* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 17

Corazones en conflicto

"Happy Food". Ese era el nombre del restaurante de comida rápida que solíamos frecuentar. Era muy común que Rainbow Tears se reuniera ahí para discutir asuntos de la banda, yo también llegué a ir con ellos en numerosas ocasiones. El modesto restaurante tenía un ambiente cómodo, comida deliciosa y a precios bajos, era la combinación perfecta.

Hyakkimaru y yo nos sentamos en una mesa para dos, la mesera se acercó y al reconocernos pues ya éramos clientes frecuentes nos mostró una amigable sonrisa al hablarnos:

— Buenas tardes, bienvenidos a Happy Food ¿puedo tomar su…?

— ¡Una hamburguesa doble con queso!

La interrumpí con voz ansiosa y animada. La mesera en un principio parpadeó algunas veces confundida al saberse interrumpida, aun así, después continuo sin perder su acostumbrada amabilidad:

— Tienen suerte, el día de hoy tenemos una promoción especial de dos por uno en todas las hamburguesas.

— ¿No es eso genial, Hyakkimaru? —Le pregunté con una enorme sonrisa—Así tú también podrás comer una hamburguesa.

— En realidad pensaba solo tomar algo, en un rato más comeré con Mio.

— Eso no importa, puedes comer dos veces hoy. —Sugerí con una sonrisa traviesa—.

— Pero… Mio siempre me dice que no es bueno comer tanto. —Susurró inseguro—.

— ¿Entonces vas a dejar que coma sola? ¡Qué malo eres!

Fingí un tono de reproche al tiempo que le hacía un puchero, al ver esto Hyakkimaru suavizó su mirada al tiempo que una tierna sonrisa se formaba en sus labios. Creí que no podría convencerlo, pero me tomó por sorpresa al escuchar cómo le respondía a la mesera:

— Aprovecharemos la promoción de dos por uno.

— Muy bien, en un momento más volveré con su orden.

Ya de por si me sentía muy bien al poder pasar un rato con Hyakkimaru, saber que había accedido a comer conmigo hizo que me pusiera aún de mejor humor. Siempre que me sentía muy feliz por algo inventaba canciones graciosas en mi cabeza, por desgracia en esa ocasión era tanta mi dicha que resultó que comencé a cantar en voz alta:

— Ricas hamburguesas yo quiero probar, son tan deliciosas que no puedo parar.

Me llevé las manos a la boca y mi cara enrojeció al darme cuenta que la canción no solo se había quedado en mi cabeza. Completamente apenada dirigí mi vista a Hyakkimaru para ver como este reía dulcemente en voz baja. Solo lo hizo por unos segundos, después abrió mucho sus ojos y estos brillaron de manera interesada.

— Dororo, vuelve a cantar eso, pero ahora hazlo más lento.

— ¿Por qué? ¡No me hagas hacer cosas vergonzosas! —Reclamé levantando mi puño de manera amenazadora—.

— Solo hazlo, por favor…

Me suplicó con una pequeña sonrisa, torcí la boca y lo miré no muy convencida. No se rindió, cambió a una mirada de cachorrito tierno, agh, era imposible, si me miraba así no me quedaba otro remedio que hacerlo.

Hice tal cual lo que me dijo, repetí esa vergonzosa canción, pero esta vez pronunciando las palabras de una manera más lenta y clara. Al escucharme Hyakkimaru cerró sus ojos, mientras que con su dedo índice comenzó a golpear suavemente la mesa, era como si siguiera el ritmo de la canción.

— Bien, la tengo…

Susurró con una voz misteriosa para después sacar rápidamente un bolígrafo de su mochila y tomar una servilleta del restaurante. Con gran velocidad dibujó un pentagrama y comenzó a escribir unas notas musicales en ella.

— ¿Acaso acabas de hacer la partitura de esta canción tan tonta? —Pregunté llena de asombro—.

— Si, tenía curiosidad por ver como luciría la partitura de esta canción. —Respondió con una mirada obsesiva—.

— A esta partitura le hace falto algo…

— ¿Qué es?

Tomé la servilleta y comencé a escribir en ella, Hyakkimaru se acercó con curiosidad para ver lo que anotaba.

