.:Correspondencia:.

Uin: Oh, vaya que te he hecho sufrir jaja espero que este cap compense las cosas. Parte de lo que te has preguntado será respondido en este cap, otras cosas quedarán pendientes para los siguientes, el misterio está cada vez más cerca de ser resuelto. No quiero comentar más porque no quiero soltar algún detallito de más por accidente.

Ghost iv: Chale time es el best time jajaja, ya verás que ocurre con Rukia más adelante, de momento, espero que disfrutes estos pequeños grandes avances entre Ichigo y Rukia.

Tomatitoo: Creeme que ese sufrimiento valdrá la pena, te lo prometo. Gracias por tus lindas palabras, es tan reconfortante leeras.

gitana99k: Ya podrás leer el proceder de Ichigo, espero te guste jeje.

andreabunny20: Ya lo sabrás ;)

Inverse L. Reena: Perdóname :( me costó un poco sacar este cap, espero de todo corazón que te haga sentir bien leerlo. Para mi el milagro es leerte de nuevo por acá 💜

VizoredLisa: Hola, la verdad soy un poco lenta pero mi amor por el IR sigue vivo como el primer día, y soy obstinada, esta historia no se puede quedar sin final después de todo el amor que ha recibido. Me da directo en el corazón tener ese impacto como para que te plantees continuar tus propias historias, de ser así no dudes ni un momento en que me iré a devorarlas (que tengo más de una en mi lista de pendientes, jeje).

aralemir: Valdrá la pena, te lo aseguro.

Guest: Lo lamento, ¡pero ya he vuelto! :D

Aqua: Ya sabrás cual es el nombre jeje.

shinny26: Pasará, no dudes de ello ;) espero te guste el cap.

¡Hola a todos! Sé que me he tardado, pero me siento algo orgullosa de que no haya sido tanto y pese a las circunstancias que me han surgido desde que publiqué el último cap, cosas muy personales y dramáticas con las que no les quiero aburrir, así que mejor vayamos al cap, que es menos bomba que el anterior, pero considero un poco más… interesante.

¡Hemos superado los 100 reviews! Muchísimas gracias a todos por ello, jamás creí llegar tan lejos.


Marked

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Capítulo 10

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De vuelta al escuadrón, era evidente el silencio. Algo normal pero no era un silencio que a Rukia le agradará.

Es como el silencio de las noches más oscuras en el Inuzuri. Como los que hay en la mansión Kuchiki durante las cenas. Y sobretodo el silencio de cuando se queda acostada en el futón, en donde se recuerda una vez más lo sola que se siente, excepto cuando Ichigo corre a donde ella, con sus brillantes ojos y sonrisa confiada, haciendo que su corazón duela.

Pero ya no puede continuar con esto. Ya ha empezado a notar las voces que no disimulan tan bien como creen cada que la ven caminar por los pasillos del escuadrón.

"Kuchiki se ha conseguido un novio, ¿no es lindo? Pasaba tanto tiempo sola".

"El nuevo anda detrás de los huesitos de la arrimada de los Kuchiki, si no es tonto". "Muchas clases especiales, ¿no? Se la ha de estar tirando, al rato la va a dejar".

"Si es que ella no lo deja primero, ya sabes como son las "señoritas" nobles".

No se quiere ni imaginar qué es lo que diría su Nii-sama si se enterara, peor aún, que dirían sus familiares mayores que miden cada uno de sus pasos con precisión milimétrica. Ella no quería ser el motivo del inicio de una conversación incómoda.

Sólo quería llegar a su habitación y perderse en el mundo de los sueños para después tener que regresar a la realidad. Una realidad que cada vez parecía mezclarse más y más con los tan dulces sueños que Rukia se obligaba a olvidar. Ichigo era cálido, algo molesto en ocasiones, pero había algo en él que le hacía volver al escuadrón con una pequeña, casi imperceptible, sonrisa en el rostro.

"No te puedes enamorar, Rukia"

Se repitió una vez más mientras le veía por el rabillo del ojo, con miedo de verle directamente y acabar diciendo algo de lo que se iba a arrepentir.

No podía hacer que ninguno de los dos albergarán sentimientos que no iban a llevar a ninguna parte. Ella podía tomar las riendas y controlarse, pero aún con el poco tiempo que conocía a Ichigo, sabía que era una fuerza que no podría detener una vez sus sentimientos se salieran de control. Ella no iba a lastimar a alguien más, incluso si era de una manera tan pequeña como lo era un corazón roto.

