Capítulo 16. Una segunda oportunidad.
Terminaron de hablar entre ellos y recordaron que su misión de rescatar sus armaduras aún no estaba completa. Saori caminó rodeando el circulo y revisando cada una de las cajas de pandora, eran esas, las autenticas armaduras de bronce, los emblemas de cada uno de los caballeros estaba intacto, pero parecía como si llevaran siglos ocultas, durmiendo, no podía sentirlas mas allá de una leve presencia, como si estuvieran muy lejos aún.
—Intentamos usar nuestro cosmo, pero no hay respuesta.—Dijo Seiya.
—Tal vez deberían intentarlo de nuevo, ahora que están todos juntos.—Les dijo Saori y retrocedió hacia una esquina del lugar.
Cada caballero se colocó de pie en frente de su armadura, su cosmo era indudablemente más fuerte ahora que los cinco estaban despiertos y estaban juntos, las armaduras se encendieron en una luz brillante por un segundo.
En ese momento, Saori observó una pequeña forma justo en el centro del circulo que formaban las armaduras, parecía un ave que se formaba con la presencia de los cosmos de todos sus amigos, se dibujaba y desdibujaba en el panorama, era una pequeña lechuza, el brillo alcanzó su punto máximo, obligando a Saori a mirar hacia otro lado a causa de tal brillo. Entonces, pensaron que ese era el momento en que saldrían las armaduras en forma de cloth y se colocarían en cada caballero, pero no fue así. Después del fuerte brillo, estas volvieron a su estado inicial. Todavía eran de piedra.
—Esto es genial—Era Hyoga levantando los brazos con desesperación.—¿Ahora qué debemos hacer? ¿Ahora qué debemos sacrificar para rescatar nuestras armaduras?
—Hyoga, solo debemos pensar un momento y luego…—Shiryu intentaba sonar tranquilo pero todos sus amigos lucían con tanto miedo del siguiente paso que tenían la mirada clavada en sus viejas compañeras inertes.
—¿Cuál es el punto de "pensar un momento"? Llegamos hasta este lugar y no podemos salir sin nuestras armaduras pero tampoco tenemos forma de usarlas.—Hyoga replicó.
—Entonces quiere decir que tenemos lo necesario aquí con nosotros para despertarlas.—Saori dijo con voz baja, ecuánime y calmada.
Los cinco caballeros voltearon a verla y ella miraba al frente como viendo mas allá de las armaduras y mas allá de todo lo que había ahí. Saori podía sentirlo, era un presentimiento, una sensación que le decía que esas armaduras estaban vivas, habían encontrado a sus portadores pero no despertaban porque no tenían una razón para hacerlo, el hecho de que la diosa Athena estuviera viva no era una razón suficiente, las armaduras de bronce habían sido creadas para pelear y proteger; necesitaban saber que una guerra estaba por comenzar, necesitaban ser llamadas y Saori sabía como hacerlo.
La orden de despertar no debía dársela a sus caballeros con Niké en la mano y de forma autoritaria, ellos poseían una cualidad invaluable propia de todos los seres humanos, el libre albedrío, pero aquellas armaduras habían servido al valor y la justicia desde su creación y por lo tanto se levantarían ante la orden de su comandante.
Saori guardó silencio y llamó a Niké, la gran diosa de la victoria a su lado una vez mas, caminó lentamente desde la esquina en la que se encontraba hasta el centro del circulo que formaban las armaduras, estas se iluminaron con tan solo la presencia de Athena y Niké. Saori respiró muy hondo y las sintió, les dijo en su mente que había llegado el momento y que debían despertar para marchar a su lado y vencer.
Los caballeros estaban muy sorprendidos, comprendieron que las cosas habían cambiado y que ahora Saori no se quedaría esperando por su regreso, ella tenía la furia y las ganas de luchar codo con codo con sus caballeros.
Un viento cálido inundó el espacio en el que se encontraban, movía los cabellos de Saori con delicadeza, ella tenía los ojos cerrados y sus pies comenzaron a separarse del piso, ella flotaba y brillaba frente a ellos, era una verdadera deidad. La prisión de piedra de las armaduras se rompió de un momento a otro, dejando ver las verdaderas cajas de pandora, brillantes, llamativas, con misterio intrínseco, el brillo aumento, cegando a todos en el lugar, Saori levantó sus brazos, ninguno de los chicos podía ver nada pero pudieron sentir el metal, el glorioso sentimiento de poder los comenzó a inundar con cada pieza de las armaduras que se adhería a su cuerpo, brazos, piernas, hombros, cabeza, las armaduras embonaron de manera perfecta, los años no habían pasado por ellas.
