CAPÍTULO 10: EL DESCUBRIMIENTO
Maxon
Tras dejar a Andrews con mamá, asegurándome de que sería llevada a un sitio seguro, corrí sin parar hacia la entrada mas cercana al castillo. Los rebeldes estaban del otro lado, pero habían comenzado a acercarse y algunos proyectiles ya alcanzaban el jardín.
-¡Pongan a salvo al príncipe! - escuché detrás de mi. Lo ignoré y atravesé como una exhalación las puertas hacia el palacio.
Fui adentrándome en el corredor, que estaba extrañamente desierto. Al dar vuelta en una esquina me di cuenta de que mis pasos no eran los únicos que resonaban en los muros. Me detuve en seco y me giré para mirar.
Un rebelde me seguía a corta distancia. Varios metros por detrás uno de los guardias se esforzaba por detenerlo.
Recordando el ataque anterior, busqué a mi alrededor alguna cosa con la cual defenderme, por si el soldado no era leal a la corona, pero sólo hallé un pequeño jarrón con flores. No me iba a ser de gran ayuda contra un rebelde armado, y mucho menos contra dos.
-¡Majestad! - exclamó el guardia entonces. Reconocí aliviado la voz de Andrews, probablemente siguiendo las órdenes de mi madre de alcanzarme tras haberla llevado a un escondite
Mientras analizaba todo aquello, el rebelde logró darme alcance. Se detuvo frente a mí, y me di cuenta de que no era mucho mayor que yo. De hecho, quizá sería un par de años más joven.
-¡Lady América! - exclamó. La sangre se me heló en las venas -¡Lady América tiene que...!
Antes de terminar la oración, el chico rodó los ojos y se desplomó en el suelo. Andrews apareció detrás de él, con el mango de su arma a la altura de donde había estado la nuca del muchacho hacía algunos instantes.
-No parecía muy amenazador - explicó como disculpándose - pero si viene con refuerzos al menos ahora no podrá llamarlos.
-Gracias, Andrews.
Me miró con incertidumbre, pero no dijo nada. Recordé la reacción de las doncellas de América cuando decidí aprenderme sus nombres y sonreí. Quizá debería esforzarme un poco más en ello.
Mi sonrisa pareció aliviar un poco su inquietud.
-Escuché algo sobre Lady América - apuntó él -¿ya la ha encontrado?
-Me dirigía a ello - admití, sintiendo el nudo del miedo apretarse un poco más en mi garganta -¿Mamá...?
-La he llevado a un sitio seguro - me tranquilizó - le acompañaré a buscar a Lady América - añadio, acomodando su arma - podemos buscar a alguien por el camino para que se lleve al chico.
Asentí con la cabeza mientras comenzábamos a caminar. No me agradaba la idea de tener un prisionero tan joven, pero no deseaba arriesgarme a que lastimaran a nadie en el castillo, en especial a América.
Caminamos en silencio hasta la puerta del hospital, mientras intentaba adivinar qué era lo que el rebelde no había terminado de decir. Siendo América, podría tratarse de cualquier cosa. Me mantuve pensativo incluso mientras Andrews solicitaba la ayuda de un guardia que venía de los jardines para llevar al chico a otro sitio, y averiguar lo que tramaban los rebeldes más tarde.
Entramos a la enfermería, y todos mis cavilaciones se esfumaron de pronto. Había vidrios rotos cerca de la entrada, y la cama donde ella se recuperaba, estaba vacía.
-¿Majestad? - inquirió Andrews con cautela. Lo ignoré y corrí hacia el despacho del doctor Ashlar, abriéndolo con rapidez y buscando la entrada al escondite. Había sido un plan preparado, y nos habíamos asegurado de que tanto el médico como yo pudiéramos abrirlo. Aún así, el pánico me invadía.
Andrews me siguió escaleras abajo, sin preguntar. Escuché voces al final de la escalera y me estremecí con alivio.
