HISTORIA DE UN ENCUENTRO
Para esta parte de la historia Tokio prestaba atención al relato, extrañada que el monje le confesara el pasado de una persona sin su consentimiento.
-"Cuando te vi llegar con él me pregunte el por qué, pero después de lo que me dijo lo entendi. Sus padres fueron asesinados, uno de los hombres arrastró a su hermana detrás de su casa y pretendía abusar de ella, él tenía siete años y lo habían golpeado de tal manera que pensaron que estaba muerto, fue la primera vez que mató a un hombre"- Vio cómo la joven se llevaba una mano a la boca para acallar un grito de horror.
-"Lo hizo para defender a su hermana que en aquel entonces tenía doce años, entre el caos nadie reparó en aquel niño que mató y huyó con su único familiar vivo. Ambos hermanos llegaron hasta este templo, se escabulleron tratando de esconderse, por fortuna aquellos bandidos no subieron así como llegaron se fueron llevándose todo lo que pudieron y dejándonos muerte y desolación.
Curamos las heridas de ambos hermanos y por la mañana nos armamos con palas y picos y bajamos al pueblo, solo para comprobar lo que los niños nos habían dicho, encontramos cadáveres que sepultamos y niños huérfanos que lloraban o vagaban sin rumbo. Acogimos a esos huérfanos y muchos otros que llegaban víctimas de la guerra, cultivamos nuestros propios alimentos y cuando los chicos se hacen mayores y se marchan muchos de ellos nos envían víveres para seguir ayudando. Saito viene cada año trayendo el dinero que ha ganado, otras veces llegaba con sus compañeros de batalla pero esta es la primera vez que nos trae una jovencita"- Le sonrió rompiendo la atmósfera sombría de su relato.
-"¿Y qué pasó con su hermana?"- Preguntó digiriendo el relato, ahora entendía el por qué la había ayudado aquel día.
-"Satsuki y él vivieron aquí durante cinco años hasta que Saito se enlisto al roshigumi, ella se casó y ahora vive en Tokyo"-
-"No sabía nada de esto"- Lo dijo sin darse cuenta que lo pronunció en voz alta.
-"Cómo ibas a saberlo Saito no habla con nadie de esto, por su oficio prefiere que nadie se sepa de su hermana, teme que sus enemigos tomen represalias contra ella así que nunca habla de ella y pocas veces la visita. Pero ahora ha recibido una carta de su parte y creo que es momento que se encuentren, Tokio-san ¿Has pensado en lo que vas a hacer?"- Conocía bien al espadachín por eso creía saber antes de que él se diera cuenta el motivo por el cual no le decía la verdad a la joven.
Tokio lo entendió, entendió el motivo por el cual el monje le había hablado del pasado de su compañero, el por qué habían hecho un alto en ese lugar ya no era un misterio, incluso creyó que lo sabía desde antes, cuando en Kyoto él le preguntó por sus planes y ella no tenía, cuando Saito le dijo que tenía uno ella lo siguió sin cuestionar nada; se autoengaño pensando que la llevaría de regreso a su villa pero de ser así una vez recuperado el dinero no tenía nada más. Así que de alguna forma el plan de él era mucho mejor que el suyo desde el principio, no le molestó comprobar que le había mentido lo que sentía en ese momento era miedo o tristeza al entender que iban a separarse en ese lugar.
-"Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras"- Le dijo el monje al ver la confusión sobre su rostro, se levantó y se alejó de ahí dejándola sola.
La oferta del hombre la reconfortó, era duro de aceptar pero lo cierto es que no había otra cosa que pudiera hacer, aceptaría la oferta se quedaría un tiempo a vivir ayudando en algo, buscaría un trabajo y eventualmente se iría de ahí. Tenía que hacerlo porque no era correcto vivir a expensas de terceros, trazaría un plan de vida y se apegaría a él lo mejor que pudiera para no depender de ellos. Se quedó ahí observando la lluvia que comenzaba a caer mientras luchaba con el nudo en su garganta y con las lágrimas que amenazaban con hacerse presente, cuando las luces en las demás habitaciones se fueron apagando se retiró a la suya sin darse cuenta que alguien la observaba desde el otro pasillo.
No se encontró con Saito hasta el tercer día, cuando al igual que las noches anteriores se fue a sentar en el descanso viendo como la lluvia caía con monotonía al menos sentía que el agua se llevaba sus temores y pesares.
Saito se fue a sentar a su lado y ella le sonrió esperando escuchar lo que tenía que decirle.
-"Recibí una carta"-Dijo mirando también la lluvia caer. -"Debo ir a Tokyo, lo siento no seré capaz de llevarte a Aizu"-
-"¿Alguna vez pensaste hacerlo?"- Aunque no era su intención su pregunta sonó a reproche.
-"Sí"- Respondió sin titubear pero al instante cambió de parecer. -"No creí que fueras capaz de aguantar el camino, tal vez tú misma ibas a abandonar esa idea"-
-"Ahh.."-Se sentía un poco decepcionada por la idea que tenía de ella.
-"Tokio"-
-"Dime"-
-"Tienes algún sueño, en Kyoto dijiste que preferías quitarte la vida antes de que te siguieran vendiendo sin embargo mientras ese hombre te atacaba no lo hiciste; así que debes querer algo"-
-"Hmmp, lo tengo"- Dijo, feliz porque tenía una conversación con él después de mucho tiempo. -"Cuando estaba en Aizu solo pensaba en casarme y tener hijos, supongo que esos son los sueños de cualquier mujer de mi edad, no creo que importe la condición social simplemente lo queremos"-
Saito la miraba prestando atención y ella le sonrió ante lo tonto que sonaba ese sueño.
-"Eso era antes"-
-"¿Y ahora?, ¿ya no piensas en casarte y formar una familia?"- Era extraño que hiciera esas preguntas, pero la carta de su hermana y las palabras del monje no dejaban de martillar su cabeza.
-"No, mi sueño ahora es más sencillo y más difícil"- Captó su ceño fruncido que le decía que no la estaba entendido -"Ahora sólo busco vivir de la mejor manera, sin importar qué voy a luchar por vivir, nadie tiene el derecho a arrebatarnos ese sueño y sin embargo esa noche estuvieron a punto de hacerlo conmigo"- Apretó sus labios en una mueca de determinación.
Saito perdió por un instante su realidad dejándose envolver por las palabras de la joven. Entendió que había creado un juicio erróneo de ella, tomó por hecho que era una joven frágil que solo fingía ser dura frente a él, pero ahora hablaba con una perfecta cordura y el tono de voz en que pronunciaba sus palabras era firme y resuelto; pensó por un instante si el error lo cometió él al armar aquel plan y ahora no estaba seguro de querer seguir sin ella.
Pero lo que él o ella quisieran no importaba, pasaban en automático a segundo plano la carta de su hermana le pedía tan pronto leyera su petición fuera a Tokyo, creía saber el para qué y tal vez el monje tenía razón al pedirle abandonar su antiguo estilo de vida.
Por primera vez en mucho tiempo no sabía qué hacer, si aceptar la propuesta que le esperaba o rechazarla y seguir como hasta ahora vagando por el país; lo que sea que eligiera no podía cargar con Tokio hasta allá.
Sintió el silencio entre ellos volviendo al presente donde la chica lo miraba con curiosidad. Golpeo su frente con dos dedos para apartarla de ahí, ella hizo una mueca de falso enojo pero antes de decir algo Saito se levantó dando por terminada su plática.
-Sherrice Adjani-