"Sobrevivirás"

Bajó la mirada. Era lo mejor para ambos. Incluso si eso significaba que él la dejará atrás, como todos los demás.


Ichigo nunca se había sentido tan incómodo.

Siempre supo que ilusionarse con Rukia era algo que iba a desencadenar en el desastre, que todo se podía tratar de un malentendido muy enredado… pero eso no lo detuvo.

Le gustaba Rukia.

No sólo era su nombre, era todo.

Lo oscuro de su cabello, el cómo su piel se tornaba ligeramente rosada después de la actividad física, su voz firme, la manera en que siempre parecía tener una respuesta ingeniosa a cada argumento que lanzaba, su bonita nariz, su férrea voluntad, lo pequeña que era, el aura de compromiso y bondad que desprendía a su alrededor... y sus ojos, ¡oh, sus ojos que eran como un par de estrellas en medio de la abrumadora soledad que siempre sintió a pesar de sentirse rodeado en este universo que parecía tener absolutamente todo planificado para él!

Pero Rukia era impredecible, se movía constantemente y le significaba un reto, una motivación para no permitirse quedar atrás. Porque quería ser mejor. Sentirse digno de estar con alguien como ella.

Pero saber que había alguien destinado a ella le caló más de lo que esperaba.

¿Valdría la pena continuar con esta lucha? Tampoco es que quisiera quedar como un pesado que no sabía entender un "no" tan brutal de parte del destino como lo es que en la piel de Rukia esté el nombre de alguien más.

Ichigo suspiró, llamando la atención de Rukia. Ve sus grandes ojos buscando la más pequeña señal de que algo está mal, e Ichigo siente que podría flaquear en cualquier momento.

— ¿Pasa algo?— por fin ella se atreve a hablar.

— No, no, no es nada— responde con un tono casi jovial, contrastando contra la tormenta en su interior—, es sólo que no puedo creer que ya lo haya logrado.

— Era cuestión de tiempo, tu zanpakuto no podía esconderse para siempre de ti.

— Zangetsu— la corrigió, a lo que ella asintió con los ojos cerrados, dándole la razón—. Aunque sin duda nos ha ayudado que tú estuvieras allí.

Rukia sintió como el corazón aceleraba su paso, traicionando lo que su mente le pedía a gritos. Se calmó, tontamente, diciéndose que era por el orgullo de hacer que Ichigo, un prodigio y quizá en un futuro un muy importante shinigami, le honrará de esa forma.

— No tienes nada que agradecer— bajó la mirada, porque notó que él estaba esperando una respuesta que no podía descifrar.

— Me gustaría hacerlo.

— No tienes que— dijo en tono autoritario pero aún así podía escucharse el anhelo de algo que no sabía que era—, es mi deber como shinigami.

— Hablas mucho de deber, pero no de diversión.

— Los shinigamis no estamos para divertirnos.

— No sólo eres una shinigami, Rukia— pausó su marcha y se posicionó para verle de frente—. Eres una persona, tienes derecho a ser más que una máquina de matar hollows.

— No entiendo a qué va esto, Ichigo.

— Sé que no puedo ofrecer mucho, después de todo eres una Kuchiki y debes estar acostumbrada a cosas lujosas— Rukia sintió mucha pena por que él pensara eso—, pero, ¿sabes?, cuando vayamos al mundo humano...— oh, dios, Ichigo se moría por dentro, ¿realmente se iba a atrever a hacerlo?— me gustaría llevarte a patinar en una pista de hielo.

Casi arrastra las palabras, Rukia apenas logra entender lo que dice.

— ¿Pista de hielo?— pregunta totalmente ignorante.

— ¿No las conoces?— se rasca la mejilla nervioso—, es una especie de campo en el que se deja hielo para que te puedas deslizar sobre él.

— ¿Y eso es divertido?— estaba siendo sincera con su interrogante, pero era más que nada para distraerse a sí misma de ese sentimiento de incomodidad previo… y para evitar contestar la invitación que sonaba a una cita.

— Bueno, era algo que me gustaba hacer con mis hermanas en invierno.

— Oh, ¿tienes hermanas?— le rodeó y continuó con su caminar. Ichigo percibió que Rukia estaba tratando de cambiar el tema. Pero si ella no se sentía cómoda con ello, no la iba a obligar a volver a ello. Había sido bastante tonto hacerlo después de ver su marca.

