Los libros originales son de E.H. yo adecúo nombres, descripciones y situaciones según corresponda a los personajes de Twilight que dicho sea de paso pertenecen a S.M

CAPÍTULO CATORCEAVO Se terminó la Luna de miel

Al ver a Espada Larga y a la Princesa, los tres dragones volaron hacia ellos,

extendiendo sus enormes garras, y arrojando fuego por sus mandíbulas.

Espada larga se preparó y blandió su poderosa espada.

¡Chaca! El más pequeño dragón cayó al suelo, gritando de dolor por una herida

mortal en su pecho. Sin embargo, los dragones que quedaban se separaron y lo

atacaron por ambos lados. Espada larga redujo a uno que estaba detrás de él

cuándo sintió el rastrillo de las garras de fuego en su espalda. Él se volvió,

cayendo sobre una rodilla.

El último dragón, más grande que el resto de los dragones gritó en señal de triunfo

y se abalanzó sobre él para terminar de matarlo. ...

de Espada Larga

Por la noche el tiempo se redujo, Rosalie era un manojo de nervios. Ella ya no era virgen, así que tal vez ella no debería estar nerviosa—después de todo, ¿a qué debería temerle? Pero a pesar de su familiaridad física, sentía de alguna manera que conocía menos a su marido ahora de lo que lo conocía semanas atrás.

Tal vez uno jamás entendería realmente a un hombre, incluso después de que lo había aceptado dentro de su cuerpo. Era un pensamiento triste a tener en su noche de bodas, y Rosalie frunció el ceño quitó las perlas que colgaban de sus orejas.

Los pendientes habían sido de tía María, y se preguntó lo que esa mujer eminentemente práctica hubiera pensado de su matrimonio. ¿Habría aprobado a Emmett? A ella no le habría gustado la forma prepotente con que había tratado el tío Reggie, eso era cierto. Rosalie sintió un poco de remordimiento.

¿Habría sido el día de hoy un enorme error?

En ese pensamiento, Emmett entró en la habitación. Rosalie despidió a Quick con una palabra suave. Ella se había mudado a las habitaciones de la condesa, sin usar desde que la madre de Emmett las había ocupado. El tío Reggie aún tenía la posesión de la habitación del conde, al menos de nombre-Él había salido de la casa esa noche. Rosalie medio había esperado que Emmett aprovechara la ausencia de su tío para asumir el control de la habitación principal. Pero no fue así.

De nuevo él la sorprendía.

Él caminó hacia ella vistiendo solamente sus pantalones de montar y una camisa bajo una bata de dorado profundo. Eso, junto con el arete balanceándose cerca de su mentón y los tatuajes de las aves volando lo hacían lucir como un exótico príncipe. Uno de esos que podían apoyarse en montañas de almohadas de seda mientras era atendido por un harem de oscuras bellezas. Rosalie evitó ese desagradable pensamiento. Ella no era la belleza de un harem.

Quizás por eso su voz sonó un poco dura cuando ella dijo,

— Hay un poco de vino y galletas y algunos dulces en la mesa que está junto a la chimenea. ¿Te gustaría que te sirviera un vaso?

— No. — Él sacudió lentamente su cabeza mientras avanzaba hacia ella. — No estoy sediento de vino.

— Oh. — Oh, Dios mío. Ella debería hacer algún comentario sofisticado, alguna cosa que lo hiciera pensar que era más que una ingenua mujer sin mucha experiencia.

Un lado de su boca se torció hacia arriba, y ahora la miraba más como un peligroso y exótico príncipe. Rosalie retrocedió un paso y su trasero golpeó contra la cama.

— ¿Nerviosa? — preguntó él, sonando como si estuviera tratando de parecer inocente y fallando abismalmente.

— No, — dijo ella, y la honestidad obligó a modificar de inmediato su declaración. — Bueno, Sí. Sí, estoy algo nerviosa. No soy realmente del tipo seductor.

— ¿No?

— No, — dijo ella casi con aspereza. — Soy práctica y sencilla, y nunca he tenido caballeros aglomerándose a mí alrededor.

Él arqueó una ceja, algo, qué con los tatuajes y todo, le hacía lucir realmente diabólico. - ¿Ningún pretendiente, o admirador, ningún amante prostático desesperado?

