Capítulo 16: Una voluntad indomable.


- ¿Has vuelto a escapar de la compañía? - Se acercó un pequeño Eevee de 12 años al único Pokémon que reconocía como su hermano mayor a pesar de pertenecer a padres diferentes y jamás haber interactuado con su verdadera madre.

- Todos ahí me odian desde que evolucioné... - Habló con la cabeza abajo, apenado de que el Pokémon que más quería lo viera en ese estado de ánimo. - ¡Lo intento y lo intento pero aún así yo...! - Se detuvo un momento para tragarse su frustración. - No soy como ellos... - Pudo hablar tras sentir el calor de su hermano abrazándolo con su pequeño cuerpo. - El jefe me ha regañado de nuevo por mi pésima actuación, y el resto del grupo sigue enfadado conmigo por la forma que he adquirido sin desearlo. - Vio su reflejo en un pequeño charco, observando un rostro de Espeon al que aún necesitaba tiempo para acostumbrarse pese a que muchas veces lo había visto en la imagen principal de su compañía.

- ¡No hacen falta dos Pokémon iguales en el grupo! - Exclamó Espeon agitando el agua con una de sus patas frontales. - Es lo que le ha dicho el jefe a mi hermana antes de forzar en ella una piedra fuego y quitarle el papel principal para dármelo a mí. Ella es la mejor actuando y la que más ilusión tenía de ser un Espeon para representar a la compañía. ¡Ahora no es más que la bufón del grupo en la compañía!

- Tranquilo. - Le acarició Eevee el lomo a su hermano y se paró sobre sus patas traseras para intentar limpiar las lágrimas de su rostro. - Sé que ella saldrá adelante de su predicamento y confío en que tú serás un gran protagonista un día. - Esperaré impaciente por verte en el gran escenario, hermano Levigis.

- Venko... - Volteó a buscarlo pero nadie había ya a su lado. Se encontraba solo en el campo abierto a las afueras de la ciudad bajo un firmamento completamente iluminado por Hoenn y Kalos, en conjunto con la vía de estrellas que cruzaba la bóveda celeste, y que desde su posición parecía separar a un satélite natural del otro. - ¿Por qué nos has abandonado? - Se cuestionó bajando las orejas, emitiendo un gran suspiro, tratando de buscar una respuesta en las estrellas. Un viento afable meció su pelaje como si intentase acariciar su espalda sutilmente.

A los pocos días después de ese encuentro entre hermanos un terremoto azotó gran parte de la región en una noche como cualquier otra. Muchos edificios y estructuras se derrumbaron sobre sus cimientos. Para suerte de muchas familias, pocas fueron las víctimas letales que resultaron de aquél desastre natural. Quienes no corrieron con tal suerte fueron los Pokémon de la compañía de teatro "Evolución" al perder a uno de sus integrantes principales dentro del teatro cuando este se colapsó mientras pasaba la noche en vela ensayando; esforzándose para mejorar su acto antes de su gran debut. Levigis fue reportado muerto de manera oficial al día después que se suscitó el terremoto.

- ¡Hermano! - Se despertó Espeon de manera abrupta en la caja trasera de la camioneta en movimiento tras un fuerte salto de esta al pasar por un gran bache. Intentó regañar a Amaranto y pedirle que tuviera más cuidado. Antes de poder decir la primer palabra, algo en su interior ocasionó un dolor punzante en su estómago que lo llevó a recostarse de nuevo sobre el metal de la caja. Un sabor a óxido inundó su boca y un poco de sangre escapó por un lado antes de poder tragarla de vuelta. - No me queda mucho tiempo. - Pensó volteando a ver a Magenta para confirmar que siguiera dormida en lo que se limpiaba la boca con la punta de su cola. - Debo llegar al clímax cuanto antes. - Contempló el paisaje natural montañoso por el que iban ascendiendo para tratar de distraer su mente de los pensamientos ominosos que buscaban dañarlo mentalmente.

