Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo diecisiete

Sangre en la jungla

"Tal vez por eso que tantos asesinos en serie trabajan en pareja. Es agradable no sentirse solo en un mundo lleno de víctimas o enemigos. Parece simplemente natural. Tú y yo contra el mundo…" ~Chuck Palahniuk.

BELLA

No podía dejar de temblar. Yo, la maldita, Isabella Swan, ahora Cullen, la mujer que ni parpadeó cuando asesinó a un hombre a los dieciséis, no podía dejar de temblar. Yo no temblaba. No cedía. ¡No me estremecía al ver sangre o escuchar un disparo! Y, aun así, aquí estaba, observando mientras uno de los doctores de Forks miraba a Edward y yo temblaba. ¡Mis manos no podían dejar de temblar! ¿Qué diablos pasaba conmigo?

Intentaba no gritarle al idiota que se cernía sobre Edward, quién no se había movido en nueve horas. Si no fuese porque su pecho se movía al respirar, hubiera pensado que estaba…

¡Este maldito doctor tenía cinco segundos para darme novedades o iba a destrozarlo!

—Señora Cullen…

—Estás gastando palabras —siseé, interrumpiéndolo mientras daba un paso hacia delante—. ¿Cómo está?

—Está bien. Por suerte, el disparo no fue letal. De hecho, no estoy seguro de qué fue. Tiene dos costillas magulladas, pero sanarán. Está medicado para el dolor, pero más allá de eso, está bien y debería volver a moverse en un par de días —respondió rápidamente, dando un paso hacia atrás cuando me moví hacia el pie de la cama.

Edward lucía tan… pacífico. No había ni una arruga o molestia en su rostro. Sentí la urgencia de pasar mis manos por su cabello. Parte de mi quería acostarse con él… una gran parte de mí. Era como si mi mente supiera que esa era la única forma de dejar de temblar. Sin embargo, no podía. En su lugar, me di la vuelta y salí de la habitación. Sabiendo que se encontraba bien… sabiendo que iba a estar bien, significaba que podía hacer lo que deseaba hacer al momento que Jacob vino hacia mí.

Puse un pie afuera mientras analizaba el campo de hombres que esperaban la misma noticia como yo. Mis ojos se cruzaron con el idiota y fue como si el león fuera liberado de la jaula.

—¡EMMETT! —rugí, haciendo que todos los hombres que estuviesen cuerdos se apartaran como el mar rojo mientras caminaba hacia él. No se movió, ni siquiera se encontraba sorprendido, pero en un momento iba a padecer dolor.

Pero antes que pudiera acercarme más a él, Jasper se interpuso en mi camino y me tomó del brazo, alejándome.

¿Quién se creía que era este hijo de puta?

—Isabella…

Pero antes que pudiera terminar, le di un puñetazo en la garganta, pateé sus piernas por detrás así lo colocaba sobre sus rodillas. Tomándolo del pelo, lo hice hacia atrás y presioné mi cuchillo contra su garganta.

—Acabaré contigo, Jasper Cullen, si vuelves a cruzarte en mi camino —siseé en su oído, apretando la navaja con más fuerza.

—No estás pensando con claridad…

No parecía entender que no estaba bromeando. Quitando el cuchillo se su cuello, lo apuñalé en el pecho, dónde no lo mataría. Sus ojos se abrieron de par en par mientras me alejaba, permitiéndole que se caiga de culo antes de rugir en dolor.

—¿Acaso perdiste la puta cabeza? —Emmett me gritó, acercándose a Jasper. Pero me puse frente a él.

—¡Si, porque si estuviera cuerda ahora mismo, si fuera Isabella Swan en vez de Cullen, lo hubiera matado por meterse en mi camino! Pero no puedo matar a dos de los hermanos de Edward en el mismo día —grité y me miró de arriba abajo, inseguro de qué hacer o decir. Pero lo ayudaría a encontrar su lengua.

—¿Le disparaste a Edward? —Sabía la respuesta, pero quería escuchar que lo dijera.

—Isabella…

—¿LE DISPARASTE A MI MARIDO, EMMETT?

—Si.

Sentí un momento de paz antes de lanzármele al cuello. Lo vio venir y me tomó en sus brazos como si fuera un maldito recién nacido.