— ¡Listo! Es el nombre de la canción: "Canción de la hamburguesa".

— Es el nombre perfecto.

— Si quieres puedo cederte los derechos para que la toque Rainbow Tears, apuesto a que será todo un éxito.

— Seguro que esta será la canción que nos lance al estrellato.

Permanecimos unos segundos en silencio, cuando sin previo aviso los dos comenzamos a reír en voz alta de las bromas que acabábamos de hacer. Sin duda era irónico que dejando mis verdaderos sentimientos por Hyakkimaru a un lado fuera capaz de acercarme más a él. Ahora me sentía mucho más cómoda a su lado, los nervios y las inseguridades con el tiempo quedaron atrás, ya sin tener que preocuparme por impresionarlo podía comportarme como yo misma, en serio fue como quitarse un enorme peso de encima.

Por supuesto que para ese momento de nuestras vidas aún tenía sentimientos muy profundos por él, aun así, estaba más que segura que ya no eran esos sentimientos de enamoramiento desesperado, aun lo quería mucho, pero como un preciado amigo. Para mí era mi querido amigo Hyakkimaru, y desde que había logrado verlo de esa manera todo se había vuelto mucho más sencillo para mí.


El tiempo continúo pasando mientras Dororo y yo comíamos nuestras hamburguesas y hablábamos de cualquier cosa.

— Es cierto Hyakkimaru, tú también cambiaste un poco durante estas vacaciones…

— ¿Cambié? ¿A qué te refieres?

Dororo se acercó a mí y tomó unos mechones de mi cabello entre sus manos, continuó con una voz interesada:

— Tu cabello se ve un poco más largo ahora… ¡mira! Apuesto a que si quisieras sujetarlo en una muy pequeña coleta podrías hacerlo.

— Si, quise ver cuánto crecía durante las vacaciones. —Le respondí sin poder evitar sonreír con ternura al ver su mirada sorprendida—. De alguna manera logré huir de mamá la cual siempre me insiste hasta el cansancio para que me lo corte.

— ¿Entonces quieres dejarlo crecer?

— Si, me gustaría tenerlo lo suficientemente largo como para incluso poder sujetarlo en una coleta.

— ¡Apuesto a quieres lucir como un rockero de los ochentas! —Exclamó con ojos brillantes, cerrando sus manos en puños con emoción—.

— Me descubriste.

Afirmé admirando lo bien que Dororo siempre parecía comprenderme. Dejó su emoción a un lado colocando su índice y pulgar en su barbilla haciendo un gesto pensativo, como haciéndose una imagen mental de cómo me vería con el cabello largo. Cuando pareció meditarlo lo suficiente me respondió con complicidad:

— Sí, creo que te verías bien con el cabello largo.

— Lástima que tú seas la única que apoya mi idea. —Contesté jugando entre mis dedos distraídamente con la servilleta que tenía anotada la "Canción de la hamburguesa" —. En la preparatoria no se puede llevar el cabello tan largo, a Mio tampoco le gusta.

— ¿En serio? —Inquirió entrecerrando sus ojos con reprobación—.

— Si, ella siempre dice que prefiere a los hombres presentables y con el cabello corto… A veces siento que espera que sea demasiado perfecto.

Apreté mis labios instintivamente al darme cuenta que había hablado de más. No era la primera vez que me pasaba algo parecido cuando estaba con Dororo, la jovencita de catorce años me hacía sentir tan cómodo y con tanta confianza a su lado que a menudo sin querer le confesaba algunos de mis pensamientos o preocupaciones más profundas. Era extraño, pero era la realidad, a veces le había hecho confesiones que ni siquiera le había dicho a Mio. Me vi obligado a continuar hablando despreocupadamente para que no se diera cuenta que esa última confesión me había hecho sentir mal:

— Como sea, no podré llevar el cabello más largo hasta graduarme de preparatoria.

— Pues yo opino que es tu cabello, y por ende tienes el derecho a usarlo como tú quieras. —Afirmó con sinceridad—. Si quieres llevarlo largo entonces hazlo, sin importar lo demás, debes hacer lo que te haga feliz y sentirte bien contigo mismo.