Por otro lado no muy lejos de ahí, una pequeña reunión en un bar ubicado en medio de un pueblo abandonado en la laguna, estaba comenzando a celebrarse con Pokémon de todo tipo llegando a diferentes tiempos. El dueño del Bar, un Gumshoos, los recibía con gusto y les preparaba tragos sin cobrar un punto de Plata o un centavo a los presentes, sin embargo a pesar de su servicialidad poco quería relacionarse con ellos y mucho lamentaba el día en que el jefe de aquél grupo seleccionó su local como punto de reunión para su gremio de mercenarios.

- ¿Qué ocurre? ¿Por qué nos han citado a todos de pronto y qué ha sido ese mensaje que se escuchó por el comunicador? - Preguntó un Hawlucha en un tono de voz bastante agresivo pero que intentaba sonar cordial, seleccionando cuidadosamente las palabras adecuadas con los modales correctos después de dar un afectuoso y sincero saludo a todos los presentes en el bar apenas cruzó la entrada. buscó entonces el primer asiento disponible en una mesa junto a un Diggersby y una Breloom que parecían estarlo esperando pese a que era la primera vez que se veían los rostros.

- A juzgar por el tono de voz, tú debes ser Camberto, el vigilante. - Habló la Breloom sin levantar el cuello para mantener oculto su rostro debajo de su sombrero natural. - Tienes exactamente la cara de tonto que siempre imaginé al escuchar sobre tu manera de actuar. - Añadió antes de continuar con su presentación. - Yo soy Ozette, la matriarca, el bandolero a mi lado es Sinoa. - Extendió su mano desde su asiento estirandola varias veces el tamaño de su cuerpo hasta alcanzar a Hawlucha aún de pie.

- Veo que se ha reunido mucha gente. - Contó Hawlucha a todos los presentes de manera rápida, incluyendolo a él y al bartendero en ese momento había 10 Pokémon dentro del negocio. - No estoy con el tiempo para conocerlos a todos puesto que prefiero trabajar de manera individual bajo mi propia justicia. Sólo he venido porque el jefe me lo ha pedido como un favor. Debo admitir que tampoco estoy contento con él desde que decidió prestar el servicio de Fracción Roja al miserable de Vanadio. Ese Aggron poco agraciado intelectualmente terminará por sumir al país en una desesperación más grande de la que hemos visto hasta ahora.

- Calma hermano que se te ve un poco frustrado. - Respondió Diggersby con una sonrisa que dejaba ver sus descuidados dientes una vez que Hawlucha tomó asiento. - Lo que te hace falta es dar un buen follón. - Añadió. - Si lo que quieres es una buena conejita o conejito solo dime y yo me encargaré de traerlo aquí para tu disfrute por un módico precio. - Terminó por ofrecer sus servicios aún cuando Hawlucha ya había negado la oferta con un ademán de su mano desde la primer oración.

- ¿Desde cuando a un mercenario le importa lo que ocurra con este país? - Respondió un viejo Thievul llamado Luin desde la mesa de al lado. - Plata hace tiempo que dejó de ser lo que era y nadie hay entre nosotros que pueda regresarlo a su antigua gloria. - Hizo una pequeña pausa. - La única realidad que tenemos a cual aferrarnos es la de jugarse la vida por un poco de dinero en un trabajo mal habido. Un hombre que puede soñar es un hombre al que le hace falta madurar.

- Deja la palabrería para el otro mundo, anciano. - Se metió a discutir con él un Mudsdale que respondía al nombre de Balacruf, de voz muy grave, hablando con mucha lentitud. - No sé qué le has dicho a Dusknoir pero seguro que pronto regresa por ti al darse cuenta de que le has engañado con uno de tus discursos falaces. - Rió de una forma poco natural y pausada. El Whirlipede que completaba su mesa intentó decir algo pero al no poder abrir la boca desde que evolucionó solo le escucharon refunfuñar con gruñidos mientras su ojo se hinchaba molesto.