Ella hizo una mueca.

- Me temo que no. Soy sólo una joven normal inglesa. -

— Gracias a Dios, — dijo él, y de pronto estaba tan cerca que ella podía sentir el calor de su cuerpo, incluso a través de su camisa y su bata. - Me alegro de que ningún otro hombre vio tu dulce interior. Creo que podría tener que matarlo si hubiera habido otro hombre. -Dijo él ligeramente, pero Rosalie se estremeció con el trasfondo oscuro de su lenguaje. ¿Estaba simplemente seduciendo a una nueva esposa en su noche de bodas, o estaba hablando de algún tipo de verdad? ¿Estaba realmente atraído por ella? ¡Oh, cómo deseaba que lo estuviera! Ser deseaba simplemente por sí misma y no por otra razón era un desesperado deseo en su interior. Pero ella se apartó de la idea, cuando él inclinó la cabeza, bajándola de forma que pudo poner sus labios justo en la unión de su hombro y el cuello. La sensación era a la vez extraña, y en parte delicada, y erótica por otra parte.

Ella sintió realmente un escalofrío desde la punta de su hombro hasta la unión de sus muslos. ¡Dios mío, si podía hacer esto con sólo un beso en el hombro, por el amor de Dios, ella no tenía ninguna esperanza! ¿Cómo podía ella estar en igualdad en este matrimonio si su simple toque la convertía en un charco de añoranza? No podría hacerlo. Iba a tener que llevar a su chica ordinaria-de maneras inglesas- de una mano y darle la vuelta de alguna manera. Ella no sería capaz de decirle que lo amaba, pero sin duda podía demostrárselo con su cuerpo. Con ese pensamiento en mente, se acercó a su esposo. Deslizó sus manos a lo largo de su bata de seda, sintiendo el calor que desprendía por debajo su cuerpo. La última vez él le había ordenado que lo desvistiera. Esta vez ella no esperaría sus instrucciones.

Comenzó a bajar la bata por sus hombros. Él seguía besándola en su cuello, pero emitió un pequeño gruñido en su garganta, al sentirla en acción.

Ella echó mano de todo su coraje, y continuó desabotonando su camisa, feliz de ver de nuevo la expansión de su pecho. Él tenía un pecho adorable, ancho y musculoso, y todavía bronceado en un café oscuro. Ella lo urgió a levantar sus brazos y le sacó la camisa.

Tal vez fuera porque ella estaba tratando de ir despacio, para seducirlo, pero esta vez sintió Algo en su espalda que la última vez no estaba. Tiró la camisa a un lado junto a la bata y movió las manos alrededor de su espalda. Tenía protuberancias allí.

Qué extraño. Eran casi como si…

Él tomó sus manos y las alejó de su espalda, sosteniéndoselas entre sus cuerpos mientras la besaba apasionadamente. La lengua de él invadiendo su boca, ella la atrapó con sus labios y la succionó. Él soltó sus manos, y ella las deslizó sobre su pecho, glorificándose en el placer de sentir su piel. Ondeó sus manos más abajo y alcanzó la cinturilla de sus pantalones.

A ciegas buscó los botones, ese trabajo se volvió más difícil cuando Emmett comenzó a acariciarle los pechos con las manos.

Ella rompió el beso, jadeando.

— Me distraes haciendo eso.

— ¿Qué?, ¿esto? — preguntó él inocentemente, y pellizcó sus pezones.

— ¡Oh! — Ella consiguió abrir los dos primeros botones en el bajo de su pantalón e insertó sus dedos en el interior, rozando la carne dura.

Emmett murmuró en voz baja, luego, abruptamente, la dejó que bajara sus pantalones y calzoncillos. - Vamos a continuar con esto en la cama. –

Él retrocedió hacia la cama, llevándola junto a él, y luego se acostó contra las almohadas. Ella subió a su lado, situándose sobre las rodillas. Él estiró los brazos cruzados detrás de la cabeza.

El vello bajo sus brazos era negro y tupido, y sus antebrazos se abultaron con la flexión de sus músculos.

Rosalie sintió como se calentaba su vientre ante la vista. Ella bajó sus ojos. Su pene estaba recto ahora pero no totalmente erecto. La última vez que habían hecho el amor, él la había dirigido en su exploración. Bueno, ahora, pensó, ella deseaba hacer solamente lo que deseara.