—¡Isabella, fue un accidente! —gritó, pero observó las piernas largas que tenía… solo para ser estrangulado por ellas. Las envolví en su cuello como una pitón y apreté hasta que tuvo que soltar mis brazos para tomar de mis piernas. Cuando lo hizo, lo di vuelta y le di un rodillazo en la entrepierna. Se agachó y el idiota, alto y grande como un oso, jadeó de dolor.

—¡Tú, Emmett Cullen, eres el accidente! —Mi puño destrozó su rostro.

Su cabeza se hizo hacia atrás y sentí el dolor en mi mano, pero no me detuve.

—¡Tú, Emmett Cullen, eres un parásito!

—No mereces mi respeto. —Otro puñetazo en la nariz.

—No te mereces tu apellido. —Ante esto, tomó de mi puño, deteniéndolo antes de romperle la boca, y se puso de pie.

Me miró con furia.

—Controla lo que dices, hermana, o puede que salgas lastimada.

Intentó sobrepasarme como si intentara decir algo con su altura.

—¿Qué? ¿Porque tragues esteroides debería tenerte miedo? —Sonreí con malicia, girándolo tan rápido que no tuvo tiempo de comprender lo que estaba haciendo, hasta que fue muy tarde. Era una de las cosas que había aprendido de mis intentos fallidos de baile cuando era niña. Deja que tu compañero te guíe. Seguro esa fue la razón por la que me fue mal en eso. Yo estaba al mando siempre, sin embargo, funcionó con Emmett, que era demasiado grande para detenerme cuando lo hice girar y tomé su arma.

Con mi dedo izquierdo, jalé del gatillo. Desafortunadamente no era un arma, sino una taser. Pero funcionaba y los 80.000 voltios lo dejaron tirado y temblando como un pescado fuera del agua.

—¿Un taser? ¿En serio? ¿Qué eres? ¿Un policía de centro comercial?

Suspiré, bajando la mirada hacia él. Pero el gran lobo no podía hablar.

Agachándome sobre una rodilla, me acerqué así podía verme a los ojos.

—Si vuelves a hacerle daño a Edward, te partiré al medio y te meteré dentro de un casillero.

Poniéndome de pie, me giré para ver al resto de los hombres. Los míos sonreían entre ellos mientras que el resto lucía orgulloso. Supongo que no les gustaba que le dispararan a su jefe.

—Él está bien, solo necesita descansar. Continúen fingiendo que no quieren matarse el uno al otro. Los veré más tarde —les dije y mis ojos se encontraron con los de Jasper mientras era puesto de pie por Eric. Comenzaba a odiar a Eric. Jasper estaba pálido y necesitaba un trago. Iba a estar bien. Si no, qué lástima.

—Enviaré al doctor. —Sonreí, caminando por su lado y hacia la cabaña.

El doctor me miró indeciso sobre qué hacer o a dónde ir.

—Jacob se encargará de su pago después que mires a sus hermanos —le dice sacándome las botas. Mi mano estaba adolorida, pero lidiaría con eso más tarde.

Debió haberlo notado porque dio un paso hacia adelante, pero lo miré con furia. Solo había un doctor en quién confiaba y no era él. Entendiendo el mensaje, se fue rápidamente, dejándome sola con el hermoso idiota dormido que era mi esposo. Una vez más, me encontré observándolo. Lucía hermoso y cedí ante mi necesidad, permitiendo que mi mano sana acaricie su cabello. Cuando soltó un pequeño gemido, me detuve. Incluso dormido era un perro alzado… definitivamente se encontraba bien.

Sonriendo para mí como una idiota, me desnudé mientras caminaba hacia el baño, tomando una botella de brandy en el camino.

