All For You
Capítulo 15
"La Petición del Tío Abuelo"
"Está bien, seguramente todo saldrá bien
Ayúdame con las gotas de mis mejillas"
(N/A, notas de la autora)
-dialogo-
"pensamientos"
"recuerdos (dialogo)"
Narración
Tardo varios minutos para que los intensos rayos del medio día lograran incomodarla un poco. La sonrisa de su rostro mostraba lo mucho que estaba disfrutando estar recostada sobre esa suave y mullida cama, las sabanas eran frescas, pero a la vez le aportaban el suficiente calor en su cuerpo para hacer más cómodo su sueño, pero lo que más le fascinaba, era el aroma que desprendía la almohada, ese aroma que su corazón reconocía como un lugar seguro, porque pertenecía a una persona en especial.
Llegar a esa conclusión hizo que sus ojos se abrieran y reconocer en segundos que esa no era su cama y mucho menos su habitación. Se enderezo demasiado rápido como para sentir un repentino mareo.
-No puede ser, ¿acaso estoy?-examino cada rincón de aquel lugar, que aunque era muy parecida a su propia habitación, existían algunas diferencias, había una estantería llena de libros que fácilmente pudo deducir eran de medicina, tenía una mesa parecida a la de ella pero con varios retratos, pero se detuvo un momento al ver una silla que tenía su ropa casual ya que aún estaba con el mismo vestido de la noche anterior-Anthony-varios imágenes pasaron por su mente, ellos dos juntos en el coche, ella tomándolo de la mejilla, pero no recordaba de que estaban hablando-Santo cielo, ¿Qué habré hecho?- conmocionada se cubrió los labios, al no tener idea hasta qué punto pudo haber llegado.
Al levantarse vio de nuevo el escritorio con un espacio y el material justo para redactar las cartas al capitán Brower, quien era el remitente de los sobres que estaban a un costado, justo cerca de un marco en donde salían ambos mientras el rubio aparecía con su diploma en sus manos después de su graduación. La tomo entre sus manos apreciando los felices que se veían juntos, después de todo se alegraba que el rubio pudiera estar al lado de su padre. Regreso el marco en su lugar, quedando junto a una fotografía donde salía los hermanos Cornwell con su uniforme del Colegio San Pablo, siempre estuvo al pendiente de sus queridos primos, tomo otro donde se podían poner dos fotos, aparecía él con sus compañeros de la facultad, de pie, tan apuesto que facilmente logro arrancarle un suspiro, le llamo un poco la atención un joven con ojos rasgados y una persona mayor que posiblemente era su maestro estaba en medio, sentado, todos con una mirada seria, como todos unos grandes y respetables médicos. Sin embargo con la otra foto tuvo que contener una carcajada al ver que todos incluyendo el maestro hacían gestos graciosos, desde sacar la lengua, ponerle orejas a otro, jalarse la parte inferior de un ojo, frunciendo la nariz, emular que hacían un grito, pero de los más graciosos fue el maestro que hacia viscos y de Anthony que sacaba la parte inferior de su perfecta dentadura.
-Me alegra ver que vivió una época muy feliz en la facultad-lo regreso a su lugar y fijo su mirada en un libro que estaba cerca y había una foto boca abajo entre las paginas, con sus dedos intento sacarla pero se detuvo en un instante-¿Y si esa foto es de…?-pensó que tal vez se trataba de la joven que quizá dejo atrás en Escocia, por lo cual, siendo presa del miedo y la tristeza retiro su mano de allí, aun no estaba lista para enfrentar la verdad.
Salió de la habitación con la necesidad de ir al baño, echarse agua fría en la cara y terminar por despertarse de una vez. Se dirigió a su destino sin contar que alguien más estaría ocupando el baño, su sorpresa y conmoción fue mayor al ver que se trataba del huésped de ese departamento quien solamente había salido con una toalla cubriéndolo desde la cintura para abajo dejando la parte de arriba al descubierto con varias gotas escurriendo por su pecho, abdomen y brazos aunque se estuviera secando el cabello con la toalla que tenía sacudiendo en su cabeza.
-¡A…Anthony!-la rubia, totalmente avergonzada se cubrió el rostro y dio media vuelta, pero fue inútil borrar esa imagen de su cabeza.