Se inclinó un poco hacia delante y acarició un poco sobre su polla, y esta se balanceó en reconocimiento.

Ella sabía que a él le gustaba un toque firme—ya se lo había mostrado antes-. Ella lo rodeó justo sobre la hinchada cima, midiendo el ancho con su pulgar y su dedo índice.

Él se movió por debajo de ella.

— Ven aquí.

Entonces, ella se arrastró encima de él, este hombre gigante le pertenecía ahora, y cuando ella se acercó a su rostro, lo tomó entre sus palmas y lo besó. Tal vez sus experiencias pasadas podrían haberlo vuelto un hombre duro, en ocasiones cruel, pero ella se regocijó de ellas, si lo habían traído a casa vivo. Así que ella lo besó profundamente, moviéndose contra él, y él la acomodó como le gustaba, desplazando sus piernas sobre las caderas de él a cada lado de su cadera de tal forma que quedara sentada sobre él. Ella se corrió hacia atrás y lo miró con una pregunta silenciosa y Él asintió con la cabeza.

— Cabálgame. —

Ella se elevó y se quitó la camisa para estar tan desnuda como lo estaba él. Esta era la consumación de su matrimonio, y ella deseaba unirse a él de la misma forma, desnuda ante Dios. Cuándo bajó nuevamente, sus pliegues húmedos se unieron a su dureza.

Ella lo miró.

— Esta vez lo harás tú. Colócate dentro de mí. — Él encontró sus ojos y puso su mano entre ellos, allí abajo, rozando contra ella.

— ¿Así? — preguntó él, y ella sintió el primer empuje, su estrechez iba cediendo mientras la cabeza entraba en ella.

— Sí, justo así, — ella susurró, completamente cautivada por lo que él hacía.

Los labios de él se tensaron.

Ella se inclinó un poco hacia adelante, agarrándolo de los hombros, entonces él empujó hacia arriba y de repente estaba totalmente adentro. Estaban unidos completamente. Vinculados por sus cuerpos y por los votos que habían hecho. Ella se estremeció un poco ante aquel pensamiento, y sus ojos se encontraron. ¿Sentiría él también la importancia de ese momento también? Ella no podía estar segura, sus ojos eran negros y sin fondo, imposibles de leer.

— Cabálgame, — dijo él otra vez.

Y así lo hizo. Ella se levantó con cuidado, dejándolo deslizarse desde sus profundidades y luego empujando nuevamente hacia abajo, jadeando mientras la rellenaba. Él tenía los ojos bajos, el labio superior ligeramente levantado mostrando los dientes. Él puso las palmas sobre sus pechos con sus grandes manos, moviendo rápidamente los pulgares sobre los pezones, y ella reprimió el impulso de cerrar los ojos. Esto era importante. Este era un acto de sagrada importancia, y ella quería estar al tanto de cada instante.

Ella se inclinó hacia adelante, moviéndose contra él, y aceleró su paso. Estaba tan cerca ahora de alcanzar esa horrible felicidad. Podía sentir su cuerpo Podía sentir su cuerpo apretando mientras cabalgaba hacia su liberación.

Su polla estaba dura y resbaladiza, y ella giró sobre él, rechinando los pliegues contra él complaciéndose a sí misma incluso mientras le complacía. Él arqueó la cabeza hacia atrás, con los ojos entrecerrados y ella se lanzó hacia adelante para lamer su pezón y él gimió. Ella observó como sus inteligentes ojos negros se desenfocaban.

Lo vio cuando abrió su boca y gritó. Se arqueó debajo de ella, su cuerpo formando un arco tenso, y ella se aferró a los hombros de él para mantenerse en su sitio incluso mientras ella sufría un espasmo, inundando su vientre de dulce placer.

Ella cayó contra su pecho subiendo y bajando, con la boca abierta, y probó la sal sobre su piel incluso mientras otra ola la golpeaba. Cerró los ojos y hundió la cara contra su fuerte cuello.

Había sido casi perfecto.