Encendiendo la ducha, esperé a que el agua estuviera caliente. Iba a tardar un rato, esa era una de las cosas malas de acampar. Tomando de la botella, me permití un segundo para mirarme al espejo. La mayoría de las personas odiaban mirarse así mismas; siempre encontraban un defecto. Ahora, nunca tuve ese problema. Sabía que era atractiva y que era inteligente. Sin embargo, no miraba lo suficiente, no hasta que Edward me acercó el espejo tan cerca de mi rostro que mi nariz lo podía tocar. Solo entonces pude ver que tenía razón. Estaba sola, me sentía sola, pero siempre lo había aceptado. Me aseguré de nunca pensar en ello y no fue hasta que estábamos en el bosque que realmente lo entendí. Pero entenderlo no se comparaba con el dolor. Perder a Charlie ardió profundamente, sin embargo, me lo veía venir. Edward… ese disparo, no lo esperaba y en un momento, podría haberse muerto.

No iba a tener a nadie con quien pelear, reír, y matar. Fruncí el ceño, tomando otro trago del brandy antes de dejarlo en la encimera. También significaba nadie con quien dormir al lado y nadie a quien hablarle. Podía hablar con otros, pero solo podía hablar con Edward porque de alguna forma él… no lo sé. Simplemente podía hablar con él y en un segundo, el idiota de Emmett casi me lo quitaba. Yo…

—Allí está el brandy.

Di un salto al escuchar su voz. El espejo estaba tan empañado que no me di cuenta cuando entró.

Girándome hacia él, mi mirada fue directo al vendaje que envolvía su hombro y su cintura. Sus ojos verdes me miraron de arriba abajo como si fuera agua y él un hombre en el desierto.

No me di cuenta hasta ese entonces que estaba completamente desnuda mientras él estaba en pijamas.

—Ed…

Antes de poder decir las palabras, sus labios encontraron los míos. Mi mano fue hacia su cabello, besándolo tan fuerte como me él me besaba. Sabía a miel y no quería soltarlo. Pero debía.

Alejándome de él, tomé aire profundo, preparándome para hablar cuando sus labios se dirigieron hacia mi cuello.

—Edward, necesitamos…

Tomó de mi pezón y solté un gemido. Cuando su lengua comenzó a dirigirse hacia mis pechos, comencé a tirar de su cabello.

—¡Por Dios! ¡Mierda, Edward! ¡Detente! —grité y se detuvo, lentamente apartándose de mi para observarme. En sus ojos vi confusión, frustración… y dolor.

Soltándome por completo, dio un paso hacia atrás, negando con la cabeza.

—Lo siento. Solo vine en busca del brandy.

Frunció el ceño, acercándose a mí, pero lo tomé primero.

—No deberías mezclar alcohol con pastillas para el dolor —dije rápidamente cuando me fulminó con la mirada antes de mirar mis manos. No estaba segura de por qué hasta que noté la sangre seca que seguía allí… la sangre de Emmett, quizás un poco de Jasper también.

No preguntes, Edward.

—¿Qué diablos le pasó a tu mano?

Mierda.

—Emmett fue el que te disparó —contesté, esperando ver cómo iba a reaccionar, pero no se encontraba sorprendido.

—Eso no explica tu mano —dijo, su mirada fija en mis manos.

—Dije que el idiota de tu hermano te disparó y, ¿todo lo que te importa son mis manos? —Debería estar afuera rompiéndole el trasero a su hermano.

—Si, porque eres mi esposa. —Suspiró—. Me encargaré de Emmett cuando no esté medicado.

Apartándome, me quité el anillo para lavarme las manos.

—Ya me ocupé de ello.

—¿Mataste a Emmett? —susurró, acercándose a mí por detrás. Irradiaba olas de calor. Me sentí apoyarme contra él, cerrando los ojos y relajándome mientras descansaba mi cabeza en su pecho. Eso fue hasta que recordé que tenía una herida de bala y me enderecé.

—No, no lo maté. —Debería haberlo hecho—. Solo lo electrocuté después de molerlo a golpes en la cara y apuñalar a Jasper.

Me preparé para sus quejas, pero cuando me giré hacia él, estaba sonriendo. Debía tener unas drogas fuertes en su cuerpo.

—¿Apuñalaste a Jasper y, golpeaste y electrocutaste a Emmett? —preguntó lentamente y asentí. Se iba a enterar de todas formas.

—Demuestras afecto de formas raras —dijo, besando mi frente y tomando el brandy.

Pero una vez más, se lo quité, dejándolo en la encimera otra vez.

—No con los medicamentos.

