Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
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Casualidad
XVII
Bulma
Día 1
Bulma no esperaría a que Kakarotto encontrase la forma de sacarla del planeta. Lo intentaría por su propia cuenta y comenzaría en este preciso momento, a solo dos horas de que Vegeta hubiese abandonado el planeta y la hubiera dejado de prisionera con beneficios dentro de palacio.
No importaba cuán rápido caminara, los dos saiyajin iban detrás de ella, tan cerca que casi podía sentir sus respiraciones rozarles la nuca y eso más la molestaba. Intentó explicarles que no era necesario ese nivel de proximidad, pero las cosas habían regresado a como era antes, por lo que poco o nada importaba lo que ella pudiera decir. Las reglas del príncipe Vegeta habían sido claras y ellos obedecerían.
Dirigió sus pasos hacia la habitación de Tarble, y para su alivio, los soldados esperaron afuera, ni siquiera hicieron el intento de entrar pese a que Bulma les cerró la puerta en la cara.
—Tienes que sacarme de aquí —dijo en cuanto vio al joven sentado junto a su escritorio, revisando contenido dentro de su tableta portátil—. Vegeta me dejó en claro que no me dejará ir de este maldito lugar. —Sacó del bolsillo de su pantalón una cajetilla de cigarros y su encendedor.
Tarble no opinó nada ante el comentario de maldito lugar, después de todo era la misma sensación que tenía hacia el palacio.
—No te ves bien, toma asiento, Bulma.
La mujer le hizo caso y fue hacia el marco de uno de los ventanales de la habitación para fumar e intentar ordenar sus ideas. Desde ahí sintió que todo soldado que paseaba por el exterior observaba sus movimientos. Vegeta jamás la subestimaría dejando solo dos hombres vigilándola.
—Eres la persona de mayor rango dentro del planeta, ¿no? Debe haber algo que puedas hacer para ayudarme.
—En efecto, soy la persona de mayor jerarquía ahora que no está mi hermano ni el rey, pero antes de viajar dejan mandatos que no puedo pasar a llevar, y uno de ellos tiene que ver a todo lo referente a ti, Bulma. La mayoría de los soldados de aquí solo me respetan por mi padre y hermano y no pasaran a llevar lo dicho por Vegeta.
—Maldita sea… —susurró.
Al joven le preocupó la mirada de Bulma. Supo que no se quedaría cruzada de brazos esperando al regreso de Vegeta.
—Creo que lo mejor es calmarse y esperar. Vegeta entrará en razón y te liberará. Lo peor que podrías hacer es marcharte sin avisarle, me aterra pensar cómo reaccionaría si al volver no te encuentra.
—No puede ser. Necesito que me ayudes, Tarble. Eres inteligente, piensa en alguna orden que puedas dar sin contraponerse a las dejadas por él.
—Lo siento, Bulma, no creo que pueda ayudarte. Vegeta lo dejó todo muy bien pensado. —Sintió un poco de susto al ver sus ojos claros mirarlo.
—Tú ya sabías de esto. —Se le acercó y lo apuntó con el cigarro en la mano—. Lo sabías de antemano y no me advertiste —dijo dolida. En verdad habían consolidado una relación cercana estas semanas.
El joven apartó la mirada, avergonzado.
—Es mi hermano, lo siento. —Fue su excusa. Esperó a que la mujer se lo reprochara y gritara, pero no pasó nada de eso, simplemente se retiró de la habitación. Afuera, casi chocó con uno de los soldados.
Decidió que era demasiado pronto para entrar en pánico. Tenía otras opciones por delante, solo tenía que concentrarse y calmarse y la inspiración la golpearía.
Pensaba que lo peor ya había ocurrido, pero no fue así. Al llegar al laboratorio encontró su oficina completamente vacía, todo lo que pudiese ser considerado material posible para construir algo para huir había sido retirado del lugar. Cajas de herramientas, piezas metálicas, parte de naves, motores, robots en los que trabajaba, las computadoras más avanzadas, incluso una simple radio que no funcionaba habían sido sacadas del lugar. Solo quedaba su escritorio, su silla, un sillón donde muchas veces durmió siesta sobre planos y papeles. Su computador personal era lo único de valor en ese lugar, ese que la acompañó desde el inmundo planeta que habitó por tantos años y que ahora lo único que quería era volver a él. Incluso una caja grande con sus carpetas y papeles importantes le habían sido arrebatados.
—¿Dónde están mis cosas? —Salió de la oficina y le habló a todo trabajador que se encontraba cerca y podía escucharla. Por supuesto los soldados esperaban afuera—. Quien sea que se haya llevado mis cosas le exijo que las traiga enseguida —exclamó molesta. Había estado a cargo del lugar muchas semanas por mandato de Tarble, no podían irrespetarla así como así de un día para otro.
Pero al parecer sí podían.
Ni siquiera la miraron, era lo mejor para mantener el trabajo y la cabeza unida al cuello. La orden había sido clara: si alguien le pasaba aunque sea un alicate a la científica se atendrían a las consecuencias.
Tomó su computador de la mesa y decidió marcharse. Estaba convencida que nadie la ayudaría, después de todo eran esclavos asustados. No valía la pena poner en peligro sus vidas.
El panorama no fue muy diferente cuando fue a su habitación con la esperanza de encontrar algo que la ayudase a escapar. Su ropa estaba intacta, así como sus objetos personales que no fueron considerados un peligro de fuga inminente. Todo lo demás había desaparecido.
—No vas a ganar, Vegeta. —Encendió otro cigarro.
Dia 2
Ya que aún tenía movilidad total por la parte de palacio de Vegeta y Tarble, se dedicó a revisar en cada lugar donde estuvo alguna vez trabajando. La ventaja de ser tan desordenada era que olvidada las cosas en cualquier lado, la desventaja era que Vegeta la conocía tan bien que seguramente se había adelantado y había mandado a hacer la misma búsqueda que se encontraba haciendo porque no lograda dar con nada, pese a tener el vago recuerdo de haber dejado las herramientas tiradas. .
Un poco decepcionada, decidió ir al cuarto de Vegeta. No pudo evitar ver que los soldados no la siguieron hasta la misma puerta, sino que se detuvieron varios metros antes, justo donde comenzaba un pasillo. Los hombres estaban tan condicionados a respetar la privacidad del heredero al trono que aunque se encontrara fuera del planeta, no se acercarían a su habitación. Eso le gustó a Bulma, definitivamente estaría más atenta al movimiento y comportamiento de sus perros guardianes, y por supuesto trataría de identificar a los otros que la vigilaban pero se mantenían ocultos.
Más tranquila en la alcoba de Vegeta, encendió un cigarro, aseguró las puertas y corrió las cortinas, consciente de los soldados en el exterior y comenzó a buscar por todos lados. Tal vez tenía suerte y la gente que hacía el aseo era igual de asustadiza cuando se trataba de las pertenencias del príncipe.
Necesitaba un mínimo de piezas para pensar en hacer nuevamente el aparato para bloquear la señal de los rastreadores y hasta ahora iba en cero.
Dio vuelta el sillón y sofá, movió muebles, roperos e incluso sacó el colchón y levantó alfombras. No volvió a encender otro cigarro cuando terminó el que tenía para usar las dos manos. Registró el baño, se metió dentro de la chimenea y cuando la desesperanza estuvo a punto de apoderarse de ella, movió la cama, encontrándose con un pequeño destornillador. Fue casi como descubrir un invaluable tesoro, tenía que cuidarlo y esconderlo, no podía levantar sospecha alguno su comportamiento.
Debió ordenar y regresar todo en su lugar, así no obligaría a las mucamas a tocar más de lo normal cuando llegasen a hacer el aseo. Decidió que este sería su cuarto de ahora en adelante, era en el que mayor privacidad podía aspirar a tener y escondería sus hallazgos en el ropero de armaduras de Vegeta ya que no había razón alguna para meterse ahí.
Tuvo que darse una ducha antes de salir, había quedado completamente sucia y sudada y todavía le quedaba mucho por hacer y necesitaba mil cosas más para comenzar a trabajar. Debía conseguir ayuda y sabía dónde encontrarla.
Día 4
La cocina era otro de los lugares donde Bulma podía estar sin problemas. Había escogido visitarla tarde en la noche cuando casi nadie la rondaba y así podía conversar sin problemas con Milk que estaba más que interiorizada de los planes de la científica y la ayudaba gracias a Raditz (a cambio de comida) y Kakarotto.
Los guerreros se mantenían en la entrada del lugar, al otro extremo de donde se encontraban las mujeres. Continuaban de pie, pero conversaban entre ellos al ver que Bulma estaba concentrada intentando cocinar con Milk al lado, dándole las instrucciones.
—Mi mamá hacía arte con los ingredientes, era la mejor cocinera que he conocido. En casa había personal para todo, pero la cocina era su territorio, nadie más podía tocar las ollas y servicios —dijo Bulma mientras revolvía con una cuchara larga de palo el contenido de una olla.
Había otros quemadores prendidos con más ollas y comida, pero de esos se encargaba exclusivamente Milk.
—Y cómo es posible que ni sepas hervir agua —preguntó mientras llenaba de comida un carro para transportar.
—Lo mío era la tecnología. Pasaba todo el día en el laboratorio con papá. Por eso cada vez que reparo o creo algo es como si él me acompañara.