Sus armaduras habían despertado.
El brillo deslumbrante cesó y los caballeros se miraron unos a otros, estaban sorprendidos y endiabladamente felices. El plateado de sus armaduras reflejaba la luz del sol que se filtraba por la cueva, sus armaduras eran las mismas que cuando entraron al inframundo, se sentían muy fuertes, incluso mas fuertes que antes, ya no solo tenían la sangre de Athena, también tenían toda su fe, su sufrimiento y su voluntad, se volverían imparables.
Seiya pudo sentir que sus meteoros de Pegaso deseaban salir de sus puños con toda su fuerza y destruir las paredes de la cueva para salir de inmediato con Saori en sus brazos, nada volvería a detenerlo si se trataba de protegerla. Hyoga ya no sentía aquel calor sofocante pues el hielo había vuelto a ser su aliado. Shun miraba sus cadenas con asombro pues se veían inquietas y mas fuertes que nunca. Shiryu sintió una sensación ardiente en su cuerpo, sentía como el cosmo del dragón y su furia recorrían su espalda. Incluso Ikki estaba sorprendido, ya no lucía exhausto por sus heridas recientes, su cosmo de resurrección del ave fénix lo había ayudado a sanar todas sus heridas. Saori misma sintió que su propio cosmo se hacia mas fuerte y que ella tenía mayor control sobre él.
«El sacrificio de Ikki no fue en vano, necesitábamos a Niké para despertar las armaduras». Pensó Saori aliviada.
Ni siquiera habían salido de su asombro cuando el techo de la cueva comenzó a caerse a trozos enormes, el camino por el que habían llegado Saori y Shiryu ya estaba cerrado por el derrumbe al igual que el que habían tomado para llegar Hyoga, Ikki, Seiya y Shun; ahora solo quedaba una salida.
—Hacia arriba, amigos.—Dijo Seiya tan seguro de si mismo como siempre.
Todos asintieron al mismo tiempo y se prepararon para aquella hazaña digna de los caballeros de Athena mas fieles y en ese momento, mas poderosos.
Saori hizo un movimiento rápido con Niké y las cajas de Pandora se transformaron en unas especies de placas militares que ahora funcionarían para almacenar sus pesadas cajas con las armaduras en ellas y que así no tuvieran que llevarlas en la espalda, de esta forma no llamarían la atención de los humanos incrédulos.
Seiya se acercó a Saori y le sonrió solemne haciendo una leve reverencia, con la mirada le pidió permiso para tomarla entre sus brazos y salir de ahí, Saori asintió.
Los caballeros saltaban de piedra en piedra elevándose en cada paso, Saori podía sentir a Seiya, a su Seiya, su emoción por salir victorioso, su fe en sus amigos y en ella y su infinita perseverancia e ímpetu eran lo que siempre había caracterizado a su incansable caballero de Pegaso.
Todos salieron de aquella cueva, victoriosos. Esta vez, todos estaban ilesos.
Al alcanzar la cima de la cueva, se dieron cuenta de que parecían haberse movido kilómetros desde el lugar en el que empezaron su búsqueda, de cualquier forma Saori sintió nuevamente la oleada de calor, a pesar de que estaba atardeciendo, el clima no perdonaba ni un segundo.
Todos estaban sentados, exhaustos, no solo por el esfuerzo que implico salir de aquel extraño lugar, sino por el cumulo de todas las emociones que habían vivido en las últimas dos semanas.
Los caballeros no querían quitarse sus armaduras, todos sin excepción, sentían que si se las quitaban, estas desaparecerían en la oscuridad o que se desvanecerían en el viento, sentían que aquella pequeña victoria era tan frágil como su sensación de haber ganado.
Pasaron un par de minutos y todos se pusieron de pie con las armaduras puestas, los caballeros implícitamente acordaron que se las quitarían hasta que comenzaran a ver personas que pudieran juzgar su aspecto y sacar conclusiones erróneas.
Apenas habían caminado un par de metros y escucharon un sonido a lo lejos, era el agujero por el que habían salido con sus armaduras hace tan solo unos momentos, sé hacia grande como aquel lugar por el que habían entrado la primera vez. Seiya se dió cuenta de que este enorme hoyo en el suelo era diferente, crecía más rápidamente, y no parecía tener la intención de detenerse.
