Su corazón latía tan rápido que pensó que en cualquier momento se saldría de su pecho, las moles de sensaciones que estaba sintiendo en ese momento la hacía replantearse varias cosas.
Elsa tiembla, y Anna acaricia su cintura con calma y paciencia. Sonriendo en los suaves labios de Elsa, Anna les da un suave y pequeño mordisco. La reina da un pequeño gemido ante esto, y Anna se separa asustada.
– ¿Estás bien? – Murmura, encontrándose un poco sin aliento, igual a Elsa también.
– Mm-hmm.– Responde Elsa, con el rostro enrojecido.– Solo sentí un cosquilleo...
– ¿Donde?
– Aquí...
Ella extiende una mano tímida para tocar su vientre. Anna sonríe y se inclina para tocar sus frentes.
– Yo también lo sentí. ¿Sabes lo que significa eso, Elsa? – La albina negó.– Significa que lo estás haciendo bien. No está mal para tu primera vez.
– ¿Podemos...? Por favor...
Las manos temblorosas de Elsa se aprietan y se abren con un deseo tácito.
– O-otra vez.– tartamudea, y la historiadora, obligada por su entusiasmo, decide besarla con más firmeza, presionando sus cuerpos más cerca.
Elsa jadea contra su boca. Sus manos se ciernen con incertidumbre sobre el pecho de Anna, por lo que la pelirroja las toma una por una y las guía alrededor de su espalda, donde se aferran firmemente al cuello de su camiseta. Sus propias manos descansan sobre las caderas de la reina, pero luego los suaves suspiros de Elsa la envalentonan y ella arrastra sus manos hacia arriba y hacia abajo por los costados de la ropa de Elsa. La albina parece disfrutar eso, respondiendo con un gemido.
A pesar de que no hiciera calor allí, Elsa se siente demasiado caliente, su cuerpo quema. Una gota de sudor se desliza desde su frente.
Anna, incapaz de contenerse por más tiempo, mueve sus dientes suavemente sobre el labio inferior de la reina, pasando también su lengua. Los labios de Elsa están fríos y tienen un sabor a chocolate.
Elsa gime y se estremece de nuevo, pero no retrocede, y Anna toma eso como una invitación. Se desliza dentro para separar los labios fríos de Elsa con su lengua. La albina se ofrece tentativamente, inclinando la cabeza para permitirle a Anna un mejor acceso. Para su agradable sorpresa, no hay lenguas congeladas en el proceso.
El corazón de Anna late con furia, su mente nublada por una neblina de deseo e incredulidad ante toda la situación. Ella es levemente consciente de la humedad en sus manos. ¿Realmente podría estar sudando tanto? Ella abre los ojos para echar un vistazo.
– Mmmm - mmpph... Elsa...
Anna gime, y Elsa cede, parpadeando.
– ¿S-sí?
Anna da una risa sobresaltada.
– Tu, eh... ¿Hace mas calor aquí o soy yo?
Elsa, ante la situación, se encontraba completamente roja. Peino su cabello en intento de calmar aquellas nuevas sensaciones que se habían alojado en su pecho y vientre. Con temor, sus temblorosas manos, sujetan las de Anna para sacarla de allí.
Salieron del castillo sin decir nada, ni siquiera recordaban porque demonios habían ido. El beso las dejó con la mente en blanco, sobre todo a la reina, la cual seguía procesando aquello. Había besado a alguien y ese alguien era una mujer. Quiso imaginar que podrían decir sus padres si hubieran estado allí, ¿Y Annelise? Su hermana menor la habría apoyado en todo, después de todo, siempre decía que debía seguir a su corazón y no tanto a su cabeza.
Cuando llegaron, Anna estaba por introducir las llaves, pero las manos de Elsa la sujetaron de las mejillas para que volteara y unieran sus labios una vez más. Anna, sorprendida por aquella repentina acción, dejó caer las llaves para abrazarla por la cintura, inclinando su cabeza para poder seguir el torpe beso que Elsa estaba dando.