—Si logras hacer un plato decente estarás honrando a tu madre.
—Si logro hacerlo… —Continuó revolviendo el contenido de la olla, por lo menos hasta el momento aún olía bien—. Jamás tendré su don, pero si al menos hago algo comestible estaré satisfecha.
Milk miró de reojo a los guardias. Estaban demasiado concentrados hablando entre ellos. Era el momento adecuado para continuar
—Qué ironía. Tantos años conociéndonos y comiendo de mi comida, pero mira donde tuvimos que caer para que me pidieras que te enseñara a cocinar —dijo, y fue hacia una estantería llena de ollas limpias. Dentro de una de ellas sacó el scouter que Raditz le había entregado el día de ayer. El aparato no tenía la pantalla de color, solo lo que envolvía la oreja de los guerreros, lo cual era lo más importante ya que contenía todos los micro componentes electrónicos que la científica necesitaba.
Bulma se apresuró en guardarlo dentro del bolsillo interno que cosió al interior de un grueso abrigo de lana. El lugar siempre estaba frío y las mujeres normales debían andar muy abrigadas fuera de sus habitaciones ya que en muchos lados no había chimeneas.
Al igual que la noche anterior, Milk sumamente atenta se acercó a los soldados con el carro cargado de comida recién hecha. Qué fácil se lograba bajar la guardia de los hombres de este lugar, solo se necesitaba una sonrisa coqueta o un muy buen plato de comida y Milk llevaba ambas.
—Todavía tenemos mucho de qué conversar, y es injusto que tengan que esperar de pie. Sírvanse lo que gusten, estoy probando nuevos menús para cuando llegue su majestad, y me gustaría saber su opinión.
Solo uno de los soldados vociferó un débil agradecimiento por la atención antes de llevarse el carro a la mesa más cercana, el otro solo se sentó y comenzó a comer enseguida.
—La misma razón que te arrastró a este infierno nos va ayudar a escapar —comentó Bulma una vez que Milk regresó a ella.
—Solo espero que sea pronto.
—Necesito el reloj a cuerda y el cautín.
—Ya hablé con Kakarotto. No hay problema con la herramienta, es el reloj el que cuesta encontrar. Es demasiado primitivo para este planeta.
—Una vez que tenga esas cosas podré hacer el bloqueador de señal. Necesito las piezas pequeñas del reloj.
—Kakarotto ya tiene la nave para escapar los tres y está atento al movimiento de los guardias, solo tienes que decir cuándo.
—Lo sé. Dile que se apresure con los encargos y nos largaremos de aquí antes de que se dé cuenta.
—Lo conseguirá, sé que lo hará.
—¿Ya se amistaron? —preguntó Bulma al tiempo que sacaba un poco del caldo para probar su obra. Maravillosamente no sabía mal.
—He aprendido a conocerlo un poco más a través de su hermano, pero no por eso puedo dejar de lado su realidad y cómo me engañó.
—¡Vaya! Y a mí que no me importaba que Vegeta fuese el príncipe de esta raza. Estaba dispuesta a ignorarlo si se iba conmigo.
—¿Lo perdonarías si te libera cuando regrese?
—Eso jamás lo sabremos —dijo frunciendo el ceño—, porque vamos a estar muy lejos… Ahora trae unos platos, vas a comer mi mejor creación culinaria.
Día 6
—No creo que sea buena idea que estés acá encerrada todo el día —dijo Tarble a Bulma. No entendía por qué la científica había llevado sus pertenencias a la habitación de Vegeta y se había instalado precisamente ahí, siendo que estaba furiosa con él, pero considerando cómo estaban las cosas decidió no preguntar y centrarse en ganarse su perdón. Realmente la extrañaba.
—No tengo dónde más ir —respondió sin moverse de la cama. Ya era más de mediodía y continuaba con su pijama y todo lo que hacía era fumar, y mucho más ahora que para congraciarse, Tarble le había llevado varias cajetillas de cigarros.
—Está el laboratorio.
—Solo hay un escritorio vacío esperando ahí por mí. No puedo tocar nada y el personal me evade.
—Podríamos salir a recorrer el planeta. Hay muchos lugares interesantes para conocer y no habrá problema que salgamos los dos.
—Estoy bien aquí…
Tarble meditó unos segundos lo próximo que diría, sabía que ella no reaccionaría bien, pero qué demonios, debía intentarlo.
—Hoy se comunicó la tripulación de Vegeta, dicen que…
—No me interesa. —Se apresuró a interrumpirlo—. No me interesa nada de lo que esté pasando allá.
—Lo entiendo… Bulma, realmente me gustaría hacer más llevadera tu estancia en el planeta, dime qué puedo hacer para ayudarte.
—No hay nada que puedas hacer para ayudarme, ya lo dejaste bien claro. —Se sentó para alcanzar el cenicero del velador que se encontraba repleto de cigarros a medio fumar y miró al saiyajin a los ojos—. ¿No tienes trabajo pendiente? ¿Algo más que hacer en lugar de venir aquí?
—Lo entiendo —dijo apenado. No desvió la mirada, la contuvo en ella—. Lamento mucho contribuir a tu dolor, Bulma. —Sin decir más, salió de la habitación.
Bulma suspiró apenada. Se sentía mal al tratarlo de esa manera, no se lo merecía, pero no podía confiar en él. Tarble jamás traicionaría a su hermano y en verdad necesitaba mantenerlo lejos para que no sospechara del intento de fuga.
Se puso de pie con el cigarro en la boca y corrió hacia el baño para continuar trabajando en el bloqueador de señal. Milk ya le había pasado todo lo que necesitaba, ahora era su turno.
Lamentablemente debió improvisar con lo que tenía y no le quedó otra opción que abrir su querido computador para quitar las piezas necesarias para terminar su invento, lo que significaba que ni siquiera podría prenderlo de ahora en adelante y quedaría mucho más incomunicada, pero valdría la pena. Una vez que estuviera lo suficientemente lejos en algún planeta que valiese la pena se encargaría de repararlo.
Estaba sentada en el suelo. Ya tenía el cautín, el scouter abierto y desarmado, el reloj, las herramientas y las piezas, solo tenía que soldar las partes minúsculas con otras uniones aún más pequeñas, pero no contaba con la potente lupa de la otra vez, por lo que tendría que hacerlo de memoria.
—Tú puedes hacerlo, has hecho tanto para sobrevivir y no vas a ser capaz de soldar para seguir sobreviviendo… —Suspiró, y calmó el temblor de sus manos. Fumó por última vez antes de apagarlo en el suelo.
Si lo hacía bien, lo siguiente sería deshacerse de los guardias. Ya tenía una idea de la cantidad de soldados que la seguían, y ya que se había comportado con tanta monotonía y tranquilidad, había logrado que los hombres bajaran la guardia. Estaba segura que desde medianoche hasta el amanecer solo tenía a cargo la pareja de saiyajin que se dedicaban a dormir fuera del cuarto cuando se retiraba a la habitación de Vegeta.
Si todo salía bien ahora, la siguiente en hacer el próximo movimiento sería Milk.
—Muy bien, manos a la obra. —Sus manos sostuvieron con completa seguridad el cautín y sus ojos y mente se concentraron totalmente en la tarea.
Día 7
Era la primera vez que Milk salía del palacio. Sus días de encierro fueron por la creencia que en el exterior solo encontraría violencia y peligro. Estaba totalmente equivocada. El mercado del planeta era en sí una mini ciudad para los guerreros menos destacados, aunque era visitada por toda clase de saiyajin e incluso podía ver fácilmente hombres y mujeres de otras razas vendiendo sus productos o sus cuerpos a plena luz del día. Era muy parecido a lo que vio tantas veces en la Tierra o en su anterior planeta. Le fascinó ver puestos de comida, verduras, muchas carnicerías, talleres para naves, rastreadores e incluso artefactos electrónicos tan comunes como televisores. Era curioso, no había visto ningún televisor en palacio ¿Qué canales verían los saiyajin? Las tabernas era lo que más abundaba para su gusto, ¿en serio necesitaban tener una en cada calle? También había lugares para pelear y entrenar y tiendas donde se reparaban las armaduras y trajes que eran demasiado costosos como para desechar, como lo haría un guerrero destacado.
—¿Y qué te parece? —preguntó Kakarotto que iba caminando a su lado. Por supuesto que Milk no iría sola. Había viajado de polizón de regreso a su planeta natal con el objetivo de cuidarla y eso es lo que haría hasta sacarla de ahí.
—Estoy impresionada. Pensé que todo sería tan poco organizado y caótico.
—Es que no has estado aquí de noche.
Milk sonrió.
El hombre llevaba puesta una simple armadura sin hombreras de saiyajin con los pantalones oscuros y botas. Era la mejor forma de pasar desapercibido. A la mujer le costó un poco acostumbrarse a su tenida que lo hacía ver como un saiyajin de pies a cabeza.
—¿Por aquí jugabas con tu hermano cuando eras niño?
—Sí. Corríamos por lo callejones y Raditz compraba cerveza en las tabernas después de trabajar en la carnicería.
—¿Tenían una carnicería? —Raditz ya le había contado eso, pero prefería oírlo de la boca de Kakarotto.
—Sí, era de nuestra madre. La ayudábamos en la mañana y luego teníamos todo el día para jugar y pelear. La mejor parte del día era cuando ella llegaba con lo que no vendió y lo cocinaba.