—¡Tienes que estar bromeando! Dame la botella, Bella —gruñó, acercándose para tomarla.

Pero le clavé un dedo en su herida, haciendo que siseé y se haga hacia atrás.

—No, significa no.

—Esto es lo peor que me has hecho. —Frunció el ceño como un niño de seis años.

—Te disparé, apuñalé a tu hermano, electrocuté tu otro hermano, casi le abrí la cabeza a tu exnovia…

—¿Mi exnovia? —Me interrumpió.

—¡Mierda! No quise decir eso. —Me mordí el labio—. Me encontré a Tanya en el baño de la iglesia. Ella dijo algunas cosas y yo estampé su cabeza contra el espejo. Así que, no, quitarte el brandy no es la peor cosa que te he hecho.

Una vez más, sus labios encontraron los míos, pero solo por un segundo antes de apartarse.

—En mis ojos, lo es —susurró—. Tengo solo dos placeres: Isabella Cullen y brandy. Prohibirme los dos es simplemente cruel.

Y solo así, algo hizo clic en mi mente. Aquí me encontraba desnuda frente a él, no solo en cuerpo sino también en pecados y no le importaba. Veía las partes más profundas y sucias de mi alma y mi mente, pero no le importaba… de hecho, quería quedarse en la oscuridad conmigo. Solo él, yo, y el maldito brandy.

—Solo es temporario. Puedes tenerlos una vez que te sientas mejor —susurré, besando sus labios suavemente antes de apartarme. Llevando sus labios a mi oído, presionó su excitación contra mi estómago.

—No me voy a sentir mejor si no te tengo ahora —respondió mordiendo mi cuello y haciendo que lo deseé aún más.

—Edward, estás lastimado —gemí, frotándome contra él. Alejándome de la encimera, me empujó contra la puerta del baño.

—Bella, planeo follarte hasta que enloquezcas —anunció, bajándose el pantalón. Su polla me apuntaba y cerré mis piernas para intentar pensar con claridad.

—Quieres que te folle contra esta puerta —dijo, abriendo mis piernas. Podía sentirlo frotarse contra mi mientras hablaba—: Quiero escucharte gritar mi nombre.

»—Me quieres adentro tuyo. Puedo sentirlo —susurró, lamiendo mi cuello mientras tomaba mi trasero con su mano.

—Vas a estar adolorido en la mañana —gemí mientras él seguía lamiendo. El calor del vapor junto con su cuerpo me hacía sentir que estaba en llamas. No podía ni pensar. Todo lo que podía hacer era sentirlo. Y se sentía increíble.

—Si hago mi trabajo, tú también lo estarás. —Sonrió—. Solo deja de detener esto por una vez y deja que te tome, esposa.

No podía hablar porque él no quería una respuesta. En cambio, se introdujo tan profundo que mi cabeza se hizo hacia atrás. Gimiendo, me agarré a su cuello, envolviendo mis piernas en su cintura mientras me sostenía contra la puerta, yendo cada vez más profundo con cada embestida.

—Tomaré eso como un sí. —Gimió, saliéndose una vez más para clavarse dentro de mi otra vez—. He querido follarte contra la puerta por mucho tiempo. —Me sonrió mientras me llenaba una y otra vez.

No podía ni formar una oración. No podía hablar. A penas podía ver mientras mis ojos rodaban hacia atrás.

—Quería que fuera rudo —añadió tomando de mis manos en su cuello y sosteniéndolas sobre mi cabeza.

—Quería que fuera fuerte —dijo y fue como si soltara el animal de la jaula mientras embestía en mi cuerpo repetidamente, sin darme tiempo de pensar o siquiera moverme. Todo lo que podía hacer era aceptarlo y gemir como una perra… su perra.

Soltó mis manos para tomar de mi cintura y pegué un grito de placer mientras me venía contra la fuerza de su polla. Él no se detuvo, cogiéndome con más fuerza hasta que me embistió tan profundo que mi voz se quebró cuando se vino. Cuando me soltó, sentí mis piernas soltarlo. Pero me encontraba muy débil como para mantenerme de pie y simplemente me deslicé al suelo. Cuando levanté la mirada, todo lo que vi fue su erección.