-Lo…lo siento mucho Candy, no sabía que ya habías despertado-argumento de igual manera avergonzado, al vivir solo y dar por hecho que Candy dormiría más tiempo, había tomado una ducha sin tomar en cuenta que la situación terminaría de esa manera, se había confiado demasiado.
-No, no, yo lo lamento, es tu casa después de todo…yo, yo debí tomar en cuenta tu privacidad- aún no se atrevía ni siquiera abrir los ojos aunque estuviera dándole la espalda-Yo solo quería entrar a, ¿a qué iba?, ah sí, a lavarme la cara -con toda aquella conmoción lo había olvidado por completo, después de todo ya estaba totalmente despierta y su argumento ya parecía absurdo- Si gustas puedes entrar a tu habitación yo iré a mi departamento-
-¿Estas segura?, debes tener hambre además hice algo que te ayudara con tu resaca-aquella palabra hizo que el estómago de la joven gruñera dejándola desarmada-Si gustas puedes cambiarte en mi habitación, Albert trajo algo de ropa-
-¡No!, úsala tú, por favor yo puedo cambiarme en el baño-el galeno se dio cuenta que Candy no se movería un centímetro a menos de que él entrara a su habitación o huyera a miles de kilómetros de Chicago, así que opto por entrar rápidamente y traer consigo la ropa para la joven.
-Toma, puedes usar la otra habitación-se la extendió pero ella continuo con los ojos cerrados e hizo lo posible para que sus manos llegaran hacia ella, sintiendo como su piel expuesta se erizaba ante un fugaz toque.
-Gracias-respondió esperando el sonido de la puerta, indicando que Anthony ya estaba fuera de su vista-"Pensé que mi corazón iba explotar"-pensó mientras se tocaba el pecho y su respiración comenzaba a estabilizarse. Y aunque antes ya lo había visto con el pecho descubierto, era totalmente diferente al ver que estaba semi desnudo.
Ya estaba totalmente vestido y con el cabello cepillado cuando se acercó a su mesa mientras se doblaba las mangas de su camisa blanca. Tomo el libro abriéndolo exactamente donde estaba aquella fotografía que le fue enviada poco antes de que le rogaran por su regreso, cuando creía que por fin ella sería feliz aunque estuviera lejos, pero el destino lo trajo de regreso al país que no tenía planeado pisar nuevamente y todo debido a la desaparición de su tío, con quien se retomó un acuerdo que días atrás quedó pendiente.
La noche anterior cuando llevaba a Candy en sus brazos y estaba a punto de tocar la puerta para que Albert abriera su departamento, encontró una nota en donde le indicaba que esa noche tenía que salir y al día siguiente llegaría a primera hora, pero que dejaba a Candy en sus manos y que debía cuidar de ella.
-¿Pero cómo es que…?-susurro al no poder creer que su tío había premeditado el estado la rubia, era eso, o había sido vigilado-"¿Acaso nos han estado espiando?"-no sentía miedo, sino más bien invadido, pero no podía hacer nada, ni juzgarlo cuando él también había utilizado ese recurso.
No tuvo más remedio que llevarla a su propio departamento y con la intención de que la joven se sintiera más cómoda la llevo a su habitación, recostándola suavemente, aunque ella seguía sin soltarlo del cuello, logrando de nuevo que sus rostros estuvieran lo suficientemente cerca como para sentir su respiración, inevitablemente sus ojos se sintieron atraídos por sus labios, trago duramente mientras que los latidos de su corazón resonaban ante el silencio que otorgaba la noche. ¡Dios, cuento deseaba hacerlo!, pero él era un caballero, su honor y su razón no le permitía dejarse llevar por ese deseo que su corazón pedía a gritos con cada latido, no quería atentar contra su suerte, por lo cual para calmar su ansiedad la beso tiernamente en la frente mientras retiraba sus manos de su cuello sintiendo nuevamente ese vacío como cada vez que rompía contacto con ella. Le quito los zapatos y la cobijo abrigándola para que durmiera cómodamente, antes de salir, decidió que lo que había pasado esa noche sería un simple sueño.
Se levantó temprano como de costumbre cuando decidió obtener alguna respuesta del departamento de al lado. Toco un par de veces, lo suficiente para que Albert se dignara a abrir la puerta con una sonrisa en sus labios, ofreciéndole a su sobrino pasar y así hablar tranquilamente.