Ella estaba contra él, sobre él, y sintió su pecho subir y bajar por debajo de ella. Podría quedarse aquí para siempre, perdida en esta felicidad posterior al acto, pero con el tiempo el mundo exterior se entrometería. Así que ella hizo la pregunta que había estado reteniendo desde que él se quitó la camisa.

- ¿Cómo te hiciste las cicatrices en la espalda? –

Él debería haberse dado cuenta que ella las había visto en medio de su seducción, pero no obstante su pregunta fue un shock inesperado. Por un momento, él consideró ignorarlo o incluso fingir que no sabía lo que ella estaba preguntando. Pero ellos estaban casados ahora. Ella lo había visto muy pronto-y lo vería por muchos años por venir, si Dios quiere.

Así que se preparó y le dijo:

- Te lo diré una vez, pero no quiero volver a hablar de ello otra vez. ¿Entendido? -

Él pensó que ella iba a hacer un mohín o, peor aún, se iba a sentir herida por su tono cortante, pero ella simplemente lo miró con aquellos grandes ojos grises.

- Muy bien. ¿Puedo ver? -

Él frunció el ceño, mirando lejos, pero luego, abruptamente, se dio la vuelta de manera que su espalda fuera para ella. Rosalie abrió la boca y luego se quedó en silencio.

Cerró los ojos, imaginando lo que ella vio. Él se había mirado en el espejo una vez y sólo una vez - su espalda era una masa de cicatrices. Finas y blancas, talladas por el bronceado de su piel. Las más gruesas, eran cicatrices enrojecidas, las que ella había sentido antes, acordonaban su espalda desde la mitad hasta la derecha de la cadera.

Ella preguntó,

— ¿Cómo te sucedió esto? —

Él se volvió hacia ella, con sus ojos todavía cerrados.

— Fue el Segundo invierno que pasaba con la familia de Gaho.

— Cuéntame, — dijo ella simplemente, y él abrió los ojos para ver que ella lo estaba mirando. Su rostro estaba sin revestimiento, pura y hermosa, su pelo dorado todavía peinado hacia atrás. Ella cubrió sus pechos con las sábanas, pero sus blancos hombros todavía se revelaban.

- tuvimos más alimento al llegar la primavera. - Inclinó la cabeza para concentrarse en las cortinas. – Los osos y los ciervos estaban más delgados por el invierno, pero eran más fáciles de cazar. Y las mujeres reunieron las bayas y las verduras de los bosques y campos, una vez que las cosas verdes empezaron a crecer.

- Las cosas iban mejor, - dijo Ella en voz baja. No había impaciencia en su voz, a pesar de que él estaba evitando la razón de esta historia.

- Estos fueron mejores, Sí, - dijo él. - Y yo debería haberlo estado, también. Había mucho finalmente que comer después de un invierno de hambre. Sin embargo, los veranos pueden ser muy calientes en esa parte del mundo. Calientes y húmedos y creo que la combinación infiltraron mis pulmones. Me puse muy enfermo con fiebre y purga. Gaho y las otras mujeres de su familia me atendían, pero hay días de los que no tengo ningún recuerdo.

— Que horrible, — Rosalie dijo, enlazando sus dedos con los de él. — Pero sobreviviste.

— Sí, pero casi no lo hago, — dijo él. — Y luego. . . — Extraño, él podía sentir el sudor comenzando en su espalda con solo ese recuerdo. Respiró profundamente, peleando con las náuseas que subieron a su garganta. Estaba tan avergonzado de ese evento.

— ¿Qué sucedió? —

Él respiró.

- Gaho había salido del campamento para asistir a una ceremonia. Ella fue con sus dos hijos y sus esposas y su marido. Yo estaba demasiado enfermo para viajar. Sólo yo, un hombre un poco viejo, una mujer esclava, y Sastaretsi quedamos atrás. Dijo que tuvo una discusión con el jefe de la tribu a la que Gaho y su familia se fueron a visitar, pero creo que él se quedó solo para matarme. -

Rosalie se quedó en silencio, pero ella apretó sus dedos.

Emmett cerró los ojos, tratando de mantener la voz firme, recordando el horror de estar en poder de otro.