—¡Corran, ahora!.—Era Ikki.
Todos corrieron lo mas rápido posible, Seiya sostenía a Saori de la mano derecha con todas sus fuerzas, no podía soltarla. Al ser el último en la fila, Shiryu miro hacia atrás y pudo observar que el agujero solo iba más y mas rápido, quería devorarlos, no sabia cuánto faltaba para encontrar más personas pero no estaba seguro de querer averiguarlo.
Las cadenas de Shun comenzaron a moverse agitadas delante de él, había un enemigo inminentemente cerca. De repente, en su flanco izquierdo, Hyoga sintió una presencia muy fuerte y fría que lo rebasaba, al buscarlo con la mirada mientras corría, Hyoga se aterro al darse cuenta de que eran unas especies de brazos negros y largos que salían de aquel agujero; su aspecto transparente dejaba ver lo que parecían ser unas venas rojas que se movían punzantes a la par del brazo repugnante.
Estos extraños brazos iban rebasando a todos los caballeros, hasta que llegaron a Saori, la tomaron por el tobillo y ella cayó en la arena hirviente.
—¡Saori!.—Gritó Seiya cuando él también cayo al suelo.
El impacto hizo que el caballero de Pegaso soltara a Athena y la mano enorme la comenzó a jalar hacia atrás con extrema velocidad. Saori se revolvía entre la arena, usando las uñas para intentar sostenerse del suelo y no ser devorada por esa temible cosa. Todos los caballeros hicieron un esfuerzo por alcanzarla, pero lo último que vieron fue la imagen de Saori desaparecer en la oscuridad.
—¡Apártense de mi camino!.—Grito una voz desconocida.
Aquella figura se hundió en la oscuridad, mientras ellos no podían dejar de correr, ese agujero se los tragaría y parecía que su caída no tendría fin. Momentos después lograron ver como aquel hombre emergió del fondo de ese terrible abismo con unas hermosas alas que se asemejaban a las de un angel, llevaba a Saori en brazos, ella se veía a salvo, pero los brazos negros también salieron de la cueva, seguían persiguiéndolos y los caballeros de Athena no podían hacer nada, salvo correr. El hombre se movía rápidamente esquivando los intentos de este demoniaco ser de atraparlos. Saori dejo de ver un momento a su atacante y volteo a ver a su salvador. Lo conocía, por supuesto que lo conocía.
Justo por el lado contrario de donde había salido el rescatador de Athena, vino una flecha, enorme y directa al agujero. En cuento la flecha entro en las fauces de la cueva, se escuchó un ruido característico de un derrumbe, los brazos que luchaban por alcanzar a Athena eran jalados hacia adentro de la cueva mientras el agujero termino por colapsarse y desaparecer.
Aterrizaron a varios metros de sus caballeros, en cuanto sus pies tocaron el suelo, las alas de su salvador desaparecieron y esto le permitió ponerse de rodillas frente a ella.
—No tienes que arrodillarte.—Saori puso una mano en el hombro del caballero.—Gracias.
—Estoy para servirle, diosa Athena.
—Mi hermana te envió ¿No es así, Ícaro?
—¡Athena!.—Dijo una voz a lo lejos, para Saori era difícil de reconocer la identidad de aquella voz.—Es bueno verte.
Saori miro a aquel hombre, era sorprendentemente apuesto, su cuerpo era fornido, su piel de un tono moreno, dorado, tenia el cabello corto pero sus rizos se movían juguetones por su frente, llevaba una armadura similar a la de los caballeros dorados, solo que en esa armadura ninguna pieza cubría sus brazos, su amplia y perfecta sonrisa denotaba una seguridad y confianza en si mismo que casi rayaba en el narcisismo. Saori intentó recordarlo, hasta que encontró su imagen en los numerosos recuerdos de su cabeza.
—¿Eros?.—Dijo Saori sorprendida.—¿Qué haces tú aquí?
—La situación amerita mi ayuda, créeme.—La expresión de Eros se ensombreció.—Aunque… de nada.
Los caballeros de Athena llegaban corriendo, se veían cansados de tanto correr.
—¡Saori!.—Grito Seiya.—¿Estas bien?
—Si, estoy bien, nos salvaron Ícaro y Eros.—Dijo Saori mientras los señalaba.
—Tōma, ya paso mucho tiempo.—Seiya se dirigió hacia su viejo compañero.
—Parece que al fin dejaron sus vacaciones.—Tōma se levantó y saludo con alegría a Seiya.