- ¡¿QUIERE ALGUIEN CALLAR A TRIET?! ¡NO PUEDO ESCUCHAR MIS PROPIOS PENSAMIENTOS! - Gritó con fuerza un Farfetch'd llamado Hakonesia desde la última mesa; para él esa era su forma natural de hablar. Con Raudez un Druddigon sentado a su lado le dejó caer su pesada mano, haciendo que el Pokémon pato se desplomase sobre el suelo.

- Tú callar... cabeza doler cuando hablar. - Expresó con dificultad el Druddigon sin nombre propio, Todos le conocían como Exire, que era la palabra que llevaba en la pulcera de su mano derecha. Nadie sabía qué significaba realmente pero tampoco les interesaba descubrirlo.

Los Pokémon presentes comenzaron a vociferar y discutir sobre cualquier cosa, quejándose unos de otros como siempre hacían cada día a esa misma hora en el negocio. Gumshoos trataba de no pensar mucho en eso y se concentraba en limpiar la barra para desconectarse del mundo en lo que esperaba que su jefe llegase para llevarselos lejos. Hawlucha por su parte abandonó la mesa que compartía junto a Diggersby y Breloom en busca de un poco de tranquilidad mental y se sentó con el único Pokémon que no había hablado hasta ese momento. Se trataba de una Ambipom de aspecto nervioso y triste cuya mente parecía estar centrada completamente en vigilar la entrada del bar y nada en intentar participar en la conversación de los demás . - ¿Puedo saber tu nombre? - Preguntó Hawlucha por simple cortesía al tomar el asiento continuo.

- Pa-papapalmaco-cococosta. - Contestó la Ambipom incómoda y avergonzada entre tartamudeos.

- ¡Oh, ya están aquí! - Se levantó Breloom de su asiento para recibir a los dos nuevos Pokémon que formarían parte del gremio a partir de esa noche. - ¡Chicos! ¡Ellos son Flanoir y Mizuho! - Presentó ante todos a un Raboot y un Drizzile respectivamente. Ambos de aspecto joven y serio. - Por órdenes del jefe ahora son miembros de Fracción Roja y esta será su primer misión. Espero que los traten bien.

Los Pokémon reunidos en el bar los observaron y estudiaron con detenimiento, tratando de ver lo que su jefe había visto en ellos. Al no encontrarlo se preguntaron si este se había vuelto loco por incorporar a dos Pokémon muy jóvenes a su grupo. Breloom tampoco pudo dar con una razón para su unión pero insistió en que su jefe no podía estar equivocado. Los invitó a presentarse por ellos mismos y mencionar cuál talento tenían para que el grupo pudiera salir de dudas.

- Mi nombre es Mizuho. - Habló Drizzile con una voz rasposa tras un breve momento de silencio. - Tengo 14 años, sin familia, experto con los cuchillos y todo lo que tenga filo, crecí en la completa oscuridad, me consume la venganza y odio todo lo que venga de la luz ¡Voy a traer caos a este mundo!

Todos los presentes se le quedaron viendo, incluso Raboot que no era más que un completo extraño para él hasta ese momento, y que simplemente se dio la casualidad de coincidir en la entrada del bar al mismo tiempo. - Eso ha sido... interesante. - Comentó Ozette al ver que nadie decía nada. - ¿Qué hay sobre ti, Flanoir?

Sin mover la boca para decir palabra alguna Raboot echó un vistazo a cada rincón del negocio. Bajó entonces la mochila grande y voluminosa que cargaba sobre sus hombros. Reveló a todos una larga arma de fuego que se armaba de 3 piezas y una mira telescópica. El grupo entero se volvió a quedar igual de silencioso que con la presentación de Drizzile.

- Y con eso creo que somos todos. - Aplaudió Ozette dando por finalizada la presentación. - Para quien aún no lo sepa, Hima dejó una carta donde explicó que debía abandonar el grupo por razones personales. Si la ven en algún lado no olviden en llamar al jefe para que le dé su merecido castigo por abandonar el grupo.