América se encontraba en la cama que habíamos preparado en previsión a un ataque, hablando animadamente con Marlee y May. Reía, y la opresión que sentí en el pecho al verla ya no era causa del miedo.
El silencio se fue colando despacio tras de mí cuando avancé hacia ella, y el alivio le atravesó las facciones al mirarme.
-¿Estás bien, querida? - le pregunté. Ella asintió con una sonrisa, y la abracé, poniendo sumo cuidado para no presionar de más y hacerle daño.
-No me llames querida - murmuró cuando aún la sostenía. Me alejé para mirarla y reí, cayendo en la cuenta de lo mucho que había extrañado la chispa de diversión que hallé el fondo de sus ojos. Sus mejillas parecían haber recuperado un poco el color, y terminé admirando la sonrisa que tanta falta me había hecho ver en sus labios.
Me incliné hacia adelante, siendo apenas consciente del movimiento hasta que América respondió acercándose a mi.
Y por fin, desde aquella noche en la que decidí confesar abiertamente mis sentimientos hacia ella, la besé.
Ella me respondió, algo insegura, pero no tuve tiempo de preguntarme por qué. Fue ganando seguridad, y a los pocos segundos tuve que apartarme para dejarle respirar, recordando que no podía agitarse demasiado.
-Lo siento - le susurré. Ella negó con la cabeza, todavía sin abrir los ojos. Alguien carraspeó.
-Eh, ¿Maxon? - me sorprendió que fuera Marlee quien me llamaba - lo siento, pero ¿podemos hablar un minuto?
Accedí, sonriéndole a América, que ya había abierto los ojos, antes de soltarla y acercarme a Marlee.
-¿Qué sucede? - le pregunté alarmado.
-El ataque ha asustado a América - me dijo.
-Es bueno que todos pudieran estar aquí con ella.
Marlee negó con la cabeza.
-Cuando los soldados entraron para traerla aquí, ella les arrojó un vaso.
No pude reprimir la sonrisa. Sabiendo que estaba herida, les había hecho frente en vez de pedir ayuda, como siempre.
-¿Por qué un vaso?
-Fue lo primero que encontró - hizo una pausa y luego añadió - dijo que se había asustado porque no sabía si serían rebeldes disfrazados, como la última vez.
Asentí, comprendiendo su reacción. Yo mismo había pensado algo similar cuando Andrews...
Entonces lo entendí.
América había recordado el ataque.
Marlee había esperado pacientemente mi transición del entendimiento a la incredulidad y ahora, a la arrebatadora esperanza.
-¿Recordó todo? - le pregunté.
-Sólo algunas cosas del día del ataque, no todo lo que ocurrió. Y nada de los días anteriores - suspiró - ¿Qué harás cuando recuerde el resto?
-No lo sé - entendí que se refería al hecho de que casi me comprometo con Kriss, y agradecí internamente que no lo dijera en voz alta. América no podía enterarse así.
-Deberías decírselo tú - opinó Marlee.
-Lo he pensado desde que despertó - confesé - pero no sé que efecto tendría algo así en ella.
-Será mucho peor si se entera de otra forma.
-Más tarde hablaré con Ashlar - decidí - cuando termine de atender a los soldados.
-¿Hubo heridos en el ataque? - su tono cambió a uno de pánico y recordé que Carter seguía ahí fuera.
-No lo creo, pero no estoy seguro - admití - atacaron el lado oeste del castillo. Carter estaba en el funeral, y estoy seguro de que no le habrá tomado mucho tiempo ponerse a salvo, pero no sé si había soldados en aquélla área.
Marlee se relajó visiblemente, pero la preocupación no desapareció del todo de su rostro.
-¿Por qué atacarían las habitaciones durante el funeral? Sabían que todos estaban fuera.
Le conté rápidamente el incidente con el joven rebelde y Marlee se tapó la boca con ambas manos.
-Quizá...alguien supuso que América se encontraba en su habitación de seleccionada.
