Derek resopló por enésima vez desde que comenzaron aquella absurda conversación. Aunque tenía que admitir que, prácticamente desde que Stiles se hubiera quedado embarazado, la capacidad de su pareja de sacar temas absurdos pero a los que les concedía una importancia asombrosa había pasado a no tener límite, por lo que prácticamente toda las conversaciones que tenía con él siempre eran absurdas.
Ejemplo de ello era la que había comenzado cuando Derek fue a recogerle al trabajo, había continuado mientras hacían la compra, y todavía seguía cuando llegaban al loft, casi dos horas después.
- Por enésima vez, Stiles: No. No vas a dejar de gustarme cuando tengas barriga.
- Es que no es justo –se quejó Stiles, cargando las bolsas de la compra mientras Derek terminaba de abrir la puerta del loft-. Con lo que me cuesta mantener la línea, ¿sabes lo que voy a tardar en recuperar mi figura? Si hubiera sido al revés a ti no te costaría nada volver a tener tu espectacular cuerpo, siendo tan asquerosamente perfecto…
Derek aguantó su mirada unos segundos, decidiendo cuál era la mejor respuesta.
- Me encanta cuando demuestras lo mucho que me aprecias.
- ¡Es la verdad! –protestó- Y además, con tu habilidad de curación no habrías tardado ni horas en recuperarte del parto… ¿Por qué demonios no podías haberte quedado embarazado tú?
Una vez más, el hombre lobo interrumpió la tarea de abrir la puerta del loft, y que estaba resultando más complicada que en otras ocasiones por culpa de aquella "conversación", y alzó unas sarcásticas ceja a Stiles.
- ¿Necesitas que te haga un dibujo de por qué eres tú quien se ha quedado embarazado?
El humano tuvo la decencia de sonrojarse, pero sólo durante unos segundos.
- Pues podías haberlo dicho antes… -le increpó-. A lo mejor, si llego a saber que me habría pasado esto –se señaló su barriga, todavía perfectamente plana-, no habría estado tan dispuesto a bajarme los pantalones…
El Alfa levantó las manos, exasperado.
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que YO tampoco lo sabía?
- Seguro que no lo sabías… –le miró con suspicacia, para nada alarmado por los gritos del hombre lobo-. A lo mejor sí que te lo imaginabas pero me lo ocultaste porque así, al tener un bebé tuyo, me tendrías bien atado para los restos.
- Claro. Porque eso es lo que cualquier persona desearía… -sonrió, exagerando al máximo el desagrado-. ¿Y no se supone que tú también querías tener este bebé?
La pregunta de Derek, aunque evidentemente no era una pregunta de verdad y más una queja para acabar de una vez por todas con aquella absurda conversación, consiguió que Stiles se quedara callado.
Pero, para desgracia de Derek, el silencio sólo duró unos segundos:
- ¡Claro que quiero! ¡A qué viene eso! –gritó, escandalizado-. ¡Quién demonios está hablando de que no quiero tener este hijo!
Derek resopló una vez más, decidió que hoy no merecía la pena intentar seguir el curso de los pensamientos de su novio, y por fin abrió la puerta de su casa.
- Veo que todo sigue igual que siempre.
La voz cantarina que les recibió en su hogar era una que Derek, aunque pasaran meses entre cada vez que la oía, jamás podría olvidar.
Hizo caso omiso a su tío, sabiendo que ser el centro de atención era precisamente lo que él buscaba, y dejó las bolsas de la compra en la mesa sin siquiera mirarle.
- ¡Peter! –Stiles fue bastante más efusivo con su autoinvitado, perfectamente asentado en el sofá-. ¿Cómo has entrado? –el hombre lobo tan sólo ladeó un poco el cuello, observándole en silencio-. Vale, pregunta estúpida.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó Derek, sin dar demasiada importancia al hecho de que su tío hubiera entrado en su casa sin pedir permiso.
Afortunadamente, para esos casos y si la cosa se salía de madre, Stiles había escondido varias pistolas cargadas con balas de acónito en lugares estratégicos de la casa.
- Daros la enhorabuena por el feliz embarazo, por supuesto –miró descaradamente a Stiles.
- Espera un momento, ¿cómo sabías que estaba embarazado? –esta vez fue Derek quien respondió a su pregunta, alzando una ceja-. De acuerdo –cruzó los brazos en torno al pecho, molesto por tan poca consideración por parte de su novio-. Dejaré de hacer preguntas.
- ¿Y bien? –Peter se acercó a los futuros padres-. ¿Sabéis ya qué va a ser?
- Aun no. Todavía faltan un par de meses –explicó su sobrino.
- Lástima –chasqueó la lengua-. Me hubiera gustado saber ya si va a ser un cachorrito o una cachorrita lo que voy a tener como sobrino.
- Di más bien sobrino-nieto… -apostilló Stiles, mirando con descaro al antiguo Alfa- …tío-abuelo.
