con comida fueron depositados en la mesa. Kai, siendo el buen anfitrión que sabía era, puso vasos con jugo de manzana, servilletas y demás cosas que necesitarían. Comieron en silencio, no uno pesado e incomodo donde no podías ni disfrutar de la comida; sino uno tranquilo y familiar, uno donde la comida sabía mucho mejor al estar acompañado de seres queridos.
Cuando los platos estuvieron vacios, Kai al igual que antes, se ocupó de llevar los trastes sucios al fregadero y empezar a limpiarlos. La curiosidad quemaba dentro de Elsa, queriendo saber con exactitud que le paso a su pelirroja para que estuviera en tal estado de lesión.
- Kai, disculpe la intromisión pero, ¿Qué le paso a Anna? ¿Por qué esta en ese estado?
En cuanto las palabras abandonaron su boca, todo movimiento de Kai se detuvo de golpe. No hubo ruido alguno más que el agua correr del grifo. Después de lo que parecieron ser los segundos más eternos; Kai cerró la llave, secó sus manos con un trapo que estaba cerca y regresó a tomar asiento enfrente de ella.
Elsa juntó sus manos por debajo de la mesa, sintiendo de nuevo esa presión que había cuando llegó en la mañana. Kai miraba hacia la mesa, sin hacer un solo movimientos más que la constante acción de su respiración. Finalmente; dio un largo suspiro, alzó su vista topándose con los ojos de Elsa con el ceño fruncido.
- No sabemos exactamente qué fue lo que le pasó. El día que usted estuvo aquí, esa noche solamente dijo que saldría por un momento. – volvió a soltar un suspiro resignado, como si recordar la escena le causara el mismo dolor que en ese momento. – Creímos que saldría con algún amigo, ya sabe; era fin de semana, los jóvenes normalmente salen a divertirse en esos días. Pero cuando regresó ya entrada la madrugada, pensamos que quizá venia ebria ya que se escuchaba mucho ruido cuando caminaba. Salimos a checar que todo estuviera bien, y quizá a reprenderla por ser descuidada con la bebida; pero cuando nos topamos a una joven como de la edad de Anna, casi cargándola hasta la habitación con esas heridas, nos asustamos inmensamente. Tratamos de sacarle información a la jovencita, pero esta se rehusó a responder cada vez que le preguntábamos algo, argumentando que era asunto de Anna el comentarnos o no de lo sucedido… - su voz se quebró un poco, sus ojos estaban algo húmedos mientras una de sus manos pasaba por su cabello en un gesto exasperado. – Nunca habíamos visto a esa chica antes, ni siquiera sabíamos que Anna tuviera conocidos o de algún amigo que sepamos. Las pocas veces que ha despertado, no ha querido decirnos nada, y no queremos insistirle más en la condición en la que esta.
Elsa sentía su corazón palpitar a mil por hora, su mente traicionándola con escena tras escena de posibilidades en la que Anna pudiera aparecer de esa forma. Su cuerpo estremecerse de solo pensar que, lo que sea que le haya pasado, pudo haberla perdido ese mismo día. Sacudió su cabeza, tratando de enfocarse de nuevo para poder saber un poco más de las cosas.
- Pero, ¿Sabe el nombre de esta chica? ¿No recuerda, quizá vagamente, haber visto a Anna hablar con ella en alguna ocasión aquí o en la escuela? – insistió, intentando saber quién era esta misteriosa chica y que hacía con Anna en ese momento.
Escuchó a Kai suspirar de nuevo mientras cerraba sus ojos momentáneamente, volviendo a poner sus manos sobre la mesa, su vista clavada en sus manos juntas. Esperó, no queriendo presionar en nada al señor, pero desesperada por saber más sobre el incidente.
- No sé si lo ha notado, Señorita Winters, ya que al ser su maestra usted la ve regularmente por la escuela; pero mi hija es muy reservada y de carácter fuerte. No le gusta estar rodeada de personas, o que la toquen en absoluto. Debido a su condición, ha crecido con la idea de que las personas van a lastimarla o que pueden llegar a sentir repulsión hacia ella… - pausó momentáneamente, con una pequeña sonrisa adornando sus labios que no llegaba a los ojos. – Podrá parecer ruda en el exterior, pero en el interior, es una pequeña niña llorando desconsoladamente en un rincón.
Al escuchar todo eso, Elsa sintió una creciente ira surgir de lo más profundo de su ser. ¿¡Cómo era posible que Kai y Gerda la hayan criado de ese modo!? ¿¡Que le hayan hecho creer desde muy temprana edad que alguien pudiera sentir asco de ella?! ¡Que solo por ser diferente debía de ser tratada de otro modo!
Sintiendo su cuerpo temblar, esta vez por la rabia que recorría su ser, clavó su vista en el rostro de Kai, transformándose de zafiro a un azul tan profundo como el hielo ártico. Sus manos empuñadas a los costados, su ceño fruncido y sus labios contraídos en una expresión de completa furia. Se levantó de golpe, tirando la silla en el proceso. Su puño golpeó con fuerza la mesa, no sintiendo dolor alguno siendo enmascarado por la indignación y la furia que recorría cada célula de su cuerpo.
- ¿¡Cómo se atreven a criarla de ese modo!? ¿¡Cómo se atreven a hacerle eso a alguien tan especial como Anna?! ¿¡ACASO NO SON SUS PADRES, LOS QUE DEBERIAN AMARLA Y CUIDARLA DESDE QUE LLEGO AL MUNDO?!
Kai tenía los ojos muy abiertos, asombrados y un poco asustados, tomándolo por sorpresa la reacción tan apasionada de la platinada. Sonrió, esta vez era una ligera sonrisa llena de felicidad y comprensión, al ver tal acto de genuina preocupación y enojo en esos ojos zafiro.
- Hemos tratado de cambiar eso, de sacar las malas memorias de su infancia que se han marcado en su alma y corazón, pero ese tipo de cicatrices toman tiempo en sanar. – suspiró de nuevo. – Es difícil borrar los maltratos y el desprecio de un padre que constantemente abusaba de su hija por no ser alguien normal, por ser un fenómeno, una aberración de la naturaleza. Es difícil borrar esas memorias de una pequeña niña indefensa que no tenía a donde huir o quien la salvara.
Al escuchar eso, toda la ira que se había acumulado en su cuerpo se esfumó, siendo reemplazada por una de inmensa angustia, no creyendo lo que estaba escuchando y a donde su mente la estaba llevando por tal revelación. Sintiendo de nueva cuenta las lagrimas recorrer sus mejillas al comprender las cosas.
- Nosotros no somos los padres biológicos de Anna, no fuimos nosotros los que la maltrataron de ese modo. Somos sus padres adoptivos. En cuanto tuvimos la oportunidad de sacarla de ese infierno, no desperdiciamos tiempo y la trajimos con nosotros para mantenerla a salvo.
