CANCIÓN DE CUNA

La decisión de dar asilo político a Folken solo se había informado entre los nobles y los académicos. El rey Grava no había estado muy contento cuando Eries se lo comentó la noche anterior, pero se había mostrado más tranquilo por la mañana.

Dryden se las había ingeniado para organizar una reunión con generales y líderes de los ejércitos de Asturia para la tarde siguiente, a fin de conseguir tanta información militar como fuera posible, ella había intentado estar tan ocupada como cuando Millerna había escapado… lo cual era técnicamente imposible.

Dryden estaba mostrando ser un dirigente hábil, inteligente y bastante capaz, Millerna no había tardado mucho en supervisar tratamientos y todo lo relacionado con subsanar las necesidades de aquellos que habían quedado desahuciados el día de su boda, a Eries solo le había quedado atender a peticiones más bien de tipo común y verificar que el palacio siguiera su marcha como era usual… dejándola con más tiempo libre del que deseaba en aquel preciso momento.

-¿Estás seguro de que no necesitas que supervise nada más, Dryden?

-¿Te parezco un esclavista acaso? -Contestó el Regente con un poco de burla en la voz, parecía intentar contener la risa que aquella especie de broma le había causado a sí mismo, justo antes de palmearla en un hombro, como si se tratara de una niña pequeña o algo así- te dije que necesitabas descansar, ese cerebro tuyo es casi tan valioso como el mío, así que, por favor, ¡aprovecha tu tiempo libre! ¡sal a divertirte! ¡ve a la biblioteca! ¡toma una siesta o has una fiesta de té! Puedes creerme, cuando seas necesaria, te lo haré saber, Eries.

Asintió con una reverencia, sintiendo el estómago revolvérsele apenas dar vuelta para retirarse de la sala de audiencias. Folken estaba en la puerta. Sus miradas se habían encontrado apenas un segundo, antes de que él la dirigiera al suelo, de la misma manera en que lo había hecho al llegar con su hermano a la ciudad.

Ella avanzó apenas un poco en dirección a la puerta, aparentando que todo estaba en orden con ella, deteniéndose a un lado de la puerta para que el alto faneliano de cabellos claros pudiera entrar, ignorándola por completo a diferencia de los guardias custodiándolo que, definitivamente, le habían hecho una reverencia apenas verla.

La princesa tragó algo que parecía haberse atorado en su garganta y prosiguió su camino, al principio a un paso normal, luego acelerando un poco, corriendo finalmente lo poco que le quedaba para llegar a su habitación, lugar donde se encerró sin poder evitarlo, la respiración demasiado agitada para poder calmarse pronto, el corazón latiendo tanto, que podía escucharlo como si se tratara de un tambor, ¿PORQUÉ DEMONIOS SU INDIFERENCIA LE DOLÍA TANTO?

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Apenas dos días después, sentía la cabeza palpitándole con dolor. Por alguna razón, el hombre que debería pasar la mayor parte de su tiempo encerrado en una habitación de huéspedes, había estado saliendo más al tercer día de estancia y aún más el cuarto día.

Eries estaba molesta, frustrada, angustiada y con un serio problema para mantener sus emociones en orden esa noche.

La cantidad de veces que se había topado con Folken en algún pasillo, en las escaleras e incluso en su santuario de silencio y soledad llamado Biblioteca parecían una broma de mal gusto, por supuesto, no era toparse con el alto faneliano lo que la molestaba, sino la actitud que el mayor de los hermanos Fanel tomaba apenas divisarla, bajando la mirada, guardando silencio y simulando que no la había visto. ¿Por qué? ¿Qué demonios había hecho ella para merecer semejante trato?

Esa noche, Eries tomó su cena en su habitación, releyendo por enésima vez el viejo volumen de leyendas faneliano, era lo único que parecía ayudarla a tranquilizarse últimamente.

Cuando terminó de leer, se acostó en su cama, apagó las luces y trató de dormir.

Su descanso no duró demasiado, apenas un par de horas mal logradas.

-¡NO, FOLKEN!

Su respiración entrecortada, las gotas de sudor frío bañándola de pies a cabeza y la enorme necesidad de soltarse llorando no eran algo agradable. Al menos no había vomitado esta vez.