Haciendo sonar las dos manos de su cola contra la mesa, Ambipom se levantó molesta y decepcionada de escuchar esas palabras. Hima Medicham fue siempre su mejor amiga y confiaba en ella ciegamente pese a que en ese momento no podía entenderla razón de su retiro. Trató de defenderla ante el grupo justificando su actuar. Desgraciadamente el tartamudear habitual en su hablar provocó la risa y repetida burla de los presentes que no desaprovecharon el momento para imitarla y rebajarla, restando importancia a su sentir hasta convertir sus emociones en un mal chiste. Ambipom volvió a tomar asiento agachando la cabeza en señal de frustración sin decir una palabra más. Hawlucha al verla intentó acercarse con la intención de escuchar lo que en verdad quería decir, pero antes de poder hablarle las puertas del bar se abrieron de par en par tras un fuerte golpe que resonó en la habitación haciendo que todos prestaran atención al frente.

- ¡Hola mis amores! - Saludó un Obstagoon que no necesitaba presentación para nadie de los reunidos, recargado en el marco de la entrada. Todos lo reconocieron inmediatamente como su jefe y lo saludaron con efusión y alegría. Incluido Gumshoos pues eso significaba que el fin de su tortura diaria estaba cerca. - He hablado en persona con uno de los generales de Vanadio. - Tomó la silla que Hawlucha había dejado vacía en la mesa de Breloom y se paró sobre ella extendiendo los brazos simulando abrazar a todos los integrantes de su banda desde su perspectiva. - Ese dinosaurio me ha dicho que si todo sale bien esta noche; ¡El día de mañana tendremos suficientes puntos y dinero para poder abrir por fin nuestro propio gremio en la región!

Los presentes celebraron escuchar estas palabras que llenaban sus corazones de alegría. Todos ellos eran renegados de la capital por una razón u otra, todos ellos sin hogar y sin un lugar a cual regresar, nada querían más que poder volver a comenzar de nuevo y dejar de pasar días en la intemperie bajo el abrasivo calor que se acrecentaba día a día subsistiendo de lo que pudieran encontrar para sobrevivir una noche más.

- ¡El día de mañana, con ayuda de todos ustedes Fracción Roja conseguirá un lugar al que todos podamos llamar hogar! - Los motivó a trabajar juntos a pesar de sus diferencias, aunque ninguno era familia o se conocían bien, todos encontraban inspiración en Obstagoon. Era una de esas personas que simplemente habían nacido con el carisma necesario para agradar a quien se pusiera en su camino. Y este lo aprovechaba para estar siempre al pendiente de todos y de sus problemas, recogiendo a cualquier niño u hombre sin hogar que quisiera reformarse. Si uno de los integrantes de su grupo no lograba conseguir alimento un día, llamaba a otros para compartir de sus ganancias. "Hoy por ti, mañana por mí" era uno de los tantos lemas que tenían y todos estaban de acuerdo en ello.

Dando paso al tema principal de la noche, les habló sobre la solicitud de Vanadio en que pedía la captura o muerte del grupo de Lycanroc, el cual debía estar en las cercanías según lo que escucharon en la transmisión de Hala, idearon un plan de ataque y todos, salvo Drizzile y Raboot, se embriagaron en Ron para adquirir valentía. Los integrantes más nuevos del grupo prefirieron tomar jugo y leche respectivamente.

Ni siquiera Gumshoos podía oponerse a las palabras de Obstagoon una vez que este comenzaba a hablar, era un Pokémon que lo había perdido todo igual que el resto y se identificaba con ellos en el fondo. Pero estaba aferrado no abandonar el negocio que perteneció a su familia en vida antes que aquel lugar pasara a ser un pueblo fantasma cuando una enfermedad repentina y letal acabó con todos mientras este se encontraba de visita en la capital. Obstagoon lo sabía y cada noche le llevaba clientes, pagando por adelantado las bebidas de todos para que Gumshoos no muriera de hambre esperando gente que de otro modo no llegaría jamás.