"¡Que iluso!"

— Dos hermanas. Yuzu y Karin, mellizas.

— ¡Mellizas! No te creo— jugueteó. No tenía nada de malo, ¿verdad?—. Ya es bastante curioso que tengas el cabello naranja.

— Supongo que vengo de una familia con un montón de curiosidades— se encogió de hombros. Era la primera vez que su cabello tomaba relevancia en una de sus conversaciones.

— Debe de ser una familia bastante peculiar. No me imagino haber crecido en una familia así.

"Nunca has tenido una verdadera familia, mejor dicho". Se corrigió internamente.

— Ugh, si hubieras conocido a mi padre te hubieras ido de espaldas.

Los ojos de Rukia brillaron, e Ichigo no pudo evitar empezar a contarle de aquella ocasión en que por culpa de Isshin casi se ahoga, y todo por dejarlo dormir en la playa sin tomar en cuenta que la marea subía.

Rukia disfruta cada una de sus palabras, porque sabe que quizá sea la última vez que él hable así con ella, porque se distanciara apenas y le sea posible.


Rukia come en silencio, como si tuviera miedo a ser descubierta.

No es que debiera, era parte de esa "familia". Aunque eran más bien un montón de gente unida por un mero apellido y el deseo de continuar con sus privilegios. Por lo tanto, nadie entra al comedor mientras ella está, no es digna de la presencia de ninguno de los Kuchiki y al mismo tiempo temen caer de la gracia a su hermano adoptivo, y por lo tanto la evitan.

Toleran a la pequeña mascota de Kuchiki Byakuya, pero no la quieren cerca.

Rukia escucha como una sirviente entra cabizbaja, nunca atreviéndose a verla directo a los ojos. Esta empieza a acomodar los lugares como si fueran a llegar dos personas más, algo que no había visto pasar más que en contadas ocasiones.

— ¿Vendrá un invitado con Nii-sama?— se atrevió a preguntarle a la sirvienta, que cerró sus ojos con fuerza como si estuviera esperando un regaño.

— Sí, Kuchiki Rukia-sama, su honorable hermano ha pedido que se le preparen un lugar extra, ¿desea que le excuse con él?

— No hace falta— Si su hermano no había pedido que la sacarán del comedor era porque la requería allí o porque le resultaba irrelevante su presencia. Por si era una cosa o la otra, mejor se quedaba.

A los pocos minutos veía su hermano entrar al comedor, desprendiendo esa elegancia que le haría pensar a cualquier chiquilla que se trataba de un príncipe. Detrás de él, como si se tratará de una sombra que se movía con más incomodidad que nada, se encontraba una persona que jamás creyó que vería en esta clase de circunstancias.

Abarai Renji.

¿Por qué no puedes hacer esto por mi?

Se aguantó las ganas de abrir la boca sorprendida, sabiendo que sería un gesto que Byakuya desaprobaría, pero es que no había manera de que esto estuviera pasando.

— Buenas noches, Rukia— el tono de Byakuya le trataba de transmitir algo, ¿sería consternación? Rukia no estaba muy segura.

— Buenas noches, Nii-sama— quizá tenía que ver con que no le había saludado ella primero como era lo usual.

— Buenas noches— saludó Renji entre formal y abochornado, como si no la conociera y quisiera dar una buena impresión.

— Abarai Renji, mi nuevo teniente.

Oh.

Byakuya parecía no saber que ambos se conocían de antes, ¿por qué habría de hacerlo? Con esa presentación tan sencilla había aclarando las dudas que inundaban la mente de Rukia.

Siempre supo que Renji iba a llegar lejos. Era obvio que ella le había estado deteniendo por muchos años.

Byakuya tomó asiento y Renji le imitó con torpeza. Los sirvientes pusieron frente a ellos nuevos y recién preparados platillos. Esta era una cena terriblemente larga. Rukia se arrepintió como nunca de no haberse retirado a su habitación.

No esperaba tener que verlo de nuevo, no así. Él parecía que tampoco esperaba verla en el comedor.

Rukia tan sólo podía escuchar los reproches del pasado en el silencio abrumador.

Tú no me quieres, por eso no eres capaz.

— ¿Estás bien?— no fue hasta que escuchó la voz de Byakuya que Rukia se dio cuenta de que se había quedado congelada. Esa era una pregunta... inusual, si bien Byakuya le repetía que si necesitaba algo no dudará en pedirlo, realmente nunca preguntaba nada.

