Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 16
El corazón de Sakura latía frenéticamente, mientras observaba la mirada atónita de su esposo. Eva había soltado una bomba sin contemplación alguna, y sería ella quien tendría que pagar las consecuencias.
―Eh… Tengo que ir a contar los peces del río ―dijo Emma, poniéndose de pie. Al ver que Eva no tenía intenciones de hacer lo mismo, la tomó por la muñeca y la haló.
―¡Hey! Pero yo no quiero.
―Sí quieres, camina. Y diciendo eso, la arrastró fuera de la terraza, dejando sola a la pareja. Sakura no pudo hacer algo para evitar quedarse sola en el campo de batalla, en el que sabía se convertiría la sala exterior en la que se encontraba; por otro lado, era un asunto de pareja, y si ellas no se hubiesen ido, Sasuke las habría expulsado sin miramientos.
Los ojos de Sakura continuaban puestos en Sasuke, que no había pronunciado palabra, y su ceño comenzaba a fruncirse. «¡Dios!, está atando cabos. Sabe que le mentí ayer». «Sé que quiere hijos, el problema es ¿los querrá tan pronto?». «¡Me va a matar, me va a matar!». La mente de Sakura era un total caos. Su respiración comenzó a agitarse, y sus manos a sudar, al tiempo que su rostro se calentaba. Vio una expresión feroz posarse en las facciones de su esposo, lo que provocó que ella misma perdiera el control.
―Naruto…Naruto, te necesito… ¡Naruto! ―repetía, cada vez en tono más alto. Sasuke, que se disponía a gritar, se mostró entonces asustado. Sakura estaba a punto de tener uno de sus ataques de nervios. El hombre corrió y se arrodilló frente a ella. La abrazó contra su pecho, y le acarició la espalda para intentar tranquilizarla.
―Calma, mi amor, calma. No pasa nada. Tranquila.
―Me ibas a gritar ―sollozó Sakura, temblando.
―No, no. No te iba a gritar. Tranquila. La mantuvo así por un par de minutos, mientras la respiración de ella comenzaba a normalizarse. Cuando Sakura pensó que él también se había tranquilizado, sintió que la separó de su cuerpo y la miró a los ojos.
―Para eso era el ginecólogo, ¿cierto? Tus amigas lo sabían, y yo me entero por la falta de tacto de Eva ―dijo con voz más fuerte, y la rabia retornando a él―, y lo peor de todo, es que fuiste hoy al trabajo. ¡¿En qué diablos estabas pensando?! ¡Katy! ―gritó, se levantó para alejarse de ella, y comenzó a caminar de un lado a otro, furioso
―. ¡Katy!
―No es necesario que grite, señor, no estoy sorda ―respondió la mujer con la calma que la caracterizaba, y frunció el ceño al ver a Sakura contrariada.
―No me molestes ahora que no estoy de humor. ¿Tú sabías que esta inconsciente esposa mía está embarazada?
―¡Oh, mi niña! Qué alegría, ¡felicidades! ―exclamó la mujer, acercándose a la chica y abrazándola.
―¡No la felicites! ―gritó Sasuke―. Si no fuera por su condición, ¡la pondría en mis rodillas y le daría unas buenas nalgadas! Se paseó por toda la región con mi hijo en su vientre, sin importarle que pudiera caerse o sufrir algún accidente. Incluso ayer tuvo un mareo, ¡y hoy fue a rodearse de chiquillos revoltosos, que podían tropezarla y tumbarla! Sakura lo miraba con duda. No podía comprender si él estaba feliz por la noticia, y su rabia era por la supuesta imprudencia de ella, o si su ira era por la noticia en sí. Por lo que decidió resolver su incógnita.
―Sasuke, solo quiero saber si eres feliz por nuestro hijo, como lo soy yo. El hombre la miró con sorpresa. Estaba aturdido por su injustificada inquietud, por lo que en un rápido movimiento, se acercó a ella y se arrodilló a su lado, tomándole el rostro entre las manos.