¿Cómo es humanamente posible? Gritó mi mente mientras lo observaba en shock. Tenía una estamina que jamás había visto. Bajó su vista hacia mí, mientras se acariciaba, lo que me hizo desearlo una vez más.

EDWARD

Sentándome, agarré el envase de analgésicos, tomando dos con un vaso de agua y nada de brandy como debería. Por ahora Bella podría salirse con la suya. Bajando la mirada hacia la bella durmiente a mi lado, esperé que la culpa aparezca. Pero jamás lo hizo. La había emboscado y no me arrepentía porque ahora tenía lo que quería. La tenía a ella. Lo sentí, el cambio en ella, mientras nos devorábamos el uno al otro. Pasamos del baño, a la ducha, a la cama, dónde ella me ayudó a cambiar mis vendas antes de follar otra vez. Mi hombro, cómo ella había dicho, dolía como la mierda, pero valía la pena porque la tenía a ella. Hice lo que tenía que hacer para conseguir a mi esposa y no había vuelta atrás.

Ella lo sabía ahora. Ella sabía que era de ella y ella era mía, y ahora podemos seguir adelante. Se sintió como la guerra más larga pero ya acabó y ambos éramos los ganadores. Lo hice por nosotros. Algún día… cuando estemos por morir de viejitos… se lo contaré. Pero por ahora, me lo guardaré y jamás volveremos a hablar de esto. Todo lo que tenía que hacer es asegurarme que mis hermanos mantengan sus bocas cerradas. Si no lo hacían, los mataré… y lo decía en serio.

Intentando ignorar el dolor, me levanté de la cama, tomando un par de jeans y un abrigo. Pensé que estaba siendo silencioso, pero Bella se sentó, frotándose los ojos mientras intentaba enfocarse en mí. Era hermosa.

—¿A dónde vas? —Bostezó y fue tierno.

—Voy a hablar con mi hermano. —Sonreí. Caminando hacia ella, besé su mejilla y ella lo aceptó sin enojarse o estremecerse.

El dolor valía la pena.

—Vuelve a la cama. Podemos matarlo cuando salga el sol. —Sonrió, tirando de mi abrigo, y casi me sentía tentado, pero necesitaba asegurarme que esto no reviente en mi cara. No quería perderla.

—Ya vuelvo. —Besé sus labios. No podía dejar de besarla—. No voy a matarlo. Mi madre le tiene cariño. Pero voy a expresar lo que siento de otras formas.

Puso los ojos en blanco antes de volver a la cama.

—De acuerdo, pero si cambias de parecer, Forks es el mejor lugar para esconder un cuerpo. Hay mucho bosque y pocos habitantes.

Dios, la amo.

—Lo tendré en mente. —Reí, caminando hacia la puerta. Al momento que salí, me encontré con nada más que aire fresco. Tenía que aceptarlo; el lugar del campamento estaba hermosamente escondido en el medio del bosque. Era tan grande como para albergar a todos nuestros hombres con diez u once casas y un comedor al fondo del todo.

Viéndome, Eric se me acercó rengueando. Pobre idiota.

—Emmett y Jasper están en el comedor —anunció, asumiendo que ya sabía. Asintiendo, caminé más despacio así él podía caminar a mi lado.

—¿Cómo está tu pierna? —pregunté, intentando no sonreír. Isabella y sus trabajitos.

Me sonrió.

—El doctor dijo que estaré así por unos cuatro o cinco meses. Creo que su esposa me odia, señor.

No pude evitarlo. Me reí incluso con el dolor que ardía en mi pecho.

—No te lo tomes personal. Ella odia a todos por igual. Al menos no te apuñaló.

—Los hombres piensan en empezar un club de BS —dijo y me detuve.

—¿BS? ¿Qué carajos llaman a mi esposa?

—Bella Sangrienta —respondió rápidamente. Encajaba. Pero no me gustaba que alguien más que yo la llame Bella. El momento que ella se entere, iba a probarles que ese nombre era correcto. Sacudiendo mi cabeza, seguí caminando.

—Ninguno de ustedes me llama de alguna forma, ¿no? —Si lo hacían, los mataría yo mismo.