— El que yo estuviera vivo había herido profundamente el orgullo de Sastaretsi. Él lo había tomado como una afrenta personal que yo no hubiera sido torturado hasta la muerte para su mayor gloria. Cuando estuvimos cerca de morir ese invierno, Creo que esperó su momento debido a que la tribu necesitaba otro buen cazador. Pero cuando me puse enfermo aquel verano, él vio su oportunidad.

- ¿Qué fue lo que hizo? - Pregunto Ella.

- Él vino por mí en la noche. Yo estaba atado y todavía débil por la fiebre. Yo no tenía ninguna posibilidad, pero luché de todos modos. Yo sabía que estar en sus garras sería fatal.

- ¿Pero él te cogió a pesar de tú resistencia? - Pregunto Ella en voz baja.

Él asintió con la cabeza. Las palabras parecían atoradas en su garganta, y su pecho le dolía como si no pudiera respirar. La sensación de las manos de otro hombre en el cuello, a sabiendas de que no era suficientemente fuerte como para separarlo. De repente, él olía a grasa de oso caliente, amarga y fuerte.

Imposible. Lo estaba imaginando. Nadie se unta con grasa de oso en Inglaterra. Sin embargo, Sastaretsi lo hizo en aquella tierra tan lejana. El hedor se hacía más espeso en su nariz esa noche.

- Emmett - oyó llamar a Rosalie. - Emmett, no es necesario seguir adelante. -

- No, - él lanzo un grito ahogado. - No. Voy a decir esto una vez y nunca más. - Se tumbó por un momento, sólo para respirar, tratando de sacar el olor de la grasa de oso de su nariz. A continuación, dijo - Él me tomó y me ató a una estaca, y me golpeó. Una y otra vez. Él rompió palos contra mi espalda, tallando largas líneas en mi carne, y cuando me desmayaba, él me despertaba para empezar todo de nuevo.

Se quedó en silencio, Ella puso sus dos manos alrededor de las suyas.

- Tenía la intención de matarme. A torturarme hasta que yo le rogara y luego quemarme vivo.

- Pero tú no estás muerto, - dijo Rosalie. Ella sonaba urgida.. - Has sobrevivido. -

- Sí, he sobrevivido, - dijo él. - Yo sobreviví al negarme a emitir un sonido. No importaba lo que me hacía, no importaba cuanto me golpeaba o hacía correr mi sangre, me quedé en silencio. Y luego un milagro ocurrió.

Él miró a su protectora esposa. Nunca debería haberle dicho esta historia, nunca debería haberle permitido escuchar la oscuridad que había sufrido, la vergüenza.

- ¿Qué pasó? -

- Gaho y su familia regresaron, - contestó Él, simplemente, las palabras de ninguna manera transmitirían lo extrañado que se había sentido ante ese evento. - Ella me dijo más tarde que había tenido un sueño. En el sueño, una serpiente estaba luchando con un lobo, y la serpiente había hundido sus colmillos en el cuello del lobo. Ella dijo que esa era la voz de su padre que le dijo que la serpiente no debía ganar. Cuando se despertó ella acortó el festejo y volvió a casa.

- ¿Qué hizo ella? - le preguntó Rosalie.

La boca de Emmett se retorció.

- Ella me salvó de la muerte. Me liberó, me dio agua, lavó y vendó mis heridas, y en la mañana del día siguiente, me dio un cuchillo y me dijo que hiciera lo que debía.

- ¿Qué es lo que tenías que hacer? -

- Matar a Sastaretsi, - contestó el. - Yo estaba débil, sufriendo por la pérdida de sangre y por la enfermedad, pero tenía que matarlo. Él sabía lo que iba a hacer, incluso sin la autorización de Gaho, yo no podía dejarle vivo - y aunque él pudo haber huido en la noche, en lugar de eso se quedó a pelear conmigo. -

- Y ganaste, - dijo Ella.

— Sí, gané, — dijo él, sin sentir para nada regocijo.

Ella suspiró y se apoyó contra su hombre.

— Me alegro. Me alegro de que hayas matado a Sastaretsi. Estoy feliz de que hayas sobrevivido.

— Sí, — dijo él suavemente. — Así como yo.

Si él no hubiera sobrevivido, ella no estaría en sus brazos justo ahora. Eso al menos era bueno.

Emmett cerró los ojos y sintió la suave calidez de su esposa, la esencia de mujer y flores alrededor de él.