―Sakura, no hay hombre más feliz en el mundo que yo en estos momentos. ¿Cómo podría no estarlo si llevas en tu vientre a mi hijo? ―dijo, expresándole con la mirada todo el amor que sentía por ella, aunque dichos sentimientos no duraron mucho reflejados en él, ya que comenzó a contrariarse de nuevo―. ¡Pero al mismo tiempo soy el hombre más furioso de este planeta! ―Se alejó de ella
―. Quiero matar a alguien para no hacerlo contigo y… ¡Eva, maldita traidora!, deja que tenga tu cuello Lancaster en mis manos, ¡para estrujártelo hasta que te salten los ojos! Y tú… ―Señaló entonces a Sakura―, no volverás a trabajar, y seguirás mis órdenes al pie de la letra.
―No soy tu empleada, ni tu esclava, Sasuke.
―No me importa lo que digas.
―¡Soy una mujer indepen…!
―¡Me valen mierda tu independencia, y las teorías feministas de la actualidad! ―gritó, agitando los brazos para reafirmar sus palabras―. Llevas a mi hijo en tu vientre, y te lo advierto, Sakura, en esto no tendré consideración alguna contigo. ¡Katy!
―Aquí estoy a su lado, señor ―respondió la mujer con calma, por lo acostumbrada que estaba a la forma de ser de él.
―Llama a Morgan y dile que venga con la mejor ginecóloga del país, en el menor tiempo posible.
―El amigo de Eva… ―Comenzó a decir Sakura
. ―Dije «ginecóloga»… mujer, no hombre, ¡mujer! No voy a dejar que un hombre le meta mano a mi mujer, y mucho menos en mi presencia.
―Es un profesional.
―¡Que sea lo que le dé la gana! A mi mujer no la toca más y punto.
―Tranquilo, hijo ―dijo Katy―. La estás poniendo nerviosa.
―Nervioso me tiene ella a mí con su forma de actuar tan irresponsable. ¡Mierda! Ni siquiera he podido gozar de la noticia… pero… Tomó el celular en su bolsillo, y buscó rápidamente entre sus contactos. Luego de unos segundos, en los que las dos mujeres lo miraban desconcertadas, alguien le respondió.
―¡Sakura está embarazada!… Y a mí qué me importa si Emma lo puede estar o no. ¡El mío nacerá primero! ―Cortó la llamada y marcó otro número―. Sakura está embarazada, y quiero ver qué harás ahora para quitármela. ¡Imbécil!
―Y luego de cortar esa segunda llamada, guardó su celular de nuevo en el bolsillo. Sakura pudo ver la satisfacción y orgullo en el rostro de Sasuke, y ya que no tenía duda alguna de a quién había llamado primero, esperaba que lo que sospechaba del segundo no fuese verdad.
―Quiero creer, Sasuke, que no llamaste a Naruto para decirle eso; y ten en cuenta que estoy ignorando el hecho de que, al parecer, apostaste algo con Kendal.
―No aposté nada con Kendal ―aseguró―, él fue el que me provocó; y respecto a tu hermanito, me la debía el desgraciado.
―Eres un niño malcriado y egocéntrico ―dijo Sakura apretando los labios. Ahora era ella la que estaba molesta por perder la oportunidad de ser quien anunciara la noticia.
―Pero soy el niño que te embarazó ―exclamó con una sonrisa pícara, y se acercó a ella para cargarla con delicadeza, no sin un poco de resistencia―. ¡Quédate quieta que te puedes caer! Katy, llama a Morgan. Lo quiero mañana en la mañana aquí; ahora no porque Sakura necesita descansar.
Entre reclamos y regaños la llevó a la habitación, la acostó en la cama, cerrando la puerta antes de que Naomi pudiese entrar, y se recostó a su lado. Dejando su cabeza a la altura del abdomen de Sakura, lo descubrió levantándole la blusa, y comenzó a besarla tiernamente. El silencio reinó entre los dos. Él disfrutaba prodigándole caricias en el vientre, mientras ella lo miraba con los ojos húmedos. Hacía una hora temía una reacción negativa de Sasuke, y ahora lo que temía era que estuviera demasiado feliz.
«Creo que la poca vida normal que me quedaba se acabó». Solo de algo estaba segura: Sasuke era un hombre bueno, y cualquier mujer se enamoraría de él al instante; sin embargo, lamentaba que ella no fuera cualquier mujer.