Un ladrido desde adentro las hizo separarse, la historiadora recogió las llaves y las introdujo, girando dos veces para entrar. Olaf se encontraba arriba ladrando a quien sabía que, pero un estruendo las hizo caer en la cuenta de que estaban robando. Anna salió disparada escaleras arriba, dejando a la albina allí abajo y con su teléfono móvil.
– ¡Llama a la policía Elsa!
Había dicho Anna antes de dejarla allí, sin saber cómo hacerlo, la reina encendió el aparato y este comenzó a vibrar sin cesar, asustándola. Elsa lo soltó chillando de miedo, no dudó en salir corriendo para socorrer a Anna.
– ¡Hey, detente!
El desconocido estaba rebuscando entre los libros de la pelirroja, causando una gran cólera en Anna. ¡Nadie tocaba sus libros y los desordenaba! ¿Quien se creía? ¿Por que estaba...? Sus preguntas fueron respondidas cuando el ladrón sujeto el libro que se habían llevado del castillo.
– ¡Alto, eso no es tuyo!
Pero los gritos de Anna no lo detuvieron de llevarse, aún así, Anna se adelantó y sujeto de un extremo, tirando del mismo para evitar que se lo llevara.
"Crack... Crack..."
El libro se partió en dos, Anna cayó sobre su trasero sujetando el extremo que había logrado llevarse, mientras el ladrón se chocó contra la pared y decidió salir por la ventana al ver a la albina llegar con el perro delante de ella.
Olaf intento morderlo, pero fue más rápido aquel intruso. Elsa ayudó a la historiadora a levantarse y verificar que estuviera bien. Sus ojos se fueron directo a las hojas y tapa del libro. Algo en ella se removió al verlo en aquel estado: roto, partido en dos.
Anna suspiro déjanoslo sobre la cama para acercarse a la ventana y verlo huir de su casa. Sus manos se aferraron al borde y gruñó mientras se alejaba de allí para buscar su teléfono.
– ¿Llamaste? – Elsa negó.– ¡¿Como que no?! ¡Elsa nos robaron! ¿Por que mierda no lo hiciste?
Vio como su labio tembló, el descenso de temperatura se hizo presente y Anna se sintió verdaderamente mal por haberle gritado de esa forma a la albina.
– E-elsa... como lo siento, yo no...
La albina negó, dándole un intento de sonrisa antes de alejarse un poco de ella.
– Está bien, es entendible tu enojo. No hice nada para detenerlo y perdimos una parte del libro, creo que si tengo la culpa en parte y...
Anna acuno su rostro y negó, pasando su dedo pulgar por las pálidas, pero sonrojadas, mejillas de la albina. Dio un casto beso en sus labios y se separó.
– No es culpa de nadie, solo de ese sujeto.– Aclaró la historiadora tronando sus dedos.– Se metió con las vidas equivocadas.
Eso solo causó una risa en la albina, la cual cubrió sus labios con su mano.
– Ven, iremos a denunciar el robo y luego buscaremos como seguir.– Hablo Anna.– No me detendré hasta saber cómo ayudarte Elsa, es mi misión... Y soy demasiado exigente conmigo cuando me lo propongo.
Sus manos se juntaron y Elsa permitió ser guiada por Anna nuevamente fuera de la enorme casa. Intentando guiarse por los carteles, dado que el teléfono de la pelirroja había sufrido un accidente y dudaba mucho que sirviera en ese momento.
– Oye, Elsa... – Llamó.– Si quieres... Podríamos... Ya sabes, tú y yo cenar juntas...
– ¿Acaso no cenamos siempre juntas? – Preguntó con confusión la albina.
Anna negó, relamiendo sus labios al ver que no había entendido.
– Me refiero a tener una cita, cenar juntas en otro lugar.– Explicó.– ¿Que dices?
Los labios de Elsa formaron una "o" cuando comprendió el pedido de Anna.
– Que me encantaría.