Escuchó su respiración nivelada y profunda como si ella se hubiera dormido, y dio gracias de que podía vivir este momento, a esta mujer.

Tal vez hizo todo lo que antes había valido la pena.

- Madrugaste para ser un hombre recién casado, - Vale, dijo alegremente una semana después. - Tal vez tuviste demasiado sueño la noche anterior. – Carlisle Cullen, caminando al otro lado de Vale, resopló. Los tres hombres se paseaban por una moderna calle de Londres para disuadir a los fisgones, su rápido paso, se debía a que el viento estaba muy frío.

Emmett frunció el ceño a los dos. Era una hermosa mañana, y había dejado a su nueva esposa durmiendo en su cálida cama de manera que pudiera venir consultar con estos dos bufones.

Y ellos ni siquiera apreciaban su sacrificio.

- Podemos darte un poco de ayuda, si es necesario - continuó Edward, tan insensato como siempre, - en las maravillas de la felicidad conyugal. Por lo menos yo puedo. - Miró a Cullen como preguntándole.

- Como yo puedo, - replicó el Americano. Su boca estaba recta, pero algo en él hizo parecer que se estaba riendo.

- Me alegro de oírlo teniendo en cuenta que estás casado con mi hermana, - replicó Emmett con poco de filo en su voz.

La expresión de Cullen no cambió, pero su cuerpo parecía más tenso.

- Tú no debes preocuparte de como cuido de Esme. -

- Es bueno saberlo. -

- Ahora, Ahora, - Vale, dijo con un dulzón tono de voz que recordaba repugnantemente al de una niñera de guardería. – yo ya le di una paliza por cortejar a Esmi. -

Emmett levantó sus cejas.

— ¿Lo hiciste?

— Él no lo hizo, — Cullen fue diciendo, aunque Vale asintió con la cabeza felizmente. — Lo lancé por las escaleras.

Vale apretó los labios y miró hacia el cielo.

- No recuerdo muy bien, pero me doy cuenta cómo tú recuerdo sobre ese evento se ha vuelto brumoso.

- Ahora, mira, - Cullen comenzó tranquilamente, con un hilo de diversión en su voz.

- Señores, - dijo Emmett, - tenemos que llegar al meollo de la cuestión, ya que es en realidad sólo una semana después de mi boda y mi encantadora esposa realmente me espera para que la atienda.

- Muy bien. - Cullen asintió Con la Cabeza, serio ahora. - ¿Qué has descubierto desde que te vi por última vez, Edward?

- Hay rumores de que tanto el traidor de Spinner Falls era un noble y que su madre era francesa, - Vale, dijo rápidamente.

Cullen ladeó la cabeza.

- ¿Y de dónde sacaste esa información? -

- Withlock, - dijo Emmett, Vale le había contado sobre la reunión que habían tenido tiempo atrás. - El primer trozo de información que tenía le llegó de un colega Francés, el segundo…

- Él lo consiguió de King, - Vale, dijo, - aunque él no se dignó a compartir la información conmigo hasta el mes pasado. -

Cullen lo miró con curiosidad.

- ¿Por qué no? -

Vale parecía avergonzado.

- Creo que, por mi culpa, - dijo Emmett. - Mi madre era francesa. -

- Por supuesto. - Cullen asintió con la cabeza.

- Sin duda pensó que si ya estaba muerto, no tenía sentido poner en duda a mi nombre, - Emmett dijo secamente. - Pero como sucede que no estoy muerto..

- Ahora tenemos que pensar en otra cosa que entre los sobrevivientes había una madre francesa, - Vale, dijo sombríamente. - Porque quien quiera que sea debe ser el traidor. -

- Pero no hay nadie más, - dijo Cullen.

Emmett hizo una mueca.

- Si estás sugiriendo que soy yo -

- No seas ridículo, - Cullen rompió. - Basta con escuchar. No eres tú, yo, Vale aquí, Withlock, keylor, Ateara, Embry Call, y Clearwater-He hablado con todos ellos. -

- Sí. - Vale, dijo. - Y todos son de Londres y, probablemente, tenían antepasados corriendo en los azules al momento de la invasión romana.

