Bajo una nube

Ese día en particular le había ganado a su alarma, y había despertado con el estómago revuelto sin motivo aparente, creía ella. En lo absoluto tenía que ver su llamada de la noche anterior con los retortijones que su estómago estaba experimentando en esos momentos, se decía a sí misma. Se revolcó en la cama un par de veces, enredándose entre las sábanas, queriendo hacer desaparecer el dolor.

Con dificultad se levantó y arrastró sus pies hasta el botiquín localizado en el baño. Tomó un frasco de plástico, y después de varios intentos logró destaparlo. Sacó dos pastillas de este y se las pasó con la misma agua de la llave del lavabo. Al levantar su rostro observó lo que parecían ser rastros de un par de lágrimas secas. ¿Otro mal sueño…?

Se echó agua en el rostro, y se despidió de sus propios pensamientos, de su crítico menos complacido.

Todo iba bien, no perfecto, pero de cierta forma mucho mejor. Si sólo la iba a tratar así, ¿para qué se molestaba en llamar? Tan serio, tan seco, tan desatendido de ella, tan olvidada y rechazada…

No, no era cierto.

Estaba alterada, se sentía molesta… ¿hacia ella misma? ¿hacia sus padres? ¿ante la situación? No estaba segura, tal vez una combinación. Sentía enojo dentro de ella, pero también tristeza ¿Por cuánto tiempo más seguiría así? Nadie lo había deseado así. Pero el simple hecho de contemplar esos pensamientos de cuestionamiento en su arrebato de enojo la llenaron de vergüenza. Su padre estaba bien, y su madre… ella también lo estaría.

Entonces empezó a contar lentamente al salir del baño.

"1…" Necesitaba respirar hondo, "2…" tranquilizarse, "3…" y apaciguar el miedo y la incertidumbre que la empezaban a asfixiar. En general, deshacerse de esa negatividad matutina que hacía bastante tiempo no la abrumaba. No era forma de empezar el día. Hoy sólo sería disfrutar y relajarse, un par de fotos con sus amigos, junto a nuevos recuerdos por atesorar. "Amigos…" pensó. ¿E Ino? De ella seguía sin saber nada, y aunque no quería sentirse apagada, el sólo recuerdo de ella le daba nostalgia.

–Listo –dijo en voz baja y tranquila.

Había finalizado su ejercicio de respiración, y con él se habían disipado un poco aquellos sentimientos de culpa y enojo que querían quebrantarla. Volvía a ser ella misma, con la cara alegre y los ánimos elevados. Llevaba una pequeña mochila colgada en sus hombros, y una pequeña maleta color rojo de ruedas sosteniéndola con la mano de la manija. Estaba lista para marcharse. Bajó con cuidado las escaleras, un escalón a la vez. No llevaba prisa, todo lo contrario, llevaba muy buen tiempo.

Afuera en la banqueta, recargado en un poste de electricidad, con una mano guardada en el bolsillo de sus pantalones y la mirada clavada en el móvil que sostenía en la otra, la vio pasar frente a él, cual nube de vapor fugaz. Un segundo estaba ahí, y en un pestañeo le había pasado de largo, dejándolo atrás. La misma sonrisa de antes, y los mismos ojos expresivos de siempre. ¿Acaso había llorado?

Y de entre el tumulto de la gente mañanera caminando por las calles, le vio desaparecer entre el montón, siendo su distinguible cabellera rosa lo último que sus ojos alcanzaron a divisar.

Ganas de saludarla y alcanzar a abrazarla le sobraban, sin embargo, sabía que aún no podía. No era el momento adecuado, aún faltaba un poco para dejarse llevar por ello. Tal vez bastante.

Les habían dicho que su estancia sería en unas cabañas resguardadas entre las montañas, a dos horas y media de la escuela, siendo su último viaje como generación. Habían repartido el itinerario, el cual indicaba todas las actividades que tendrían y el tiempo libre que se les daría.