Salió a su balcón, calculando la hora solo con ver la posición de las dos lunas y las estrellas. Media noche posiblemente.

Se cambió por un conjunto egzardiano que guardaba para ocasiones como aquella. Se había resignado a que no dormiría más y francamente, la escaza cantidad de trabajo que tenía no era suficiente para entretenerla lo que restaba de la noche y el día siguiente.

Bajó a los jardínes, la brisa marina y salada que la envolvía, fresca y revitalizante la ayudó mucho a relajarse; poner atención a las distintas flores y plantas, estudiando sus hojas y tratando de recordar cuanto había leído de cada una años atrás, fue suficiente para distraerla de los problemas estresándola ahora; la caminata relajada y lenta brindándole algo de calma en medio de aquel caos que le había supuesto todo… hasta que lo escuchó, alguien estaba silbando una melodía, una que le parecía familiar y que, de todas maneras, era incapaz de reconocer.

Sus pasos se apresuraron un poco, siguiendo las notas agudas y armónicas por entre plantas y flores multicolor. Cuando encontró la fuente, el corazón se le cayó a los pies. Folken Fanel estaba ahí de pie, dándole la espalda, sentado en una de las bancas de piedra y contemplando las estrellas, su cuerpo envuelto en una capa vieja cuyo color era imposible adivinar en medio de la noche.

No estaba segura de si sería prudente seguir avanzando, no estaba segura de que podría contenerse, su cabeza era una maraña extraña de sentimientos, odio y amor, curiosidad y miedo, recelo y añoranza.

-¿Es hora de volver a…? ¡oh!

Demasiado tarde para tomar una decisión, él había dejado de silbar, había volteado creyéndola otra persona… y la había visto… ¡Por Jichía, la había visto, le había hablado! ¡no podía fingir que no la veía! ¡no se atrevería a ignorarla ahora!... ¿o sí?

Se llevó las manos al pecho, había comenzado a dolerle de forma punzante al verlo bajando la mirada y volviendo a voltearse, dándole la espalda e ignorándola de nuevo. Ya no había silbido, solo un silencio incómodo entre ambos.

El enojo pudo más, soltó el aire que no había notado que tenía atrapado en su pecho, sus pasos resonaron por el jardín conforme se acercaba a él, rodeándolo, poniéndose frente a él y negándose a irse.

-¡Folken!

Él no se movió, no la miró, parecía como si no la hubiera escuchado siquiera, pero sabía que lo había echo, estaba segura, podía jurar que había notado la postura de aquel hombre tensarse ante el sonido de su propio nombre.

-¿Vas a responderme o seguirás haciendo como que no existo?

No hubo respuesta de nuevo, él no se inmutó, no dijo o hizo absolutamente nada.

Podía sentir lágrimas ardiendo en los límites de sus ojos, todo el enojo que había sentido juntándose en una bola intragable, atorada en el medio de su garganta y una angustia insana apoderándose de ella, ¡era imposible! La princesa había perdido todo autocontrol, alargando sus brazos hasta hacer contacto con los hombros enfundados en cuero para comenzar a zarandear a la única otra persona en el jardín.

-¿QUÉ DEMONIOS PASA CONTIGO? ¡MALDICIÓN! ¡PRIMERO ERES GENTIL Y AMABLE! ¡LUEGO TE MUERES CAZANDO UN DRAGÓN! ¡DESPUÉS REGRESAS DE LA TUMBA PARA DARNOS ÓRDENES EN EL NOMBRE DE ZAIBACH! ¡Y AHORA ME IGNORAS! ¡MALDITA SEA, FOLKEN!

Lo consiguió, él había volteado a verla, sosteniéndole la mirada con aquellos ojos de granate, antes llenos de aquella chispa de calor y amabilidad, ahora tan fríos como un témpano de hielo en altamar.

Lo soltó apenas notar lo que había hecho, llevando sus manos a sus propias mejillas en un desesperado intento de cubrir las lágrimas brotando de ellos.

Él seguía mirándola, no decía nada, solo estaba ahí, observándola en completo silencio mientras ella no podía detener sus lágrimas.

-Quise ir a despedirte con Marlene, supliqué que me permitieran ir, pero, yo no… yo…

-Lo lamento, princesa Eries, pero no soy el Folken al cual buscas.