-Llegaste temprano, ¿o acaso nunca saliste y querías que Candy se quedara conmigo?-se le ocurrió decir al querer descartar por completo la idea de que estaban siendo vigilados.
-Por supuesto que lo hice-respondiendo fingiendo estar ofendido, pero no dejaría que Anthony descubriera sus planes, no todavía-¿Qué clase de persona crees que soy?, por cierto, ¿sigue dormida?-cuestiono intrigado por los detalles.
-Lo está, bebió un poco y puede que despierte tarde-con ello le daba entender que no había pasado algo más entre ellos, notando la decepción reflejado en el rostro de su tío-¡William Ardley!, ¿acaso pensante que nosotros?, entonces, fue verdad, nunca saliste- estaba totalmente rojo pero no se sabía ciertamente si era de coraje o de vergüenza.
-¡Ya te dije que no! y por favor, ponme atención porque es acerca de la fiesta-dijo sabiendo desviar por completo el tema, logrando que Anthony se mantuviera atento a lo que estaba a punto de decir-Hare que George mande un comunicado al Hospital Santa Juana, para excusar a Candy de faltar el día de hoy y para que tú puedas faltar las siguientes semanas, de igual modo en el consorcio, deberías irte en estos días-
-¿Cómo, tan pronto?-cuestiono decepcionado de que nuevamente no estaría trabajando a lado de la pecosa, añoraba tanto esos días, ademas del suceso que aunque se prometió dejarlo como un sueño, era difícil de olvidar y recurrente e en sus pensamientos.
-Sí, ¿acaso no querías que tomara mi puesto lo más pronto?-pregunto aunque también noto la tristeza reflejado en esos ojos, pero aquello le daba entender que su travesura surtiría efecto.
-Tienes razón, preparare mis maletas, espero que no se desmayen del susto al ver que estoy vivo-sonrió contrariado, aun le costaba trabajo hablar del engaño en el que se sus seres queridos fueron envueltos incluso de las personas que trabajaron para él.
-Créeme se alegraran mucho de verte-puso su mano sobre su hombro, prediciendo lo mismo que el sintió al saber que Anthony, el hijo de su querida hermana estaba vivo.
Regreso al presente y cerro el libro dejando adentro aquella valiosa fotografía que al parecer no fue descubierta por la pecosa que había dormido en su habitación. Le resultaría difícil explicarle lo que realmente estaba sucediendo y para él, no era necesario que ella lo supiera. Salió de su habitación para calentar de nuevo el café, recalentar el guiso que había preparado y poner a freír unos huevos revueltos. Estaba tan absorto en preparar todo que no se había dado cuenta que Candy llevaba varios minutos observándolo con fascinación, preguntándose, ¿habrá algo que no haga bien? Pero al poner los platillos en la mesa se dio cuenta de su presencia.
-Candy, no te quedes allí, ven siéntate, ya está listo-pensó que tal vez aún estaba apenada por el incidente que había pasado en la mañana, a menos de pudiera recordar lo que había pasado la noche anterior, pero para aligerar el ambiente, intento comportarse con naturalidad.
-Muchas gracias, huele bastante bien, ¿Cómo aprendiste a cocinar?-la rubia lo que menos quería era crear un silencio incomodo, por lo cual opto por sacar tema de conversación.
-¿Recuerdas que les hable de la cocinera que trabaja en la mansión de mi padre en Escocia?-observo como la rubia asentía mientras tomaba uno de los panecillos que estaban en una canasta en medio de la mesa-La Sra. Fraiser me enseño todo lo que se, tanto de cocina como de repostería, cuando estudiaba solía tener hambre a media noche y para no molestarla le pedí que me enseñara a cocinar, y me ha sido de mucha ayuda ahora que vivo solo-comento al mismo tiempo que le servía las tazas de café y así empezar a comer.
-Está delicioso-dijo al saborear el guiso, hasta podía admitir que era mucho mejor del que preparaba Albert, pero solo esas dos palabras fueron suficientes para dibujar una sonrisa en el rostro de Anthony-Por cierto, ahora que lo mencionas, vi las fotos que estaban en tu escritorio-repentinamente el rostro del ojiazul palideció y espero a que ella continuara-Parecían que se divertían tú y tus compañeros en esa foto-comento con una sonrisa y el aire regreso a los pulmones del joven ante la falsa alarma.