Con la barbilla reposada en la palma de su mano y la cabeza recargada en la ventana, ocasionalmente le echaba vistazos a su teléfono móvil, sólo para después regresar su mirada desganada al paisaje que ya empezaba a tornarse rural.

–¿Cansada? –le preguntó Sasuke mirándola de reojo, mientras buscaba algo en la mochila que llevaba con él sobre sus piernas.

–No –dijo ella sin ningún intento por cambiar sus ánimos, con la vista aún perdida en la carretera.

La culpa que sentía debido a aquella pequeña rabieta por la mañana empezaba a roerle la conciencia. "Me comentó Kushina que tendrías un viaje este fin de semana por parte de la escuela". La señora Kushina… era demasiado generosa y adorable. Era comprensible y amorosa, era lo que deseaba tener.

–Sakura…

No, así no eran las cosas. Por supuesto que estaba agradecida con sus padres, pero había momentos en los que los extrañaba bastante. Sabía que estaba demasiado grande como para no poder comprender, que la sola idea de aquel berrinche infantil la avergonzaba y la hacía encoger al caer en cuenta que se estaba dejando llevar por sus impulsos emocionales. Ella no era una malcriada, ni mucho menos mal agradecida con sus padres. Ella los adoraba, y ellos… ellos le querían, indiscutiblemente.

–¿Sakura?

–¡Sí! – se giró a verlo exaltada al sentir apenas las puntas de los dedos que le tocaba el hombro.

–Tranquila, –le respondió Sasuke mostrándole una caja en color rosa claro, un poco más grande que su mano –te decía que Itachi ayer llegó a la casa con una bolsa llena de Pokis. Al parecer los de fresa estaban en especial.

–Itachi-sensei tiene finta de que no le agrada mucho lo dulce… –comentó Sakura tomando la caja –Gracias –le dijo abriendo el empaque –¿gustas?

–Prefiero los de té verde –le respondió sacando una caja de aquel sabor de entre sus pertenencias en la mochila.

"¿Ya comiste?... Anda, siéntate. Te preparo algo de comer. No acepto no por respuesta" Sakura se preguntaba qué era tener un hermano tan atento como Itachi-sensei, y hasta quería negar que no envidiaba a su amigo. Era tan paciente y amable, sin contar con esa aura protectora que siempre portaba. Porque lo más parecido que ella había llegado a tener era muy diferente a Itachi-sensei.

–Por cierto, –habló Sakura después de haber masticado los largos palitos de pan cubiertos en un glaseado rosado –le traje galletas a Itachi-sensei. Pensé que vendría en nuestro autobús –dijo algo desanimada, queriendo esconder un puchero de derrota.

–¿Sólo a él? –pero al instante Sasuke se arrepintió, pues no estaba seguro si lo había pensado o lo había dicho.

Empezó a toser debido a que varios pequeños palitos no los había terminado de masticar bien y se atoraban en su garganta. Se enderezó de su asiento, y se cubrió su boca con la parte interior de su codo, tosiendo.

–¡Ten Sasuke! –le ofreció Sakura una botella de agua ya abierta.

El muchacho se la arrebató a la pelirrosa de la mano y se la empinó. Al acabarse la mitad de la botella se la entregó a su amiga y se secó sus labios con el nudillo de su mano. Se había agitado tanto que hasta su rostro se había enrojecido, juntándose con su bochorno. Y mientras recobraba su respiración con la cabeza gacha y ambos brazos flexionados y apoyados en sus piernas, sólo escuchaba cómo Sakura le comunicaba al resto de los estudiantes que había sido una tos que con el agua se le había pasado.

–¿Te sientes mejor? –le preguntó la pelirrosa con algo de preocupación, cerrando la botella y guardándola en su mochila.

–Sí, –respondió enderezándose en su asiento –estoy bien.

–Qué bueno… –dijo aliviada Sakura soltando un suspiro –Pero mira, estás tan rosa como mi pelo.