—¿Eros?.—Dijo Hyoga por lo bajo a Shun.—¿Qué no es…
—¿Cupido? Si. El mejor arquero de todo el Olimpo, si me preguntan—Eros se acercaba a ellos y les ofrecía su mano en señal de saludo.— Es un placer.
—Gracias a los dos.—dijo Saori.—¿Pero…por qué están aquí?
—Estábamos en una importante misión, pero la Diosa Artemisa pensó que necesitarían mi ayuda y el Dios Eros se ofreció a acompañarme.—respondió Ícaro.
—Sabes que te estimo, Athena. Y los humanos me agradan…la mayoría de las veces.
—¿Entonces nos ayudaran a llevar a Saori hasta al santuario?.—Preguntó Shiryu.
—No podemos quedarnos mucho tiempo aquí, tenemos nuestros propios problemas por ahora.—respondió Eros.—Será mejor que se den prisa, los escoltaremos hasta salir de este desierto.
Casi habían salido, y no se habían vuelto a encontrar con ninguna persona, lo cual por si solo ya era raro.
—¡Hey, Seiya!.—Dijo Ícaro para que Seiya caminara mas lento junto a él y nadie pudiera escucharlos.—Ya tienen sus armaduras, será mejor que no bajen la guardia en ningún momento. Tienen que proteger a Athena.
—Claro que si, eso es lo que siempre hemos hecho.—Contesto Seiya decidido.
—No lo entiendes, las cosas podrían complicarse al llegar al santuario.—Ícaro estaba susurrando.—Una vez que lleguen, deben esperar las instrucciones de la Diosa Artemisa y por ningún motivo deben volver a salir una vez que hayan entrado por la primera casa del zodiaco. Tal vez este en ruinas pero Athena debe permanecer en sus aposentos hasta que llegue Artemisa. ¿Entendiste?
—¿Por qué? ¿Qué rayos esta pasando?
—No lo sé. Pero parece serio.
—Es por la misión que estabas haciendo. ¿De qué se trata?
—Buscamos algo en la otra tierra, pero solo Eros sabe lo que es y no quiere decírmelo.
—¿En la otra tierra?.—Seiya estaba comenzando a asustarse.—¿No pueden llevarnos de regreso con ustedes?
—Parece ser que Eros no posee ese poder.
—Caballeros.—Interrumpió Eros.—¿Esta todo en orden?
—Por supuesto, Dios Eros.—Ícaro volvía a tener esa expresión impasible.—Seiya y yo recordábamos viejas batallas.
—Encantadores.—dijo Eros con un poco de desdén.—Bien, será mejor que nos vayamos.
—Te agradezco mucho, Eros, nos salvaron.
—Athena.—Eros estaba serio.—Debes ser muy discreta sobre tu identidad de ahora en adelante. Tu escolta de 5 caballeros te delata, será mejor que se muevan en grupos mas pequeños si no quieres que te descubran. Solo hasta llegar al santuario, ahí estarás a salvo.
—¿A salvo de quien?.—Pregunto Shun
—La situación no es buena, Athena.—Dijo Eros mirando al suelo.—Pero no tengo toda la información, solo sé tienes que estar preparada para lo que sea, y estas aquí atrapada, por eso debes cuidarte y cuando llegue el momento, Artemisa te explicará.
Eros alzó sus alas, extendió su arco y le hizo una señal a Ícaro para que se sujetara de él, sus enormes y bellas alas los cubrieron por completo, y de repente, se desvanecieron en el aire, como si nunca hubieran estado allí.
—De nuevo en el maldito aeropuerto.—Dijo Ikki al salir con seis boletos de avión en la mano.—Bien, aquí están los boletos, pero hay una mala noticia…
—…No tenemos otra opción, al entrar nos separaremos.—Seiya estaba tomando el mando de líder.—Saori y yo nos sentaremos mas al frente y los demás tomaran lugares mas atrás, debemos estar atentos y listos para lo que sea.
—No creo que sea buena idea que tu vayas con ella.—Dijo Hyoga con un tono distraído.—Quiero decir, si alguien que nos conoce nos quiere encontrar, lo mas lógico seria que Saori fuera contigo, su caballero Pegaso.
—Hyoga tiene razón, Seiya.—intervino Shun.—Otro de nosotros deberá escoltarla.
—Esta bien.—Seiya se resigno.—¿Hyoga?
—Por supuesto, la protegeré con mi vida.
