N/A: Finalmente puedo marcar como terminado un Fic. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo, y que esta historia los haya hecho por lo menos un poquito más felices. Agradezco en verdad que me hayan dejado hacer esta traducción de esta historia tan bonita y agradezco también a ustedes por haber llegado conmigo hasta el final. Disfruten el último capítulo!
Bruce se encontraba sentado en una banca en el parque por la tarde. No sabía por qué sintió la súbita necesidad de ir, o por qué se fue del departamento, siendo que sería feliz pasando el resto de sus días recostado en el sofá, pero terminó en la misma banca en la que se sentó con Natasha (bueno, su espíritu, para ser más preciso, y los espíritus no pueden sentarse realmente, pero se sentaron justo ahí, en esa banca) aquel tiempo atrás.
Mete sus manos a los bolsillos de su chaqueta y simplemente mira a su alrededor, tratando de empaparse del sentimiento tranquilizador de su alrededor, aún si siente que podría perder el control en cualquier momento. Bruce empieza a hacer algunos de sus ejercicios de respiración para evitar un accidente cuando su teléfono suena, interrumpiéndolo.
En la pantalla se lee "Pepper Potts". En cualquier caso, Bruce se alegra de que no sea Tony.
– Banner – contesta formalmente, esperando que Pepper pueda mantener la conversación corta.
– Hola, Bruce – Bruce puede oír la sonrisa en su voz que probablemente tiene como intención ser confortante y tranquilizadora, pero no se siente así en absoluto. La voz de Pepper se mantiene ligera, aunque puede escuchar que su voz es un poco ahogada, aunque está intentando ocultarlo, y ella complace su deseo silencioso al llegar al punto – Hablé con el dueño del edificio y dijeron que Natasha regresará al departamento – dice, y Bruce se sobresalta ligeramente, cerrando los ojos. Agradece que Pepper no pueda verlo – Como está subarrendado, esperan que puedas moverte lo antes posible. Puedo pedir una semana, tal vez dos, pero…
– No, Pepper, está bien – contesta él con rapidez, interrumpiéndola –. En verdad. Ni siquiera tengo tantas cosas.
Casi puede escuchar a Pepper asentir.
– ¿Quieres que mande la mudanza para mañana? Solo para terminar con esto rápido. Traerían tus cosas a la torre.
– Si, claro – responde sin siquiera pensarlo – Sería genial. Gracias, Pepper.
– De nada – y hace una pausa. Bruce siente que sabe lo que viene – Mira, Bruce… Tony me dijo lo que pasó y sólo quiero decir que estamos aquí para ti, ¿está bien? Siempre.
Y el tenía razón. Parte de él desea no ser tan cínico al respecto, pero el cinismo parece ser la única emoción de la que es capaz por el momento.
– Gracias – contesta con rapidez – Significa mucho Pepper, enserio.
Intercambian algunas palabras más y después de que la llamada termina, Bruce se deja caer de nuevo en la banca en el parque y exhala sonoramente.
Hulk siente necesidad de aplastar algo. En su lugar, Bruce dedica su mente a otro proyecto. Y, contra todo sentido común, toma su teléfono y llama a Tony. Está sesenta y ocho porciento seguro de que lo lamentará en un futuro.
– Mira Nat, Fury tiene razón. No deberías volver tan pronto – dice Clint mientras se sientan alrededor de la mesa en la casa de los Barton. El comedor es el más reciente de los proyectos de Clint del que está increíblemente orgulloso, entonces su lugar preferido para comer (que antes era la cocina), ahora es éste.
Natasha rueda los ojos.
– Steve ya dejó diez mensajes acerca de eso – responde ella – Ni siquiera sabía que aprendió a usar un maldito teléfono con propiedad.
– Y tiene razón – responde Clint – Acabas de salir del hospital, Nat, y odiamos verte volver al campo.
– Me las puedo arreglar por mí misma.
– No dudamos eso por un segundo – esta vez, contesta Laura – Mira Clint, – se gira hacia su marido – es su decisión y sólo su decisión. Si cree que está lista para regresar a trabajar entonces debería hacerlo – dice, y Natasha la mira con gratitud mientras Clint suspira con su derrota – Y cuando regrese quejándose de que debió descansar más tiempo, tendremos la oportunidad de regodearnos. Tal vez incluso de decir "te lo dije". Oh, sé que amas esos.
La expresión de Natasha y Clint cambia súbitamente, con Natasha mostrando irritación (aunque es evidente que exagera para bromear) y Clint con auto satisfacción llenando su rostro. Laura cambia la conversación.