La muchacha tomó un mechón de su cabello suelto y lo sobrepuso en la frente de Sasuke, causándole cosquillas a él, y haciendo que ella le sonriera por el color tan parecido. Él giró su cabeza y la recargó en el respaldo del asiento, tenía la mejilla recargada en el nudillo de su mano, y su brazo flexionado descansaba sobre el metal que hacía de brazo al asiento. No quería ver más a Sakura, porque entre más le decía ella, más le aumentaba el tono al rostro de él.

–Hmp… –masculló él.

–El rosa te va bien –le comentó Sakura retirando el mechó de la cara del pelinegro para continuar comiendo Pokis, observando el paisaje ya algo montañoso y con árboles, resguardando todo el camino.

Al igual que la mayoría de los estudiantes, el resto del viaje ambos sucumbieron a el inevitable sueño al ser mecidos durante todo el camino.

Lo primero había sido desabordar el autobús, sacar el equipaje y asignar cierto número de estudiantes a cada cabaña, y por cada cabaña un adulto, y evidentemente divididos por género. Después fue hora del almuerzo, a eso de alrededor de las once y media de la mañana. Una hora sería suficiente para disfrutar del delicioso y variado bufé, de estilo occidental y comida tradicional japonesa.

Grilled cheese sandwich… –murmuró Sakura con cara sonriente y un brillo en los ojos, sosteniendo su plato en ambas manos, yendo a formarse para hacer fila y poderse servir.

–¿Te gustan los sándwiches de queso, Sakura? –le preguntó Hinata detrás de ella, curiosa al ver la alegría con la que la pelirrosa se expresaba de aquel sencillo emparedado.

–¡Sí! –le respondió ella moviéndose a los lados, tratando de calcular cuantas personas estaban frente a ellas y si alcanzaría a probarlos.

Hinata y Sakura habían sido asignadas a la misma cabaña, junto a la compañía de otras seis muchachas, con su respectivo adulto a mando, Konan-sensei.

–¿Y a ti te gustan, Hinata? –le cuestionó la pelirrosa volteando atrás para verla.

–Saben rico, pero casi no los como –le dijo apuntando al frente de la fila, indicándole que avanzara.

Les había llegado el turno de servirse, pero las personas en frente de ellas se habían acabado aquellos sándwiches que Sakura tanto esperaba probar. Se sirvió un poco del resto de la comida y desanimada se dirigió a la primera mesa vacía que encontró, y empezó a comer de su plato.

–No te desanimes –trató de alentarla Hinata –tal vez para la cena los vuelvan a hacer.

–Lo dudo… –contestó Sakura, y continuó comiendo.

–Hinata, –se escuchó que llamaron a la muchacha de lejos, y ambas dirigieron su atención hacia aquel individuo –te estaba buscando para darte el repelente.

–Gracias, Neji. Cuando termine de desayunar…

–Sí, está bien. Estaré en la cancha. –fue lo último que le dijo antes de marcharse –Hasta luego Haruno.

Bye Neji –le comentó Sakura mientras veía al muchacho salir de la cafetería.

Sabía que Neji Hyuga era primo de Hinata, e iba en otra clase. Pocas veces los veía hablar en la escuela, aunque para ser franca, hasta hace poco había empezado a notar más la presencia de su compañera de clase. Neji había formado parte del equipo masculino de vóleibol desde el primer año, y este año había sido nombrado capitán. Sakura lo había conocido desde el primer año, los primeros días en la clase de educación física.

Esa era la clase favorita de Sakura durante su primer semestre. No era necesario hablar mucho, y mucho menos tenía que leer o escribir. Se olvidaba de tener que descifrar lo que sus compañeros decían o lo que los maestros explicaban, y no le doy la cabeza por tratar de comprender una plática por pensar y analizar demás las palabras de alguien. En la clase de educación física, Sakura sólo se remitía a seguir las reglas y platicar con Ino cuando la oportunidad se mostraba. No se sentía nerviosa u observada porque toda la comunicación era corporal. Porque de cierta forma, cuando corría su cuerpo sudaba y entonces se evaporaba la ansiedad con la que despertaba cada mañana.