La mujer no pudo evitar enternecerse al imaginar la escena.
—¿Cómo falleció tu madre? —Se llenó de valor para preguntar. Raditz no había tocado ese tema y ella no tenía por qué preguntárselo, no correspondía. Notó los ojos del saiyajin perderse en la multitud mientras seguían avanzando.
—Pese a la normalidad que vez aquí, este es y será un planeta difícil, y lo es mucho más para los débiles y ella era débil. —No siguió hablando y Milk no pidió más respuesta.
No contuvo las ganas y se tomó del brazo del hombre para continuar caminando. Se sentía protegida con él. Después de unas cuadras él volvió a hablar.
—¿Ves esa taberna de allá? Comencé un incendio en la cocina cuando tenía 10 años.
—No hablas en serio —exclamó Milk sorprendida y riendo.
—Raditz no me dejó otra opción, me tomaba muy en serio las apuestas.
—No quiero imaginar todos los problemas que le deben haber dado a tu madre.
—Era un niño con mucha energía.
—Espero que nuestros hijos no sean así —comentó sin pensarlo. Era tan típico de ella hablar sobre sus futuros hijos que simplemente salió de su boca.
El guerrero no le dijo nada, pero sí sonrió y Milk se vio en la obligación de clarificar las cosas.
—No creo que sea el momento ni lugar adecuados para hablar estos temas. Una vez que salgamos de aquí tendremos tiempo de conversar y aclarar muchas cosas —dijo con seriedad.
—Lo que tú digas —respondió animado. Ya tenía suficiente con que aceptara hablarle y además lo tomara del brazo.
Continuaron un rato más caminando y conversando hasta que llegaron a la tienda que Milk necesitaba. Tres años podía ser mucho tiempo, pero en este planeta las cosas no cambiaban mucho y por eso supo exactamente dónde llevar a Milk cuando ella le comentó lo que requería para poder escapar de los guardias que custodiaban a Bulma.
Dentro de la pequeña tienda encontraron todo tipo de hierbas y plantas que despedían diferentes olores, haciendo que fuese incomodo respirar en el lugar por el hedor. En un rincón casi oculto por las plantas había una mujer (al menos eso pensó Milk, porque estaba completamente cubierta por un traje compuesto de varias capas de telas oscuras), solo podía ver sus ojos amarillentos parecidos a los de los lagartos de la Tierra.
Kakarotto fue quien hizo el negocio. Milk no entendió nada de lo que se habló, era un idioma totalmente desconocido y eso que ella conocía muchas palabras de distintos idiomas al siempre tener una clientela heterogénea. En cambio aquí solo eran sonidos raros y guturales.
La mujer fue detrás de un mesón y le tendió al saiyajin cinco flores rojas con manchas azules de pétalos largos y ondulados. Todas conservaban sus largas raíces y olían a tierra mojada, pero la parte superior apestaba a estiércol pese a lo bello de la flor.
—Con esto será suficiente —dijo Kakarotto.
Milk se acercó a él y miró las flores y de paso pudo ver la piel de las manos de la vendedora, eran verdes y escamosas, como las de una serpiente.
—Son dos saiyajin muy poderosos, no puedo arriesgarme.
Kakarotto intercambió unas palabras con la vendedora antes de responderle.
—Con cinco es suficiente, créeme.
—Está bien, llevémoslas. —Quiso tocarlas, pero el saiyajin se adelantó tomando sus manos impidiéndoselo.
—No las toques con las manos desnudas, nunca.
Milk miró las flores con asombro.
Día 8
Como había sucedido los últimos cinco monótonos y aburridos días anteriores, durante la noche, Bulma y Milk compartían tiempo en la cocina. Se entretenían conversando, cocinando e incluso Milk había logrado conseguir un mazo de cartas para matar el tiempo jugando, pero aún no descubrían cómo era la modalidad de juego con un mazo de cartas tan diferente al que estaban acostumbradas en su antiguo planeta.
Los soldados, como siempre, aburridos, al otro lado de la cocina, aguardaban conversando, sentados, sin ni siquiera pensar en mirar a las mujeres. La verdad es que no entendían tanto escándalo por cuidar a la científica, si se la pasaba encerrada en el cuarto del príncipe fumando (olían el humo desde el pasillo exterior) o en la cocina perdiendo el tiempo con la cocinera. Pero era el trabajo que el monarca había encargado y tenían que cumplirlo.
Como ya era costumbre, Milk estaba ocupada llenando de comida el carro para llevárselo a los soldados, mientras que Bulma trabajaba en su nuevo menú, aunque con no tanto éxito como las noches anteriores.
—Baja un poco el fuego o quemaras la carne —dijo Milk, casi sin mirarla. Le bastaba con oler la comida para saber qué iba mal.
—Tranquila, lo tengo todo controlado… Quizás hasta me atreva a poner mi propio restaurant cuando nos vayamos de aquí. Tendrás una feroz competencia —respondió Bulma, dando vuelta la carne en el sartén y yendo por el aceite morado con el que trabajaban en la cocina del palacio.
—Creo que es mejor que te dediques a lo tuyo… Bulma, es suficiente aceite, este es más potente que el…
No alcanzó a terminar la advertencia. La llama del quemador era muy alta y junto con el aceite hizo que la carne y verduras en el sartén no tardaran en quemarse. El olor que expelió fue tan fuerte que fue capaz de cubrir el fétido olor de las flores que Milk tenía hirviendo en otra olla.
Bulma abanicó con un paño para que el olor a comida quemada se apoderara del lugar, mientras que Milk se ocupaba de revolver el agua con pétalos y raíces. En cuanto a los soldados, bueno, ellos estaban preocupados de sus asuntos e intentaban no respirar tan profundamente por el mal olor.
En cuanto estuvo listo, Milk sacó las flores y las envolvió en varios paños húmedos para ocultar el olor. Luego, con un cucharon se encargó de verter el líquido sobre todos los platos que estaban en el carrito y para finalizar, puso una deliciosa salsa de verduras encima de la comida para ocultar el posible mal sabor.
Por fin Bulma apagó el fuego y retiró el sartén. Casi no podía respirar por el humo y el olor.
—Bueno, creo que esta noche no cenaremos lo que cociné. —Se sentó y observó a Milk llevar el carro hacia los soldados.
—Esta noche preparé el menú que tengo reservado para cuando vuelva el rey victorioso, y qué mejor que ustedes dos para darme su opinión.
Los hombres se dispusieron a comer, pero luego de olfatear los platos se detuvieron.
—¿Qué pasa? —preguntó Milk nerviosa—. ¿Van a despreciar mi comida? Apostaría a que es la mejor que han comido en sus vidas.
—Lo es —respondió el soldado que acostumbraba a dar las gracias cuando Milk los alimentaba. Era joven, casi de la edad de ellas, de cabello largo que llevaba amarrado—. Pero huele raro… ¿No lo habrá cocinado la científica? —preguntó en voz baja para que Bulma no escuchara.
—Por supuesto que no —exclamó Milk riendo— Es una receta nueva que estoy probando. Las verduras son nuevas y fuertes, pero el sabor es para morir.
El otro hombre, un calvo de casi 50 años decidió probar un bocado y no se detuvo una vez que comprobó la información de Milk.
—Está bueno, ya deja de lloriquear y comételo de una vez. Has comido cuerpos en descomposición para sobrevivir y no vas a comer esto.
Milk optó por omitir cualquier comentario ante aquella atrocidad, pero se preocupó. Los dos necesitaban comer, no solo el calvo, de lo contrario serían descubiertas.
—Milk —gritó Bulma despreocupada desde su asiento— ¿Por qué no le das una botella de vino a nuestros amigos? Tienen que perder el tiempo todos los días por culpa mía, es lo mínimo que se merecen.
—Sí. —Fue hacia el estante de vinos.
—¡Qué demonios, la culpa es de Vegeta por darles este estúpido trabajo de niñeras, dale de los vinos del rey!
Así hizo Milk. Sacó el que se veía más costoso y antiguo y lo llevó a la mesa. El calvo no tardó en abrirla y tomar desde la misma botella pese a que la mujer había ido en busca de copas.
—Si no quieres comer, allá tú, me queda todo para mí.
El saiyajin más joven bebió un sorbo grande de vino. Lo sintió tan agradable dentro de su boca que sintió la necesidad de combinarlo con la carne que tenía delante.
Milk y Bulma vieron con alivio como los dos devoraban y bebían todo lo que tenían en la mesa.
Media hora después los dos hombres dormían con la mitad de sus cuerpos sobre la mesa. Podría haber estallado en ese mismo momento el muro exterior de palacio y ellos no lo hubieran notado.
Ahora era el turno de Bulma y su bloqueador de señal.
No tenían muchas pertenencias. Bulma solo tenía su computador, unos pocos papeles dentro de una carpeta y las pocas herramientas que logró conseguir estos días, mientras que Milk un libro de cuero antiquísimo sobre comidas de diferentes planetas en un idioma desconocido que Bulma había robado para ella de la biblioteca. Los llevaban en unos pequeños bolsos cruzados que Milk había escondido el día de ayer dentro de una olla. El resto de las cosas como la ropa y algunos objetos menores deberían quedarse en Vegetasei.