Apretó los dientes, limpiando sus ojos con furia y tomando aire en un intento desesperado por recobrar la compostura.

-No, no lo eres, tú no eres el hombre que conocí hace diez años, eres lo que quedó, solo una sombra detestable que no deja de perseguirme ni siquiera despierta.

-No… no intentaba dar esa impresión… me disculpo, princesa.

-Nunca me miras cuando nos cruzamos, llevas tres o cuatro días en mi casa y cada vez que nos cruzamos bajas la mirada y simulas que no existo, ¡¿qué te hice?!

Podía sentir como aquella mirada se volvía pesada sobre ella misma, el enorme frío que parecía emanar de aquel ser fantasmal comenzaba a mostrar algún tipo de emoción, ¿curiosidad? ¿mofa? ¿arrepentimiento?

-Estaba avergonzado -Admitió el faneliano bajando la mirada un segundo o dos, antes de volver a mirarla directo a los ojos.

-¿Tú estabas…?

-Al principio, cuando llegamos y saliste corriendo con los guardias… no, no supe, no estaba seguro de que fueras tú, habías crecido tanto, ¡habías cambiado tanto!, tu rostro, tu voz, tu cabello, tus ropas, tu postura… esa seguridad al estar rodeada de gente y la determinación en tus órdenes… no estaba seguro de quien eras, entonces, cuando bajé del Escaflowne y te vi una vez más… estaba completamente avergonzado, por un segundo o dos me pareció ver a la pequeña de doce o trece años que había ido a visitarme hace tanto tiempo… en otra vida… ¿cómo podía devolverte la mirada luego de todo lo que hice?

El silencio cayó sobre ambos de nuevo, esta vez ninguno retiró la mirada.

No sabía que pensar, no sabía que sentir, al menos había dejado de llorar, sus manos ya no descansaban sobre sus mejillas, sino sobre su pecho y él, Folken Fanel, el hombre con el que había soñado los últimos diez años no se movía de donde estaba, la miraba con una expresión que denotaba curiosidad y… ¿miedo?

-¿Sabes lo que pasó con Marlene después de que…?

-Si -Suspiró Folken, desviando la mirada de nuevo al suelo- desposó al Duque de Freid… tuvo un hijo… murió.

-Ella te amaba -Dijo ella con tanta amargura, que parecía que le hubiera lanzado un reproche- te guardó luto por años.

-Lo lamento -Repuso él con sinceridad, levantando la mirada de nuevo.

-¿Sentías algo por ella, Folken? ¿alguna vez?

Había duda en él, un debate interno que no terminaba de gustarle y que lo forzaba a guardar silencio.

-Necesito saberlo -Imploró luego de un minuto o dos.

-No -Contestó Folken en otro suspiro, volteando completamente a un lado- no la amaba, sentía aprecio por ella, solo aprecio, una luna fue suficiente para hacernos amigos, estaba seguro de que podría amarla en algún momento, pero no en aquel entonces… lamenté mucho cuando me enteré de su muerte, habría querido ir y mostrar mis respetos como hizo ella conmigo, pero no pude hacerlo, no habría sido del todo correcto, ¿no crees, princesa Eries?

Se sentía decepcionada y aliviada a la vez, había tristeza y furia danzando dentro de ella ante aquella respuesta. Avanzó un poco, mirando al hombre en la banca y lo que quedaba de la banca a ambos lados de él.

Folken pareció notar lo que ella estaba pensando, no tardó mucho en recorrerse lo suficiente para hacerle espacio, volteando hacia el lado contrario, evitando voltear conforme ella se sentaba aun lado.

Esperaba sentir el aroma de los bosques de Fanelia envolviéndola como cuando era más joven, tenía ese aroma en particular grabado en su mente, era una de las cosas que siempre había asociado a él, posiblemente porque todos sus encuentros furtivos se habían llevado a cabo en aquel lugar… sin embargo, Folken no olía a pinos y abetos, ni a césped o a flores fanelianas, el aroma que le llegó era metálico, artificial, olía a melefs, a humo, a papel viejo y a cuero.

-¿Puedo preguntar cómo llegaste a Zaibach?

-¡Princesa, no…!

-Eries, solo Eries, no soy heredera al trono desde hace varios años.