―Tenía miedo ―susurró Sakura, cortando sus palabras debido al nudo que sintió en la garganta―. Aún lo tengo. Las lágrimas escaparon por fin de sus ojos. No deseaba llorar, pero todo el cúmulo de emociones vividas en tan pocas horas, la hicieron perder la compostura, por lo que se tapó el rostro con las manos y comenzó a sollozar con fuerza. Sasuke, desesperado, se acercó a ella y la estrechó contra su pecho. No le gustaba verla llorar a menos que fuese de alegría, y estaba claro que en ese momento no estaba feliz.
―¿Qué sucede, Sakura? ¿Qué está mal? Dime a qué le temes y yo te protegeré. Te lo prometí ante un altar y te lo reitero ahora. Dímelo.
―No sé si pueda ser una buena madre ―murmuró con el rostro enterrado en el pecho de su esposo.
―Lo serás, nena. Tu madre es una gran mujer y te ha enseñado bien. ¿Qué mejor ejemplo a seguir que ese? ―dijo él, haciéndola levantar la cabeza para que lo mirara―. Yo estaré a tu lado en todo momento. Tampoco sé ser padre, y también tengo temores respecto a tu salud y seguridad, así como las de nuestro hijo; pero estaremos tú y yo presentes en cada paso de su vida. Haremos de él un hombre de bien, o una mujer educada y decente. Porque estaremos juntos siempre, ¿no es así? Al hacer esa pregunta, el miedo se instaló en la mirada de Sasuke.
Sakura lo sabía, la parte racional de él tenía conocimiento de todo lo sucedido, y temía que ella pudiera irse, aunque él no se lo permitiera. Sin embargo, muchas cosas habían cambiado en tan poco tiempo, y ella, más ahora que tendría un hijo de él, no podría desear estar en otro lugar que no fuese en sus brazos.
―Me quedaré siempre que me quieras a tu lado ―respondió, acariciándole la mejilla.
―Sabes que eso será siempre. Sabes cómo soy. ―En ese instante, Sakura volvió a percibir el extraño cambio de color en los ojos de Sasuke. De un azul intenso, pasaron a ser grises, casi negros
―. Nunca podrás huir de mí, Sakura. Nunca.
―Dudo que correr sea bueno para el embarazo ―dijo Sakura para alivianar la tensión del momento, y soltó una risita. Aunque ya estaba acostumbrada a ese tipo de amenazas, las cuales encontraba injustificadas, dado sus propios sentimientos hacia él, el cambio de color de sus ojos la seguía desconcertando. Sabía que el color de los ojos de una persona podía oscurecerse un poco, de acuerdo a las emociones que experimentaba; pero solo un poco, no cambiar tan drásticamente de color, y menos en tan solo un segundo.
Aun así, algo en esa mirada no permitía que le temiera; por el contrario, se sentía reconfortada cada vez que se topaba con ella. Las palabras no le importaban ―ella no deseaba irse de su lado, por lo que no había amenaza que le hiciera temer por su seguridad, o la de su familia―, solo sentía como si fuera otro hombre el que le hablaba a través del cuerpo de su esposo, y ese hombre, misterioso y posesivo, también lograba despertar en ella el deseo de permanecer a su lado para siempre.
Sasuke no rio, solo se la quedó mirando por un largo rato, como si estuviese analizando algo, tratando de encontrar respuestas, o simplemente dejándole en claro que hablaba muy en serio. Sakura, ya más calmada por sus reconfortantes palabras sobre la crianza de su hijo, se limitó a mirarlo de vuelta, tratando de indicarle que ella era real, que estaba ahí, y así sería siempre.
Luego de un par de minutos, Sakura sintió un sonido apagado del que no se había percatado antes. Era la melodía predeterminada de su celular, y sonaba insistentemente. Hizo el intento de levantarse, cuando Sasuke la retuvo.
―Mi celular está sonando, lo tengo aún en el bolso.
―Yo te lo alcanzo. Cuando se lo tendió, notó en el rostro de Sasuke que no le gustaba el nombre que aparecía en la pantalla. Miró entonces para ver quién llamaba, y sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
―Hola ―susurró temerosa.