Esa jovencita era tan compleja y sorprendente, era una de las razones por las cuales era tan maravilloso estar a su lado, siempre de una u otra manera me dejaba asombrado. En un impulso y como para agradecer sus palabras me acerqué a ella y acaricié suavemente su cabeza.

— Siempre me estás apoyando, muchas gracias pequeña Dororo.

En cuanto sintió el tacto la mencionada levantó la vista, me mostró una radiante sonrisa y mirada dulce. Era un semblante que últimamente me había dado cuenta me hacía sentir inmensamente feliz.

Una melodía aguda y alegre comenzó a sonar de repente, Dororo sacó su móvil y tras ver la pantalla exclamó un tanto apurada:

— ¡Es mi alarma! Debo volver al departamento ahora mismo pues Tahomaru pasará ahí por mí para ir al cine.

— De acuerdo, vamos, te acompañaré.

Dororo se despidió de mí y subió las escaleras para dirigirse al departamento. Una vez me aseguré que ya estaba adentro me di la media vuelta para dirigirme a la parada de autobús y tomar uno para ir a recoger a Mio en su trabajo. Durante todo el camino una idea no se alejó de mi mente: "Dororo y Tahomaru juntos".

Si uno recordaba como cuando se conocieron se la pasaban discutiendo, sin duda era hasta imposible creer que ahora los dos fueran tan buenos amigos. Poco después de que comenzó mi relación con Mio noté como los dos comenzaron a llevarse mejor y salir más a solas.

Eso sin duda me daba gusto, Dororo era muy agradable y dulce, dado su carácter tan abierto le era muy fácil encajar en cualquier lugar, sabía que solo era cuestión de tiempo para que lograra ganarse el agrado de Taho y no me equivoqué. Mi hermano menor por otro lado, aunque fuera tan amable y educado no era una persona que le resultara tan fácil apegarse a los demás, en eso los dos éramos muy parecidos, por esta razón saber que ahora era un buen amigo de Dororo me hizo sentir feliz por él.

Sin embargo, lo conozco a la perfección, es mi hermano, no puede ser de otra manera. Aunque yo fuera muy distraído en ocasiones no pasó desapercibido para mí que Taho parecía tener sentimientos muy especiales por Dororo. Los sentimientos no pueden mantenerse ocultos por mucho tiempo, llega un momento que pasan a ser tan profundos que estos simplemente de un momento a otro terminan por explotar en tu pecho pues es una tortura mantenerlos ahí, eso lo sabía porque era justo lo que me había pasado con Mio.

Si era verdad que Taho estaba enamorado de Dororo, lo más seguro era que de un momento a otro terminara confesándose… ¿Qué pasaría entonces? Sentí una desagradable sensación de molestia pasarse por mi estómago al imaginarme a los dos juntos en una relación, al pensar que si eso sucedía de alguna manera eso me impediría pasar tiempo con Dororo.

Bajé la vista y moví mi cabeza de lado a lado como reclamándome a mí mismo por tener esos extraños pensamientos rondando en mi cabeza. Taho era mi hermano menor, era una de las personas más importantes en mi vida, yo lo adoraba. Por otro lado, Dororo era una persona maravillosa, cualquiera se sentiría orgulloso de que su hermano tuviera una novia como ella. Solo quería la felicidad de ambos, y si de alguna u otra manera la encontraban juntos entonces eso me haría sentir dichoso por ellos. Aun así, por más que lo pensaba y trataba de convencerme a mí mismo… ¿Por qué no podía sentirme genuinamente feliz al pensar en ellos como pareja?


Revisé minuciosamente mi mochila mientras me dirigía al departamento de Dororo. Adentro se encontraba un pequeño ramo con dos girasoles (sus flores favoritas) y a su lado una caja con chocolates de diversos sabores.

— "Muy bien, hoy será el día, no hay marcha atrás. —Pensé regresando la vista al frente con determinación—. Hoy será el día en que le confiese mis sentimientos a Dororo".

Repasé el plan en mi cabeza: Tras ver la película que ya teníamos meses esperando la acompañaría de regreso a casa, al despedirnos le hablaría de mis sentimientos por ella y le daría mis regalos. No podía fallar, era el plan perfecto.

