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DIVIDIRSE

-Charlie cree que los MacLean nos han traicionado - comenzó a hablar Aidan, una vez en su estudio privado - pero yo tengo más fe en ellos y, como ya he dicho, espero recibir una explicación satisfactoria de su parte.

-Y por eso has pedido ayuda al tío Robert - bufó el aludido.

-Sólo soy precavido, Char. Además, no los he llamado para que me acompañen. Al menos no todos - miró hacia Tom antes de continuar - Aunque Charlie quería acompañarme, he decidido viajar solo hasta Mull. Me llevaré a parte de mis hombres pero no quisiera dejar demasiado desprotegido Dunvegan. Necesitaría que al menos uno de vosotros se quedase aquí con algunos de vuestros hombres para ayudar a Charlie con la defensa del castillo y de mi gente.

-Yo lo haré - se ofreció Alistair, tal vez demasiado rápido. Aunque al parecer sólo Tom lo notó. Su mirada interrogante así se lo decía. Alistair se encogió de hombros antes de hablar de nuevo - Es tu prima. Supuse que preferirías ir con tu tío.

-Cierto - asintió conforme.

-No podría pensar en nadie más adecuado que tú, Alistair - dijo Aidan asintiendo también - Después de todo eres el hijo del White sombrío.

-No tan sombrío desde que conoció a mi madre - bromeó.

-Su reputación no surgió de la nada. Si eres sólo la mitad de bueno que él, ya me puedo ir tranquilo.

Las palabras de alabanza hacia su padre y por ende, hacia él, lo incomodaban. Admiraba a su padre, por supuesto, pero no le gustaba que los comparasen. No se sentía digno de ello, sobre todo si los igualaban en destreza. Él sentía que jamás sería tan bueno como su padre.

-Haré lo que esté en mis manos para no defraudarte, Aidan.

-Sé que lo harás bien. Además, Charlie sabe lo que hay que hacer.

-¿Cuándo os vais, entonces? - preguntó impaciente éste.

-En cuanto lo haya preparado todo, hijo.

-Ya han pasado cinco días desde su desaparición. Y todavía os quedan otros dos o tres días para llegar hasta el castillo de Duart. No puedes perder más tiempo.

-No me iré hasta asegurarme de que tu madre y Patty estarán bien. Los MacDonald están furiosos y temo lo que puedan intentar en cuanto sepan que no estoy.

-No se atreverán a nada conmigo aquí.

-Nunca está de más prevenir.

Charlie aceptó de mala gana los consejos de su padre. Hacía tiempo que había delegado en él gran parte de las tareas que le correspondían al laird por derecho pero aún así, seguía tratándolo con condescendencia cuando lo dejaba completamente solo.

-Nunca nos verán lo suficientemente preparados, ¿verdad? - bromeó Alistair cuando salían del estudio.

-No pueden evitarlo - corroboró Tom - Son highlanders y los highlanders no delegan del todo hasta que mueren.

-Y porque no les queda alternativa - rió Alistair.

-No deberíais reiros de vuestros padres - los reprendió una voz dulce y suave desde el otro extremo del pasillo, junto a las escaleras - Sois lo que sois gracias a ellos.

-También somos su sombra, Patty - le dijo Charlie con una sonrisa pícara en los labios.

-Ni se te ocurra, Char- conocía bien aquella sonrisa.

-Pero si te encanta - la cargó en brazos y rió cuando soltó un grito - ¿A dónde, princesa?

-Al suelo - protestó.

Haciendo caso omiso de su mirada furibunda y de sus reniegos hacia él, la subió hasta su cuarto, las escaleras suponían un desafío para ella. En realidad no era la primera vez que la cargaba en brazos para subirlas o bajarlas y Patty no solía protestar por ello. Salvo cuando alguien ajeno a la familia los estaba mirando. Aunque nunca lo admitiría, se avergonzaba de su cojera.

-De nada - le susurró al oído en cuanto la depositó frente a la puerta de su cuarto y antes de darle un beso en la mejilla - Buenas noches, enana.

-Buenas noches - miró tras él antes de añadir más - A los tres.

-Buenas noches, prima - Tom se retiró junto con Charlie.

Alistair fue retrasando su partida disimuladamente, hasta lograr quedar los dos solos instantes después. El rubor había vuelto a colorear las mejillas de Patricia y Alistair pensó de nuevo que a ella le sentaba bien.

-Buenas noches, Patty - le dijo, tomándole la mano con delicadeza y besándosela después. En ningún momento rompió el contacto con sus ojos.

Le gustaba el tacto de su mano, tan suave, y las sensaciones que despertaba en él. Le cosquilleaban los dedos y deseaba continuar sosteniendo su mano el resto de la noche. Inconscientemente se acercó a ella, atraído por su magnetismo, y sus ojos se posaron en su labio inferior, que volvía a morderse. Se sentía tentado a liberarlo de aquella dulce tortura con su boca y dio otro paso hacia ella. En cuanto notó su incomodidad, la liberó de su agarre y se separó unos pasos, desconcertado. Había estado muy cerca de besarla.

-Buenas noches, Alistair - dijo ella en cuanto recuperó su mano y la voz.

-Puedes llamarme Stear, si lo prefieres - le dijo, dedicándole una de sus más sinceras sonrisas. Lo que menos deseaba en ese momento era asustarla con la intensidad de lo que le había hecho sentir.

-Me gusta más Alistair - su sonrojo se intensificó y se giró hacia la puerta para tratar de ocultarlo.

Alistair sonrió de nuevo cuando la vio mirar hacia él una última vez antes de entrar en su alcoba.

-¿Qué te traes entre manos? - Tom lo esperaba junto a las que serían sus dependencias mientras estuviese en Dunvegan.

-No sé de qué estás hablando, Tom.

-No me vengas con tonterías, Stear - se cruzó de brazos - Te conozco y no dejarías pasar una oportunidad como esta si no tuviese algún interés en quedarte aquí. ¿De qué se trata?

-Creo que le das demasiadas vueltas, primo - abrió la puerta de su cuarto - Sólo me ofrecí porque imaginé que tú querrías acompañar a tu tío.

-¿Te perderías la acción sólo por eso?

-Según tu tío, es más probable que la acción se produzca aquí y no en Mull.

Tom lo miró ceñudo y Alistair soportó su escrutinio sin inmutarse. Había aprendido del mejor a ocultar sus sentimientos. Su padre era un maestro en ese arte.

-De acuerdo - se dio por vencido - No me lo digas si no quieres.

-Buenas noches, Tom - cerró la puerta antes de que pudiese responderle o interrogarlo más, si decidía cambiar de opinión.

Se acostó en la cama y a pesar de que estaba agotado, no pudo dormirse de inmediato. Sus pensamientos vagaban una y otra vez hacia cierta joven timida y de ojos ambar, de la que no sabía absolutamente nada y de la que quería averiguarlo todo.

Después de una larga hora repasando mentalmente sus facciones, se quedó dormido. Y soñó. Con una dulce y misteriosa muchacha que se le había metido muy dentro con apenas haberla visto una vez. Soñó con Patricia MacCleod y sus tentadores labios.

CONTINUARA