Hanabi

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La aparición de una pistola había puesto fin a los avances de Sasori y las negociaciones y plegarias de Hinata. Luego del grito de alarma o sorpresa iniciales el silencio casi le silbaba en los oídos a Hanabi, que no había entendido una sola palabra al notar el brillo del cañón en aquella extraña oscuridad que revelaba demasiados matices.

Sus temores eran confirmados, no podía fiarse de ese buen ánimo y la aparente amistad.

Deidara temblaba, pero ya no por la anticipación, sino por la furia de aquella amenaza de ver sus planes frustrados. Bajó la pistola luego de unos segundos, en que ninguno de los recién llegados intentó hacerle cambiar de parecer o acercarse.

—No se acerquen más, hm —ordenó.

Levantó a Hanabi del suelo y la obligó a caminar, echando un vistazo atrás, para asegurarse de que no los seguían. Sasori tomaba a Hinata por el brazo, deteniéndola.

—¡Deja de perder tiempo, aún puedes remediar esto! —aseguró Sasori. —Si te entregas ahora…

—¿De qué estás hablando? ¡Esta es una exposición de arte! —repitió —. ¡Relájense! Hm.

—¡Perdiste la cabeza!

—¡Solo quiero que Hanabi aprecie mi arte en primera fila! ¡Ustedes podrán hacerlo desde aquí!

—Deidara-sempai… —insistió Hinata, tentando a la suerte y acercándose, pero detuvo sus pasos al verse de nuevo en la mira. Tembló y su voz apenas se escuchó, a pesar del silencio. —Por favor, deje volver a Hanabi.

Los ojos azules centellearon un momento. En su gesto se reflejaba una locura que no sabrían si había sido bien disimulada durante toda una vida o si era en realidad recién nacida.

—Después de esto.

Levantó la pistola al ver que Sasori intentaba acercarse, con el pesar de su corazón. Maestro y alumna levantaron las manos y retrocedieron.

—No se acerquen.


Viernes, 06 de marzo de 2020