Subí rápidamente las escaleras pues me moría de ganas de verla otra vez, haber estado lejos de ella durante las vacaciones de verano había sido como una tortura. Toqué el timbre, al oír sus suaves pasos acercándose a la puerta mi corazón comenzó con su violento latir a causa de la emoción.

— ¡Hola, Tahomaru! Puntual como siempre…

Me saludó con una enorme sonrisa, al verla me quedé boquiabierto por un momento. Esa infantil niña que había conocido hace poco más de un año había desaparecido, ahora frente a mí estaba una jovencita que se veía aún más hermosa que antes.

Mis ojos fueron bajando lentamente examinándola minuciosamente, su cara ya no se veía tan aniñada, su pecho era más grande, tenía una cintura bien formada y caderas muy agradables a la vista, sus piernas eran más largas pues había crecido bastante. Antes de las vacaciones de verano Dororo me llegaba a la altura del pecho, ahora me llegaba casi a la barbilla.

— ¿Qué no piensas saludarme, Cangrejo grosero? —Inquirió en un tono juguetón—.

— ¡Ah sí, lo siento! —En verdad me había embobado tanto al verla que olvidé mis modales—. Hola Dororo, es bueno verte otra vez ¿Qué tal las vacaciones?

— Pues tú me dirás…—Respondió apoyando sus manos en las caderas y mirándome con atención— ¿Notas algo diferente?

— No lo sé… ¿Qué será? —Me hice el tonto para molestarla a propósito—.

— ¿Ahora además de cangrejo también eres ciego? —Se quejó inflando sus mejillas con molestia—.

— Tranquila, solo era una broma. —Aclaré entre risas, apreciando embelesado sus redondas mejillas—. Por fin creciste algo.

— ¡Exacto, mira!

No me esperaba lo que vendría a continuación. Se acercó peligrosamente a mí, quedamos a tan solo centímetros de distancia. Mi cuerpo se tensó al instante, su hermoso rostro estaba ahora tan cerca del mío que incluso podía sentir su suave respiración en mi cuello.

— Soy mucho más alta ahora, así que retráctate y di que ya no soy una enana. —Exclamó con orgullo—.

— Odio admitirlo, pero tienes razón… Ya no eres más una enana pues ahora me llegas a la barbilla.

Le mostré una sonrisa traviesa y tomé su barbilla, levantando su cara de esta manera. Nuestras miradas se encontraron, hice mi mayor esfuerzo por verla de una forma profunda y cariñosa, esperando que de alguna manera una parte de mis sentimientos pudieran llegarle de esta forma.

Los ojos de Dororo se abrieron de par en par, en cuanto sintió el tacto de mis dedos en su barbilla sus redondas mejillas se tiñeron levemente de rojo, entreabrió sus rosados labios como para responder, aun así, ningún sonido salió de su garganta. Permanecimos de esta manera por unos cuantos segundos más cuando pareció reaccionar y se alejó rápidamente de mí dándome la espalda.

— E-exacto…—Habló finalmente con voz visiblemente nerviosa—. Por lo tanto, queda prohibido que me digas enana de nuevo ¿de acuerdo? —Comenzó a encaminarse a la salida del departamento— ¡Oh! Y también me dijiste que te cambiarías ese ridículo peinado cuando dejara de ser tan enana, así que ya puedes hacerlo.

— Eso nunca va a pasar… Aun sigues siendo más baja que yo ¿sabes? —Me burlé con tono presumido caminando detrás de ella—.

Al escuchar mis palabras volteó a verme con gesto ofendido, sin embargo, en cuanto vio como le sonreía con cariño relajó su semblante y pasó a reírse en voz alta, esa hermosa risa que era un deleite poder escuchar.

La salida pasó sin mayores contratiempos, tal como debía hacerlo un hombre educado y caballeroso, según las enseñanzas de mamá, acompañé a Dororo de regreso a su departamento. Bajamos del metro y nos encaminamos al complejo de departamentos mientras ella no podía dejar de hablar llena de entusiasmo de la película.

— "¡El contrataque de los alien zombies" fue simplemente asombrosa! ¿¡No lo crees así, Tahomaru!? ¿¡Verdad que fue asombrosa!?