―Dime, por favor, que no es cierto.
―Naruto…
―¡Mierda! ―exclamó el rubio―. Tenía la esperanza de que algún día te dieras cuenta de la clase de hombre que es, y decidieras separarte; solo que ahora… ¡Maldición, Sakura! ¿No podías cuidarte? Tantos métodos que hay, tantos tratamientos, y tú…
―Estoy feliz, asustada pero feliz. ¿No puedes estar feliz por mí? ―pidió Sakura con voz ronca.
―Cuelga que te está haciendo daño ―exigió Sasuke, que aún se encontraba de pie a un lado de la cama. Sakura le hizo señas con la mano para que se callara.
―Ahora te prohíbe hablar conmigo. ¿Quién se cree que es ese malnacido?
―¡Que cuelgues te digo! ―gritó Sasuke.
―¡Que se vaya a la mierda! ―gritó Naruto en respuesta.
―¡Basta! ―estalló Sakura, no pudiendo soportar más la situación―. Me tienen harta los dos. Sasuke, sal de aquí que quiero hablar con Naruto.
―Sí, dile que se largue y no regrese más.
―Naruto, cállate.
―¡Pero él te pone mal! ―alegó Sasuke―. Mira nada más cómo estás.
―Sasuke, fuera… ¡Ahora! Sasuke la miró, apretando los labios en una fina línea, y no deseando incomodarla más, se retiró al vestíbulo; no obstante, no cerró la puerta, por lo que Sakura se vio obligada a hablar en voz baja.
―Naruto, mi vida, no te pongas así. Quiero que estés feliz por mí, por tu sobrino. Sakura escuchó el suspiro de su amigo desde el otro lado de la línea.
―Quiero lo mejor para ti y lo sabes, princesa. Desearía tanto no haberte traído conmigo.
―¿Por qué lo odias tanto? Nunca he podido entenderlo.
―Hay algo en él que no me gusta y ya te lo he dicho; pero sobre todo, estoy seguro que algo sucedió entre ustedes, para que ese matrimonio se llevara a cabo.
―Nos enamoramos, así de sencillo ―dijo Sakura con la acostumbrada respuesta.
―Eso no lo puedo creer. Te conozco lo suficiente como para saber que no eres una chica impresionable, y mucho menos que te enamorarías en una semana, de un hombre del que solo mostrabas aversión.
―Naruto, no… ―Está bien si no quieres decirme la verdad, pero al menos sé sincera conmigo en esto que te voy a preguntar, te lo ruego, dime la verdad, ¿eres feliz a su lado?
―Sí, lo soy ―dijo, y extrañamente, a pesar de que no lo amaba, sentía que esa era la verdad―. Es cierto que Sasuke es quisquilloso, y algo maniático a veces, pero es un buen hombre, y al igual que tú quiere protegerme de todo.
―Sakura, Sakura… Cada día pienso en lo diferente que podría ser tu vida si nunca lo hubieses conocido.
Sakura guardó silencio por un momento, procesando esa opción. En esos momentos estaría estudiando para algún parcial en la universidad, o reunida con compañeros de clase haciendo un trabajo, lejos, en Estados Unidos; lejos de él, sin escuchar su voz, sin sentir sus caricias, sin mirar esos ojos azules que tanto expresaban. Pueda que al no conocerlo no lo extrañaría, no obstante, luego de haberlo hecho, de pasar por tantas experiencias incómodas al principio, luego espantosas y por fin, hermosas, ella no podría imaginarse sin él. Su mente no lo quería asimilar, mas su corazón sentía que ese hombre, que había hecho todo lo que estaba a su alcance por tenerla y retenerla, incluso lo más horrible que una mujer pudiera vivir, se había convertido en su mundo, su todo, y moriría si tuviese que separarse de él.
―Sería un túnel negro sin salida ―respondió finalmente, muy segura.
―Si tú eres feliz, yo también lo soy. ―Entonces eres el segundo hombre más feliz del mundo, porque Sasuke me dijo que era el primero.
―Eso no le quita lo idiota. Sakura soltó una pequeña carcajada. Esa rivalidad entre ellos no acabaría nunca, y lo único que podía hacer por el momento, era reír.