La primera impresión que había tenido de Neji era lo soberbio que era al jugar algún deporte. Esa característica no salía a flote tan rápidamente, y no a todos les mostraba ese lado de él, aunque de eso él no era consiente, y ella no lo había notado. Pero sin duda alguna, a Sakura le gustaba demasiado tener partidos con él, porque a pesar de que fuera tan competitivo, ambos eran muy buenos jugando y la pasaban bien. Raramente hablaban en el salón de clases, y sólo se juntaban a jugar voleibol en la clase de deportes cuando les daban tiempo libre. Neji y Naruto contra Ino y ella, esos siempre eran los equipos, o en ocasiones era ella con Tenten, otra compañera de clase que tuvo en su primer año, cuando a Ino no le apetecía formar parte y prefería jugar algo diferente.

"¿No has pensado en entrar al equipo de vóleibol?"

–Mira lo que te he traído –escuchó la voz de Naruto detrás de ella.

–Pensé que ya no había… –dijo Sakura al ver un pequeño plato frente a ellas, con su tan ansiado sándwich.

–Lo guardé para ti, –le confesó guiñándole el ojo –shshsh… –siseó en forma de complicidad, marchándose de la mesa.

–¡Gracias!

Sakura hizo de lado su plato de comida, y se abalanzó tras el emparedado que tenía en frente. Lo tomó con ambas manos y le arrancó una mordida. El queso empezaba a solidificarse un poco, pues su amigo ya tenía tiempo que lo había reservado para ella. Pero eso no le importaba a ella, porque aún seguía tibio y le sabía demasiado rico.

–Naruto es muy amable contigo… –comentó Hinata, y la pelirrosa apartó la vista de su sándwich para ver a su compañera –digo, es amable con todos –se corrigió al instante al sentir los ojos de Sakura sobre ella. No quería que la malinterpretara.

–Sí… –respondió Sakura continuando con su comida –Te caería bien si le hablaras.

–No lo dudo, –continuó hablando –aunque siempre lo veo rodeado de personas…

–Lo sé, –comentó reflexionando en las palabras de Hinata –es… es como un sol.

La simpatía era característico de él y lo hacía ver radiante. Poseía una sonrisa cálida y amigable, y ella creía que su amigo inconscientemente siempre creaba un ambiente agradable y relajado. La mayoría de las veces un estado perpetuo de comodidad y alegría.

–La verdad es que no me siento muy cómoda en lugares con demasiadas personas –dijo moviendo la comida de su plato con los palillos de un lado a otro.

Y aquel comentario le recordó a Sasuke Uchiha, quien detestaba los lugares conglomerados y prefería limitarse con quienes hablaba. Desayunaban en la cafetería y no lo veía hablar con varias personas; aunque aún desconocía bastantes cosas de él. Pero a diferencia de Hinata, Sakura sabía que él no dudaba en hablar cuando algo no le parecía.

Las chanchas de futbol estaban tapizadas por un césped artificial, y abarcaba la mitad del tamaño original. Los teléfonos de todos se hallaban amontonados en una banca y ambos equipos se encontraban en el centro de la cancha, calentando y esperando por su último integrante. Tenían pocos espectadores, ya que la mayoría hacía lo mismo que ellos, pero definitivamente no podían faltar las más fieles del club de fans de Sasuke, y por supuesto que Karin le observaba de lejos, sentada en las gradas en compañía de otras muchachas.

–Ya casi empezábamos sin ti, Naruto.

–Lo siento Kiba, –se disculpó el rubio –tenía que hacer algo –respondió mientras corría entrando a la cancha de fútbol –¿Y Sasuke?

–Va en el otro equipo –dijo su compañero apuntando al otro extremo del campo.