Saori volvía del sanitario, se había cambiado de ropa a un sencillo vestido rosa pálido y se había hecho un moño que después escondió en una gorra roja que le quedaba grande, los caballeros la miraron algo sorprendidos, lucía mucho mas joven de lo que era.
—¿Qué sucede?.—Saori se dió cuenta de las miradas.—Si saben que mi cabello es lila ¿no? Pues yo pienso que eso me delata aún más que ustedes.
Mientras sus caballeros discutían Saori miró hacia el piso de forma distraída y alcanzó a ver que una fotografía se asomaba de la maleta de su caballero Pegaso, estaba arrugada entre su ropa pero era imposible no distinguir de quienes se trataban: Seiya y Miho, abrazados.
—¿Cómo nos separaremos?.—Dijo Shiryu mirando a Ikki y los boletos.
—Si cerraran la boca podría explicarles que sí tenemos lugares en el siguiente vuelo, pero estaremos varados en la cuidad de Heraclión una noche.
—Dijimos que tendría que ser un vuelo directo.—replicó Seiya.
—Puedes ir tú y buscar uno si quieres, no hay vuelos directos por todo este mes.
—Genial.—dijo Hyoga
—No importa, al llegar a la ciudad encontraremos un lugar para pasar la noche, no será tan difícil, seremos discretos y nos mantendremos a salvo.—Shun siempre intervenía para calmar la situación y a sus amigos.
Todos los caballeros comenzaron a avanzar pero Saori aún estaba envuelta en sus pensamientos.
—¿Saori?.—Dijo Hyoga.—¿Todo bien?
—Claro que si. Abordemos.
Volaron por 3 horas más, durante todo el trayecto Saori se sintió muy cómoda con Hyoga, platicaban de cualquier cosa relacionada con el cine, con la cocina, incluso vivencias graciosas, era agradable olvidarse por un momento de quien era y por qué estaba ahí, un flash de aquella foto la invadió por un momento pero se sentía tan plena que decidió ignorarlo, Seiya le había demostrado algo mas que simple devoción y ella quería creerlo, el asunto de la fotografía no debía ser nada importante. Mas atrás de Hyoga y Saori estaban Seiya y Shiryu quienes también hablaban y bromeaban acerca de su vida falsa, Seiya estaba contando todo lo que habían vivido hasta el momento, o casi todo, nada relacionado con Saori y sus sentimientos, solo las partes que no le robaban el aliento, a fin de cuentas, era mejor hablar de la gran avalancha en Rusia que de un sueño en la playa con la mujer que amaba. Hasta el final de la escolta estaban Ikki y Shun quienes iban mas serios pero aún así se veían tranquilos, incluso relajados, el tener las armaduras les daba mucha seguridad a los caballeros.
Llegaron a una hermosa y pintoresca ciudad al sureste de su destino al atardecer, era muy hermosa, sus numerosas casas pintaban el panorama de un cafe que contrastaba a la perfección con la luz del sol mientras se escondía y el mar de la costa, el clima estaba templado.
—Al fin algo que no sea nieve, ni la humedad de cierta cascada, ni el calor asfixiante.—Dijo Hyoga estirando su cuerpo y viendo las nubes.
—Si, sí, esta muy hermoso.— Ikki salía del avión enojado.—Vayamos a buscar un lugar en donde pasar la noche.
No tuvieron que caminar tanto por las angostas y empedradas calles, estas eran muy bellas, había arte y risas en todas partes, niños jugando con pelotas con el abrigo del atardecer, adolescentes en bicicletas divirtiéndose, familias paseaban mientras con libertad ante la ausencia de automóviles y las parejas tomaban deliciosas bebidas en las cafeterías que había en cada esquina, era una paraíso lleno de personas felices y tranquilas. Después de algunos minutos, llegaron a una zona de hospedaje, en esta zona rentaban habitaciones, cabañas e incluso casas rústicas para los huéspedes que deseaban tener una experiencia agradable e intima, lejos del ajetreo de los lugares turísticos usuales, había poca gente e Ikki tomó la iniciativa de pedir la casa mas grande que tuvieran disponible con el fin de que todos pudieran estar juntos, no quería aceptarlo pero estaba hambriento, todos lo estaban, la comida del avión no habría sido suficiente ni para alimentar a un niño de dos años.
Su pequeña casa era excelente para pasar un buen rato juntos, había una pequeña estancia con unos cómodos sillones, una cocina para guardar y preparar alimentos a su antojo y habían tres habitaciones dispuestas en dos pisos, por todas partes habían adornos de flores y pinturas de los paisajes de aquella pequeña isla.