— Sí— Estuvo a punto de salir corriendo, pero su boca fue más rápida que sus piernas.

La mirada que le dio Byakuya le dijo todo. No le creía, ni un poco, pero no iba a indagar. Rukia no estaba segura si era porque respetaba su intimidad o que no le importaba lo suficiente, de igual manera daba igual.

Renji se encogió aún más en su asiento, apenas había probado bocado. Esto obviamente hizo que las alarmas de su hermano se encendieran.

— ¿Renji?— él se enderezó, no como un buen soldado, sino como alguien que está aterrado.

— ¿Sí?— respondió apenas como para que ambos escucharan.

Byakuya cerró los ojos, y le dio un trago a su té.

Rukia conocía lo suficiente al líder de los Kuchiki como para saber que este había dado el carpetazo a la situación.

"Quizá es para mejor."

Se consoló Rukia mientras masticaba con amargura.


Deberías de hacerlo.

Rukia no dejó de tallar sus ropas en el río, aunque si le prestaba atención se podía notar que ahora lo hacía con algo más de fuerzas, molesta.

No es algo necesario, Renji.

Él se sentó en el borde del pequeño canal, mojando sus pies.

Pero no te cuesta nada, además...— hizo una pausa mientras recogía una piedrecilla para admirarla como si fuera lo más fascinante que hacía visto en su vida—. Será para tu seguridad.

No quiero hacerlo. Puedo cuidarme sola.

Pero así los hombres dejarían de verte mal.

Llevar tu nombre en mi cuello no va a cambiar eso— se puso de pie, de todas formas el yukata nunca iba a terminar de quedar limpio, no tenía jabón, no podía darse esa clase de lujos. Caminó hacía la pequeña casita que había sido su hogar en los últimos tiempos.

Aquí se respeta que una mujer tenga el nombre de un hombre a la vista— iba detrás de ella, tratando de convencerla mientras le fuera posible. Una vez ella estuviera dentro no iba a pedírselo para que todos vieran cómo sus ruegos eran ignorados.

¿Y qué tal si no me quiero quedar aquí para siempre?

¿A dónde se supone que irías?

Quizá algún día me haga shinigami— Renji soltó un chasquido, a Rukia le molestaba cuando él hacía eso cada que lo comentaba—. Y tú también.

No vamos a dejar a los chicos— Rukia asintió, ella misma se había propuesto eso.

Lo sé.

Suspiró

Renji no entendía, era demasiado bruto para hacerlo, ya hacía tiempo que Rukia se había convencido de ello. Nunca se la había mostrado, pero estaba segura de que él tenía su propia cicatriz, y ella entendía que como todos los demás varones no se guardaban para esa persona especial, él no sentía la presión de hacerlo, ¿pero por qué le era tan difícil entender que ella quería esperar por su Haku?

Se acarició la pequeña cicatriz en su antebrazo con dulzura.

¿Sabes que las marcas no sirven de nada acá, verdad?

No me importa.

Haku llegaría, no tenía dudas de ello.

Te van a hacer daño. Hazme caso Rukia, ¿por qué no puedes hacer esto por mi?

Porque no te quiero de esa manera, ni quiero que la gente me mire como si…

¿Cómo sí qué?— preguntó seco. La pelinegra se quería tragar las palabras de la vergüenza—, ¿te parezco poca cosa?— preguntó molesto—, lo que pasa es que tú no me quieres nada.

No quiero llevar tu nombre como si me vendiera— le espetó sin verle, aguantando el coraje de golpearlo por la frustración. Sabía que él no tenía esa intención, pero definitivamente los demás iban a empezar a decir que ella era su... su puta. Y Rukia prefería ser considerada una marimacho por andar entre tanto chico que una cosa para ser usada—. Comos si tú me vendieras a los hombres.

Tú sabes que yo nunca…

¡Lo sé! Pero entiende que yo no voy a cortarme tu nombre para llevarlo como si fuera ganado. Yo ya tengo mi marca, no puedes cambiarlo.

¡Pero yo estoy aquí!— la sujetó de los hombros y la sacudió de los hombros—, ¡él no va a llegar!

Ruki a cerró los ojos, con el ceño fruncido, más molesta que afectada por las palabras de él.

No me importa. Voy a esperar a Haku, mi alma gemela— no dudó ni un segundo en decirlo, viéndole directo a los ojos, convencida de su deseo, confiando en alguien que no conocía pero ya amaba.