Al adentrarse aún más a la chancha, Naruto vio a una pelirroja a lo lejos, bastante conocida para él, e hizo una mueca de desagrado entrecerrando sus ojos y siguiendo con la mirada lo que tan tranquilamente observaba la muchacha, a Sasuke.

Jugaron alrededor de media hora, y después de eso varios quisieron dejar de jugar porque a algunos el sol empezaba a calarles un poco en la cabeza.

–¡Apenas empezaba lo bueno! –se escuchó a Naruto quejarse mientras colgaba uno de sus brazos en el cuello de Sasuke. A él aún le quedaba bastante energía reservada.

–Estás pesado Naruto –dijo Sasuke queriéndose deshacer del agarre de su amigo.

–Alcancé a oír a Tenten decir que iban a jugar voleibol, por si todavía quieres jugar, Naruto –le comentó en forma de burla Kiba, colgándose igualmente del cuello de Sasuke.

–Debería ir a ver –respondió despistado el rubio.

–¡Pesan demasiado! –les gritó Sasuke deshaciéndose de un empujón de los brazos de ambos, aumentando de velocidad su paso.

–Tranquilo Sasuke, te vemos demasiado poco, así que no te esponjes –dijo Kiba escondiéndose detrás de la espalda de Naruto.

–Espera Sasuke –lo llamó el rubio, deshaciendo del agarre de Kiba para alcanzarlo.

–Naruto… –lo detuvo Sakura jalándolo del brazo –hasta que te alcancé… –continuó hablando, tratando de recuperar su respiración –llevó gritándote desde que terminaron de jugar ¿verdad, Hinata? –dijo girando hacia atrás, en espera de confirmación –¿Hinata? –se cuestionó al no verla detrás de ella –Venía detrás de mí…

–¿Estabas en las gradas? –le preguntó pensativo, no recordaba haberla visto.

–Llegué poco antes de que terminaran, pero quería preguntarte si querías jugar vóleibol conmigo –le pidió la pelirrosa con una sonrisa, queriendo jalarlo del brazo para arrastrarlo a la cancha donde jugarían.

–Te dije que Tenten iba a jugar –entre risas habló Kiba, escuchando la plática de ellos.

–Será como en primero; tú, Neji, Tenten, y yo –trataba de convencerlo Sakura.

–¿Neji? –cuestionó Kiba entrecerrando sus ojos con escepticismo.

–¡No! Tu hermoso cabello nooo, Sakura… –se lamentaba Naruto al haber escuchado la explicación de su amiga –Es tan bonito, no… –volvía a decir acariciando detenidamente uno de los mechones de ella.

–Volverá a crecerle, Naruto –trataba de consolarlo Kiba, aunque más bien ya cansado de escucharlo repetirlo lo mismo una y otra vez.

–Tú que eres chica, Hinata, dile que no lo haga –le rogaba a la muchacha.

–Pues…

–¿Ya estás dando por hecho que voy a perder? –le cuestionó ofendida la pelirrosa, arrebatándole su cabello de la mano a su amigo.

–¡¿Cómo vamos a ganarle a los dos capitanes de voleibol?! –empezaba a hablar nervioso Naruto –Una cosa era en primero, pero ahora ambos son capitanes…

–Para hacerlo justo Tenten va a jugar conmigo, y tú irás con Neji –respondió estirando un poco sus brazos y su cuello.

–¿¡Y voy a jugar contra ti!? No, así no puedo. Sí ganó…

–Sólo es un juego, Naruto –le dijo Sakura dándole pequeños golpecitos en el hombro al rubio.

–Pero tu cabello me gusta mucho –soltó en un suspiró, caminando en dirección a Neji.

–¿Y hasta dónde se lo van a cortar? –preguntó Sasuke, viendo hacia la cancha de arena, observando como platicaban Neji y Tenten, sosteniendo ella un balón ya en mano.