Eric se tensó y ni me molesté en presionarlo. Cuando entré al comedor, todos se callaron de inmediato. Mis ojos se fijaron en Jasper, que estaba encorvado sobre un plato de comida y lucía algo pálido. A su lado estaba Emmett, que parecía estar en mejor forma, incluso con una nariz rota, un ojo negro, un labio partido, y lo que parecía ser marcas de estrangulamiento en su cuello… pero ¡ey! Al menos no parecía un vampiro adolorido.

—¿Acaso no aman a mi esposa? —les pregunté a todo volumen, haciendo que los hombres se rieran y sonrieran como idiotas.

Ben se puso de pie con una taza llena de lo que seguro era alcohol.

—¡Larga vida a la reina!

—¡Larga vida a la puta reina! —gritaron los hombres en respuesta. No solo los de Bella, sino los míos también. Habían estado aquí dos, tres días si dormí tanto como pensaba. Y, aun así, todos bebían y se reían juntos.

Sonriendo con ellos, asentí hacia Emmett y Jasper, que me fulminaban con la mirada. Poniéndose de pie, me siguieron mientras salía del comedor y hacia los árboles. Jasper se movía más lento de lo normal, igual que Emmett mientras se acercaban.

—¿Cómo están? —les pregunté, intentando no reírme, pero el dolor en mi pecho valía la pena.

Jasper dio un paso hacia adelante, furioso.

—¡Maldito idiota! Estás jodido de la cabeza, Edward. ¡Tu esposa me apuñaló! ¡Me apuñaló, Edward! ¿Has sido apuñalado en el pecho? ¡Y no sé si tu esposa tiene un doctorado o solo tuvo suerte, pero se las arregló para no hacer mucho daño, lo cual es imposible porque era mi maldito pecho! ¡Esta perra —Señaló a Emmett— fue el que te disparó y solo fue electrocutado! Todo lo que hice fue intentar calmarla. ¿Qué clase de mierda es esto?

Me reí. No pude evitarlo. Todo lo que puse hacer es reírme. Era jodidamente gracioso. No me había reído así antes que llegara mi Bella.

—¿Por qué lo intentaste? —Sonreí. Él se lo pidió—. Ella me disparó en la pierna estando calmada. Me sorprende que no haya hecho más.

Jasper negó con la cabeza y podía ver la ira crecer en sus ojos.

—¡Los odio a todos!

Con eso se alejó… lentamente. El gran bebé.

Emmett se mantuvo callado, esperando que cumpla con mi parte del trato. Una parte de mi esperaba a que fallara así podía odiarlo, pero era hora que seguir adelante. Hizo lo que le pedí. Suspirando, le ofrecí mi mano.

—Habrá momento donde seguiré siendo un maldito contigo —dije cuando estrechó mi mano—. Pero te prometo, hermano, avanzar. No te reprocharé por el pasado. No te seguiré odiando por ello. Sigo sin querer a tu esposa, pero no te odio.

—¿Acaso puedes hacer eso? ¿Puedes olvidarte del odio? —preguntó lentamente.

—Automáticamente, no. Sin embargo, eres la razón por la cual mi esposa y yo tuvimos sexo alucinante y seguiremos así. Después de esto, no volveremos a hablar de este momento otra vez y hazle saber a Jasper —le dije la verdad y se lo notó más aliviado. Como si alguien le hubiera quitado el peso del mundo de sus hombros.

—Gracias, Edward. —Fue todo lo que pudo decir.

—Bueno, las primeras cervezas van por tu cuenta. ¡Esa mierda dolió! —Hice un gesto de dolor y me tomé del pecho antes de alejarme.

Caminando hacia nuestra cabaña, me sentí más aliviado también. Las cosas en mi vida personal al fin tenían sentido. Todo lo que tenía que hacer era matar a Aro, a sus hermanos, a Victoria, a James, a la policía, y luego dominar el resto del país junto con Europa. Todo eso era posible gracias a mi esposa. Gracias a mi Bella.

Como si pudiera leer mi mente, al momento que entré, encontré a mi hermosa esposa vistiendo mi camisa, sentada en nuestra cama con nada más que documento y una laptop alrededor de ella.

—La vida de una pareja de la mafia… —Sonreí quitándome el abrigo lentamente, intentando no estremecerme ante el dolor.