— Por supuesto. —Respondí con alegría, siendo contagiado por su emoción—. Fue una excelente secuela, valió la pena esperar tantos meses para verla.

— ¡Era obvio que así sería pues la uno fue espectacular! Todo el maquillaje de los alien zombies, las explosiones, las armas, las naves. —Continuó extasiada, moviendo vigorosamente sus manos de un lado a otro— ¡Superó mis expectativas!

— También las mías. —Comenzamos a subir las escaleras para llegar al departamento—. Apuesto a que habrá una tercera parte.

— ¡Claro, no lo dudes! ¡Ashley y Albert se quedaron varados en ese extraño planeta! ¡Tiene que haber una secuela! ¡No nos pueden dejar con esa duda!

Me fue imposible no reír en voz baja a causa de la ternura que me causaba verla hablar y actuar de esa forma tan entusiasmada. Dororo simplemente me cautivaba siempre con cualquier cosa que dijera o hiciera.

— ¿Qué es tan gracioso? —Preguntó a la defensiva mientras llegábamos a la entrada del departamento—.

— Ah, perdón, no me burlaba de ti si es lo que piensas. —Aclaré mostrándole una cálida sonrisa—. Solo pensé que te ves muy linda cuando actúas de esa manera.

— ¿C-como que linda? —Preguntó tratando de parecer indiferente, cuando en realidad la vergüenza la atacó, haciéndole incluso bajar la vista con su rostro sonrojado—. No digas esas tonterías, Tahomaru…

— No digo más que la verdad. —Insistí sin dejar de mirarla con cariño—.

Por fin levantó su vista y me dirigió una tímida mirada. Maldita sea ¿por qué tenía que ser tan hermosa? Apenas y podía controlar mis deseos de estrecharla entre mis brazos mientras me miraba así. No podía más, ya no soportaba mis deseos de estar con ella, tenía que decirle mis sentimientos de una vez por todas.

— Dororo…—La llamé con inseguridad, mi voz había salido más baja de lo esperado—Debo decirte algo muy importante… La verdad es que yo…

— ¡Es cierto! ¡Casi lo olvidaba! —Gritó de pronto con voz fuerte, interrumpiéndome. Rápidamente se giró y abrió la puerta con desesperación—¡Ven, Tahomaru! ¡Debo mostrarte algo!

Aunque aún me sentía decepcionado por saberme interrumpido me vi obligado a hacer esos malos sentimientos a un lado y seguirla en silencio. Volvió a hablarme esta vez con tono animado al llegar a la sala.

— ¿Recuerdas que te conté que había entrado al club de artes plásticas de la escuela?

— Si, lo hiciste al inicio de este ciclo escolar ¿o no?

— Así es, la semana pasada logré hacer mi primera escultura con plastilina y quería que la vieras… ¡mira!

Se hizo a un lado y reposando en un plato desechable en la mesa pude verla, era la perfecta réplica de la Gibson negra de mi hermano mayor. Dororo dirigió su vista con orgullo a su escultura y prosiguió:

— La profesora me recomendó que intentara primero con un modelo inerte, por eso al ver la guitarra de Hyakkimaru pensé que era lo apropiado. Su guitarra siempre me ha parecido tan elegante y sofisticada que me moría de ganas por hacer una escultura suya.

Mi corazón se estrujó de dolor al observar la manera en que Dororo veía la escultura de la guitarra. Una mirada sumamente dulce, llena de cariño y aprecio, esa era la mirada que Dororo siempre le dedicaba a mi hermano, o a cualquier cosa que estuviera relacionada con él.

— Es una escultura asombrosa, Dororo. —Le respondí de la forma más sincera que me era posible—. Tal parece que has descubierto otro gran don, eres toda una artista.

— ¿En serio crees que quedó bien? —Preguntó un tanto insegura—.

— Por supuesto, es idéntica.

— Gracias, quería que fueras el primero en verla, tu opinión es importante. —Me confesó con una tímida sonrisa—. Mi siguiente escultura será de tu bajo ¡prometo esforzarme para que quede lo mejor posible!