A la mañana siguiente, se despertó con un suave beso de Sasuke. Luego de cortar la llamada, él había entrado a la habitación, y la había desvestido con la delicadeza con que se trata a un recién nacido. Cuando pensó que le haría el amor, lo vio tomar el pijama que sabía era su favorita, una batica tan vieja que estaba llena de pequeños agujeros y casi descolorida, e instándola a levantar los brazos, se la colocó y la hizo recostarse de nuevo en la cama; para enseguida, acostarse a su lado, comenzando a consentirla con suaves caricias y besos. No le hizo el amor de la manera tradicional, pero sí de la forma en la que solo un hombre enamorado puede llegar a hacerlo.
―No quería despertarte ―murmuró Sasuke, al tiempo que le acariciaba la mejilla―. ¿Cómo amanecieron?
―¿Amanecieron? ¡Oh! ―Sakura sonrió, al percatarse de que Sasuke incluía al bebé, como si ya estuviese con ellos. Aunque ciertamente se encontraba presente―. Muy bien, con ganas de ir a enseñar.
―Será mejor que a los dos se les quiten las ganas, ya que no podrán hacerlo.
―Sasukeeee ―se quejó Sakura, alargando el nombre―, estoy embarazada, no enferma. Hay mujeres que van al trabajo hasta el último mes de gestación.
―Antes que todo, Sakura, tú no eres una de esas mujeres, tú eres mi esposa; segundo, ya envié una carta a la escuela explicando lo sucedido, y que para la siguiente semana tendrán una profesora titulada que estoy contratando de Londres; y tercero, el doctor Morgan llegará a media mañana con la ginecóloga, así que puedes dedicarte a descansar por más tiempo. Sakura lo miró con el ceño fruncido. ―¿Algo más? ―preguntó sarcástica.
―No, nena, eso era todo por el momento. Me voy a trabajar. Sasuke la besó en los labios y salió de la habitación. Sakura lo vio marcharse, y aunque ya esperaba que no pudiera volver a la escuela, confirmando así la predicción de la anciana, tenía la esperanza de que luego que Morgan se fuera, poder convencer a Emma y escaparse, para ir así fuese solo a dar explicaciones personalmente, y aprovechar para despedirse de sus alumnos y compañeras. No estaba de acuerdo con Sasuke.
Ella podía ir a trabajar sin problema, pero discutir con él era como ir en contra de una gran tormenta. Era imposible de convencer, y mucho más de hacerlo entrar en razón. Aunque mirándolo desde otra perspectiva, podía aprovechar ese tiempo para gozar la luna de miel que no pudieron tener. «¡No puedo creer que esté pensando este tipo de cosas!», se reprochó, y decidió dormir una hora más. Cuando salió de la habitación, una joven que no conocía, pero que vestía un uniforme igual a las demás mujeres del servicio, la esperaba en el vestíbulo.
―Buenos días, señora.
―Buenos días…
―Lissa, señora, estaré al pendiente suyo, bajo las órdenes de Katy ―comunicó la joven de piel morena, cabellos negros, estatura mediana y poco agraciada.
―No entiendo. Katy es quien me atiende. La puerta que daba hacia el pasillo se abrió en esos momentos, y la mujer en cuestión entró.
―Señora, buenos días. Veo que ya conoció a Lissa. Ella llegó esta mañana desde Londres para atenderla.
―¿Atenderme? ―Sakura se encontraba desconcertada, ya tenía a Katy y casi ni la ocupaba, por no decir que nunca la ocupaba―. Katy, no estoy enferma, no necesito que nadie me haga nada.
―Lissa, espéranos afuera, por favor ―dijo Katy, y luego de que su orden fue cumplida, continuó―: Mi niña, no le lleve la contraria a Sasuke.
―¡Sabía que él estaba detrás de esto!
―Él solo quiere protegerla, y ahora con la maravillosa noticia, está tan contento que reunió a todo el personal de servicio, y ordenó que todos los ojos estuviesen puestos en usted, aunque yo me encargaré personalmente de su bienestar, con la ayuda de Lissa. Sakura se colocó una mano en la frente y negó con la cabeza. La poca cordura que le quedaba a Sasuke la perdió con la noticia. «Es culpa de Eva. La forma en que se lo dijo lo desquició».