El pelirrojo se apartó, se revolvió los cabellos, como pensando en qué demonios decir.

¿Qué su nombre no era Kei?— le vio extrañado, y Rukia se apuró a corregirse.

Hablé con una shinigami. Me ha dicho que se lee Haku, no Kei— apartó la vista—. Ya sabes que no puedo leer kanjis tan complicados.

No deberías de hablar con shinigamis.

Necesitaba estar segura de que así le leía su nombre correctamente, ¿sino cómo iba a saber cómo encontrarlo?

No va a llegar Rukia, estamos muertos. No tiene caso esperar por alguien que debiste conocer en vida— su tono era ya molesto, ya frustrado de tener que repetir lo mismo una y otra vez—. Tienes que aprovechar el ahora.

Mi ahora es sobrevivir a Inuzuri y encontrar a Haku. No voy a traicionarle, él es mi destinado. No puedes luchar contra lo que ya está escrito.

Rukia no sintió miedo pese a ver el fuego furioso en su mirada no se siente intimidada. Se mantendrá firme, sin importar qué.

Como no pudo aguantar la violeta mirada, nunca había podido en realidad, se fue con las manos hechas puños, con una decisión más que tomada.


Rukia despertó asustada, sintiendo el cuello arder como aquella noche. Tocó la piel, esperando sentir el cálido líquido de rojo brillante, pero cuando se vió la mano no había nada.

Estaba en su habitación en la mansión Kuchiki, no en aquella desolada casita que en cualquier momento se les podría haber caído encima.

Esa noche fue lo que marcó el inicio del final de su amistad con Renji. Podría perdonarle que fuera un bruto y la molestara constantemente.

Pero despertar con él cortándole para realizar el primer trazo del kanji de su nombre… jamás se había sentido tan traicionada.Y al día de hoy no estaba segura de si le había perdonado después de las décadas.

Probablemente se habría ido de no ser porque antes de tomar esa decisión murieron sus amigos, los únicos que les quedaban, y entonces decidió aferrarse a él.

Se equivocó, porque él fue quien terminó dejándola ir, aunque a pesar de todo quería seguir a su lado. A lo único que le quedaba de lo que había tenido en toda su vida.

Se volteó en el futon, cerrando los ojos.

Al final, no hacerle caso fue lo mejor, ¿qué iba a hacer ella con el cuello marcado con el nombre de un hombre que no podía siquiera pedirle que se quedará a su lado?

Antes de cerrar los ojos para dejarse llevar de nuevo por los sueños del pasado, una pregunta invadió su cabeza.

¿Querría Ichigo mantenerse a su lado pese a lo que dictaminaba el destino?


— Capitán Ukitake— toca antes de entrar, y descubre a su superior más pálido de lo común, pero con esa sonrisa amable de siempre—, ¿se encuentra bien?

— Oh, claro que sí. Pasa, Ichigo-kun— le hace una seña para que se siente—. ¿Gustas té?

— No, gracias— no termina de agarrarle el gusto a esa bebida que le parece amarga o insípida—. Vengo a dejarle los reportes.

— Muchas gracias— sonríe reluciente—, me alegro que te lleves bien con tus nuevos compañeros y te ofrezcas a esta clase de tareas—. Ichigo sonríe de manera algo forzada, esto era más la clase de tareas que nadie quería hacer. Aunque Ukitake era un hombre amable, lo era a un extremo tal que no te dejaba ir hasta después de tener una laaaarga charla—. Por allí he escuchado que pasas mucho tiempo con Kuchiki.

La mirada de Ukitake se agudizó como nunca antes, e Ichigo sintió que entraba en pánico.

— Sí— su afirmación sonaba más a un pillido.

— ¡Me hace muy feliz saber que es verdad!— su expresión cambió radicalmente a una de alivio, pero esto sólo hizo que Ichigo se tensara más—, le tengo una gran estima a Kuchiki, es bueno verla un poco más animada, y si es por ti me hace sentir tranquilo.

— Rukia y yo no...— el hombre mayor se le quedó viendo expectante—. Rukia y yo no tenemos esa clase de relación. Ella me enseña, yo trato de aprender.

Ukitake toma su taza de té, y la ve, como si esta le fuera a dar las respuestas de que venía en un futuro.