Corrieron por los pasillos amparadas por la noche y su oscuridad. Iban emocionadas, saliéndose con la suya y alerta para no encontrar un soldado a la vuelta de la esquina. La luz de la luna las encontró cuando salieron a un patio exterior, ya estaban cerca; Milk con mayor libertad de movimiento, había aprendido el camino para llegar hasta el sitio donde Kakarotto estaría aguardando para llevarlas a la nave que había conseguido parar los tres (aún tenía buenos contactos en el planeta)
El viaje sería largo, al menos 5 días para distanciarse lo suficiente y llegar a un planeta donde conseguirían otra nave para continuar alejándose y ya pudiese considerarse seguro. Solo Bulma tenía la fórmula para realizar semejantes viajes desafiando el tiempo y espacio, no lo tenía anotado, había destruido todo.
El reloj había funcionado a la perfección, alcanzando el tercer y último patio exterior, una especie de aparcamiento para naves de todos los tamaños, lo más lejos que había llegado Bulma desde que Vegeta decidió que no cumpliría su palabra. Se detuvieron detrás de una fila de 6 naves esféricas aparcadas. Las sombras las protegían. Desde ese lugar fueron capaz de encontrar a Kakarotto, a no más de 20 metros de distancia, Milk, de la emoción, le dio un pequeño apretón en el brazo a Bulma cuando hizo contacto visual con el hombre. La científica lo notó tenso.
Milk quiso correr hacia él, pero Bulma la tomó del brazo con fuerza y la detuvo cuando notó la señal que hizo Kakarotto con la mano, sin mover el cuerpo, atento a lo que había en frente de él, pero que ellas no podían ver por tener una nave del tamaño de un tanque tapando la visión. Permanecieron ocultas en la oscuridad, inquietas sin saber qué pasaba, hasta que, con horror, vieron a Kakarotto retroceder unos pasos, tratando de calmar los ánimos de tres soldados de palacio que lo vieron merodeando en el lugar. No escucharon lo que dijo el saiyajin, pero levantó las manos a la altura de la cabeza y trató de convencerlos de algo, pero ya era tarde, los soldados no solían entrar en razón con desconocidos dentro de los terrenos de palacio.
Milk casi grita cuando lo golpearon en el abdomen la primera vez y lanzaron al suelo. La siguiente vez, Bulma tuvo que taparle la boca y obligarla a mantenerse oculta detrás de la nave esférica. No podían llamar la atención, las matarían, por lo menos a Milk.
Kakarotto esquivó el ataque y se alejó unos pasos. No quería armar un escándalo y alertar a más soldados. Debía dejarlos fuera de combate ahora.
Le dio un cabezazo al primer soldado y aprovechando la confusión de esos segundos de dolor, le quebró el brazo izquierdo exponiendo el hueso a la altura del codo y aplicó una llave apretando el cuello del hombre con los brazos para dejarlo inconsciente. Con un solo brazo en movimiento el guerrero no pudo defenderse con propiedad. Estaba Milk mirando, por lo tanto Kakarotto no mataría a nadie. Sin soltar al hombre que ya tenía la cara morada, esquivó un par de ataques del otro soldado y le hizo una sacadilla para tirarlo al suelo. Soltó al ya inconsciente guerrero y fue contra el que estaba en el suelo. Alcanzó a golpearlo tres veces en la cara con los puños cerrados, con la brutalidad suficiente como para desvanecerlo pronto, pero el tercer soldado lo atacó por la espalda y Kakarotto se vio obligado a moverse.
Milk no pudo seguir mirando, aferrándose a Bulma que la abrazó con fuerza, rogando para que Kakarotto fuese lo suficientemente fuerte como para poder contra esos tres soldados de elite. Asombrada lo vio esquivar la embestidas de los dos y responder con tal intensidad que sus golpes retumbaban en medio de la noche.
Ya con dos hombre en el suelo y un tercero sangrando con la nariz destrozada, Kakarotto tambaleó un poco. Había recibido serios golpes en la cabeza y abdomen, pero no había tiempo que perder. Se lanzó contra el tercero y antes de poder realizar cualquier ataque, un golpe en la espalda lo tiró al suelo.
Bulma vio cómo se esfumaba su única oportunidad de ser libres cuando Kakarotto fue atacado por dos soldados más que llegaron al notar el escándalo de la pelea.
—Tenemos que irnos —le dijo a Milk intentando llevarla al interior de palacio. Si las descubrían ahí estaban perdidas.
Milk no pudo obedecer, mientras que Kakarotto continuaba oponiendo resistencia en el suelo pese a encontrarse en peores condiciones y en evidente desventaja.
—Vámonos—insistió Bulma con voz autoritaria—. No va a dejar de luchar mientras sigamos aquí, lo terminaran matando si no nos vamos ya.
En medio de lágrimas que nublaban su visión, Milk comenzó a correr con Bulma agarrando su brazo. Cuando llevaban recorrido medio patio los golpes se detuvieron para dar paso a los gritos alertando de un intruso y llamando más soldados.
Las mujeres no pudieron darse el lujo de mirar atrás.
Media hora después los dos soldados encargados de cuidar a Bulma hicieron ingreso intempestivamente a la habitación del príncipe Vegeta, no golpearon ni llamaron, casi derribaron la puerta en busca de la científica que no estaba en la cocina cuando despertaron con un terrible dolor de cabeza.
En la cama del monarca había comida tibia sobre una bandeja, libros abiertos y un camisón de seda estirado a la altura del velador. La chimenea estaba encendida calentando al ambiente y también a Bulma que solo vestía una sexy ropa interior color rojo oscuro.
—¿Qué significa esto? —exclamó fingiendo una muy convincente indignación—. Además de embriagarse con el vino caro del rey, dormirse y obligarme a regresar sola a mi cuarto, ¿también tienen el descaro de entrar a mi habitación mientras me encuentro desnuda?
Los hombres bajaron la mirada avergonzados y no tardaron en intentar disculparse, pero por supuesto no los dejó terminar ni una sola oración.
—Qué manera de faltarme al respeto. Vegeta se enterará de esto.
Nombrar a Vegeta de esa forma tan informal y cercana en medio de una amenaza era como invocar al mismísimo demonio y lo hicieron notar en sus caras.
—¡Fuera de aquí antes que decida ir a comunicarle a Vegeta lo que ha sucedido!
Los soldados salieron del cuarto en medio de torpes y nerviosas disculpas. Procuraron cerrar la puerta con delicadeza esta vez.
Agotada y aun agitada por el susto terminó derrumbándose en el sillón. Sentía las piernas tiritar y el pecho apretado por la angustia. Lamentablemente no pudo atender a Milk y debió conformarse con dejarla en su habitación en medio de un ataque de pánico para ir al cuarto de Vegeta a preparar la habitación y esperar que los soldados despertaran y la encontraran así. Estaba muy lejos de la sección donde debieron abandonar a Kakarotto, no se escuchaba nada desde su ubicación, tendría que esperar hasta mañana para averiguar lo que pasó con él.
Lo peor que podía hacer ahora era llamar la atención.
Día 10
—¿No prefieres estar en tu habitación? —preguntó Bulma a Milk.
—No, algún soldado podría mencionarlo, tengo que estar atenta... Raditz ha intentado averiguar algo, pero como es hermano de Kakarotto podrían sospechar de él y hasta encarcelarlo si pregunta demasiado. —Arrugó la servilleta de papel en sus manos. Ya no le quedaban lágrimas para llorar, no podía quitarse de la cabeza la imagen de Kakarotto siendo rematado en el suelo junto con el ruido de los golpes.
Estaban en la cocina, sentadas a una mesa apartada del personal. Era mediodía, por lo que todos los trabajadores y esclavos se paseaban de un lado a otro para cumplir sus tareas. Los guardias de Bulma ya no estaban sentados conversando entre ellos, pero al menos continuaban apartados y evitaban el contacto visual después del incidente del vino y la ropa interior. No dudaron en intentar conectar el hecho con el encuentro del saiyajin desertor capturado, pero al no encontrar nada decidieron que se había tratado de una coincidencia. El comportamiento de Bulma continuaba intacto.
—Hablé con Tarble. Lo siento, pero no puede liberarlo, Kakarotto ya estaba siendo buscado por faltas anteriores y es el rey, Vegeta o el general los que pueden dar esa orden.
—¿Pero no hay nadie al mando ahora?
—Hay un general interino, pero es ciegamente fiel al rey. No escuchará a nadie, menos por un desertor castrado, pero Tarble se encargara de que sea alimentado.
—Podría cocinar algo para enviarle a prisión.
—Lo siento —dijo Bulma apenada—, pero no lo aceptarán.
—Dile al hermano de Vegeta que por favor no lo abandone.
—No lo hará. Tarble es la persona más noble que conozco… No sé cómo ha sobrevivido tantos años en este lugar.
—Si me prestas tu bloqueador de señal podría intentar escabullirme para verlo e intentar liberarlo —dijo sintiendo que estaba a punto de volver a llorar.
—No creo que sea buena idea. Está con vigilancia constante, pero le diré a Tarble que me lleve con él para decirle que estás bien.
—¿Harías eso por mí? —Debió limpiar las lágrimas para poder ver. Bulma le tendió más papel, el que tenía ya estaba inservible.
—Por supuesto. Estás metida en este lugar por mi culpa y creo que nunca te pagué todo el dinero que te debo en comida. Estoy en doble deuda contigo.