¡Recuerden que todos aquí tenemos un arma enorme! - Gritó Obstagoon en la entrada del negocio horas más tarde, justo antes de partir. - ¡Y no solo estoy hablando de las pistolas que nos han heredado! ¡Todos aquí estamos hartos de esa mierda a la que llaman justicia! ¡Todos aquí luchamos por el único deseo de vivir un nuevo día! - Exclamó entonando sus palabras como si fueran parte de una canción. Los veteranos del grupo, incluyendo a Hawlucha, comenzaron a repetir las mismas palabras de Obstagoon con el doble de animo. Todos juntos caminaron hacia el exterior, aunque Drizzile y Raboot lo hicieron en silencio. Ellos dos pasarían el resto de la noche participando de forma pasiva, observando al grupo desde una distancia segura sin hablar o interactuar mucho con el resto de integrantes.

Una vez que se reunieron afuera se prepararon para marchar hacia la única posada de paso cerca de la carretera frente a la gran iglesia. Era el único negocio del estilo en kilómetros y era imposible no verlo, por lo que podían afirmar el grupo de Lycanroc pasaría ahí la noche. Antes de marcharse Obstagoon pidió a todos que se adelantaran en lo que él se detenía a hablar a solas con Ambipom sobre alguna pista que ayudase a dar con el paradero de su vieja amiga Medicham. - No vayan a acabarse toda la diversión sin mí. - Se despidió del resto.

- ¿No te parece que Izoold es un Santo? - Preguntó Thievul a Breloom por la opinión que tenía de Obstagoon conociendo los sentimientos que tenia la chica por su líder. Le gustaba verla fantasear e imaginar que esas palabras de afecto se las dedicaba a él.

- ¡Es un Ángel sin alas! - Habló pensando en toda clase de situaciones amorosas y sugerentes que involucrasen a los dos. - Yo misma quiero arrancarle el halo y darle los cuernos de todas las cosas pecaminosas que le haría grrrrrrr. - Le confesó a Thievul dejándose llevar por sus deseos, segundos más tarde rectificó sus pensamientos justificando que no había forma de que hiciera eso con el líder de su banda.

Regresando al grupo de Lycanroc, estos se encontraban ya más cerca de aquel lugar, acababan de tomar la carretera que llevaba directo hacia ciudad Molayne y marchaban al límite de velocidad permitido para llegar lo antes posible. La noche sin embargo se les había venido encima y tenían que buscar un sitio para descansar.

- "¡Enciende la llama con el poder adecuado! Las armas están hoy de mi lado~". - Cantaba Lycancroc a todo volumen dentro de la camioneta sin dejar de conducir, creyendo que así deleitaría los oídos de Lucario y Shinx en lo que buscaban un lugar para detenerse a dormir. Nada podía estar más alejado de la realidad. - ¿Qué pasa? ¿Es que nunca han escuchado la canción más popular de los protestantes de Giratina? - Preguntó molestó tras echar un breve vistazo a los rostros de sus compañeros. - Cian, ya hiciste lo que te pedí? - Cambió de tema al no recibir respuesta.

- Ya cambié el barril de las armas de los simios y las recargué con lo que me has dicho que tome entre tus cosas. - Contestó sereno. - ¡Pero no creas que voy a aprenderme tu tonta canción! - Dejó caer al suelo del auto la hoja que contenía la letra de la canción firmada por Amaranto con dedicatoria a Levigis para que este pudiera cantar junto con él de cuando solo se tenían el uno al otro.

- ¿Cuánto demonios falta para llegar a donde demonios vamos? - Preguntó Shinx desesperado de tantas horas de viaje.