-Ah, sí, por lo general en las fotos siempre está la costumbre de salir serios, pero tuvimos la idea de hacer algo diferente, algo que reflejara que somos humanos y que a pesar de las dificultades que pasamos estudiando, tuvimos tiempo para divertirnos y que nos hicimos muy buenos amigos-no evito reír al recordar cómo se ponían de acuerdo que gesto escogerían para posar en la fotografía y al ser reveladas las risas que arrancaron que hasta incluso su profesor se quedó con una copia de la fotografía de una generación que sin duda había marcado una diferencia-"Espero que ninguno de ustedes haya ido al campo de batalla"-preocupado, deseo fervientemente aunque sabía que eso era inevitable cuando las personas como él eran necesitadas para atender a la gente herida.
-Había uno con los ojos rasgados, ¿también era de Escocia?-recordó a uno de sus compañeros que destacaba de los demás.
-No, Kang Chul, él vino desde muy lejos, de Corea, fue con nosotros a la facultad para aprender más de la medicina occidental, gracias a él pude aprender de su cultura y también de la medicina que usan en el oriente-recordó lo difícil que fue entenderse ya que sabía muy poco el idioma pero gracias al grupo que se había formado lograron que lo perfeccionara-Candy, hay algo que debo contarte-aquellas palabras hizo que el estómago de la rubia diera un vuelco.
-Sí, es acerca de anoche, si dije o hice algo, lo lamento mucho, no recuerdo absolutamente nada-dijo rápidamente la joven al no querer que aquel momento tan agradable se tornara incomodo por los errores que quizás había cometido y era incapaz de recordar.
-¿En serio no recuerdas nada?-cuestiono lentamente, pero intentando no sonar contrariado.
-No, ¿acaso hice algo malo?-quería y no quería saber a la vez, pero si había sucedido algo terrible estaba dispuesto a enmendarlo.
-Descuida, si no lo recuerdas, no te atormentes por ello-había dicho como una lección de vida, sin tomar en cuenta lo duro que era para la rubia escuchar esas palabras.
-Tienes razón, seguramente no tengo porque preocuparme-hizo un esfuerzo para que no se formara un nudo en su garganta, que incluso el sabor amargo del café había ayudado un poco-"Él más que nadie lo entiende, por un momento había olvidado de su condición"-
-Se trata del Tío Abuelo-soltó finalmente antes de que ambos se hundieran en su propia melancolía.
-¿Qué sucede con él, acaso?-cuestiono con incertidumbre al saber hacia dónde la llevaría después de saber la respuesta.
-Se comunicó recientemente conmigo y me pidió que fuera preparando su regreso-fue una sorpresa para la joven al saber que finalmente su padre adoptivo había dado señales de vida-Por lo cual saldré de la ciudad y me ausentare un tiempo del hospital-aquello sin duda le cayó como balde de agua fría a la pecosa, ella que ya comenzaba acostumbrarse a su presencia y que deseaba que aquello no acabara.
-¿Y va ser mucho tiempo?-cuestiono cabizbaja mientras apretaba la tela de su falda.
-Puede que un mes, más adelante te enteraras de los detalles, lo prometo- él tampoco quería mostrarse triste al tener que separarse, aunque estaba consciente de que en algún momento lo haría.
-"Los Ardley y sus misterios, ¿hasta cuándo se detendrán?"-ya había sido testigo de lo lejos que había llegado esa poderosa familia para proteger sus intereses, el haberle ocultado la verdad sobre Anthony, comenzaba hartarse de todo ello-Entiendo, estaré atenta a cualquier noticia-mostro como siempre una sonrisa aunque con ello no reflejara que estaba feliz-¿Cuándo planeas irte?-dijo la indeseada pregunta.
-Pasado mañana-contesto el rubio intentando mostrarse sereno, mientras que repentinamente Candy se sintió sin aire.
-¿Tan…tan pronto?-cuestiono, no sabía cuánto tiempo podría guardar la compostura. No supo en que momento pasó de estar de una hermosa noche de Gala, para despertar y encontrarse con esa noticia.
-Sí, mañana será mi último día y de paso hablare con el Dr. Leonard-quería dejar las cosas en orden y que el Director del hospital supiera de su ausencia no únicamente con el comunicado de su tío.