- Thornton, Horn, Allen, Uley y Craddock están muertos, - Cullen continuó, - pero nosotros los investigamos a fondo. Ninguno de estos hombres tenía madres francesas. Simplemente no hay nadie que haya sobrevivido quien podría ser el hombre.

- Entonces, tal vez se trataba de alguien asesinado, - Emmett dijo en voz baja. - A pesar de que no tiene sentido. -

- ¿Quién más tenía una madre francesa? - Vale preguntó.

- Clemmons tenía una cuñada francesa, - Cullen, dijo, pensativo-.

- ¿Él? - Vale miró. - No tenía ni idea. -

Cullen asintió.

- Él lo mencionó una vez. La esposa de un hermano menor, pero ella está muerta. -

- No se ajusta en todo caso, - Emmett dijo con impaciencia. - No a menos que la fuente de Withlock fuera inexacta.

Cullen negó con la cabeza.

- Tenemos que hablar con Withlock, ver si tiene algún recuerdo, - dijo Emmett.

- yo envié a un mensajero a él hace algunas semanas, - Vale, dijo. - Pero el hombre no ha respondido. -

Emmett gruñó. Withlock era conocido como un recluso, pero ellos necesitaban sus recuerdos, también.

Tal vez tendría que llevar a Rosalie de viaje a Escocia.

Pero primero existían asuntos más urgentes que atender.

- Pienso defender mi caso ante el comité especial del Parlamento mañana - Dijo el a los otros dos. - Para que yo pueda recuperar mi título como el conde de Blanchard. Y me gustaría su ayuda.

Vale levantó una ceja.

- tú la tienes, por supuesto, pero ¿qué tienes en mente? - Emmett miró sobre ellos para asegurarse de que nadie estaba prestando atención especial a su conversación y luego dijo: - Tengo una idea...

Rosalie expuso sus herramientas de encuadernación de libros con cuidado. Ella siempre estaba emocionada al comenzar un nuevo proyecto. Le gustaba la anticipación de tomar ya sea un viejo y desmoronando libro y ponerlo en orden o tomar lo que era esencialmente un fajo de papeles y convertirlo en un hermoso libro. Era casi un arte, de verdad. Y para ser justos a ella le gustaban sus herramientas y materiales. La diferencia de tamaño de sus carpetas perfectamente alineadas, las agujas en su cajita, los carretes de hilos alineados a lo largo del borde superior de su mesa de trabajo. Más tarde vería a través de sus suministros de papel cual era más bonito para la tapa superior, pero por el momento ella sólo estaba interesada en el corte, plegado y costura.

Tarareó en voz baja para sí misma mientras trabajaba, muy contenta, y así fue que con alguna sorpresa escuchó el reloj en el pasillo y se dio cuenta de que era casi la hora de la cena.

Pasos y voces masculinas sonaban en la sala, y ella ladeó la cabeza, escuchando la voz de su marido. Levantó la vista cuando la puerta de su pequeño salón se abrió.

— Ah, Aquí estas, — Emmett dijo mientras caminaba dentro.

Ella sonrió, porque parecía que no podía dejar de sonreír como una tonta al ver a su marido. Todos los días desde que se había casado con él, se hallaba más cautivada por él-y el conocimiento de eso la incomodaba. Él todavía no decía que también la amaba, y pocas veces le mostraba su afecto, excepto en la intimidad de su dormitorio. Tal vez eso era normal en un matrimonio de la alta sociedad. Tal vez hasta el más caballero tenía problemas para expresar afecto.

Dios, eso esperaba ella.

Rosalie miró ciegamente a su mesa de trabajo.

— ¿Disfrutaste tú visita con Lord Vale?

— Disfrutar, no es exactamente la palabra apropiada. — Él se instaló al lado de la mesa. — ¿Qué es esto?

— Un libro que estoy uniendo para Lady Vale. — Ella lo miró. — Es para tú hermana. Aparentemente, tú niñera lo leía para ustedes cuando eran niños.

— ¿De veras? — él se inclinó sobre el hombro de ella, estudiando las páginas que estaba cociendo. — Diablos. Es el cuento de Espada Larga — Una sonrisa iluminó su rostro. Ese era mi favorito.

— Entonces quizás debería hacer un libro para nosotros también— Rosalie dijo ligeramente.