Peter Hale se quedó paralizado un segundo, pero enseguida reaccionó mostrándole una sonrisa de lo más depredadora.
- Por tu propio bien, no vuelvas a llamarme así.
Stiles devolvió la atención a Derek, quien seguía colocando la compra visto que si no era él nadie más iba a hacerlo.
- ¿Vas a dejar que me amenace en mi propia casa?
- ¿Desde cuando te ha importado que te amenace? –respondió Derek, consiguiendo que Peter sonriera-. Además, él tiene más que perder que tú como consiga cabrearte –añadió, cambiando las tornas y que ahora fuera Stiles quien se mostrara orgulloso de sí mismo.
- Eso está mejor. Y por cierto –devolvió la atención a Peter-. ¿Qué manera es esa de llamar a nuestro hijo? ¡Cachorrito! Ni que fuéramos a tener a un lobo de verdad. –Pero fue decirlo en voz alta y de pronto esa idea fue la única que procesó su cerebro. Miró a Derek con los ojos abiertos de par en par-. Porque no voy a tener un lobo de verdad… ¿Verdad?
La pregunta fue tan absurda, incluso viniendo de Stiles, que Derek tardó unos segundos en reaccionar.
- Por supuesto que no –dijo secamente. Aquello era tan ridículo que ni siquiera merecía el esfuerzo de que lo acompañara con un insulto.
- ¡Cómo lo sabes! ¿Y qué pasa si quiere nacer antes de tiempo y decide usar sus garras para salir? ¡Me va a destrozar!
Después de asesinar a su tío con la mirada, a quien parecía divertirle mucho la crisis de pánico de Stiles, Derek trató de calmarle:
- Stiles… Tu hijo no te va a matar.
- ¿Cómo estás tan seguro? No deja de ser un hombre lobo.
- Eso es verdad –intervino Peter, ganándose una nueva mirada de desagrado, en este caso por parte de los dos.
- Porque si fuera así, te aseguro que las mujeres lobo no querrían quedarse embarazadas nunca. Cuando yo nací era un bebé perfectamente humano, al igual que lo fueron Laura y Cora. La naturaleza de hombre lobo sólo empiezan a desarrollarse a partir del tercer año como pronto. E incluso puede que nunca lo haga y sea un humano durante toda su vida.
Por desgracia, la explicación de Derek no terminó de convencer al humano embarazado.
- Pero tú dijiste que si me quedé embarazado fue porque la estirpe de los Hale necesitaba un hijo del Alfa para que siguiera existiendo una manada protectora en Beacon Hills... ¿Qué sentido tendría hacer eso si luego doy a luz a un niño cien por cien humano?
Derek no supo qué responder al planteamiento increíblemente lógico de Stiles.
Cómo era posible que le soltara ese raciocinio la misma persona que llevaba horas lloriqueando porque iba a dejar de quererle en cuanto se le notara la tripa, era algo que Derek seguía sin entender.
Sólo Stiles Stilinski.
- Tienes que reconocer que ahí tiene toda la razón –aprovechó Peter, siempre atento ante la mínima oportunidad para ofrecer su granito de arena.
- Tú cállate –gritaron los dos a la vez.
- Stiles… -Derek colocó ambas manos en las mejillas de su pareja-. Nada de eso va a pasar.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro? Ni siquiera sabías que esto podría pasar hasta que no pasó… ¿Y si el cuerpo de un humano no puede soportar lo que para una mujer lobo es lo más sencillo del mundo?
- Porque entonces no te habrías quedado embarazado. Confía un poco más en ti mismo.
- ¡Confío perfectamente en mí! –lanzó entonces una nada discreta mirada a su tripa, y susurró-: Es en el bebé en quien no confío.
El Alfa se llevó dos dedos al puente de la nariz, con cara de estar sufriendo una apoplejía.
- Por favor, dime que no acabas de actuar como si mi hijo, que ahora mismo no debe medir ni un centímetro, es el nuevo enemigo de Beacon Hills.
- Yo no… -pensó antes de hablar, consciente de lo que iba a decir… y no tuvo más remedio que callarse-. Pero tienes que entender mi preocupación. ¡Voy a dar a luz a un hombre lobo! ¡A una criatura sobrenatural y peligrosa!
- ¿Eres consciente de que ahora mismo estás rodeado de dos de esas criaturas? –dijo Peter.
Derek renegó. ¿Por qué siempre tenía que aparecer su tío cuando más complicadas estaban las cosas? Aunque más bien debería decir que era su tío quien acababa complicando las cosas.
- Peter. Lárgate.
- ¿Yo? Si no he hecho nada.
- Como siempre –ironizó Stiles.
- Está bien. Os dejaré a solas para que podáis resolver vuestras… diferencias. Pero antes de nada…
En lugar de terminar la frase, Peter Hale regresó al sofá donde había esperado la llegada de su sobrino y recogió una bolsa que estaba medio escondida. La dejó en la mesa, y a continuación extrajo una caja que ofreció a Derek.