-Ya veo-respondió viendo su comida y sin tener el suficiente valor para verlo, si lo hacía se ahogaría en un sollozo que intentaba contener-Sera mejor que coma y después me vaya para que puedas prepararte-continúo comiendo ya sin hambre, sin darse cuenta la tristeza reflejada en los ojos de Anthony al escuchar esas palabras tan despreocupadas por parte de la rubia.
-"Candy, fui un tonto, como pude creer en un momento tú…"-sacudió su cabeza deshaciéndose de falsas ilusiones antes de poder continuar con su desayuno.
-Todo estuvo delicioso y perdona las molestias ocasionadas anoche-dijo la rubia ya estando afuera del departamento con su vestido del día anterior en sus brazos, mientras se despedía del ojiazul, ambos sintieron de nuevo esa enorme barrera que los separaba.
-No fue ninguna molestia, gracias por acompañarme ayer, espero haya sido de tu agrado-dijo manteniendo su sonrisa que en ciertos momentos como este era cada vez más difícil de sostener.
-Lo fue-dijo sinceramente logrando sostener su mirada, había tantas cosas que decir pero tan poco valor para pronunciarlas-Nos vemos mañana entonces, cuídate-bajo su mirada de nuevo mientras se alejaba de la puerta y se acercaba a su departamento.
-Tú también Candy-respondió el ojiazul justo antes de que la rubia pudiera abrir su puerta y así ingresar a su departamento.
Al estar ambos en sus respectivos departamentos, dejaron escapar un profundo suspiro. Anthony recargo su frente en la puerta, pegándose levemente en ella en un intento de ubicarse de nuevo en su realidad, mientras que Candy recargo su espalda en su puerta mirando hacia arriba y parpadeando rápidamente intentando no derramar una lagrima, pero fue en vano al sentir que una descendía por su mejilla y Albert al salir de su habitación, dándose cuenta de la llegada de Candy alcanzo a ver con preocupación aquel gesto.
-Candy, ¿estás bien?-aquellas palabras fueron suficientes para que la joven se deslizara hasta el piso y romper en llanto mientras abrazaba aquel vestido que había portado el día anterior con el deseo de haber impresionado a su acompañante, pero no lloraba por eso. Albert se acercó a ella, sentándose a un lado de ella, esperando a que ella respondiera.
-Anthony, él…-se atrevió a decir pasado varios minutos logrando captar la atención de Albert-Se ira por un tiempo, tal vez un mes o más, pero aun así, no puedo evitar sentirme así, no se ira para siempre, pero aun así tuve unas inmensas ganas de llorar cuando me lo dijo, pero no podía hacerlo, él se sentiría confundido, incomodo-decirlo hacia que el nudo de su garganta fuera más doloroso y sus lagrimas incrementaran-Creo que estoy siendo muy inmadura-
-Tranquila Candy, llora si es necesario, no te sientas mal por hacerlo, si Anthony no comprende por lo que estás pasando, eso no hace que tus sentimientos no sean importantes y no debes sentirte culpable por ello-menciono Albert mientras acariciaba su cabeza en un intento por consolarla, aunque en el fondo se sentía responsable por toda esa situación-"Ojala me perdones Candy, pero será por poco tiempo, tu parte en mi plan pronto comenzara"-sonrió sabiendo que las partes involucradas de su plan sentían lo mismo aunque lo desconocían uno del otro.
Para el día siguiente su equipaje estaba casi listo, en el consorcio tuvo una reunión con George para entregarle y explicarle un reporte en donde detallaba los pendientes, el fondo que se daría al Hospital y las estrategias propuestas ante una posible recesión ante la guerra, todo con tal de ver por los trabajadores y a la vez que los accionistas estuvieran de acuerdo para no perjudicar a nadie y que Albert pudiera manejarlo como dueño del consorcio. Por la tarde en el hospital platico con el Dr. Leonard intercambiando impresiones y opiniones de La Gala y de la experimentada Mary Jane, y la razón principal que lo llevo a reunirse con él, el comunicado que envió el patriarca de la familia Ardley, a lo cual no se opuso y lo considero como unas vacaciones, sin evitar expresarle que lamentaba no contar con su colaboración en el Hospital.