— ¿Por qué?

— Bueno. . . — Ella miró hacia abajo sus manos, siguiendo cuidadosamente los dibujos del tejido de su falda. — Para nuestros hijos, naturalmente. Estoy segura que te gustaría leerles el libro que te gustaba cuando eras niño.

Él se encogió de hombros.

— Si así lo deseas.

Rosalie frunció su nariz, frunciéndola con fuerza para evitar las estúpidas lágrimas.

Estúpida de ella sentirse herida por el tono displicente que él usó. Ella tomó aliento — ¿De qué hablaste con Lord Vale? —

— Sobre mi título, — dijo él. — Intento recuperarlo mañana, si tú recuerdas.

— Desde luego. — Ella se ocupó de sus herramientas. Él sonaba tan seguro, pero los rumores de su locura todavía corrían por las calles de Londres.

— Y una vez que la obtenga, esta casa será solo mía.

— Espero que no olvides que mi tío Reggie y yo permaneceremos aquí también. — Ella trato de decir esas palabras suavemente.

— No seas tonta. — él frunció el ceño.

— No soy tonta, — dijo ella, tirando de su hilo fuertemente. — Es solo que . . . —

— ¿Qué? — él preguntó duramente.

Ella hizo a un lado su trabajo y lo miró, tomando una profunda respiración. — Estás tan obsesionado con recuperar tu título, tu dinero, tus tierras, todo lo que perdiste, claro que yo lo entiendo, pero hay algo más que eso que tu puedes pensar.

— ¿Qué quieres decir? — preguntó él, su rostro anguloso y afilado.

Rosalie levantó su mentón.

— ¿Has pensado acerca de lo que harás una vez te conviertas en el Conde? —

— Manejaré mis haciendas, atenderé mis tierras e inversiones. — Él ondeó impaciente la mano. — Que otra cosa sugieres que haga?

Ella puso una mano sobre su mesa de trabajo, agarrando el borde. ¡Él podía ser tan intimidante cuando estaba enojado!

— Podrías hacer muchas cosas buenas como Conde…

— Y esa es mi intención, — dijo él.

— ¿La es? — La voz de ella sonó fuerte, y eso ya no le importaba. Él estaba desestimándola a ella y a sus pensamientos con una mano. — Porque todo de lo que te he oído hablar es de tu casa, tu dinero, tus tierras. ¿Has pensado en cómo será tú vida una vez tú ya tengas todas esas cosas? ¿Te sentarás en la Cámara de los Lores? Serás capaz de votar los proyectos de ley ante el parlamento, incluso ser un campeón para los tuyos si lo deseas.

— Me estás hablando como a un niño, Rosalie, — él se enojó. — ¿A dónde intentas llegar?

— Hay un proyecto de ley que se presentará mañana, — dijo ella antes de que pudiera perder su coraje—El proyecto de pensión para los veteranos del Sr. Wheaton. Proporcionaría a los soldados del Ejército de Su Majestad una pensión, así ellos no tendrán que mendigar en las calles.

Él agitó una mano desdeñosamente.

— Yo no tengo tiempo para eso ahora.

Ella cerró de golpe la mano por sobre su escritorio, haciendo que el libro se deslizara al suelo. Él se volvió, mirándola con asombro.

Rosalie se irguió.

- ¿Cuándo tendrás el tiempo, Emmett? ¿Cuándo? -

- Ya te lo dije, - dijo Él con frialdad. - Después de que asegure mi título. -

- Entonces, ¿en ese momento de repente empezarás a preocuparte por los demás? ¿Es eso? - Ella había empezado a temblar. Esta discusión ya no era sobre el proyecto de ley del Sr. Wheaton. De alguna manera se había convertido en algo más grande. - Dime, Emmett, ¿me amas?

Él inclinó la cabeza, mirándola con recelo.

- ¿Por qué me lo preguntas ahora?

Ardientes lágrimas picaban sus ojos, pero ella los mantuvo abiertos, mirándolo fijamente.

- Porque creo que has mantenido tus emociones bajo tan estrictas riendas durante tanto tiempo que ya no sabes cómo liberarlas. No creo que puedas cuidar de otros en absoluto.

Y diciendo esto, ella lo dejó solo en la habitación.

Continuará…