—¡Tres habitaciones, es excelente!.—Dijo Hyoga al mirar el interior de su pequeña casa con desilusión.
—Solo es por una noche, mañana nos iremos.—Dijo Seiya.
—Saori, tu escoge primero.—Dijo Shun.
Saori se dirigió hasta la habitación del fondo de la planta baja, contaba con dos camas individuales y era sumamente acogedora, ademas de las camas solo tenía una ventana a la calle y una mesita de noche con una lampara de lectura sobre ella. La chica dejó sus cosas en la cama mas cerca de la puerta y salió de la habitación para ver con diversión como sus caballeros estaban jugando aquel juego con las manos de piedra, papel o tijeras para saber quien se quedarían en las 2 habitaciones restantes y quienes tendrían que optar por el sofá.
—Yo no pienso dormir en el sofá, yo pague por este lugar.—Dijo Ikki mientras subía las escaleras hacia el primer piso.—Shun, tu puedes dormir conmigo.
Shun movió los hombros en una señal de burla a sus compañeros y siguió a su hermano.
—Todavía quedan 2 camas más.—Dijo Seiya mientras se preparaba para jugar.
—¡Listo, una cama es mía!—dijo Shiryu.
Hyoga y Seiya se miraban como si ganar aquella cama se tratara de un asunto muy serio.
—No quiero que olvides quien te salvó la vida en aquellas montañas.
—Nunca lo olvidaré, querido amigo.—Dijo Hyoga mientras estaban moviendo sus manos preparando su jugada.—Pero la suerte es la suerte, Seiya.
Hyoga había ganado y Saori reía desde su habitación, sus amigos le llenaban el corazón de alegría, curaban sus penas y la hacían olvidarse de sus preocupaciones, los quería, en serio los quería. De pronto, Saori se sonrojo al pensar que Seiya era su único caballero sin habitación y ella tenía una cama vacía en la suya. Se quitó esos pensamientos de la mente al recordar la promesa que había hecho consigo misma de olvidar el romance hasta después de la crisis, pero al mirarlo se dijo a si misma que su promesa podía esperar hasta el día de mañana, al caer la noche ella iría a ofrecerle a Seiya compartir su habitación.
—Muero de hambre y aquí no parece haber servicio a la habitación.—Dijo Seiya buscando un menú con desesperación.
—Claro que no, este lugar es mas tradicional.—Comento Shiryu que compartía el apetito voraz de su amigo.
—Había un restaurante afuera del hotel.—Dijo Shun
—Bien, es tiempo de otro juego para decidir quién irá por la comida hoy.—Dijo Hyoga mientras salía de su habitación.
—¡Pues qué están esperando!.—Seiya estaba en posición, retándolos.
—Yo iré.—Dijo Saori y todos voltearon a verla.—No me molesta.
—Yo te acompañaré.—Dijo Shun para evitar así perder mas tiempo en lo que hacían sus juegos infantiles.
—¿Estas seguro que dejar que Saori salga esta bien, Shun?.—Pregunto Ikki
—Tranquilo, estaré bien. Este lugar es muy apacible, además Shun irá conmigo y estamos muy cerca de ustedes.
Los caballeros se miraron entre si unos segundos y accedieron, no había peligro y estaban realmente hambrientos.
Cuatro de los cinco caballeros de bronce se quedaron en la pequeña casa que no contaba con ningún tipo de tecnología para entretenimiento. El ambiente estaba algo tenso por la advertencia que Ícaro les había dado hace apenas unas horas, pero la confianza en el grupo había aumentado pues estaban juntos y tenían con que defenderse y pelear, después de todo, siempre habían usado la fe a su favor, no dudaban en que esta vez también tendrían una ventaja cósmica de su lado, Saori.
Se reunieron en la sala Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki, estaban ansiosos, entre el hambre y la preocupación por Saori no podían estar tranquilos.
—Bien, es hora de que hablemos de ti, Seiya.—Era Hyoga, hablando de cosas triviales para intentar desvanecer un poco la tensión.
—¿De mi?.—Seiya soltó una pequeña risa.—De verdad siento que este no es el momento para hablar de mi, tenemos que llegar al santuario para proteger a Saori.
—Si, ya lo sabemos.—Hyoga se recostó en el sofá cerca de Seiya.— Pero por el momento solo estamos aquí, esperando. Cuando estábamos en Siberia, Saori me puso al tanto de todos ustedes, o de casi todos, me contó el asunto con Ikki y como la salvo al recuperar a Niké, también en como recuperaron a Shun después del disparo a Ikki, pero hubo un largo silencio cuando iba a comenzar a hablar de ti.