-Si todo resulta como lo he estado planeado, puede que no regrese al Hospital Santa Juana-Anthony sintió la necesidad de aclarar sus intenciones, aquellas con las que se aferró desde que llego de Escocia.
-Entiendo, me lo comentaste el primer día que entraste a trabajar aquí, siempre tendrás las puertas abiertas en el momento que decidas regresar-comprendió y lamento las condiciones con las que había llegado a trabajar en su hospital, pero era razonable dejarlo ir si una mente tan brillante como la Dr. Brower era requerida en Suiza.
Al salir de la oficina del Director no tardó mucho en encontrar a su compañera de rondas, como lo había hecho últimamente, distraída, viendo fijamente por la ventana, la miro por un par de minutos, preguntándose si sería la última vez que la vería así. Tuvo que recuperarse de inmediato de la melancolía antes de dirigirle la palabra, ella por su lado, como siempre le correspondió el saludo con una sonrisa sin imaginarse que ella también se estaba mentalizando que no se verían por un tiempo a pesar de que en su pecho tenia nuevamente ese presentimiento, muy parecido al que tuvo días antes de la cacería de zorros. Para los que habían visto a la enfermera y el medico trabajar, les parecía un día como cualquier otro, sin imaginar que dentro de ellos habían pensamientos que no los dejaba en paz.
La mañana siguiente al dar los primeros rayos del sol, el equipaje de Anthony estaba siendo acomodando dentro del coche que la empresa le había proporcionado junto con su chofer, ya no quedaba ningún pendiente, incluso con el casero con él que había acordado pagarle dos meses por adelantado, dejando abierta la posibilidad de un regreso, ya sea para quedarse o recoger el resto de sus pertenencias. Al terminar, su chofer le abrió la puerta del automóvil para que abordara, sin embargo se quedó estático un momento y miro hacia atrás, justo hacia la ventana en donde lo saludo el día siguiente que supo que estaría viviendo en ese pequeño condominio, respiro hondo antes de mirar hacia adelante y poner un pie dentro del vehículo.
-¡Anthony!-aquel llamado lo detuvo por completo a excepción de su corazón, que comenzó a latir rápidamente. Miro nuevamente hacia atrás esperando que aquello no fuera producto de un sueño, pero no, allí estaba, en aquella ventana que había observado antes, justo a tiempo-Que alivio que aun te alcanzo, solo quería desearte buen viaje y a pesar de lo que suceda, espero que nos veamos pronto, ¿puedo confiar en eso?-la pregunta había tomado por sorpresa al joven, quien se sintió ansioso por no poder poner su mano en su pecho y calmar su alocado corazón.
-"Solo tú puedes lograr que esto me pase"-reflexiono sonriendo, en el fondo esa esperanza revivía y se aferraba a no desaparecer-Si, nos veremos pronto Candy, tenlo por seguro-dijo, logrando que ambos pudieran compartir una sincera sonrisa, dejando por un lado los miedos y las dudas, dejándose llevar por lo que sus corazones deseaban creer.
-Bien, creo que esto resultara mejor de lo que esperaba- regocijándose comento para sí mismo Albert, quien discretamente veía esa despedida desde una ventana que estaba en la sala.
Esa mañana el Sr. Whitman no iría a la finca del Sr. Watson como se tenía planeado, ya que el día anterior le había llegado una nota de la casa de los Ardley para solicitarle que asistiera ese día, no venía escrito el motivo, pero supuso que era tal vez para la contratación del nuevo jardinero que se encargaría de esa propiedad, él por su parte llevaba años sin ocuparse de ese puesto, sin embargo iba cada tanto para asesorar y aconsejar al jardinero en turno para el cuidado especial de aquellas rosas, a pesar de la tristeza que le invadía ir a ese lugar, su amor por las rosas y el recuerdo del dueño de estas, le daba fuerzas para poder recorrer los jardines y seguir cuidando de ellas a su manera.