—Es un rol sangriento, pero necesario —terminó, alcanzándome un documento mientras me recostaba.

—Te llaman Bella Sangrienta ahora. —Sonreí observando lo que parecían ser más cartas de Victoria.

Ella se detuvo y frunció el ceño.

—Eso no ejerce suficiente miedo en los corazones de hombres y mujeres.

—Oh, si lo hace. Te tienen miedo y te respetan. Quizás más que a mí. —Hice un puchero y ella sonrió, inclinándose para besar mis labios.

—Puedes volar la casa del comisario de la policía por intentar entrar en nuestra fábrica del centro. —Sonrió, haciendo que me levantara rápidamente. Quizás demasiado rápido, pero ignoré el dolor.

—¿Qué diablos? —grité, buscando el documento del que hablaba. Pero ella solo me cedió la laptop.

—Esa es nuestra cocina de metanfetaminas en Parque Orland, ¿no? —preguntó, aunque ambos sabíamos que lo era.

—¿Cómo carajos se metieron allí? —espeté, mirando como el idiota y sus hombres entraban a la fábrica. A la mierda los derechos personales.

Bella tomó las cartas codificadas de Victoria.

—Al parecer, Aro les da información para mantenernos distraídos.

Tomando las cartas, mi mente las leyó rápidamente.

—Esto puede ser una trampa. Victoria puede estar escribiéndolas para tendernos una trampa. —No conocía mucho a esta Victoria todavía. Pero lo que si sabía era que era una víbora suelta y alguien necesitaba cortarle la cabeza antes que comiera y creciera.

—Pensé lo mismo e hice que Jacob contactara a Laurent ni bien nos bajamos del avión. Aparentemente, Victoria se olvida de las cosas constantemente y necesita escribir las cosas. James cifra su computadora cada semana así nadie puede hackearla. Laurent es una buena ayuda con eso. Sin embargo, no descarto nada todavía. Aunque todavía tenemos una rata de policía afuera —respondió, mirando la pantalla de la computadora.

—Jasper puso una bomba bajo su casa —recordé y Bella cambió de canal hacia la modesta y pequeña casa de familia en los suburbios de Chicago. Seguro la mantuvo incluso después de perder su familia… era algo triste.

Me tendió el celular y no pude evitar sonreír. Presionando "llamar", pude ver cómo su casa estallaba en llamas. Era como ver los fuegos artificiales durante Año Nuevo. Ahora ya no era tan triste.

Volviendo a la fábrica, marqué el número del sitio y presioné llamar otra vez, solo por hacerlo, y Bella se giró hacia mi sorprendida.

—¿Qué diablos acabas de hacer? —jadeó, mirando la pantalla.

—Demasiadas personas sabían del lugar. Muchos adictos se aparecían por el lugar. Hice que movieran todo de allí hace un mes —expliqué. El comisario no hubiera encontrado nada de todos modos.

Bella sonrió y en un flash, el edificio estalló. Vimos como el compañero de Oso Fumador ayudaba a su jefe a salir.

—Algunas ratas no saben cuándo morir —siseó Bella.

Besando su cuello, la atraje hacia mí.

—Todo a su tiempo, amor. Los haremos sufrir a todos.

—Y luego los mataremos —me susurró.

Sonreí.

—Y luego los mataremos. Uno por uno, hasta que solo queden manchas de sangre.

Mientras ella se relajaba a mi lado, observamos a los policías que no tuvieron tanta suerte quemarse vivos. Corrían en círculos como gallinas sin cabeza. Conté seis, pero no estaba seguro si algunos seguían adentro del edificio.

—Va a intentar culparnos de esto. —Sonrió Bella, tomando mi brandy.

—Espero que lo haga. Ahora tengo una razón para molestar al Juez Andrew. —¿Cuál es el punto de tener un juez en tu bolsillo si nunca lo usas?

—Y al Senador Hale —añadió y me miró—. ¿Sabes? Nunca antes había matado a alguien en pijamas.

—Yo tampoco. Espero que siempre recordemos al primero —respondí, tomando sus labios en los míos. Así es como debería haber sido desde el principio. Ella y yo haciendo arder al mundo juntos.