―Solo es cuestión de tenerle paciencia ―aconsejó Katy con una sonrisa de complacencia. ―Le he tenido paciencia desde el día en que lo conocí ―refunfuñó Sakura; y salió de la habitación seguida por la mujer, y después por Lissa―. ¿A qué hora viene el doctor Morgan?
―Debe llegar en media hora ―respondió Katy―. Si decide esperarlo en el estudio, puedo enviarle el desayuno mientras arreglo su cama, para que sea atendida allí. El señor ya desayunó, pero le enviaré unas…
―¿Qué señor? ―preguntó Sakura, en un tono más alto de lo debido.
―El señor Sasuke, claro está
. ―Pero… él debería estar en el trabajo. ¡Me dijo que se iba a trabajar! ―Y eso está haciendo, señora, solo que no en Londres sino en su estudio. Sakura cerró los ojos y respiró profundamente un par de veces. Sasuke la iba a enloquecer, así como ya lo estaba él; pero antes la escucharía. Katy se disculpó y entró en la recámara, al tiempo que Sakura salía del vestíbulo. Caminó a paso firme y rápido por los pasillos hasta llegar a la escalera principal, desde donde se podía observar el vestíbulo de la mansión, así como parte de la puerta del estudio.
Cuando hizo el intento de bajar el primer escalón, Lissa, que llegó a ella casi corriendo, le tendió la mano con una sonrisa de disculpa. Sakura miró desconcertada la mano de la chica, y luego a ella, dejándole entrever que no entendía lo que quería.
―Debe darme la mano, señora.
―¿A qué te refieres con que debo? ―preguntó Sakura, en un tono que nunca antes había usado con la servidumbre, pero que en ese momento no pudo evitar.
―Siempre que usted vaya a bajar más de dos escalones, debe darle la mano a alguien ―explicó la joven, pero al ver la mirada encendida de su señora, bajó la cabeza, mas no la mano.
―No tengo ni que preguntar quién dio esa orden ―siseó Sakura, sintiendo cómo la indignación la invadía―. No voy a obedecer…
―Dale la mano a Lissa, Sakura ―ordenó Sasuke desde el pie de la escalera.
―Y se puede saber por qué tendría que hacerlo, señor. ―Porque no quiero que tropiece y ruede, señora. Sakura apretó los dientes, e hizo el intento de bajar el primer escalón, sola, cuando la voz de Sasuke la detuvo.
―¡Dale la mano si no quieres que suba y te baje cargada!
―¡No soy una lisiada! ―gritó Sakura de vuelta.
―Te lo voy a explicar de esta forma, Sakura Uchiha ―dijo Sasuke con voz contenida, mientras subía las escaleras con paso lento―. Kendal está perfectamente capacitado para asumir, por tiempo indefinido, la presidencia de UchihaWorld Company; y Eva, ahí donde la ves, es una fiera en los negocios. Puedo aportar porque el tío Joseph, estaría muy complacido en obligarla a que ocupara la Vicepresidencia, cargo para el que está muy bien preparada, y con la ayuda de Daniel, no le sería difícil que lo desempeñara a la perfección.
Así que… ―dijo llegando por fin a donde ella, y ubicándose en el escalón de abajo, quedando a la misma altura―, si no quieres que cambie mi trabajo de presidente de una compañía, por el de tu transportador personal, será mejor que le des la mano a Lissa o a Katy, para bajar cualquiera de las escaleras de esta casa. ¿Te quedó claro, Sakura? Ella no le respondió. Sentía que si abría la boca soltaría tantos improperios, que su hijo nacería siendo vulgar.
Por lo que se limitó a extender la mano hacia Lissa, quien se había apartado un poco por temor a ese hombre hermoso, que en ese momento, parecía ser peligroso. La chica se la tomó, y rodeándolo, comenzaron a bajar, al tiempo que Sakura contaba hasta diez mentalmente para calmarse.