Al llegar al lugar, vio que todo el personal se encontraba haciendo una fila en la puerta principal, como si esperaran a alguien importante, no entendió entonces porque había sido llamado si él ya no trabajaba allí oficialmente y no estaba la persona que se encargaría entonces del jardín de esa mansión para lo que supuestamente había sido llamado. Uno de los empleados le indico que se uniera a la línea, lo hizo, pero estaba dispuesto a reprochar a que se debía todo eso, no obstante, se quedó callado al ver que un lujoso auto se estaciono finalmente en la entrada, el chofer descendió mientras que el personal se mantuvo rígido al desconocer de quien se trataba. Pero al ver a la persona que descendía del auto no podían creerlo, la mayoría llevaba años trabajando en esa mansión y estaban conmocionados al reconocer de quien se trataba. El sollozo de Dorothy se hizo presente aunque intento sellar sus labios con su mano, pero las lágrimas de ella y de varias mucamas se intensificaron al escucharlo hablar.
-Buenos días, tal vez no todos me conocen, soy Anthony Brower y a partir de hoy viviré en esta casa-inclino con elegancia su cabeza mostrando su respeto hacia la gente que tenía enfrente, viendo sus reacciones, sonriendo y reconociendo a cada uno, hasta que al final se sintió sumamente emocionado al identificar aquel hombre que no dejaba de derramar lágrimas, estático esperando que no desaparecía-Sr. Whitman-se fue acercando a él mesuradamente para no provocarle un shock.
-Jo…joven Anthony-dijo con voz entrecortada sintiendo que sus piernas ya no dieron para más, haciendo que el joven amo se acercara rápidamente y atenderlo rápidamente.
-Sr. Whitman, ¿está bien?, por favor…-estaba por dar una orden hasta que sintió el abrazo de aquel hombre que necesitaba corroborar que era él.
-En verdad es usted, ¿pero cómo es posible?-dijo al soltarlo, y observar que ya no era el joven adolescente que ayudaba con esmero en el jardín, sino un hombre, un caballero que mantenía ese misma mirada, la misma esencia, de eso no había ninguna duda.
-Se lo contare después de asegurarme que está bien, por favor, ayúdenme a llevarlo a una de las habitaciones-ordeno a varios de sus empleados para cargarlo y llevarlo a la primera habitación que estaba al subir. Se aseguró que una de las mucamas trajera una de sus maletas en la que venía su estetoscopio, para revisar la presión del Sr. Whitman quien estaba sorprendió por la seriedad y dedicación con la que realizaba aquella labor-Su presión ya se estabilizo, espero que ya no tenga sobresaltos, lamento haber sido el causante de este-suspiro aliviado aunque se sintió culpable por la reacción que había tenido, al ser una persona mayor.
-¿Acaso usted es médico?-cuestiono asombrado y a la vez entusiasmado con aquella suposición.
-Lo soy, siempre me considere un amante de la vida-declaro, aunque al momento se dio cuenta de la tristeza que invadió Sr. Whitman.
-Es verdad, siempre lo fue, por eso aquel día que usted…-a pesar de que aquello se trataba de una mentira, el sentimiento, el pesar y el dolor que sintió ese día fue autentico.
-Realmente lamento lo que le hicieron creer a usted, a la gente que me importa-Anthony nuevamente se sintió abatido, frustrado e impotente por los estragos que en ese entonces se ocasionaron por su supuesta muerte-Le contare absolutamente todo y la razón por la que estoy ahora aquí, habrá momento en los que va querer juzgarme o cuestionarme, pero por favor, espero me comprenda-la sonrisa de cierta pecosa se hizo presente nuevamente en su mente y con ello dio comenzó su relato.
Por la tarde, casi cuando el sol estaba a punto de caer, con una rosa en su mano, se dirigió al lugar que le había indicado el Sr. Whitman. En su camino varias cruces con nombres que seguramente pertenecían a la familia Ardley estaban escritas, subió a una pequeña colina en donde estaban dos cruces que lograron paralizarlo. El nombre de su madre escrito en una de ellas, dejando aquella rosa a un lado de otra que estaba por marchitarse, agradeciendo internamente a la persona que dejo aquel detalle, antes del accidente era un lugar que casi no visitaba ya que prefería mantenerla viva en sus pensamientos como ella le había dicho, razón por la que cada día luchaba para que nadie más sufriera una pérdida de esa manera.