—Debe ser porque…— Seiya vaciló.—no hay nada que contar.
—Déjame adivinar.—Intervino Shiryu.— Estabas con ¿Miho? O ¿Shaina, quizás?
—¿De qué estas hablando?, ellas dos son muy buenas amigas.
—Miho, vi su cara cuando la mencionaste.—Le dijo Hyoga con una sonrisa picara.
—¡Ya basta! Se comportan como unos cretinos.—dijo Seiya y miró a Ikki esperando a que lo ayudara pero Ikki permanecía recargado en la pared, impasible.
—Seguramente Saori se molestó porque eres muy terco y no querías regresar porque creías tener una vida perfecta con Miho, ¿Fue así?.—Hyoga parecía divertido.
—¡No!.—Seiya se sentía nervioso al hablar de esa parte de su vida, sentía que había faltado a su deber y lo avergonzaba.—Bueno, la verdad es que lo que acabas de decir, si fue muy apegado a la realidad.
—¿Y tú querías que hubiera sido así?.—Shiryu miró a Seiya en un tono muy serio, incluso Ikki comenzó a poner atención a la platica.— Yo no te juzgaría, mi vida aquí era perfecta y bien pude haber vivido en la mentira, y si estoy haciendo todo esto no solo es por Saori o por ustedes, lo hago en gran parte… por mi familia.
—Si, si las cosas con mi madre no hubieran resultado…—a Hyoga parecieron atorársele las palabras en la boca.—si ella hubiera estado bien no se si los habría seguido. Y sé que Ikki piensa igual, si Esmeralda no hubiera… bueno, el no se habría ido de Phoenix jamás.
—¿Insinúan que a pesar de saber la verdad, se habrían quedado?.—Les dijo Seiya bastante sorprendido ante las motivaciones de cada uno de sus amigos.
Ikki no dijo nada, con una expresión evasiva le dio a entender a Seiya que de haber elegido entre una vida perfecta o una desgracia real, él habría elegido vivir junto a Esmeralda.
—Ustedes aman a esas personas que de una forma u otra, perdieron.—Seiya recordó aquel sueño con Saori en donde la veía caer al suelo llena de sangre.—Yo no sé que haría si estuviera en su lugar, los admiro… por ser tan fuertes.
—Tienes razón, perdimos a las personas que más amamos, pero al menos tú aún tienes a Saori.—Hyoga de nuevo intentaba llevar la platica a un lugar menos sombrío.
Al darse cuenta de la afirmación de su amigo, las mejillas del Pegaso adquirieron un color alarmantemente rojo, parecía tener una fiebre severa.
—Ya cierra la boca, Hyoga. Saori y Shun podrían volver en cualquier momento.
—Parece que di justo en el blanco. No creas que olvide lo que dijiste aquella mañana que desayunamos juntos con mi madre, ella significa mucho para ti.
—¿Si no eras tan feliz con Miho entonces porque tardaste tanto en despertar?.—Shiryu expresaba autentica duda.
—¡Porque si quiero a Miho! Pero es complicado y aún mas lo es Saori.—Seiya se detuvo.—¿Pero ustedes como saben de mis sentimientos por Saori?
—¡Porque eres un libro abierto, Seiya!.— Hyoga se puso de pie.—Comenzaste a mostrar más interés por ella después de tu encuentro con Jamian de Cuervo.
—Pero estabas conforme ¿No es verdad?.—Shiryu quería saber de verdad puesto que él se sentía muy contrariado en ratos con su decisión de dejar a Shunrei y a su hijo.
—Si, solo estaba conforme.—Seiya guardó silencio y miro a sus amigos, todos parecían querer una respuesta.— Si lo quieren saber, si, yo era algo parecido a feliz, Miho es una gran mujer y nos íbamos a casar y a formar una familia. Pero nada más, a pesar de todo, cuando me detuve un momento a pesar en mi situación me di cuenta de que… no me gustaba mi vida, solo me había acostumbrado a ella…
Saori y Shun caminaban juntos mientras reían por algunas anécdotas graciosas de cuando estuvo de interno en el hospital, Shun llevaba en las manos algunas bolsas con comida para todos y Saori las bebidas en un recipiente de cartón que le permitía llevarlas todas a la vez. De repente se quedo de pie frente a la puerta entreabierta, cuando se dió cuenta de que llevaba muchas cosas en las manos para abrirla y entrar, así que espero a que Shun se aproximara pero mientras lo miraba detenerse a buscar las llaves de la casa en su bolsillo pudo escuchar a sus amigos hablar, no quería entrometerse pero al final no pudo evitarlo, las ventanas estaban abiertas y la puerta también tenía una ventana con una malla que permitía el flujo de sonido hacia adentre o hacia afuera.