- ¡Cuida tu lengua niño! - Le reprendió Amaranto. - Si vas a viajar con nosotros tienes que tener algo de clase ¡Malditos baches! - Se quejó tras un segundo salto agresivo de la camioneta, pasó a disculparse enseguida con la maquinaria del vehículo por haberla tratado tan mal. - Este camino del demonio es un asco, más vale que encontremos un buen lugar para dormir pronto que ya no se puede ver nada acá afuera. - Tocó la ventana trasera dejando solo una mano al volante. - ¡Magenta, despierta de una maldita vez y dinos dónde puede haber un hotel de paso! Joder, ¿quién le ha dejado tomarse todo el alcohol en un solo trago? Dormirá hasta el año 12000.

- Iglesia y posada en la siguiente salida a la derecha. - Leyó Shinx un letrero de la carretera escrito a mano. - Qué es una posada?

- Es en donde vamos a pasar la noche, bien hecho enano. - Le acarició la cabeza al niño. - Ojala todos los pasajeros fuesen tan útiles como tú. - Volteó a ver a Cian.

- Ojala todos los conductores pudieran usar ropa menos apestosa, ¿cuando fue la última vez que lavaste eso? - Contestó Cian haciendo que Shinx se riera de Amaranto, y que este último le diera un zape al niño como respuesta para callarlo.

Al estacionarse frente a la posada y bajar del auto el grupo cruzó la calle y se dirigió a la iglesia que estaba justo enfrente. Era ahí donde iban a pasar la noche a falta de dinero.

- Pero dijiste que íbamos a dormir en la posada. - Se quejó Shinx el tener que quedarse con las ganas de saber cómo era una posada por dentro.

- ¿Que prefieres? - Le preguntó Amaranto en lo que revisaba la puerta de la iglesia. - ¿Dormir en una cama suave hoy? ¿o poder desayunar mañana?

- ¿El desayuno va a ser algo tan malo como lo que me han comprado en esa vieja expendedora? - Preguntó en voz baja desviando la mirada.

- Si no estás de acuerdo siempre puedes regresar a casa cuando quieras. - Sugirió Cian, cargando a Magenta aún dormida sobre su espalda.

- Nuestro Shinx es un hombre fuerte que no llora por nimiedades. ¿No es así Shinx? - Motivo Espeon a que Shinx se comportase como el adulto que simulaba ser para permanecer en el grupo. Este asintió con la cabeza y terminó la discusión en lo que Amaranto luchaba contra la cerradura para abrir la gran puerta frontal.

Aquella iglesia sobre la que se encontraban de pie pertenecía a la orden de Arceus y había sido una de las primeras abiertas en el país de Plata hace ya cientos de años. Nunca fue un lugar importante pero funcionó bien hasta el día en que la clausuraron misteriosamente hace varias décadas atrás. En ese entonces los residentes de la aldea más cercana lamentaron su pérdida, pero no lo suficiente como para hacer algo por restaurarla y simplemente ignoraron la fé después de ese momento.

- ¡Basta ya de perder el tiempo! - Separó su guadaña usando el trabuco para destruir la cerradura. Un par de empujones en conjunto de Amaranto y Cian bastaron para terminar de abrir la gran puerta del templo. - Amaranto 3 millones, Dios 0. - Presumió entrando a la casa de Arceus. - Al final todo depende de uno siempre.

- ¡Bien hecho genio! - Le celebró Espeon con sarcasmo. - Ahora hasta el ejército de Aurea sabe dónde estamos.

- ¡Excelente! - Replicó el perro nocturno. - ¡Que vengan esos cerdos! ¡Así puedo enviarlos directo al infierno de una buena vez, ni siquiera su Dios podrá hacer algo para salvarlos en su propia casa conmigo dentro! - Se agachó para tomar la cerradura que había volado con el fin de ver el material con el que estaba hecho o descubrir por qué había resistido tanto. - Esto parece que ha sido reforzado recientemente. - Comentó palpando donde el metal parecía haber recibido una nueva aleación.

- No solo eso. - Añadió Cian observando sábanas por todo el suelo y cubriendo los vitrales de las ventanas. - Parece que alguien ha estado viviendo aquí hasta hace muy poco. - Sentenció dejando a Magenta en una de las bancas cercanas a la entrada para ir a revisar hasta el altar en compañía de Lycanroc, Shinx se quedó junto a Espeon por miedo y para cuidar a Magenta.

