Capítulo 17


Hay días en los que solo necesito un hilo que me conecte al mundo

Tony


Tony inspiró hondo, fuertemente, temiendo que la tensión la tuviera tan disparada que acabara teniendo un ataque y cayera desplomado en el suelo. Apretó con tanta fuerza el teléfono entre sus dedos que perdieron el color. Sabía que algo así terminaría pasando, pero eso no facilitaba las cosas.

Cuando había visto la llamada de su padre, se había planteado no contestar. La idea había circulado en su mente, pesada y agria. Cansado, finalmente cogió el teléfono y salió del taller, sabiendo que si le dejaba arrinconado entre llamadas perdidas y el buzón de voz sería muchísimo peor.

Grande había su sorpresa cuando le había felicitado por los cambios en el taller. Él se esperaba un maremoto por la mera idea de haber cambiado sus cosas de lugar, ocupando su espacio. Hasta se había preparado un discurso en su cabeza para rebatirle. Sin embargo, aquella respuesta lo había dejado descolocado. Se llevó la mano al cuello y se lo masajeó, en un gesto nervioso.

Claro, duró poco y, como siempre, todo tenía trampa.

—He estado pensando… —dijo Howard—. Ya que te has involucrado con algunos negocios de la empresa, ¿quizás podrías hacerte cargo de uno en Nueva York? Es delicado, requiere que sea presencial, y ya que estás ahí…

—¿Qué tienes en mente?

—Llevamos un tiempo desarrollando un nuevo prototipo de fusil de asalto S17 y…

—Para —lo cortó Tony—. Sabes que no quiero saber nada de eso.

—Nuestros negocios con el Ejército son el pilar fundamental de Industrias Stark.

—¡Porque te has empeñado en que la empresa vaya en esa dirección!

—¡No vas a criticar mis decisiones!

—Claro, ¡claro! Lo olvidaba, olvidaba que contigo todo es así.

—Tony, estoy ocupado y no tengo tiempo. Te enviaré los datos de la reunión.

—No voy a ir.

—Deja de colmarme la paciencia, Anthony.

—¡NO VOY A IR! —gritó Tony con todas sus fuerzas.

—¡NO TE ATREVAS A LEVANTARME LA VOZ! —exclamó Howard al otro lado de la línea—. ¡No importan tus títulos universitarios, sigues siendo un menor a mi tutela! No me obligues a traerte de vuelta a casa.

—Visto así… ¡QUIZÁS NO DEBAS MANDAR A UN "MENOR A TU TUTELA" A UNA PUTA REUNIÓN MILITAR!

Y Tony lanzó su teléfono contra la pared. Lo peor fue que, al ser su último diseño, era prácticamente irrompible y pudo escuchar los gritos de su padre en la llamada sin cortar. Tony se alejó de allí, dejando abandonado su teléfono.

Tony estaba agitado, le era difícil respirar. Pensó en ir a la cocina a por agua, pero no quería preocupar a Jarvis. Le bastaría verle en ese estado para suponer qué había pasado y ya bastante tenía el pobre mayordomo con lidiar con él como para refrescarle esa lucha que había entre él y su padre. Sabía que Jarvis lo pasaba mal cuando los veía discutir, no por nada había trabajado para Howard y María muchísimos años, mucho antes de que Tony naciera.

Tony se sentó en el suelo del pasillo, esforzándose en hacer ejercicios de respiración que le dejaran la mente en blanco.

Con su padre siempre era la misma mierda, Nueva York se había convertido en un sorprendente respiro al verse alejado de él. Le entristecía por su madre, pero la distancia había sido reconfortante. Pero al parecer jamás podía estar lo suficientemente lejos de los planes de su padre. Probablemente ni siendo parte de la primera comunidad en Marte lo conseguiría.

Desde que era pequeño, su padre había hecho todo lo posible por conducir a Tony por el camino que él había marcado para la empresa. Incluso su amistad con Rhodey había sido programada para tal propósito. Tony se había rebelado desde que fue consciente de lo que implicaba la guerra. Las armas que su padre le enseñaba con emoción y respeto le causaban pavor y aún esas alturas Howard no había entendido por qué.