—… digamos que esa no es la vida que me gustaría vivir.
—Que mal, Seiya. Entonces la estabas usando nada más.—Dijo Hyoga en un tono de burla.
—Jamas haría algo así, yo de verdad la quiero, es solo que ella malentendió las cosas desde el principio.—Dijo Seiya haciendo énfasis en "principio" se refirió a cuando eran niños.
—¿Y qué piensas hacer cuando todo esto acabe?
—No quiero que las cosas se pongan… raras entre nosotros.—Seiya hizo una pausa.— Entonces creó que solo me despediré, después de decirle toda la verdad. Claro que primero me asegurare de que ella este bien.
—¿Entonces tu otra vida es mejor?.—Le dijo Shiryu poniendo entre comillas y haciendo énfasis en "otra". Sabiendo que se refería a vivir en el santuario siendo un caballero.
—No sé si es mejor, pero es lo que yo quiero.
Shun abrió la puerta y se quedó parado junto a Saori después de que también escuchó ese fragmento de la plática, sabía lo que implicaba para su amiga, pero también estaba seguro de que las palabras de Seiya estaban fuera de contexto y que lo que había dicho no era por Saori, cuando volteo a ver a la chica, ella veía al piso pero tenía la mirada perdida.
De repente, Saori bajo los brazos y dejo caer las bebidas que tenía en las manos, haciendo que todo el liquido quedara derramado en sus pies. Los 4 caballeros escucharon y Shiryu se apresuró a salir para ayudar. Al asomarse, el Dragón se concentró en el liquido que ensuciaba la entrada y su premura por ayudar a Saori a levantar y limpiar el desastre no le permitió detenerse a mirar a Saori que parecía estar en una especie de trance.
Pero Ikki también se aproximó a ayudar, solo que él si se dió cuenta de la expresión sombría y lejana de Saori.
Saori lo sabía, ella había malinterpretado todos los gestos y situaciones desde el principio, sentía un profundo amor que solo era correspondido con lealtad, y eso era de esperarse, Seiya llevaba consigo una foto con Miho, que le recordaba que tenía que pelear para que todo acabara y pudiera regresar con ella, de seguro debió parecer una completa estúpida cuando invito a su caballero a recostarse con ella en Siberia, el no estaba nervioso, en realidad estaba incomodo, todos aquellos pensamientos la asaltaron en tan solo unos pocos segundos y su mente le dijo severamente que Seiya era fiel pero no porque la amara realmente, solo era porque era un ser humano demasiado amable y honorable como para rechazarla abiertamente. Esa certeza le quemaba el alma y le acababa de partir el corazón.
Ikki puso su mano en el hombro de Saori de manera delicada y preocupada, al fénix no le gustaba el contacto pero tampoco soportaba ver a su protegida sufrir. Shun estaba a un lado de Saori y la miraba preocupado, Shiryu estaba en el suelo levantando las bebidas, Hyoga se acercó con paño para limpiar el desastre mientras Seiya estaba en el sofá sentado, perdido en sus pensamientos pensando en que tendría que romper su promesa y visitar a Saori cuando todos se hubieran dormido, aquella platica con sus amigos le había abierto los ojos en que no debía esperar mas para decirle sus sentimientos a Saori porque de un momento a otro podría perderla.
La conmoción, el apetito y los sentimientos no dejaron que ninguno de los caballeros de percatará de que alguien los había estado siguiendo.
Hola queridos lectores, aquí les traigo el nuevo capítulo! Espero que les haya gustado ¿Les gustó la aparición de Eros?
Espero que estén pasando una cuarentena por lo menos amena.
Cuidense muchísimo, lávense las manos y no salgan de su casa. Espero que todos mis lectores se encuentren muy bien y que sigan aquí conmigo en esta historia que cada que me volteó se enreda mas.
Gracias por seguir aquí y gracias por sus opiniones y comentarios. Influyen demasiado para aumentar mis ganas de traerles una buena historia.
Gracias y manténganse a salvo, amigos.