Observando el gran vitral con la imagen de Arceus ubicado detrás del altar, Lucario se detuvo a contemplar cómo la luz de las lunas le daban vida a todo el interior de la iglesia en una historia y un legado que hasta ese momento él había ignorado. Había visto muchos vitrales dibujados en sus historietas pero nunca había observado uno de verdad. La sensación que le hacía sentir era de asombro por el trabajo ajeno, después de todo en su cabeza no era más que un gran dibujo iluminado. Tenía curiosidad por conocer la historia narrada a través de los vitrales de la iglesia, no obstante su prioridad debía ser otra en ese momento. No había tiempo para quitar las sábanas que los cubrían.

- Pese que pasé mucho tiempo jugando cerca de una iglesia, es la primera vez que entro en una. - Comentó Cian a Amaranto como curiosidad.

- Ciertamente no tienes el aspecto hipócrita de un Pokémon religioso. - Respondió Lycanroc volteando a verlo un segundo.

- ¿Te parece hipócrita querer creer que hay algo más allá de la muerte? - Replicó con una pregunta.

- Si tu quieres creer en que existe un cielo o un infierno después de la muerte yo no tengo ningún problema con ello. - Aclaró retomando su camino. - Pero me parece asqueroso que este lugar se permita tener vitrales y adornos tan bonitos siendo que allá afuera la gente se muere de hambre a cada momento. - Volteó a verlo con una mirada que parecía desear asesinarle. - ¡¿Cómo pretenden decir que van a salvar a el mundo cuando ni siquiera pueden hacer algo por los Pokémon que tienen justo frente a ellos?!

Pasando un gran trago amargo que le trajo recuerdos no muy gratos Lucario decidió dejar el tema de lado y acompañó a Lycanroc a recorrer el resto de la instalación en completo silencio. Sus pensamientos estaban completamente dispersos.

Repasando todo el lugar confirmaron que se encontraba vacío de cualquier otro Pokémon. Descubrieron que además de contar la puerta a la que le habían violado el seguro, poseía una puerta trasera más pequeña por la que hubieran podido acceder sin problemas al no tener un candado de seguridad puesto. Encontraron uno a la vista justo en la mesa al lado de esa entrada y se lo colocaron casi de manera automática, nadie podría sorprenderlos entrando por ahí ahora. Podian centrar entonces su completa atención en vigilar la entrada principal que ya no podían cerrar. El hecho de que la cerradura había sido reforzada les decía que quienes estaban usando la iglesia no eran vagabundos comunes por lo menos.

Encontraron entre las pertenencias desordenadas, un pequeño refrigerador conectado a la corriente eléctrica, su aspecto era brillante y lustroso, chocaba bastante con el resto del paisaje sucio y desentonado. Dentro encontraron suficientes bayas frescas para saciar su apetito nocturno, las repartieron entre 5 y comieron sin pena luego de convencer a Shinx para probar la primera y asegurarse que no estuvieran en mal estado. Magenta las comería más tarde, al despertar.

Bajo un montón de basura y papeles maltratados avistaron algo de gran utilidad, se trataba de un mapa del lugar que mostraba una pequeña aldea cuesta abajo detrás de la iglesia a la que se podía llegar por dos veredas diferentes. La más larga de ellas iba desde la entrada principal del templo hasta el centro de la aldea, la segunda y más corta iba desde la parte trasera de la iglesia hasta una lateral, pero había que cruzar un puente colgante hecho de troncos de madera para llegar de un extremo a otro. Lo más interesante del mapa, no obstante, era el hecho de que cada una de las casas dibujadas de la aldea se encontraba marcada con una cruz negra sobre ella. Debajo de todo escrito en pequeño mostraba la leyenda "Sin sobrevivientes".

- Menos mal que no hay sobrevivientes, significa que podemos relajarnos un momento. - Respiró Cian un poco más tranquilo ahora que su mente volvía a estar en su lugar.