— Sé que te quedará maravillosa. —Respondí forzando una sonrisa—¿mi hermano ya vio esta escultura?

— No, se la mostraré la siguiente vez que venga por aquí.

— Se volverá loco cuando la vea, estoy seguro que le gustará mucho. Que no te extrañe si intenta quedarse con ella o algo así.

— ¿Quién? ¿Ese maniático obsesionado con las guitarras? Claro que no, eso nunca pasará…

Reímos a carcajada suelta tras su comentario sarcástico. Cuando mi risa se apagó el dolor volvió a invadir mi corazón, motivo por el cual me despedí de ella con la excusa de que tenía mucha tarea que hacer. Al llegar a casa tiré el ramo de girasoles en el bote de basura y dejé la caja con chocolates en la mesa de la sala principal. Hyakkimaru, madre o alguno de los sirvientes se los comería, en realidad no me importaba, solo sabía que ya no quería verlos.

Me encerré en mi habitación, prendí el estero en volumen alto y la canción "Without You" de Tobias Jesso Jr. comenzó a sonar.

— Why can´t you just love me? Should I move on or should I wait? How´d you get so high above me?...

Comencé a cantar en voz baja mientras hundía la cara en mi almohada ¿Cuántas veces hacía ya que esa escena se repetía desde que había descubierto mis sentimientos por Dororo? No sabía que era más patético, que no pudieran dejar de repetirse o que ya hubiera perdido la cuenta.

La escena había sido la misma por ya casi un año. Decidía armarme de valor para confesarme, le compraba lindos obsequios, pero nunca lograba hacerlo. Algunas veces se debía a mi propia cobardía, me aterraba la idea de pensar que al confesarme todo se arruinaría, nuestra divertida amistad terminaría si sabía de mis verdaderos sentimientos, y esto era porque muy en el fondo de mi corazón lo sabía, sabía que Dororo no me amaba a mí, sino a mi hermano mayor.

Si bien era cierto que la actitud de Dororo hacia Hyakkimaru había cambiado considerablemente meses después de que este iniciara su relación con Mio, si uno prestaba la suficiente atención podía darse cuenta que los profundos sentimientos que Dororo tenía por él seguían ahí.

En efecto, una parte era cobardía, era el temor de romper el equilibrio que habíamos logrado entre los cuatro, otra parte, sin embargo, se debía a que sabía mejor que nadie que por más que lo intentaba, parecía que mi amor nunca sería correspondido.

— "No puedo entenderlo, Dororo…—Continué con mis reflexiones mientras el estéreo cambiaba a otra canción de desamor—Hyakkimaru está con Mio ¿por qué no puedes olvidarlo? ¿Qué tiene mi hermano mayor que yo no tenga? ¿Por qué no puedes amarme a mí?"


La tienda de ropa en donde trabajaba Mio estaba ya a unos cuantos pasos. Miré con cierto apuro el reloj de mi móvil, al ver la hora suspiré con alivio, aún faltaban diez minutos para que dieran las cinco de la tarde.

— "Bien, estoy a tiempo. Mamá siempre dice que no está bien hacer esperar a una mujer, nunca haré esperar a Mio".

Pensé sintiendo la alegría llenar mi corazón al darme cuenta que dentro de poco vería a mi dulce Mio de nuevo. Como siempre lo hacía desde que habíamos iniciado nuestra relación la esperé debajo de un árbol cercano. Mientras los minutos pasaban observé las notificaciones en mi móvil, al mirar la fecha me percaté de algo importante: estaba exactamente a un mes de cumplir un año de relación con ella.

— "Un año no es cualquier cosa… ¿verdad? Debo regalarle algo sumamente especial para esa fecha ¿pero que podrá ser? Ya le he escrito algunas canciones, le he regalado ropa y maquillaje, pero no puedo volver a regalarle lo mismo ¿Qué estaría bien?"

Odiaba ser tan distraído y despreocupado para ese tipo de situaciones, pero era algo que simplemente no podía evitar, me costaba mucho prestar atención a los gustos de los demás.