– ¿Entonces regresarás a tu departamento mañana? Llamaré a la mudanza si quieres mover parte de las cosas que traje de tu departamento aquí mientras estabas en el hospital – Natasha asiente, sonriendo.
– Gracias, pero ya llamé y arreglé todo. No te preocupes.
– Jamás – dice Laura, entrecerrando los ojos –, y no me sorprende ni un poco que ya tengas todo bajo control – Laura se gira hacia Clint –. Está lista.
– Si eso dice, madame – responde Clint, besando a Laura mientras ríe. Natasha siente su pecho encogerse como si estuviera perdiéndose de algo, pero lo ignora. Se ha vuelto un sentimiento recurrente desde que volvió del coma, y no logra encontrar la razón por la cual se siente tan… ¿nostálgica? Tan repentinamente. Es como si hubiese algo en el fondo de su mente que no puede alcanzar, como una puerta cerrada que no puede abrir, incluso con sus habilidades.
Además, su mente regresaba una y otra vez a Bruce, el hombre en el hospital que lucía tan decepcionado cuando ella no pudo recordarlo. Por supuesto, siendo la espía que es, investigó acerca de él el segundo que llegó a casa, pero aun así no puede entender las razones que él tenía para estar ahí. No era un médico, pero tenía un doctorado en física, y estaba más que segura que no lo había conocido en persona, incluso si le asignaron a ella el desastre en Harlem. Y, aunque Bruce Banner trabajaba para S.H.I.E.L.D., jamás habían cruzado caminos.
Los Barton tampoco parecían hablar mucho de la situación, entonces Natasha tenía sólo sus propios recursos. Esperaba que tal vez mañana, una vez estuviese en su departamento (aunque no es como que haya estado mucho tiempo ahí, pero era algo cercano a casa) las cosas se aclararan un poco.
Si tan sólo pudiese abrir esa puerta…
Natasha abre la puerta del departamento con la llave en mano y entra, contemplando el lugar que no ha visitado por casi medio año. Se permite unos momentos para asimilarlo todo, antes de que los de la mudanza lleguen. No tiene muchas cosas, entonces esta es la única ocasión que los pocos hombres de la compañía subirán, algo que Natasha agradece en extremo.
– Sólo dejen las cajas donde haya lugar, yo acomodaré luego – los hombres asienten.
– Claro señora Rushman – dice uno de ellos. Una vez que las cajas son entregadas, los hombres se retiran, dejándola sola.
Natasha camina por el departamento, inspeccionando cuidadosamente sus alrededores. Está consciente que Laura y Clint rentaron el departamento, entonces quiere saber si quien sea que se hubiese quedado mientras ella estaba en el hospital hizo algún cambio o tal vez olvidó algo al irse. Natasha disfrutaba saber cada detalle en sus alrededores, algo que es consecuencia de su entrenamiento y que podría brindarle paz sabiendo que está en un espacio seguro y controlado.
Está a medio pasillo cuando escucha algo moverse en el ático. Se sorprende al encontrar las puertas abiertas mientras camina por la corta escalera, y definitivamente no está preparada para lo que le espera ahí.
El ático ahora es un pequeño estudio de ballet privado. El piso está cubierto en suave vinil, y Natasha supone que está preparado para absorber el impacto de ejercicio agresivo. Hay algunas cuantas barras alrededor del estudio a la altura de su cadera y perfectas para ballet. Una pared está completamente cubierta de espejos, que ahora reflejaban la hermosa vista de las ventanas. Había un equipo de sonido preparado, junto con una repisa de CDs llenos de diferentes tipos de música, en su mayoría clásica.
El aliento de Natasha está atrapado en su garganta, y de no ser espía, probablemente no habría escuchado los ligeros pasos que delataban que alguien estaba en la habitación también. Se giró rápidamente sobre sus talones, sólo para ver un hombre sonriendo tímidamente y devolviéndole la mirada, con los brazos levantados como si estuviera rindiéndose: Bruce.
– Hola – dice él y ella puede escuchar el nerviosismo en su voz – Lo siento, sólo… quería que tuvieras tu estudio de ballet – dice – Crear mejores recuerdos.
Se pregunta cómo sabe eso, cómo sabía que quería hacer un estudio en el ático cuando ni siquiera le había comentado a Laura, y mucho menos a Clint, porque, conociéndolo, lo volvería su nuevo proyecto y ella no podría prometer no lastimarlo físicamente después de meses de él tratando de redecorarlo. Natasha quería un estudio de ballet para que pudiese tomar control de sus recuerdos de la habitación roja. Volverlos lo que ella quería, para que pudiese transformar las horribles pesadillas en sólo sueños. Porque ella amaba el ballet, incluso cuando era pequeña, antes de que la KGB la criara, y ella no quería que ellos tuviesen eso por más tiempo.