–Hasta aquí. –respondió Sakura tocándose el hombro, riendo algo nerviosa.

–Más le vale a Naruto perder –lo sentenció Sasuke caminando hacia la arena, seguido por Kiba.

–Qué injusto, nunca me ha visto jugar. –se desahogó en Hinata –Automáticamente piensan que voy a perder.

–¿Lista Haruno? –la llamó Neji desde la cancha.

–Ya voy, ya voy…

La primera en sacar fue Tenten, y desde el primer golpe se notó la fuerza que tenía y la destreza con la que manejaba la pelota. Lo mismo era del lado de los chicos, Neji mostraba muy buen manejo, y la misma fuerza que la muchacha de colitas. Y desde el primer saque, Sakura supo que su oponente se estaba limitando.

–¡Vamos, Neji! Sé que así no juegas –intentó provocarlo Tenten, al percibir fácilmente que no estaba jugando al cien. La muchacha dio un salto y azotó la pelota de un manotazo contra la arena.

–Cuidado con lo que pides… –le respondió Neji arrogantemente, aventándole el balón de regreso.

En los primeros 20 minutos ambos equipos iban empatados. Los cuatro participantes estaban metidos de lleno y empapados de sudor. Su audiencia de espectadores había aumentado al escuchar que los capitanes del equipo femenil y varonil de voleibol jugaban una partida. Sakura disfrutaba de jugar, hacía bastante tiempo que no lo hacía. Incluso Naruto, quien se había puesto al principio, parecía estársela pasando muy bien, celebrando con Neji cada que anotaban un punto.

–¿Quién crees que gane, Sasuke? –escuchó un susurro detrás de él, muy cercas a su oído, demasiado desagradable.

–Sakura –respondió levantándose de la grada donde se hallaba sentado junto a Kiba y Hinata.

–Vamos a hablar –le pidió la muchacha deteniéndolo de la mano.

–No tenemos nada de qué hablar Karin –y con desdén y un movimiento brusco jaló su brazo.

Hinata y Kiba voltearon a ver a la muchacha, quedándose parada ahí, viendo como el pelinegro bajaba entre las gradas para acercarse más al juego.

–Vamos a sentarnos con Sasuke –le sugirió Kiba a Hinata, pues tenía un conocimiento general de la historia de ellos dos, y en resumen… eso no había acabado bien.

Hinata sólo asentó con su cabeza tranquilamente y le siguió el paso, siendo ayudada por la mano del muchacho al bajar los escalones.

–Gracias, Kiba.

La meta era 30 puntos, el primer equipo que llegara a esa marca ganaría. Ninguno iba en desventaja, y seguían en empate. A veces avanzaban dos puntos seguidos el equipo de las chicas, pero los siguientes tres puntos eran de los muchachos, y viceversa, manteniendo el juego reñido. No por nada, cada equipo contaba con un capitán excepcional, donde ambos tenían una gran pasión por el juego.

–¿Lista para perder, Haruno? –se escuchó decir a Neji desde el otro lado de la red

–¡Aún no! –le respondió riéndose, la estaba pasando muy bien.

–¡Ese es el espíritu, Sakura! –la animó Tenten, chocando ambas manos con ella –Es una lastima que no te inscribiste en el equipo. Me hubiera encantado tenerte –le confesó con el seño fruncido y un puchero de decepción.

A lo que la pelirrosa sólo atinó a reírse, sintiéndose alagada por el cumplido. Recibió la pelota por parte de Tenten y sacó.

–Vamos empatados, –empezó a hablar Neji –si anotamos dos puntos seguidos les bajaremos la moral… ya estamos muy cercas de la meta.

–¿Tú crees? –le preguntó Naruto mirando a sus contrincantes, casi en una posición de sentadilla, listo para aventarse.

–No soy de los que presume, pero por algo soy capitán… –le respondió viéndolo anonadado –la próxima sacó yo.