Era por esta razón que Taho a menudo bromeaba diciendo que le parecía un milagro que hubiera logrado durar más de un mes con Mio, siendo que en cuanto expresar mis emociones o comprender los sentimientos de los demás era como un robot. Sabía que él no lo decía con el afán de molestarme, lo hacía por mi propio bien esperando que lograra entender las cosas por mi cuenta.

Me había esforzado mucho siendo un buen novio para ella, y los obsequios que le había dado hasta ahora habían sido gracias a los consejos de Taho y Dororo, si no hubiera sido por ellos estoy seguro que mis intentos habrían resultado en fracasos.

— "Supongo que tendré que salir de compras con Dororo o Taho para escoger el regalo apropiado".

Pensé cruzándome de brazos, sintiéndome un poco decepcionado de mí mismo. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando vi a dos mujeres salir de la tienda de ropa y dirigirse hacia mí con rapidez. Solté un profundo suspiro de fastidio, preparándome mentalmente para lo que me esperaba.

— Oh Hyakki-kun, que gusto verte por aquí.

— Estás esperando a Mio-chan, ¿verdad?

— Buenas tardes Naoko-san, Haruhi-san… Así es, vine a recoger a Mio el día de hoy. —Respondí lo más educadamente que podía—.

— ¡Mio-chan sí que me da envidia! —Continuó Haruhi con tono coqueto—. Tiene un novio tan apuesto y atento como tú.

— Es cierto, ojalá fuera Mio para poder estar contigo. —Habló esta vez Naoko devorándome con la mirada—.

Solo pude desviar la vista con incomodidad haciendo de cuenta como si no hubiera escuchado nada. Cuando esperaba a Mio y estas dos compañeras suyas estaban en la tienda siempre salían para coquetearme descaradamente. No sabía lo que era peor, que me coquetearan a pesar de que sabían perfectamente que Mio era mi novia o que me molestaran a pesar de que eran mayores que yo, Naoko portaba incluso ya un anillo de compromiso.

Nunca pude entender ese comportamiento de muchas personas ¿Por qué engañar a tu pareja si eras feliz a su lado? Cierta vez recuerdo que se lo pregunté a Saburota, si bien era cierto que él nunca había tenido más que amoríos de una noche, nunca pude entender porque nunca se había decidido por estar en una relación estable con una mujer.

"¿Para qué estar con una sola mujer si puedo estar con diez en dos semanas?" Recuerdo que me respondió entre risas. Respetaba su manera de vivir, a final de cuentas era algo en lo que no me correspondía meterme, sin embargo, no concordaba con su forma de pensar.

Yo amaba a Mio y sin importar cuantas veces esas dos mujeres me ofrecieran una aventura de tan solo una noche nunca les haría caso, sin importar las circunstancias, nunca le sería infiel a mi novia.

— ¡Hyakkimaru! —Escuché la dulce voz de Mio y segundos después llegó a mi lado, mostrándome esa hermosa sonrisa que de inmediato tranquilizaba mi alma—. Lo siento, vino un cliente a última hora ¿me esperaste mucho?

Mio enroscó sus dos brazos en el mío y me jaló hacia ella, juntando de esa manera nuestros hombros.

— Casi acabo de llegar, no te preocupes.

— Mio-chan, hoy saldrás con Hyakki-kun ¡que afortunada! —Le dijo Naoko con una enorme sonrisa—.

— Diviértanse mucho, hacen una hermosa pareja. —Continuó Haruhi con dulzura—.

— ¡Si! ¡Muchas gracias Naoko-san, Haruhi-san! Nos vemos mañana.

Nos despedimos de ellas y tras dar la media vuelta tomamos camino rumbo al restaurante de ramen. En verdad las personas tan hipócritas como ellas me hacían revolver el estómago, ante todo yo apreciaba la honestidad y sinceridad, por eso si me era posible prefería evitar a esas dos desagradables mujeres.

Volteé a ver a Mio a mi lado, al percatarse de mi mirada esta me depositó un corto beso en mi mejilla y me sonrió con cariño. Agradecía tanto el amor de Mio, estaba seguro que ella siempre sería sincera y honesta conmigo, ella nunca me mentiría ni me lastimaría.

— ¿No vas a comer, Hyakkimaru? —Me preguntó mientras separaba los palillos para comenzar a comer su ramen—Solo pediste un poco de té negro y un pan al vapor.