—Gracias —pese al sollozo, esbozó una débil sonrisa, sin embargo la preocupación la invadió—. No podremos salir de aquí sin él, es posible que lo maten... Estaremos atrapadas para siempre en este lugar.
—No digas eso —dijo Bulma con el ceño fruncido—. Por supuesto que saldremos de aquí. En el peor de los casos convenceré a Vegeta que lo deje libre y los deje ir a cambio de mí.
—No, no puedes quedarte aquí —exclamó preocupada.
—No, jamás me resignaré a vivir aquí. Mi estadía podría extenderse, pero nunca será mi hogar. Tengo demasiados planes como para conformarme con este planeta.
Milk volvió a secar sus ojos, y Bulma se preocupó de pasarle otra servilleta limpia.
Día 12
—Esperen aquí, yo iré con ella desde este punto —ordenó Tarble a los guardias de Bulma. Los hombres asintieron de forma educada y se pusieron en posición firme junto la puerta.
El príncipe y la científica bajaron a la parte subterránea de palacio. Los escalones eran demasiado altos e incomodos para seguirle el paso y para su seguridad, debió tomar a Tarble del hombro, ya que la iluminación no era la mejor para su débil y humano ojo.
—¿Estaremos solos?
—Sí, hice que los guardias abandonaran en lugar lo que dura esta visita.
—¿Cómo los convenciste?
—Creen que voy a interrogarlo en nombre de Vegeta. No hay nada que no harían por mi hermano.
Bulma sintió ese comentario como un recordatorio de lo imposible que sería escapar.
Luego de atravesar una sala que debía ser para los guardias, continuaron por un pasillo hasta llegar a la sección de celdas. No fue difícil encontrarlo, pues solo una estaba habitada. Tarble se detuvo antes de llegar a la jaula del hombre para darle cierta privacidad a Bulma.
La mujer sintió un incómodo escalofrío recorrerle la espalda cuando vio a Kakarotto tendido en el suelo, durmiendo boca arriba. Definitivamente las palizas no se habían detenido, pues no había mejorado nada desde la noche que lo atraparon; tenía sangre fresca en el rostro, heridas profundas en brazos y torso. Solo conservaba su pantalón y no en muy buen estado.
—No puede ser —susurró horrorizada. Miró a Tarble, intentando encontrar una explicación, pero ¿de qué se sorprendía si ya sabía en el lugar que se encontraba?
—Al ser desertor ya cuenta con penas pendientes y además como fue encontrado en palacio inmediatamente se vuelve sospechoso de mil cosas, por eso me es imposible liberarlo.
—¿Hay alguna forma de ayudarlo? En ese estado es posible que muera en cualquier momento. —No podría vivir con esa culpa.
—¿Cómo es que lo conoces? —La culpa había obligado a Tarble a ayudarla con el saiyajin sin hacer preguntas, pero ya no podía dejar de preguntar lo básico.
—Es el novio de mi amiga, la de la cocina.
—Estaba en el palacio de noche porque iba a ayudarlas a escapar —dijo Tarble—, pero lo descubrieron por no tener rabo e identificaron… Ahora entiendo por qué me apartaste…
—Así es —dijo la mujer con calma. —De pronto sintió muchas ganas de fumar, pero había dejado los cigarros en la habitación—. Pero no te preocupes, ya no tenemos otra manera de salir.
Un gemido débil proveniente desde el interior de la celda les advirtió que Kakarotto había despertado. Casi no se movió, pero abrió uno de los ojos, el que no estaba hinchado ni rojo.
—¿Bulma…? —susurró adolorido. La voz más aguda de la mujer lo hizo salir del sueño.
—Sí, soy yo. —Se arrodilló y afirmó de los barrotes—. Estamos solos, puedes hablar con seguridad.
—¿Milk?... ¿Cómo está?
—Muy preocupada por ti, pero estamos bien. Nadie nos conectó contigo.
—¿Estás segura?... Vegeta… no es estúpido. —Cada vez que inhalaba para hablar le ardía el pecho, lo que dificultaba la comunicación.
—No fue Vegeta —respondió Tarble—. Debe haber sido mala suerte el haberse cruzado con esos guardias en ese momento. De haber sido una encerrona de Vegeta ya me habría enterado. Esta mañana se comunicó conmigo y…
—No —Bulma interrumpió al joven príncipe—. No, quiero saber de él.
Tarble se acercó a la celda para dirigirse a Kakarotto.
—Los interrogatorios no se detendrán hasta que sepan qué estabas haciendo en el palacio, y te mantendrán con vida al menos hasta que llegue mi padre o Vegeta… son muy buenos interrogadores —dijo avergonzado.
Eran expertos en lo que hacían, sabían hasta dónde llegar sin asesinar, y cuando el interrogado era otro saiyajin eran mucho más despiadados, ya que conocían sus límites.
—¿Interrogadores? —Bulma miró a Tarble con el ceño fruncido—. Torturadores es la palabra que no quieres decir.
—No diré nada —dijo Kakarotto sonriendo con dificultad, entonces la mujer pudo ver más sangre—. No arriesgaré a… Milk… Ya váyanse tengo hambre… quiero dormir.
Tarble no dijo nada. Fue hasta la reja y apretó el código en el panel de control del muro para abrir la puerta y pasar al interior. Se agachó junto a Kakarotto con un tubo del tamaño de su dedo meñique que contenía un líquido verdoso, abrió la tapa y lo vertió en su boca.
—Bébelo. Calmará la sed y el hambre por un tiempo y te hará dormir.
Bulma notó que hasta para tragar el hombre sentía un dolor intenso.
—Tenemos que irnos —dijo Tarble una vez fuera de la celda.
—Váyanse sin mí —musitó Kakarotto—. Antes que él llegue. —Quiso insistir en que se fueran y lo olvidaran, pero estaba tan débil que el líquido no tardó en hacer efecto, dejándolo completamente dormido.
Bulma no pudo seguir mirándolo, era demasiado fuerte para ella. No quería imaginar lo que pasaría con Milk si lo viera ahí tirado en el suelo, más muerto que vivo. Tendría que suavizarle un poco la situación, de lo contrario podría cometer una tontería que le costaría la vida.
Día 13
—¿Alguna noticia? —preguntó Milk en cuanto se sentó frente a Raditz. Hace días que no le llevaba comida para hacerlo hablar, no era necesario.
—Nada. Está todo hermético. Piensan que Kakarotto tiene que ver el atentado al príncipe Vegeta.
—Eso es una estupidez.
—Sí, pero están paranoicos.
—¿Le contaste a tu padre?
—No. Está en misión y tampoco tengo cómo comunicarme con él hasta que ya venga de vuelta. Es mejor que no sepa. —Hizo una mueca de desagrado.
—¿Qué fue lo que hizo Kakarotto para ser declarado desertor y además le quitaran el rabo?
Raditz se tardó en responder, no era algo de lo que le gustara hablar.
—Kakarotto siempre fue rebelde desde niño y la culpa la tuvo mi madre que nos animaba a hacer más de lo que debíamos… Mi padre se lo permitió a ella, así que supongo que es culpa de ambos… Durante la adolescencia Kakarotto destacó entre los guerreros y ascendió con rapidez. Fue cuando se puso a trabajar en escuadrones de elite que empezó el problema y comenzó a cuestionarse las órdenes de superiores y las mismas misiones.
—¿Se negó a participar en las purgas? —preguntó Milk asombrada.
—Peor que eso, comenzó a ayudar a la gente de los planetas purgados a escapar y todo empeoró cuando abiertamente se enfrentó a su jefe de escuadrón y lo asesinó por defender un pueblo. A cualquier otro soldado lo eliminan en el lugar, pero nuestro padre en esa época tenía un puesto de confianza dentro de palacio con la reina y solo por eso decidieron traerlo de vuelta a Vegetasei. Estuvo varios meses encarcelado, le quitaron el rabo y lo torturaron hasta que mi padre pudo sacarlo con la promesa de no volver a dar problemas y cumplir con sus obligaciones, de lo contrario lo matarían para dar un mensaje claro. En lugar de eso Kakarotto armó una revuelta que no tuvo mucho éxito, pero sí murieron saiyajin al enfrentarse con guerreros de elite. Después de eso estuvo un tiempo escondido y para cuando estuvo recuperado abandonó el planeta y no supe más de él hasta ahora que volvió porque su mujer había sido traída de esclava a palacio.
Milk no entendía por qué Kakarotto no le había contado toda la verdad, hubiese sido capaz de entenderlo, es más, era para sentirse orgulloso que pese a una vida predispuesta a la violencia hubiese sido capaz de tomar sus propias decisiones y levantarse contra el poder y las tradiciones.
—Por culpa de ese idiota nuestro nombre y confianza quedaron afectadas para siempre. Mi padre perdió su lugar junto la reina y ahora debe conformarse con hacer misiones mediocres y yo pierdo el tiempo en trabajos inútiles como soldado menor, en lugar de hacer una carrera en el ejército.
Milk prefirió no hacer comentarios a Raditz, era obvio que el abandono de su hermano había traído consecuencias a él y su padre, sobre todo emocionales que no iba a admitir por ser de la raza que era.
—Así que mientras más pronto se acabe todo, mejor —dijo molesto.
—No, tú no lo quieres muerto —dijo Milk mirándolo a los ojos.