– ¿Cómo subiste aquí? – pregunta ella, después de bastantes momentos de silencio. Bruce se encoge de hombros.
– La llave de repuesto – dice – bajo el extintor – añade con rapidez.
Natasha asiente, aunque la confusión en su rostro no abandona sus rasgos. Sabe que el hombre no es una amenaza, pero no sabe que hacer con el obvio y extenso conocimiento que él tiene sobre su departamento, especialmente cosas que él no podría saber sólo con vivir ahí.
– La última cosa que quiero es hacer esto más incómodo, entonces sólo me iré – dice, dirigiéndose a la puerta –. Adiós, Natasha.
La puerta en su mente de pronto parece ser menos complicada de abrir, pero aún se rehúsa a moverse.
– Espera – dice. Bruce, quien está casi en la puerta, se gira.
– ¿Sí? – y el tono de su voz podría describirse casi como esperanzado, incluso cuando no puede entender qué es lo que espera.
– La llave – dice – Necesito la llave de vuelta – dice, aunque para Bruce parece que sus pensamientos están en otro lugar. Están de regreso en la puerta en su mente, tratando de reabrirla.
– Oh, cierto – Bruce asiente, sacando la llave de su bolsillo y acercándose a ella.
Natasha aún se mantiene mirándolo con precaución, estudiando sus facciones.
– ¿Cómo te conozco? – pregunta en un suspiro, tan suave que él casi no la escucha.
– Tal vez de tus sueños – dice, casi encogiéndose ante el cliché de la frase. Pone su mano con la llave en ella, y Natasha pone su propia mano debajo de la de él, capturando la llave. De pronto, es como si sus manos tuvieran mente propia, como si fuese memoria muscular, y suavemente acaricia la mano de Bruce, golpeándola suavemente al final.
Sus ojos se hacen grandes y la puerta en su mente se abre, revelando meses de recuerdos volviendo todos a la vez.
Él en su departamento. "¿Alguna vez escuchaste de los posavasos?"
"Jesús" "Prefiero Natasha". Ella estando muerta. O no muerta. O algo entre ambas cosas.
El mismo ático antes de ser un estudio de ballet. Ellos, juntos, mirando la más increíble vista que hayan contemplado a través de las ventanas. "El sol se está ocultando"
Los Bartons. La decisión de cortar el soporte vital. ¿Un cuchillo? Ellos, de pie cerca del coche. "Creo que me habría gustado ser mamá", su secreto. "Serías buena mamá", su respuesta.
Ellos, recostados en su cama, mirándose. Su última noche "Creo que sé cuál es mi asunto pendiente" "¿Cuál?" preguntó él. "Tú", contestó, más segura que nada de lo que ha estado segura en la vida.
"¡Porque la amo!", su confesión.
"Te adoro", su adiós.
Natasha parpadea ante las memorias y después mira a Bruce.
– No era un sueño – dice ella, con los ojos llenos de lágrimas ante sus manos aún unidas. No es una pregunta, pero Bruce contesta de todas maneras.
– No – dice él con una pequeña sonrisa en el rostro, la esperanza en sus ojos.
Entonces, todo cae en su lugar. Todo cobra sentido y ella lo recuerda, recuerda todo, y las emociones llegan a ella, inundándola, y ella jala su mano y lo besa, dejando todo en es beso, cada sentimiento que está sintiendo, cada memoria, cada segundo. Ella lo ama y, mientras sus manos rodean su cintura y las suyas se enredan en su cabello, mientras puede sentir esa pequeña sonrisa que llega a sus labios cuando se besan y tan bien como ella sabe que él está tratando de mantener sus latidos bajo control, ella sabe que él la ama también.
Se separan cuando ambos necesitan respirar, pero ninguno desvía la vista del otro. La mano de Bruce descansa gentilmente en su mejilla.
– Bruce… – su voz es suave y ella no puede creer todo lo que ha pasado, el absurdo camino que la vida les dio. Bruce asiente, su sonrisa cada vez volviéndose más grande.
– Soy yo, Natasha. Soy yo – dice, y ella le sonríe de regreso, besándolo nuevamente, con sus brazos rodeando su cuello.
Se salvaron mutuamente.
Y obtuvieron demasiado a cambio
FIN