— No, no tengo hambre. Comí una hamburguesa con Dororo antes de venir aquí.

— ¿En serio? Dijiste que hoy comeríamos juntos…

— Había una oferta de dos por uno en hamburguesas en "Happy Food", además, me pareció grosero no acompañar a Dororo.

— Si, tienes razón…—Por un breve momento Mio desvió su vista, me pareció extraño notar algo de incomodidad en su mirada, sin embargo, solo fue por unos segundos pues al continuar hablando sus ojos volvieron a apreciarse tranquilos —: ¿Y qué tal estaban las hamburguesas?

— Deliciosas, como siempre…

Seguimos charlando por un buen rato más cuando la tranquilidad del momento se rompió. Mio se acercó a mí y enredó sus dedos entre mis cabellos, me habló con un tono un tanto autoritario:

— Hyakkimaru, tu cabello está muy largo ya ¿no piensas cortarlo?

— Lo dejé crecer durante las vacaciones, quería ver que tanto crecía…

— Bueno, pues deberías cortarlo en cuanto puedas antes de que te metas en problemas en la escuela. —Prosiguió alejándose de mí, mirándome con interés—. Además, ya sabes lo que dicen, los hombres con un buen corte de cabello se ven más presentables y guapos.

— Si, supongo tienes razón… Tal vez lo deje crecer cuando ya vaya a la universidad.

— ¿Y eso por qué? —La voz de Mio salió demasiado incoforme para mi gusto—.

— Quiero dejarlo crecer, eso es todo…

— No creo que sea adecuado para ti, pero si eso es lo que deseas…

Mio frunció sus labios y bajó la vista, enfocándose demasiado en revolver su tazón de ramen. Su voz no había sonado muy convencida, más bien fue como si hubiera querido darme por mi lado. Yo tampoco fui capaz de responder nada, le di un corto sorbo a mi té sintiendo cierta inseguridad en mi corazón.

Su opinión me lastimó. Podía estar seguro que, si algún día Mio llegara hacia mí con un extraño corte de cabello muy extravagante, aunque no me gustara yo la apoyaría y le daría el visto bueno, porque ella estaba en su derecho de hacer con su aspecto lo que quisiera… ¿por qué no podía hacer lo mismo conmigo? ¿Qué había de malo en que usara el cabello largo? No podía entenderlo.

— P-puedo ayudarte a escoger un corte de cabello que se te vea muy bien, podemos hacerlo mañana que tengo el día libre.

Dirigí una rápida mirada a ella, Mio me miraba con nerviosismo forzando una dulce sonrisa. Al parecer intentaba remediar su comentario de hace un momento.

— Lo cortaré como siempre, no te preocupes.

Por mi parte le mostré una dulce sonrisa y le di un pequeño mordisco a mi pan al vapor. El silencio se cernió ante nosotros como una pesada nube gris durante un largo rato, el ambiente de un momento a otro cambió a uno tenso e incómodo. Mio intentó alejarlo comenzando a charlar de nuevo:

— ¿Sabes? Ahora que pasé las vacaciones de verano en mi pueblo natal vi ropa muy hermosa, incluso vi una camisa que estoy segura se te vería espectacular para las presentaciones de Rainbow Tears…

La escuché en silencio fingiendo interés. Cuando inicié mi relación con Mio en un principio todo era maravilloso, estar a su lado era como morir de felicidad cada día. Sin embargo, conforme pasó el tiempo me fui percatando que los intereses que teníamos en común eran muy pocos, haciendo que los temas de conversación de poco a poco se vieran reducidos de manera considerable.

Debía soportar sus monólogos de ropa y ella mis monólogos de música, pero… ¿supongo que estaba bien o no? Supongo que eso debía hacer, ¿verdad? ¿no era eso lo que los novios debían hacer? Por un breve momento un fugaz pensamiento cruzó por mi cabeza, un pensamiento que me sorprendió e hizo saltar a mi corazón en mi pecho… El pensamiento de que en lugar de estar hablando con Mio de ropa sin duda hubiera preferido estar con Dororo en el cine en ese momento.

Continuará