—Llevaba más de 3 años sintiéndolo de esa manera, ¿qué más da si sucede en realidad?
—No te dejará en paz… Pero si pudieras ayudarlo a escapar.
—No. —Ahora él la miró con determinación a los ojos—. No voy a arriesgar la nada que él mismo me dejó por su egoísmo.
—¿Egoísmo? Por lo que me acabas de contar él fue el menos egoísta de la historia.
—Nosotros éramos su familia, no un montón de desconocidos —dijo en voz alta y levantándose de su asiento. La miró una vez más antes de volver a su rutinario trabajo.
Día 14
Luego de encender el cigarro, Bulma permaneció como había estado todo el día: acostada sobre la cama, con una camiseta grande como pijama y la mirada en el techo. Era la primera vez, desde que Vegeta decidió conservarla como prisionera, que no estaba haciendo algo para escapar o moviéndose de un lado a otro tratando de solucionar el problema de Kakarotto.
Había dormido todo el día y planeaba continuar así, fumando, quieta y con la mente en pausa. Más de una vez le había errado al cenicero, lo que significó que el cubrecama pagara el precio de su descuido con el cigarro. La bandeja con comida continuaba esperándola sobre el escritorio, fría y olvidada. Todo lo que importaba eran los cigarros y la mirada perdida en el techo.
Sus manos jugaban descuidadamente con el encendedor que no se separaba de su lado y a veces tarareaba alguna canción pegajosa que le resultó entretenida durante su adolescencia, cuando todo era más fácil y su única preocupación era escoger qué ropa ponerse ese día.
Su vida después de abandonar la Tierra había sido tan dura que la había obligado a mantenerse ocupada y en movimiento para sobrevivir. La Bulma aletargada que yacía en la cama no era ella, pero ahí estaba, agotada.
Después de otra siesta de más de una hora movió la mano para alcanzar la cajetilla, que al encontrarla vacía terminó lanzada contra la chimenea. Por un minúsculo momento cruzó por su cabeza conseguir más, pero ni siquiera había sido capaz de pararse para ir a alimentarse, mucho menos se levantaría y saldría de la habitación. No quería ver a nadie.
Otra vez el sueño comenzó a ganarle. Casi no había dormido estas dos semanas y su cerebro le pedía una tregua para recuperar energías. Incluso ella necesitaba descansar, pero se había acostumbrado tanto a mantenerse activa que su cuerpo no se entregaba por completo.
No pudo evitar pensar en Vegeta antes de que el sueño le ganara. Lo evitaba, en verdad había intentado no pensar en él, pero había sido imposible. En su primer día en Vegetasei había encontrado increíble cómo la habitación del hombre no decía nada sobre él. Estaba equivocada: ahora sentía que cada rincón de palacio gritaba algo de Vegeta y la seguía como el mejor guardián de todos, sigiloso, nunca visible, sin embargo siempre presente. Lo detestaba tanto. En muchas ocasiones le había enrostrado a Vegeta lo enamorado que estaba de ella, pero jamás se había detenido a analizar qué tan atrapada a él estaba. Y la respuesta era mucho.
Despertó y durmió por cortos periodos varias veces durante el día. Cerca de medianoche el sueño fue más fuerte y no despertaría en al menos 12 horas. Durante ese tiempo tendría largos momentos de sueño profundo y reponedor, pero también Vegeta y sus padres aparecerían para hacerle compañía.
Día 15
Tarble había estado trabajando en la biblioteca todo el día de ayer y hoy prometía ser igual de tedioso y aburrido. Ya se había ubicado en su lado favorito de la mesa, tenía su tableta portátil y unos cuantos papeles que debía leer y chequear. Hace unas horas había recibido noticias desde el planeta enemigo y eran bastante similares a las de dos días atrás. El joven príncipe estaba aburrido, con sueño y frustrado, casi como siempre.
Entrada la tarde decidió que era hora de parar y comer. Ni siquiera en eso parecía saiyajin, nunca había sentido ese apetito insaciable típico de su raza. Si no fuera por la cola y que indiscutiblemente poseía habilidades de fuerza superiores, su padre habría puesto en duda la fidelidad de su madre (y aun así lo hizo pese a que su paternidad era indiscutible)
Ya tenía todo guardado y en su lugar para retirarse cuando una de las puertas se abrió de golpe. Era Bulma, totalmente diferente a lo que el joven presenció cuando entró ayer a su cuarto de su hermano a comprobar que estuviese bien y la encontró durmiendo.
La joven estaba fresca, limpia, totalmente animada y renovada. Traía un gran plato que apenas contenía el emparedado que venía comiendo, suficientemente grande para saciar el hambre de un saiyajin. Dejó el plato en la mesa y se llevó un trozo de pan con ella para continuar comiendo mientras miraba a Tarble, estudiándolo.
—¿Podrías abrir una botella de vino? Necesito algo para pasar la comida. Ustedes tienen colmillos de lobo, la carne está buena, pero muy dura —exclamó animada.
—Por supuesto —respondió Tarble yendo hacia el carrito de botellas, copas y vasos. Ni siquiera le preguntó cuál quería, ya sabía muy bien su gusto en vinos, era el mismo que Vegeta, pero por supuesto que no haría tal observación al verla tan festiva—. Me alegra verte así.
—Sí —dijo apurada en recibir la copa, como si nada hubiese pasado estas semanas como para alterar su humor—. Tenemos mucho trabajo que hacer y poco tiempo. Imagino que tienes un computador para trabajar, el mío necesita reparación.
—Claro, tengo ese pequeño sobre la mesa, o si gustas puedo conseguirte uno más… —No terminó de hablar. Bulma ya estaba revisando la tableta portátil.
—Este bastará por hoy.
—¿Qué se supone que vamos a hacer? —preguntó curioso, totalmente perdido.
La mujer dejó de lado la tableta para dirigirse al joven.
—Tarble, tienes un don: te gusta ayudar a la gente en un medio completamente hostil que constantemente te pone el pie encima y a mí me encanta salirme con la mía y necesito mantenerme ocupada. Te voy a ayudar y enseñar a cómo salirte con la tuya sin que tu padre o cualquier cavernícola saiyajin se entere.
—¿Hablas en serio?
—Vegeta te dio su apoyo, pero al final, sacando cuentas nunca será suficiente si no se compromete de verdad y como eso es muy difícil que suceda, dedicaré mi tiempo en este lugar a hacer algo más que contribuir a la dominación de planetas y sometimiento de gente inocente… Debo saber que estarás completamente comprometido, sabes que esto significaría tener un secreto entre los dos.
—Lo sé, y acepto —exclamó sin pensarlo, pero ¿qué había que pensar? Era algo que había deseado toda su vida desde que la reina le enseñó a ver y pensar más allá de su pequeña burbuja. Estaba seguro que ahora más madura y empoderada, su madre habría llevado a cabo un cambio más ambicioso y radical, pero lamentablemente le tocó partir antes de lo esperado.
De pronto el joven príncipe sintió que un poco de esa frustración dejaba la habitación por primera vez.
Día 20
Era en lo mejor que podía invertir su tiempo y energía, de lo contrario se volvería loca pensando y odiando todo el tiempo. La mejor forma de dejar a Vegeta de lado, era haciendo algo grande e importante, y qué mejor que trabajar con Tarble y ayudarlo en su operación.
Ya había sido profesora de Lee y le había resultado bastante bien, con Tarble tenía grandes expectativas. La idea era guiarlo para que siguiera y expandiera su trabajo a escondidas si fuese necesario. Debían potenciar su capital, tanto de personas como de flotas y así captar y ayudar más planetas que se encontraban expuestos al ataque de cualquiera, no solo de los saiyajin. Otro punto importante era conseguir que Tarble adquiriera mayor seguridad en sí mismo. Bulma estaba convencidísima en que tarde o temprano se marcharía, por lo tanto quería ayudarlo a ser más firme y lograr cambiar esa mentalidad.
Los primeros días de trabajo Tarble se encargó de detallar paso a paso su forma de proceder, hicieron un registro detallado de los planetas bajo el mando del joven, su valor en cuanto a gente, materia prima y producción, las coordenadas de localización y la distancia que le tomaba llegar desde Vegetasei.
A lo largo de los años, Tarble había adquirido una cifra no menor de planetas conquistados y gobernados semi-pacificamente, pero no era nada si se comparaba con lo que había logrado el imperio saiyajin, lo que le producía un horror indescriptible, y la angustia crecía más al tener la certeza de que esta era una mínima parte de la vasta población del universo. Sería cosa de tiempo que alguien más ideara la forma de acortar los viajes espaciales.
—Con los recursos que disponen deberías tener muchos más planetas, Tarble — dijo Bulma encendiendo un cigarro, inmediatamente después guardó el encendedor en el bolsillo.
—Tengo las manos atadas. Si hiciera gastos escandalosos lo notarían. Revisan todo lo que hago.
La joven pensó unos segundos antes de responder.
—Puedes sacar los recursos de los planetas ya conquistados para tomar otros bajo tu cuidado. De esa forma no dejaras rastros que llamen la atención.
Ambos estaban sentados a la mesa con computadores, comida y para beber. Habían transformado la biblioteca en su sala de operaciones.
—Tomar planetas bajo mi cuidado —repitió Tarble pensativo—. Eso suena bien en la teoría, pero siento que es una forma de esclavitud de todas formas.