Parecía que eso era todo lo que había necesitado para captar su atención, podía sentir su mirada pesada, como si de esa manera pudiera mirar dentro de ella y saber todo lo que ocultaba dentro de sí, no estaba segura de que sentir ante aquella reacción.

-Mi padre intentó casarme después de casar a Marlene, yo decliné cada una de esas propuestas con argumentos que resultaron de vital importancia para mí, decidí abdicar a mi derecho al trono y pasar a ser una consejera para la corona asturiana.

-¿Eres parte del consejo ahora?

-Soy consejera de mi padre, sí.

-Y aún así, no recuerdo haberte visto en la sala del consejo ni una vez.

-Yo recuerdo perfectamente haberte visto en ella, amenazando con destruir Asturia cuando tu hermano salió volando con ese melef antiguo de tu patria.

-… ¿y cómo es que no te he visto ahí estos tres días?

-No eres el único evitando a alguien, solo soy menos obvia que tú.

Escuchó una especie de quejido bajo, luego un sonido extraño a su lado. Muerta de curiosidad, volteó, completamente asombrada al sorprender al peligris intentando con todas sus fuerzas aguantar una risa, haciéndola sonreír un poco en el proceso.

-Cómo dije, no es que pretendiera evitarte, solo estaba avergonzado.

-Bueno, yo SI he estado evitando estar encerrada contigo y varios otros nobles en ese salón en particular, un consejero debe tener la cabeza fría y el corazón bajo llave para no perder de vista su propósito.

-Harías bien en enseñar eso a los lores, son más viscerales de lo que recordaba.

Ambos sonrieron ante aquella última aseveración. El corazón comenzó a bombear más ligero luego de aquello, por unos segundos había sido como volver en el tiempo, los dos escondidos en un jardín, charlando tranquilamente, solo faltaba un libro de historias en las manos del príncipe y…

Eries se levantó en ese preciso momento, sentía calor en sus mejillas, el corazón bombeando de nuevo de forma desenfrenada, su respiración un poco más laboriosa ahora, estaba segura de que se había sonrojado.

-¡Folken!

Él volteó a verla, parecía confundido, ella tomó aire en un intento por tranquilizarse y recobrar la compostura, mirándolo de nuevo con seriedad, notando curiosidad en aquellos ojos granate tan particulares y un chispazo del antiguo calor y amabilidad que hubieran destelleado con fuerza una década atrás.

-Es tarde, no soy más una princesa, pero soy una mujer soltera, comprenderás que estar aquí, a estas horas contigo…

-Lo comprendo a la perfección, no te preocupes.

-¿Podrías no volver a ignorarme cuando nos crucemos? ¿por favor?

Él sonrió, era una sonrisa pequeña, amable y tranquila que muy apenas había alcanzado sus ojos.

-De acuerdo, te saludaré como dicta el protocolo de ahora en más, princesa…

-¡Eries! Solo Eries… ni tú ni yo somos más príncipes, ni tú ni yo pertenecemos a la línea de sucesión al trono de ningún reino, así que…

-¡Eries, entonces!

El vello de su nuca se había erizado, un pequeño escalofrío de satisfacción había recorrido su espalda en ese preciso momento, su carne se había vuelto piel de gallina con solo escuchar su nombre pronunciado de aquella forma por él… jamás había sentido algo así cuando Allen la había llamado accidentalmente por su nombre en el pasado.

-¡Buenas noches, Folken! -Se apresuró a despedirse, dando un paso atrás.

-¡Buenas noches, Eries!

Dio una vuelta y comenzó a caminar tan rápido como permitía el decoro, a sus espaldas, un suspiro sonoro y luego el silbido de una melodía retomaron el control del jardín… una melodía faneliana… una melodía que a menudo había anunciado que Folken estaba a punto de encontrarla entre los árboles de un antiguo jardín, con un nuevo libro en las manos.

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Notas de la Autora:

Folken significa :Amigo del pueblo o bien, Consejero de guerra según el sitio: significado de nombres de bebe .com

Dato curioso, tenía que compartirlo ;)

Y ahora si, tenemos un verdadero reencuentro entre estos dos personajes, ¿qué les pareció? ¿esperaban algo así? para mi, la parte interesante ha llegado, podremos ver cada vez más interacciones entre estos dos, ¿cuanto tardarán en subirle al tono?

SARABA