Howard se veía a sí mismo como aquel alfa que protege a los suyos cueste lo que cueste. Tony, en cambio, se veía como el omega que era frecuentemente el blanco de agresiones hiciera lo que hiciera. Al ver el arma, no se veía empuñándola, sino siendo el objetivo. Si hablaba, malo; si se quedaba callado, malo; si se echaba a correr, malo; si permanecía quieto, malo; si mostraba sus emociones, malo; si se defendía, malo; si no lo hacía, malo; si las encerraba en un cajón, malo; si elegía su propia ropa, malo; si vestía lo que los demás eligieran, malo; y la lista seguía y seguía, sin fin. Incluso su celo, algo que no había elegido, podía ser un arma arrojadiza contra él. Siempre el blanco al que atacar, como aquella vez de la excursión.

Lo que le llevó a Steve. Había estado pensando en él durante las últimas semanas, más de lo que le reconocería a nadie. Seguía teniendo esa endiablada sonrisa de diez mil voltios, totalmente inolvidable. Solo que ahora que no tenía esas mejillas sonrosadas y esos movimientos torpes, era muchísimo más guapo. Aún así le había costado un poco reconocerlo, aunque ahora que lo sabía resultaba tan obvio que estuvo por llamarse estúpido.

Había pasado muchísimo tiempo, tanto que lo había sepultado en su memoria por su propia salud mental. Le había hablado algunos retazos sobre él a Pepper, pero apenas. Aquel episodio había sido traumático para Tony en muchos sentidos. Había recibido insultos antes, incluso algunas vez lo habían empujado o tirado del pelo, pero jamás había recibido una paliza. Y, lo que más asustó a Tony, que Steve se viera involucrado.

Con esas memorias desempolvadas, Tony recordó con horror al pequeño Steve inconsciente en la camilla del hospital, envuelto en aquel horrendo olor a desinfectante, con heridas por donde fuera que mirara y la respiración jadeante. Entonces Tony comprendió que, por ser él mismo, no solo tenía la posibilidad de ser el objetivo, sus seres queridos también lo eran. Y, por toda la ciencia, había querido muchísimo a Steve. Había sido su primer amor, después de todo.

Desde ese momento, Tony había tenido el fuerte pensamiento de que no permitiría que nadie más le hiciera daño, que no dejaría que nadie a su alrededor sufriera por él, y que no movería un solo dedo para permitir que agresores siguieran atacando a víctimas, que nadie sufriría lo que vivió él. Se había alejado de todo el mundo, imponiendo una pared, y su padre… Su padre se había negado totalmente a comprender por qué existían esos muros a su alrededor, en su lugar había preferido obviarlos como si no existieran, como si su dolor no fuera real.


Agotado y reticente, Tony regresó al taller donde Bruce y Peter seguían trabajando. Había recompuesto la cara y volvía a tener esa sonrisa altanera en los labios. Le bastó un paso al interior de la habitación para saber que algo no andaba bien.

Peter era nervioso por naturaleza, eso Tony lo tenía más que comprobado, pero incluso para él aquello era raro. No podía quedarse quieto en el asiento y no paraba de moverse de un pie a otro. Hasta Bruce parecía tenso, algo sorprendente con su constante e irritante actitud de no voy a dejar que nada me afecte.

—¿Has roto algo, Pet? —preguntó Tony, sobresaltándole.

—¡¿Qué?! ¡No! —exclamó Peter, indignado.

Peter se sonrojó hasta las orejas y Tony no supo si fue por la vergüenza o por el repentino sofoco de su enfado.

—¿Y qué te tiene como una pulga sobre un culo?

—Gracias por la imagen —resopló Peter—. No me pasa nada.

Tony los miró a los dos, sin creérselo para nada. Menos cuando los vio compartir miraditas que pretendían ser discretas, pero que destacaban más que un elefante en una cacharrería.

—Aquí ha pasado algo —aseguró Tony—, algo feo que ninguno de los dos quiere admitir.

Cayó el silencio y, aunque Tony intentó conectar con ellos, los dos seguían evitando su mirada.

Jarvis entró en la habitación con tres fuentes de macedonia en una bandeja. Tony arrugó la nariz, instintivamente. También había una jarra de café y entonces Tony se dio cuenta que la que había en la habitación ya estaba vacía.