Era el turno de sacar de ellos y Naruto le pasó el balón a su compañero, Neji lo tomó y se alejó hasta la esquina, dio un saltó y con ambas manos juntas lanzó la pelota con fuerza, un poco más de la que había planeado ejercer.

–Voy yo –dijo Sakura corriendo a centrarse en la cancha, con sus dos manos juntas para hacer el rebote. Inclinó su cabeza atrás y miró hacia arriba.

El resplandor del sol la encandiló un poco y ella entrecerró sus ojos, parecía estar mareada al moverse de un lado a otro, tratando de calcular donde caería la pelota. Pero el balón había sido disparado muy alto, que ya había tardado en caer, y al reducirse la visibilidad de la pelirrosa, por escasas milésimas de segundo ya no veía mas que una luz blanca y radiante.

–¡Sakura! –le gritó Tenten al ver la pelota acercarse y a su compañera no reaccionar. Sabía que la luz la había distraído, y aunque quisiera evitarlo ya era tarde.

Tal y como había predicado, la pelota rebotó exactamente en la cabeza de la pelirrosa, tirándola con fuerza contra la arena por la fuerza del impacto y cayendo de sentón.

–¿Estás bien? –corrió Tenten a su lado, echándose de rodillas a la arena para examinarle la cabeza. Ya hincada frente a su compañera la tomó de los cachetes con las palmas de su mano con delicadeza, y cuidadosamente giró su cabeza para verla mejor.

–¡Sakura! –se escuchó a Naruto gritar desde el otro lado de la cancha, cruzando la red por debajo hacia el lado de con ellas, seguido por Neji tras él.

–¿Te duele la cabeza? –volvió a hablar con ella Tenten, sin recibir respuesta alguna. Sakura mantenía la cabeza gacha y algo escondida entre sus piernas que estaban flexionadas, justo como había caído al suelo.

–¿Sakura, estás bien? –le preguntó Naruto hincándose, tocándola del hombro, pensando que era lo más frágil que tocaba, con miedo de quebrarla.

–Sí… –respondió muy apenas audible para los 3 muchachos alrededor de ella.

–¿Segura…? –le preguntó Tenten al verla llorar, mientras trataba de cubrirse la cabeza con sus dos manos, como si quisiera contener el dolor.

–Sí… no sé por qué estoy llorando, –dijo tratando de reírse –ni siquiera me duele tanto, pero las lágrimas salieron solas –sus ojos parecían cascadas, y las lágrimas le corrían como dos ríos. Ya hasta los labios se le habían salado.

–Deberíamos llevarte a la enfermería –se escuchó una voz más grande integrarse al pequeño grupo, hincándose también para verla de cerca.

–Sasuke tiene razón –lo secundó Neji rascándose la nuca. Él aún seguía de pie, y no podía evitar no sentirse culpable del incidente.

–¿Puedes caminar? –preguntaron los cuatro muchachos al unisonó.

–Sí. –respondió después de reírse, cerrando más sus ojos, y subiéndosele las mejillas –Pero no sé por qué no paran de salirme las lágrimas.

–Ay Sakura… –le sonrió Tenten con culpa de no haber tomado el turno –vamos, yo te llevo…

–No, yo la llevo

–No, yo la llevo

Objetaron Sasuke y Naruto al mismo tiempo. Ambos voltearon a verse, dudando de cual cedería primero.

–Nosotros la llevamos –dijo Sasuke ofreciéndole su mano a la muchacha.

–¿Segura que sí puedes caminar, Sakura? –le preguntó una vez más el rubio.

–Sí, –le respondió secándose las lagrimas con el interior de su playera –en serio que no me duele tanto –y tomó la mano de Sasuke para ayudarse a levantar del suelo.

Los tres se fueron caminado, y a lo lejos sólo se veía como la pelirrosa todavía se sobaba la cabeza.

–Creo que me pasé… –murmuró Neji.

–¡Por supuesto que te pasaste! –le reclamó Tenten dándole una palmada en la espalda.