El doctor Morgan llegó acompañado de Susan Hoyt, una doctora, que más que mirar a su paciente, miraba al esposo de esta. Era alta como Emma, pero de cabello rojo en ondas, que a pesar de estar recogido en una coleta alta, le llegaba casi a mitad de la espalda, de ojos azules tan llamativos, como los más que obvios implantes en el busto. Y a pesar de que aparentaba tener apenas unos veintiocho años de edad, sus carnosos labios parecían producto del colágeno inyectado. «Parece que tuviera encendida la cabeza», pensó Sakura, molesta.
La mujer no disimulaba al mirar a su esposo, ni las sonrisas que le brindaba, y hasta se atrevió a tocarle el brazo, y lo frotó un poco. Se estaba comportando como toda una descarada. Lo único que tranquilizaba a Sakura, era que Sasuke no hacía otra cosa que mirarla y acercarse a ella, sin percatarse siquiera de que la otra mujer, buscaba constantemente su atención.
Por fin llegó el momento de examinarla, y aunque fue una lucha para sacar a Sasuke de la habitación; cuando por fin lo lograron, Sakura tuvo que admitir que la mujer se comportó profesionalmente, y al regreso de Sasuke, le dio las mismas indicaciones que el amigo de Eva, así como la programación de una cita, a los dos, para la realización de una ecografía esa misma tarde en su consultorio, solo para corroborar de que el embarazo se desarrollaba con normalidad.
―¿Qué es? ―preguntó Sasuke ansioso, a lo que la doctora explicó que aún era muy pronto para saberlo, además, que eso solo podría decirlo mediante una ecografía. El tiempo también fue el mismo que el estimado en la anterior revisión, confirmándole a Sakura que su hijo había sido concebido en la noche de bodas. Sasuke, al escuchar la noticia, la miró y frunció levemente el ceño, pero no hizo alusión alguna, ni siquiera cuando se quedaron solos en la habitación.
―¿Cuántos días más piensas quedarte aquí? ―preguntó Sakura, mientras Sasuke se sentaba en un sillón un poco alejado de la cama.
―¿Te molesta mi presencia?
―No ―contestó automáticamente, aunque deseó haber dicho que sí―. Quiero decir que no es necesario, no soy ni la primera ni la última mujer que se embaraza.
―Solo será por lo que resta de la semana, Sakura. Quiero estar contigo en todo momento. Sakura lo miró, y observó en sus ojos la angustia contenida de un hombre, que se creía casado con una
pompa de jabón. Se levantó de la cama, se acomodó en su regazo y le tomó la cara entre las manos.
―No me voy a romper, Sasuke. Ni a mí ni a nuestro hijo nos pasará nada, te lo prometo. Sasuke posó suavemente una mano sobre el vientre de ella, y lo acarició con ternura.
―Antes de conocerte, pensaba que lo tenía todo, pero cuando llegaste a mí, me di cuenta de que mi vida se encontraba vacía, y tú apareciste para complementarla y hacerme muy feliz. Ahora no estamos solos, y tengo miedo de que algo los aparte de mi lado.
―No me voy a ir, y tú no me dejarás.
―Hay cosas contra las que no puedo luchar, Sakura, y es de ellas de las que temo. Sakura suspiró y le rodeó el cuello con los brazos, acomodando la cabeza en su hombro. Sasuke le temía a la muerte, era lo único contra lo que no tenía poder, y la manera de al menos sentir que la prevenía, era mantenerla en una burbuja protectora.
―Aparte de tener que bajar las escaleras tomada de la mano, ¿qué más tengo que hacer?
―No te quedarás sola ni un instante. Incluso, cuando yo salga para el trabajo y tú aún duermas, Katy o Lissa entrarán para cuidarte; para ir al baño, alguien debe quedarse afuera esperando a que salgas; si vas a salir, debes avisarme antes y decirme a dónde, y lo harás en compañía de Lissa y dos hombres aparte de Dacre.
No volverás a subir a los carritos de golf, ya que el terreno no es plano y brincan mucho. Te mantendrás alejada de Naomi el próximo mes como dijo la doctora, la puedes tener cerca, pero no quiero que la cargues.