- Cian, cariño. - Se dirigió Levigis a él con una voz dulce. - ¡El hecho de que el mapa indique no hay sobrevivientes significa que el Pokémon que lo escribió sigue vivo cuando menos! - Cambió el tono de voz para regañarle por su ingenuidad. - ¡Peor, podría ser el asesino jactándose de que acabó con todos!

- ¡Tonto! - Le reprochó Lycanroc para que no notaran que había pensado exactamente lo mismo que Cian.

- ¡No me llamen tonto! - Le discutió Lucario.

- ¿No podemos ir a la posada? - Habló Shinx temeroso. - No es que tenga miedo pero creo que sería lo mejor para todos. - Se rejunto con Levigis tratando de ocultarse en su pecho.

- Sí, creo que de momento lo inteligente es retirarnos por hoy. - Aceptó Levigis la sugerencia acariciando al niño en la cabeza con sus colas para calmarlo. - Este escenario está lleno de agujeros que-

No pudo terminar su frase cuando se escuchó el sonido de un motor de auto ponerse en marcha, seguido de las llantas haciendo fricción contra el pavimento indicando una alta aceleración del vehículo. Corriendo a asomarse al exterior para descubrir qué ocurría pudieron ver y escuchar el sonido de las llantas de su camioneta robada derrapando a lo lejos para hacer una vuelta en u sobre la carretera, regresando por el mismo camino que se había marchado. La camioneta y su conductor entonces se estamparon contra la posada, derribando gran parte de ella.

- ¡Cubranse los oídos! - Exclamó Lycanroc colocándose pecho tierra con las manos sobre sus orejas. Shinx y Levigis le copiaron, Cian en cambio corrió hacia donde estaba Magenta y cubrió los de ella. Enseguida la mezcla del cortocircuito con el gas inflamable del motor llenándose de oxígeno sirvió como comburente para crear una explosión de alto impacto que resonó por todo el bosque. La posada se derribó sobre la camioneta y esta quedó inutilizable. Uno a uno Pokémon extraños para el grupo de Espeon fueron reuniéndose alrededor de los restos de posada ahora envueltos en llamas para celebrar la muerte de la casera que tanto odiaban por rencor de que jamás les brindó ayuda en sus necesidades y que siempre reportaba el uso ilegal de la iglesia a las autoridades del comandante político: Bismuto.

- ¡Busquen sus cuerpos! - Exclamó una Breloom brillando intensamente por la coloración de las llamas. - Pudimos confirmar que la camioneta que estrellamos pertenecía al grupo de Lycanroc por la nota que dejaron encima, así que deben estar bajo los escombros.

- ¡¿ESTÁS BIEN?! - Vieron desde el otro lado de la calle como un Farfetch'd luchaba por sacar a un Druddigon con heridas de fuego y vidrios incrustados del interior de la camioneta. - ¡ÁNIMO AMIGO, ACABASTE CON ELLOS DE UN GOLPE!

- ¡Destructor de la noche! - Gritó Amaranto con dolor el nombre que le había dado al vehiculo en su cabeza.- ¡Mis cosas! - Confirmó que las únicas pertenencias que había bajado del auto eran las tres pistolas de los simios y su guadaña modificada. El resto de herramientas y municiones se habían perdido o dañado para siempre.

- ¡Eso confirma que en efecto vienen por el estelar! - Exclamó Espeon poniendo orden. - Nos han quitado la camioneta para escapar y es de noche en una nueva ciudad, sin vestuario y sin herramientas; tenemos que bloquear la puerta para improvisar un nuevo guión. ¡Cian ayuda a Amaranto a mover las bancas a la entrada! ¡Magenta, despierta te necesitamos ahora más que nunca! - Le gritó moviendo a su compañero con ambas patas delanteras. - ¡Shinx hagas lo que hagas no pierdas la calma y trata de ser valiente, con tu ayuda todo saldrá bien!