—Tienes que seguir trabajando para tu padre, no puedes dejar de cumplirle. Tendrás que hacer dos trabajos a la vez. Y no podrás ser una cara visible hasta que tengas suficiente poder.
—Lo sé… —Se mantuvo en silencio pensando en su hermano. No tenía problemas en mentirle al rey, así había sido casi toda su vida la relación de ambos, pero con Vegeta era diferente.
—Otro punto… —Con el dedo tocaba la pantalla del computador para ir pasando las páginas de información que le había proporcionado Tarble—. Las naves, son pocas para lo que aspiras.
—Puedo recurrir a un par de planetas que se encuentran lo suficientemente lejanos para hacerme de más naves. Uno de ellos lo conoces muy bien.
Bulma levantó las cejas recordando su estadía en Gron X6-0. Hasta en ese momento las cosas con Vegeta habían estado muy bien. Fue el mejor momento que tuvieron juntos a su parecer, ya que él recordaba quien era, lo que significó conocerlo mucho más y no había mentiras ni muertes entre ellos.
—¿Cómo están tus hombres? No encuentro una lista.
—No la tengo. Prefiero que no sea tan fácil identificarlos por los altos mandos, además no están pendiente de ellos y quiero que siga así.
—Ahora que lo dices… ¿Cuáles son tus colores? Siempre veo soldados de Vegeta, tu padre y de otros saiyajin que apostaría no son tuyos ¿Dónde están los tuyos?
—No los mantengo en palacio. No son tantas las misiones que realizan como el resto, así que tienen libertad de acción.
—Bueno, eso está por acabar, porque los vamos a mantener ocupados —dijo sonriendo—. ¿Tienes soldados de absoluta confianza?
—Sí, unos cuantos. Puedo contactarlos para que consigan más hombres. Estoy seguro que encontrará interesados… Nunca dediqué todo mi tiempo a algo como esto, jamás pensé que necesitaría más de lo hombres que ya tengo.
—Tengo una idea de quién puede ayudarte o al menos decirte dónde encontrar más.
Tarble le puso atención interesado. No podía creer que Bulma llevase tan poco tiempo en el planeta y ya conociese a alguien para algo tal delicado.
Día 21
Kakarotto continuaba completamente incomunicado en la celda. Las heridas no lograban cerrar debido a las palizas constantes de las que era protagonista al menos dos veces al día para mantenerlo débil e incapaz de escapar, pero al menos ya no se comparaba al hombre moribundo que era cuando llegó el primer día y todo gracias al líquido que Tarble se encargó de administrarle cada tres días.
—¿Qué pasó? ¿El príncipe ya se acostumbró a mi presencia? Ayer estuviste aquí, si sigues dándome eso tendré la energía suficiente para escapar —dijo el saiyajin sentado en un rincón, junto la cama, con la espalda apoyada en la fría piedra reforzada.
Tarble se mantuvo de pie y sereno fuera de la jaula. Lograba mostrarse como parte de la familia real cuando menos se lo proponía.
—No vengo por eso.
—¿Ahora cambiaste de opinión y vienes a torturarme? Te aconsejo llamar a los verdaderos torturadores, porque con esos brazos estaríamos toda la noche sin conseguir nada. —Rio y peinó su cabello hacia atrás con la mano. Lo tenía sucio y enredado por el sudor, el polvo y la sangre seca.
Tarble había sido menospreciado tantas veces por el rey y los hombres de confianza de alto rango que ya no le provocaba en lo más mínimo lo que un castrado pudiese decirle.
—Estuve investigándote. Sé quién eres.
—Dame una pista, porque me han culpado de tanto estos días que ya estoy confundido.
—La rebelión ante tu jefe de escuadrón, lo asesinaste para salvar a esa gente y lo que hiciste luego de que te liberaran.
—Oh, eso. —Bostezó. Se había acostumbrado a dormir a esa hora y la visita de Tarble le desordenó todo—. ¿Qué pasa con eso?
—No finjas que no te importa. Alguien que es capaz de cargarse medio planeta en su contra sí le importa.
—Fue hace muchos años, ya no importa.
—Solo necesito nombres de hombres que compartían tu pensamiento. Nada más.
—¿Y qué te hace pensar que te daré nombres así como así? Eres el príncipe de este infierno.
—A mí sí me importa —respondió con fuego en sus ojos, algo raro en él. Incluso Kakarotto fue capaz de verlo. Era imposible no creerle.
—Pues eres un estúpido para venir aquí. Podría delatarte en cuanto llegue mi comitiva de buenas noches.
—De vez en cuando hay que arriesgarse para conseguir las cosas. Bien lo debes de saber.
—Sí, y mira como estoy ahora. Si no me han matado es porque no está ni el rey ni tu hermano para dar la orden.
—Entonces muere con dignidad y dame la información que te pido. Necesito reunir gente.
Cuando Kakarotto volvió a reír, debió llevarse la mano al abdomen, aún le dolía mucho.
—¿Te crees mejor que todos porque actúas a escondidas de tu papi? Si tuvieras dignidad ya lo hubieras asesinado para cambiar las cosas.
—No voy a salvar a nadie con las manos llenas de sangre.
—Tus manos ya chorrean sangre, príncipe Tarble. Desde el momento que estás aquí sin hacer nada por detenerlos es lo mismo que estar allá degollando y esclavizando gente.
El joven frunció el ceño ante las palabras de Kakarotto. En ese momento con el entrecejo arrugado se pareció mucho a su hermano.
—¿Qué es lo que quieres? Pide lo que quieras, excepto sacarte de aquí.
—Libéralas —respondió sin pensar.
—Puedo liberar a tu mujer, dejarla en el planeta que desee y completamente segura, pero a Bulma no pue…
—Libéralas a las dos y te diré lo que quieras. Veras, mi mujer no se irá de aquí si Bulma se queda. Mi mujer es tan noble que prefiere morir aquí antes de escapar, y todo por culpa del hijo de puta de tu hermano que se le antojó hacerse de una puta y una cocinera con dos mujeres libres.
—¿Y tú no tienes responsabilidad de que tu mujer haya terminado aquí? —No pensaba mencionarlo, pero ya que el saiyajin estaba con esa actitud…—. Porque no es como lo siente ella… Ayer conocí a tu mujer. Milk fue muy noble al rogarme por tu liberación, solo tuvo buenas palabras para referirse a ti, pero bastaba con mirar su rostro para saber que no eres un pobre hombre.
—No te acerques a ella —dijo enojado, poniéndose de pie de manera veloz. Se agarró de los barrotes para no caer y verse más alto que él—. No confío en ninguno de ustedes.
—Tranquilo, jamás le haría daño para conseguir la información que necesito. No voy a salvar a nadie con las manos llenas de sangre—. Caminó hacia la puerta sin antes decir—. Considera mi propuesta, Milk puede despertar en cualquier lugar, lejos de aquí y asegurada de por vida.
Tarble abandonó la zona de celdas, meditando si era prudente decirle esta parte del trato a Bulma si Kakarotto finalmente accedía.
Día 26
—Tenemos que incluir a mis hombres de confianza a esta conversación si vamos a seguir adelante —dijo Tarble y lanzó un pequeño rayo para encender la leña de la chimenea y así calentar la biblioteca para Bulma.
—No puedo salir de aquí y si los metemos hasta acá mis perros guardianes sospecharan.
—Tendré que hacer las reuniones sin ti.
—Claro que lo harás —respondió confiada—. Tienes que trasmitirle la misma seguridad para cuando visiten los planetas. A quien escojas como tu representante será tu voz y mente allá. —Vio al joven ir de nuevo hacia el bar para llenar el vaso con ese líquido ámbar que ella una vez bebió y quedó muerta a los dos minutos—. No estés nervioso.
—No puedo evitarlo.
—Lo harías si vieras quien realmente eres. Cualquier débil podría haberse ido por lo más fácil y acatar lo que dice una tradición arcaica, pero tú decidiste levantarte e ir contra la corriente… Cuando te vi discutiendo con tu padre y Karev en este mismo lugar no vi un hombre inferior, en un momento los vi a todos como iguales. —Apagó el cigarro en el cenicero e inmediatamente incendió otro. La mesa estaba un tanto desordenada por la comida, botellas y cosas más que fueron agregando con el paso de los días.
—¿Cómo me viste esa vez? —preguntó confundido.
—Es una larga historia… Mi punto es que sabes muy bien cómo no dejarte pisotear, solo tienes que recordarlo y ponerlo en práctica todos los días.
—Vegeta me hace arengas parecidas —dijo con la lengua suelta. No estaba acostumbrado a beber, y justo le dio por escoger la bebida más fuete de la habitación—. Sin él no podría haberlo logrado.
Bulma frunció el ceño al escuchar ese nombre, pero al igual que Tarble, también se había dado cierto recreo y había bebido mucho más vino.
—Ese tonto —gruñó y bebió el contenido que le quedaba en la copa—. Tenía el plan perfecto para atrapar a quien lo traicionó, pero el muy idiota me quitó mis cosas, así que ahora se jode.
—¿Qué plan era? —preguntó sintiéndose muy culpable. Había estado tan interesado e inmerso en sus asuntos que había olvidado por completo hacer algo para ayudar a su hermano.