- ¿Qué es eso? –preguntó Stiles.
Peter observó al humano con descaro.
- Una caja.
- Hablo en serio –bufó, cansado de que el hombre lobo se metiera con él.
- Se llama regalo, Stiles. Es lo que hacemos las criaturas sobrenaturales y peligrosas para hacer creer a nuestras víctimas que no somos tan feroces.
Esta vez Stiles dejó pasar el nuevo insulto.
- ¿En serio? ¿Nos has regalado algo? –cogió la caja que Derek todavía no había tomado de su tío y la dejó en la mesa, dispuesta a abrirla- ¡Qué detalle!
- Espera un segundo –le interrumpió Derek, sujetándole de la muñeca. Le obligó a retroceder medio metro antes de abrir el paquete, actuando como si tuviera frente a él una bomba.
- Vamos, Derek. ¿Cuándo vas a confiar en mí?
Las cejas de Derek se movieron en la pose de "nunca", y finalmente abrió la caja.
Lo que se encontró en su interior le dejó sin respiración…
- ¿Qué es? –Stiles se acercó al ver que nada había explotado.
En lugar de responder, Derek cogió con todo el cuidado del mundo el peluche que había en su interior, como si estuviera hecho de cristal y no de tela.
- Pensé que se había quemado –susurró, incapaz de apartar los ojos del muñeco que tantos recuerdos le traía. Un pequeño lobo blanco que no era el más bonito del mundo, pero que para él no había otro igual.
- Y así fue… en parte –explicó Peter-. Conseguí recuperarlo del montón de cenizas en el que se convirtió nuestra casa y conseguí que lo restauraran. No está como nuevo pero…
- ¿Qué tiene de especial? –preguntó Stiles al intuir que había algo más en ese peluche de lo que parecía a simple vista. El hecho de que Derek ya no estuviera en actitud defensiva así lo indicaba, como el hecho de que Peter Hale, tal vez por primera vez en su vida, se había quedado en un discreto segundo plano.
- Es el mismo que me regaló mi madre cuando nací… -Derek llevó el peluche a su rostro y, al inspirar profundamente, creyó detectar cierto aroma residual perteneciente a su madre. Afortunadamente, no había rastros del olor a ceniza. Con los ojos empañados al ser capaz de detectar una vez más el olor de su madre, que creía perdido, observó a su tío como si fuera la primera vez que le veía-. Me decías que no me separaba de él, especialmente en luna llena, cuando todavía no controlaba mi transformación. Antes de que se te ocurriera el truco con el triskel de metal…
Peter se encogió de hombros, como si no mereciera la pena hablar de algo ante lo que, en su opinión, no era lógico que su sobrino estuviera tan emocionado.
- Pensé que a ella también podría servirle…
- ¿Ella? –preguntó Stiles. No había querido decir nada hasta ahora, más pendiente de la reacción de Derek.
El antiguo Alfa sonrió de medio lado.
- Algo me dice que será una niña. Pero sea lo que sea, podrá usarlo. -Miró a Derek y su sonrisa se transformó en otra a la que les tenía más acostumbrados-, si su padre se lo deja, claro está.
Derek, como esperaba, respondió al comentario con un gruñido, pero a Stiles no le había engañado.
Rodeó a su novio, no osando quitarle el muñeco por nada del mundo, y abrazó a Peter como nunca había hecho antes… De hecho, esa era la primera vez que lo hacía.
Pero vaya si la situación lo merecía.
- Como sigas así ya no vas a engañar a nadie cuando digas que eres el gran lobo feroz -bromeó cuando rompió el abrazo y ante el que Peter no había osado moverse, menos acostumbrado incluso que Derek a las muestras de afecto en público.
- En ese caso… –se repuso enseguida, deseando recuperar su lado más canalla-, no tendré más remedio que quitarle de nuevo el puesto a mi sobrino.
Antes de que supiera lo que había ocurrido Peter se encontró con los brazos de Derek. Pero lejos de pegarle, como había esperado que hiciera ante la sutil amenaza, lo que hizo su sobrino fue abrazarle.
- No lo estropees –susurró Derek, rompiendo el abrazo tras apenas unos segundos. Más que suficiente cuando se trataba de dos Hale-. O no dejaré que veas a tu sobrina.
Stiles observó a la pareja con mesura, intentando que no se notara demasiado lo interesado que estaba en la escena (aunque, en su defensa, no había nada más que mirar por allí), y les dejó un rato a solas mientras empezaba a preparar la comida.
Hoy tenían un invitado para cenar.
Acarició de manera instintiva su tripa y a la criatura que seguía creciendo en su interior. El miedo a que fuera a destrozarle en el momento del parto ya había desaparecido por completo, pues acababa de presenciar una prueba evidentísima de que los hombres lobo, en realidad, no eran más que cachorritos.