— Pero ella está tan contenta. Sé que quizá no te has percatado, pues no llevas mucho tiempo en el escuadrón, pero han pasado tantos años desde que no la veía dibujar en sus notas o silbar mientras camina por los pasillos— Ichigo sintió como el corazón le iba a explotar—. Supuse que al menos eran amigos. Kuchiki tiene tanto tiempo huyendo que pensé que la estaba perdiendo.

— ¿Huyendo de qué?

— Del pasado… pero sobretodo del futuro.

Ichigo frunció el ceño, no entiende a que se refiere. Ukitake cierra los ojos y bebe del pequeño recipiente, más como una excusa para no hablar. Había cosas de las que no estaba dispuesto a hablar.

— ¿Qué debo hacer?

— Eso es algo que no puedo saber.

— ¿No es inapropiado? Es decir, no conozco del todo las costumbres de la Sociedad de Almas, no quiero hacer nada inapropiado, y sé que la familia de Rukia debe de ser muy especial, y si ella…

— Sabes, me recuerdas a alguien muy especial— Ichigo detuvo su balbuceo—.

Tienes cierto parecido, debo de ser sincero. Pero lo que más me hace pensar en él cuando te veo es que sé por todo de ti me dice que no eres alguien que se preocupa por las normas. Que eres terco y poco o nada te puede detener. No eres él, pero sé que no te vas a rendir tan fácil. Vas a luchar.

— ¿Contra qué deberé de luchar?— preguntó aunque sabía cuál era la respuesta.

Ukitake sonrió con satisfacción, para decir exactamente lo que Ichigo había pensado.

— Contra todo y todos si es necesario. Lo único que te podría detener es ella, y debo de rogarte que no dejes que sus muros te intimiden, ella te necesita más de lo que cualquiera de los dos podía creer.

Ichigo aceptó esta misión, incluso antes de que le fuera encomendada.

— Yo…

Por un instante fue como si todo el mundo guardará silencio, expectante de lo que iba a decir. Escuchó los pasos tranquilos al lado de la pared, y de alguna manera supo que era ella. Podía sentirla.

Se puso de pie y casi corriendo salió para encontrarla.

Ukitake terminó su bebida, satisfecho.

"Ah, el amor."


— ¡Rukia!

Abrió la puerta de golpe, logrando que todos a su alrededor dirigieran sus miradas a ellos, haciendo que Rukia se ruborizara al sentirse el centro de atención.

— ¿Ocurre algo?— se aguantó las ganas de decir su nombre, no quería que pareciera que había una mayor conexión de la que ya se estaba implicando.

— ¿Tendrás tiempo de ir a entrenar hoy?— Ichigo sintió como el corazón le iba a estallar, no sabía que podía extrañarla cuando llevaba tan poco tiempo sin verla. ¿Era esto siquiera normal?

No es que le importará la respuesta, no necesitaba mucho más que ver como los ojos de Rukia se abrían como platos con ese brillo particular mientras el rubor se acentuaba incluso más.

— Tú...— el aire se le escapaba a Rukia—, ¿tú quieres continuar tu entrenamiento… conmigo?

Ichigo asintió con esa sonrisa socarrona que solía regalarle cuando se sentía confiado, como si tuviera todas las respuestas del universo.

— ¿Acaso planeas deshacerte de tu responsabilidad?

Rukia sabía que no debía. Mantener las distancias era lo más sano para ambos, pero sobretodo para ella.

Las lágrimas no servían de nada, eran para los débiles, y sin embargo, Rukia sintió como los ojos le ardían por las ganas de dejarlas salir.

Ichigo no la iba a dejar atrás.

No la iba a abandonar, aún cuando no podía darle lo que él quería de ella.

Por primera vez, después de vivir en dos mundos distintos y tantos años que ni siquiera podría estar segura de cuántos eran de manera exacta, Rukia sintió que realmente había alguien para ella.

— Tonto.

Y ese alguien era Ichigo.


Bueno, ¡sabemos un poquín del pasado de Rukia! Ya era hora, ¿no? Aunque siento que esto ha creado más preguntas que respuestas, muero por leer lo que piensan de todo lo revelado en este cap jajaja. Respecto al nombre "Haku", es un pequeño huevo de pascua para uno de mis futuros proyectos, ya verán qué uso le daré ese nombre ;)

Nos vemos pronto, no olviden los reviews, que no tienen idea de cómo me motivaron en esos momentos tan pesados durante estas vacaciones.