—Había armado algo con unos scouter, pero ¡bah! —exclamó y tomó la botella para beber directamente—. Se deshizo de mis cosas y ahí todo se fue al carajo, incluso lo nuestro y todo es culpa de él.
—Jamás lo había visto así por algo o alguien. Tengo que admitir que me sorprendí cuando vi lo que tenían, era como ver esas parejas de saiyajin de bajo nivel de pelea que suelen ser más abiertos con sus sentimientos. Eso no es algo que simplemente no pasa con un guerrero destacado, mucho menos el príncipe. Sé que no logras entenderlo, pero así es como funciona todo aquí.
—Tú eres diferente.
—Yo estoy descompuesto —dijo casi orgulloso—. En cambio Vegeta por toda su vida ha sido todo lo que un guerrero poderoso aspira a ser, hasta ahora… —Se sirvió nuevamente de aquel brebaje fuerte—. Ahora no sabe comportarse contigo y eso lo tiene frustrado.
—Adoras a tu hermano, dirías lo que sea para dejarlo bien.
—Sí, lo adoro, pero también conozco muy bien sus fallas.
—Tiene unas muy grandes —dijo molesta. No podía olvidar ni por un minuto en la situación que la había dejado. Sí, era una prisionera literalmente en un castillo, pero prisionera al fin y al cabo.
—Deberías tener un poco de consideración con él. Cuando se enamoró de ti era otra persona, ni siquiera sabía su nombre y solo te tuvo a ti para sobrevivir y mejorarse. El Vegeta que conozco hubiera manejado la situación de otra forma, incluso lo hubiera evitado.
—Puede que tengas razón… —respondió gruñona y fumando más. Le costaba asumir la culpa, pero el haberle mentido y manipulado de esa forma influyó en todo hasta terminar en lo que sucedía ahora—. Estoy dispuesta a asumir mi parte de responsabilidad e incluso a ignorar su vida como asesino, si nos vamos juntos… —dijo melancólica, como si la idea ya perteneciera a un pasado lejano—. Pero él quiere ser príncipe, luego rey y además quedarse conmigo como trofeo en este lugar, cuando él sabe muy bien cómo es que fui sacada de mi planeta natal, además tengo sueños y metas.
—Nunca pensé que estaría hablando de Vegeta enamorado, la sola idea me hace sentir raro, pero aquí estamos... Sé que puede recapacitar, solo que tienen ritmos diferentes para ver y analizar las cosas…
—Ya lo noté… —Fue hasta el sofá donde Tarble se había acomodado y se sentó a su lado. Estaba tan mareada y cansada que podría quedarse dormida ahí mismo.
—A veces me gustaría ser como él.
—¿Un hombre adulto que no sabe reconocer sus sentimientos?
—No. Un hombre tan poderoso que puede mandar todo al carajo y nadie sería capaz de ir en su búsqueda porque le temen y respetan.
—El rey podría.
—El rey estaría demasiado ocupado, no dejaría el trono abandonado, lo que le daría tiempo de hacer lo que quisiera con su vida, sin miedo a ser detenido. Antes no lo tenía, pero ahora que lo vi contigo, tengo esperanza en mi hermano… Tan solo te pido que no vayas directo al enfrentamiento con él cuando regrese. —Bostezó cansado y un poco mareado y esta vez no se sintió incómodo cuando la joven apoyó la cabeza en su hombro.
—No quiero que me digas como va esa estúpida guerra, pero espero que vuelva pronto para terminar ya con esta tontería… —dijo adormecida, cerrando los ojos. Se sentía tan bien el calor de la chimenea—. Solo quiero que vuelva sano—. Se agarró de su brazo, a gusto.
—Hace días no hablamos… Ha fallado la comunicación, pero es normal...
—Que no me digas nada —insistió acomodándose más en el hombro del hombre.
Tarble se durmió ahí mismo un poco rato después de Bulma.
Día 29
El trabajo había logrado mantener a Bulma enfocada y concentrada al punto de permitirle dormir por las noches sin mayores contratiempos. En las mañanas solían despertarla con el desayuno listo a la habitación, pero esta vez fue diferente.
Para cuando despertó la luz ya se filtraba con fuerza a través de las cortinas mal cerradas, y no había ninguna bandeja con el desayuno en la mesita junto a los pies de la cama. Nunca antes se habían olvidado de traerla, ni siquiera le hicieron caso cuando, enojada, dijo que no le llevaran nada.
Corrió la cortina para encontrar el típico panorama de las tardes: el cielo rojo y los hombres yendo y viniendo de un lado a otro, preocupados de sus quehaceres y deberes, casi como abejas obreras. Esta vez todo era un caos en el exterior. Los hombres corrían alterados y se gritaban instrucciones que al parecer nadie podía seguir. La confusión reinaba en la colmena.
Preocupada, salió de la habitación para averiguar con sus perros guardianes lo que ocurría, y al no encontrarlos en sus puestos de siempre supo que algo grave debía estar ocurriendo. En pijama y descalza avanzó por los pasillos. El maldito lugar estaba tan bien construido que no escuchó voces hasta que estuvo lo suficientemente cerca del alboroto.
—¿Qué está pasando? —preguntó, pero el resto de las voces se interpusieron a la de ella.
Cuando sus guardias la vieron se apresuraron a ir con ella para impedirle el paso. Intentaron llevarla de regreso al cuarto de Vegeta, pero ella se negó rotundamente.
—No me voy de aquí hasta saber qué pasa. —Sintió cierto alivio cuando a lo lejos vio a Tarble que al parecer iba a su encuentro. Discutía en voz alta con un saiyajin mayor, tan concentrado que no reparó en su presencia.
—¡No! ¡No es posible que esté muerto! ¡Comuníquense nuevamente! —gritó Tarble fuera de sus cabales, totalmente raro en él.
Bulma sintió que sus piernas se convertían en plomo al escuchar a Tarble gritar de esa manera. Por el tiempo que lo conocía sabía que solo por una persona podía reaccionar de esa manera. Su corazón se detuvo al oír lo que siguió.
—¡Vegeta tiene que estar bien, maldición! —Tarble dejó de gritar cuando notó a Bulma.
Los dos se miraron con los ojos brillosos por un par de segundos que se sintió una eternidad. El miedo que compartieron en ese momento fue tan profundo y desgarrador que los dejó sin aliento.
Tarble logró salir de aquel mini infierno primero. Debía seguir trabajando.
—¡Llévenla a su cuarto, ahora! —ordenó en voz alta, como el príncipe que era y olvidada la mayor parte del tiempo—. Nadie puede entrar a verla, excepto yo, ¿entendido?
—Sí —dijeron los guardias al unísono y la tomaron de los brazos para obligarla a caminar, pero la mujer se revolvió como pudo para no moverse.
—¡No, espera, dime qué pasa, por favor! —preguntó aterrada de escuchar la respuesta.
—Obedece, Bulma. Si Vegeta está muerto tengo que sacarte del planeta, pero tienes que aguardar. —Se fue corriendo con el saiyajin viejo y la mayoría de los hombres detrás de él.
—¡No, Tarble, por favor! ¡Dime qué le pasó a Vegeta!
Bulma insistió, gritó y hasta les rogó que la dejaran ir con Tarble, pero los guardias con extrema facilidad la hicieron regresar a la habitación.
Continuará…
Hola a todas, gracias a las que llegaron hasta el final del capítulo. Lo había terminado anoche, pero era tan tarde y estaba tan cansada por haber escrito todo el día, que recién ahora en la mañana me puse a releer para corregir.
Muchas gracias por sus comentarios. Como le mencioné a una lectora: no tengo mucho tiempo para escribir y si me pongo a responder los rws mucho más me tardaré en actualizar. No piensen que no me importa, todo lo contrario, los leo todos y me sacan más de una sonrisa.
Bueno, este capítulo me enfoqué en Bulma y el periodo que estuvo en palacio mientras Vegeta se mantenía ausente en la guerra. Me gusta lo fuerte que es y cómo hace lo posible por sobrevivir y mantenerse cuerda.
Fue un gusto escribir la interacción con Bulma y Milk que en un comienzo de la historia las mujeres se mantenían "unidas" al ser las únicas humanas que se conocían en un planeta desconocido, pero ahora la relación era diferente, más cercana luego de todo lo que les ha tocado vivir en Vegetasei.
Ya he mencionado antes que no me gusta mucho escribir a Goku, sin embargo adoro escribir de Kakarotto, ya que tengo la posibilidad de hacerlo de diferentes formas al ser tan distinto y al haber crecido en Vegetasei con su familia.
Tarble es otro personaje que me ha cautivado y ha crecido en este capítulo. Es un príncipe guerrero, es fuerte y capaz de mucho, solo que tiene que creérselo.
Y bueno, no me odien por haber dejado el capítulo así, ya se habrán dado cuenta que me encanta dejarlos con la duda de lo que ocurrirá en el siguiente.
Cuéntenme qué les pareció el capítulo, espero sus rws.
¡Ah! Les tengo una noticia:
He decidido hacerme una página de Facebook para publicar los fics (así no molesto a Ina jajajaja) y también para interactuar con la que esté interesada. Aquí abajo dejo la dirección, solo tienen que unir las letras.
www. facebook / Dev-Fanfiction
Bueno, nos estamos leyendo en el siguiente capítulo.
Dev.
04/03/20.