Contrataré a una enfermera a tiempo completo, si no quieres verla tras tuyo todo el día, no hay problema, ella no te molestará, solo quiero tenerla cerca por si algo pasa, y… eso sería todo por el momento. Sakura estaba aturdida con tantas órdenes y cuidados. Parecía más la unigénita ciega, sorda y muda de un multimillonario sin familia, que la esposa embarazada de un hombre. Sasuke se había vuelto loco; sin embargo, ella también tenía cierta condición que aportar a las nuevas reglas, y era una que no la tenía para nada contenta, aunque no deseaba admitir el porqué.
―Aceptaré todo eso que dices, menos lo de la escalera, está bien en los últimos meses, pero no ahora que apenas he subido un poco de peso, si me concedes algo.
―Pero podrías tropezar y rodar ―alegó Sasuke, mirándola con desesperación.
―Que Lissa vaya conmigo, pero que no me dé la mano, ¿hecho?
―Esto no es un juego, Sakura. ―Para mí tampoco lo es, nada más quiero que me entiendas ―pidió, haciendo un pequeño puchero que siempre le funcionaba con Naruto―. Anda, Sasuke, di que sí, y te prometo que acataré todas tus órdenes al pie de la letra. Él suspiró y negó con la cabeza, al tiempo que soltaba una pequeña risita.
―Pareces una niña pequeña. Está bien, mi nena, te acompañarán, mas no te tomarán la mano ―dijo, y le dio un rápido beso en los labios―. ¿Y qué era eso que querías pedirme?
―No quiero que la doctora Hoyt me atienda.
―Sasuke la miró desconcertado y ella bufó―. No me digas que no te diste cuenta de cómo te coqueteaba esa mujer. ¡Por favor, Sasuke! Pensé que se lanzaría sobre ti en cualquier momento. La sonrisa que se formó en el rostro del hombre no tenía precio. Toda la preocupación de unos instantes atrás, abandonó sus facciones, y la picardía y la alegría plena, se marcaron en ellas.
―Estás celosa ―dijo, mientras se mordía sensualmente el labio inferior.
―¡No! ―exclamó Sakura, ocultando la verdad―. Es solo que tengo dignidad, y no voy a permitir que revolotee a tu alrededor cada vez que tengamos cita.
―Sí, claro. Sasuke rio y le mordió el cuello con suavidad, para enseguida, comenzar a repartir besos por toda la zona.
―Soy tuyo, Elizabeth, te pertenezco solo a ti.
―Más te vale ―amenazó Sakura, y siendo llevada en brazos a la cama, disfrutó de las caricias y besos de su esposo, que terminaron en una apasionada sesión de sexo de mediodía.
En la tarde se dirigieron al consultorio de otra ginecóloga, recomendada también por el doctor Morgan.
Esta, a diferencia de la anterior, era hermosa por obra de la naturaleza y no del bisturí; sin embargo, en ningún momento miró a Sasuke de forma indebida, o se le insinuó de alguna manera, a pesar de que tenía casi la misma edad que la otra. Ana Clare parecía que no podía estarse quieta ni un solo minuto. Si bien gesticulaba y se movía de un lado al otro, como si sufriera de los nervios, todo el tiempo mantuvo una sonrisa en el rostro, y la miraba directamente a los ojos cuando le hablaba, cosa que le infundió seguridad.
La mujer era alegre, y lo más probable era que su hiperactividad, la apaciguaran los tres perros miniatura, cuyas fotos decoraban todo el consultorio. La ecografía resultó perfecta. En medio de un gran mar gris, se podía divisar una pequeña bolsa negra, y dentro, un borroncito que nada se parecía a un bebé, excepto por una diminuta protuberancia que la doctora indicó, era la cabeza en desarrollo. Sasuke no pudo apartar los ojos de la pantalla. Tenía una sonrisa temerosa en los labios, al tiempo que sus ojos brillaban como lo habían hecho el día de su matrimonio. «Ya lo ama», pensó, y lo tomó de la mano, para indicarle que compartía su alegría.
―Es tu hijo, Sasuke―dijo en un susurro, y pudo atisbar cómo una pequeña lágrima, corría por la mejilla de él.
―Nuestro hijo, Sakura ―corrigió, mirándola al fin con todo el amor que podía expresar en ese gesto―. Tuyo y mío