—Les traigo un aperitivo de media mañana —les explicó Jarvis, poniendo la bandeja sobre una mesa limpia y recogiendo la jarra vacía—. Y una nueva ronda de café helado, como me pidió el señorito Parker.

Peter se sonrojó y entonces fue que Tony lo entendió. Dejó que Jarvis se marchara antes de decir nada.

—Así que… ¿Saliste a buscar a Jarvis?

—Dijiste que podíamos hablar con él —se adelantó Bruce en un intento de rescatar a Peter—. Si necesitábamos algo.

—Sí, sí, por supuesto —respondió rápidamente Tony, sin preocuparse—. Lo que me pregunto es si quizás escuchaste…, algo, que te puso nervioso.

Peter apretó los labios y hundió la mirada en la mesa, pero Tony no necesitaba respuesta. Peter había pasado de la vergüenza más extrema al terror más fantasmal. Había perdido el color de la cara hasta hacerle lucir como un muñeco. Tony suspiró, cansado, y le palmeó el hombro a Peter.

—Mi relación con él siempre es así, no te alarmes —le explicó Tony, dirigiéndose hacia la mesa para rellenar su taza de café—. Y era yo el que estaba en un sitio en el que cualquiera podría escucharme, no es culpa tuya.

Tony alzó la vista, viendo su reflejo en el cristal de la ventana y, sobre todo, viendo el reflejo de Peter. Parecía tan aliviado que en cualquier momento se echaría a llorar. Tony ahogó la sonrisa al beber un sorbo de café.

Volvieron al trabajo, a la relajada dinámica de grupo que habían logrado construir entre ellos. Tony disfrutaba enormemente de esos momentos con ellos, aunque no siempre lo mostrara. El tiempo siempre pasaba volando cuando estaba en su compañía. Había una estúpida, pero útil forma de aprender cuando estaban juntos. Solo de recordar los laboratorios de la empresa, donde todos lo trataban como una pieza delicada de cristal a la que no había que acercarse, le ponía nervioso.

La jornada terminó antes de lo que le habría gustado y, cuando se dio cuenta, había llegado la hora de recoger todo y marcharse. Para su malhumor, fue en ese momento en que su padre le envió un correo a su ordenador con la reunión. Apagó la pantalla más fuerte de lo necesario, asqueado.

Peter se detuvo en la puerta del taller, agarrando ansiosamente las asas de su mochila, sin atreverse a salir.

—¿Qué pasa, Pet? —preguntó Tony, observándole con diversión.

—¿Tienes algún plan? Esta tarde, digo.

Tony pensó en la propuesta de su padre, que le esperaba caliente y venenosa en su correo electrónico.

—No, no tengo nada.

—¿Te apetecería, no sé, ir a jugar baloncesto con los chicos? ¡No es nada serio! Es solo, ya sabes, nosotros echando unas canastas y eso, pasándolo bien.

Peter lo miró con esa cara de cachorro emocionado y llorón que podía torcer la voluntad de cualquiera. A Tony le divertía, aunque en el fondo era verdad que lograba tocarle la fibra. Riendo, emitió un suspiro de derrota.

—Venga, por qué no.

Lunes, 24 de febrero de 2020


¡Hola a todos, lindas flores!

Este capítulo me pone un poco triste, pero bueno, el entorno de Tony es complicado y en parte es la razón por la que él es así. Aunque ya todos sabíamos que Pepper sabía algo sobre la existencia de Steve y el pasado de Tony, es obvio que Tony se guardó muchas para sí mismo. Bueno, o puede que eso crea él, porque ya nos conocemos a Pepper jajajajajaaja.

Kagome-Black, por ahora las fotos solo están en wattpad, más que nada porque Fanfiction no me permite subirlas. Y sí, Thor es un osito de peluche de esos super achuchables jajajajajaja

Akaire.M, Thor es super bonico, creo que no puedo hacer un fic donde no lo sea, soy incapaz. Es un Winnie the Pooh.

Juvia Agreste, soy un poco lenta, pero si voy más rápido descarrilo , así que... jajajajajaja

Alessandra Von Grey, ¿querías drama? Aquí tienes un camión entero, repletito de drama jajajajaja.

Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!