-Hola Mamá, estoy de regreso aunque creo que todo este tiempo has sabido en donde estoy-sonrió ligeramente a pesar de la enorme mentira que representaba aquella cruz que estaba al lado, con su nombre escrito y un ramo de flores, era difícil saber que sentir en ese caso, agradecimiento o aversión. Por lo cual en un impulso y al menos acabar con una mentira, tomo una de las palas que estaban cerca y comenzó a cavar, y mientras más lo hacía, una rabia, mezclada con atisbos de tristeza se hacían presentes hasta llegar al féretro, que con desesperación abrió, deteniéndose, temblando al ver lo que supuestamente serían sus restos-Rocas-sudando, agitado, susurro y una lagrima escapo al igual que la ira que sintió al ver como habían acabado con uno de sus más grandes sueños, todo lo que había perdido, como habían manejado su vida a su antojo-¡Unas malditas rocas!-tomo una y la lanzo lejos con frustración al saber que no podía regresar el tiempo atrás, evitar aquella tarde de verano en Escocia, estaba dispuesto a lanzar otra para saciar la cólera que lo estaba consumiendo hasta que el sonido del seguro de una arma siendo retirado se escuchó cerca de su nuca.
-Levántate-ordeno furioso sin necesidad de levantar la voz. Anthony por su parte no estaba asustado, aun con la roca en su mano y con la cabeza gacha se levantó lentamente-Manos arriba y suelta esa roca-el rubio obedeció, no entendía porque tenía esa roca en su mano, pero después de ver aquella tumba profanada, no estaba dispuesto a aceptar justificación alguna-Gira lentamente y me dirás, ¿Por qué desenterraste la tumba de mi amigo?-aunque no obedeció, aquella pregunta logro que el acusado reaccionara, prestando más atención a lo que estaba sucediendo.
-¿Tu amigo?-cuestiono sorprendido, pero no era con temor si no con cierto agrado.
-Sí y te dije que te giraras-respondió firme sin dejar de apuntar hacia la cabeza del intruso.
-Dime, ¿lo apreciabas mucho, lo extrañas?-cuestiono con voz profunda y serena mientras mantenía sus brazos arriba.
-Eso no te incumbe-respondió dubitativo perdiendo firmeza por un momento al apuntar a la cabeza del joven que aun le daba la espalda-Yo hice la pregunta primero, gira y responde-
-Sera un placer, amigo-se giró lentamente encontrándose frente a un joven casi de su estatura, cabello castaño medio y semi largo con un sombrero vaquero, que aunque había dicho alguna vez que no lo recordaba, ese sorpresivo y peculiar reencuentro no le permitió decir aquella mentira-Tom-vio como el susodicho era incapaz de parpadear mientras bajaba su rifle y ponía de nuevo el seguro.
-No puede ser-con su mano frotaba sus ojos mientras que el rubio bajaba tranquilamente sus brazos mostrando una ligera sonrisa-Anthony-aunque sintió una enorme alegría inmensa al corroborar que no era una alucinación, el desconcierto lo invadió dejándolo inmovilizado.
CONTINUARA…
Hola
No actualice tan rápido pero tampoco tarde meses en hacerlo, espero esto suceda para el siguiente episodio. Tal vez este les pareció apresurado en la trama pero una parte que necesitaba que pasara así con este ritmo, ya vamos mas de la mitad de la historia, ustedes quieren ver acción, yo trato de llegar mas rápido ese punto, se los aseguro. Aunque me emociona mucho este episodio por el Sr. Whitman y Tom, dos personajes que apreciaron y que no pude dejar de lado el dolor que sintieron al perder a Anthony.
Y no me olvide del casinolosetalvezsifueseresolveraalgundialosabremos beso, sera cuestión de ver mas adelante.
¿Un pequeño adelanto?, solo puedo decir que para el siguiente veremos a los hermanos Cornwell preguntándose porque su primo se fue sin avisarles y bueno, ¡se vienen muchos muchos songfics!, ya es demasiado spoiler por hoy.
Este año tampoco entrare a la Guerra Florida, estoy en contingencia pero aun estoy trabajando Home Office.
Muchas gracias por los comentarios, créanme que son la gasolina de esta historia, me sugirieron poner esta historia también en Wattpad, si tengo cuenta, pero no sé, ¿que opinan?, soy muy fiel a este portal.
No olviden que si quieren seguir mas esta historia pueden darle like a la pagina de Facebook ALL FOR YOU - FFCC y la pueden buscar también como allforyoucandyFF.
Cuidense mucho y hasta la proxima.
#Quedateencasa #Juntosvenceremos
Besitos.
